10 de mayo de 2021

El invencible

 

El Invencible. Stanislaw Lem. Impedimenta, 2021
Traducción de Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz

El Invencible, una nave de la clase crucero de grandes dimensiones y con una tripulación cercana al centenar de individuos, es enviada al rescate de El Cóndor, un destructor espacial que ha quedado varado y con la comunicación interrumpida tras un enigmático último mensaje, en Regis III, un solitario e inhóspito planeta.

La nave, completamente automatizada, cuenta con un sistema de asistentes robóticos especializados y eficientes, aunque se limitan a trabajos auxiliares que entrañan riesgo para la vida humana, operaciones repetitivas o aquellas situaciones en las que es imprescindible una gran capacidad de cálculo; es decir, han sido programados bajo el paradigma de la eficiencia útil: el hombre explota sus ventajas y minimiza sus inconvenientes, esa es la prerrogativa de los dioses. La relativa benevolencia del clima, de la atmósfera, parecida a la de la Tierra pero sin ningún vestigio de vida organizada en tierra firme ―aunque descubren una especie de peces óseos y otras formas de vida en el océano, que parecían evitar la orilla―, no explican la desaparición del Cóndor. El mar funcionaría, pues, como un ecosistema aislado y autosuficiente, mientras que la orilla representa el punto de cambio de ecosistema; de hecho, en la Tierra, significó la frontera que debieron que cruzar los organismos acuáticos para posibilitar el salto evolutivo; en el caso de Regis III la noción de frontera queda reforzada porque representa la entrada a un  territorio prohibido que supone la existencia de otro tipo de seres más evolucionados.

Finalmente, encuentran la nave, abandonada en pleno desierto, con gran parte de la tripulación muerta aunque sin signos de lucha, pero sí con un gran desorden, como si la mayor parte de sus navegantes la hubieran abandonado precipitadamente. La inquietud de ver al doble, El Cóndor, afectado por unos eventos de origen incierto que la han dejado prácticamente intacta, y su reflejo, El Invencible, que muestra la misma imagen externa, pero a la que los hechos desconocidos no han afectado, desconcierta a los tripulantes y provoca la primera percepción de peligro, aunque no estén aún en condiciones de definirlo.

En cuanto a los pocos que permanecieron en la nave, tampoco muestran señales de lucha, y el escáner practicado a un cadáver semicongelado no ha registrado más que lo que aparenta una reacción defensiva parecida al miedo, aunque no se puede identificar la razón. De entre todos los elementos discordantes, el más misterioso es la existencia, registrada en el cuaderno de bitácora, de una especie de moscas, biológicamente imposibles en el ecosistema del planeta, supuestamente relacionadas con la muerte de la tripulación. 

Las investigaciones arqueológicas parecen sugerir que existió vida superior, pero sucumbió a la extinción para, posteriormente, recomenzar un nuevo proceso evolutivo que siguió un recorrido  alternativo. Entre las posibilidades que se barajan para explicar la existencia de esos organismos, toma forma la hipótesis de su origen alienígena, que sobrevivieron al supuesto accidente que sufrió la nave en la que viajaban, en el que perecieron todos los tripulantes vivos, y que se adaptaron progresivamente a la nueva situación y evolucionaron para sobrevivir, creando otros organismos más eficientes para luchar por el nuevo nicho ecológico hasta el punto de extinguir a todos los habitantes de tierra firme; los mecanismos ―su origen artificial es, a estas alturas,  indudable― que han sobrevivido son los requieren menos energía y son capaces de actuar colaborativamente bajo el mando de un cerebro complejo formado por la suma de millones de cerebros simples: inútiles tomados individualmente, más eficientes cuanto mayor sea el enjambre que los agrupa. Ese concepto de evolución mecánica en el más puro sentido darwiniano es fundamental en el marco especulativo en el que Lem ubica la acción y explica el proceso de adaptación y de dominio de un ecosistema inicialmente hostil. Además, la tripulación del Invencible es dominada por el estupor provocado por el hecho de asistir al testimonio de la extinción de ciertas especies como anticipo de la propia del observador y el temor al constatar su impotencia para evitar fenómenos a una escala superior a la humana, una cura de humildad, dada la exigua peligrosidad aparente de los mecanismos tomados uno a uno, parecida a la que debió haber sentido, de no haber muerto en el combate, Goliat en su lucha con David, por no considerarlo un enemigo a su altura, con lo que descuidó su defensa y acabó vencido; el sentimiento de impunidad hace confiarse en exceso y provoca una falta de atención que puede llevar a la derrota.

El análisis del superviviente del Cóndor y de las sucesivas bajas en la tripulación del Invencible muestran la magnitud y la clase del peligro al que se enfrentan: los mecanismos actúan sobre el cerebro de los humanos mediante la creación de unos campos magnéticos de gran intensidad que conllevan la pérdida de la memoria operativa y convierten al sujeto en un vegetal intelectual, una discapacidad que puede ser remediada con reeducación, pero que nunca conseguirá devolver al cerebro su funcionalidad completa ni conseguir que recuerde el incidente que la provocó, una especie de regresión a la infancia resultado de provocar una tabula rasa intelectual, pero con suficiente daño en el cerebro como para no poder recuperar todas sus posibilidades.

