25 de mayo de 2026

Pierre Bergounioux. Carnet de notes 2021-2025 (II)

 

Los Carnets de notes, como la mayoría de la obra de Bergounioux —con honrosas excepciones—, no han merecido la atención del mundo editorial español; la única versión existente es una parcial que publicó la editorial Días Contados —Cuaderno de notas (Diario 1980-1985), traducido por Carlos Wenceslao Lozano, extraído del volumen Carnet de notes 1980-1990 (2006)— en 2015, y del que publiqué las correspondientes Notas de Lectura.

A continuación, traduzco algunas de las anotaciones del volumen; aparte del orden cronológico, las he agrupado bajo tres epígrafes: las que hacen referencia a la cotidianeidad, en las que Cathy, su compañera desde hace más de cincuenta años, aparece con frecuencia y siempre de forma sumamente favorable; las dedicadas a sus colegas escritores —la mayoría, presentes en este blog—; y, finalmente, tal vez las más confesionales, las que hacen referencia a su estado de salud, a su edad y a la proximidad de la muerte.

El día a día

Miércoles 6-1-2021

En Chartres, a primera hora de la tarde. El cielo, muy oscuro, invernal, pesa sobre la tierra, sobre el ánimo, también. Nieva en todas partes, en el sur del país, sobre todo, pero la región parisina queda al margen.


Miércoles 10-3-2021

Cathy regresa, entretanto, del instituto, discretamente, y se refugia en su despacho. Es ella. Todo vuelve a mí, y ante todo la imposibilidad, constatada desde el primer momento, de frecuentar su cercanía. Tengo catorce años. La más interesante de las muchachas atraviesa mi campo de visión y luego desaparece; que perezca el mundo antes que perderla.


Martes 26-4-2022

Cuando Cathy entreabre la puerta del despacho donde estoy trazando estas líneas, es una felicidad infinita. El pensamiento de que no volveré a verla me sume, por la noche, cuando me siento morir, en la desesperación. Habrían hecho falta numerosas vidas para agotar el encanto de su presencia. Pero hace cincuenta y nueve años que me crucé en su camino, y es mucho, mucho más de lo que cabe razonablemente esperar para los mortales.


Sábado 3-12-2022

À. Leygonie me ha pedido unas páginas sobre las razones que me llevaron, en su momento, a escribir. Evoco, una vez más, la indigencia, la relegación, el silencio de mi pequeña patria, la escolarización ampliada, prolongada de nuestra generación, el gusto repentino, la necesidad de tener una idea un poco más clara de nuestra condición, de nuestros destinos presentes y pasados.


Viernes 10-2-2023

He vivido, si es que esa es la palabra, en los libros, y me desconcierta cada vez la reaparición de lo real, de los vivos. Me parece volver, por un instante, de entre los muertos.


Lunes 31-7-2023

Cathy sale enseguida a podar, a escardar los abedules y los sauces, sobre todo. Yo termino, no sin esfuerzo, de recoger los hierros, barro someramente el taller, preparo mi equipaje. Hace muy buen tiempo. La paz del campo es absoluta, en esta víspera de agosto. Permanecemos largo rato, después de comer, la más bella, la mejor de las mujeres y yo, recapitulando los sesenta años que han pasado, no sé cómo, desde que los dioses me la presentaron. La veo aún surgir en el verano de 1963, y el resto de mi vida, hasta el final, queda instantánea e irrevocablemente sellado cuando todo apenas acaba de empezar y se me escapa casi por completo.


Viernes 22-9-2023

A fuerza de vivir eternamente recluido, entre los libros, he olvidado cómo es la vida social, la gente de toda edad y condición, el ruido, el tráfico, los escaparates. El cielo se ha despejado. El sol bajo de septiembre deslumbra, vuelve peligroso desplazarse.

Los colegas

Domingo 14-3-2021

Salimos a pasear pasando por el instituto, a pesar del viento frío, del cielo amenazador. François Bon, que ha visto el artículo sobre Michelet en Le Monde, me cuenta que contrajo el virus en otoño y que perdió a su madre. Nada ni nadie nos separa ya de la puerta de salida.


