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| De la sabiduría. Pierre Charron. Editorial Laetoli, 2025. Edición de Fernando Bahr. De la sagesse. Trois Livres. Éditions Rapilly, 1827 Facsímil digital de Gallica.fr de la edición original. |
De la sagesse, De la sabiduría, la obra de Pierre Charron publicada por primera vez en 1601, es uno de los textos clave de la literatura escéptica porque marca un punto de inflexión en la historia de esa teoría del conocimiento: el paso del escepticismo fundado en una actitud personal a la sistematización de una estructura filosófica y, como consecuencia, el sostenimiento de una postura ética; un eslabón imprescindible entre la tradición pirrónica, que reactualiza, y uno de los caminos que tomará la filosofía en el siglo XVI, y de ahí, a través de contribuciones como el Diccionario Histórico y Crítico, de Pierre Bayle, a la Ilustración, convirtiendo una corriente filosófica en un problema epistemológico. Desde este punto de vista y teniendo en cuenta los antecedentes, De la sagesse podría considerarse el primer gran tratado moderno de escepticismo moral.
La corriente filosófica de la antigüedad fundada, al menos públicamente, por Pirrón de Elis y continuada, con más o menos convergencia, por Timón el Silógrafo, Enesidemo de Cnosos y, como compilador, Sexto Empírico, llegó a un callejón sin salida con la epoché, la suspensión del juicio que provocaba la imposibilidad de afirmar o negar algo debido a la influencia de las creencias previas y las opiniones comunes. Frente a esa interrupción, Charron, al orientarse a la moral práctica, descarta la metafísica y el dogmatismo, ya que ambos parten de certezas inverificables.
Aparte del valor intrínseco de la obra, De la sabiduría puede ser considerada un nexo entre el pensamiento de dos autores especialmente venerados en este sitio, entre el escepticismo existencial de Michel de Montaigne y el escepticismo crítico de Pierre Bayle.
Charron fue mucho mása que un lector de Montaigne; la inspiración, cuando no reconstrucción, de los Ensayos es evidente a lo largo de De la sabiduría; además, según parece —los datos biográficos no son concluyentes—, se conocieron personalmente —Gabriel Michel de la Rochemaillet , en su Éloge de Pierre Charron, atestigua un «afecto recíproco» de ambos filósofos, así como el regalo del Catecismo— y parece que fue su albacea. Pero la dispersión de los Ensayos —Montaigne piensa mediantre fragmentos, asistemáticamente— se convierte en sistematización en De la sabiduría —Charron desarrolla su programa a través de capítulos—. El escepticismo de uno es una postura existencial, una experiencia personal en la que la duda no se resuelve; el del otro es un sistema de base moral, exportable, mediante el cual la duda encabeza la búsqueda de una sabiduría estable. Cuando Montaigne postula que el pensamiento es siempre autobiográfico, con lo cual no puede separar el sujeto del problema, Charron hace desaparecer el yo y la experiencia puede generalizarse.
En el caso de Bayle, que comparte con Charron una concepción no nihilista del escepticismo —la razón no alcanza para fundar verdades últimas—, sustituye la sabiduría sistemática por la desvinculación enciclopédica: el Diccionario es fragmentario, digresivo —la composición de las páginas, con el texto centrado y dos tipos de notas, una al pie y otras al margen, en función de su procedencia, es una muestra de esa fragmentación—, y sus reformulaciones le impiden concluir con un cierre doctrinal. Como consecuencia, la ética personal de Charron, que debería ser el primer componente de la sabiduría, es sustituida por la paradoja y el conflicto. La ataraxia pirroniana se convierte en una ética charroniana del equilibrio para desembocar en una sabiduría bayleana indomeñable.
La publicación de De la sabiduría por parte de la navarra Laetoli, en su imprescindible colección Los Ilustrados, en edición de Fernando Bahr, es una de las mejores noticias editoriales para los lectores inconformistas.

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