La búsqueda de los supervivientes de la primera expedición del Invencible desata una guerra abierta en la que ambos bandos emplearán toda su capacidad bélica para acabar con el enemigo y alcanzar sus fines. Una vez los mecanismos han logrado neutralizar el arma más eficiente del Invencible, incluso llegando a ponerla de su parte el ataque no afecta a las máquinas ni al entorno, en una especie de solidaridad intraespecífica: se ataca a los creadores pero se absuelve  a su creación―, se debaten propuestas para solucionar el  problema: huir y devastar el planeta; modificar la estructura de algunos organismos y conseguir que esos cambios se propaguen a la totalidad; o conseguir separar la nube de organismos en dos grupos y que uno de ellos pase a considerar al otro como su enemigo; o, sencillamente, marcharse del planeta sin afectar al proceso evolutivo que tiene lugar en él. ¿Depende la supervivencia de la eliminación de todos los enemigos? ¿Es la extinción la mejor opción? Dado que el hombre no tiene nada que hacer en Regis III, ¿cuál debe ser el procedimiento? ¿Destruirlo y marcharse, un procedimiento que solo justifica el afán de venganza, o marcharse y dejar que esa extraña evolución siga su camino? La elección de una de las alternativas podría hallar su reflejo en la reacción de los organismos ante la presencia de extraños y decidir si esta es fruto de una inteligencia superior o un mero reflejo defensivo inconsciente; al fin y al cabo, el proceso, que parece seguir el equivalente a la psique humana, se duplica en la conducta de los organismos mecánicos y, al igual que aquella, parece capaz de plantearse preguntas que no está, en cambio, facultada para responder, pero experimentadas a un nivel más básico, próximo a la propia supervivencia. De hecho, los organismos artificiales no matan a los humanos, sino que se limitan a dejarlos es un estado de estupidez infantiloide; ¿por qué para ellos no es peligroso que se mantengan con vida, sino que posean la capacidad de aniquilarlos? ¿Piensan que el verdadero peligro es que los humanos puedan pensarLa posibilidad de que entes mecánicos puedan organizarse y, sin ninguna muestra de hostilidad, más que su presencia, otros entes foráneos decidan su exterminio, significa un paso no planeado en el diseño original de la inteligencia artificial. El paso de la autoprotección a la extinción del enemigo un dilema que existe en ambas partes: si El Invencible debe extinguir a las moscas y si las moscas deben extinguir a la tripulación visitante, ¿es un paso subsecuente de la programación hecha por humanos, o una decisión que han tomado los organismos por su cuenta? Parece que la pregunta clave que plantea Lem es: ¿en manos de quién está, si es que está en manos de alguien, la evolución?

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7 de mayo de 2021

La nebulosa del cranc

 

La nebulosa del cranc. Éric Chévillard. Extinció Edicions, 2020
Traducció de Ferran Ràfols Gesa 

Un paio curiós, aquest, en Crab; una identitat que sembla disoldre's quan es pensa i solidificar-se quan s'ignora; que desapareix quan es mira i es materialitza quan es desatén; un paio que sap qui és, però que no es reconeix quan es mira al mirall. Una identitat fugissera, dirien alguns; una no identitat ferma, afirmaria ell mateix.

Malgrat aquesta in-definició, en Crab ha près una decissió: optarà per la follia en la seva relació amb l'entorn, sense plantejar-se cap opció concreta en la relació amb si mateix ―una relació, sovint, impossible―.

«En Crab envejava la bestiesa de les bèsties, la seva vida estrictament orgànica ―sense l'horror dels òrgans― i sensual ―sense la por dels sentits―, exempta de preocupacions, aspirava a la follia encaboriada, somiatruites, del pop més flonjo, del llangardaix més pla, de l'eruga més lenta. La bogeria que el ronda és maníaca i no li ofereix cap confort; és perepunyetes, verificadora, meticulosa, un frenesí d'ordre i simetria, i no pas un parc immens on vagar sense rumb, desmanegat, amb l'ull perdut i la mà ballarina, un infern geomètric fred i polit com el cor de l'hivern, dirigit per un col·legi d'al·lergòlegs, amb en Crab al bell mig, vestit de vint-i-un botó, i una porta que es tanca sense fer fressa».

Ai, si no fós per aquesta llengua de cera, que l'obliga a anar amb compte amb la dieta perquè no se li fongui i a no poder parar de parlar si no vol que se li petrifiqui!

Si la personalidad d'en Crab és peculiar ―per a la resta del món amb qui es relacionaria, si fos el cas―, no ho és menys el seu món, subtil com un corrent d'aire, privat com el borró acumulat a la butxaca del darrera dels pantalons ―la que hi ha la cartera, no, l'altra, la que ningú sap per què serveix―; un món que envesteix frontalment i amb la ficció dominant dels que creuen que la realitat i la veritat estan en el mateix bàndol.

Amic de l'enumeració i antagonista de la generalització, en Crab sap que només es pot aprendre allò que es comprèn, que només es por comprendre allò que es coneix, i que només es pot conèixer allò que es pot aprendre.

«En Crab es proposa dibuixar les orenetes, una per una, totes. Qui se n'encarregarà, si no? La dificultat rau ―en el nombre, sí, però això és només qüestió de paciència, i de perseverança no n'hi falta― sobretot a no dibuixar dos cops la mateixa oreneta. Afortunadament, en Crab té una memòria excel·lent. I és molt atent, també. Quan una oreneta es mor, en Crab crema el dibuix que la representava: un document vell, esdevingut inútil».

Planificador incansable, en Crab no es deixa vèncer per les dificultats ni es desanima per l'enormitat dels reptes: la possibilitat de reeixir del projecte més enrevessat és directament proporcional a l'encoratjament amb que s'entoma el desafiament, i en Crab és un entusiasta dels reptes, tant si es tracta de redissenyar éssers vius amb estructures corporals manifestament raonables com d'aconseguir instruments musicals més adaptats a les seves competències personals i als seus inabarcables coneixements en el difícil art d'Euterpe, que no consisteixen en la pràctica executòria de la composició i dels obsolets instruments tradicionals, sino en la possessió d'una oïda privilegiada capaç de distingir d'entre els milions de varietats del silenci.

«De seguida endevina, per la textura concreta d'un determinat silenci o pel cristall únic de l'altre, i sense equivocar-se mai, qui o què serà el que finalment el trenqui. A partir del pes, la densitat, la profunditat o l'espessor de cada silenci, en funció de l'extensió o la naturalesa del terreny que cobreix, en Crab calcula amb gran precisió la durada que tindrà, amb errors de menys d'un segon, un talent que li serveix per fugir dels sorolls un segon abans de que s'esclatin i refugiar-se en algun altre lloc».

A en Crab li agradaria encarregar-se del gran projecte d'il·lustrar els seus congèneres per aconseguir un món més instruït i, per tant, més just, igualitari i solidari, encara que per assolir-lo calgués dur a terme modificacions anatòmiques, morfològiques o psicològiques de gran abast. Una tasca inassumible? No gens, tractant-se d'en Crab, i en tot cas només una de les missions que el destí li ha encarregat, malgrat les seves minses capacitats, asignades al constant amillorament de la vida al planeta, fermament convençut que l'insubornable futur reconeixerà les seves brillants aportacions als camps més diversos de l'antropologia.