Jueves 18-3-2021

Me levanto a las seis y media. Abro Contemporains, de François Bon, una serie de artículos sobre los escritores de hoy, de los que ya había leído la mayoría; luego paso a Conversations avec Keith Richards. Al principio las tomo por reales, hasta que me asalta una duda, que se confirma en la última página: «Todo está inventado salvo Keith Richards».


Domingo 2-1-2022

Llama Jacques Réda. Teníamos que vernos en París, pero ha contraído la covid. Como había recibido las tres dosis, la enfermedad se queda en un fuerte resfriado.


Jueves 23-6-2022

François Bon llama a las cinco. Casi dos años ya sin vernos.


Jueves 27-10-2022

Me levanto a las siete menos diez. En el buzón de correo, tres fotos de Jean-Paul Michel, de 1965-1966. No consigo recuperar mi estado de ánimo de entonces. Uno se vuelve, con el tiempo, extraño a sí mismo. Recuerdo, sin embargo, que postulaba, ya entonces, que existía una versión aproximada de la vida.

Nuestras ideas podían, debían «ser proporcionales a los hechos», como dice Montesquieu, pero ni yo ni nadie, que yo sepa, a mi alrededor, era capaz de lograrlo. Ningún recuerdo que no estuviera manchado por el error, por la  ilusión, y eso fue, en ese mismo instante, una decepción, una pena que me habrían arruinado la existencia. El resto de mi vida ha transcurrido tratando de comprender lo que ocurrió, desde el principio, y por qué no lo comprendía. No habré vivido, si por ello se entiende aceptar lo dado, lo que uno es. La realidad, aquello que dábamos por sentado, que se presentaba como tal, no me convenía en absoluto, me resultaba insoportable la mayoría de las veces, y lo que me hablaba, lo que me emocionaba, parecía estar destinado solo a mí, por lo que, en realidad, no existía.

Me vi condenado a soportar cosas que, en el mejor de los casos, me eran indiferentes, cuando no muy desagradables, gentes cuyos procedimientos y pensamientos reprobaba, visiones que, con la mejor voluntad, no podía compartir.

Fueron los libros —es decir, las convulsiones sociales que marcaron aquella época, y de las que su aparición fue uno de sus efectos— los que me acarrearon esos desengaños, pero también alimentaron mi esperanza.

Eran quizá un centenar, en el nicho excavado en la pared del fondo del comedor, y ninguno de ellos tenía relación con el mundo exiguo que habitábamos, la vida austera que llevábamos, en una subprefectura de la periferia. Aún me veo sacándolos de la estantería, hojeando sus páginas con la vaga esperanza de que arrojaran alguna luz sobre la hora y el lugar, y devolviéndolos luego a su sitio, desengañado, resignado a que la explicación que daban de mundos lejanos o ya extinguidos nunca alcanzara al nuestro.

Si existía un comentario preciso sobre la vida que llevábamos, estaba exiliado en algún lugar desconocido o bien era una virtualidad a la que un oscuro sortilegio nos impedía el acceso.


Lunes 14-11-2022

Me dirijo a la Sorbona por la rue Saint-Jacques, bordeando, para ello, Louis-le-Grand y no puedo dejar de pensar que han pasado cincuenta años desde que llevé allí a Gaby. La sala de actos está muy cerca de la entrada. Jean-Paul Michel ya ha llegado y discute con los vigilantes, que cerrarán el acceso de la rue Saint-Jacques a las 18:45. Habría que avisar a los que lleguen tarde, invitarlos a entrar por la rue Cujas o la rue Victor-Cousin. Sí, pero está prohibido, por motivos poco claros, fijar cualquier escrito, y el responsable, alguien sumamente autoritario, según nos dicen, ya se ha marchado a casa. Jean-Paul: «Me da igual».  Mayo del 68 queda lejos. «Prohibido prohibir.» Francia sigue siendo, decididamente, «ese país en el que hasta la rata más insignificante está policialmente controlada».

Saludo a Karim Haouadeg, a Michel Collot, que sigue dirigiendo un seminario. Iré a visitarlo en 2023, si todavía estoy aquí. Jean-Paul expone su concepción del poema, recapitula su trayectoria de sesenta años, lee algunos textos. Llego a la estación de Luxembourg justo a tiempo. Llueve cuando me bajo en Courcelles, solo, sobre las nueve de la noche.


