18 de octubre de 2021

La llama inmortal de Stephen Crane

 

La llama inmortal de Stephen Crane. Paul Auster. Seix Barral, 2021
Traducción de Benito Gómez Ibáñez

«Años después, en un libro publicado en 1938 (More Lives Than One), [Claude] Bragdon recordaba aquella cena confesando que tenía la culpa por haberlos "intimidado", aunque no habría hablado así de no haber estado "algo borracho". Entendió asimismo que la cena "era realmente una astuta publicidad del propio [Elbert] Hubbard", y luego, con gran sentimiento e intuición, escribió las siguientes palabras sobre el invitado de honor: "Crane me causó gran impresión, aunque nunca lo vi salvo en aquella ocasión: un  muchacho sincero y fogoso, con una llama interior más viva que la de otros hombres; tan grande, en realidad, que incluso entonces lo estaba consumiendo. El autor [el propio Paul Auster] da las gracias al espíritu de Claude Bragdon (1855-1946), cuya última observación ha inspirado el título de este libro».

Paul Auster, aquel novelista que adquirió notoriedad en la última década del siglo XX y que,  posteriormente, pareció haber agotado su filón de literatura de ficción, cambia de género, explotando las aptitudes ampliamente demostradas en sus obras más reconocidas, hacia un  ensayo biográfico en el que sigue, prácticamente día a día y escrito a escrito, la corta trayectoria vital y la prolífica producción literaria de Stephen Crane, considerado como el primer escritor modernista norteamericano, y reivindica la vigencia de su obra narrativa, periodística y poética. Como biógrafo, bucea en aquellos episodios de la vida de Crane que sirvieron de inspiración a algunas de sus obras, le sigue en sus viajes para cubrir conflictos bélicos y en su insólita expatriación en Inglaterra, y se transforma en crítico literario para examinar detalladamente, de forma individual y conjunta, las aportaciones del escritor, considerado uno de los progenitores de la narrativa norteamericana moderna, en el campo literario, estilístico y de contenido. Fruto de esa exhaustiva investigación, acaba componiendo una minuciosa visión general, social, política y económica del último tercio del siglo XIX en Estados Unidos, a la vez que rinde un sentido homenaje al escritor, de cuyas contribuciones se siente acreedor, desde el más profundo respeto y admiración.

«Por lo que se refiere a mi persona y a mi exiguo éxito, empecé esta guerra sin talento, pero con admiración y ardiente deseo. Tuve que evolucionar. Siempre quise ser inconfundible. Eso es escribir bien, en mi opinión. Todo lo relacionado con la literatura representa un gran esfuerzo. Creo que eso es lo más difícil. En el arte no hay nada que respetar, solo la propia opinión». (Fragmento de una carta citado en Stephen Crane's College Days, de Clarence Loomis Peaslee, 1896)
Maggie, una chica de la calleStephen Crane. Guillermo Escolar Editor, 2021
Traducción y prólogo de Pablo Medel


La roja insignia del valor. Stephen Crane. Editorial Planeta, 2021
Traducción de Jesús Zulaika

Maggie, una chica de la calle (Maggie, a Girl of the Streets, 1892), podría considerarse la versión norteamericana del Naturalismo francés, una especie de Émile Zola en Nueva York, que rompe estrepitosa y acentuadamente con el Romanticismo y el Transcendentalismo, esa versión extrema del Romanticismo norteamericano. En Maggie, Crane ofrece una visión sin paliativos de la vida de una familia de un barrio suburbial de la ciudad, posando la vista en las necesidades y aspiraciones de la hija, una niña marcada por la derrota y cuyas esperanzas sucumben nada más planteadas, como si la pobreza fuera un estigma inevitable que marca el destino de aquellos que caen bajo su maldición. Por mucho que Maggie posea honestas intenciones y buen corazón, no puede sustraerse a la influencia del ambiente del suburbio en que vive ni del influjo de las personas con las que se relaciona, constituyendo un claro prototipo de la víctima involuntaria.
«La mujer desamparada deambulaba a otro ritmo. Parecía que buscaba a alguien. Merodeaba sin prisa por las puertas de las tabernas y buscaba entre los hombres un rostro conocido. Escrutaba disimuladamente las caras de la riada de transeúntes que subía y baja por la avenida. Hombres apresurados, empeñados en subirse a los barcos o tomar los trenes para llegar a sus cenas familiares, se daban empujones con los codos, sin percatarse de su presencia. La mujer desamparada tenía un semblante muy peculiar; sonreía sin sonreír y, cuando se paraba, su gesto desencajado dibujaba una mueca sardónica, como si una mano despiadada le hubiera tatuado en la cara unas mortecinas líneas de expresión».
La roja insignia del valor (The Red Badge of Courage, 1895), la segunda novela de Crane, escrita inmediatamente después de Maggie, en 1895, cuando el autor contaba veintidós años de edad, forma parte insustituible del canon de la literatura norteamericana y, como las buenas novelas de tema militarista carentes de prejuicios y de exaltaciones patrióticas, es uno de los títulos fundamentales de la literatura antibélica.
«El soldado llevaba ya en el rostro el ceniciento estigma de la muerte. Con los labios fruncidos en marcadas arrugas y los dientes apretados, dejaba ver teñida en sangre la parte de las manos con que había intentado taparse las heridas. Parecía aguardar el momento propicio para caer de bruces en tierra. Caminaba mayestático, con los ojos ardientes y capaces de mirar fijamente hacia lo desconocido, como el espectro de un soldado».

Ampliando el foco y sin ser excesivamente estrictos, podría decirse que Maggie podría considerarse la última novela del siglo XIX, que cierra la época naturalista, y La roja insignia del valor la primera novela del siglo XX, anticipo del Modernismo.

11 de octubre de 2021

El Año del Diluvio. Trilogía MADDADDAM II

 

El Año del Diluvio. Trilogía MADDADDAM II. Margaret Atwood. PRH, 2021
Traducción de Javier Guerrero

Después de la desaparición súbita  de la gran mayoría de la población del planeta a causa de lo sucedido el Día del Diluvio Seco, los lugares se han asilvestrado debido a su abandono y se ha iniciado una degradación que parece inevitable; las plantas están en pleno proceso de recolonización y algunos animales, la mayoría de ellos mezclas de especies producto de la ingeniería genética, han sobrevivido. Entre los humanos supervivientes están Toby, una mujer que se ha refugiado en un antiguo balneario, y Ren, una trapecista encerrada en un prostíbulo de lujo.

