28 de octubre de 2014

Ostinato

Ostinato. Louis-René Des Forêts, Mercure de France,  1997
"Plantear mal la pregunta es una astucia para ponerse en la imposibilidad de responderla."
La autobiografía es un género tan delimitado que cualquier variación que afecte a un establecido cliché pone a la obra en la frontera de la ficción, de la autoficción, del diario, del cuaderno de notas o de lo que se quiera, aun entendiendo que cualquiera de esas alternativas no tienen por qué no incluirse en el propio género tomado, eso sí, en un sentido más laxo. Louis-René des Forêts, un influyente intelectual francés de referencia en los círculos cultos del país vecino, fue un escritor tan peculiar que redactó "su autobiografía", este Ostinato (Ostinato, fragments autobiographiques, 1997) en forma de fragmentos aparentemente inconexos -Mercure de France, su editor, lo ubica en su colección de poesía-, bajo dos paradigmas: la preponderancia del lenguaje -decir sin contar-, y la relevancia del objeto -autobiografía con vida pero sin protagonista-.
"La tercera persona para afirmarse contra el defecto de la primera. Es lo que fui, no lo que soy, que no tiene presencia real, a menos que uno vea allí el único y último recurso para descargarse de su propia persona. No, no es él ni yo, es el mundo el que habla, es su terrible belleza",
pero también:
"Quién sabe si el uso de la forma verbal del presente, así como la resignación en tercera persona no pertenecen simple y llanamente al dominio de la cobardía." 
¿Cómo se consigue eso? Des Forêts utiliza varios recursos, pero tal vez el principal es hacer uso de la enumeración: enumerando parece despojarse de la acción. También el tiempo verbal, en presente, aísla el contenido de cualquier referencia temporal; la práctica ausencia de descripción lo sitúan en un-no-lugar/todos-los-lugares. Así, una vez despojado de lo accesorio, sólo quedan las palabras, el lenguaje.
"Incendien el decorado, reduzcan ese decorado a cenizas, pisoteen esa ceniza con la misma indiferencia que el suelo que no es más que un osario en el que el ruido de nuestros pasos suena tan hueco como los huesos de los muertos."
La visión del exterior a sí mismo se siente como una amenaza ya que su característica principal es que no se puede controlar. La introspección, en cambio, adquiriría el papel de mecanismo de defensa, de protección, a medida en que avanza la edad, como si la experiencia dibujase una espiral de huida centrípeta, como queriendo recuperar la pureza perdida cuando se aprendió el uso del disimulo en la interacción con lo que está más allá de nuestro cuerpo. Cualquier conversación se convierte en un combate entre dos voluntades que deben acordar campo y armas, que deben reformar su estrategia después de cada movimiento del contrario y reajustar sus expectativas ante cada cambio de situación.
"Aquel que cumple la hazana de alimentarse de esperanzas, sabiéndolas quiméricas, ¿de qué no será capaz?"
Des Forêts aboga por la necesidad de articular un lenguaje propio porque tomando el lenguaje prestado es como si las experiencias que se relatan fueran también prestadas. Sin embargo, es imprescindible decir, porque el silencio puede llevar directamente al vacío y a la aniquilación.
"Le da el nombre de verdad a lo que está fuera de su alcance, como en los tiempos antiguos se divinizaban los astros porque se ignoraba su naturaleza."
Ante ese tiempo que parece recluido en un presente eterno, la única salvación es el lenguaje, la única manera de mantenernos vivos, flotando en esa corriente helada, de mantener a raya la superstición aprovechando los estallidos discrecionales de súbitos vislumbres de razón.

En definitiva, que no conclusión: no hay lugares más seguros que la muerte y el olvido:
"Ahora que los amigos dejaron la escena, en el ocaso de su vida, él se apresta a seguirlos; ahora el mundo no es más que un teatro de sombras donde él mismo hace ya su papel de fantasma, como impaciente por figurar antes de hora entre aquellos de los que sólo se habla en pasado, mientras las generaciones siguientes vienen a darle el golpe de gracia -el anonimato ancestral, el gran silencio del olvido."
Memoria en crudo y vivisección de un cerebro en funcionamiento, Ostinato es la demostración de que no todo está escrito ni todo está ya contado. Un desafío, sin duda, pero también un texto cuya digestión se extiende mucho más allá de su lectura y se recrea, fragmentaria pero insistentemente, en la mente del lector. Exigente. Espectacular.

Todo esto en cuanto al texto. Mi intención, como procuro siempre que se trata de la traducción de un libro francés de contenido exigente y en el que el lenguaje tiene un papel principal, era leer simultáneamente la edición original y la traducción, en este caso la que firma Hugo Savino, que ha editado Arena Libros y que debería figurar en el encabezamiento de este post; y no figura porque la traducción es nefasta, infame, una muestra incomprensible de la desidia y el desinterés, cuando no de la mala intención, de la displicencia o, directamente, de la ignorancia más vergonzosa. Por si fuera poco, la edición es absolutamente impresentable, con faltas de ortografía y desprecio absoluto de la gramática y de la sintaxis; jamás, si se siente algo de respeto hacia el lector, debería haber salido de la imprenta un engendro como ese. Mi consejo, después de ese intento, es que, si tienen la oportunidad, consigan un ejemplar de la edición francesa; es más, esa recomendación de la lectura que contiene la presente reseña NO se refiere a la traducción, si no pueden leerlo en francés, no la tengan en cuenta.
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