18 de mayo de 2026

Pierre Bergounioux. Carnet de Notes 2021-2025 (I)

 

Carnet de notes 2021-2025. Pierre Bergounioux. Éditions Verdier, 2026

Allá por 1980 la editorial Verdier se decidió a publicar los cuadernos de notas —según la leyenda, apócrifa, la editorial convenció al autor para que publicara «la recopilación completa de las necedades que había anotado en [sus] cuadernos secretos»; porque, en principio, esas «necedades» no estaban destinadas a su publicación— que redactaba, con la regularidad de un reloj, Pierre Bergounioux —no sé si existen cuadernos inéditos anteriores a esa fecha—. El último ejemplar publicado, que abarca el período entre los años 2021 y 2025, es el sexto volumen de anotaciones, teniendo en cuenta que los tres primeros contenían una década; a partir del cuarto, son quinquenales.

Bergounioux sigue fiel a la disciplina de escribir una anotación diaria —sistemática, cotidiana, rigurosa, fragmentaria, sobria— en la que, invariablemente, registra la hora en que se levanta y la meteorología; además, deja constancia de sus lecturas, de su escritura y de sus actividades y proyectos relacionados con ella —particularmente de las causettes, esos encuentros con amigos que son, a la vez, colegas de profesión—, y de su trabajo con el hierro, obviando, con alguna excepción —la invasión de Ucrania o alguna referencia a las elecciones legislativas—, cualquier comentario a los sucesos de orden público. Es cierto que puede achacársele una monotonía que puede llegar a ser irritante, pero tal vez la apuesta del autor no sea relatar acontecimientos, sino explorar hasta qué punto la vida más ordinaria puede convertirse en objeto literario, sean los días más hogareños en su residencia habitual en los alrededores de París o en los períodos vacacionales que pasa en su Corrèze natal.

Esa reiteración constante, invasiva, siempre con la misma fórmula al inicio de cada anotación, puede considerarse abusiva y su contenido irrelevante, pero es un modelo lícito cuando lo primero que reflejan, y con toda fidelidad, es la invariabilidad de las costumbres del autor, esas reglas de comportamiento, fijas hasta la obsesión,  que se impuso cuando era un chico de diecisiete años recluido en un internado. Ahora, ya adulto, es el Bergounioux escritor quien anota las entradas en su cuaderno, pero es del Bergounioux hombre de quien habla —aunque las referencias a su trabajo sean constantes—, y a quien regresa cuando el mundo que le ha tocado vivir no es de su agrado; tal vez su actividad escultórica —no creo que él estuviera de acuerdo con esa consideración de escultor—, de manipulación del hierro y de reformulación de las formas ancestrales, no sea más que la válvula de escape de una actividad, la literaria, cuyo entorno, aparte de sus amigos íntimos, parece aborrecer; de hecho, a menudo, hasta su familia más directa parece molestarle; ermitaño en pleno siglo XXI, uno diría que las únicas relaciones que soporta son con su esposa, Cathy, con sus compañeros de infancia de Brive-la-Gaillarde, con sus amigos de instituto y con algunos de sus colegas escritores y artistas. Ese aislamiento acaba siendo la forja en la que se fragua una suerte de mitología personal que, a una distancia insalvable de la autoficción, construye, con más defectos que virtudes, un modelo —una representación, no un arquetipo— congruente de ser humano. Por esa razón no tiene sentido valorar las anotaciones de forma individual, como si cada una construyera un relato; su justa evaluación debe tener en cuenta la totalidad del texto —en realidad, de los textos, el conjunto de los seis volúmenes, que suman alrededor de seis mil trescientas páginas— para constatar las pequeñas, ínfimas variaciones tanto las de carácter cíclico en el paisaje, los animales presentes, los frutos del bosque, como las que se manifiestan, fruto del curso absoluto del tiempo, en el ánimo del propio escritor.

El Bergounioux que empezó a escribir estos cuadernos contaba treinta y un años, mientras que ahora sobrepasa los setenta, han transcurrido, pues, más de cuarenta años; es razonable que las notas referentes a su estado físico y anímico hayan tomado cierta preponderancia y cambiado de contenido: más que el avance del tiempo, parece centrarse en la cuenta atrás. El declive físico, las dolencias debidas a la edad y la conciencia de su envejecimiento confieren a las anotaciones un tono más grave, más sombrío, a veces trágico, a veces rayano con la hipocondría. Sin embargo, aparte de esas referencias a su salud, los cuadernos siguen sin que asome la introspección, las confidencias personales, las opiniones razonadas o los comentarios críticos.