Miércoles 22-3-2023

Leo Les Deux Beune de P. Michon antes de volver a Voltaire.


Sábado 1-4-2023

Sigo con interés la conversación de Dominique Viart con Patrick Deville y Kaveri Srini, un investigador indio, especialista en inmunología, que habla con fluidez nuestra lengua por haber trabajado en el Instituto Pasteur. Luego hablo con Laurent Demanze. Sesión de firmas. Los estudiantes movilizados para el festival se preocupan por mi vieja persona, me traen «pasteles y bebida». Y aparece Marie-Hélène Lafon, risueña, animosa, la «energía auvernesa» hecha mujer.


Viernes 29-9-2023

Leo el libro de M.-H. Lafon sobre Cézanne.


Lunes 29-1-2024

Tomamos el tren de las dos menos cinco, hacemos transbordo en Saint-Michel, salimos en Musée-d’Orsay. ¿Cuándo fue mi última visita? Lo he olvidado. Colin Lemoine nos ha inscrito en la lista de los privilegiados que pueden visitar el lugar el lunes, día de cierre, lo que me incomoda. Somos unas dos o tres decenas de personas las que atravesamos la puerta de la rue de Lille. Se presenta el documento de identidad y no queda más que contemplar los Van Gogh expuestos en tres o cuatro amplias salas. La afluencia es tal, los días laborables, me han dicho, que resulta difícil ver nada. Saludo a Marie-Hélène Lafon, a quien Colin ha avisado de nuestra visita y que se ha desplazado hasta aquí.


Sábado 17-2-2024

Por una oscura y tenaz fatalidad, Marie-Claude B.-B. perdió, muy joven, a su marido en un accidente de coche, cuando las causas tradicionales de mortalidad —ahogamiento, tuberculosis, enfermedades tropicales— pertenecían ya al pasado. Pero, como su abuela Olga, estudió, se convirtió en profesora de economía en la universidad de Burdeos y, como Pierre Michon, ha resucitado esas vidas ínfimas.


Jueves 7-3-2024

Me pongo a leer las dos últimas publicaciones de Jean-Paul Michel, Injonctions et censures intimes des morts y Le Là de l’être-là. En ellas se erige en intérprete de nuestro próximo final, cuando, hace sesenta años, en Brive, celebraba nuestros despertares.


Lunes 30-9-2024

Un SMS de T. Bouchard me informa del fallecimiento de Jacques Réda. Nos conocíamos desde 1988. Durante treinta años me visitó con Jacques Borel y luego —después de 2002— sin él. Habíamos hablado de reencontrarnos en París, pero sus piernas ya no lo sostenían y yo, por mi parte, temía el viaje en RER hasta Gare du Nord. Pienso en él, con el corazón encogido. ¡Cuántos duelos, últimamente!


Martes 8-10-2024

A las dos, en el Père-Lachaise. Me duele la espalda y el empedrado irregular de los senderos no ayuda. Ha empezado a hacer calor. Es en la capilla central donde tiene lugar la ceremonia religiosa solicitada por Jacques [Réda]. Sus hijos están allí. Oficia un sacerdote: la paz, la vida eterna, la resurrección. ¡Cómo creer en semejantes fábulas!

Saludo a muchas personas conocidas que no había vuelto a ver desde hacía años, V. Pélissier y T. Bouchard, G. Ortlieb y T. Laget, A. Cerisier y A. Gallimard, a quien le digo que esperábamos unas palabras suyas. «Se hubiera podido creer que me estaba promocionando», me responde. Bien puedo replicarle que está por encima de eso. Me despido de unos y otros y emprendo, con esfuerzo, con dolor, el camino de regreso. Todo me sorprende, la gente, la vida, después de dos meses pasados limitándome a escribir y a leer en mi reducto.


Viernes 7-2-2025

En pie a las siete y media. No lograba conciliar el sueño. Termino Voyages de découvertes en Afrique, paso a un envío de livres pauvres de J.-M. Marchetti y empiezo J’écris l’Iliade de P. Michon.

