16 de mayo de 2016

La Comedia humana. Volumen II

La Comedia humana. Escenas de la vida privada. Volumen II. Honoré de Balzac. Hermida Editores, 2015. Traducción de Aurelio Garzón del Camino.
Fiel a su proyecto, Hermida Editores sigue publicando esa opera magna de la literatura universal; me reitero en lo escrito en las Notas de Lectura del primer volumen que puede consultarse en el enlace que figura al final de este post. Al igual que en aquel, respetando el plan general del autor, me limitaré a redactar una pequeña introducción a cada una de las obras incluidas en el volumen, haciendo más hincapié en los detalles sociales y de las costumbres que en la acción propiamente dicha.

"La paz del hogar"

En noviembre de 1809, en pleno Imperio napoleónico, los militares de campaña regresan a París y, en las grandes fiestas estilo ancien règim, explotan su éxito con las mujeres. La súbita aparición de una enigmática joven de filiación desconocida en una fiesta mundana provoca la admiración de todos los hombres presentes, para los que saber de quién se trata constituye ya un desafío, a la vez que provoca una insana envidia en las mujeres.
"Se encuentran en las fiestas algunas señoras que están ahí como viejos marinos entretenidos a la orilla del mar en contemplar a los marineros jóvenes luchando con las tempestades."
Su supuesta modestia y visible humildad queda aclarada cuando uno de sus fatuos pretendeintes acaba tomándose su propia medicina por haber intentado alterar "la paz del hogar".

"Estudio de mujer"
"El marqués es un hombre bastante insignificante: está bien situado en la corte, y sus cualidades son negativas como sus defectos. Así como las unas no pueden conquistarle una reputación de virtud, los otros no bastan a darle la especie de esplendor que los vicios irradian." 
Despiadado cuando se trata de poner en tela de juicio la decencia de una mujer, Balzac arremete contra la falsa virtud que se apoya en la sensación de poder derivada de la resistencia ante un asedio programado pero que acaba sucumbiendo, como Troya, al considerar que ningún peligro puede proceder de un regalo abandonado por el enemigo en retirada.

"Otro estudio de mujer"

Después de la revolución de 1830, son pocos los salones patrocinados por damas que se siguen celebrando; una de las razones es la desaparición de la "gran señora" como consecuencia de la autoreclusión de la aristocracia y el abandono de las mujeres bien relacionadas de la escena mundana y la eclosión de otro carácter sustitutivo, la "mujer de clase", la femme comme il faut.
"Nuestra época ya no cuenta con aquellas hermosas flores femeninas que fueron el ornamento de los grandes siglos de la monarquía francesa. El abanico de la gran señora se ha roto. La mujer ya no tiene necesidad de ruborizarse, de murmurar, de cuchichear, de esconderse y de mostrarse. El abanico no sirve ya más que para abanicarse. Cuando una cosa no es más que lo que es, se hace demasiado útil para que pueda pertenecer al lujo."
 "La Gran Bretèche"

Balzac vuelve a centrar su historia en la clase desfavorecida: una madre y una hija de extracción muy humilde que habitan en una especie de entresuelo en una calle lóbrega e insalubre del Marais; regresa también el narrador omniscente y las descripciones de personas y lugares que el autor domina a la perfección.
"Sin embargo, una mañana, hacia el final del mes de septiembre, la cabeza de diablillo de Carolina Crochard se destacaba de un modo tan brillante sobre el fondo oscuro de su habitación, y se mostraba tan lozana en medio de las flores tardías y del marchito follaje entrelazado en los barrotes de la ventana; en una palabra, la escena cotidiana presentaba entonces unos contrastes de sombra y de luz, de blanco y de rosa, tan bien combinados con la muselina que servía de marco a la gentil obrera y con los tonos pardos y rojos de los sillones, que el desconocido contempló con mucha atención los efectos de aquel cuadro animado."
"Memorias de dos recién casadas"

