4 de julio de 2018

La vida en tiempo de paz

La vida en Tiempo de Paz. Francesco Pecoraro. Editorial Periférica, 2018
Traducción de Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García
"Nada ha sido nunca siempre."
Ivo Brandani es un ingeniero, fracasado en el campo profesional y no menos desafortunado en el plano personal, que trabaja en la recreación artificial del fondo marino de Sharm El Sheik, y que se encuentra bloqueado en el aeropuerto de El Cairo debido a un retraso en los vuelos; en ese el tiempo muerto en el no-lugar que es todo aeródromo, Ivo, rozando la setentena y con una salud precaria, rememora algunos episodios de su turbulenta -o no tanto; tal vez tan confusa como la de todos- vida, desde una remota infancia ciudadana y vacacional en la postguerra europea hasta el definitivo fracaso de su carrera profesional. La crónica de su existencia, pero también la historia personal de esa última mitad del siglo, es el contenido de La vida en Tiempo de Paz (La vita in Tempo di Pace, 2013), la primera novela del arquitecto y urbanista italiano Francesco Pecoraro.
"Una cosa es recrear lo falso en la ficción aclamada y compartida y otra reconstruir lo auténtico con lo falso, pero como si fuese auténtico, en un contexto real."
Pero, a pesar de ese planteamiento, La vida en Tiempo de Paz no es tanto el lamento de despedida a un mundo en vías de extinción como el grito de apercibimiento acerca de una destrucción que es ya imparable, que no tiene remedio; sobre la constatación de que degradación material y moral de los últimos cinco siglos ha sido superada en el tiempo de una sola generación que, a pesar de que parece haber superado la tentación de entablar una gran guerra de resultado incierto y consecuencias fatales, no por ello ha dejado de abrazar causas indignas.
"Llega un momento en el que hay que abandonar el pasado, sobre todo si entra en conflicto con el presente, sus ventajas de tornan inútiles."
La regeneración de la civilización occidental tiene su equivalencia en los recuerdos de la entrada del protagonista, tan descreído como cínico, en la cincuentena, la primera década que señala la decadencia personal, la edad en la que se es consciente, por primera vez, de que los años que quedan por vivir son menos que los ya vividos, y en la que la nostalgia por lo perdido toma de forma definitiva en lugar de la esperanza en el futuro; un futuro, por cierto, que ni siquiera es lo que era:
"El Futuro de la ciencia ficción con el que Ivo soñaba de pequeño nunca llegó. Lo que sí llegó no era imaginable siquiera para los ilustradores profesionales de Urania, que cometerían el mismo error al no prever cuánto Pasado arrastraría consigo el Futuro."
Brandani no tanto un anti-héroe como un héroe premoderno, reflexivo a la vez que  impulsivo, crítico pero también burlón, que se ve incapaz de discriminar si es el mundo, moviéndose a una inalcanzable velocidad de escape, el que lo ha abandonado en la soledad de una cuneta y al que no hay esperanza de que alcance jamás, o si ha sido él mismo, con una actitud heroica, el que se ha apeado del vehículo, imparable en su marcha hacia el desastre; hacia un mundo que convertirá en benévolas utopías las distopías más desesperanzadas, pesimistas e infaustas; hacia un futuro fijo y concreto, perfectamente previsible pero deteriorado sin remedio.
"Ha tardado décadas en entender que vivir una vida según el principio del orgullo es insensato, que el orgullo es una forma devastadora de estupidez, capaz de llevarte a la ruina... Te induce a comportamientos basados en la nobleza y el honor, es decir, en principios abstractos, desusados, inalcanzables, relativos y fascistas, completamente imbéciles, ajenos al mundo en que has vivido y en el que sigues viviendo. Lo que cuenta no es el estilo, es lo que has hecho materialmente y el modo en que lo has hecho, o sea, bien o mal... Sólo cuentas los resultados, Brandani, sólo eso: ¿dónde están?"
A pesar de todo, el ingeniero Brandani ha intentado ser un hombre de su tiempo; pero, ¿en qué consiste esa expresión? Acostumbraba a ser un halago, una lisonja con que se reconocía el valor moral de alguien capaz de inscribirse en su contemporaneidad sin ninguna incoherencia notable; pero la posmodernidad, con su "liquidez", tiende a impedir el establecimiento de condiciones fijas y no deja marco al que ajustarse, como consecuencia de lo cual, tener un tiempo adscrito parece un anacronismo. Brandani es, por supuesto, y en contra de la apariente incongruencia, un hombre de su tiempo, es decir, modelado por la era que ha vivido -y por los acontecimientos, por supuesto-, condicionado por sus circunstancias: siempre la pareció que su tiempo le llevaba unos metros de ventaja, que lo podría alcanzar solo alargando la zancada; sin embargo, se le resistía, a pesar de tenerlo siempre a la vista. Pero se le escapó definitivamente en un instante, que no puede recordar en concreto, en que debió despistarse, y ya nunca tuvo la esperanza de recuperarlo.
"Ivo mide obsesivamente la consumición de su vida, la irreversibilidad de cada día que pasa, su no reproductibilidad, a través del desgaste de decenas de objetos materiales [...]".
Al final, la antigua cuestión del sentido de la vida se ha convertido en La Pregunta Fundamental: "¿Qué pruebas puedo aportar para dar testimonio de haber vivido?". Brandani especula a lo largo de setecientas páginas y con la extendida perspectiva de setenta años acerca de ese argumento, y no sabe darle una respuesta plausible; tal vez nosotros, más o menos inteligentes que el ingeniero, tampoco seamos capaces de encontrarla, más allá de alguna enumeración ingeniosa o algún incomprensible balbuceo. 
"Parloteaban los filósofos, los psicoanalistas, los religiosos sobre las profundidades insondables del alma humana... La verdad es que somos simples, bidimensionales y gregarios... Nos basta con crecer en una cultura determinada para no poder quitárnosla de encima. Es más, nos convertimos en sus defensores de por vida, convencidos de que, por el mero hecho de haber nacido dentro, ese caldo de cultivo es el mejor... La idea de identidad se ha construido sobre ese sentido natural e idiota de pertenencia, por tanto nuestra identidad se refleja en el caos que se ve aquí abajo, donde las cosas son complicadas, pero no realmente complejas..."
Después de la excelente sorpresa en 2017 que representó Solenoide, y sin entrar en comparaciones infructuosas, parece que algo se mueve también en la novela europea continental. La vida en Tiempo de Paz es una excelente novela contemporánea en todos los sentidos -y sin ningún otro adjetivo-, disfrazada de novela clásica, que pone en evidencia la excepcionalidad de la segunda mitad del siglo XX, el Tiempo de Paz.
"¿Qué ha significado vivir setenta años en Tiempo de Paz? ¿En qué fuimos diferentes de nuestros padres y de los padres de nuestros padres? Padres, abuelos, bisabuelos y más atrás aún, si nos remontamos en el tiempo, vivieron en su propio mundo, y eran mundos no comparables con el mundo en que vivimos ahora: nunca ha habido una paz tan duradera, nunca ha habido una aceleración tan fuerte de las cosas, los objetos nunca se han transformado tan rápido en otros objetos, nunca ha habido una inestabilidad tan acentuada..."
Calificación: *****/*****
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