25 de agosto de 2017

Los Rougon-Macquart

Bajo la consideración de Nueva Comedia humana, Émile Zola escribió a lo largo de más de veinte años un ciclo de veinte novelas. A diferencia de su admirado Balzac, ese ciclo, denominado por el propio autor como "Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio", fue largamente planificado y su ejecución completamente programada.
"Quiero explicar cómo una familia, un pequeño grupo de seres, se comporta en una sociedad, desarrollándose para engendrar diez, veinte individuos que parecen, a un primer vistazo, profundamente disímiles, pero que el análisis muestra íntimamente ligados unos con otros. La herencia tiene sus leyes, como la gravedad."
La familia protagonista es la de los Rougon-Macquart, y la época representada la del Segundo Imperio, desde el 2 de diciembre de 1851, fecha en que el presidente de la República, Luis Napoleón Bonaparte, disuelve el Parlamento y se proclama Príncipe Presidente -aunque la proclamación oficial como Emperador tuvo lugar el 2 de diciembre de 1852, aniversario de la coronación de Napoleón I, acto en el que Luis Napoleón pasó a denominarse como Napoleón III-, y el 4 de septiembre de 1870, fecha de proclamación de la III República.

Los títulos que componen el ciclo son los siguientes (fuente: Wikipédia):

La Fortune des Rougon, A. Lacroix, Verboeckhoven et Cie, Paris, 1871
La Curée, A. Lacroix, Verboeckhoven et Cie, Paris, 1872
Le Ventre de Paris, Charpentier, Paris, 1873
La Conquête de Plassans, Charpentier, Paris, 1874
La Faute de l'abbé Mouret, Charpentier, Paris, 1875
Son Excellence Eugène Rougon, Charpentier, Paris, 1876
L'Assommoir, Charpentier, Paris, 1878
Une page d'amour, Charpentier, Paris, 1878
Nana, Charpentier, Paris, 1880
Pot-Bouille, Charpentier, Paris, 1882
Au Bonheur des Dames, Charpentier, Paris, 1883
La Joie de vivre, Charpentier, Paris, 1883
Germinal, Charpentier, Paris, 1885
L'Œuvre, Charpentier, Paris, 1886
La Terre, Charpentier, Paris, 1887
Le Rêve, Charpentier, Paris, 1888
La Bête humaine, Charpentier, Paris, 1890
L'Argent, Charpentier, Paris, 1891
La Débâcle, Charpentier et Fasquelle, Paris, 1892
Le Docteur Pascal, Charpentier et Fasquelle, Paris, 1893

Estas Notas de Lectura comprenden los tres primeros títulos del ciclo.

La fortuna de los Rougon
La Fortune des Rougon, 1871
La fortuna de los Rougon. Émile Zola. Alianza Editorial,  2006
Traducción y notas de Esther Benítez
Zola abre el escenario con el paseo de despedida de una joven pareja: en el sudeste de Francia, las milicias populares se ha unido a la rebelión en defensa de la República. Entre vívidas descripciones del paisaje meridional, Zola introduce a esa pareja esquemática con la intención de reflejar el ambiente social y político de la época en las provincias. A continuación, cierra el ángulo y se centra en Plassans, la ciudad de la región que será el escenario de la acción, para efectuar un repaso de sus barrios y de sus habitantes; la situación política lo exige -y Zola no huye ante el desafío-, y este examen se jerarquiza siguiendo la estratificación social de dichos ciudadanos. Cerrando un poco más el foco, aparece la familia Rougon-Macquart, el hilo conductor del ciclo, desde sus turbios antecedentes hasta los personajes contemporáneos: Pierre Rougon, el hijo legítimo de Adélaïde, y Antoine y Ursule Macquart, el cimiento sobre el que edificará el ciclo. Pierre se libra de sus hermanos y de su madre, y con procedimientos nada reglamentarios, asume la titularidad de la hacienda y del dinero, y se casa con Félicité, hija de unos comerciantes al borde de la ruina, tan ambiciosa -pero más retorcida- que él mismo; sus cinco hijos dan comienzo a la rama Rougon de la dinastía.