El més greu, de totes maneres, és que la ininterrompuda dedicació al bé de la humanitat del futur amb prou feines li deixa lloc per fer atenció a la seva ubèrrima vida interior, l'inesgotable dipòsit de la seva exuberant creativitat, la inacabable font d'on brolla, fecunda, la seva inextingible imaginació ad maiore Dei gloriam; un col·lapse que, a vegades, el fa dubtar de la seva pròpia existència.

«I, per exemple, en Crab no guarda cap record del seu naixement. Actualment, només el testimoni de la seva mare li permet afirmar que realment va néixer, que forma part d'aquest món i és ben viu. Ara, se n'ha de fiar? La seva mare l'ha enganyat sovint, després. No li ve d'una mentida. En Crab se la vol creure, però no li faria res tenir-ne alguna prova més concreta».

En realitat, és un miracle que en Crab hagi reeixit si es té en compte la infantesa tan difícil que va patir, amb una mare delinqüent reclosa a la presó, amb la manca absoluta d'amor maternal i havent nascut entre reixes... La sort que absorbeix aquesta desgràcia ―com també d'altres― és que en Crab no recorda res de tot allò; una amnèsia que li estalvia el trauma del naixement, de les primeres passes i dels primers controls dels esfínters; i de l'escola, no recorda res de l'escola ni es reconeix en les fotos d'aquella època.

Amb una vida tan consagrada com la que porta en Crab, o t'organitzes una mica ―ara toca no fer res, ara toca avorrir-se, ara toca badar, etcètera― o el transcurs del dia és un caos indesxifrable ―badant quan tova avorrir-se, avorrint-se quan toca no fer res, no fent res quan toca badar, etcètera― que pot arribar a manllevar el sentit de la vida de l'individu més equànime. Per aquesta raó, en Crab porta una imprescindible agenda on anota, minuciosament, els quefers diaris per poder mantenir invariables els seus hàbits i aprofitar el temps de manera fructífera.

«A còpia de forjar-se costums, un per cada segon del dia, des de l'aurora fins a la negra nit, en Crab finalment va aconseguir dominar el temps. Ara es repeteix de manera incansable, es reprodueix. Camina sobre les seves petjades, mateix número de sabates i mateix pas, mateix recorregut, encadena gestos mil·limètrics com un artesà quan fa la feina, sigui quina sigui, tan maquinal com el sol de la Xina, l'exactitut encarnada, amb el peu a les vies i el cap en òrbita, i tant és així que el cel conserva el rastre lluminós dels seus cabells».

Una de les ocupacions més absorbents ―a part de les feines quotidianes perfectament detallades a l'agenda, de l'escolta atenta de la darrera cinta del seu cosí i de les improvitzacions que sempre ataquen per sorpresa― d'en Crab és l'escriptura; quan sent la invitació de la inspiració, deixa tot el que està fent ―encara que comporti violar la planificación― i es posa a escriure, sigui l'hora que sigui i estigui en el lloc que estigui, d'una manera febril i arravatada, com una mística de l'Edat Mitjana; i si la seva ingent producció no ha arribat al gran públic ni ha estat mereixedora dels més importantsb guardons literaris ni del fervor religiós de milions de seguidors ha estat perquè, fruit d'un perfeccionisme extrem, el procés de correcció acaba invariablement amb la destrucció de tot el que ha escrit.

De fet, el que li importa a Crab de l'escriptura no és la seva materialització en pàgines plenes de lletres ―aquesta seria una conseqüència col·lateral inevitable del procés― sino la idea d'escriptura, el procediment mitjançant el qual la immaterialitat del pensament es concreta en successions de signes enregistrats en un suport físic; el resultat d'aquest procés és irrellevant, i per aquesta raó en Crab destrueix ―tatxa tot el que ha escrit, línia per línia: el que volia demostrar ja ho ha estat― minuciosament qualsevol manifestació de la seva creativitat literària. 

«En Crab fuig en tots els sentits. Guilla endavant. S'eclipsa per darrere. S'esquitlla cap a l'exterior. Declina les ofertes. Fuig d'estudi. Mareja la perdiu. Passa. S'absenta un moment. S'acomiada. Canvia de vorera. Busca refugi. Serra la branca on seu per fer-se un taüt de taulons ben ferms».

Si l'escriptura és una de les ocupacions preferides d'en Crab ―juntament amb les que figuren a l'agenda― és perquè és una activitat que cal fer en solitari ―encara que, de tant en tant, pugui disfrutar d'espectadors, com aquella bonica veïna de taula, a la biblioteca pública, que va quedar meravellada en veure les evolucions d'un poeta en plena acció―; i és que en Crab acostuma a tenir problemes en la relació amb els seus congèneres sempre que ha emprès alguna activitat que requereix interacció amb d'altres éssers humans ―no així amb els animalons, siguin pardals o cocodrils―, ha fracassat estrepitosament, algunes vegades amb perill de la pròpia vida. 

No és gens estrany, doncs, que fixi la seva residència permanent en un immens desert que ha heretat i en el que no pot posar-hi mai els peus, en el que construeix una no-casa amb entrada, sortida i finestres ―la resta són luxes superflus― en la que no s'intal·larà mai i que esdevindrà, inqüestionablement, el seu refugi contra la maldat i la mesquinesa humanes.

«En Crab és l'últim savi, el seu cos sense desitjos no té cap més projecte que envellir, envellir sense treva i fins al final. Però la nit cega s'equivoca d'època. O, més exactament, no participa del progrés general del món. La maldat dels homes no l'ajuda ni la perjudica, la nit és intocable. Només el dia queda afectat per les seves decisions. Però la nit les ignora, negligeix els canvis que hi ha hagut des dels orígens, i notablement l'evolució intel·lectual d'en Crab. Res no ha canviat res, per a ella. En Crab ho constata en despertar-se. El dit rosat de l'aurora se li alça entre les cuixes. Té gana. Quina joventut, és esgotador».

Capítol a part mereix la relació d'en Crab amb les dones; és que no hi ha manera de que les pugui entendre ―i amb prou feines amb el recurs a un traductor―; ni tan sols quan no parlen aconsegueix entendre-les, li és impossible comprendre el seu llenguatge no verbal ―vés, quin oxímoron―, i, en aquests desassossegants casos, l'intèrpret pot aportar-hi ben poc.

