4 de octubre de 2012

Barrio perdido

Traducción de Adoración Elvira Rodríguez

"La vida es una sucesión de ciclos... y de vez en cuando uno regresa a la casilla de salida."

La presencia de Patrick Modiano en este blog es recurrente; es de agradecer que distintas editoriales de variado pelaje, de un tiempo a esta parte, hayan "redescubierto" (olvidando u obviando ese antiguo y anacrónico prejuicio hacia todo lo que venía del otro lado de los Pirineos) para los lectores en castellano a este autor fundamental en las letras francesas contemporáneas.

El lector que se acerque por primera vez a Modiano puede tener la sensación de que el francés escribe siempre la misma novela... Sus leit motiv, la memoria, el pasado, la ocupación, parecen confirmarlo; pero, después de profundizar un poco en sus obras, salvando la primera impresión, se descubre a un escritor polifacético (en sentido estricto) que, si acaso, mantiene a lo largo de su obra, y teniendo en cuenta la fecha de publicación de cada novela, pues la evolución es evidente, un tono característico que si, efectivamente,  le hace "reconocible", no por eso es menos magnífico.

No hace falta, sin embargo, tener en cuenta ese décalage temporal por lo que se refiere a Barrio perdido (Quartier perdu, 1985) a pesar de los veintitantos años desde su publicación. El Modiano que encontramos es un escritor en plena forma, el primera persona, que pone en escena a un narrador que es el protagonista principal de la acción- un narrador que habla en presente, tal vez para reforzar la distancia temporal entre la acción del relato y las raíces de todo lo que acontece-, un escritor de novelas policíacas que regresa a París, con la excusa de una cita con su editor, a encontrarse -o, mejor dicho, lugar común en los textos del frances, reencontrarse- con una identidad que embarrancó en la ciudad veinte años antes.

Pero el protagonista no es el único: también lo es la ciudad de París, un "personaje" que ha vivido esos veinte años de ausencia del narrador como un cerrado paréntesis, como un cultivo aislado en una placa de Petri, y que ha evolucionado según un guión impredecible, una versión en pleno Siglo XX de ese rio heraclitiano en el que no podemos bañarnos dos veces. 

"Por mucho que me lo pregunte, no sé por qué esta noche he encallado, solo, en esa ciudad indiferente donde no queda nada de nosotros."

Todo viaje a la ciudad natal es un viaje al pasado; aquellos edificios que ya no existen si no en el recuerdo son los desaparecidos acompañantes de un individuo que desapareció con ellos.

"Tomar tierra en el París de antaño. Visitar las ruinas y rebuscar entre ellas los vestigios de uno mismo. Intentar responder a las preguntas que quedaron pendientes."

El paso del tiempo afecta del mismo modo a la ciudad -por más que ésta no solamente envejezca, sino que, sobre todo, se transforme- que a la gente con la que nos relacionamos en el pasado; sólo el espejismo de la conciencia, esa falsa percepción de que nosotros somos el mismo ser inmóvil y eterno, nos engaña con la sensación de permanencia, como si el paso del tiempo nos fuera ajeno, no tuviera nada que ver con nosotros, como si fuéramos un roca incólume a salvo de todos los elementos.

El pasado no son únicamente edificios que han permanecido impávidos al transcurso del tiempo... El pasado es también ese lugar donde habitan los espectros de nuestros actos menos asumibles, las alternativas desechadas, los hechos suspendidos, todos esos fantasmas preparados para revivir y perseguirnos buscando saldar cuentas, atentos a un mínimo gesto para volver a por nosotros.

"De niña trabajó en una película de éxito, cuando yo también era un niño de su misma edad. Y ahora, sin solución de continuidad, me la encuentro convertida en una cuarentona, como si el tiempo nos hubiese aplastado a ambos en unos segundos."

En el pasado ocurrieron hechos en los que nos vimos involucrados cuyo significado quedó en suspenso, y sobre los que ya no podemos hacer averiguaciones porque quedaron presos en el tiempo -viajar al pasado es acudir a una cita con alguien que nunca vendrá, como dice el narrador-, como esos insectos prehistóricos encerrados en una gota de ámbar, y cuyas claves debemos buscar, sin no queremos incurrir en anacronía, volviendo al tiempo en que sucedieron... Como en esas teorías de los universos múltiples, no se puede traspasar de uno a otro pues cada uno configura un sistema de dimensiones propio e intercambiable.

"[...] Yo tengo que descender a un pozo a buscar algo, a tientas, entre aguas negras."

Una peregrinación hacia hechos que ocurrieron veinte años atrás, borrados intencionadamente de la memoria -el pasado puede ser un lastre cuyo peso ingente impide avanzar- en busca de una explicación o, mejor, con la intención de rectificar unos hechos cuya conclusión no nos satisface; un último acarreo de la roca de Sísifo -¿acaso no pensaría Sísifo que cada acarreo era el último? ¿Habría seguido empujando su tortura de no ser así?- con la esperanza de romper la maldición.

"[...] Se me vienen a la mente todos los detalles de aquella noche de hace veinte años."

Modiano es estilo desprovisto de ornamentos, frases medidas que cortan como un cuchillo, información imprescindible, sin demoras, precisa pero completa, que no rerquiere la imaginación del lector, que no esconde nada que el lector tenga que adivinar; diálogos sucintos de expresión casi lacónica que a menudo ofrecen más información del personaje que cualquier explicación que pudiera obrar el narrador; y esas descripciones abocetadas que consiguen, en su elementaridad, ofrecer, sorprendentemente, toda la información relevante,

"Los sauces llorones se inclinan sobre el agua verdosa y estanca. Barcas. Pontones medio podridos. Entejados. Olor a lodo cocido por el sol."

y un final espectacular, que da sentido a las doscientas quince páginas del volumen y quita -¿quita?- toda esperanza.

Como ha quedado dicho, Quartier perdu es un libro de 1984, y la bibliografía posterior de Patrick Modiano ha dado, con posterioridad, obras memorables, pero contiene ya todas sus obsesiones; Modiano temprano, pero Modiano cien por cien: un placer lector revisitarlo.
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