26 de junio de 2015

Los viernes en Enrico's

Los viernes en Enrico'sDon CarpenterJonathan LethemSexto Piso, 2015
Traducción de Javier Guerrero
Inciso: 
"Kenny estaba leyendo Ulises por tercera vez, y pensaba que era la mejor novela que se había escrito en inglés. Marty sólo había leído partes y sentía que era extraña, un irlandés tratando de escribir sobre un judío desde dentro.
-En sencillamente imposible -sostuvo. 
Charlie había leído el libro y disfrutado de lo que podía entender. Pensó en la increíble vida de James Joyce. La ceguera. El dolor. El exilio. El sufrimiento.
-James Joyce está muerto -dijo finalmente, y lágrimas calientes corrieron por sus mejillas."  
San Francisco y Portland, años 50 del siglo pasado. Cuatro aspirantes a escritor cruzan sus vidas: Charlie, veterano de la guerra de Corea, personifica la eterna promesa, el modelo de escritor dotado y destinado a grandes hazañas literarias que consigue una beca de escritura para terminar una novela al mismo tiempo que consigue su licenciatura. Jaime, su esposa, también desea ser escritora, pero un hondo sentimiento de inferioridad con respecto a las presuntas capacidades de su marido y el nacimiento de una hija la incapacitan para decidirse a escribir. Dick acaba de alcanzar el éxito cuando Playboy le publica un relato, pero ese mismo éxito, y el miedo a no perder el nivel mostrado, le hacen dudar -interiormente, porque exteriormente es la imagen de la autoconfianza- de su capacidad y de su supuesto talento. Y Stan, un asaltante de casas sin ninguna preparación académica que asiste a las clases de escritura creativa de Charlie, descubre su vocación literaria mientras cumple condena por robo, y parece que es el único consciente de sus limitaciones, de que solamente puede escribir acerca de lo que le ha ocurrido.
"[...] sentado en el borde de la cama con las once páginas en sus manos, reconoció una gran similitud entre robar y escribir. Ambos eran asuntos intensamente privados."
Con estos personajes prácticamente arquetípicos -y algunos personajes secundarios-, Carpenter especula con las cuestiones que son tan antiguas -y tan debatidas- como la propia escritura: la supuesta preeminencia de la inspiración -cualidades innatas, capacidades cultivadas- sobre el oficio -la vocación, el trabajo duro-, y sobre la argumentación de qué opción es mejor, o más deseable o más legítima. La envidia por las capacidades ajenas -y por el éxito, por supuesto-, que puede romper matrimonios, afectar negativamente a la amistad y provocar enfrentamientos difícilmente resolubles.
"Charlie sintió una vergonzosa envidia por la capacidad de Stan para capturar el lugar común, mientras que él se quedaba colgado en grandes ideas que nunca lograba plasmar bien."
 La legitimidad del egoísmo celoso -por si acaso ese compañero escritor que no ha alcanzado aun el éxito puede que sea mejor que uno mismo- o del desprendimiento condescendiente de "ofrecer ayuda" al menos dotado.
"Nada es tan puro como pensabas que sería de niño. Por ejemplo, la escritura. O el amor. O la amistad."
Muestra la cara menos literaria de la vida de los aspirantes a escritores y los obstáculos que ésta les presenta. Bucea en las distintas motivaciones de los protagonistas para escribir: para Stan, escribir representa la redención de una vida conflictiva, una forma de ganarse la vida sin tener que delinquir. Para Jaime es una necesidad, una obligación, aunque lo oculta como una forma de pasar el tiempo en las noches insomnes; no obstante, consigue publicar y cierto reconocimiento. Para Charlie es el objetivo de su vida, y reviste tanta importancia que el exceso de autoexigencia lo lleva a embarrancar en un perfeccionismo paralizante y a renunciar a la publicación de su manuscrito, toscamente editado, por una cuestión de principios. 
"No puedes pasarte diez años de tu vida escribiendo una novela sin dejar un montón de ti mismo en ella."
Para Dick, se trata simplemente de la adquisición de fama y dinero. Y para fama y dinero, está Hollywood, el verdadero Eldorado a mediados del siglo pasado, el lugar donde los dólares cambian de mano con una rapidez pasmosa, donde más fácil es hacer realidad los propios sueños -siempre por un módico precio, generalmente en forma de renuncia- pero también donde con más facilidad tienden a convertirse en pesadillas.

Carpenter escribe sin artificios, sin distracciones, con naturalidad y con la honestidad de quien tiene algo importante que contar y no quiere distraer con trucos de ilusionista; la recuperación de este Los viernes con Enrico's, completado con la admirable maestría -tanta, que es muy difícil rastrear su huella- que sólo es posible desde el más genuino homenaje por Jonathan Lethem, es una excelente noticia. 
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