8 de enero de 2016

Oráculo manual y arte de prudencia

Oráculo manual y arte de prudenciaBaltasar GraciánCátedra,  2013
Edición de Emilio Blanco
"21. Arte para ser dichoso. Reglas ai de ventura, que no toda es acasos para el sabio; puede ser ayudada de la industria. Conténtanse algunos con ponerse de buen aire a las puertas de la fortuna y esperan a que ella obre. Mejor otros, passan delante y válense de la cuerda audacia, que en alas de su virtud y valor puede dar alcançe a la dicha, y lisonjearla eficazmente. Pero, bien filosofado, no ai otro arbitrio sino el de la virtud y atención, porque no ai más dicha ni más desdicha que prudencia o imprudencia."
Como es evidente, el origen de este blog fue la inclusión de esas formas abiertas del pensamiento que pretenden mover a la reflexión -"destellos" fue el concepto que manejé en su día-; por supuesto, eran y son lectura grata a este lector los diversos volúmenes de aforismos, prioritariamente de los llamados moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII pero también otros escritores del género. 
"50. Nunca perderse el respeto a sí mismo. Ni se roze consigo a solas. Sea su misma entereza norma propia de su rectitud, y deva más a la severidad de su dictamen que a todos  los extrínsecos preceptos. Dexe de hazer lo indecente más por el temor de su cordura que por el rigor de la agena autoridad. Llegue a temerse, y no necesitará del ayo imaginario de Séneca." 
Era, por tanto, inevitable que apareciera en estas páginas la primera contribución en castellano a la literatura aforística, anterior a la mayoría de los citados y casi un siglo posterior al primer escritor reconocido que hizo de sus opiniones las protagonistas de su obra -y a cuya memoria está dedicada esta bitácora-.
"82. Nunca apurar, ni el mal, ni el bien. A la moderación en todo reduxo la sabiduría toda un sabio. El sumo derecho se haze tuerto, y la naranja que mucho se estruja llega a dar lo amargo. Aun en la fruición nunca se ha de llegar a los extremos. El mismo ingenio se agota si se apura, y sacará sangre por leche el que esquilmare a lo tirano." 
Gracián era jesuita y, como consecuencia, es lógico que algunos aforismos remitan a consideraciones propias de la orden; sin embargo, lo que no es tan sensato, teniendo en cuenta el poder de los jesuitas en el seno de la Iglesia ya en esos años -la revolución contrarreformista de Ignacio de Loyola era muy reciente-, es que no abunden las referencias a la Doctrina General de la Iglesia ni a la Teología, sacrificando esta orientación en beneficio de, y en este punto es donde hace falta valorar la aportación graciana, la experiencia y del sentido común, sumando a todo ello la aportación de y reconocimiento a los clásicos griegos y latinos, particularmente de Séneca, un pensador que ha sido con igual intensidad amado y odiado por el stablishment católico a lo largo de la Historia.  
"105. No cansar. Suele ser pessado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisongera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos vezes bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas essencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras vezes entendido, no tanto en lo material de la disposición quanto en lo formal del discurso. Ai hombres que sirven más de embaraço que de adorno del universo, alajas perdidas que todos las desvían. Escuse el Discreto el embaraçar, y mucho menos agrandes personajes, que viven mui ocupados, y sería peor desazonaruno dellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dize presto."
Alejado también de la retórica escolástica -los aforismos serían, de este modo, pensamientos a los que se ha extraído la carga retórica y se han dejado en su mínima expresión-, Gracián sacrifica la utilidad e incluso la comprensión -un acierto evidente de la edición comentada es la imprescindible adición de notas al pie- a la adecuación a su estilo; no dirige, pues, el Oráculo a la generalidad de la población sino a un público cultivado que pueda interpretar, más que descifrar, el contenido de sus aforismos; que, de hecho, no serían otra cosa que la formulación en su esencia de un sistema de pensamiento cuyo objetivo no es el conocimiento abstracto ni especulativo -la sabiduría-, sino la plasmación de un manual, en el sentido de resumen, práctico de vida.
"137. Bástese a sí mismo el sabio. Él se era todas sus cosas, y llevándose a sí de llebava todo. Si un amigo universal basta hazer Roma y todo lo restante del Universo, séase uno esse amigo de sí proprio, y podrá vivirse a solas. ¿Quién le podrá hazer falta si no ai ni mayor concepto ni mayor gusto que el suyo? Dependerá de sí solo, que es felicidad suma semejar a la entidad suma. El que puede passar assí a solas, nada tendrá de bruto, sino mucho de sabio y todo de Dios."
Entre las aportaciones más curiosas, teniendo en cuenta la viveza del debate sobre ambas transcurridos cinco siglos desde la publicación del Oráculo, y por escoger solamente dos, la prevalencia del Arte sobre la Naturaleza y la aseveración de que la virtud a promover es, por encima de las demás -incluso las teologales- la prudencia entendida como templanza, imprescindible como condición preferente para la búsqueda y posterior adquisición de cualquier tipo de conocimiento.
"176. Saber, o escuchar a quien sabe. Sin entendimiento no se puede vivir, o proprio o prestado; pero ai muchos que ignoran que no saben y otros que piensan que saben, no sabiendo. Achaques de necedad son irremediables, que como los ignorantes no se conocen, tampoco buscan lo que les falta. Serían sabios algunos si no creyessen que lo son. Con esto, aunque son raros los oráculos de cordura, viven ociosos, porque nadie los consulta. No disminuye la grandeza, ni contradize a la capacidad, el aconsejarse. Antes, el aconsejarse bien la acredita. Debata en la razón para que no le combara la desdicha."
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