« Han pasado cuarenta y cinco años desde que decidí plasmar el contenido y el color de mis días. De aquellos comienzos, he conservado algunos hábitos, siendo el primero y principal levantarme temprano, escribir hasta el mediodía y, después, leer todo el tiempo que me sea posible. Siempre me atengo a la regla que me impuse en el internado y de la que no podría apartarme sin que el chico de diecisiete años que, al parecer, fui y que la dictó, me llamara al orden con voz atronadora. «Tenemos todas las edades en cada instante», constataba el psicoanalista Georg Groddeck, y es un adolescente de antaño quien sigue dirigiendo mi existencia. Sigo anotando los hechos cotidianos. Todo nos queda, pero los caminos de acceso al pasado se desvanecen. Unas pocas palabras, sobre el papel, ayudan, si así lo deseamos, claro está, a recuperarlo».

El pasado puede recuperarse, pero no el tiempo; tal vez la totalidad de estos cuadernos, pero con más relevancia a medida que aquel avanza, no sean más que una carrera patética contra su irremediable transcurso.

Otros recursos relativos a la serie:
Notas de Lectura de Carnet de notes 1980-1990

11 de mayo de 2026

Infernus Iohannes

Ya he hablado alguna vez aquí acerca de Antoine Volodine —o Elli Kronauer, o Manuela Draeger, o Lutz Bassmann, o incluso Jean Desvignes, o ... —, el escurridizo y prolífico escritor y traductor francés, padre del post-exotismo.

Todo parece indicar que el pasado 2022, con la publicación de Débrouille-toi avec ton violeur, dio comienzo, junto a quién sabe quién, a un nuevo proyecto pseudonómico, Infernus Johannes, autodefinido como:

«Infernus Iohannes es una firma que reúne en su totalidad a la comunidad de escritores post-exóticos, hayan sido publicados —como Lutz Bassmann, Manuela Draeger, Elli Kronauer, Antoine Volodine— o hayan permanecido en la sombra de los muros de su prisión. Al término del recorrido editorial del post-exotismo, resulta por tanto normal que cese la designación demasiado personalizada de autor que aparecía en la cubierta de nuestros libros. Nuestra voz es colectiva y, para el cuadragésimo noveno y último título de nuestra performance, para este Retour au goudron, nuestros portavoces se borran. Retour au goudron está firmado por cerca de un centenar de autores, hombres y mujeres. Durante una residencia con La Marelle y el Frac Provence-Alpes-Côte d’Azur se puso en marcha el enorme proyecto de esta obra, que sigue siendo, por supuesto, y durante mucho tiempo, un work in progress».

Pues bueno, por lo que parece, a finales del próximo agosto van a aparecer, a la vez, en once editoriales diferentes —Actes Sud, La Fabrique, L’Olivier, Minuit, Rivages, La Marelle, Robert Laffont, Seuil, les éditions du sous-sol, La Volte y Verdier—, once volúmenes firmados bajo ese pseudónimo. Esta publicación, como señala el texto anterior, marcará el fin del post-exotismo, una vez completados los cuarenta y nueve libros que Antoine Volodine había anunciado.

Michonianos del mundo, atención al título del último libro de la imagen.

(Información extraída de un post de Christian Rosset y una publicación de AOC Média).

4 de mayo de 2026

Sobre literatura norteamericana

 

Más allá de la sospecha. La nueva ficción americana desde 1960 hasta nuestros días. Marc Chénetier. Visor Dis, 1997. Traducción de María Lozano.
Walt Whitman ya no vive aquí. Ensayos sobre literatura norteamericana. Eduardo Lago. Editorial Sexto Piso, 2018

Hace bastantes años que estos dos libros permanecían estacionados en la estantería de libros pendientes de leer; ahora, con la inminente traducción al castellano de Shadow Tickets, la última novela de Thomas Pynchon, he pensado que ya era hora de echarles un vistazo.

Se trata de dos acercamientos, curiosamente, de dos críticos no norteamericanos —Chénetier es francés; Lago, español—, a la narrativa del último medio siglo procedente de ese país —hay que aclarar que el libro de Chénetier,  Au-delà du soupçon. La nouvelle fiction américaine de 1960 à nos jours, fue publicado originariamente en 1989, de ahí que eso de «hasta nuestros días» deba tomarse con la prudencia debida, también en cuanto a las omisiones—. Lago lo ejecuta desde una perspectiva muy —tal vez demasiado— personal, de forma poco profunda, aunque muy cercana al lector no especializado en crítica literaria; el libro de Chénetier es más árido pero mucho más completo. Ambos son interesantes para quien quiera hacer un repaso a la literatura norteamericana de ese período. En todo caso, los títulos ya dan una idea del tratamiento: Lago haciendo referencia a Walt Whitman, y Chénetier al influyente ensayo de Nathalie Sarraute.

