11 de mayo de 2018

Aberración estelar

Aberración estelar. Gilbert Sorrentino. Underwood Editorial, 2018
Traducción de Ce Santiago
Marie, una mujer joven y apetecible a quien su marido, un italiano cantamañanas, ha dejado por su secretaria, y su hijo Billy, un chaval repipi y consentido, regresan a casa del padre de ella, John, un irlandés anglicano intratable  que ha enviudado hace poco y que tiene un lío con una vecina de origen alemán. En medio de esa circunstancia, aparece por allí Tom, un viajante espabilado con don de gentes y espíritu conquistador -y algo salido- que intentará, a pesar de los impedimentos de John, llevarse al huerto a Marie aprovechando todas las oportunidades que se le ofrezcan, particularmente un viaje de ida y vuelta a un local de baile y ligoteo, hasta que la educación catoliquísima de la chica se interpone a su ansia erótica y acaba largándose a la ciudad, aunque no sin dejar algún puente tendido por si acaso.

Hasta aquí, brevemente resumida, la trama de Aberración estelar (Aberration of Starlight, 1980), un argumento sobre el que se ha escrito, con resultados desiguales, en multitud de ocasiones. ¿Qué aporta de nuevo, pues, la novela de Sorrentino, que la distinga de esa multitud de acercamientos al tema? Como en otros ejemplos, la relevancia no está en el qué sino en el cómo.

¿Han visto ustedes esas impresionantes y multicolores imágenes que, de vez en cuando, publican las agencias espaciales de la nebulosa de no-sé-qué o la galaxia de no-sé-dónde? ¿Son bonitas, verdad? ¿A que incluso el corazón más insensible se ha encogido ante la magnitud del universo y la insignificancia del ser humano y blablabla? Siento descorazonarles porque esas magníficas fotografías son más falsas que un duro sevillano; eso sí, aparentes lo son, pero lo cierto es que la galaxia, la nebulosa o el sursum corda no son, realmente, como reflejan esas imágenes. Primero, porque debido al lapso temporal con que nos llega la luz desde tan vertiginosas distancias, es posible que esa agrupación de estrellas haya desaparecido hace millones de años ("¡ooooh, qué desilusión!") y que en la actualidad, en ese lugar del universo, no haya más que un agujero negro -o dos-. Pero es que, además, existen dos circunstancias que pueden contaminar en baja intensidad esa visión: el efecto de la gravedad sobre la luz que nos llega desde allá, que hace que no siga una línea recta sino una especie de zigzag errático e imprevisible -y vete tú a saber en qué estado se presenta ante nosotros-; y el hecho de que, al estar nosotros en movimiento, la luz que vemos no está donde parece estar sino ligeramente desplazada. Este último efecto se llama aberración de la luz o aberración estelar, y hace referencia, aunque en términos científicos, a lo que la sabiduría popular ha denominado, acientífica pero acertadamente, "contar de la feria según te va en ella".

Los hechos que suceden en esos pocos días los sabremos, pues, por la boca de sus cuatro protagonistas, el hijo, la madre, el pretendiente y el abuelo, cuatro puntos de vista afectados por una aberración estelar -el inocente, el reprimido, el caradura y el tocapelotas- de intenciones muy dispares y con pretensiones tan interesadas como contradictorias; estas serán las cuatro partes de la novela, pero además cada una de las piezas reproduce los mismos formatos narrativos -monólogo interior, cartas, relato de sueños, diálogos sin acotaciones...-, en el mismo orden y con la misma intensidad, lo que acentúa todavía más la variabilidad de una feria hasta, realmente, hacer dudar de su celebración.

Una novela estupenda que va mucho más allá de un experimento o de unos teorizantes ejercicios de estilo, y divertida como pocas.

Calificación: ****/*****
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