El fin del camino

Martes 23-2-2021

Por la tarde, en la cantera de arena, por encima del Mérantaise. Hace muy buen tiempo. El viento del sur arrastra nubes como puñados de guata arrojados al azul. Me cuesta subir el sendero escarpado. El esfuerzo me oprime el corazón y me deja dolorido, maltrecho, al borde mismo del desmayo, hasta el final del día, con diez de tensión. Como Sarah y Jeanne insisten a toda costa en pescar, las llevamos hasta la zona de juegos, donde sumergen en el arroyo un hilo atado a un palo. Yo también conocí instantes parecidos, mágicos, en los comienzos del tiempo.


Lunes 17-5-2021

Sin vértigo ni náuseas, pero reaparece el dolor en la mano izquierda. Artrosis, sin duda. Aún no la conocía. Exploro el triste país de la edad.


Domingo 3-4-2022

Me levanto a las siete menos cuarto. Tiempo claro y frío. Leo junto al fuego. Una fórmula de Chateaubriand, sobre el sepulcro de Cristo: «El único que no se desvanecerá con el paso de los siglos». Doy vueltas a los sombríos pensamientos acordes con mi edad, recuerdo horas pasadas, más pobladas de muertos que de vivos.


Miércoles 9-11-2022

Me levanto a las seis y media. Tensión persistente. Desde hace meses tengo la oscura sensación de haber llegado al término de mi vida. Hace tanto tiempo que todo empezó. Casi toda mi antigua compañía ha desaparecido. Me demoro indebidamente.


Viernes 18-11-2022

Ensimismado, me di cuenta de que mis primeros recuerdos se borraban. El olvido se lleva consigo las impresiones muy vivas, muy intensas, que sin embargo habían permanecido durante mucho tiempo, desde los comienzos. Los seres, los hechos, los momentos han perdido la realidad de la que estaban revestidos y que habían conservado más allá del instante que habían ocupado. Carecen, desde ese momento, de consecuencias y, por tanto, de importancia, de consistencia. He tenido mi momento. Puedo marcharme ya, como ya lo ha hecho la mayor parte de mi mundo.


Viernes 24-3-2023

La edad está arrebatándome la vida mientras aún estoy vivo. La veo desde fuera, como un espectador; ya no comprendo los entusiasmos, los arrebatos que llenaron los años. Supongo que así debe ser cuando uno ya ha vivido su tiempo, ha acabado por hacer, más o menos, lo que quería y el final puede sobrevenir en cualquier momento.


Sábado 22-7-2023

En pie a las siete menos diez. Hace un mes ya que estamos aquí y no puedo evitar pensar que este podría ser mi última estancia en la tierra natal. Puedo morir en cualquier momento, reunirme con los que me han precedido en este lugar. Ha llegado la hora.


Viernes 22-12-2023

Me entero, incidentalmente, del fallecimiento de un compañero de la escuela primaria. Hacía quizá sesenta años que nos habíamos perdido de vista y me invade el espanto al sondear el abismo que el tiempo ha cavado desde entonces. Los recuerdos de aquella época me parecen pertenecer a un tercero. Llego casi a dudar de mi propia existencia. Marie-Christine —Sœurette—, con quien hablé ayer por teléfono, me decía sentirse presa del terror al recordar ciertos días muy lejanos y la proximidad, ahora, la eventualidad, en todo momento, del final.


Domingo 25-5-2025

A las dos, en Versalles, bajo un aguacero. Al llegar allí, me encuentro de repente mal, a punto de desmayarme, de morir quizá, como me ha ocurrido innumerables veces desde hace casi veinte años. Experimentaré hasta la noche una sensación, muy angustiosa, de pesadez y debilidad en la región del corazón.

Tengo setenta y seis años.


Sábado 27-9-2025

No sin cierta aprensión emprendo el camino de regreso. Ha salido el sol, pero el corazón me duele, y también las piernas. Siento mareos, floto y me pregunto, sombríamente, por momentos, si no acabaré sobre el duro pavimento de París. Tomo el RER hasta Denfert, la línea 4 hasta Porte d’Orléans, donde acabo por localizar los autobuses lanzadera. Una joven de origen africano me ofrece generosamente su asiento y, sin la menor vergüenza, lo acepto. Cansado. Esta mañana había sido un hombre joven, también negro, quien me había cedido su sitio.

Me hice el valiente y lo he pagado. Ya no me atrevo a imaginar la triste figura  que el tiempo, la edad me han dejado. Afortunadamente, no la veo.