Degut a aquest problema, en Crab ha decidit compartir la vida amb una dona absent; cada dia que passa està més satisfet de la seva decisió, vista l'harmonia que els envolta i la intensitat amb que viuen la relació, i amb qui ha format una família inexistent amb uns adorables fills extraviats.

Si alguna cosa no suporta en Crab és la incompetència dels seus congèneres, els que el persegueixen sense cap raó, que el detenen sense motiu, que l'engarjolen sense acusació, que el martiritzen i l'escometen pel sol fet de viure una vida independent i de plantejar desafiants propostes, desinteressadament, destinades al progrés de la ciència, a la prosperitat de la tècnica i a la perfecció de la humanitat ―ocupat en acomplir amb les tasquesa de la seva agenda― sense molestar ningú. El veritable repte és la convivència.

No és gens estrany, doncs, que en Crab, que veu alterada constantment la seva tranquil·litat ―i la pau de la llar que li procura la seva família inexistent― pel continu assetjament a que és sotmès, visqui una existència nòmada que li impedeix assentar-se definitivament enlloc ―ni tan sols a la seva no-casa del desert de propietat on no pot posar els peus―.

 «Cenyim-nos al fets. El que ens distingeix de la resta d'animals no és tant el nostre gust per la carn vermella i les amanides verdes (pensem ni que sigui de passada en els tigres i els cargols), ni tampoc el nostre zel desvergonyit, la fidelitat que mostrem als poderosos o la valentia, molt visible quan ens hem de barallar amb un nan malat i empassar-nos-el, sinó més aviat les catedrals gòtiques, per exemple, que expressen bé el nucli de la nostra originalitat, la tendència a complicar-ho tot, a fer-nos els perepunyetes fins i tot amb les pedres, que molt probablement és el tret que explica el nostre prestigi sense parió entre les poblacions terrestres».

Quina gran pèrdua pel món en general i per a l'espècie humana en particular, la mort d'en Crab! Quins laments i quins plors va provocar a la gent que no el coneixia de res, quin pesar als que no havien sentit a parlar mai d'ell, quins gemecs als que ni s'imaginaven la seva existència!

Quin espectacle!

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3 de mayo de 2021

La anomalía

 

La anomalía. Hervé Le Tellier. Seix Barral, 2021
Traducción de Pablo Martín Sánchez

El 24 de junio de 2021, un Boeing 787 de Air France procedente de París con más de 200 personas a bordo, recién salido de una formidable tormenta que ha afectado a sus instrumentos, es interceptado por las fuerzas aéreas estadounidenses y desviado al aeropuerto de una base militar. La razón es que tres meses antes, el 10 de marzo, ese mismo avión, con la misma tripulación e idéntico pasaje, después de atravesar una tormenta parecida, aterrizó en el aeropuerto JFK de Nueva York. El propio incidente y las consecuencias en la vida de los viajeros de ambos vuelos son el objeto de La anomalía (L'anomalie, 2020), última novela publicada del oulipiano Hervé Le Tellier, víctima del Premio Goncourt 2020, y traducida por el también oulipiano Pablo Martín Sánchez.

Esa anomalía afecta de formas diferentes al pasaje; pero las consecuencias de esta inaudita situación ―materializada en la narración de los encuentros, un falso final de la novela que, de hecho, es el verdadero principio, la situación en la que la tensión narrativa es más sólida, cuando la trama despega realmente― abarcan un amplio espectro de posibilidades en cuyo planteamiento asoma la formación matemática del autor: Blake, un asesino a sueldo minucioso y calculador, se carga a su doble para evitarse problemas; Slimboy, un rapero nigeriano que le ha dado un vuelco a su carrera alineándose con los defensores de la libertad sexual, forma un dúo con el suyo; Joanna, una brillante abogada negra, se encuentra a la suya casada, embarazada y con un sustancioso contrato; Lucie, una madura y contrariada montadora cinematográfica que había conocido y despechado a un arquitecto tan solitario y desengañado como ella, le declara la guerra a su otro yo, que solo logrará detener la determinación de su hijo, un preadolescente aficionado a Dungeons & DragonsDavid, el piloto del vuelo, asiste a la muerte de su doble, afectado por un cáncer, que, debido a ese fallecimiento y a la prueba a la que se somete, acaban de diagnosticarle, anticipándole una pronta e inaplazable condena a muerte; otro par de dobles se pasean por los platós televisivos explotando su efímera fama; una pareja enfrenta la ruptura definitiva, incapaz de asumir la duplicación; en general, la sensación de la mayoría de los viajeros es que se les está brindando una segunda oportunidad, caída del cielo, que debe permitirles rectificar los errores cometidos en la primera versión de la historia.

Mención aparte merece otro de los pasajeros, el más singular, el personaje central, por varias razones. En el pasado, Miesel es un escritor mediocre que sobrevive a base de traducciones de olvidados autores eslavos y algún bestseller ocasional. Como consecuencia del accidentado viaje de marzo, y más como colofón a una vida desaprovechada que por motivos literarios, ya que su intención es contar la historia pero duda acerca de "cuántos relatos simultáneos puede aceptar un lector", escribe un libro titulado La anomalía ―algunas citas del cual son utilizadas como epígrafes por Le Tellier en su propia Anomalía―, tras cuya ejecución se suicida; el individuo que ha aterrizado el 24 de junio se encuentra, pues, sin doble con el que relacionarse y debe enfrentarse, solo, a las consecuencias de su obra.

El hecho de que sea un vuelo internacional provoca un caos diplomático; en los Estados Unidos, destino del vuelo, se crea un comité de expertos para valorar la situación, que aporta tres hipótesis de trabajo: la existencia de un agujero de gusano que desdobló el vuelo; la de la copia en 3D de material biológico y la que parece más plausible, o, al menos, la que cuenta con más partidarios: la que sustenta que somos el producto de un experimento, llevado a cabo por una conciencia superior o una civilización más avanzada tecnológicamente, que nos convierte en seres virtuales; tres hipótesis, por cierto, teóricamente plausibles ―incluida la tercera―, formuladas a lo largo del siglo XX bajo criterios científicos y publicadas en revistas especializadas.