Llegados los hechos de 1851, era una cuestión primordial, para quien no estuviera comprometido con ninguna facción, acertar en la elección del bando, porque quien apostara por el caballo ganador ignorando los indicios en contra se aseguraría la fortuna y el porvenir.  El mayor beneficio esperado estaba en el bando reaccionario, pues el regreso de la Monarquía retribuiría con generosidad a sus partidarios, mientras que los revolucionarios no eran más que unos pobres idealistas sin futuro. Este es el bando de Pierre. La rama Macquart, personalizada por Antoine, hereda los defectos de su padre; sobrevive a Bonaparte, haraganea, consigue casarse con una mujer a la que cede la responsabilidad de la supervivencia de la familia y de cuyo trabajo se aprovecha hasta que puede vivir de sus hijos. Por llevar la contraria, pero también convencido de tener razones políticas, de alista en el bando de los republicanos.

Zola dibuja el enfrentamiento entre las facciones políticas resultantes de los sucesos de 1848 mediante la enemistad de ambas ramas de la familia, enfrentadas con anterioridad a los hechos revolucionarios, pero acentuada como si los motivos políticos fueran una simple excusa para el enfrentamiento final y definitivo, y ambas con la idea de convertir "la farsa vulgar, la farsa innoble" en "el gran drama de la historia". La narración no sigue una trayectoria lineal: contando que, según las intenciones expresas de Zola, su propósito es abarcar un período de tiempo concreto, podría considerarse que existe  una acción principal, pero esta se ve interrumpida constantemente por episodios que complementan esa línea, informando acerca de los sucesos políticos o, principalmente, de los antecedentes de los personajes principales. De ese modo, la "historia natural" y la "historia social" del grupo familiar corren paralelas, pero por vías que Zola se esfuerza en mantener independientes.

Calificación: Hors catégorie

La jauría
La Curée, 1872

La jauría. Émile Zola. Alianza Editorial,  2006
Traducción y notas de Esther Benítez
Recogiendo los frutos de su apuesta política: la acción se centra en una época histórica acelerada, reflejada en los avatares del clan Rougon-Macquart, en la que los sucesos se desarrollan a tal velocidad que no dan tiempo a que originen consecuencias; es más, es tal la rapidez de los acontecimientos que impiden incluso prever el derrumbamiento.

Con Aristide, el hijo menor de Pierre Rougon, como protagonista principal, la acción se traslada a París, una capital que vuelve a latir con las fiestas, las cenas y los salones. El contraste con la lejana Provenza de La fortuna de los Rougon está servido. A la vista de tanto esplendor, uno podría preguntarse cómo, a las pocas semanas de la proclamación del II Imperio, ha posido revivir un tipo de existencia, de sociedad incluso, que pareció extinguirse en 1792; antes que pensar que toda una nueva generación de personajes ilustres ha emergido de la nada -o de los vaivenes políticos, como el clan protagonista-, más bien parece que los hijos y los nietos de los represaliados por la Revolución supieron desaparecer y quedarse hibernando a la espera de su oportunidad; los fastos del Imperio ejercieron ese papel revitalizador a la perfección. Cubierta la subsistencia, como clase pero también individualmente, los únicos remedios para escapar del ennui son las fiestas nocturnas y los paseos en coche de caballos por el Bois de Boulogne. Aristide, el viejo revolucionario que pudo escapar por pelos a la represión, ha conseguido casarse con una mujer de buena familia -tras la oportuna muerte de su primera esposa-, se ha trasladado a París y, enchufado por su hermano Eugène, ha conseguido un puesto de importancia en la nueva administración.

La novela comienza con una larga escena -alrededor de 50 páginas- a semejanza de la que tuvo lugar en la primera novela del ciclo, que sigue a una de las protagonistas en su paseo  por el Bois y a una velada en su residencia, en la que se presenta a los personajes, se establecen las relaciones cuyo desarrollo ocupará la novela, y queda establecido el ritmo de la narración.