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18 de mayo de 2026

Pierre Bergounioux. Carnet de Notes 2021-2025 (I)

 

Carnet de notes 2021-2025. Pierre Bergounioux. Éditions Verdier, 2026

Allá por 1980 la editorial Verdier se decidió a publicar los cuadernos de notas —según la leyenda, apócrifa, la editorial convenció al autor para que publicara «la recopilación completa de las necedades que había anotado en [sus] cuadernos secretos»; porque, en principio, esas «necedades» no estaban destinadas a su publicación— que redactaba, con la regularidad de un reloj, Pierre Bergounioux —no sé si existen cuadernos inéditos anteriores a esa fecha—. El último ejemplar publicado, que abarca el período entre los años 2021 y 2025, es el sexto volumen de anotaciones, teniendo en cuenta que los tres primeros contenían una década; a partir del cuarto, son quinquenales.

Bergounioux sigue fiel a la disciplina de escribir una anotación diaria —sistemática, cotidiana, rigurosa, fragmentaria, sobria— en la que, invariablemente, registra la hora en que se levanta y la meteorología; además, deja constancia de sus lecturas, de su escritura y de sus actividades y proyectos relacionados con ella —particularmente de las causettes, esos encuentros con amigos que son, a la vez, colegas de profesión—, y de su trabajo con el hierro, obviando, con alguna excepción —la invasión de Ucrania o alguna referencia a las elecciones legislativas—, cualquier comentario a los sucesos de orden público. Es cierto que puede achacársele una monotonía que puede llegar a ser irritante, pero tal vez la apuesta del autor no sea relatar acontecimientos, sino explorar hasta qué punto la vida más ordinaria puede convertirse en objeto literario, sean los días más hogareños en su residencia habitual en los alrededores de París o en los períodos vacacionales que pasa en su Corrèze natal.

Esa reiteración constante, invasiva, siempre con la misma fórmula al inicio de cada anotación, puede considerarse abusiva y su contenido irrelevante, pero es un modelo lícito cuando lo primero que reflejan, y con toda fidelidad, es la invariabilidad de las costumbres del autor, esas reglas de comportamiento, fijas hasta la obsesión,  que se impuso cuando era un chico de diecisiete años recluido en un internado. Ahora, ya adulto, es el Bergounioux escritor quien anota las entradas en su cuaderno, pero es del Bergounioux hombre de quien habla —aunque las referencias a su trabajo sean constantes—, y a quien regresa cuando el mundo que le ha tocado vivir no es de su agrado; tal vez su actividad escultórica —no creo que él estuviera de acuerdo con esa consideración de escultor—, de manipulación del hierro y de reformulación de las formas ancestrales, no sea más que la válvula de escape de una actividad, la literaria, cuyo entorno, aparte de sus amigos íntimos, parece aborrecer; de hecho, a menudo, hasta su familia más directa parece molestarle; ermitaño en pleno siglo XXI, uno diría que las únicas relaciones que soporta son con su esposa, Cathy, con sus compañeros de infancia de Brive-la-Gaillarde, con sus amigos de instituto y con algunos de sus colegas escritores y artistas. Ese aislamiento acaba siendo la forja en la que se fragua una suerte de mitología personal que, a una distancia insalvable de la autoficción, construye, con más defectos que virtudes, un modelo —una representación, no un arquetipo— congruente de ser humano. Por esa razón no tiene sentido valorar las anotaciones de forma individual, como si cada una construyera un relato; su justa evaluación debe tener en cuenta la totalidad del texto —en realidad, de los textos, el conjunto de los seis volúmenes, que suman alrededor de seis mil trescientas páginas— para constatar las pequeñas, ínfimas variaciones tanto las de carácter cíclico en el paisaje, los animales presentes, los frutos del bosque, como las que se manifiestan, fruto del curso absoluto del tiempo, en el ánimo del propio escritor.