Atwood ubica el tiempo de la acción de El año del diluvio (The Year of the Flood, 2009) durante una fracción de tiempo entre la juventud y el aislamiento de Hombre de las Nieves, uno de los protagonistas de Orix y Crake, y en paralelo con la acción de esta; el Día del Diluvio correspondería a la catástrofe mencionada en aquella; el escenario, dos de los asentamientos humanos que aquel intentaba evitar en su expedición, y su evolución posterior en los primeros años después de la extinción.

Toby fue rescatada de una banda de mafiosos por un grupo milenarista vegetariano, ultrarreligioso y sectario, Los Jardineros de Dios, liderados por un tal Adán Uno, una especie de profeta de los desastres, que viven en entornos autosuficientes y relativamente autoprotegidos. Ren fue acogida también por Los Jardineros, en cuya colonia conoció a Toby, y estuvo conviviendo con la comunidad, adoptando sus costumbres y su visión religiosa; mientras el mundo a su alrededor se degradaba progresivamente y anunciaba su desmoronamiento, el grupo se preparaba para sobrevivir. En su etapa escolar en uno de los complejos corporativos conoció a Jimmy y a Glenn, el futuro Hombre de las Nieves, con quien vuelve a coincidir, y el conocido como Crake, respectivamente, de Orix y Crake.

La novela ofrece un nuevo punto de vista y nuevas versiones de algunos sucesos relatados en la novela anterior, y revela el origen de MADDADDAM, un grupo de ingenieros genéticos en desacuerdo con la política de las corporaciones, que idearon formas de sabotear sus proyectos mediante la creación de bioformas con la idea de destruir toda huella humana y, así, permitir la regeneración del planeta.

La supervivencia, en condiciones no controladas y careciendo de los instrumentos adecuados, es un reto que implica numerosos factores; el primero y primordial, el mismo desafío: no existe un solo modo de sobrevivir, y la conciencia de esa condición es, tal vez, la mejor manera de afrontarlo.

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Notas de Lectura de Nueve cuentos malvados

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Notas de Lectura de Por último el corazón

Notas de Lectura de Oryx y Crake. Trilogía MADDADDAM I

4 de octubre de 2021

Grand Hotel Europa

 

Grand Hotel Europa. Ilja Leonard Pfeijffer. Acantilado, 2021
Traducción de Gonzalo Fernández Gómez

«La gente cree que la vida es más llevadera si nos contamos historias. Y así es, pero esa no es la cuestión. La cuestión es que, sin historias, la vida no tiene significado. Y sin significado, nada tiene sentido. Las palabras que urden la trama de una historia establecen una reconfortante relación de causa y efecto entre hechos y sucesos que de otra forma nos parecerían aleatorios. La gente necesita estructurar la vida en pequeñas historias con trama, porque la trama de una historia reduce a la medida humana el insoportable e inabarcable caos del mundo, y lo transforma en una sucesión de actos y consecuencias comprensible para nosotros. La trama de una historia nos da una idea de control sobre nuestro origen y nuestro destino, y nos permite determinar de dónde venimos y adónde vamos».

Un escritor holandés llamado Ilja Leonard Pfeijffer se recluye en el Grand Hotel Europa, un establecimiento anacrónico y decadente, para examinar por escrito el proceso de degradación de su relación con Clío, una historiadora del arte italiana, con quien convivió durante una temporada en Venecia. 

«Tenía que poner orden en los recuerdos que me estaban martirizando como un enjambre de avispas enloquecidas y me impedían pensar con claridad. Si de verdad quería olvidar Venecia y todo lo que había ocurrido allí, tenía que empezar por recordarlo todo con la mayor precisión posible. Quien no recuerda primero con detalle todo lo que quiere olvidar, corre el riesgo de olvidarse de olvidar ciertas cosas. Tenía que ponerlo todo por escrito, aunque era consciente de que la necesidad de relatar lo ocurrido suponía, como le dijo Eneas a Dido, renovar un dolor indecible».

Ilja va a compartir su retiro creador con el peculiar personal del hotel: el señor Montebello, el maître;  Abdul, un emigrante ilegal, el botones; y con la ausencia recurrente de Europa, la anterior propietaria, que vendió el hotel a un millonario chino, y que vive recluida en la habitación número 1; entre los huéspedes permanentes, se encuentran Volonaki, un multiempresario griego; Patelski, un estudioso; una familia de americanos entre los que se encuentra una adolescente provocativa; y Albane, una poetisa francesa. Por cierto, hablando de poetas:

«A mucha gente le intrigan los motivos por los que uno se hace poeta. Quieren saber por qué te dedicas a escribir versos. Antes, cuando vivía en Holanda, era algo que me preguntaban con tanta frecuencia en conferencias y entrevistas que llegó un momento en que pensé una respuesta estándar: "Para ligar, naturalmente". Era la forma perfecta de zanjar el tema. Hasta que un día un entrevistador un poco más espabilado de lo normal me hizo la pregunta obvia a la que daba pie esa respuesta: "¿Y funciona?". A partir de entonces tuve que inventar otra cosa. Si fuera posible escribirle una carta a mi yo joven, disfrutaría mucho sorprendiéndolo con la crónica de mi primer encuentro con Clío. Y mi yo joven, sin lugar a dudas, ampliaría su respuesta estándar con la apostilla de que ni siquiera hace falta escribir poemas. Basta con ser poeta».

Pero la decadencia no está solamente instalada en el Grand Hotel Europa, con esa tipología tanto del personal del hotel como de los residentes habituales; está también, desde hace décadas, en esa variante de la acqua alta que ha tomado posesión de Venecia, esa ciudad convertida en parque temático a disposición del turismo de masas; y, asimismo, en la propia Europa, ese boyante negocio para las elites económicas degradado a anacrónico zoológico donde pueden verse en su entorno natural el arte y la historia de cuando el mundo real ni siquiera existía, y en el que campan por sus respetos innumerables equipos pluridisciplinares a la busca de trabajos sin definir ―proyectos; el mundo del siglo XXI ya no necesita ideas, ahora necesita proyectos, al igual que no requiere profesionales, sino gestores―, a la caza del verdadero motor económico del viejo continente, Las Subvenciones.

