14 de agosto de 2017

Cuadernos II

Cuadernos. Volumen II. Georg Christoph Lichtenberg. Hermida Editores,  2016
Traducción de Carlos Fortea
Segunda entrega de la primera traducción íntegra al castellano de los Cuadernos del aforista y moralista alemán, basada en la edición canónica de sus textos, que comprende los Cuadernos D (1773-1775) y E (1775-1776).
"Os entrego este librito como un espejo, para que miréis en vuestro interior, y no como unas gafas para que miréis a otros."
De despierto y afilado ingenio y de su propósito sin contemplaciones, los escritos de Lichtenberg trascienden el aspecto personal, el "diario íntimo", igual que sobrepasan el mero "manual de conducta". Al contrario, tan alejado como es posible de la noción de "sistema" filosófico, un concepto que aborrecía, lo que nos brinda es la visión de un intelecto en pleno funcionamiento frente a las interpelaciones que el mundo, el demonio y, aunque en menor medida, la carne le plantean. Lichtenberg es un personaje con intereses múltiples, y por ese motivo sus Cuadernos tratan sobre una variedad ingente de temas, aunque parece sentir predilección por poner en evidencia al mundo de las letras, principalmente a los escritores y a los reseñistas; por prolongar los efectos de la Ilustración -es notable su inquina contra la superstición, el tradicionalismo y el naciente romanticismo del Sturm und DEang- , con multitud de citas de D'Alembert, Helvetius y otros philosophes; y por una rendida admiración por Inglaterra, una envidia contenida por Francia; y una velada crítica por su país, Alemania. 
"Cuando un libro y una cabeza chocan y suena hueco, ¿es siempre por el libro?"
Ingenioso, lúcido, curioso, irónico y socarrón, leer hoy en día a Lichtenberg es tomar una bocanada de aire fresco que pueda aliviar la asfixia conceptual con que los siglos XIX y XX han castigado a la historia de la filosofía.

Otros recursos relativos al autor en este blog:
Notas de Lectura: Cuadernos. Volumen IGeorg Christoph Lichtenberg

11 de agosto de 2017

Instrucciones del Guardián de los Capuchinos de Ragusa al Hermano Pediculoso


Instrucciones del Guardián de los Capuchinos de Ragusa al Hermano Pediculoso y otros opúsculos. François-Marie Arouet, Voltaire. SD Ediciones, 2016
Traducción de Jaime Rosal
Además de sus obras más convencionales, al menos para los estándares de nuestra época, que abarcan la práctica totalidad de los géneros literarios, y las de carácter filosófico, científico y técnico, el grafómano Voltaire llevó a la imprenta un número ingente de escritos de menor extensión dedicados a los más diversos temas que llamaron su atención o que, simplemente, excitaron su siempre dispuesto afán polemista. Algunos de esos opúsculos publicados a lo largo de los años han sido recogidos, junto con Instrucciones del Guardián de los Capuchinos de Ragusa al Hermano Pediculoso al partir para Tierra Santa (Instruction du Gardien des Capucines de Raguse a Frère Pédiculoso partant pour la Terre-Sante), en esta nueva entrega de la colección "El Siglo de las Luces" de SD Ediciones.

Aunque afectado por algunas contradicciones, algo prácticamente inevitable en una obra tan extensa, el punto en común que mantienen todos los escritos de Voltaire consiste en una radical crítica del fanatismo y el encendido elogio de la tolerancia, todo ello a través de un discurso a menudo irreverente en el que, con frecuencia, la ironía y el sentido del humor sustituyen al reglamentario razonamiento.

En el conjunto de opúsculos recogidos en el volumen se reflejan algunos de los temas que más preocuparon al francés o cuya actualidad era más candente, pero su discurso y su orientación a la hora de abordarlos mantiene plena actualidad: una especie de protofeminismo en "Esposas, sed sumisas a vuestros maridos" y "La educación de los jóvenes"; la intolerancia de la jerarquía católica en "Sermón del rabino Akib", "Ordenanza del reverendísimo  Padre en Dios, Alexis" y "Palabras de Epicteto a su hijo"; la inevitable llegada de la Edad de la Razón en "Acomodaos a los tiempos", "Los paganos y los recaudadores" y "Reflexiones para dos tontos"; la libertad de imprenta y los beneficios de la lectura en "Sobre la libertad de imprimir" y "Del horrible peligro de la lectura"; diversos comentarios a las obras de algunos filósofos en "Apéndice sobre Spinoza" y "Sentimientos de los ciudadanos"; la injusticia del poder basado en la arbitrariedad en "André Destouches en Siam"; los ajustes de cuentas con sus enemigos en "... Nonotte, ex-jesuita"; el fanatismo en "Epístola escrita desde Constantinopla". Cierra el volumen el escrito que le presta título, y que detalla las instrucciones dadas a un viajero piojoso (pediculoso) a Tierra Santa para que verifique in situ lo que aparece en la Biblia, particularmente en el Antiguo testamento, recabe opiniones de los lugareños acerca de las dudas que despierta, e intente aclarar la enorme cantidad de incongruencias, equívocos y dobles versiones contradictorias que contiene el texto sagrado y, de paso, de toda la patrística y a los apologetas extraviados en su intento de razonar con el texto revelado.

