8 de febrero de 2016

Cuaderno de Notas (Diario 1980-1985)

DIARIO, CUADERNO DE NOTAS 
1980-1983 
Pierre Bergounioux
Cuaderno de Notas. Diario 1980-1985. Pierre Bergounioux. Días Contados, 2015
Traducción de Carlos-Wenceslao Lozano
"Inicio este cuaderno porque noto que se borran, apenas se presentan, esos leves toques que confieren sabor y color a los instantes de nuestra existencia. Con el tiempo, sólo subsisten bloques de cuatro o cinco años, burdamente coloreados entre los demás. Me encantaría haber conservado algunas líneas de tiempos pretéritos -previos a la conciencia del mundo y de uno mismo, a la fiebre y a la urgencia, a la certeza de morir-. Pero como nada de aquello me afectaba, no sentía necesidad de anotarlo."
La historia de la literatura ha dado lugar a tantos tipos de Diarios como justificaciones para escribirlos; este mismo blog ha recogido varias Notas de Lectura, que se detallan al final, referidas a esta camaleónica modalidad de literatura memorialística que, con el tiempo, se ha hecho un hueco en las preferencias de este lector. Este que edita la osada barcelonesa Días Contados bajo el título Cuaderno de Notas. Diario 1980-1985 corresponde al primer lustro del primer volumen de Diarios del francés, Carnet de notes, 1980-1990 (2006).

Comúnmente, los autores nos muestran sus obras como quien se nos ofrece ataviado con sus mejores galas, después de haberse preparado a conciencia. Podemos acceder a los hitos de su escritura, al punto de llegada de su empeño, pero poco sabemos de su verdadera apariencia; y ni siquiera su biografía -descartada por parcial la auto-biografía- nos revela las zonas oscuras de su vida ni de su obra, que es lo que nos puede interesar. 

