18 de agosto de 2017

La Comedia humana V

La Comedia humana. Escenas de la vida privada. Volumen V. Honoré del BalzacHermida Editores, 2016. Traducción de Aurelio Garzón del Camino
Quinto volumen de la traducción de la organización canónica del ciclo de Balzac que da fin al sub-ciclo de Escenas de la vida privada que lleva editando Hermida Editores desde hace unos años. Como en cada entrega, me limitaré a enumerar los textos incluidos en cada volumen y a intentar trazar las líneas maestras de la acción, dejando para los especialistas la profundización en las cuestiones técnicas y la valoración global del conjunto de La Comedia humana.

"Albert Savarus"

La acción se sitúa en Besançon, una ciudad con pretensiones cuya realidad no llega ni a capital de provincia, el lugar idóneo para que los parisienses venidos a menos pueden hacer brillar los restos de su extinguido esplendor, y los aspirantes locales a la aristocracia se puedan permitir mantener un ritmo de vida aparente con unas rentas muy menguadas, todo ello bajo la atenta mirada de la burguesía aborigen a la espera atenta de la primera vacante en la alta sociedad para apresurarse, a codazo limpio, en ocupar su lugar.

Esta situación de cola de león parisina con ansia de cabeza de ratón provinciana es en la que se encuentra Albert Savaron, un picapleitos parisino que aparece en Besançon. El misterio que lleva aparejado cualquier forastero que llega a una ciudad pequeña espolea el deseo de la hija casadera de una buena familia local. En este punto, Balzac desvía la atención de la trama para insertar en el texto una novela, la historia de un amor imposible, que escribió el abogado y que es devorada por su pretendiente en busca de las claves con que desentrañar a su autor.
"Amar es ya en una joven la consecuencia de una ley natural, pero cuando su sed de afecto se dirige a un hombre extraordinario, se mezcla con él el entusiasmo que rebosan los corazones juveniles. De este modo, la señorita de Watterville llegó en pocos días a una fase casi mórbida y muy peligrosa de exaltación erótica."
La posterior violación de la correspondencia de Albert pondrá a su pretendiente frente a una sorprendente revelación.

Pero Balzac siempre guarda una bala en la recámara; en manos de Víctor Hugo la novela se hubiera quedado en el campo de los relatos de amor desgraciado, venganza y posterior reconciliación; Balzac, en cambio, es capaz de desviar al atención hacia el terreno de la política y hacer entrar en la trama a revolucionarios y legitimistas haciendo que lo que el amor había provocado halle también expresión, traducción y desenlace en ese terreno.

Balzac se relaciona con las convenciones narrativas según le conviene; en ocasiones puede no sólo adoptarlas como única opción sino incluso introducir largos exordios alabando sus bondades; en otras, en cambio, puede ignorarlas como quien detesta cualquier pacto que pueda poner en cuestión sus propósitos. Sabe que a su intención no se le pueden poner barreras que pongan cortapisas a sus intenciones de totalidad.

"Un debut en la vida"

Un pueblerino con tanta ambición como estupidez malogra un esperanzador porvenir por charlar más de la cuenta cuando no debía. Puestas en evidencia su mala educación y su necedad, es devuelto a su casa con cajas destempladas por quien había de ser su protector, viéndose sus padres obligados a buscar una alternativa, si bien no tan prometedora como la ocasión perdida, que sirva al menos para librarse de él y, al mismo tiempo, asegurarle un porvenir desahogado.

La conocida aspiración de Balzac por sustituir al Registro Civil no tenía únicamente la intención de conseguir un retrato fiel de la sociedad francesa de la primera mitad del siglo XIX sino también dejar constancia de ella para uso e información de las generaciones futuras; no tanto para poder reconstruirla, como pretendía Joyce con Dublín, como para que se conocieran sus antecedentes en el continuo temporal, es decir, con sentido arqueológico.

Tal vez sea con este propósito o con alguna otra intención que no logramos averiguar de buenas a primeras por qué somos informados del estado del servicio de transporte privado entre París y sus alrededores, de las diversas empresas del ramo, de las frecuencias de partidas y de llegadas y de los diferentes carruajes con los que se realizaba el servicio; total, una información de relevancia relativa, descubriremos, en cuanto a la trama de la novela, pero un McGuffin en toda regla, pues ni las rutas señaladas ni los personajes ni tampoco el servicio de transportes tienen una gran importancia en la trama.
"No existen o, mejor dicho, son muy raros los criminales que sean criminales por completo. Con mayor razón será difícil encontrar una falta de honradez compacta. Se pueden hacer con el propio patrón unas cuantas en las que salga uno beneficiado, o sacar para sí la mayor cantidad de paja posible del pesebre; pero aun constituyéndose un capital por vías más o menos lícitas, hay pocos hombres que dejen de permitirse algunas buenas acciones."
Después de algunos indicios de acción, relacionada con ciertos derechos a favor de un personaje de pasado bonapartista, Balzac abre otro paréntesis para relatar las conversaciones entre los viajeros de una diligencia, a cuál más embustero, que hacen gala de su supuesto conocimiento de Oriente, de las intrigas políticas y de sus experiencias exóticas, en el que cada personaje fabula acerca de aventuras imposibles pero acordes con el rol que representan en el viaje, todo ello bajo la atenta mirada de un aristócrata que viaja de incógnito. Balzac ofrece, pues, otra distracción, otra desviación de la trama, consistente ella misma en fragmentos aislados y anecdóticos, que el propio autor desarrolla y pone en reserva para el caso de que pudieran resultarle útiles posteriormente. 