Para el lector interesado, Lago adjunta a su obra dos planes de lectura que intentan incluir, sin conseguirlo, toda la literatura producida en los EE. UU., abarcando tanto que acaba apretando  poco. Chénetier, más centrado en la época, no traza ningún plan de lectura; por esta razón, detallo algunos autores y obras citados en cada capítulo.

Nuevas direcciones
Transiciones
J. D. Salinger: The Catcher in the Rye.
Vladimir Nabokov: Lolita.
Jack Kerouac: On the Road.
William Borroughs: The Naked Lunch.
William Gaddis: The Recognitions.
John Hawkes: The Cannibal
Revisiones
John Barth: The Floating Opera.
Kurt Vonnegut: Slaughterhouse Five.
John Cheever.
John Updike: La saga Rabbit.
Richard Brautigan: A Confederate General from Big Sur.
Ken Kesey: One Flew Over the Cuckoo's Nest.
Joseph Heller: Catch-22.
Evoluciones

El más «realista» de los escritores de nuestra década tiene hoy conciencia plena de estar dirigiéndose a unos lectores a «quienes ya no se les engaña» tan fácilmente como en el pasado y la escritura más «transparente» se opacifica volens nolens con signos que proclaman que ya no se engaña sobre la naturaleza de sus actividades. El narrador omnisciente se hace raro y cuando «personaje, intriga y tema» vuelven a encontrar sus derechos de ciudadanía, es muy raro que continúen, los tres, dominando. El acto de ficción, aunque sea de naturaleza «realista» ya no se entiende como reflejo, aunque sea de lo irreal, sino como gesto que informa aquello de lo que se nutre, hasta darle, a veces, existencia. El paso de la «novela americana» a la «ficción americana» no es una simple cuestión de léxico; traduce la aparición de un juego de valores estéticos nuevos; indica que la ficción americana, que ha asimilado las lecciones del modernismo y que ha integrado lo que le parecía útil en los desarrollos ulteriores sin dejarse por eso trazar un camino que no era el suyo, ha pasado al otro lado de la sospecha. 
Más allá de la sospecha
Días enteros en los textos
Robert Scholes: Fabulation and Metafiction.
John Irving: The Cider House Rules.
Richard Ford: The Sportswriter.
John Barth: The Tidewater Tales.
Robert Coover: The Origin of the Brunists.
Stanley Crawford: Travel Notes.
Donals Barthelme: Snow White.
Thomas Pynchon: The Crying of Lot 49 .
William Gass: Omensetter's Luck.
Vladimir Nabokov: Pale Fire.
Jerome Charyn: The Tar Baby.
Russell Banks: Hamilton Stark.
David Carkeet: I Been There Before.
John Hawkes: Second Skin.
Gilbert Sorrentino: Mulligan Stew.
Las reglas del juego
John Barth: Letters.
Franklin Mason: Four Roses in Three Acts.
Curtis White: Heretical Songs.
Luke Reinhart: The Dice Man.
Robert Coover: The Universal Baseball Association.
Walter Abish: Alphabetical Africa.
Gilbert Sorrentino: Splendide Hotel.
William Gass: Willie Masters' Lonesome Wife.
Robert Coover: Spankling the Maid.
Harry Mathews: Country Cooking.
Stanley Crawford: Some Instructions to My Wife.
Don DeLillo: Ratner's Star.
Vladimir Nabokov: The Defense.
Bernard Malamud: The Natural.
Robert Coover: The Public Burning.
Williams Gaddis: JR.
Thomas Pynchon: Gravity's Rainbow.
William Kotzwinkle: The Fan Man.
Barry Hannah: Airships.
«Los conocedores del caos»
Annie Dillard: Pilgrim at Tinker Creek.
Peter Matthiessen: Far Tortuga.
Denis Johnson: Fiskadoro.
Russell Banks: Searching for Survivors.
William Gibson: Neuromancer.
Thomas Pynchon: V.
Joseph McElroy: Plus.
Don DeLillo: White Noise.
Rudolph Wurlitzer: Nog.
William Gass: The Tunnel.
