31 de mayo de 2015

Lecturas de mayo

El cuaderno perdido. Evan Dara. Pálido Fuego, 2015
Traducción de José Luis Amores
Independientemente del tiempo narrativo del que se trate -hay novelas que tratan el tiempo de forma lineal; otras, mediante saltos hábilmente programados; otras, se fundan en el desorden; algunas, incluso, retroceden hacia el principio-, la lectura es un proceso serial, y la comprensión de un texto extenso funciona por acumulación: acompañando o más allá del acostumbrado vuelo lineal del planteamiento, nudo y desenlace -que puede enmascararse en multitud de formas-, los textos narrativos usuales siguen una dirección de atrás hacia adelante y, por acumulación o por complementariedad, cuentan una trama que es comprendida en este mismo sentido: nuestra comprensión de la trama va completándose a medida que avanzamos en la lectura: cada nuevo dato amplía nuestra comprensión en una sola dirección. Otros textos, sin embargo, funcionan justamente al revés: la comprensión del texto retrocede, es decir, ocurre de delante hacia atrás, las justificaciones anteceden a los hechos, los protagonistas se disuelven en la trama y el proceso se invierte; se requiere del lector una memoria prodigiosa, pues los hechos que se narran no pueden recordarse en relación a la historia ya que su justificación se difiere, en ocasiones, a cientos de páginas posteriores; una atención esmerada, pues cualquier anécdota aparentemente irrelevante puede adquirir un papel predominante páginas después; y una capacidad de análisis eminente para advertir aquellos nexos existentes entre los distintos fragmentos y recomponer, posteriormente, esa trama disuelta. La dificultad no es un mérito, pero esa extraña satisfacción que sentimos cuando logramos algo que ha requerido esfuerzo, a menudo, no tiene precio. Si quieren distraerse leyendo, busquen por ahí alguno de los numerosos y bien dotados premios literarios patrios; si lo que quieren es disfrutar, deberían ustedes leer El cuaderno perdido. Deberían.
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Cuentos completos. Kingsley Amis. Impedimenta, 2015
Traducción de Raquel Vicedo
A pesar de ser uno de los componentes más representativos del grupo de los angry young men -verdadera reacción popular a los excesos cursis, afectados y pedantes de los pijos de Bloomsbury-, con el componente de lo que ahora llamaríamos anti-sistema, Amis, en mayor medida que la mayoría de sus compañeros, es la materialización de la elegancia de estilo, es el Saville Road de la literatura inglesa de mediados del siglo XX. Crítico con el sistema sociopolítico de una Gran Bretaña cuyas heridas de guerra no cicatrizaron para todas las clases sociales con la misma rapidez, Amis es un maestro del cinismo: una postura que puede ser muy peligrosas en manos de un político -tanto, que debería desterrarse como opción en cualquier sistema democrático-, es, en cambio, un punto de vista muy aconsejable para el analista; para el escritor sobre temas políticos o especialmente preocupado, aunque sea indirectamente por ellos, y manejado con habilidad, puede convertirse en la opción más aconsejable y fructífera. Si a ello se añade la contención no tanto como recurso estilístico si no como opción moral, y uno se maneja con destreza en este terreno, el resultado es uno de los escritores mayores de las islas del siglo pasado. Amis no cuenta, explica; tal vez por esa razón sus escritos incluidos en este volumen no deberían llamarse cuentos si no relatos. Un libro imprescindible.
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