Localizando la acción en el campo, aunque lo suficientemente cerca de París para que los lugareños pudieran presumir de la posibilidad de disfrutar de lo mejor de ambos mundos, Balzac desta su fina ironía con respecto a los habitantes del lugar que, realmente, reproducen lo peor de los dos ámbitos pero con la particularidad de ser mucho menos sutiles: ni la envidia ni el odio se disfrazan de displicencia; al contrario, se muestran en toda su crudeza, con lo que las enemistades son mucho más radicales y manifiestas. Por otro lado, sus ansias por remedar la vida capitalina acaban, invariablemente, en un solemne y explícito ridículo.

"La señora Firmiani"
"No pocas narraciones abundantes en situaciones o dramarizadas por los brotes innumerables del azar llevan consigo sus propios artificios y pueden ser contadas artística o sencillamente por todos los labios sin que su argumento pierda por ello la más insignificante de sus bellezas."
Todo es narrable, incluso los hechos y las vidas más insignificantes, siempre que se sepa sacar provecho de la capacidad de expresar la parte de artificio que acompaña, expresa o veladamente, a la realidad; narrar no sería, pues, más que la gestión de esa artificialidad. En todo caso, la respuesta del lector, un individuo del que no se sabe nada, es decir, su nivel de implicación en una historia que le es ajena, no dependerá tanto de sus expectativas, de su identificación con los protagonistas de la historia que está desarrollándose ante sus ojos o del provecho moral que tal relato le procure, sino del grado  de connivencia del escritor con respecto de aquella y de su capacidad para implicar al lector, teniendo en cuenta que existen infinitas maneras de contar una historia.

El viejo adagio que reza que las apariencias engañan debería ser el que rigiera las relaciones personales a la hora de juzgar a los demás; para la literatura, en cambio, debería ser un principio programático.

"El mensaje"
"Siempre he tenido el deseo de contar una historia sencilla y verdadera, cuyo relato, al sobrecoger de espanto a un joven y a su amada, hiciera que se refugiasen el uno en el corazón del otro como dos niños que se abrazan estrechamente al encontrarse con una serpiente en los linderos de un bosque. A riesgo de disminuir el interés de mi narración o de pasar por jactancioso, comienzo por anunciaros el objeto de mi relato. Desempeñé un papel en este drama casi vulgar; si no os interesa, será tanto por culpa mía como por la de la verdad histórica. Hay muchas cosas reales que son soberanamente aburridas. Por esto, la mitad del talento consiste en escoger, entre lo verdadero, aquello que puede convertirse en poético."
El propósito didáctico de La Comedia humana puede expresarse en dos niveles complementarios: el implícito en su propio contenido, que sería una muestra a imitar por cualquiera que se propusiera escribir una novela realista; pero también el que explicita Balzac -perdón, los narradores de Balzac- en multitud de intervenciones directas en las que apela a lector para expresarle sus dudas o, con más frecuencia, sus propósitos en cuanto a la redacción. Dominador del medio como pocos, Balzac se atreve incluso a abandonar el cómodo narrador omnisciente para introducir un narrador en primera persona, el protagonista de la novela, un joven conquistador, en su empeño por transmitir las últimas voluntades de un compañero de diligencia víctima de un accidente.

"La misa del ateo"

Como la mayoría de sabios y de hombres de ciencia, Desplein, el protagonista de la nouvelle, es un ateo que tiene que convivir con una sociedad eminentemente religiosa. Médico y cirujano, su experiencia profesional le ha puesto tan a menudo cara a la muerte y a la extinción que ninguna explicación religiosa puede convencerle de lo contrario; es más, la observación de las contradicciones fruto de la superstición le convierten en una persona misántropa que ha desarrollado un profundo desprecio por el ser humano.

Balzac expone un caso de contradicción entre el pensamiento y los actos. La existencia de esa contradicción confirma la mediocridad de quien la experimenta. Ninguna persona inteligente se libra de las contradicciones, cuyo objetivo es producir un profundo debate a partir del cual se generan nuevas cuestiones que hacen avanzar el conocimiento: las contradicciones son la materia generadora del sentido crítico.

