6 de marzo de 2017

No se desvanece

No se desvanece. Jim Dodge. Alpha Decay, 2017
Traducción de Ana Herrera
"El Cuarto Rey Mago entregó su regalo y desapareció."
El día 3 de febrero de 1959, una avioneta con destino a Moorhead, Minnesota, se estrelló, al poco de despegar, en un campo de maíz de Clear Lake, Iowa. En el aparato viajaban Buddy Holly, Ritche Valens y The Big Bopper, que fallecieron en el accidente.
"A long long time ago/ I can still remember how/ That music used to make me smile/ And I knew if I had my chance/ That I could make those people dance/ And maybe they'd be happy for a while/ But February made me shiver/ With every paper I'd deliver/ Bad news on the doorstep/ I couldn't take one more step/ I can't remember if I cried/ When I read about his widowed bride/ Something touched me deep inside/ The day the music died."
Ese accidente es el desencadenante de No se desvanece (Not Fade Away, 1987), anteriormente publicada por El Aleph Editores en 2007 con traducción de María Morés con el título de El Cadillac de Beep Bopper.


George Gastin, el protagonista de No se desvanece, es un individuo simple pero simpático, el tipo con el que irías a tomarte una cerveza -pero sólo una- en uno de esos bares con rótulo luminoso interior de Bud, música country en directo y el catálogo completo de sudores humanos y animales. Hijo de un camionero y camionero él mismo, su inclinación por la velocidad y las anfetas le obligan a cambiar el camión por una grúa; una vez en San Francisco, consigue un buen curro y traba conocimiento con el ambiente jazzístico de la ciudad y con lo más granado de la generación beat, y completa su educación sentimental con una tórrida relación con una chica de ensueño. Pero lo importante es que se hace con otro "trabajo" para redondear el suelo: estrellar coches para que los propietarios cobren del seguro.

Sin embargo, George El Acelerado es un culo de mal asiento, incluso en el caso de que ese asiento sea tan cómodo como una mecedora en el porche: el moho de la costumbre se aferra a su vida y acaba malogrando la estabilidad conseguida tras duros esfuerzos de contención alcohólica y abstinencia sexual. El mundo parece correr hacia la degradación total: Kennedy ha sido asesinado, las drogas empiezan a cobrarse sus caros pejaes, el jazz está aletargado, el rock and roll parece haber desaparecido y los Beatles se están haciendo famosos en aquel lado del Atlántico.



Inmerso en ese imparable vaivén, George recibe el encargo de su vida: estrellar un Cadillac que debió pertenecer a The Big Bopper, una de las víctimas del accidente de 1959; pero ese no va a ser un encargo como los otros: la vena romántica de George prevalecerá sobre cualquier otra consideración, y tomará una decisión cuyo desarrollo es la parte central de la trama de No se desvanece. Quemando gasolina -y, a menudo, neumáticos-, George se enfrentará a la dificultad de encontrar un punto de equilibrio, un punto fijo que se sostenga por sí solo, a partir del cual realizar el encargo cumpliendo con lo pactado con el que se lo facilitó a la vez que consumando su homenaje al que estuvo a punto de ser propietario del Cadillac; un viaje que es un peregrinaje para cumplir una promesa autoimpuesta pero también un viaje de redención, un Pilgrim's Progress hacia una Ciudad Celestial escondida entre las plantas de un campo de maíz de la tierra de Beulah.


Como el Cristiano de Bunyan, George no realizará el trayecto solo. El viaje no son únicamente los kilómetros recorridos, son también las gentes que, sedentarias fuera de su lugar o nómadas en busca del suyo, se encuentra en su camino: un catálogo completo de tipos tan estrafalarios como él mismo, cada uno con su historia a cuestas, a cuál más descabellada, ávidos, como George mismo, de contársela a alguien y ansiosos por establecer relaciones que duren desde el lugar donde los han recogido hasta la ciudad más próxima, en la que tras una hamburguesa y unas cuantas cervezas, ya no se acordarán ni siquiera de su nombre y esperarán a otro coche que les lleve donde sea, pero siempre lejos, siempre más lejos: una esposa, con graves problemas de autoestima, abandonada en una caravana con sus dos hijos; un tipo que hace experimentos con la realidad; un reverendo charlatán en busca de nombre para su Iglesia; un viejo a quien los dioses, por teléfono, nombraron "el mejor vendedor ambulante del mundo"; una triple viuda a la que le desaparecen los maridos; una eremita que se ha retirado debajo de un risco; y, finalmente, su propia alma, que le hace la vida imposible replicando cualquier decisión que tome.

Imposible discernir qué barbaridades se deben a la locura de George, cuáles a los efectos del arsenal de estupefacientes que constituyen la parte principal de su equipaje, y cuáles corresponden a la naturalidad del estrambótico personaje; pero, en todo caso, un alocado road trip a través de la América profunda acompañado por el mejor rock and roll.


Calificación: ****/*****



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