El texto más extenso del volumen lleva una dedicatoria a Georges Sand, con un aparatoso aunque deshonesto intento de disculpa:
"[...] El cortejo de nombres amigos que acompañará a mis composiciones mezcla un placer a las penas que me causa su número, pues no van aquellos sin dolores, por no hablar más que de los reproches granjeados por mi amenazadora fecundidad."
Si eran contados los registros de que se sirvió Balzac para escribir su "inmenso plan", aquí presenta una novela epistolar compuesta por las cartas que intercambian la hija de una familia aristocrática, después de abandonar el convento donde ha estado recluida de los nueve a los dieciocho años, con una compañera de reclusión también liberada, perteneciente a una familia noble de provincias venida a menos, en las que ambas se cuentan sus intentos por conseguir un buen partido y las vicisitudes posteriores a esos encuentros pertenecientes ya a sus vidas de mujeres casadas. Pero como casi siempre en Balzac, subyace a la acción una cuota nada desdeñable de crítica, esta vez en forma de parodia de la novela epistolar romántica pero también de la literatura heroica -la ausencia de narrador permite un análisis psicológico "de primera mano"-: ahí están Pamela, Lady Susan y Las desveturas del joven Werther, pero también Las amistades peligrosas y La dama de blanco.

Al final, las diferencias que surgen en la concepción del desposorio y el conflicto subsecuente que se plantea entre ambas amigas es la oposición entre el matrimonio de conveniencia y el matrimonio por amor:
"Por una vuelta súbita sobre mí misma, una mañana en que me encontraba plenamente dichosa, pensé en mi Renata y en su matrimonio de conveniencia, y entonces adiviné tu vida y penetré en ella. ¡Oh, ángel mío! ¿Por qué hablamos en una lengua diferente? Tu matrimonio, puramente social, y mi matrimonio, que no es otra cosa que un amor dichoso, son dos mundos a los que les sería más difícil comprenderse que a lo finito comprender lo infinito. ¡Tú permaneces sobre la tierra, yo estoy en el cielo! Tú estás en la esfera de lo humano, y yo en la de lo divino. To reino por el amor, tú reinas por el cálculo y por el deber. Yo estoy tan alta que si cayese quedaría rota en mil partículas. En fin, debo callarme, pues me avergüenza pintarte el resplandor, la riqueza y las rozagantes alegrías de semejante primavera de amor."
"La mujer de treinta años"

"La mujer de treinta años" es, sin duda, una de las obras mayores de Balzac, una de esas novelas, que podría leerse perfectamente como una contrahistoria de Madame Bovary, cuyo desarrollo socio-psicológico da la exacta medida del poder del oficio del escritor que puso en su obra no ya a la Francia contemporánea sino a una civilización entera, y que prefigura la magna obra de Marcel Proust. 

Nadie como Balzac para trasladar al papel la pompa y la magnificencia de, por ejemplo, las paradas del ejército imperial; el poder descriptivo del autor, sea para detallar el boudoir de una dama o una compañía en atavío de gala, es insuperable. Después, a la descripción física, y siempre por este orden, usualmente tan extensa como lo pida la ocasión, le sigue una especie de calificación, esta sí nunca neutra, con la que el narrador trasciende el cuadro; se puede discutir la pertinencia de tales observaciones, pero la agudeza que las inspira es notable.
"La condesa de Listomère-Landon era una de aquellas pulcras ancianas de tez pálida, cabellos blancos y sonrisa maliciosa aue parecen llevar copete y cubren su cabeza con un tocado cuya moda se desconoce. Retratos septuagenarios del siglo de Luis XV, estas mujeres son casi siempre afables y cariñosas, como si la edad del amor no hubiera acabado para ellas; menos piadosas que devotas, y menos devotas de lo que aparentan, huelen siempre a polvos a la mariscala, relatan bien, conversan mejor, y ríen con más facilidad con un recuerdo que con una broma. La actualidad les desagrada."
Nadie como el francés, ni siquiera los autores rusos del siglo XIX, para retratar "la melancolía de la opulencia" y la ilusión de la escasez.

"La mujer de treinta años" contiene una de las más características descripciones de la mujer del siglo XIX de las que pueden rastrearse en toda la literatura sobre ese siglo; por su absoluta perfección, pero también por las ampollas que ha levantado entre la crítica feminista, no me resisto a cerrar estas Notas de Lectura sin citarla:
"La tentativa más capital y decisiva en la vida de las mujeres es precisamente la que una mujer considera siempre como la más insignificante. Casada, deja de pertenecerse, y es la reina y la esclava del hogar doméstico. La santidad de las mujeres no se concilia con los deberes y las libertades del mundo. Emancipar a las mujeres es corromperlas. Conceder a un extraño el derecho de penetrar en el santuario de la familia, ¿no es tanto como ponerse en sus manos? Y si es la mujer la que le llama, ¿no es una falta, o para ser más exacto, el comienzo de una falta? Hay que aceptar esa teoría en todo su rigor, o absolver las pasiones."
Calificación: Hors catégorie 

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