15 de enero de 2024

Viernes o los limbos del Pacífico

 

Viernes o los limbos del Pacífico. Michel Tournier. Alfaguara, 1992
Traducción de Lourdes Ortiz

El naufragio, el desánimo, la resignación, la superación: Viernes o los limbos del Pacífico (Vendredi ou les limbes du Pacifique, 1970) es una emulación del clásico Robinson Crusoe —no una actualización del contenido, pero sí de la forma— en un lenguaje preciso y rico y con una combinación de narradores que la convierten en una versión impecable y maravillosa de uno de los títulos fundamentales de la historia de la literatura occidental.

En los momentos inmediatamente posteriores a su naufragio, la inconformidad de Robinson le lleva a cometer grandes errores que le sumen en un inmovilizante estado de desesperación y a una actitud de pasividad y de relajación moral agravadas por un en apariencia inevitable regreso a la animalidad. El espíritu religioso del Robinson de Defoe cede ante la degradación creciente de su humanidad, con respecto a la cual comprueba que solo es posible en compañía de sus semejantes e impracticable en soledad en un territorio inhóspito.

«Sabía ahora que el hombre es semejante a esos heridos en el transcurso de un tumulto que permanecen de pie mientras les sostiene la multitud y caen a tierra en cuanto esta se dispersa. La multitud de sus hermanos, que le había mantenido en lo humano, sin que se hubiera percatado de ello, se había apartado bruscamente de él, y ahora sentía que ya no tenía fuerzas para seguir manteniéndose sobre sus piernas. Comía, con la nariz en tierra, cosas innombrables. Hacía sus necesidades y rara vez dejaba de revolcarse en el calor tibio de sus propias deyecciones. Se desplazaba cada vez menos y sus breves incursiones le conducían siempre a aquella pocilga. Allí perdía su cuerpo y se liberaba de su malestar en la envoltura húmeda y cálida del cenagal, mientras que las emanaciones emponzoñadas de las corrompidas aguas le oscurecía el espíritu [...] Liberado de todas sus ataduras terrestres, se mantenía en una embrutecida ensoñación con migajas de recuerdos que ascendían del pasado y danzaban en el cielo en las lacerías formadas por las inmóviles hojas».

Pero después de una alucinación que casi acaba con su vida, reaparece el espíritu colonizador  y, firmando la paz consigo mismo, se pone en marcha para civilizar la isla, empezando por la escritura de un diario —que se convertirá, en la novela, en un narrador alternativo al narrador omnisciente que figura desde el inicio del texto—. Le seguirán la siembra de cereales recuperados del naufragio y la domesticación de algunos animales salvajes de la isla, emprendiendo, de ese modo, la recuperación y ubicación en el tiempo y la delimitación y apropiación del espacio, al reproducir en un reducido espacio de tiempo el camino que la Humanidad, en sus principios, necesitó varios milenios para  recorrer: la civilización del propio Robinson y de la isla, bautizada como Speranza.

«Una era nueva comenzaba para él —o más exactamente, comenzaba su verdadera vida en la isla después de la etapa de debilidad que ahora le producía vergüenza y se esforzaba por olvidar—. Por eso, cuanso se decidió al fin a inaugurar un calendario, le importaba poco que le resultara imposible evaluar el tiempo que había transcurrido desde el naufragio del Virginia. El naufragio había tenido lugar el día 30 de septiembre de 1759 hacia las dos de la madrugada. Entre aquella noche y el primer día en que él marcó una muesca en un poste de pino seco se inscribía una duración indeterminada, indefinible, llena de tinieblas y de lágrimas, de tal modo que Robinson se hallaba apartado del calendario de los hombres como estaba separado de ellos por las aguas y reducido a vivir en un islote de tiempo, como en una isla en medio del espacio».

Los fragmentos dei diario —log-book— informan al lector de las reflexiones, los propósitos y las renuncias de primera mano, y de su empeño por evitar el peor de los horrores, dada su situación: la deshumanización.

