14 de noviembre de 2011

Contrapunto LXVIII

Saber burlarse de uno mismo es la condición imprescindible para que la burla a los demás sea legítima. En cuanto al menosprecio, en cambio, la correlación es la contraria: cuanto más me aprecio, más justificado me siento para menospreciar a los demás; es casi una cuestión de justicia... ética.
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