Hasta aquí la trama, pero la lectura que se detuviera en este punto, y considerara La anomalía un puro juego intelectual que trata de responder al clásico "¿qué pasaría si...?" con más o menos originalidad y mediante los recursos que la ya prolongada historia de la novela, y particularmente los que aportó el siglo XX desde el movimiento modernista, ha dotado al género, sería una lectura superficial que no ahondaría en la multiplicidad de facetas que pone en juego Le Tellier y que merecen una atención más minuciosa que trascienda lo que aparece a simple vista; La anomalía es una novela de novelas y, como tal, llena de recovecos que merecen ser visitados.

Para empezar, y como no podría ser de otra manera tratándose del presidente del Oulipo, los numerosos referentes literarios y paraliterarios: el propio libro, La anomalía, es el título también del libro que ha escrito Miesel y que le ha llevado al suicidio; la alusión al azar en la frase de Mallarmé "un coup de dés jamais n'abolira le hasard", conceptualmente emparejado con Sartre; la referencia a El hombre de los dados, tan oulipiano en el fondo y en la forma; y las citas camufladas de  Queneau, Perec, Boris Vian y Tolstoi. Hace poco, comentaba en este mismo lugar que Mathias Enard, probablemente el escritor menos francés de los escritores franceses vivos, había escrito uno de los libros más franceses que es posible escribir (El banquete anual de la Cofradía de Enterradores); según ese mismo rasero, podría decirse que Le Tellier, un escritor plenamente francés, ha escrito, en su intento triunfante de deslocalización paródica, el libro menos francés de los publicados recientemente en el hexágono ―tanto, que aventuro la hipótesis de que si La anomalía se llamara The anomaly y estuviera escrito en inglés, podría pasar, formalmente, como una novela americana―.

Probablemente, el núcleo de la novela lo constituye la paradoja ―no será la única― de la confrontación con uno mismo y las consecuencias de ese enfrentamiento; en este caso, y debido al hueco temporal entre ambos vuelos, volver a vivir esos tres meses contaría con la ventaja de conocer el desenlace si no fuera por la inconcebible existencia, en paralelo, de ese doble que es, en realidad, quien los ha vivido; se podría aprovechar la experiencia acumulada por este, pero solo relativamente porque ese lapso temporal ha duplicado la identidad, y el doble, a pesar de no ser una copia del individuo, tampoco es él ―no existe un original y una copia, ambos individuos son, a la vez, reales y verdaderos―. Como consecuencia de esa paradoja, Le Tellier especula acerca de la capacidad del ser humano para reaccionar ante lo inverosímil y de las trampas cognitivas que hacen falta para aceptar esa inverosimilitud sin asumirla completamente, como la ceguera voluntaria ante lo evidente, el recurso a las respuestas religiosas o, directamente, la amnesia.

Está en juego la naturaleza de la realidad, las interacciones de esta con nuestra percepción y las consecuencias de las distintas ubicaciones posibles, verosímiles y congruentes en el eje de coordenadas objetividad-subjetividad y realidad-irrealidad; la redefinición, en ese sistema, de los conceptos de intención, voluntad y libre albedrío.

Si el ser humano se ve obligado a aceptar realidades alternativas, ¿dónde debe buscarse la verdad? Cuando la realidad y la virtualidad coinciden en el tiempo y en el espacio, ¿cómo puede distinguirse lo real de lo virtual? Aún más, ¿hasta qué punto importa esa distinción? ¿Puede existir una verdad para cada realidad, o la Verdad Absoluta es indomeñable y siempre debe prevalecer por encima de la realidad? ¿Cómo responde el entendimiento a esa multiplicidad? ¿Y la identidad, en el caso de la duplicación, cuál de los sujetos la sustenta, teniendo en cuenta que no existen personajes verdaderos y personajes falsos?

30 de abril de 2021

El Día del Ajuste

El Día del Ajuste. Chuck Palahniuk. PRH, 2021
Traducción de Javier Calvo

El Día del Ajuste (Adjustment Day, 2018), una novela en la que, después de algunos trabajos dubitativos y de un mortecino nivel literario, Palahniuk despliega sus dotes inventivas a la altura de sus mejores trabajos, se impulsa en las más desternillantes teorías de la conspiración y se sustenta en la tesis de que las grandes revoluciones han ocurrido siempre en épocas de superpoblación de hombres de menos de treinta años. Y es que la fantasía de la regeneración, una presunción recurrente en tiempos de crisis, siempre encuentra iluminados con ansias de llevar a término un movimiento de tabula rasa y la ilusión de recomenzar tras la implantación de unas nuevas coordenadas. La solución a esa superpoblación, tan antigua como el mundo, es desatar una guerra, con cualquier excusa y contra un país con el mismo problema, mandar a la confrontación a ese excedente y, de común acuerdo con el supuesto enemigo, acabar con él.

Pero esa es una solución antigua, anterior a la inmediatez de las comunicaciones actuales, del poder real de la televisión y de los medios digitales, del carácter viral de las redes sociales. Lo que antes se solucionaba con el recurso a una larga y costosa, económicamente hablando, y compleja, en el campo logístico, guerra abierta, puede concentrarse, si se ha llevado a término el trabajo de planificación adecuado, en una sola jornada; o, mejor aún, en una sola acción: El Ajuste. Además, no es imprescindible ningún gobierno para llevarla a cabo; es más, ese gobierno, todos los gobiernos, son, precisamente, el principal objetivo de esa revolución. 

El Ajuste provoca una nueva organización política, una especie de dictadura aristocrática en la que los más favorecidos son los pioneros de la nueva reformulación, y una flamante organización territorial que designa un circunscripción específica para cada grupo ―Caucasia para los blancos, Negrotopía para los negros, Gaysia para los homosexuales―, con la prohibición expresa de residir en el lugar que no corresponde. Las consecuencias imprevisibles de la nueva política y de la acción revolucionaria ―individualmente, la presunta liberación acaba esclavizando a los sujetos; y, colectivamente, cada grupo se encarga de unas tareas específicas, y solo estas, que el nuevo Estado les exige, son apenas daños colaterales que deben subordinarse a la acción principal.

A pesar de que la disidencia, en el marco de un país tan heterogéneo y excesivo como los Estados Unidos de América, ha alcanzado ya el nivel de tendencia, y la incorrección política se ha convertido en un fenómeno mainstream que, después de las exageraciones pasadas y presentes de la political correctness, es visto incluso con simpatía ―aunque con escaso humor, de forma parecida a como se ve a un excéntrico en un grupo de extravagantes―, Palahniuk ostenta ―es decir, disfruta de la posesión y se jacta de ello― la extraña virtud, no ya personificar el verso suelto en una composición reglamentaria, sino de ofender a todo el mundo ―el ofendible, claro―. Y es que la sátira, como bien sabe Palahniuk, está más próxima a la verdad que la apología.

