23 de julio de 2018

Huida en la noche

Huida en la noche. Emmanuel Bove. Editorial Pasos Perdidos, 2017
Traducción de Mercedes Noriega Bosch
Las situaciones complejas, aquellas en las que incluso la propia vida puede hallarse  comprometida, suelen provocar relaciones de complicidad que raramente se darían en la cotidianidad; la comunidad de sufrimiento es un aliciente para facilitarlas, pero también, quizá en mayor medida, la búsqueda de copartícipes que hagan posible la evitación de esa excepcionalidad. 

Pero ese compañerismo destinado a alcanzar un determinado objetivo suele ser demasiado finalista, intencional, y su fragilidad se pone de manifiesto en cuanto existe alguna disparidad, por leve que sea, relativa al proceso. El común acuerdo que había suscitado la búsqueda del objetivo final se hace trizas en cuanto surge la primera diferencia, convirtiendo a los antiguos cómplices en enemigos declarados.

Después de algún intento fallido de evasión provocado por las actitudes insolidarias de algunos presos, las primeras brechas en el edificio de la determinación debidas a diferencias personales sin relación alguna con el objetivo final, un grupo de prisioneros franceses consigue escapar de un campo de concentración alemán con la idea de volver, por sus propios medios, a su país.
"Ahora, en el momento de actual, saltaba a la vista que lo que contaba, lo que tenía un valor real, no era lo que estaba al alcance de todos, sino la determinación más firme y la inquebrantable voluntad de arriesgar la vida antes que fracasar. Al cabo de unos minutos comprendimos que nos faltaba esa voluntad."
Pero una vez alcanzado el primero de los objetivos, en el comienzo de su huida hacia Francia, una situación en la que la solidaridad debería ser la conducta más eficiente por encontrarse todos con una meta común, es cuando surgen las primeras diferencias, las incipientes pugnas por el poder y las rencillas personales, algunas derivadas de sucesos ocurridos durante su reclusión, otras provocadas por la tensión por hallarse en terreno enemigo y los peligros derivados de ese hecho. Y al mismo tiempo que se rompe la unanimidad, afloran la desconfianza y los recelos, los intentos de abandono y las tentaciones de traición, sumando a la dificultad de la tarea la vigilancia de cada uno de los huidos, el intento de no caer bajo el pesimismo de los pusilánimes ni el ansia de los descerebrados evitando, al mismo tiempo, la cobardía de los traidores.
"Pensé que subirnos a un árbol para vigilar los alrededores sería una buena medida de seguridad, pero mis camaradas no acogieron demasiado bien la idea por considerarla exagerada. Respondí que nada era exagerado cuando se trataba de defender nuestra vida y nuestra libertad. Se encogieron de hombros. Es verdad. Incluso cuando nuestra vida está en juego, no somos demasiado exigentes. Me acordaba de aquel soldado gravemente herido en una calle de Amiens. Si se hubiesen dado prisa quizá habrían podido salvarlo. Pero no pudieron darse prisa. La gente corría de un lado a otro y siempre surgía algún pequeño incidente, algún contratiempo que les entretenía más de la cuenta. Aquí, en este descampado, pasaba lo mismo. Todos queríamos tomar precauciones, aprovechar al máximo todas las oportunidades, pero siempre había algo que nos lo impedía."
La elección correcta a cada momento, por fuerza escogida entre la temeridad de los inconscientes y la paranoia de los eternamente indecisos, no implica garantía de éxito, y menos cuando la decisión debe ser consensuada por un grupo numeroso con elementos incapaces de sopesar las dificultades y las ventajas de las opciones que se plantean. Ante esa situación, lo más común es que aparezca la figura del líder, alguien que tome una decisión, y que los incapaces de arriesgarse la apoyen, no en función de su conveniencia sino por el simple hecho de rehusar la obligación de arriesgarse.