«Log book. Sé ahora que cada hombre lleva consigo —y como sobre él— un frágil y complejo andamiaje de costumbres, respuestas, reflejos, mecanismos, preocupaciones, sueños e implicaciones que se ha formado y continúa transformándose por los contactos perpetuos con sus semejantes. Privada de savia, esta delicada eflorescencia se marchita y se disgrega... El prójimo: pieza maestra de mi universo... Mido cada día lo que yo le debía, registrando nuevas fisuras en mi edificio personal. Sé el riesgo que correría si perdiera el uso de la palabra y combato con todo el ardor de mi angustia esta suprema decadencia. Pero mis relaciones con las cosas se encuentran ellas mismas desnaturalizadas por mi soledad. Cuando un pintor o un grabador introducen personajes en un paisaje o en las proximidades de un monumento, no es por gusto de lo accesorio. Los personajes dan la escala y, lo que importa más todavía, constituyen puntos de vista posibles que añadir al punto de vista real del observador de indispensables virtualidades».

Dos hechos, uno fortuito y otro fruto de su voluntad, contribuyen a alejar aquel fantasma: el regreso del perro de la expedición y la edificación de un habitáculo, a los que se une la construcción de un rudimentario reloj. Después vendrá la progresiva identificación con la isla hasta que ambos, hombre e islote, llegan a convertirse en un solo ser a través de una metamorfosis compartida de re-creación mutua y continua.

«Log book. Todos lo que me conocieron, todos sin excepción, me creen muerto. Mi propia convicción de que yo existo tiene en cuenta suya la unanimidad. Haga lo que haga, no impediré que en el ánimo de la totalidad de los hombres esté la imagen del cadáver de Robinson. Eso basta —no, desde luego, para matarme— para relegarme a los confines de la vida, a un lugar suspendido entre cielo e infierno, en el limbo, en una palabra... Speranza o los limbos del Pacífico».

El encuentro con Viernes provoca un doble efecto: representa la llegada de un compañero que rompe una soledad que estaba a punto de acabar con él, pero también transtorna su vida y su relación con la isla.

«Log book. Me he preguntado por vez primera si yo no habría pecado gravemente contra la caridad al intentar por todos los medios someter a Viernes a la ley de la isla administrada, haciendo resaltar así que yo prefería la tierra modelada por mis manos antes que a mi hermano de color. Vieja alternativa, es verdad, origen de más de un desgarramiento y de innmerables crímenes».

Es a partir de ese encuentro cuando Tournier abandona la recreación de la historia de Defoe y su imitación se convierte en creación, aunque aceptando las constricciones históricas y, en menor medida, formales del Robinson Crusoe original. Después de un trágico suceso en el que la colonización de la isla sufre un serio revés, en esa vuelta a la situación salvaje original, va a ser Viernes quien asuma el mando y se revele como perfectamente capaz cuando es de la supervivencia de lo que se trata, en un incuestionable cambio de roles cuya consecuencia principal es la conversión, no por patente y necesaria menos cuestionada por Robinson, de Viernes en un Hombre Libre; pero como contrapartida —o como complemento—, también acreedor de una libertad sustancialmente distinta de la que disfrutaba antes, una libertad más exigente y menos productiva en términos civilizatorios, pero infinitamente más provechosa en términos humanos.

La llegada de la civilización —más que llegada, invasión— a la isla constituirá la prueba definitiva de que ambas, humanidad y civilización, casi nunca van asociadas. 

«Log book. Nada de sorprendente cuando pienso en él, excepto la atención casi maníaca con que yo le observo. Lo que es increíble es que haya podido vivir tanto tiempo con él, por decirlo de algún modo, sin verle. ¿Cómo concebir esa indiferencia, esa ceguera, cuando él es para mí toda la humanidad reunida en un solo individuo, mi hijo y mi padre, mi hermano y mi vecino, mi prójimo, mi ajeno...? ¿Estoy por eso obligado a hacer converger todos los sentimientos que un hombre  proyecta hacia todos los que viven a su alrededor, sobre ese único "otro"? Si no, ¿qué sería de ellos? ¿Qué haría yo de mi piedad y de mi odio, de mi admiración y de mi miedo, si Viernes no me inspirase al mismo tiempo piedad, odio, admiración y miedo?»

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