"En realidad, [antes] ya éramos lo que ahora somos. La diferencia está en que antes no lo sabíamos."
Los Cuadernos de notas, estén redactados o no en forma de Diario, pueden facilitarnos el acceso a ese camino recorrido entre los sucesivos destinos. Par ser realmente interesante, el Cuaderno de notas de un escritor debería desvelar más aspectos referidos a su obra y a su escritura que a su vida; afortunadamente, pueden existir enormes diferencias entre una y la otra: los Diarios de Paul Rénard, de Léon Bloy, de Paul Valéry o de Paul Léautaud son ejemplos paradigmáticos. El propio Bergounioux comenta la consideración que le merece uno de los pilares de la literatura memorialística francesa:
"Anochecer precoz y desolador. Leo el Diario de Jules Renard, plagado de reflexiones descabelladas, curiosamente desapegadas, flotantes. En ningún momento se tiene la sensación del discurrir de la vida, de las urgencias, de las fatigas, de las alarmas, del permanente oleaje del tiempo. No hay más que chismorreos, más bien mezquinos, de literatos. Nos cruzamos inopinadamente con quienes se están yendo -Verlaine- o con los jóvenes aspirantes, Gide, la "señora Willy"."
No es la curiosidad del lector -o no esa solamente- acerca de la vida del personaje-autor al que admira profundamente la que debe satisfacer el Diario; es posible que la vida de un héroe pueda ser interesante por sí misma, o que incluso la de aquellos escritores -Hemingway, Woolf- que se convirtieron en personajes cuya fama mediática superó su producción intelectual pueda ser un objeto explotable literariamente. Nada de eso puede encontrarse en los Cuadernos de Notas del francés: la vida de un profesor casado y con dos hijos, entomólogo aficionado, pintor mediocre y escultor regular tiene poca sustancia que la pueda hacer literariamente atractiva. 
"Sí, pertenezco a un linaje de gente humilde, obreros, empleados, pero que han cumplido su misión y han sabido, en su momento, caminar hacia la puerta oscura con un arrojo del que tendré que acordarme algún día."
No es al autor que subyace a su obra a quien se encuentra en estos Diarios sino a la parte no escrita de la obra de Bergounioux, la prolongación de su obra en su vida: la relación de ambas con el tiempo atmosférico, la importancia de la configuración física del paisaje, la incesante búsqueda de referentes intelectuales, el afán por instruirse.
"La memoria falla o fabula. Hay que captar, dentro del revuelto flujo de los días, los instantes fugaces que fueron acontecimientos, asentar con mayor firmeza la autoconciencia, dar sentido y forma a la vida."
En este sentido, el Diario no sería más que una forma fallida de monólogo, una manera de expresar todo aquello para lo cual necesitaríamos un interlocutor del que no podemos disponer. Fijar ese monólogo en el papel corrige la soledad y le confiere materialidad a aquello que, si fuera expresado mediante el habla, no pasaría de ser efímero e irrecuperable. Y también una forma de comunicación con los que no están, particularmente con los muertos:
"Sábado 23.1.1982. Salgo de noche, bajo la lluvia. El cielo se aclara poco a poco, de maneras uniforme, pasando del negro al azul intenso y finalmente al gris. Hace una semana que no sueño, ni me asaltan los recuerdos: demasiadas preocupaciones, demasiado ajetreo para hacer justicia al pasado, a los ausentes. El tiempo y la distancia les han conferido, a mis espaldas, su auténtico color, que descubro ahora. Así debía ser. Tales eran el peso exacto y en seltido preciso de lo que he vivido, sufrido, sin saber, sin atreverme a juzgar ni actuar como debiera y que se me revelan ahora, cuando ya no es el momento."
Ante la imposibilidad material de dejar constancia de todo lo que sucede o de todo lo que se le ocurre, el redactor debe limitarse a escoger, de entre todas la posibilidades aquello que considera reseñable: las razones de esta elección, de nuevo, se ocultan en la red de motivaciones del autor,  pero las opciones escogidas dicen tanto acerca de esa intención como las descartadas. El propio Bergounioux, hablando de T. E. Lawrence, escribe:
"Uno de pregunta qué parte de sus vivencias ha reconstruido el autor y qué otra ha descartado, por displicencia aristocrática, por distanciamiento hacia sí y hacia los demás, ocultando conexiones y aspectos evidentes."
El hecho de que lo que se cuenta en un Diario acostumbre a suceder en un insistente presente continuo dota de una inmediatez a lo narrado que, además, refuerza la ilusión de veracidad. Asimismo, el hecho de que el narrador sea el mismo autor, además del protagonista -un yo que acapara todos los papeles-, que no conozcamos lo relatado mediante persona interpuesta, refuerza la sensación de realidad.
"Jueves 26.3.1981. A las dos recojo a Paul en casa de la señora L. Cathy lo dejó allí antes de viajar a Aviñón. El coche es un horno bajo el sol. El quiste que se me inflamó ayer me duele mucho. El dolor es cada vez más agudo y me siento muy agobiado: solo con los dos niños, sin medicamentos ni analgésicos. Las punzadas me cortan la respiración. Paul está gruñón y Jean muy obsequioso con él y conmigo."
La única vida que vale la pena vivir es la de la escritura; cualquier reflexión, cualquier tentación, hallan su antídoto en la escritura. Incluso las horas dedicadas a cualquier otro trabajo creativo parecen vacías de contenido -excepto las dedicadas a la lectura- comparadas con aquellas.
"El espectáculo de los transeúntes me hace sospechar que la vida no es más que una urgencia, tensión permanente de todas las fuerzas, agobios, desesperanza. Me gustaría caminar tranquila y sosegadamente por las calles. Pero hace demasiado tiempo que he perdido ese derecho junto a casi todos los demás. Sólo hallo cierta paz ante mi mesa de trabajo, trabajando duro y sin desmayo."
Sin embargo, tampoco se trata de un trabajo fácil, existen innumerables incidentes que perturban el buen desarrollo de la tarea; la imposibilidad de establecer y mantener un método, el impedimento de las obligaciones domésticas, la dificultad en acceder a un estado mental adecuado:
"Hasta las dos de la tarde no consigo sentarme ante mi mesa de trabajo. Veo cómo rellenar los dos últimos capítulos que me quedan por escribir para acabar. Pero no merecen la pena y no los escribo. Puede que más adelante lo haga, o no. Voy a pensar en otra cosa";
la reescritura, la elaboración de lo escrito, la adecuación al tono general de la obra proyectada, al sentido de la trama o al estilo del autor; la artificialidad de la elaboración contra la naturalidad de la inspiración. La literatura de Bergounioux, si hacemos caso a sus propias palabras, es, principalmente, una cuestión de forma:
"Pasando a limpio es cómo se detectan las repeticiones, las imprecisiones, las partes flojas. Recorto, reordeno. Supongo que cuando se instituyen universos de papel se teme que no tengan la consistencia suficiente. Se añade más de la cuenta. Sólo adoptando el punto de vista del lector, en la medida en que esto es posible, se acaban notando las redundancias. Y entonces el que escribió, sufrió con cada palabra, se entristece ante tanta verborrea."
El aislamiento, míticamente asociado a la tarea de la escritura y considerado como imprescindible, tampoco es la solución definitiva pues no está exento de consecuencias perversas:
"De tanto vivir encerrado, sumido en mi memoria y mis pensamientos, el mundo actúa sobre mí con una fuerza exagerada, molesta. Redescubro a los hombres tal como son y no como deberían ser. Hasta iría algo más lejos. Tengo la impresión de captar, a mi pesar, la "nihilidad de nuestra condición"." 
Y es que el Diario posee, simultáneamente, una función entre exorcizante y terapéutica: como cuaderno auxiliar de memoria, se utiliza para fijar aquellos elementos que corren el riesgo de ser sepultados por la omnipresencia de la insistente cotidianidad; puede tener utilidad incluso para reafirmar ciertas convicciones que el paso del tiempo amenaza con sovacar.
"Una severa voz interna me recuerda lo ignorante que soy y que me voy a morir, que no puedo dejar de intentar comprender lo que ha ocurrido antes de que todo acabe. El tribunal no para de dictar sentencia."
Ese papel reafirmante puede aplicarse asimismo a los registros de dudas, incertezas, hipótesis cuya formulación y transcripción significa el principio de su resolución. Como en otras variedades de la literatura memorialística, la elección de los temas que se formulan es ya una decisión acerca del tono -y de la presunta utilidad, si es el caso- del documento; algunas veces, la decisión de exclusión puede estar motivada por un sentimiento de pudor plenamente personal:
"Mal día, plagado de cosas desagradables que me resisto a recoger por escrito por la repugnancia que me produce recordarlas tras haberlas padecido."
Éstas y otras posibles, diferentes opciones de utilidad deben condicionar necesariamente su redacción: si es simplemente un documento particular, una especie de Diario confesional, limitado al momento en que se escribe y después del cual ya no tienen sentido ni uso;
"Sábado 23.7.1984. Cuando abro los ojos a las seis de la mañana, ahí está la princesa manchú durmiendo a mi lado, y me quedo tan maravillado como el primer día, a los catorce años, mirando el rostro que los dioses han otorgado a la ley moral, nada menos, para mi infinito embeleso y redención. Que tenga a bien convivir y soportar a un individuo como yo demuestra que el caso nos sobrepasa a ambos, que hemos firmado un decreto promulgado por fuerzas ocultas. A ella no le ha supuesto ningún quebranto, siendo tan bella como buena, o sea perfecta, en paz consigo misma, radiante, mientras que la triste parte que me corresponde en la historia y de la que soy consciente, por ser desgraciado, me ha obligado a reflexionar, a intentar entender lo que fue y sigue siendo el gran misterio de mi adolescencia y de toda mi existencia";
si se escribe para un aprovechamiento futuro, para visitarlo pasados los años como quien recorre caminos transitados hace tiempo tanto para ver su estado como para evocar esas imágenes justo en el momento en que se produjeron, como si ese país desconocido del que todo el mundo habla no fuera el futuro sino el pasado. Su visión del paso de la vida reflejada en el momento en que se adivina el final de la niñez, por ejemplo:
"Percibía, perplejo y despechado, que existían dos órdenes: uno, el que nuestros deseos construyen de modo espontáneo; otro, decepcionante, el de las cosas accesibles. Y presentía la imposibilidad de cruzar la frontera entre ambos sin pérdida ni menoscabo."
Cabe otra posibilidad, en el otro extremo, el Diario escrito pensando directamente en su publicación, pero esta es una opción netamente literaria que toma prestada, fraudulentamente, el nombre que no le corresponde.