«Sí, soy un puto europeo, como había dicho Memphis [un personaje americano del libro, caricaturesco como la mayoría de los que pasan por el Grand Hotel Europa]. Y quiero serlo. Cuando veo un bosque, quiero pensar en Homero, Virgilio y Dante en vez de en un bosque, porque la condición les da a los árboles un significado que ellos solos, a pesar de su imponente follaje, no pueden inventar. Me gusta que las cosas tengan significado. Quiero perderme en un bosque de símbolos, igual que San Agustín. Las historias le dan sentido a la vida, y les deben su sentido a las otras historias. La tradición es una tertulia pausada que se prolonga a lo largo de los siglos, que nunca termina y trata sobre lo poco o lo mucho que merece la pena de verdad en esta vida. Si pienso mientras follo, eso no quiere decir que sea un incapacitado que adormece sus sentidos y le pone cadenas a su instinto, sino que escucho el eco de lo que experimento a través de los sentidos en la caja de resonancia de los siglos, y que todo lo que yo hago va acompañado de pensamientos, porque sin ideas, símbolos o historias todo es insípido y ordinario, y nada tiene sentido».

Mientras el lector intenta seguir ―comprender ya es más difícil, a menos que pudiera sacudirse la rémora de los prejuicios hasta conseguir una posición externa a la propia conciencia que, a mí,  no me parece posible― las peripecias de Ilja ―el personaje y narrador―, Pfeijffer le lleva de los ollares a través de varios recursos que le permiten, entre otras cosas, mantener su atención ―ya van quedando pocos lectores capaces de seguir más de seiscientas páginas de una trama que no posee ningún tipo de intriga― y redondear una historia que, tomada en su esencialidad, daría, como mucho, para un relato. En primer lugar, alterna los capítulos centrados en su estancia en el hotel, con las interacciones, escasas pero significativas, con el resto de clientes y con el personal, con aquellos que dedica a su relación con Clío, es decir, aquellos que, supuestamente, sirven de guión al libro que está escribiendo acerca de esa etapa de su vida. Esta alternancia le permite un eficiente anidamiento de los relatos: lo que sucedió en Venecia (relato 1) es reproducido en el Grand Hotel Europa (relato 1 del GHE, relato 2 de Venecia), ambos reproducidos en el libro que leemos (relato 1 de Ilja, relato 2 del GHE, relato 3 de Venecia), cada uno con una entidad narrativa propia pero que puede dar lugar a tres relatos distintos y no necesariamente verídicos. Circunstancia que puede llevar al lector a sospechar de la honestidad del narrador ―como lector, admiro profundamente a los narradores manipuladores y embusteros, desde el redactor del Génesis a Humbert Humbert― y a la conjetura acerca de la mengua en la fidelidad de los relatos a medida que progresa el anidamiento ―más cuando, por lo que he entendido, lo que Ilja cuenta acerca de su relación con Clío es solo una aproximación a lo que será, en el futuro, el libro-expiación que escribirá; o no, dado el desenlace de Grand Hotel Europa, ¿quién sabe? "Cada coladita, una rasgadita", que diría el castizo―; todo ello embrollado, a nivel de relato, con los abstractos proyectos del narrador, entre los que destaca ese esquema del futuro libro que escribirá acerca del turismo de masas, uno de los pilares sobre los que descansa la trama de este espléndido Grand Hotel Europa.

«―Me parece muy valiente el hecho de que hayas escrito esa novela. Bueno, lo que quiero decir es que hay que ser muy valiente para escribir cualquier novela, no solo esa novela en concreto. ―Esbozó media sonrisa.― Tal como lo digo, podrías malinterpretar mis palabras. Pero no es por ahí por donde van los tiros. Lo que quiero decir es que me resulta casi inconcebible que alguien, a la luz de las miles y miles de novelas maravillosas que se han escrito antes, tanto en la tradición literaria europea como en la literatura universal, se plantee la idea de añadir una novela más a la imponente montaña existente, y que luego, encima, tenga el valor de llevar a la práctica su idea».

N.B.: Hace unos días un querido, competente y admirado lector me preguntó mi opinión acerca del libro cuando había leído, a lo más, una cuarta parte; con la urgencia que requería la respuesta y el medio por el que me hizo la pregunta, poco dado a matices, le respondí que era "como si Houellebecq se hubiera olvidado de su obligación de ser el enfant terrible de la literatura francesa contemporánea y, en lugar de jugar a escandalizar, hubiera dedicado el tiempo a aprender a escribir"; terminado el libro y reflexionado lo suficiente como para escribir este post, me ratifico en mi dictamen.

27 de septiembre de 2021

Tiempo curvo en Krems

 

Tiempo curvo en Krems. Claudio Magris. Anagrama, 2021
Traducción de Pilar González Rodríguez

Temps curvilini a Krems. Claudio Magris. Edicions de 1984
Traducció d'Anna Casassas

Así como la juventud es una época de acumulación, la vejez debería ser de liberación, tiempo de  ir soltando todo aquello que se ha acaparado para hacer más ligero el viaje, cuando es posible escoger entre lo aprendido aquello que, más que utilidad práctica, muestra síntomas de oportunidad y que puede sustituir a los bienes materiales; y también de renuncia al respeto del que se ha hecho acreedor, al miedo que se ha inspirado y a las envidias que se han provocado. Sin embargo, ninguna de estas renuncias representa ninguna utilidad si no tiene lugar la abdicación más importante: la del papel que se ha representado, la del personaje que se ha sido y las de todas las posibilidades a las que, un día, se aspiró.

«Cada día se alejaba más de aquel individuo, de aquel abstracto él mismo que en ocasiones le parecía un simple homónimo, y de vez en cuando seguía firmando mecánicamente en su despacho de actas ―solo las de cierta importancia― que le ponían delante; se lo quitaba de encima poco a poco, como quien se quita un traje de ceremonia y lo cuelga en el armario. ¿Envejecer era esto? Le parecía que en realidad era el otro quien envejecía, echándose a la espalda cada vez más años y más cosas, como una percha cada vez más cargada, mientras él, por el contrario, se iba volviendo más ligero, más ágil».

