Incluidos entre la producción temprana de Gérard Macé, Les trois coffrets (1985) y Vies antérieures (1991) confirmaron la contrastada maestría del escritor ante las notas dispersas, los textos circunstanciales, las asociaciones de ideas especulativamente fructíferas y las reflexiones intelectualmente desafiantes.
En 2022, Éditions Gallimard reeditó ambos textos en un solo volumen —Vies antérieures, suivi de Les trois coffrets— en la colección L'Imaginaire; para esta nueva publicación, Macé escribió un texto titulado Le secret qui fait écrire como prólogo y, en parte, como justificación de Les trois coffrets.
El secreto que hace escribir
Gérard Macé
Mantengo una relación extraña con este libro, Les trois coffrets.
Hoy me parece demasiado críptico, pero por nada del mundo renegaré de él porque está ligado al secreto que me hizo escribir. Este secreto no es mío, sino de mi padre, hijo ilegítimo, hijo no reconocido, como se decía en aquella época. Fue para él una herida que nunca cicatrizó, y para mí un dolor heredado.
Mi padre se debatía entre la imposibilidad de contar su historia personal y el deseo de decirlo todo, lo que sólo pudo hacer a medias, y ya muy tarde. Ese impedimento es lo que marca el tono de este libro y su propósito, que ahora quisiera aclarar.
A principios de los años ochenta, camino de Apulia, me detuve en Roma, donde había vivido entre 1975 y 1977. Un amigo italiano, con quien tomaba una copa en la Piazza del Popolo, me habló de una exposición que debía ver a toda costa, en el Capitolio. Su insistencia —debería decir su mandato— convirtió el consejo de un amigo en una señal del destino.
Al día siguiente estaba, pues, en el Capitolio para ver esa exposición cuyo título no había entendido muy bien. Era el nombre de una muerta y de su muñeca, Crepereia Tryphaena, cuya tumba, que databa de la Antigüedad romana, había sido hallada a orillas del Tíber, a finales del siglo XIX.
Ante lo que quedaba de la tumba, ante la admirable muñeca de marfil y su ajuar, tuve una sensación que todos conocemos cuando un sueño quiere mostrarse a la luz del día: un ala nos roza, un pasado turbio resurge bajo la forma de un misterio o de un peso del que deseamos liberarnos.
Me tomó todo el día recuperar ese sueño, que no era de la noche anterior. Estaba ligado a una escena que me preguntaba si mi padre había vivido realmente: su madre lo habría obligado a llevar en brazos una muñeca, el día de la boda de su padre con otra mujer. La escena ocurría en público, mientras desfilaba el cortejo, y mi padre niño, al acusar así a su progenitor, exhibía su vergüenza ante todo el pueblo.
Publiqué el comienzo de Trois coffrets en enero de 1984, en La Nouvelle Revue Française. Aún no tenía la revista en mis manos cuando, una noche de domingo, ya de noche, cuando empezaba a nevar, una desconocida me llamó por teléfono para citarme en el 113 de la calle Ménilmontant.
Fui, y la desconocida, que se llamaba Julie Xavière, me mostró entonces, tras la ventana de una casa a punto de ser demolida, una muñeca gigante vestida de blanco, como una novia difunta en su féretro de cristal. Fue este episodio el que me proporcionó el desenlace del libro.
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Traducción al castellano del relato «Le secret qui fait écrire», perteneciente al volumen Vies antérieures, suivi de Les trois coffrets. Gérard Macé. Éditions Gallimard, 2022.
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