Bergounioux es un autor inseparable del territorio, no de la ciudad ni, incluso, de un lugar determinado -aunque el paisaje del Corrèze sea adquiera un papel protagonista en algunos de sus libros-, sino del territorio físico, los bosques, las landas, los ríos, los caminos, las maderas. Las constantes menciones a la meteorología, a la pesca en los ríos, a la temperatura y al estado del cielo, a la caza de insectos, la importancia de los elementos exteriores no es impostada ni retórica sino que forma parte de una jerarquía de intereses estrechamente ligada a su obra.


Aunque no es la función principal de este Cuaderno de Notas, Bergounioux detalla con esmerado detalle sus lecturas pero omite, en general, cualquier comentario... Parece ser que existe una "libreta de tapas verdes" -que, a estas alturas, ya deben ser varias, o acaso se hayan convertido, haciendo de la necesidad virtud, en archivos digitales- que contienen amplios comentarios a esas lecturas. Viendo cómo razona con respecto a las de Faulkner y Hemingway, por ejemplo -razonadas y estrictas, tanto las favorables como las adversas, uno vendería su alma al diablo por verlas publicadas.


Calificación: ****/*****


A pesar de su duración, inserto este documento sonoro en el que se hace referencia a sus Carnets de notes pues su significación es capital para comprender la importancia de este formato en la obra general de Bergounioux. Corresponde a una emisión del programa "Figures Libres" de la emisora France Culture emitido el 5 de Agosto de 2012.


Volúmenes de la literatura memorialística de Pierre Bergounioux, en francés:
Carnet de notes, 1980-1990
Otros recursos relativos al autor en este blog:
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