19 de marzo de 2018

Las fronteras del significado

Las fronteras del significado. Tres charlas sobre música. Charles Rosen. Acantilado, 2018
Traducción de Francisco López Martín
"Comprender la música es creer que la comprendemos."
Charles Rosen, el músico e investigador norteamericano, especula acerca de la suposición  de que la música posea un significado, aunque no podamos desentrañarlo por más que la comprendamos, pero que no transmita necesariamente ningún mensaje más allá de procurarnos el placer de la escucha o de la interpretación. Comprender una música determinada, pues, no es tanto descifrar aquello que intenta comunicar como haber incorporado su forma en nuestro sistema de reconocimiento.

Los no profesionales -y, deseablemente, también ellos- sólo podemos comprender -o comprendemos  en mayor grado- a través del lenguaje de la tradición; sin embargo, de forma paradójica, la tradición es el criterio con menos autoridad para juzgar una obra musical -y, por extensión, cualquier obra de arte-.
"El efecto de la musicología en las interpretaciones suele consistir en alentar a los músicos más ambiciosos a convertirse en una molestia para el oyente."
La estupidez que ha llevado a enmendar algunas armonías del propio Beethoven -al que, una vez recluido bajo la calificación de clásico por la crítica, esta misma considera errores aquellos fragmentos que no pueden encuadrarse es esa clasificación- es un fenómeno del que es imprescindible huir.
"El intérprete tiene el deber moral de elegir la versión que le parezca musicalmente superior, al margen de las intenciones manifestadas por el compositor; asimismo, el pianista tiene la responsabilidad moral de tratar de convencerse de que el compositor sabía lo que hacía."
Rosen apunta también la idea de que la inmortalidad se alcanza cuando una obra trasciende la época para la que estaba destinada, el público o el entorno cultural, cuando sus características son valoradas por una época posterior en lugar de ser considerada anacrónica o superada, sea formal, sobre todo, o conceptualmente, todo ello en hábil combinación con cierto beneplácito del estamento cultural dominante y de una imperceptible predisposición del propio artista.

No hace falta -es más, actúa en su contra- explicar lo evidente cuando esto, por su propia naturaleza, a se muestra con suficiente claridad. Descifrar una partitura -lo evidente- no debería consistir en analizarla nota a nota sino en identificar -desvelar- las relaciones existentes entre ellas -lo dinámico-.
"El análisis más convincente no es el que esclarece lo esotérico, sino el que ilumina el lugar común. Nos ayuda a descubrir lo que aun no éramos conscientes de saber, saca a la superficie esa parte de la experiencia de la escucha de la que sólo teníamos una conciencia parcial."
Estupendo libro que, desde la brevedad y con los ejemplos suficientes, pone en la picota algunas de las convicciones a las que algunos aficionados, entre los que se encuentra este lector, y tal vez algún que otro profesional, podíamos sentirnos tentados a otorgar estatuto de incuestionables.
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