13 de diciembre de 2017

Proporción

Atender sólo a la mitad de las críticas; creerse sólo la mitad de los elogios.

11 de diciembre de 2017

Sobre lo azul

Sobre lo azul. William Gass. La Navaja Suiza Editores, 2017
Traducción de Ce Santiago
"Comparad la escena de la masturbación en Ulises con cualquiera de las que hay en [El lamento de] Portnoy, decidme luego dónde están los autores: si en la escena como cualquier soñador, de noche o de día, podría estar, o en el lenguaje, donde está y ha de estar siempre el artista."
Sobre lo azul (On Being Blue, 1976) es, indiciariamente, un ensayo sobre el color, pero contiene multitud de características que, formalmente, lo sitúan de pleno en el género narrativo: el desarrollo en forma de trama, la multiplicidad de puntos de vista, la importancia del lenguaje como instrumento -y no únicamente como medio-, la presencia de un narrador omnisciente mezcla de profesor erudito y de compañero de juergas, y el uso indiscriminado de recursos tradicionalmente narrativos como la metáfora y la metonimia, principalmente. El color azul es la excusa para escribir un ensayo sobre el lenguaje, tomando como tema una palabra polisémica, y de esbozar una teoría de la percepción.
"Un conjunto aleatorio de significados se ha reunido calladamente en torno a la palabra (blue) igual que se juntan las pelusillas."
La palabra escogida para "ensayar" sobre ella, blue, juega a ser un color -la primera acepción-, pero la infinita polisemia del vocablo, a la que es imposible encerrar en un círculo de significados -blue es, por ejemplo, tristeza y melancolía y, a la vez, contenido pornográfico-, le sirve perfectamente a Gass para cebar un artefacto que explotará, tarde o temprano, en la misma cabeza del lector.
"El diccionario resulta tan perturbador como el mundo, repleto de seductores paralelismos y engañosas coincidencias."
Una lectura tan inclasificable como desafiante.

Calificación: ****/*****

8 de diciembre de 2017

Manifiesto incierto 2

Manifiesto incierto 2. Fréderic Pajak. Errata Naturae, 2017
Traducción de Regina López Muñoz
"Manifeste incertain" es un proyecto de largo recorrido que el escritor y dibujante francés de ascendencia polaca Frédéric Pajak comenzó en 2012 con la primera entrega, y que consiste, hasta la fecha, en seis volúmenes que combinan dibujo -monocromo, sobrio y conciso a la vez que detallado y fértil en significación-  y texto; no se trata de un cómic ni de la versión francesa, la bande dessinée, ni de un libro ilustrado, sino de un híbrido en el que ambos lenguajes se combinan reflejándose mutuamente. La editorial Errata Naturae, responsable del primer volumen, publica la segunda entrega (Manifeste incertain. Tome 2, 2013) del proyecto.

Pajak, siguiendo con el foco centrado en Walter Benjamin y, con un prólogo ubicado en Venecia, la ciudad donde el griterío impide la comunicación -Venecia es una puta arrugada y desdentada con el color de los labios corrido que pide una cantidad irrazonable para llevarte a una sala decrépita de un palazzo en ruinas-, reproduce la relación de éste con París, donde todo es silencio -París, en cambio, es una joven y vistosa meretriz que te atraca en cuanto desciendes del tren- y con algunos de los personajes contemporáneos que poblaban la capital y que, incidiendo o no en su vida, conformaron una determinada configuración política y cultural a la capital.

El 9 de mayo de 1913, un año antes del inicio de la IGM, Walter Benjamin llega a París y queda deslumbrado por la vitalidad de la ciudad; en 1926, en el período de entreguerras, llega Ludwig Hohl, que se enamora de Les Halles, el mercado central de abastos, con la misma intensidad que aborrece La Villette, el matadero de París. Ese mismo año, Benjamin regresa y se apercibe de que la ciudad que le recibió como una puta le recoge ahora como una madre. André Breton, un hombre ya célebre,  merodea también por la capital y conoce a Nadja, la personificación de la mujer surrealista, a la que seduce y abandona; una historia de amor para ella, un episodio literario para él.