26 de abril de 2021

Cómo ordenar una biblioteca

 

Cómo ordenar una biblioteca. Roberto Calasso. Editorial Anagrama, 2021
Traducción de Edgardo Dobry

Anagrama, el habitual editor de las obras mayores de Roberto Calasso en castellano, reúne, bajo  el título de uno de ellos, Cómo ordenar una biblioteca (Come ordinare una biblioteca, 2020), cuatro escritos breves relativos al orden de los libros, en la biblioteca personal y en la librería, a una de las épocas de auge de las revistas literarias y al nacimiento de la reseña.

En el artículo que da nombre al volumen, Calasso ofrece una serie de consejos, entiendo que no tanto para el bibliófilo como para el lector habitual, que ve, con una mezcla de horror y satisfacción, crecer su biblioteca personal al mismo tiempo que el desorden y la anarquía entre sus libros: la "regla del buen vecino" aconseja colocar los libros por afinidad, que dicta y percibe el propietario de la biblioteca; la ubicación por colecciones, que, si son de ensayo, sirven para definir al propietario de entre una amplia multiplicidad de rangos. Tal vez la biblioteca personal debería reproducir las conexiones neuronales que cada libro provoca en el cerebro del lector, pero, en este caso, las tres dimensiones del espacio no son suficientes, como tampoco un solo ejemplar de cada libro. En todo caso, el orden de una biblioteca debe ser un proceso en continuo desarrollo, siempre susceptible de cambio y evolución, y nunca finalizado. Asimismo, aconseja comprar  primeras ediciones no corregidas, porque son el contacto más directo con el autor, sin mediación del editor ni de la crítica; adquirir libros que no van a ser leídos inmediatamente, para poder disfrutar, tiempo después, del descubrimiento; y escribir, anotar, emborronar, aunque sea únicamente para dejar constancia de la lectura.

23 de abril de 2021

Bluets

 

Bluets. Maggie Nelson. Tres Puntos Ediciones, 2021
Traducción de Lawrence Schimel

Maggie Nelson, conocida en lengua castellana por la traducción de su ensayo Los argonautas, escribió este pequeño volumen, Bluets (Bluets, 2009) seis años antes, y lo tituló, debido a su apego por el color azul ―siguiendo la senda de William H. Gass―, con el nombre de la flor del aciano ―aunque, como en aquel caso, en castellano se pierde la copiosa polisemia del término inglés blue―.

Ideas, propias o ajenas, pertinentes o espontáneas, que provocan reflexiones, que tejen conexiones con otras ideas ―en algunas de estas conexiones es posible seguir el rastro; en otras, solo podemos intuirlo y nos vemos obligados a confiar en la palabra de la autora―, expandiéndose en forma de telaraña, imbrincándose y deteniéndose justo en la frontera de la improbable e infrecuente solidez de las tesis. Todo ello, desde la espontaneidad de la sensación y la inefabilidad de la escritura aferrada a la experiencia, a las sensaciones y al propio pasado.

19 de abril de 2021

Manifiesto Incierto 3. La muerte de Walter Benjamin y la jaula de Ezra Pound

 

Manifiesto incierto 3. La muerte de Walter Benjamin y la jaula de Ezra Pound. Frédéric Pajak. Errata Naturae, 2021. Traducción de Regina López Muñoz

El proyecto Manifiesto incierto de Frédéric Pajak, un intento de comprensión del siglo XX desde una perspectiva no historicista, llega, tras los volúmenes subtitulados Con Walter Benjamin, soñador abismado en el paisaje Volumen I) y Nadja, André Breton y Walter Benjamin bajo el cielo de París a su tercera entrega, La muerte de Walter Benjamin y la jaula de Ezra Pound (Manifeste incertain. Volume III, 2013).

«Bosquecillos parduzcos desperdigados por campos de tierra, arañados por el arado de los tractores. A lo lejos parpadean las turbinas eólicas, la envidia de los pilones encorvados, y de los viejos postes también, tirando de sus cordeles fatigados. A veces, y de pronto, vistos desde el tren a toda velocidad, conglomerados de chalés nuevos, la punta de una fábrica, un almacén, y luego, otra vez, por encima de un reborde de fango, árboles en hibernación, dedos descuartizados bajo el cielo comido de guata usada en la linde del mes de enero. El mundo se calla y nosotros esculpimos su silencio. Escayolas informes, esqueletos de la elocuencia, contamos nuestras palabras muertas, aglutinadas en la puerta de la boca».

Siguiendo el método establecido en los volúmenes anteriores y con esa sabia mezcla de texto y dibujo, Pajak estructura su relato mediante tres planos narrativos: los últimos meses de vida de Walter Benjamin; la personalidad excesiva, en todos los sentidos, de Ezra Pound; y, sobrevolando a ambos pero con idéntico protagonismo, las intervenciones del narrador.

A mediados de 1940, Hitler deja de contemporizar y lanza la ofensiva; la solución americana desaparece. Después de deambular por Francia, Walter Benjamin se acerca a la frontera de Banyuls y, en compañía de otros refugiados, emprende el camino hacia España. En Port Bou son retenidos por las autoridades en el Hotel de Francia y conminados a volver. Decidido a no regresar al país ocupado, toma una sobredosis de morfina y muere a las pocas horas, el 26 de septiembre de 1940.

Pound lleva media vida vagabundeando por Europa, incapaz de encontrar una ubicación definitiva. En Italia, cae bajo el hechizo de Mussolini, con el que comparte un agrio y furibundo antisemitismo, y medra por convertirse en su consejero áulico. Finalizada la guerra, es recluido en un campo de concentración (encerrado en la jaula del título), acusado de traición; de la cárcel al sanatorio, es trasladado a Estados Unidos; una vez liberado, regresa inmediatamente a Italia.

Pajak lleva a cabo un hiriente ajuste de cuentas con la sociedad del espectáculo, de la búsqueda de la satisfacción inmediata y del enterramiento de la autoexigencia.