Desde su puesto en el Ayuntamiento, Aristide extiende su influencia para especular con terrenos justo antes de la reurbanización de París, y haciendo uso de información confidencial, adquiere una gran fortuna. Mientras tanto, Renée, su esposa, encuentra un extraño aliado en Maxime, hijo de Aristide, un enigmático joven a quien otorga el papel de confidente.

A diferencia de la nobleza, las aristocracia y las familias potentadas desde generaciones, que poseen un código ético estricto que abarca no sólo sus actividades económicas sino también sus relaciones, sobre todo entre los miembros de su clase, los advenedizos, los que han conseguido su posición gracias a un golpe de fortuna o mediante mecanismos en la frontera de la legalidad, tienden a extender ese sentimiento de impunidad también a su vida personal, a menudo con consecuencias desastrosas: al no sentirse sujetos a la moral común, sus transgresiones no tienen límite.

Sobrevivir entre las intrigas de los salones de París no es más fácil que salir indemne de una revolución: la lucha por el poder, el dinero y la influencia no es más que una guerra mediante otros medios menos sangrantes pero, como mínimo, igual de violentos, y con consecuencias harto parecidas. El éxito o el fracaso, económico o personal, están separados por una línea tan volátil que, a menudo, es imposible prever las consecuencias de una carga lanzada por sorpresa, de una especulación hábilmente planeada o de una conquista amorosa imposible.

Calificación: Hors catégorie

El vientre de París
Le Ventre de Paris, 1873

El vientre de París. Émile Zola. Alianza Editorial,  2006
Traducción y notas de Esther Benítez
Florent, un republicano represaliado después del golpe de estado, vuelve a París después de huir del penal de la Cayena donde había sido recluido. Zola lo pasea por el nuevo mercado central metropolitano, Les Halles, recurso que emplea para detallar con profusión la geografía del enclave y los productos a la venta, como pasando por las narices del evadido, que lleva días de ayuno, la riqueza de los alimentos que no podrá tomar. Finalmente, consigue dar con su hermano Quenu, esposo de Lisa Macquart, la hija mayor de Antoine Macquart (La fortuna de los Rougon) y prima de Aristide Rougon (La jauría).

Después de dedicar un volumen al origen provinciano del clan y otro a la rama acomodada de la familia, ambos enmarcados en una situación política que toma el papel de protagonista, Zola regresa a París para poner el foco en la parte comerciante, cuyas preocupaciones son más elementales pero cuyo carácter puede alcanzar, también, las más altas cotas de mezquindad. No son millones los que se mueven en los alrededores de Les Halles, son francos tomados de uno en uno y las cuentas del modisto son ahora las del carnicero, pero la avaricia tiene el mismo color. Las grandes conspiraciones de carácter político se convierten en habladurías de comadres, y las planeadas especulaciones financieras acaban por trocarse en persecuciones del pollero o de la mantequera para cobrar una cuenta pendiente.

Las mismas envidias, las mismas enemistades, las mismas riñas, pero mucho más cruentas porque lo que está en juego no es la dignidad ni la posición social sino la pura supervivencia. El vientre de París es un texto eminentemente descriptivo; el conflicto que da forma a la trama, además de ocupar únicamente una reducida parte de la novela, no posee la suficiente entidad para mantener el armazón de la obra; y es que, probablemente, la intención de Zola fuera utilizarlo como provocador de las detalladas descripciones del mercado, de sus habitantes y del movimiento incesante que tenía lugar en sus alrededores. El mercado central de Les Halles, una construcción colosal y moderna, un verdadero monumento que inauguraba, treinta años antes de la fecha, la arquitectura del siglo XX, encuadrado en la reforma urbanística de París que se realizó en la época del II Imperio, posee, para Zola, la suficiente entidad como para otorgarle el papel de protagonista.

Calificación: Hors catégorie
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