Mientras tanto, Benjamin deambula a la busca de un lenguaje propio porque ni el marxismo ni el surrealismo le alcanzan para sus propósitos. El filósofo se sumerge en el siglo XIX para comprender el XX; él está dando a París mucho más de lo que va a recibir: los más de doce años de dedicación, aunque no con exclusividad, a la redacción del Libro de los Pasajes. A medida que avanza la década de 1930 su situación personal se va tornando más precaria y la desazón en la que se instala acaba afectando gravemente a su obra. 

Pajak dibuja el siglo XXI con la misma intención, comprender un siglo nefasto, seguramente el peor de la historia, en otra entrega memorable de un proyecto extraordinario.

Calificación: ****/*****

Otros recursos relativos al proyecto en este blog:
Notas de Lectura de Manifiesto incierto 1

4 de diciembre de 2017

Stern

Stern. Bruce Jay Friedman. La Fuga Editores, 2017
Traducción de Rubén Martín Giráldez
En el imaginario del lector de literatura norteamericana del siglo XX está impresa una buena cantidad de arquetipos de perdedor, pero a poco que sus lecturas hayan incluido a los principales autores blancos metropolitanos y descendientes de europeos emigrados desde finales del siglo XIX, el podio de losers estará seguramente ocupado por un judío de mediana edad de clase relativamente acomodada, casado con una mujer -con frecuencia, una goy- dominante y esclavizado por una familia y una tradición que, aunque extraña como todo lo que es heredado, insiste en hacerle la vida imposible. Un individuo que casa a la perfección con ese arquetipo es el protagonista de Stern (Stern, 1962), un judío descreído, criado en una infancia en permanente conflicto con el ceremonial entre la ortodoxia materna y la irreverencia paterna, que soporta todos los inconvenientes de su genealogía sin disfrutar de ninguna de sus ventajas. Tampoco sus relaciones con su mundo circundante son demasiado halagüeñas: o siente la sensación de que está de sobra, o son sus propios interlocutores los que hacen como si no existiera.

Hipocondríaco, retraído, cobarde, incapaz de expresar su opinión debido a una mal entendida cortesía, poseedor de una amabilidad que permite que todo el mundo le pueda tomar el pelo, y asediado por un mundo adverso con un vecino que persigue a su mujer, un individuo antisemita, los feroces perros de una finca abandonada, un jefe dado a los más extraños comportamientos y una úlcera descontrolada.

Después de una juventud enrolado en el Ejército del Aire, explotando fraudulentamente el mérito de los pilotos de guerra sin haber pilotado un avión en su vida, le llega la madurez casado, con un hijo y empleado en una empresa en la que se encarga de redactar etiquetas para los más variados productos. Extraños problemas físicos -una úlcera intestinal que se activa y se neutraliza siguiendo un indescifrable código- le llevan al internamiento en una clínica de reposo en la que se enfrenta a sus peores terrores personificados en una nómina de bichos raros, en un ambiente que recuerda, en tono jocoso, a Alguien voló sobre el nido del cuco.

Siempre hay un peor un paso más allá de lo malo. Stern experimenta esa realidad continuamente, y Friedman muestra, con mano precisa, cómo lo gracioso puede llegar a ser chistoso y cómo lo chistoso puede convertirse, con poco aunque mesurado esfuerzo, en grotesco. Se llama humor negro, y Friedman, un judío del Bronx, lo maneja con una maestría absoluta.