«Somos los herederos, muy a nuestro pesar, de las ideologías del siglo XX. Nos parecemos a sus internos alelados, estancados en la negación de sus ilusiones aún tibias. No queremos aceptar esas creencias caducadas, porque sabemos de sobra la plaga que fueron, todas, sin excepción: nacionalistas, comunistas, fascistas. De ese montón de dogmas esfumados subsiste, no obstante, una ideología moderna. Sin valerse de las ideologías pasadas, lleva sus huellas, ciertas manías, costumbres o estratagemas. Pero esa ideología moderna se prohíbe ser una ideología. Se esfuerza por parecer libre de todo lo que constituía una ideología, y sabe dar el pego. A fuerza de máscaras y negativas logra hacer dudar de su existencia. Podríamos arrancarla de su sombra para hacerla confesar: no fallaría. Aunque declarase alto y claro de qué está hecha, de qué pensamientos inconfesables, de qué ambición, de qué sed de hegemonía, no ganaríamos nada. Porque si la ideología no se manifiesta es porque no le hace falta. A diferencia del cristianismo, del comunismo o del fascismo, se zafa de la pompa y el terror. No nos obliga ni a rezar ni a callarnos. Se ha insinuado por todas partes, hasta en las cosas más insignificantes. Se expresa a retazos, y entre murmullos. No aparece jamás en bloque, de cara. No la identificamos, o la identificamos mal. Tergiversa, trapacea, se engalana con la mayor confusión posible. Se siente como en casa entre el bullicio. Imperceptible, insidiosa, se ha colado en nuestro lenguaje, en nuestros hábitos, en nuestros juicios y en nuestra percepción de la realidad, empezando por la Historia. Sin embargo, es precisamente de esa Historia, de ese movimiento entre pasado, presente y futuro, de lo que quiere privarnos la ideología moderna. Omite a propósito el pasado para revolcarse mejor en el presente, un presente que debe hacer olvidar el futuro, cueste lo que cueste. El futuro: no olvidemos que las ideologías del siglo XX se empeñaron en olvidar el presente para olvidarse en la promesa de un futuro, forzosamente mejor, forzosamente radiante».

Mezcla de escritura y dibujo en mutua interdependencia: la volatilidad de la palabra, maleable, inconcreta, manipulable, interpretable, soberbia, y la persistencia del dibujo, resistente, preciso, independiente, categórico y humilde.

Otros recursos relativos al ciclo en este blog:

Notas de Lectura de Manifiesto incierto 1

Notas de Lectura de Manifiesto incierto 2

16 de abril de 2021

Le corps de la lettre

 

Le corps de la lettre. Pierre Bergounioux. Éditions Fata Morgana, 2019
Ilustraciones de Jacquie Barral

El indiscutible podio de los autores franceses contemporáneos vivos ―a los que puede añadirse, sin cuestionamiento, un cuarto ex aequo et bono― han disfrutado de diversa atención editorial en el ámbito de la lengua castellana: Pascal Quignard, tal vez el más mediático, cuenta con gran parte de su extensa obra mayor traducida entre editoriales españolas e hispanoamericanas; Pierre Michon, mucho más frugal, ha visto la práctica totalidad de su obra traducida, aunque parte de ella se encuentra fuera de catálogo; Antoine Volodine, el más excéntrico y, tal vez, el más inaccesible, pero igual de prolífico que Quignard, ni siquiera ha sido traducido en sus obras principales; y, finalmente, Pierre Bergounioux, el más productivo y accesible, cuenta apenas con cuatro o cinco traducciones, gracias principalmente al empeño de pequeñas editoriales (Minúscula, Días Contados, la desaparecida Alfabia), pero la mayor parte de su obra de ficción y memorialística sigue inexplorada en nuestra lengua.

Muy pocas veces este blog ha registrado Notas de Lectura de libros no escritos en castellano o catalán, pero siendo, o como quiere ser, un espacio de divulgación de algunos de los libros que va leyendo el redactor, quiero seguir dejando constancia de la inmensidad, cuantitativa y cualitativa, de la obra del corrézien, aunque sea de forma breve, para estimular a los lectores en francés de la importancia de incluirlo en sus lecturas; en cuanto a exhortar a las editoriales en castellano ―ignoro la audiencia que tiene este blog en el mundo editorial, pero presumo que nula o casi nula―, es un trabajo que doy por perdido.

Le corps de la lettre es un pequeño volumen de veintiséis páginas escritas y veintisiete ilustraciones en el que Bergounioux vierte su interpretación de la historia de la letra desde la escritura cuneiforme hasta las versiones contemporáneas del alfabeto latino y su progresión desde el registro de la contabilidad en la Mesopotamia del siglo XXV a.e.c. hasta la novela moderna.

Una de las tesis que sostiene el autor es la inequívoca relación entre la materialización de la escritura y el abanico de posibilidades que esta puede abarcar; la transformación del corps de la lettre es una señal del paso del tiempo, y su simplificación formal el paso progresivo, imprescindible y decisivo hacia una mayor complejidad del discurso, y, con toda probabilidad, de la evolución progresiva del pensamiento. 

La relación de Bergounioux con el fenómeno de la escritura es transversal a lo largo de su obra; sobre ese vinculo redactó la conferencia "L'écriture comme révélation et libération", disponible, en francés, en este enlace

El mismo autor introduce su obra en la grabación "Et l'homme inventa l'alphabet", disponible en YouTube:


Con más extensión y detalle, Language & Meaning registró una entrevista al autor con motivo de la publicación de Le corps de la lettre titulada "L'histoire de l'alphabet et de la pensée", disponible en YouTube:



Otros recursos relativos al autor en este blog:

Notas de Lectura de Le grand sylvain

Notas de Lectura de El río de las edades

Notas de Lectura de La huella

Notas de Lectura de Un poco de azul en el paisaje

Notas de Lectura de Cuaderno de Notas. Diario 1980-1985

Notas de Lectura de Una habitación en Holanda

Notas de Lectura de Carnet de notes 1980-1990

Notas de Lectura de Carnet de notes 1991-2000

Notas de Lectura de Carnet de Notes 2001-2010

Notas de Lectura de Carnet de Notes 2011-2015

Notas de Lectura de B-17G

Notas de Lectura de La casse

12 de abril de 2021

La parábola del sembrador

 

