8 de julio de 2016

Valéryenne

Monsieur Teste. Paul Valéry. Antonio Machado Libros, 2008
Traducción de José Luis Arántegui
Mauvaises penséesPaul ValéryPayot et Rivages, 2016
"Hay que entrar a uno mismo armado hasta los dientes."
Es difícil que cualquier escrito de un autor que plasmó en treinta mil páginas, redactadas a lo largo de su vida recogiendo más pensamientos que hechos, y por más que sea el autor de obras como El cementerio marino (Le cimetère marin, 1920), logre soltar el lastre, ni en la mente del lector ni tampoco en la privilegiada del propio escritor, de esa no-obra única, y que cualquier escrito, por estructurado que sea, pueda ser considerado como algo más allá de un escolio de aquélla, una ampliación que facilite su comprensión, unas notas al margen en la descripción de una vida intelectual. Dice el propio Valéry que Teste se le parece;
"Una vez intenté describir un hombre plantado en medio de su vida, una suerte de animal intelectual, un Mongol, parco en errores y tonterías, desenvuelto y feo, sin lazos, viajero sin añoranzas, solitario sin remordimientos - (entregado por) entero en sus maneras interiores a su presa más honda, alojado en un hotel - con su maleta, sin libros, sin necesidad de escribir, despreciando ésta y aquélla debilidad -reductor implacable, frío, enumerador, capaz de todo, desdeñoso de todo -mi Ideal." 
es posible que así sea, por ósmosis o por comunicación extracorpórea, pero a la hora de indagar en su identidad parece más plausible que Teste no sea el trasunto del autor sino el verdadero escritor de Los Cuadernos (Les Cahiers, 1973-1974). La imposibilidad de definir a Teste hace que su esposa, una pobre mujer, tenga que extraviarse entre  circunloquios negativos, descartando aquello que no es para llegar a una especie de película fotográfica y contentarse con esta inexactitud. Halla más pistas en la observación del proceder de Edmond con otros que en su presencia ausente.
"Este hombre tenía en sí tales posesiones, tales perspectivas; estaba hecho de tantos años de lecturas, refutaciones, meditaciones, combinaciones internas y observaciones, de tales ramificaciones, que sus respuestas eran difíciles de prever; que él mismo ignoraba adónde iría a dar, qué aspecto le impresionaría, qué sentimiento prevalecería en él, qué engarces y qué simplificación inesperada se producirían, qué deseo nacería, qué respuesta, qué iluminaciones..."
Edmond Teste es un individuo en busca de la expresión auténtica, aquella que el lenguaje, el instrumento que poseemos para enunciarla, comúnmente impide, frecuentemente traiciona. El lenguaje, en efecto, es un instrumento demasiado rígido, excesivamente estático, para representar la movilidad del pensamiento, la flexibilidad de unas ideas que, mediante ese inadecuado mecanismo, tienden a perder su dinamicidad para convertirse en inmóviles: ninguna idea puede formularse exactamente igual dos veces pues su sola generación ya la modifica; con menos razón, por tanto, puede ser convertida en un sistema de símbolos que la convierte en un objeto inerte.
"El acto de escribir siempre requiere cierto "sacrificio del intelecto". Es bien sabido, por ejemplo, que las condiciones de la lectura literaria son incompatibles con una excesiva precisión de lenguaje."
Si las ideas deben ser tomadas en cuenta solamente en cuanto a procesos dinámicos -ya que los estáticos caducan justo en el mismo momento de su generación-, la memoria debe conservar solamente éstos, es decir, los hechos, todo aquello que es ajeno a la generación de ideas; del mismo modo que no se puede conservar el movimiento en una fotografía y teniendo en cuenta que la grabación en un registro que acepte el movimiento, una película, por ejemplo, no conserva el cambio en sí mismo sino solamente su representación.
"Encontrar no es nada. Lo difícil es sumarse lo encontrado."
La inasibilidad de la identidad propia -no digamos las de los demás- es también consecuencia de nuestra dinamicidad. Igual que no podemos, físicamente, aislarnos en un momento único porque la propia exposición ya determina, artificializándolo, el resultado final, tampoco podemos hacerlo con nuestro yo intelectual porque de forma parecida a como cada decisión despliega una multitud de mundos, tantos como alternativas, nuestras ideas, nuestros pensamientos,matan a nuestro yo anterior generando un nuevo individuo que desconocemos. Únicamente los objetos inanimados pueden, si pudieran, reconocerse en el objeto de ayer y adjudicarse a sí mismos ambos, el de ayer y el de hoy, planos de existencia.
"Cada gran hombre lleva la marca de un error."
La existencia manifiesta de individuos deslumbrantes revela, igual que las fuerzas gravitatorias revelaron a Plutón antes de ser visualizado, la realidad de otros seres superiores que retienen para sí la energía que aquellos malgastan en emitir su luz. La verdadera majestad es anónima o no es, y el gran hombre debe adoptar las armas de Stephen Dedalus, silencio, exilio, astucia, como si el mayor conocimiento del mundo requiriera separarse de él, evitar todo contacto, ejercitar la mirada ajena y aislar el pensamiento de la contaminación que representa el reconocimiento público para que el esprit pueda actuar sin cortapisas. Nadie ha delineado con mayor precisión el concepto de esprit que Paul Valéry a lo largo de su obra, y ello a pesar de, o precisamente por, no haber facilitado definición alguna.
