20 de junio de 2016

No ha lugar a proceder

No ha lugar a proceder. Claudio Magris. Anagrama, 2016
Traducción de Pilar González Rodríguez
"Toda la Historia de la humanidad es un raspado de la conciencia y sobre todo de la conciencia de lo que desaparece, de lo que ha desaparecido. Si alguien o algo falta, hace daño, y entonces, después de haberlo quitado de en medio -algunas veces por la vía rápida, como en la Risiera- se quitan de en medio también la conciencia y la memoria de haberlo hecho." 
El "Museo total de la Guerra para la llegada de la Paz y la desactivación de la Historia" es un proyecto al que el innominado protagonista de No ha lugar a proceder (Non luogo a procedere, 2015) ha dedicado su vida, y que contendrá un conjunto de instrumentos bélicos y una ingente cantidad de material relacionado con la IIGM, especialmente en la zona del Carso, con la intención de que la Humanidad sea permanentemente consciente de su capacidad de destrucción y para que desista de reproducir cualquier clase de conflicto bélico. El proyecto se detuvo tras la muerte accidental del promotor y, lastrado por las deudas y la desidia de algunas administraciones, se legó a una Fundación y vegeta en el limbo de los grandes proyectos en suspenso por falta de financiación. El texto toma la forma de un imposible diálogo entre el promotor del Museo, de cuya historia personal nos irán facilitando datos, y Luisa, la mujer a cargo del legado, descendiente de exiliados de guerra, padre negro y madre judía, y responsable de la organización final de la exposición, cuya historia familiar es la historia de Trieste; y de un catálogo, comentado profusamente, de las armas que contiene, un inventario de la destrucción, y de los documentos que ha acumulado el promotor.

El genius loci

A principios de los años noventa del siglo pasado, en pleno conflicto de los Balcanes, y en una sesión de un club de lectura en el que participaba, decidimos leer y comentar el libro de Ivo Andric Un puente sobre el Drina; debido a su amistad con una de las participantes en el club, invitamos a un emigrante bosnio, un periodista de muy alto nivel en la ex Yugoslavia, un profesional altamente cualificado que había emigrado a España -hablaba castellano con una corrección académica, además de inglés, francés, alemán e italiano- en medio del conflicto y que se ganaba la vida en nuestro país como pintor de paredes. Después de comentar el libro, nos contó de primera mano su idea del conflicto, muy alejada, por cierto, de las versiones interesadas que nos llegaban, y accedió a responder a nuestras preguntas. Hacia el final de la sesión, se me ocurrió preguntarle acerca de cuál debía ser el papel del resto de Europa en el conflicto; recuerdo su respuesta como si me la hubiera dicho ayer: "Mira, en lo que vosotros llamáis ex Yugoslavia llevamos más de mil años enfrentados, y no parece que la intervención extranjera pueda arreglar, como no lo ha conseguido nunca antes, esa situación endémica. ¿Qué debería hacer Europa, me preguntas? Pues retirarse de allí y dejar que nos matemos entre nosotros y, cuando hayamos terminado, reconocer y apoyar al que quede con vida. Aquello sólo tiene arreglo cuando haya un vencedor incontestable."

La región de los Balcanes está bajo la influencia de lo que podría denominarse "paradoja del túnel del tiempo". Es una parte de Europa en la que las relaciones causales no parecen tener ningún efecto; mirando hacia atrás, los grandes cataclismos parecen surgir de la nada, como por generación espontánea. Parece inútil bucear en la historia personal porque ningún centroeuropeo puede retroceder tres generaciones sin sentir vergüenza, sin reconocer en ese simpático abuelo que le llevaba de la mano el rostro de un exterminador, de un asesino, de un verdugo. La historia de centroeuropa es la apología del olvido, es tal vez el único lugar del mundo donde desconocer la historia es la única manera de no repetirla.
"Comunistas italianos protegen a los Voluntarios de la Libertad de las fuerzas de Tito, otros comunistas italianos les dan caza y se los entregan a los de Tito, la Guardia di Finanza y la Brigada de Ferroviarios del CLN defienden las infraestructuras portuarias, algunos de la Guardia Cívica del podestà fascista empuñan la ametralladora contra los alemanes, el prefecto fascista intenta reunir a los fascistas y republicanos y antifascistas demócratas contra Tito y los comunistas."
Esa centroeuropa que no es la Tierra de Acogida que ha pretendido ser sino otra maldita Tierra Prometida concedida por los dioses como laboratorio de exterminio, el infierno trasladado al mundo de los vivos, el lugar donde se pone a prueba el poder destructor del heredero de la Tierra, un pueblo elegido que va cambiando de identidad al ritmo del poder de los dioses, que se desentienden de sus criaturas una vez que han sembrado la semilla de la discordia, vistiendo ese abandono de libre albedrío y acusando a los hombres de no saber hacer uso de él.