La parábola del sembrador. Octavia E. Butler. Capitán Swing, 2021
Traducción de Silvia Moreno Parrado. Prólogo de Gloria Steinem 

 «Salió un sembrador a sembrar su simiente y, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra y, después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos y, creciendo los abrojos con ella, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena y, creciendo, dio fruto centuplicado." Dicho esto, exclamó: "El que tenga oídos para oír, que oiga."» Lucas, 8, 5-8

Octavia Butler, la primera autora de ciencia-ficción de raza negra reconocida mundialmente y acreedora de los premios literarios más prestigiosos en el campo de la anticipación, plantea en La parábola del sembrador (Parable of the Sower, 1993, primera parte de una inacabada trilogía cuyo segundo volumen es Parable of the Talents, 1998, y cuya conclusión quedó  incompleta debido al fallecimiento de la autora en 2006), una distopía que, transcurridos casi treinta años de su publicación, la realidad existente desvela como amenazantemente verosímil.

Ubicada en el estado de California en un futuro cercano, Butler muestra una sociedad  estratificada en tres niveles prácticamente estancos: los poderosos, dueños del agua ―el agua es un bien de primera necesidad; su posesión es un signo de poder y dinero― y de los recursos; la clase media, autoprotegidos, que intentan reivindicar antiguas leyes en desuso; y la clase baja, delincuentes debido a sus adicciones o por pura necesidad.

La voz narradora corre a cargo de Lauren, una chica de origen mestizo perteneciente a la degradada clase media, hija de un pastor baptista y de una madre cuya drogadicción le costó la vida en su parto y le transfirió el síndrome de hiperempatía. Su educación se llevó a cabo en un entorno de religiosidad primitiva y fe acomodaticia, pero con rastros de cierto escepticismo.

En los estratos inferiores, la vida se limita a la supervivencia; dada la endogamia intragrupal, se hace imposible ascender de capa, y la hostilidad vecinal, consecuencia del instinto de autoprotección, ha provocado una sobrepoblación doméstica que ha facilitado un patriarcado transversal, con violaciones intrafamiliares frecuentes, y una esclavitud de baja intensidad en las clases altas y medio-altas. Las comunidades son interraciales, pero presentan muestras de segregación por etnias y atisbos, generalmente entre los mayores, de discriminación por géneros.  Las propuestas políticas, extremas y populistas y, por tanto, poco efectivas para los que necesitarían la protección de la ley, han conllevado una progresiva degradación de la política y una gran abstención electoral, mientras que la degeneración de la convivencia ha obligado a organizar patrullas de vigilancia y al uso generalizado de armas de fuego para la autodefensa.

Pero la degeneración no es solamente social; el caos climático ha provocado que pasen años sin llover y que se desaten, de forma inesperada, tormentas tropicales que arrasan con el modo de vida de la población más desfavorecida. Ese efecto ha sido más importante en el mundo fuera de las grandes ciudades, pero nadie lo conoce ni está preparado para sobrevivir en él; aunque todo el mundo sabe que la única forma de subsistir realmente pasa por huir de las peligrosas y superpobladas ciudades. 

Ante esa situación, Lauren concibe una alternativa a la saturación poblacional y a la degradación del planeta; la llama "Semilla Terrestre" ―deja escrito un libro llamado así, "Semilla Terrestre. El Libro de los Vivos", en contraposición a los Libros de los Muertos tibetano y egipcio―, e, inspirándose en las semillas vegetales, que viajan hasta encontrar suelo fértil, imagina para los seres humanos un destino parecido, que podría incluir en el futuro otros planetas y otros sistemas solares. La idea de Lauren de largarse de la comunidad en busca de un legendario norte civilizado le ronda desde que comprende su situación, pero la muerte de su padre, el asalto y destrucción de su barrio y la desaparición de su familia la ponen en camino, acompañada por dos de sus vecinos y más elementos que recogerá a lo largo su viaje. Lauren sigue redactando "Semilla Terrestre", que pasa de ser una especie de poema a ser un manual de supervivencia espiritual, una nueva Biblia para un tiempo nuevo, origen de una variedad de fe y de una visión de la trascendencia adaptada a su tiempo, y bajo cuya inspiración ella misma y sus acompañantes siguen un viaje que pretende ser mucho más que un traslado hacia otras tierras. 

9 de abril de 2021

Manual para destinos defraudados

 

Manual para destinos defraudados. Anne Boyer. Editorial Kriller 71
Traducción de Adalber Salas Hernández

Anne Boyer, que cultiva dos facetas ubicadas en extremos opuestos del espectro formal y conceptual de la literatura, la poesía y el ensayo, agrupa bajo el título de Manual para destinos defraudados (A Handbook of Disappointed Fate, 2018) un conjunto de escritos de variada longitud e intensidad, relativos a su trabajo y a su posicionamiento político, junto con algunas referencias a la enfermedad que padeció y sobre la que escribió en su Desmorir.

En el aspecto más general, Boyer fija su atención en detalles aparentemente irrelevantes para extraerlos de su contexto y otorgarles un nuevo protagonismo, y huye de las metáforas y de los recursos retóricos para detenerse en la búsqueda de su esencia. El mismo proceso es utilizado para el tratamiento de las personas, cuando hace falta dar con el individuo adecuado, en busca de una unicidad que va más allá de las características físicas o psíquicas, y que excluya cualquier idealización.

Políticamente, Boyer adopta un posicionamiento radical de compromiso con los menos favorecidos y aboga por una apología de la poesía como elemento crítico contra el enquistamiento; la transgresión del orden impuesto no se consigue solo rompiendo las inercias,  es imprescindible subvertir la lógica para que se generen inercias nuevas.

Incluso en la enfermedad Boyer registra la posibilidad de cambio de perspectiva, desde el punto de vista personal, y lo refleja en el proceso que se manifiesta desde el pasivo no puedo hasta el decisorio no quiero.

De la veintena larga de ensayos que componen el volumen, me parecen especialmente remarcables "Maneras difíciles de publicar poesía"; "Hacia una vanguardia provisional";  "Preguntas para los poetas" ,en el que despliega un sentido del humor cáustico e irónico, especialmente mordaz cuando la protagonista es la poesía o su propia persona; y "Tómalo y léelo, una memorable e ingeniosa elegía sobre los libros.