10 de julio de 2015

Johann Sebastian Bach. Una herencia obligatoria

Johann Sebastian Bach. Una herencia obligatoria. Paul Hindemith. Fundación Caja Madrid, 2006
Traducción y prólogo Luis Gago
Una anécdota. En otoño de 1748 Johann Sebastian Bach escribe una carta de agradecimiento a su primo Johann Elias Bach por un barril de vino que le había enviado, encomiándole a no repetir el regalo ya que entre el vino que se había "perdido" en el viaje y los gastos e impuestos que tuvo que sufragar a su recepción, el regalo le salió más caro que si hubiera comprado directamente el vino.

Doscientos años después de su muerte, Paul Hindemith, un compositor fundamental en la historia de la música del siglo XX, en un texto tan breve como completo, aboga por devolver a Bach al mundo al que pertenece, el de la música, ridiculizando la instrumentalización a que fue sometida su figura y su obra desde la política, la cultura y la misma música. El paradigma en el que Hindemith se apoya es que a ningún artista se le debe hacer responsable de sus epígonos, de sus hagiógrafos o de sus comentaristas, y que tanto las  influencias que afectaron a su producción como las que prestó a la posteridad deben rastrearse solamente a partir de su obra y únicamente en su campo artístico; de lo contrario, estamos juzgando a partir de interpretaciones, y esa limitación no es solamente injusta si no errónea.

Hindemith arremete contra la popularización que supone la edición moderna de la obra completa -la Bach Gesellschaft publicó la primera edición de la obra completa en 1899, y no fue hasta 1950 cuando Wolfgang Schmieder dio por acabado el catálogo, BWB- sin la reproducción simultánea del manuscrito-fuente, contra la intromisión de manuales supuestamente prácticos de ejecución -"que son recibidos como si fueran verdades eternas"-, y contra la hagiografía que ha provocado una visión del compositor más como una estatua que como un ser vivo. 

Analiza también "la conjetura del sintetizador", la eterna e inútil discusión acerca del uso por parte del compositor de los recursos actuales si los hubiese tenido a su alcance, concluyendo que seguro que lo habría hecho, pero no con la música que compuso -adecuada a su época pero también a los recursos de que disponía-, si no con otra diferente, aunque, seguro, igual de maravillosa (bueno, esta última frase no la dice Hindemith, esd aportación personal de quien escribe). Y no sólo eso: Hindemith, recordemos que en 1950, cuando la interpretación con criterios históricos apenas existía, aboga por la recuperación de los instrumentos originales y los diapasones de la época si lo que queremos es oír la música de Bach tal como la compuso.

Si bien Hindemith considera todo lo expuesto como transcendental a la hora de valorar el legado del músico alemán, la herencia que legó a la posteridad y, como expresa el subtítulo de el presente panfleto, que debemos recoger, cuidar y legar en condiciones a las generaciones futuras, es su actitud con respecto a la vocación creadora, la herencia verdaderamente útil para la humanidad: saber -o ser capaz- de sobreponerse a la adversidad privada y profesional y a las corrientes dominantes para componer una obra personal cuya única limitación debe ser la altura de su genio.
"Esto es lo más valioso que hemos heredado con la musica de Bach: la visión hasta sus últimas consecuencias de la perfección al alcance del hombre; y el descubrimiento del camino que conduce hasta allí."
Para el músico, la obligación para con la herencia recibida es componer únicamente, en el sentidos del ethos musical de Bach, música justa. Para los no músicos, que la grandeza musical que representa Bach, nos sirva de faro y de símbolo respecto de nuestras aspiraciones, y el modelo para hacernos mejores.
"Si una música consiguiera encaminarnos con todo nuestro ser hacia la nobleza, habría llevado a cabo lo más grande. Si un compositor dominara su música hasta el punto de hacer posible tal grandeza, habría conseguido lo más alto. Bach lo ha conseguido."
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