La guerra
"No sé, estábamos en guerra, ya se sabe que durante la guerra sucede de todo y que las peores cosas no suceden en los campos de batalla."
El campo de batalla, el lugar de la masacre y la devastación, del heroísmo y de la victoria, no es solamente un lugar físico, unas coordenadas geográficas, una cota en un mapa; es también el lugar donde unas ideas se imponen sobre otras, un sangriento tablero de estrategias opuestas, discursos excluyentes y arengas ensordecedoras en el que triunfa quien logra imponer su relato, en el que la supervivencia de los implicados a la fuerza, porque la neutralidad es un concepto que la filosofía de la confrontación no permite, depende de que sea adscrito -la libertad tampoco está contemplada- al banco vencedor.
"En la guerra, una palabra de más puede costar vidas."
La guerra no tiene patria, es un exilado que toma un vergel y lo convierte en un erial, no importa dónde sea, en la frontera entre Paraguay y Bolivia o a orillas del Adriático, con lanzas contra piedras o cañones contra aviones; lleva a cabo su trabajo de aniquilación con la frialdad de un cirujano en la temperatura estabilizada del aséptico quirófano. Nadie es nadie ni de ningún lugar, las raíces han sido arrancadas y se están secando al sol. La guerra adopta la patria que le conviene a cada momento, cambia de himno y de bandera a su elección y, como uno de esos organismos microscópicos, fagocita cuanto está a su alrededor para asegurar su supervivencia, no dudando en cambiar de atributos, de lugar, de intervenciones, de justificación, para permanecer.
"La guerra es el parto de la humanidad, el dedo de Dios que extrae a Adán del barro."
El odio es el concepto, la idea pura, el enfrentamiento en potencia. La guerra es la materialización del odio, la instrumentalización, el enfrentamiento en acto. No todos los odios terminan en guerra, pero no hay guerra sin un odio previo: la guerra es el instrumento a través del cual el odio impone su ley.
"La última guerra, perdida como todas las guerras."
Y después del enfrentamiento, la posguerra, una época extremadamente productiva: se crean innumerables oportunidades de negocio con los restos de las hostilidades y se forjan vínculos  inquebrantables entre individuos que fueron enemigos acérrimos pero a los que la paz ha unido en una nueva comunión de intereses.
"Es probable que él, pese a su horrible final, no supiera de las cicatrices que todas las cosas dejan en el corazón; tal vez no sintiera el bufido de la vida en la oscuridad y no viera aquella oscuridad, tan entregado como estaba a mirar en la tierra, a excavar, a buscar y a recoger aquellos objetos insensatos, monóxilos, esquirlas de granadas, escudillas abolladas, cornetas de campaña, casquillos aplastados, espoletas. De noche, su antorcha iluminaba sólo el terreno removido, los socavones, los fondos de las dolinas, un casco oxidado que relucía entre la hierba."
El horror

¿Cómo mostrar el horror, sin citarlo? Tal vez mediante metáforas, pero ¿qué tipo de metáfora es capaz de sostener esa representación? Tal vez mediante sus efectos, pero ¿no es la sordidez del horror mejor representada por sus efectos que por la inmaterialidad de su propia naturaleza? ¿Es posible un discurso "lateral" para definirlo? ¿No acabará esa definición en la resbaladiza trampa del eufemismo?

¿A quien corresponde la autoría del mal? ¿Cómo se adjudicará esa autoría a medida que pase el tiempo? Si las identidades están en perpetuo cambio, tal vez en algunos momentos nos quedemos sin sujeto y el mal se mantenga flotando en el limbo de las ánimas en pena, con toda su potencia intacta, pero sin agente, a la espera; el mal, como la energía, no se crea ni se destruye, sólo se transforma.
"Los poquísimos habitantes de Crno Selo se apellidan Di Giovanni, descendientes tal vez de un abuelo Ivancic; etimología de sangre, sangre de antepasados reclamados, de hermanos que, después de crecer viendo a amigos comunes y ex amigos pelearse al grito de Mare Nostrum o Jadransko More, habían decidido, uno contra otro, ser eslavos o italianos y habían derramado sangre de las venas de lo que habían considerado indebido y bastardo, aplastando su feliz infancia plural como la uva en la cuba o la aceituna en la almazara."
El complejo de exterminio de la Risiera fue desmantelado por  los propios alemanes antes de la llegada de los aliados, fue pasto del fuego igual que los más de cinco mil, según los cálculos más conservadores, prisioneros que pasaron por sus hornos crematorios; en ambos casos, el mismo fuego borró todas las huellas y lo único que produjo fue el humo de la aniquilación, no tan distinto en un caso del otro.
"Ese humo es el objeto de mi búsqueda, esos nombres convertidos en cenizas. No lucho contra el olvido, sino contra el olvido del olvido, contra la culpable ignorancia de haber olvidado, de haber querido olvidar, de no querer o no poder saber que hay un horror que se ha querido -¿debido?- olvidar. En Trieste veo en cada calle el humo que no se ha querido ver."
El olvido