Calificación: ****/*****

1 de diciembre de 2017

Quemar las naves

Quemar las naves. Los Cuentos Completos de Angela Carter. Sexto Piso, 2017
Traducción de Rubén Martín Giráldez. Prólogo de Salman Rushdie
"Yo observaba los fuegos artificiales y al principio no le contesté, aunque era consciente de lo aburrido que estaba y, si disfrutaba de algo mínimamente, era sólo de la idea de que yo estuviese disfrutando (o, más bien, de la idea de estar disfrutando de verme disfrutar a mí, dado que eso constituiría una prueba de amor). Empecé a sentirme culpable y propuse que volviésemos al corazón de la ciudad. Libramos una silenciosa batalla de autoabnegación y gané yo, que tenía un carácter más fuerte. Aunque lo último que me apetecía a mí en el mundo era dejar aquel río centelleante y a la afable multitud. Pero sabía que en realidad lo  que el deseaba era volver, de modo que nos volvimos, aunque no sé si valió la pena obtener aquella pequeña victoria de generosidad para luego tener que soportar su remordimiento por interrumpir mi disfrute, aun cuando, en un nivel soterrado, elaborar aquel remordimiento había sido el único fin de la excursión."
Finalmente, parece que los dioses de la edición en castellano han propiciado el pago de una deuda que tenía nuestro idioma con Angela Carter y, por medio de una edición cuidada como pocas y bajo la batuta traductora -pues para traducir a la británica no basta con ser intérprete- de Rubén Martín Giráldez, tenemos a nuestro abasto una estupenda travesía por la obra breve de una escritora tan atípica como fundamental (Burning Your Boats, 1995).

Dejando el valor y la consistencia de las tramas aparte, Carter es una soberbia creadora de ambientes. No se trata solamente de la explotación magistral de esa oscura luminosidad -no, esto no es ningún oxímoron: las escenas son, casi siempre, oscuras; las descripciones, en cambio, deslumbran- de los relatos, sino también, en ocasiones, esa trama que toma desvíos inesperados -fundamentales en la narrativa breve-, y son precisamente esos recorridos los que mantienen al lector preso del relato.

En sus relatos más conocidos -que no son en los que, a pesar de eso, brilla con más autenticidad-, Carter efectúa reinterpretaciones de cuentos clásicos -en lo que podría ser la versión más políticamente incorrecta del relato-, transformándos en cuentos para adultos, y dando la sensación de que tal vez fuera ese su origen, para sufrir después una degradación, en sus versiones infantiles, en las que que no pudieron enmascarar del todo sus incongruentes referencias a la crueldad -palabra-clave en la narrativa de Carter- o al sexo. De este modo, en ciertas historias cuyo final es conocido por formar parte del folklore popular o simplemente por haberlo anticipado, Carter se recrea en los detalles, aplaza el final entreteniéndose morosamente y ralentiza el ritmo para crear una sensación de intriga que la trama, de por sí, no posee.

Carter hace uso de una prosa precisa y preciosista que acuna con dulzura a la espera de, una vez conseguida la confianza, descargar el mandoble que acabará con la ensoñación de los lectores: se redefinen los límites de la normalidad, y la corrección pierde su carácter universal para flotar sobre territorios desconocidos o, simplemente, desaparecer, engullida por conciencias que hacen de la inocencia un arma letal, o extinguida por falta de uso.

En cuanto a la traducción, en unos relatos en los que el lenguaje es una parte primordial, el castellano del traductor fluye con facilidad, con una envidiable riqueza de vocabulario y precisión quirúrgica, pero su aparente inocencia, siguiendo la directriz del inglés de Carter, no impide que deje bien marcados los surcos y las huellas que manifiestan, sin posibilidad de duda, que el arado ha pasado por aquí.

Como toda edición de Cuentos Completos, el volumen agrupa una variedad de registros acorde con los más de cuarenta relatos incluidos; a efectos puramente clasificatorios, existe un doble registro que sobrevuela el volumen -y que no es exclusivo ni tiene que ver con aspectos cualitativos-: los cuentos en los que el terror, aun con máscaras que endulzan su rostro o agazapado tras muretes de mampostería tramposa, está presente y se muestra, en algún momento cuidadosamente escogido, con todo su poder; y aquellos otros en los que ni siquiera es nombrado y que, a primera vista -o a lectura inatenta- no se hace manifiesto, escondido entre las líneas del texto o directamente omitido por narradores que, o no lo perciben o, si lo hacen, reflejan una normalidad que sólo existe en su alterada conciencia.

Una lección de narrativa breve que, como todas las grandes obras, trasciende la literatura de género.

Calificación: ****/*****