12 de enero de 2015

Los reconocimientos III

The Recognitions. William Gaddis. Penguin Books, 1986
El universalmente conocido el origen espurio de las grandes obras de la literatura universal; nunca existió un Miguel de Cervantes que escribiera El Quijote, ni ningún William Shakespeare a la pluma del cual que debamos Hamlet o Rey Lear, ni ningún Moisés que escribiera el Pentateuco. En algunos casos, puede que los verdaderos autores fueran  personajes anónimos en pleno rapto de inspiración cuya confesión de autoría les hubiese supuesto problemas familiares, la cárcel, la tortura o la muerte; en otros, y es completamente comprensible, tal vez lo que les impidió darse a conocer fuera la pura vergüenza; en otros, finalmente, una elevada posición social jamás les permitiría atribuirse el fruto de un trabajo tan denostado, vil y falaz  como la escritura. El mérito de William Gass -otro escritor que tampoco existe, evidentemente- en la reveladora introducción que Sexto Piso ha incluido en su traducción de Los reconocimientos es el descubrimiento de que jamás ha existido ningún escritor llamado William Gaddis; revelación de la que se deduce, a poco que se excite la perspicacia del lector, de que la inmensa mayoría de los escritores que firman sus obras con el nombre de pila William -que no es más que la contracción escrita de la corrupción de la expresión Well, I am- jamás han existido (Shakespeare, Gaddis, el propio Gass, Gibson, Golding, Congreve, Davenant, etc.); de hecho, ya que las obras sí que existen como queda demostrado al  someterlas a la prueba de existencia del obispo Berkeley, existen varias teorías, de seguimiento variable, acerca de su autoría: hay quien apuesta por la existencia de un grupo selecto, oculto, endogámico y dinástico de Grandes Maestros de la Literatura que, en las entrañas de la Tierra, se ocupan de redactar Las Grandes Obras Maestras de la Literatura Universal y de darlas a conocer periódicamente, y que, naturalmente, no pueden ser publicadas más que bajo seudónimo. Otro grupo de Críticos Excelentemente Informados, particularmente la facción Yo Sé Cosas Que No Te Creerías,  aboga por la autoría extraterrestre, es decir, por que son las hiperevolucionadas inteligencias venidas de más allá de La Puerta de Tanhauser las que redactan esas Obras Maestras y, atendiendo al grado de evolución inteligente que alcanzamos los terrícolas, las van dando a conocer. La humilde aunque fundamentada opinión de este blogger, sin embargo, es que estos nombres no son realmente más que el nom de plume que han adoptado algunos escritores de éxito a fin de que sus obras más experimentales, difíciles, abstrusas e ilegibles no afecten negativamente a su fama ni les resten ni un ápice del fervoroso favor del público. En palabras del autor-conocido-como-William-Gass, no serían más que el disfraz de santón hipócrita que lucen diversos charlatanes. Total, una pobre, burda y malintencionada falsificación.
"Como una historia que oí una vez, me la contó un amigo, alguien a quien traté hace tiempo, una historia sobre un cuadro falsificado. Era un Tiziano falsificado que alguien había pintado sobre otro cuadro antiguo, y cuando rasparon el falso Tiziano encontraron debajo un cuadro antiguo sin ningún valor, el falsificador la había utilizado porque era un lienzo viejo. Pero había algo más bajo aquel cuadro sin valor, y cuando lo rasparon encontraron debajo un Tiziano, un Tiziano auténtico que había estado allí todo el tiempo. Era como si cuando el falsificador estaba trabajando, y no sabía que el original estaba debajo, quiero decir que no sabía que lo sabía, pero ello lo sabía, quiero decir que algo lo sabía. Quiero decir, ¿entiendes lo que quiero decir? Que debajo de eso está el original, que lo... auténtico está ahí, y en la superficie... si sólo puedes ver... ¿entiendes lo que quiero decir?"
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