La gravedad de un error cometido no debería depender del momento en que percibimos haberlo consumado; sin embargo, la nuestra conciencia discrimina con claridad la diferencia entre el error que se nos hace manifiesto nada más perpetrado y el que se manifiesta después de transcurridos muchos años, cuando es imposible enmendarlo porque ha quedado incorporado a nuestra conciencia sin ninguna consecuencia negativa. Pero, en realidad, no es posible volver atrás, doblar la flecha del tiempo, para enmendarlo porque ninguna de las decisiones tomadas en función del error pueden ser corregidas.

«Casi tumbado en el coche, Salman miraba las cosas que pasaban fugaces hacia atrás y pensó que, tras aquella rápida visita, también la villa y el salón y la veranda se quedaban ahora a su espalda para siempre. Recordó la mirada del otro que leía en la suya y se preguntó para qué servía la costumbre ancestral de bajar los ojos si justo en el momento oportuno, a causa de una estúpida lentitud de reflejos, había que levantar el velo y permitir que inevitablemente se escudriñase en su interior».

Los recuerdos falsos, aquellos que errónea pero inocentemente nos atribuimos, forjan nuestra biografía con la misma intensidad que los verdaderos; representan la función de hitos en un camino cuya veracidad o falsedad deja de tener importancia una vez establecidos porque sus consecuencias sobre el relato de nuestra vida son ineluctables, y la cadena de decisiones que han originado no tiene vuelta atrás si se pretende mantener la frágil unidad de nuestra conciencia. Hitos de un pasado que no importa si existió o no, por más que persista en nuestro recuerdo, que se proyectan hacia un futuro hipotético y frágil en el que tal vez nosotros tampoco existamos, pero hacia el que especulamos proyectarnos.

«El tiempo es el señor de la causalidad: una causa produce un efecto y, por tanto, lo precede, viene antes que este. Pero desde un efecto se retrocede a la causa que lo ha producido; la familiaridad por teléfono era, pues, el efecto de un conocimiento recíproco que por fuerza debía estar en el pasado y, por tanto, modificaba este último, se remontaba al tiempo de crear, décadas antes, algo que entonces no había sido. Sí, el tiempo es una orden causal, pero si la causa se propaga en el espacio-tiempo con velocidad nunca superior a la de la luz, me decía a mí mismo trepando por vagos recuerdos del instituto y aclaraciones solicitadas sin demasiado éxito a amigos físicos, la relatividad especial afirma, creo que se dice así, que dos acontecimientos que no pueden relacionarse por medio de una señal causal que viaje a velocidad menor o igual a la de la luz no pueden ordenarse en el tiempo de modo absoluto».

Tal vez la única resolución se halle en un punto intermedio entre el exilio exterior, la disposición para sentirse extranjero en cualquier lugar, extraviado el sentimiento de pertenencia, y el exilio interior, no reconocerse en ninguno de los yoes del pasado y, a la vez, rendirse ante la imposibilidad de integrar todas las experiencias en un solo personaje, que no sería más que una ficción autogenerada en beneficio de un hipotético equilibrio psíquico.

«Su relato hablaba de alguien que, cuando era jovencísimo, había sido guarda en una especie de lager en una isla adriática y que vuelve a la vista treinta años después, junto con una mujer, mucho más joven que él, recién casada. Aparecían paseos, cigarras, lagartijas que mudaban de piel entre las rocas donde treinta años antes el hombre había sido vigilante, el rostro envejecido de una campesina, el horror y la magia del verano, alguna cruda escena erótica entre los esposos que le produjo, al leerla, cierta incomodidad porque se dio cuenta de que eran cosas que, en realidad, no había experimentado».

Es imposible integrar en un yo sólido las incoherencias en la reproducción del pasado; de nuevo, la infidelidad del recuerdo, el propio y los ajenos, reclama sus derechos. Las anécdotas casi olvidadas, ilocalizables en el tiempo, supuestamente infructuosas, que se convierten en hitos ineludibles con efectos terminantes, contra las grandes experiencias, concluyentes en su época, que muestran, pasado el tiempo, su irrelevancia. Es inverosímil fijar el lugar que ocupamos en el pasado de los otros, aislar el motivo de que ocupemos ese lugar, averiguar si depende de nuestra experiencia o de la de los demás. El convencimiento de poseer recuerdos verdaderos retrocede ante la posibilidad de que todo recuerdo deba filtrarse a través del cedazo de la experiencia ajena. El recuerdo cambia cada vez que es evocado, que es comunicado, que es compartido. 

«"Entonces, ¿cómo era esa época?", le preguntó el director en la fonda cercana al puente sobre el río, que corría ligero tras la pequeña pero impetuosa cascada. Si ya no es aquel tiempo, si no existe, ¿se puede decir qué era, cómo era? El no ser no es, decía en clase junto a su compañera de filosofía, nunca ha sido. ¿Y yo? Sin embargo...».

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17 de septiembre de 2021

Levantar la mano contra uno mismo XIII.


Quien preguntare a alguien: «¿Qué interés os mueve a ocupar ese lugar?». «El interés del ejemplo, le responderá, y la común obediencia al príncipe; yo no aspiro a beneficio alguno, y en cuanto a la gloria, bien se me alcanza la parte ínfima que puede corresponder a un hombre de mi categoría: en mi situación, no me mueven la pasión ni la querella.» Vedle, sin embargo, al día siguiente, todo cambiado, todo hirviente y encendido de cólera, acomodado en su rango para acometer el asalto: es el resplandor de tanto acero, y el fuego y el estrépito de los cañones y los tambores lo que infundió vigor nuevo y odio nuevo en sus venas. ¿Y cuál fue la causa? Para agitar nuestra alma ninguna precisa; un ensueño sin cuerpo ni fundamento la regenta y tambalea. Que yo me lance a levantar castillos en el aire, mi fantasía me forjará comodidades y placeres, con los cuales mi alma se reconoce realmente cosquilleada y
regocijada. ¡Cuántas veces embrollamos nuestro espíritu con la cólera o la tristeza merced a tales sombras y nos, sumergimos en pasiones fantásticas que trastornan nuestra alma y nuestro cuerpo! ¡Qué gestos de espasmo, de risa o confusión suscitan las soñaciones en nuestros semblantes! ¡Qué sorpresas y agitaciones de miembros y de voz! ¿No se diría de ese hombre solo que experimenta falsas visiones ocasionadas por una multitud de otros hombres con quienes negocia, o que algún demonio interno le persigue? Inquirid dentro de vosotros mismos el origen de semejante mutación: a excepción nuestra ¿hay algo en la naturaleza a quien la nada sustente ni empuje? Cambises, por haber soñado que su hermano iba a sentarse en el trono de Persia, le hizo morir; era un hermano a quien amaba y de quien siempre se había fiado; Aristodemo, rey de los mesenios, se mató, impelido por una fantasía que consideró como de mal agüero y por no sé qué aullidos de sus lebreles; el rey Midas hizo lo mismo, molestado y trastornado por un sueño ingrato que le asaltara. Es valorar la vida en su justo precio abandonarla por un sueño. 