La desaparición de la documentación relativa al conflicto, tanto la que podría inculpar a los vencedores como la que comprometería a los vencidos, no es más que una metáfora permanente del olvido. De forma parecida a como la memoria genera lagunas para omitir una situación traumática y anular los efectos perversos de su recuerdo, algunas veces es imprescindible que ese recuerdo de las consecuencias de unos actos determinados permanezca postergado para, de este modo, impedir que el hecho pueda repetirse: la memoria puede ser tanto arma como escudo.
"Después de la guerra viene la paz, que tiene el color blanco del sepulcro y de los sepulcros blanqueados del corazón."
El olvido provocado, impuesto, es una de las formas más crueles de la injusticia porque impide al perseguido la posibilidad de resarcirse de los abusos a que fue sometido o de rendir el merecido homenaje a aquellos a los que les fueron aplicadas las medidas coercitivas: las Leyes de la Memoria Histórica buscan, con la misma licitud que inutilidad, recuperar por ley los nombres de las víctimas cuando los verdugos han salido indemnes, reciclados y reforzados en sus posiciones de dominio, es decir, que han vencido a la memoria porque son los que generan el relato; pero es igualmente injusto con los que ejercieron su responsabilidad, sea delatora, ejecutora o cómplice, a sabiendas de que su poder era absoluto y que su posición de dominio les otorgaba una impunidad a salvo del juicio del tiempo.

Las manchas de sangre son muy resistentes, hace falta mucha intención y productos especiales para borrarlas de según qué superficie. Si lo que se mancha es una parte del cuerpo -"Out, damned spot! Out, I say!"- bastará con un buen enjuague de agua; si lo que se ha manchado es una página de un libro, es indeleble, no se puede hacer desaparecer sin estropear la página. En todo caso, jamás se desintegra por sí sola, es una labor que no se puede dejar en manos del tiempo, nunca desaparece por sí misma. Incluso en algunas ocasiones en que parece haberse borrado reaparece con insistencia, y aunque no con la misma intensidad, sí que reafirma su presencia con una huella que delata su existencia. Por esta razón, aquellos individuos marcados con su señal, como lady Macbeth, arrastrarán el estigma por toda la eternidad.
"Aplasta la cara contra el pavimento, alguna esquirla le ha herido superficialmente, pero no le importa; la sangre derramada por alguien es buena, es la sangre derramada contra alguien la que es malvada.
Entre la documentación recopilada, el promotor ha coleccionado escritos relativos a la Risiera di San Sabba
"La Risiera estaba delante de mí, roja, tosca, negra, mortal. Por ahí dentro habíoan pasado tantos rostros de Dios, torturados, masacrados. Huesos humillados",
el único horno crematorio que existió en Italia, con lo que se enemistó con la biempensante burguesía triestina, para quien el silencio y el olvido suplían la penitencia del pecador. Borrando el recuerdo, el hecho es destruido, como el niño que cree que tapándose los ojos, es decir, no viendo, se convierte en invisible.
"También de la desaparición hace falta darse cuenta, de lo que no hay, y no es fácil. Es más, el acto de desaparecer y sobre todo el de hacer desaparecer es objeto privilegiado de ocultación y de olvido. De eliminación, ha dicho en el juicio el doctor Wulz. Borrar la ausencia, anular quién o qué ya no está; apagar no sólo el recuerdo del que se ha ido, sino también la conciencia de que él, ella, alguien se ha ido. Quien ya no está estorba, es una cuenta no saldada, un agujero en la pared; se hace entonces de todo para ignorar que no está, que no ha estado nunca, para eliminar o cubrir ese agujero."
El "Museo total de la Guerra para la llegada de la Paz y la desactivación de la Historia" y, por extensión, No ha lugar a proceder, son el ajuste de cuentas necesario -y recupero del olvido una vez más las leyes de Memoria Histórica- con los opresores que salieron libres y contra la guerra en general por el sistema de reducción al absurdo; como gran parte de la literatura antibélica, desde Las aventuras del buen soldado Svejk hasta Johnny got his Gun, mostrar la insensatez de la guerra para provocar la reacción contraria. Es cierto que el estilo de Claudio Magris es, algunas veces, intrincado, exigente, y que requiere una concentración máxima en la lectura, pero No ha lugar a proceder no es un libro solamente necesario, el antídoto contra el olvido, es también un libro imprescindible.
"Por eso ahora he decidido hablar y he escrito esa lista de comensales. Naturalmente ponga también mi nombre en la lista de los incitados; yo ya lo he hecho, mi lugar está en el patíbulo como todos los demás. Soy, debo ser considerado un imputado. Que colabora pero no para que le reduzcan la pena. No puede haber reducciones, porque no hay condena. Ése es precisamente el infierno de todo eso; la amnistía general, la absolución antes del proceso, el no ha lugar."
Calificación: *****/*****
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