"Papá Goriot"

"Papá Goriot" es una de las novelas más extensas del ciclo, una de las más conocidas y también una de las novelas más parisinas de Balzac: visto el ácido tratamiento que presta el autor a la nobleza de provincias a lo largo de su obra -y sólo la nobleza y, si acaso, al pueblo llano, pues fuera de París "no existe" la burguesía-, podría parecer que el autor guarda sus elogios para la vida en la capital cuando es justamente lo contrario: las traiciones, las maledicencias y las enemistades de la vida de provincias serían meros ensayos de aficionados comparadas con las mismas situaciones a escala capitalina, donde las buenas acciones ven reducido su efecto a la mitad, mientras que las perversas duplican su impacto.

La fidelidad, en cuanto a la adecuación a la realidad, con que Balzac trata sus temas -no podría ser de otro modo si su aspiración es sustituir a los registros oficiales- se podría ver seriamente comprometida por la intensidad del drama que exponen obras como ésta. Dado el carácter arquetípico de muchos de sus personajes, la fidelidad no habría que buscarla en las historias -pues su nivel de complejidad las convierte en difícilmente replicables- sino en los elementos que las componen, en los que sí pueden verse reflejadas tanto la sociedad francesa del siglo XIX como el conjunto de la sociedad occidental de nuestros días. Pocas veces, en la historia de la literatura, una localización tan concreta ha sido tan universal.

El escenario principal de la novela es una de las instituciones parisinas por antonomasia: una pensión de mala muerte, donde van a dar con sus huesos estudiantes pobres de provincias, trabajadores públicos, personas en tránsito -cuyo tránsito se alarga durante décadas- y viudos de ambos sexos con pensiones minúsculas y contratos de alquiler vencidos.
"En una palabra, allí reina la miseria sin poesía; una miseria económica, concentrada, raída. Si todavía no tiene fango, tiene ya manchas; si no presenta rotos ni andrajos, pronto caerá podrida."
Ese microcosmos de la pobreza, un mundo en sí mismo, contiene también una severa separación por clases fundada no sólo en el origen de los huéspedes -un origen que queda tan lejano en el tiempo y en la forma que nadie se ve capaz de reivindicarlo- sino, sobre todo, en el lugar que ocupa su habitación en el edificio de la pensión. Balzac no va a ahorrarnos, en el desarrollo de la acción, las vicisitudes de los diferentes personajes, particularmente en el caso del que presta título a la novela, ni de la crudeza con que es tratado por sus compañeros de reclusión, que primero intentan cobijarse a la sombra de lo que parece una situación económica desahogada para después, una vez constatadas sus dificultades, añadir los correspondientes clavos a la cruz de su desgracia, al menos hasta que la situación de Goriot sea un poco peor que la suya. Los retratos, individualizados y detallados, de los habitantes de la pensión deberían figurar en todos los manuales de caracterización de personajes novelescos; su inclusión, justo al principio de la novela, pone en situación al lector pero en mayor grado aun prefigura sus acciones y, piadosamente, les excusa de la situación en que se encuentran.
"El París distinguido ignora esos rostros lívidos de sufrimientos morales o físicos. Pero París es un verdadero océano. Arrojad en él la sonda y no llegaréis a conocer jamás su profundidad. Recorredlo, describidlo: por mucho cuidado que pongáis en hacerlo, por numerosos y concienzudos que sean los exploradores de ese mar, siempre se encontrará en él un lugar virgen, un antro desconocido, flores, perlas, monstruos, alguna cosa inaudita, olvidada por los buceadores literarios. La casa Vauquer [la pensión] es una de esas curiosas monstruosidades."
Pero como no puede existir conflicto sin contraste, Balzac nos facilita también la entrada en los salones de la aristocracia -no de la nobleza; incluso en el París de la época la distinción era fundamental-, en las cenas y las veladas de baile hasta la madrugada, en las que el lujo sustituye a la distinción y la apariencia al rigor. Es cierto que no pueden existir dos mundos más opuestos y más mutuamente estancos, pero "Papá Goriot" es una novela, y el papel de la ficción es llegar donde la realidad no alcanza. Así que Balzac imagina dos trasvases: de la pensión al mundo de las soirées, y de los salones a la residencia de desahuciados. 
"Sin duda, las ideas se proyectan en razón directa de la fuerza con que se conciben, y van a dar allí donde las envía el cerebro por una ley matemática comparable a la que dirige las bombas al salir del mortero. Los efectos son distintos. Si existen naturalezas sensibles en las que las ideas se alojan produciendo estragos, hay también naturalezas bien provistas de vigor, cráneos con defensa de bronce, en los cuales la voluntad de los demás choca, deformándose y cayendo al suelo como las balas ante una muralla; luego hay también naturalezas flojas y algodonosas en las que las ideas mueren, del mismo modo que las balas se amortiguan en la tierra blanda de las trincheras."
No hace falta ningún apunte relativo a la trama, de sobra conocida, porque el mérito de la novela, al contrario de lo que podría parecer, no está en el desarrollo de la acción sino en su planteamiento: Balzac alcanzado en "Papá Goriot" una de las cumbres de su carrera como novelista.

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