"No sé qué es la conciencia de un idiota, pero la de un homme d'esprit está llena de idioteces."
La obediencia no es más que el recurso de quienes han dimitido de su obligación de decidir y la exigencia de aquellos que no pueden justificar sus demandas. La obediencia aborrece la individualidad pues sólo desde este terreno se producen los asaltos a su estructura de uniformidad; antes bien, halla el campo abonado en las multitudes, más fácilmente impresionables, y encuentra apoyo en los infiltrados, los individuos con predisposición a hacer lo que se les dice que forman parte de toda congregación y que se imponen sobre los disidentes aduciendo una representatividad que nadie les ha otorgado y hablando siempre "en nombre de la mayoría."
"Nuestros juicios nos juzgan, y nada nos desvela y expone nuestras flaquejas más ingenuamente que la actitud de pronunciarse sobre el prójimo."
La ausencia no está hecha solamente de carencia y de invisibilidad, también puede ser el resultado de la decisión consciente de llenar absolutamente el repositorio de la voluntad y que los pensamientos se vayan reproduciendo por expansión generativa, por sí solos, sin intervención, y que de este modo hagan patente el vacío existente a su alrededor.
"¿Qué puede un hombre? ¿Qué puede un hombre?"
¿Cuán diferentes seríamos de como somos si repentinamente amáramos cuanto odiamos y odiáramos cuanto amamos? ¿Cómo responderíamos a las inclinaciones que ahora nos guían si las conclusiones de esas inclinaciones fueran diametralmente opuestas? ¿Estaríamos sometidos a los mismos mecanismos de atracción-repulsión y cambiaría solamente la resolución? ¿Seguiríamos con los mismos criterios de valoración? ¿Qué cambios supondría esa inversión en nuestro entorno y de qué profundidad? ¿Podríamos seguir llamándonos yo, nos reconoceríamos en nuestra nueva disposición? ¿El cambio consciente comportaría, a la larga, un cambio en los instintos, o sería todo únicamente de carácter mental, procesal, consciente?
"Asqueado de tener razón, de hacer lo que sale bien, de la eficacia de los procedimientos, probar otra cosa."
Lo que nos identifica no toma la forma de un discurso estructurado y coherente, equilibrado y racional, sino que es un conjunto de fragmentos aislados, desconectados, azarosos, que se acercan y se alejan como una órbita elíptica, y de la que vamos extrayendo píldoras inconexas de información, irrelevantes por sí solas, incluso contradictorias, que sólo ejercen su función identificativa cuando se observan en conjunto, no sucesivamente: el yo no tiene ni principio ni final y el individuo halla su identidad en el remolino de su inconsciencia.
"Es lo que llevo en mí de desconocido lo que me hace yo."
Cuánto más largo el discurso más oscuridad; cuantas más aclaraciones, más ininteligibilidad; cualquier exposición debe poder ser abreviada, eliminado todo elemento superfluo, ornamental, hasta llegar a la médula: el mensaje es el mensaje, que debe poder desprenderse progresivamente del medio hasta elementarizarse para recuperar toda su potencia intrínseca. 
"La expresión de un sentimiento siempre es absurda."
A medida que una idea se desarrolla va perdiendo potencia, diluyéndose su concentración en su expresión: no se trata tanto de perder utilidad, parámetro no computable en el campo de las ideas, como poder generativo, ese potencial capaz de transformar la polaridad del pensamiento.
"Cuando más se escribe menos se piensa."
La verdadera percepción es aquella que nos hace presentes, percibidos, todos los elementos que se encuentran en el marco visual de toda mirada, todo lo que rodea a lo que enfocamos y que, físicamente, vemos -así lo demostraría la proyección en el fondo de nuestra retina de nuestro campo visual- pero no percibimos.

Aunque su negación sea tal vez el cliché más extendido entre cierta clase de escritores, la posteridad es una medida de tiempo deseada por todos. Hay quien la ha alcanzado a través del destello que supone una obra deslumbrante; otros, gracias a una vida heroica; los menos, por su talento. Paul Valéry, cuya extraordinaria obra en conjunto resiste cualquier clasificación y tuvo una vida intelectual ciertamente indomable, seguramente debe su inmortalidad al inmenso talento vertido cada mañana a lo que él mismo llamó su vie d'esprit, sus Cahiers, compuestos por más de doscientos cuadernos escritos a lo largo de cincuenta años -desde 1894 hasta su muerte en 1945- y que resultan un retrato minucioso e inflexible de su vida intelectual. Mauvaises pensées es una antología publicada originariamente por Gallimard en vida del escritor, en 1942, que recoge algunas de las entradas entradas que se podrían agrupar bajo el impreciso calificativo de "malvadas" y que dan una justa medida de su grandeza intelectual.

Monsieur Teste.
Calificación: Hors catégorie

Mauvaises pensées.
Calificación: Hors catégorie
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