Ensayos, libro III, capítulo IV,

13 de septiembre de 2021

Una libertad luminosa

 

Una libertad luminosa. T. C. Boyle. Editorial Impedimenta, 2021
Traducción de Jon Bilbao

«―Hablo de la huella, Fitz. Como en el caso de Konrad Lorenz y los ansarinos. Te dije que esta droga es una herramienta, ¿o no lo hice? La herramienta más poderosa que la psicología haya conseguido jamás; solo falta que la gente abra los ojos. ―Dio unos golpecitos con el cigarrillo en la botella vacía―. Yo soy el ganso y tú eres el ansarino, como cuando Lorenz apartó a la madre y empolló los huevos hasta la eclosión y los polluelos vinieron a un mundo donde lo que caracterizaba a una madre no era el pico, los pies palmeados y las plumas, sino la barba y el pelo canosos y una barriga llena de ¿qué? ¿De Wiener Schnitzel? Eso es lo que hace la droga, de manera instantánea. Barre los jueguecitos, los roles y las mierdas que la sociedad te ha impuesto como una marca; hace tabula rasa, y te permite partir de cero, como si fueses un recién nacido. Eres un bebé, Fitz. Un niño. Mi hijo».
El dia 16 de abril de 1943, Albert Hofmann, investigador del Departamento Farmacéutico de la compañía química Kern & Sandoz en Basilea ―con posterioridad Laboratorios Sandoz, actualmente Novartis―, tomó 0,5 centímetros cúbicos de una solución acuosa de tartrato de dietilamida disueltos en 10 centímetros cúbicos de agua, experimentando extraños efectos alucinógenos. En 1947, Sandoz comercializó un derivado, el  Lyserg-säure-diäthylamid, para usos terapéuticos.

Veinte años después, en 1962, Timothy Leary, profesor del Departamento de Psicología de Universidad de Harvard, incorpora el LSD en el diagnóstico psicológico, arrinconando a la terapia psicoanalítica y al análisis conductista en el tratamiento de algunas disfunciones psíquicas; al mismo tiempo, crea un restringido círculo con alumnos, becarios, empleados y algún que otro profesor para ensayar con el producto. La capacidad de provocar efectos psicoactivos fue la razón de que se experimentara en relación con la trascendencia, y la historia de la forma natural, presente en algunos hongos y utilizada en la medicina tradicional norte y mesoamericana, abrió caminos que pudieron transitar tanto los científicos como los charlatanes.

Pero la experiencia no era siempre positiva, también existían los malos viajes, intentos malogrados que no encajaban en la teoría general que pretendía desarrollar Leary, y cuyas consecuencias a largo plazo ―de hecho, este concepto no entraba en la ecuación, ni para las consecuencias positivas ni para las negativas― eran una incómoda incógnita.

La troupe que tutela Leary, que incluye a Fitz, un estudiante de posgrado, y su mujer Joannie, que participan en algunas de las sesiones, se marcha a México en el verano de 1962 con la intención de seguir con los experimentos sin las cortapisas que les plantean los responsables del Departamento de Psicología de Harvard, libre de restricciones y de cualquier control, y para  explorar hasta el límite y más allá; una experiencia que se se planea repetir en veranos sucesivos, incluso después de que Leary fuera expulsado de Harvard y hubiera convertido las estancias psicodélicas en México en un boyante negocio; sin embargo, los incidentes con la policía local provocaron que fuera deportado por las autoridades y tuviera que regresar, contra su voluntad, a los Estados Unidos.

Así que en 1963, inasequible al desaliento, Leary, gracias a una cesión de unos amigos millonarios, miembros ocasionales del grupo, refunda su comunidad en una pequeña ciudad del nordeste, en la que organiza una especie  de comuna con los miembros más fieles con la intención de seguir experimentando con el ácido y la menos confesable de vivir despreocupadamente en el espacio que comparten el alcohol, el LSD y el sexo. Fitz y Joannie, con su hijo adolescente, forman parte de los elegidos. Al poco tiempo, sin embargo, empiezan a manifestarse los primeros síntomas serios de habituación cuando se reducen los lapsos entre sesiones, pero se discute y se acuerda introducir en la experiencia a los más jóvenes, de doce a dieciocho años. El experimento sobrevivió, mal que bien, hasta mediada la década de lo sesenta, cuando Leary se desliga definitivamente de la psicología académica y funda la Liga para el Descubrimiento Espiritual, a la que adjudica el estatuto de religión para seguir experimentando con el LSD, pero esa es ya otra historia.

Boyle, un experimentado y contrastado contador de historias, trabaja narrativamente en dos niveles: mediante la reproducción de los sucesos históricos, mezclando realidad y ficción donde no llegan los hechos conocidos, de lo acaecido en Harvard en la época en la que Leary realizó sus sesiones ―y las consecuencias de su actuación―; y, por otra parte, mediante el punto de vista acerca de esos hechos por parte de la pareja de Fitz y Joannie, un relato que actúa, a la vez, como complemento y contrapunto de la historia anterior. Con este procedimiento, Boyle se inmiscuye en el relato de lo sucedido a través de una visión interna ―que el narrador en tercera persona tal vez no le permitía― para desvelar los puntos oscuros de la historia y para registrar los efectos que tuvo lo sucedido para alguien externo al núcleo implicado directamente ―y que, a la vez, le permite mostrar las vergüenzas del movimiento―.