Calificación: Hors catégorie

7 de agosto de 2017

Ensayo sobre el hombre y otros escritos

Ensayo sobre el hombre y otros escritos. Alexander Pope. Cátedra, 2017
Edición de Antonio Lastra. Traducción de Antonio Lastra y Ángeles García Calderón
"Nunca he buscado el homenaje de la raza que escribe."
Los avances de la civilización en su conjunto hasta finales del siglo pasado, y la disponibilidad de información a partir de la creación y popularización de la red pueden dar la impresión de que el campo del conocimiento a nuestra disposición del que podemos alardear los humanos del primer mundo es prácticamente infinito, aunque ciertamente inabarcable, pero ¿sabemos realmente lo que queríamos saber? A esta pregunta, contraponiendo a la inútil acumulación de conocimientos a la Bouvard y Pécuchet el conocimiento útil, es a la que intenta dar respuesta Alexander Pope, otro de los deudores de Montaigne aunque al otro lado del canal, en su Ensayo sobre el hombre (An Essay on Man, 1732-1734), al que la Editorial Cátedra ha añadido otros escritos para esta edición.

Pope pertenece a la época del Gran Pensamiento y sólo anecdóticamente a la de los Grandes Pensadores; únicamente hay que echar un vistazo a algunos de sus coetáneos, Kant (Historia General de la Naturaleza y teoría del Cielo), Lessing (Escritos filosóficos y teológicos), Voltaire (Cándido), La querella de los antiguos y los modernos, Johnson (Vida de los poetas), Swift (Los viajes de Gulliver); de hecho, podría decirse que cierra una verdadera Edad de Oro, dando paso a la Ilustración, la época en la que el Pensamiento Puro empezó a concretarse y dejó de tratar al Hombre para centrarse en la Humanidad.
"Todo cuanto es, está BIEN".
"Oda a la soledad" es una obra programática de juventud bajo la forma de égloga de inspiración virgiliana, una especie de Beatus ille, mediante la que desarrolla un programa filosófico relativo a la recepción de las obras del pensamiento y las literarias, a los prejuicios ligados a la época, a las diferentes facciones académicas y a las guerras libradas entre sí para conseguir imponer sus postulados y perpetuar sus influencias.

"El bosque de Windsor" consiste en una descripción mítica del paraje de la que se sirve para contraponer el esplendor del reinado de Ana Estuardo -Pope provenía de una familia de tradición católica- con la rusticidad de la casa real de Tudor.

"El robo del rizo" es una parodia satírica de un poema heroico con tintes arcaizantes. Conviene recordar que Pope fue contemporáneo y estuvo ligado personal y profesionalmente con el príncipe de los satíricos de la lengua inglesa, Jonathan Swift.

"De Eloísa a Abelardo" especula con la respuesta, por lo demás inexistente, de la dama después de que haya llegado a sus manos un escrito de Abelardo con su versión de la historia de su infortunio. El mismo tema, con pequeñas variaciones, fundamentalmente en los personajes, es el objeto de "Elegía en memoria de una dama desdichada".

Completan el volumen sendos prefacios a la Ilíada y la Odisea y, en la línea de Samuel Johnson, un prefacio para una edición de las Obras de Shakespeare que se publicó en 1724; finalmente, se incluyen algunas epístolas y fragmentos de correspondencia que brindan un efectivo acercamiento al Pope particular y una demostración de su clara apuesta a favor de la imaginación y del ingenio, aunque si alguno debe prevalecer sobre el otro debe ser el segundo.

Pero el texto central del volumen es el "Ensayo sobre el hombre en cuatro epístolas". El objetivo de Pope es redactar una summa ética apartándose de los casos particulares, pues su múltiple variedad los convierte en poco representativos, y centrándose en la Humanidad, es decir, en aquellos trazos comunes que pueden ser aplicados a todos los individuos y que son representativos de la especie; según sus propias palabras, se trata de "un mapa general del HOMBRE." El destino final de las epístolas, que debían ser una introducción a una manga obra sobre la condición humana, se vio truncado porque Pope jamás la escribió. A continuación, algunos de los parámetros teóricos enunciados por el autor:

1.- La categoría "Hombre" como particularidad en relación con el universo, puesta bajo el criterio de razonar únicamente a partir de fenómenos conocidos, y siendo consciente de que razonar es aceptar la sumisión a las propias limitaciones.

2.- La Naturaleza es la moderadora de las ambiciones humanas, la que pone los límites tanto a su fragilidad como a su ambición. Nuestras acciones deben fundamentarse en el estricto balance entre el amor propio, que genera pasiones, y la Razón, que procura argumentos.