"Las privaciones y el cansancio empezaban a hacer mella en nosotros. Cada vez estábamos más divididos. Unos se arrepentían de haberse fugado. Los había que pretendían entrar en la primera granja que encontrásemos sin preocuparse de lo que pudiera pasar. Otros deseaban probar suerte en solitario. Otros se negaban porque preferían que no nos separásemos y que corriésemos la misma suerte. Durutte y Momot pensaban en algo mucho más drástico: parar un coche, echar al conductor y salir pitando sin mirar atrás. Roberjack nos suplicaba que tuviésemos paciencia. "Pronto llegaremos a Grigau, pronto llegaremos a Grigau", repetía sin cesar."
Pero tal vez, sin que ello suponga restar importancia a los peligros objetivos, y a pesar de que la meta sea común y no haya perdido ni un ápice de importancia, el mecanismo que puede afectar de una forma más efectiva a la complicidad colectiva, incluso hasta llegar a provocar su destrucción, es la sospecha por las motivaciones inconfesables de aquellos elementos en quienes recae -aunque esa atribución contara con la unanimidad inicial del grupo- el poder de decisión. Y más aún cuando cualquier opción alternativa levanta, a su vez, la misma desconfianza; y que aquellos que ven sospechosa cualquier decisión son incapaces de aportar ninguna alternativa.
"Reanudamos la marcha. Por supuesto, yo seguía decidido a darles esquinazo a la menor oportunidad. Me sentía como un  prisionero. Tenía la clara impresión de que todo el mundo sabía dónde estaba Durutte, que me habían tendido una trampa, que nos detendrían a todos al despuntar el día, pero que a mis compañeros les habían garantizado que no sufrirían ningún tipo de represalia. Me habían traicionado para salvarse. Ese era el motivo por el que no habían querido perder el tiempo en búsquedas innecesarias, precisamente ellos, que eran tan susceptibles cuando de solidaridad se trataba."
El otro peligro, inevitable cuando la situación excepcional se prolonga, es el de la deserción. Es cierto que el hecho de abandonar el grupo y, por lo tanto, reducir su número, favorecería la homogeneidad  de los que se quedan, pero provoca dos acontecimientos que pueden socavarla: la búsqueda de la oportunidad para desertar de cualquiera de esos y la sospecha por la conducta posterior de los desertores.
"Me di cuenta de que, en efecto, estaba llevando un poco lejos la prudencia. Por muy necesaria que esta sea, hay que saber asumir ciertos riesgos por razones tales como la camaradería, o la buena impresión que queremos dar de nosotros mismos, aunque en el fondo de nuestros corazones, dichas razones no tengan demasiado peso en comparación con nuestra propia vida. Me sentía un poco avergonzado. Estaba arrepentido de lo que había dicho, sobre todo porque el estupor de mis compañeros era absolutamente sincero. No entendían que se pudiese carecer hasta ese punto de espíritu de solidaridad. Si por cualquier razón Bisson no hubiese regresado, lejos de esconderse o de salir corriendo, ellos, por el contrario, habrían acudido en su auxilio, porque en ningún caso habrían imaginado una traición, sino un acto de violencia perpetrado contra uno de nosotros."
La única forma de huir con garantías de los peligros inherentes a la evasión en grupo, un conjunto heterogéneo de hombres a quienes solo une, si caso, un objetivo común, es abandonarlo y seguir solo. Pero esta opción tampoco está exenta de riesgo: el desánimo, que puede llegar a la desesperación; el silencio, compañero infatigable; y cierta sensación de culpa, a medida que se acerca el objetivo sin ningún contratiempo, por haber abandonado a los compañeros de fuga.

Emmanuel Bove, un autor redescubierto a finales del siglo pasado y visitante asiduo de este blog, es poseedor de una prosa transparente cuya simplicidad, esquematismo y falta de artificio parecen acercar a la verdad; en algunas de sus novelas, como es el caso de esta Huida en la noche (Départ dans la nuit, 1945), una de sus últimas producciones, la presencia de un narrador en primera persona realza y acentúa un realismo ejemplar.

Calificación: ****/*****
Otros recursos relativos al autor en este blog:
Henri Duchemin y sus sombrasEmmanuel BoveHermida Editores, 2016
Bécon-les-Bruyères. Emmanuel Bove, Editorial Minúscula, 2011
ArmandEmmanuel BoveHermida Editores, 2017
La trampa. Emmanuel Bove, Pasos Perdidos Barataria, 2011
Mis amigos. Emmanuel Bove. Editorial Pre-Textos, 2003
Un padre y su hija. Emmanuel Bove. Hermida Editores, 2018
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