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10 de septiembre de 2021

Oryx y Crake. Trilogía MADDADDAM I

 

Oryx y Crake. Trilogía MADDADDAM I. Margaret Atwood. Penguin RH, 2021
Traducción de Juanjo Estrella

«Hombre de las Nieves abre los ojos, los cierra, los abre, los mantiene abiertos. Ha pasado una noche fatal. No sabe qué es peor, un pasado irrecuperable o un presente que lo destruirá si lo observa con demasiada atención. Luego está el futuro. Puro vértigo».

En un futuro próximo, la ciencia y la técnica han alcanzado niveles que, ahora mismo, solo podemos imaginar, acompañados de un retroceso de las letras, las humanidades y el arte, disciplinas inútiles y de costoso mantenimiento, dando lugar a una sociedad tecnocrática en la que el poder lo ostentan las grandes corporaciones dedicadas a la ingeniería genética; pero ese progreso desenfrenado ha conllevado algunos inconvenientes. La investigación ha conseguido producir nuevas formas de vida vegetales y animales, pero a un alto costo; en una primera etapa, se ha conseguido la modificación genética de los vegetales mediante la creación de semillas certificadas, la deforestación para ganar superficie cultivable, la generalización del monocultivo extensivo y el monopolio de las grandes corporaciones, concentradas en irrefrenables pasos adelante y en una guerra sin cuartel con la competencia. En paralelo, y bajo el más estricto secreto, también se han conseguido avances en la modificación de ciertos animales, destinados a procurar órganos nuevos para los cada vez más longevos seres humanos, unos experimentos que han contado con innumerables pruebas fallidas y cuyos productos nadie ha sido capaz de eliminar.

Jimmy, un joven y abatido estudiante de humanidades ―contra ese proceso tecnológico sin fin, Jimmy "se dedicaría a indagar en lo superfluo como un fin en sí mismo"―, cuyos padres ostentan altos cargos en las corporaciones multinacionales, conoce a un colega, alumno de una universidad de prestigio en la que cursa estudios de biología, con quien traba una amistad antes basada en las diferencias que en las analogías de personalidad; ante el carácter conciliador y reflexivo de Jimmy, Crake exhibe un carácter dominante e irascible. Comparten largas conversaciones acerca de su porvenir, juegos de realidad virtual que parecen adelantar un futuro poco halagüeño ―uno de ellos el llamado Extintatóndirigido por MADDADDAM, cuyo código promocional es "Adán dio nombre a los animales, MADDADDAM se lo pone a los muertos", una entidad encubierta que parece dedicarse a crear y desarrollar bioformas alternativas con fines no muy transparentes y sesiones televisivas de porno con menores, donde descubren a una niña de siete y ocho años que será, transcurridos unos años, el tercer elemento del triángulo sobre el que descansa la trama de la novela: la futura Oryx.

Pero el tiempo de la narración no es la infancia y la juventud de Jimmy ―un tiempo que se podría identificar sin muchas desavenencias con nuestro presente―; ese es solo el recuerdo de una infancia de apariencia modélica pero que parece contaminada por sombras apenas perceptibles ―tal vez reales, tal vez originadas por un proceso de recuerdo afectado por interferencias que Jimmy es incapaz de identificar―, por sobreentendidos tácitos y ocultaciones intencionadas ―la negativa de su madre a darle un hermano, la extraña relación de su padre con una compañera de trabajo―. El presente continuo de la narración es un tiempo no identificado en el que, finalmente, la investigación ha alcanzado la meta más preciada, ha dado lugar a un proceso de creación, como en el principio de los tiempos, y engendrado una raza de humanoides genéticamente diseñados para ser más eficientes en múltiples situaciones y a los que se les han suprimido aquellos rasgos que podían originar situaciones no adaptativas y, en principio, que no se rigieran por la búsqueda del bien común.

La creación de esos seres, denominados a posteriori los hijos de Crake, son el producto de esa creación, seres híbridos genéticamente modificados para sobrevivir en las condiciones adversas poscatástrofe, pero culturalmente nulos, seres atecnológicos incapaces de reproducir los niveles de civilización anteriores, pero también de caer en el caos que condujo a la destrucción, seres inocentes cuya única especialización es la supervivencia; pero para que puedan alcanzar los fines que Crake, su creador, ha previsto, el planeta debe librarse, primero, de la especie más perniciosa, la que con su sola presencia es capaz de destruir todo lo que se ponga a su alcance. Los hijos de Crake, la gran esperanza de la nueva humanidad, deberán crecer y evolucionar por su cuenta porque sus creadores, como el dios cristiano, les ha abandonado a su suerte. Al proceso de degradación física se añade el de degradación moral que llevó a la catástrofe y que implicó la falta de cuestionamiento; el fin justificó los medios y, como consecuencia, no fue posible retroceder porque nadie estaba dispuesto a renunciar a lo conseguido.

En ese escenario posapocalíptico, Hombre de las Nieves, el nombre que ha recibido Jimmy de los nuevos pobladores, a medio camino entre un mundo, el suyo, que ya existe únicamente en su recuerdo, parcial e infiel, y el mundo real, en el que él mismo, a pesar de estar presente, es un elemento incongruente y anacrónico, inadaptable, se convierte en un individuo insólito e incomprensible para los nuevos humanos que intenta mantener una vida dedicada únicamente a la subsistencia, cada día más difícil, en un medio hostil que le arrastra hacia una degeneración de las costumbres y del lenguaje ―la ausencia de registros escritos provocará que cuando muera el depositario de las palabras que nombran ciertas cosas que ya no existen, esas palabras, el último rastro de su existencia, desaparezcan para siempre, así como el recuerdo de aquello que designaban―y hacia una pérdida progresiva de la noción del tiempo, como si hubiera sobrevivido a un naufragio. Sin embargo, el futuro de la nueva especie depende de que Hombre de las Nieves pueda llevar a término un último encargo que le confió Crake; en ese entorno hostil, con el sentimiento de soledad que le provoca saberse el último de su especie, embargado por la rabia y la impotencia y acosado por los recuerdos, algunos vívidos como si formaran parte de su presente o de un sueño, otros compuestos de trazos inconexos imposibles de integrar en un relato coherente, como pertenecientes a una identidad irreproducible, está decidido a llevar a cabo su misión y a afrontar la gran prueba que validará o revocará las teorías de Crake: la única manera efectiva de regenerar el mundo es provocando un reset; la especie humana es incorregible y esperar que pueda enmendarse, una quimera: para salvar el planeta es imprescindible su desaparición. 

