8 de septiembre de 2015

Un paraguas

Un paraguas. Will Self. Editorial Siruela, 2014
Traducción de Daniel Gascón
"I Think Im Sophisticated
Cos Im Living My Life Like A Good Homosapiens
But All Around Me Everybodys Multiplying
And Theyre Walking Round Like Flies Man.
So Im No Better Than The Animals Sitting
In Their Cages In The Zoo Man
Cos Compared To The Flowers And The Birds And The Trees,
I Am An Apeman."

ApemanThe Kinks, 1970

Un psiquiatra retirado recuerda la época en que conoció a una paciente aquejada de encefalitis, al mismo tiempo que ésta, súbitamente despertada de un sueño de más de cincuenta años,  se remonta a su pasado, en plena I Guerra Mundial. Acompañado del calipso de The Kinks, Zack Busner, hace su entrada en el Friern Hospital. Zack es un psiquiatra heterodoxo, partidario de tratamientos alternativos en una época, a principios de los años 70 del siglo pasado, en que David Cooper acababa de asentar el paradigma "antipsiquiátrico" pero en la cual la psiquiatría clásica era todavía la pauta en los sórdidos manicomios, más un aparcamiento -y apartamiento- para locos que un hospital, anclada todavía en los viejos y inefectivos métodos. La novela se Self, Un paraguas (Umbrella, 2012) se centra en un tratamiento revolucionario que Zack administra a una serie de enfermos, en sus efectos y en sus consecuencias para la vida de los pacientes: 
"El hospital alteraba su propia estructura celular a fin de crear nuevas morfologías para nuevas patologías que debían ser diagnosticadas por psiquiatras acreditados por nuevas asociaciones profesionales."
¿Cómo conviven las dos realidades, la de los médicos, estable y racional, y la de los enfermos, inconstante y alterada? ¿Puede que una de ellas influya sobre las otras? ¿Cuál sobre cuál y en qué sentido? ¿Con qué resultados? ¿Cómo quedan afectadas ambas? ¿Son sus diferencias estructurales las que dificultan la comunicación, o es que "vibran" con frecuencias diferentes?

En un constante juego de espejos, Self propone el paralelismo de las vidas de la paciente protagonista -antigua empleada en una fábrica de paraguas- y la del propio psiquiatra, y ante la imposibilidad de hacerlo de manera explícita -Audrey ha estado cincuenta años inconsciente, y Zack un período parecido de tiempo del que no sabemos nada-, lo materializa con los recuerdos: el repaso al pasado familiar de la paciente -pero solamente de sus años de infancia y adolescencia-, complementado por el recuerdo de sus dos hermanos, Stanley y Albert, es enfrentado al que lleva a cabo Zack del suyo propio.
"Así es como pasan las cosas: los paraguas nunca se obtienen por contrato, sólo se adquieren misteriosamente, para resultar fugazmente útiles, luego molestos y difíciles de manejar an tes de ser extraviados. Y extraviarlos es en sí un acto que se olvida, así que lo que realmente ocupa es el agujero en forma de paraguas donde solía haber uno."
Esa mezcla caótica de recuerdos pertenecientes a diferentes épocas pero ligados por un denominador común provocan un continuo extrañamiento en el lector, que debe esperar que vaya transcurriendo la acción para situarse. La omnipresente presencia de citas, canciones y otras expresiones ajenas a la escena acentúan ese extrañamiento, pero dotan a la novela de un ritmo peculiar que, una vez asumido, es altamente adictivo. Un paraguas es mucho más que una "novela de hospital": literariamente, es un experimento formal de profunda complejidad en el que la trama y sus diversas direcciones se acoplan por acumulación, pero también un complicado rompecabezas que obliga al lector a establecerse en una permanente alerta para poder seguir las andanzas de sus diversos protagonistas con un ritmo repetitivo y continuo de prolongadas descripciones, flujos de conciencia -recuerdos en primera persona- y fragmentos que se encabalgan indistinguiblemente unos sobre otros. Un paraguas es una novela exigente, para estómagos curtidos, ante la que este lector recomienda dejarse llevar por el ritmo de la prosa de Self, recorrer la mente de Audrey y correr con la de Zack, buscar los escasos puntos de luz que revelan el intrincado y zigzagueante camino, sortear las trampas, parar, retroceder y acometer el desafío hasta no-se-sabe-dónde, pero avanzar, avanzar, avanzar. Una propuesta altamente estimulante.



Fragmento de Un paraguas leído por Will Self en el British Council Literature Seminar 2015 en Berlín
Publicar un comentario