Debe ser una faena que tu primera novela, publicada cuando cuentas veitiséis años, sea V; peor todavía cuando, después del paréntesis que supuso La subasta del lote 49 (1966), alcances, a los treinta y seis, el Olimpo literario con El arcoíris de gravedad (1973), y que a este le sigan, por este orden, Vineland (1990), Mason & Dixon (1997) y A contraluz (2006). Y pienso que es una faena porque, a partir de ahí, no cabe más que declinar. Sí, de acuerdo, Vicio propio (2009) es una buena novela y Al límite (2013) también, pero están muy lejos, tanto en ambición como en logros, de las tres novelas de la década de 1990 (a las que puede añadirse la de 2006, pero unos pasos por detrás).
A oscuras (Shadow Ticket, 2025, traducción de Vicente Campos para Tusquets en 2026) se incluye, con pesar de los lectores del Pynchon desmesurado, el Pynchon auténtico, en este último grupo; y cuando la calificación como obra maestra ha perdido todo su sentido al ser adjudicada por la crítica a verdaderas chapuzas, es una exageración que menoscaba no ya la evaluación de los libros con respecto a los que esa calificación es merecida, sino también a las obras mayores del propio Pynchon.
Insisto en que A oscuras es, en comparación con la inmensa mayoría de novelas publicadas digamos el último año, una buena novela (igual que Punto Omega o El silencio, igual que indignación y Némesis), pero no es una buena novela de Thomas Pynchon; aunque, tal vez, sea más asequible que El arcoíris de gravedad, ni es una masterpiece ni un atajo para acceder a la obra del neoyorquino ausente. El verdadero Pynchon está en las obras citadas; aquí, solo hay un Pynchon cansado, tal vez de mantener el mito, o en alarmante baja forma.

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