Otros recursos relativos a la autora en este blog:

Notas de Lectura de El cuento de la criada

Notas de Lectura de Los testamentos

Notas de Lectura de Nueve cuentos malvados

Notas de Lectura de La semilla de la bruja

Notas de Lectura de Alias Grace

Notas de Lectura de Por último el corazón

6 de septiembre de 2021

Shuggie Bain

 

Historia de Shuggie Bain. Douglas Stuart. Sexto Piso, 2021.
Traducción de Francisco González López

La història de Shuggie Bain. Douglas Stuart. Edicions de 1984, 2021
Traducció de Núria Busquet Molist

En poques ocasions ―cada vegada més, però segueixen essent poques―, una primera novel·la mereix tanta atenció per part de la crítica i els lectors, i més si l'autor és un home, blanc, anglosaxó i de mitjana edat ―suprimiu aquest comentari si infligeixo algun codi o fereixo alguna sensibilitat―. No sé per quina raó el flamant guanyador d'uns dels premis més prestigiosos de la literatura anglosaxona no ha estat publicat a la península pels grans grups editorials ―potser té a veure amb això que acabo de dir, potser és la traslació ibèrica als trenta-dos rebuigs editorials que va col·leccionar la versió original―, però, com a lector i com a llibreter, em satisfà profundament que dues editorials de petita dimensió però amb un fons admirable, Sexto Piso i Edicions de 1984, hagin apostat per una novel·la de text, de factura clàssica i desenvolupament canònic.

Shuggie, el personatge del títol, transsumpte confès del propi Stuart, és el tercer fill de l'Agnes i d'un taxista amb vocació de proxeneta que la menysté i la maltracta; els seus germans grans, fills d'un altre pare, són la Catherine, una noia poc agraciada que vegeta en feines precàries a l'espera de que algun xicot la rescati,  i en Leek, un noi psíquicament fràgil que fot el camp de casa sempre que preveu problemes amb els grans per culpa de l'alcohol i el maltractament. L'acció s'ubica a Glasgow durant el mandat com a primera ministra de Margaret Thatcher, en plena crisi de la mineria i de la indústria derivades de la revolució industrial, una situació econòmica que ha desembocat en un empobriment de les capes més desafavorides de la societat i, com en el cas de l'Agnes, en tota mena d'addiccions, particularment l'alcohol.

La particularitat d'en Shuggie, que, a diferència dels seus germans, abocats a una esborrajada carrera per ser el primer en tocar el dos d'aquell antre, dedica la seva infantesa a examinar i aprendre, deriva de l'observació de la subordinació de les dones ―en particular, de la seva mare, però també de les veïnes dels successius suburbis als que va a parar degut a l'empitjorament de la situació econòmica familiar, accelerat per l'abandonament del marit― als desitjos dels homes: primer, del pare; després, del marit ―i dels amants―; finalment, dels fills mascles. Agnes va abandonar el seu marit, un catòlic pocapena, per fugar-se amb en Shug, el taxista pare d'en Shuggie; recollits a casa dels seus pares, anys després, acaben també fugint per anar a petar a un barri de mala mort on en Shug pot seguir fent de les seves sense que els sogres el vigilin.

El narrador, que exhibeix un punt de vista conciliador malgrat la gravetat dels fets, no és tan incisiu ni tan estricte amb la conducta de l'Agnes com seria d'esperar; potser perquè està massa involucrat en els fets que explica, atenent a les circumstàncies que rodegen la situació familiar i al propi to de la narració, o potser perquè aquestes mateixes circumstàncies el condueixen a treure importància al drama personal d'en Shuggie enfront de la tragèdia del alcoholisme de la mare, el seu caràcter moderat en les formes l'obliga, com a en Shuggie, a perdonar més del que seria recomanable.

Dura però sensible, La història d'en Shuggie Bain evita caure en la caricatura però no exclou, en ocasions en que seria plenament justificable l'exclusió, el bon humor; sovint dona la sensació de que el narrador sent més simpatia per l'Agnes que pel propi Shuggie, i que intenta disculpar la seva injustificable conducta responsabilitzant l'entorn més proper: la germana, el germà, el pare, que converteixen la seva crítica en fugida; només Shuggie roman al seu costat, amb una barreja de pietat, responsabilitat i amor.

3 de septiembre de 2021

Index Librorum Prohibitorum

Index Librorum Prohibitorum. Typis Polyglottis Vaticanis, 1948

El Index librorum prohibitorum es una relación de aquellas publicaciones que la Iglesia católica catalogó como libros perniciosos para la fe y que los católicos no estaban autorizados a leer. Fue promulgado por primera vez a petición del Concilio de Trento por el Papa Pío IV el 24 de marzo de 1564. El Index conoció más de cuarenta ediciones, a cargo de la Congregación del Índice, creada por el papa Pío V en 1571. 

La última edición, objeto de este post, fue la de 1948, bajo el papado de Pío XII; posteriormente, el 8 de febrero de 1966 el papa Pablo VI lo suprimió​, aunque la prohibición de ciertos textos sigue vigente y "moralmente vinculante".

La edición va precedida con un prefacio, en italiano, en el que se hace un esbozo de la historia y la justificación de la publicación, firmado por Rafael Merry del Val y Zulueta, obispo español, Secretario de Estado de la Santa Sede y Secretario de la Sagrada Congregación del Santo Oficio, la institución que sustituyó, nominal y funcionalmente, a la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición; a continuación, se cita la legislación en la que se basa la prohibición, en latín, citando el canon de códices con las normas respecto a los textos censurados; finalmente, cerrando la introducción, figuran las instrucciones para el personal eclesiástico con respecto a las prohibiciones.

Pero la parte más interesante del Index es, naturalmente, la lista de libros prohibidos; a continuación, detallo un extracto de algunos de ellos, que he agrupado en 6 categorías para su mejor comprensión; entre paréntesis, figura la fecha del decreto de prohibición. Por supuesto, he incluido solamente aquellos autores y libros que el lector común contemporáneo de literatura o de filosofía puede reconocer, y me permito llamar la atención, de  nuevo, acerca de la fecha de publicación: 1948, en mitad del siglo XX.