3.-  La Razón está en el origen de la vida en sociedad, cuando se impuso sobre los instintos y reveló el concepto de bien común. Esa socialización es la que provocó que surgieran las distintas formas de gobierno, la monarquía la primera de ellas por asimilación a la religión.

4..- Debe exigirse al Estado, como fin último, la felicidad del hombre; para ello es imprescindible que el ser humano se aplique a la virtud, ya que sólo esta "constituye una felicidad cuyo objeto es universal y cuya perspectiva es eterna." El hombre debe tomar la senda de la Naturaleza, que es quien reparte bienes con más probidad y más imparcialmente.

Calificación: Hors catégorie

4 de agosto de 2017

Carta sobre el Entusiasmo & "Sensus communis"

 Carta sobre el entusiasmo; "Sensus communis". Ensayo sobre la libertad de ingenio y el humor. Shaftesbury. Acantilado, 2017
Traducción de Eduardo Gil Bera
"Un tema que no tolera la broma es sospechoso, y una broma que no soporta el examen serio una muestra de falso ingenio."
Anthony Ashley-Cooper, Tercer Conde de Shaftesbury, fue un político y pensador inglés del siglo XVII y uno de los primeros y principales representantes de la Ilustración en las islas británicas. Sus ensayos se centran en el estudio del ser humano como animal social, y dos de sus textos más representativos son Carta sobre el entusiasmo (A Letter Concerning Enthusiasm, 1707, en forma anónima) y "Sensus communis", Ensayo sobre la libertad de ingenio y el humor (Sensus Communis, an Essay on the Freedom of Wit and Humour, 1709, publicado conjuntamente con el anterior, firmado). En ambos, Shaftesbury se erige como uno de los primeros apóstoles laicos, siguiendo la senda marcada por Montaigne, de la amistad y la sociabilidad, dos de los pilares que sostienen el frágil edificio de la tolerancia. A continuación, un breve examen de algunos de los principios que aporta el autor a la genealogía de la Ilustración.

Siendo la verdad el verdadero motor del mundo, se hace extraña la insistencia del hombre no ya en engañar a sus semejantes sino en traicionarse a sí mismo.

La ideología, que proteje como el bien más preciado a su canon de cualquier desviación, es el mayor impedimento para la libertad y la crítica; al encerrar el razonamiento en la jaula de la norma y echar a perder la capacidad autocrítica, nuestra visión del mundo queda también contaminada y, consecuentemente, falseada.

Para dejar en evidencia la impostura de una ideología, mejor que un ataque directo -para cuyas consecuencias la ideología ha desarrollado todo un sistema de defensa basado en falsos silogismos y en pruebas espurias- es la burla -porque ahí, falta de sentido del humor, se muestra indefensa- contra sus convenciones y formalidades. Debemos estar en guardia contra las actitudes entusiastas (“entusiasmo”, del latín “enthusiasmus”, procedente del griego “enthousiasmós”: estado de intensa excitación espiritual en que estaban las sibilas al pronunciar sus oráculos. Inspiración divina de los profetas. Diccionario de uso del español, María Moliner), y con las estrechas relaciones entre la demencia (privación de entendimiento) y el fanatismo (posesión por un espíritu o fervor divino, delirante y frenético). Contra la superstición y el entusiasmo, ingenio y burla.

El mayor respeto hacia uno mismo se demuestra aceptando con buen humor las críticas jocosas y las bromas sobre las propias opiniones. La solemnidad de una opinión no presupone ningún grado de validez; en cambio, aquella que aguanta una crítica irónica acostumbra a demostrar su fortaleza. En todo caso, la capacidad para argumentar seriamente parece ir pareja con la de razonar con humor; generalmente, quien no es capaz de la primera, confundiendo la seriedad con el envaramiento, no lo es tampoco de la segunda, tomando como humor lo que es simple zafiedad. En todo caso, se debe mantener una cierta templanza en el humor: si bien es cierto que no todas las cosas pueden ser motivo de broma, también lo es que cada una, sin excepción, posee partes que pueden ser risibles.

El poder de la conversación libre es fundamental para contrastar argumentos y enriquecer el entendimiento. No se razona ni con arengas ni con monólogos, sino mediante la interlocución.

Se extraña Shaftesbury de la poca importancia que le conceden a la amistad ideologías como el cristianismo, que con tanta insistencia se refieren al prójimo, y de por qué no aparece como virtud fundamental en la vida en grupo o en comunidad. Así como la amistad debe ser el bien más preciado en las relaciones interpersonales, la persecución del bien común debería ser el objetivo compartido en las relaciones de los gobiernos con sus administrados.

Un texto con cuatrocientos años a sus espaldas que puede leerse desde la más rabiosa actualidad.

Calificación: Hors catégorie