La pesadilla impuesta
Kurt Vonnegut: Mother Night.
John Barth: The Sot-Weed Factor.
Stanley Elkin: George Mills.
Ishmael Reed: Mumbo Jambo.
Alice Walker: The Colour Purple.
Raymond Carver: Cathedral.
Jerzy Kosinski: The Painted Bird.
E. L. Doctorow: The Book of Daniel.
Russell Banks: Continental Drift.
E. L. Doctorow: Ragtime.
Walter Abish: How German Is It.
Mito y sospecha
Toby Olson: Seaview.
Peter Matthiessen: At Play in the Fields of the Lord.
Toni Morrison: The Song of Salomon.
Toni Morrison: Beloved.
Normal Mailer: Ancient Evenings.
Joseph Heller: God Knows.
Jerome Charyn: Darlin´Bill.
John Barth: Chimera.
Richard Condon: The Manchurian Candidate.
Imágenes y ruidos
McDonald Harris: Screenplay.
Barry Malzberg: Screen.
Walker Percy: The Movigoer.
Don DeLillo: Americana.
Kenneth Gangemi: The Interceptor Pilot.
Stephen Dixon: Movies.
Robert Coover: A Night at the Movies.
Stanley Elkin: The Dick Gibson Show.
Grace Paley: Enormous Changes al the Last Minute.
Hubert Selby: Requiem for a Dream.
Donald Barthelme: Guilty Pleasures.
Donald Barthelme: Paradise.
John Barth: Giles Goat-Boy.
Jerzy Kosinski: The Devil Tree.
Thomas McGuane: The Bushwaked Piano.
Paul Theroux: Picture Palace.
Cynthia Ozick: Levitation.
Don DeLillo: The Names.
Mark Leyner: My Cousin, My Gastroenterologist.
Harold Jaffe: Mole's Pity.
La tradición cultural y el presente: cultura sabia
Saul Bellow: Humboldt.
Lynne Sharon Schwartz: Distourbances in the Field.
Frederic Tuten: The Adventures of Mao in The Long March.
Guy Davenport: Da Vinci's Bycicle.
Rob Swigart: Little America.
Tim Robbins: Even Cowgirls Get the Blues.
Charles Johnson: Oxherding Tale.
David Bradley: The Chaneysville Incident.
Larry McMurty: Lonesome Dove.
Paul Metcalf: Genoa.
Vladimir Nabokov: Ada.
Cynthia Ozick: Trust.
Alexander Theroux: Darconville's Cat.
Harold Jaffe: Mourning Crazy Horse.
Curtis White: Heretical Songs.
Peter Matthiessen: The Snow Leopard.
John Hopkins: Tangier's Buzzles Flies.
T. Coraghessan Boyle: Water Music.
John Calvin Batchelor: American Falls.
Russell Banks: The Book of Jamaica.
Norman Lavers: The Northwest Passage.
Evan S. Connell: A Long Desire.
Kenneth Gangemi: The Volcanoes from Puebla.
La tradición cultural y el presente: lo cotidiano y la cultura de masas
Evan S. Connell: Mrs Brige, Mr Bridge.
Raymond Carver: Will You Please Be Quiet, Please?
Frederich Barthelme: Second Marriage.
Ann Beattie: Chilly Scenes for Winter.
Tobias Wolff: In the Garden of North American Martyrs.
Tama Janowitz: Slaves of New York.
Donald Barthelme: Sixty Stories.
Jayne Anne Philips: Machine Dreams.
Cynthia Buchanan: Maiden.
Stanley Elkin: The Magic Kingdom.
Max Apple: The Propheteers.
La boca y el oído. Los avatares de la voz
Robert Stone: Dog Soldiers.
John Hawkes: The Lime Twig.
Donald Barthelme: Lost in the Funhouse.
Thomas Faber: Curves of Pursuit.
Frederick Bush: Sometimes I Live in the Country.
Rudolf Wurlitzer: Flats.
Steven Milhauser: Edwin Mulhouse.
Robert Coover: Pricksongs and Descants.
Michael Stephens: Season at Coole.
Neal Cassady: The Fisrt Third.
Thomas McGuane: Panama.
Don DeLillo: Players.
William Melvin Kelley: Dunford Travels Everywheres.
Tillie Olsen: Tell Me a Riddle.
Louise Erdrich: Love Medicine.
William Gass: On Being Blue.
Toni Cade Bambara: The Salt Eaters.
Cynthia Ozick: The Cannibal Galaxy.
Jonathan Baumbach: Babble.
William Goyen: Had I a Hundred Mouths.
Georgiana Peacher: Mary Stuart's Ravishing Descending Time.