Las piedras en el propio tejado, libros escritos por religiosos cristianos, incluyendo algunos santos reconocidos por la propia Iglesia Católica: 


San Alberto Magno, libros sobre las virtudes de las hierbas, de las piedras y de algunos animales (24-11-1965)

San Agustín, Les Deux Livres À Pollentius sur Les Mariages Adultères, traducción anotada al francés (7-1-1765)

San Francisco de Paula, edición de Cartas escogidas (29-3-1702)

Santa Teresa de Jesús, Vida de la Madre Teresa de Jesús (15-12-1893)


El huevo de la serpiente, libros escritos por religiosos profesionales pertenecientes a la Iglesia Católica:


George Berkeley, Alciphron, o el filósofo insignificante (20-11-1742)

Jean Meslier, Mémoire des pensées et des sentiments de Jean Meslier (8-7-1765)

Girolamo Savonarola, opúsculos inéditos (14-12-1837)

Étienne Bonnot de CondillacCours d'étude pour l'instruction du prince de Parme (22-9-1836)

François de Salignac de la Mothe Fénélon, Explication des maximes des saints sur la vie intérieure (12-3-1699)


Todo es mentira, menos algunas cosas, los novelistas, esos seres despreciables instalados en la ficción:


Honoré de Balzac, todas las "novelas de amor" (del 16-9-1841 hasta el 20-1-1864)

Gabriele D'Annunzio, obra completa (8-5-1811)

Léon Daudet, El viaje de Shakespeare (14-12-1927)

Daniel Defoe, Historia del diablo (24-4-1743)

Alexandre Dumas padre, todas las "novelas de amor" (22-1-1863)

Alexandre Dumas hijo, todas las "novelas de amor "(22-1-1863)

Gustave Flaubert, Madame Bovary y Salammbo (20-1-1864)

Anatole France, obra completa (31-5-1922)

Victor Hugo, Notre-Dame de Paris (28-7-1834) y Les misérables (20-1-1864)

Jean de La Fontaine, Cuentos y relatos en verso (12-3-1703)

Maurice Maeterlinck, obra completa (26-1-1914)

Giacomo Leopardi, Operette morali (27-1-1850)

Samuel Richardson, Pamela; or, Virtue Rewarded (15-4-1744)

George Sand, todas las "novelas de amor" (del 27-11-1840 al 5-12-1863)

Stendhal, todas las "novelas de amor" (del 4-3-1828 al 20-1-1864)

Lawrence Sterne, Un viaje sentimental (6-9-1819)

Émile Zola, la obra completa (del 17-9-1894 al 1-9-1898)


Disparando sin apuntar, textos generales sin referencias religiosas directas:


Calendario Popular del Ateneo Catalán de la Clase Obrera para el año bisiesto del 1864 del Ateneo Catalán de la Clase Obrera (20-9-1864)

Baltasar Castiglione, El cortesano, (3-7-1618)

Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del imperio romano (26-9-1783)

Juliano emperador, edición de las Obras escogidas (4-3-1828)

Heinrich Heine, varias obras (del 22-9-1836 hasta el 8-8-1845)

Pierre Larousse, Grand Dictionnaire universel du XIXe siècle (1-3-1873)

Charles de Secondat de Montesquieu, De l'esprit des lois (29-11-1751) y Cartas persas (24-5-1762)

Blaise Pascal, Pensées (18-9-1789)

Pierre-Joseph Proudhon, obra completa (22-1-1852)

John Stuart Mill, The Principles of Political Economy: with some of their applications to social philosophy (12-1-1856)

Benedetto Croce, obra completa (20-1-1934)

Hyppolite Taine, Histoire de la littérature anglaise (11-1-1866)


Los Hijos de Satán, los filósofos, esa plebe en contacto directo con el diablo:


Thomas Browne, Religio medici (18-3-1645)

Henri Bergson, Essai sur les données inmédiates de la conscience, L'évolution créatrice y Matière et mémoire (1-1-1914)

Pierre Bayle, obra completa (del 18-11-1698 hasta el 10-5-1757)

Giordano Bruno, obra completa (8-2-1600)

Pierre Charron, De la sagesse (9-11-1605)

Auguste Comte, Manual de filosofía positiva (12-12-1864)

Thomas Hobbes, obra completa (del 5-10-1649 hasta el 7-5-1703)

Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios para las sciencias (11-12-1604)

David Hume, obra completa (18-9-1827)

Baruch Spinoza, Tractatus theologico-politicus (12-1-1826)


El décimo círculo del infierno, los filósofos de la Ilustración, la peor especie del género humano, la abominación suprema:


Paul Thyry D'Holbach, El cristianismo al descubierto (26-1-1823) y la práctica totalidad de su obra filosófica, incluidos los artículos publicados en la Encyclopédie.

Jean Le Rond D'Alembert y Denis Diderot, Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers (5-12-1758) y Jacques el fatalista (2-7-1804)

René Descartes, la mayor parte de su obra (del 10-12-1663 hasta el 22-5-1720) 

Claude-Adrien Helvétius, De l'Homme, de ses facultés et de son éducation (29-8-1774) y De l'Esprit (31-1-1759)

Immanuel Kant, Crítica de la razón pura (11-1-1827)

Julian Offray de La Mettrie, obras filosóficas (del 11-8-1769 al 15-2-1770)

Jean-Jacques Rousseau, Émile, ou de l'edUcation (9-9-1762), Du contract social, ou principes de droit politique (18-11-1762) y Julie, ou la nouvelle Héloise (9-12-1806), entre otras obras.


Y, finalmente, hors catégorie, dos autores especialmente admirados por este redactor, cuya sola inclusión es la muestra más manifiesta de la estupidez, la estulticia, el anacronismo y la necedad de todos los redactores que, desde 1571 hasta 1948, participaron en la Sacra Congregatio Indicis y, por extensión, de todos aquellos imbéciles que les hicieron caso a lo largo de más de cinco siglos:


Voltaire, el campeón del Index; atesora 39 prohibiciones, incluida la de sus obras completas ―por si se habían olvidado de alguna al condenarlas por separado― y múltiples comentarios a obras de otros autores.

Michel de Montaigne, Les Essais, 28-1-1676


Portada de la primera edición del Index librorum prohibitorum, impreso en Venecia en 1564