27 de enero de 2017

Heliópolis

Heliópolis. Visión retrospectiva de una ciudad. Ernst Jünger. Página Indómita, 2016
Traducción de Marciano Villanueva
Deslumbrados por la riqueza de la que se ha considerado su obra maestra, los Diarios (Diario de guerraRadiaciones y Pasados los setenta), la obra de ficción de Ernst Jünger parece que ha sido relegada al círculo de los entendidos a pesar de que existe un gran número de títulos traducidos al castellano; en este grupo acaba de añadirse la edición de Heliópolis (Heliopolis. Rückblick auf eine Stadt, 1949), la más temprana de las grandes novelas del alemán.

Heliópolis. Visión retrospectiva de una ciudad es una novela-utopía que sitúa la acción en una sociedad tecnificada regida por el determinismo materialista y fundada en la estadística. El poder supremo es ejercido en forma monárquica por el Regente y, una vez eliminadas las guerras tal como las concebimos, los conflictos se limitan a acotadas querellas regionales. Este poder es ejercido con mano férrea y basado en la racionalidad y la ciencia; los seres humanos son eslabones en la cadena de la evolución, y es preciso dirigir la investigación hacia el destino de poder formular y aplicar una teoría del todo. La civilización, gracias a la técnica, se ha expandido a otros planetas, ha creado una sociedad intrínsecamente perfecta y ha efectuado un salto evolutivo que ha comportado un verdadero cambio de época. En aras del progreso y para luchar contra cualquier intento de regresión, se justifica la violencia y se dirigen los disturbios, con vistas a una pacificación que se considera un logro de orden superior, como factores de descompresión en épocas de revueltas; esa violencia es usada como método de control de la disidencia pero también como justificación de la represión; en ambos casos, se trata de un método de recurso fácil y eficiente.

Esta situación de aparente equilibrio se sustenta en la existencia de dos contrapoderes de naturaleza diametralmente opuesta: La Oficina Central, comandada por el Prefecto, representante de la vieja política popular, encarna a la burocracia, al sistema y a la prevalencia del orden jerárquico sobre cualquier otra consideración; y el Palacio, regido por el Procónsul, que recoge la tradición aristocrática y del valor del esfuerzo y la dedicación, es la sede de la tolerancia, en la que el arte y la cultura tienen un papel fundamental.
"[La Oficina Central] quiere elevar a la categoría de Estado una colectividad ahistórica; [el Palacio] busca un orden histórico, la libertad del hombre, de su esencia, de su espíritu y de su propiedad, y quiere al Estado en la medida en que es necesario para la defensa de estos bienes [...]. [El Prefecto] se ve obligado a nivelar., atomizar e igualar el potencial humano, en el cual debe prevalecer un orden abstracto, y busca la perfección técnica; [para el Procónsul] quien ha de dominar es el hombre, y lo que se busca es la perfección humana. [El Prefecto] quiere una superioridad técnica, pero la búsqueda de especialistas desemboca necesariamente en tipos atrofiados; la elección recae sobre aquellos en quienes el impulso técnico encuentra la mínima resistencia; y así, en el terreno práctico [...], se da una mezcla de autómatas y criminales inteligentes. [El Procónsul] se propone la formación de una nueva élite [...]; es un propósito más difícil, pero abarca al hombre en su totalidad [...]; el él se conservan intactos los principios aristocráticos, pero también los democráticos."
Heliópolis trasciende la ciencia-ficción para situarse entre las utopías de contenido más filosófico que científico y/o especulativo; en su concepción y en su relato recuerda insistentemente a la tradición que, inaugurada y bautizada por Thomas Moore, alcanzó su edad de oro en el siglo XVIII. Un libro imprescindible para los lectores que busquen en la literatura algo más que evasión.

Calificación: ****/*****
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