El Bergounioux que empezó a escribir estos cuadernos contaba treinta y un años, mientras que ahora sobrepasa los setenta, han transcurrido, pues, más de cuarenta años; es razonable que las notas referentes a su estado físico y anímico hayan tomado cierta preponderancia y cambiado de contenido: más que el avance del tiempo, parece centrarse en la cuenta atrás. El declive físico, las dolencias debidas a la edad y la conciencia de su envejecimiento confieren a las anotaciones un tono más grave, más sombrío, a veces trágico, a veces rayano con la hipocondría. Sin embargo, aparte de esas referencias a su salud, los cuadernos siguen sin que asome la introspección, las confidencias personales, las opiniones razonadas o los comentarios críticos.

« Han pasado cuarenta y cinco años desde que decidí plasmar el contenido y el color de mis días. De aquellos comienzos, he conservado algunos hábitos, siendo el primero y principal levantarme temprano, escribir hasta el mediodía y, después, leer todo el tiempo que me sea posible. Siempre me atengo a la regla que me impuse en el internado y de la que no podría apartarme sin que el chico de diecisiete años que, al parecer, fui y que la dictó, me llamara al orden con voz atronadora. «Tenemos todas las edades en cada instante», constataba el psicoanalista Georg Groddeck, y es un adolescente de antaño quien sigue dirigiendo mi existencia. Sigo anotando los hechos cotidianos. Todo nos queda, pero los caminos de acceso al pasado se desvanecen. Unas pocas palabras, sobre el papel, ayudan, si así lo deseamos, claro está, a recuperarlo».

El pasado puede recuperarse, pero no el tiempo; tal vez la totalidad de estos cuadernos, pero con más relevancia a medida que aquel avanza, no sean más que una carrera patética contra su irremediable transcurso.

Otros recursos relativos a la serie:
Notas de Lectura de Carnet de notes 1980-1990

11 de mayo de 2026

Infernus Iohannes

Ya he hablado alguna vez aquí acerca de Antoine Volodine —o Elli Kronauer, o Manuela Draeger, o Lutz Bassmann, o incluso Jean Desvignes, o ... —, el escurridizo y prolífico escritor y traductor francés, padre del post-exotismo.

Todo parece indicar que el pasado 2022, con la publicación de Débrouille-toi avec ton violeur, dio comienzo, junto a quién sabe quién, a un nuevo proyecto pseudonómico, Infernus Johannes, autodefinido como:

«Infernus Iohannes es una firma que reúne en su totalidad a la comunidad de escritores post-exóticos, hayan sido publicados —como Lutz Bassmann, Manuela Draeger, Elli Kronauer, Antoine Volodine— o hayan permanecido en la sombra de los muros de su prisión. Al término del recorrido editorial del post-exotismo, resulta por tanto normal que cese la designación demasiado personalizada de autor que aparecía en la cubierta de nuestros libros. Nuestra voz es colectiva y, para el cuadragésimo noveno y último título de nuestra performance, para este Retour au goudron, nuestros portavoces se borran. Retour au goudron está firmado por cerca de un centenar de autores, hombres y mujeres. Durante una residencia con La Marelle y el Frac Provence-Alpes-Côte d’Azur se puso en marcha el enorme proyecto de esta obra, que sigue siendo, por supuesto, y durante mucho tiempo, un work in progress».

Pues bueno, por lo que parece, a finales del próximo agosto van a aparecer, a la vez, en once editoriales diferentes —Actes Sud, La Fabrique, L’Olivier, Minuit, Rivages, La Marelle, Robert Laffont, Seuil, les éditions du sous-sol, La Volte y Verdier—, once volúmenes firmados bajo ese pseudónimo. Esta publicación, como señala el texto anterior, marcará el fin del post-exotismo, una vez completados los cuarenta y nueve libros que Antoine Volodine había anunciado.

Michonianos del mundo, atención al título del último libro de la imagen.

(Información extraída de un post de Christian Rosset y una publicación de AOC Média).

4 de mayo de 2026

Sobre literatura norteamericana

 

Más allá de la sospecha. La nueva ficción americana desde 1960 hasta nuestros días. Marc Chénetier. Visor Dis, 1997. Traducción de María Lozano.
Walt Whitman ya no vive aquí. Ensayos sobre literatura norteamericana. Eduardo Lago. Editorial Sexto Piso, 2018

Hace bastantes años que estos dos libros permanecían estacionados en la estantería de libros pendientes de leer; ahora, con la inminente traducción al castellano de Shadow Tickets, la última novela de Thomas Pynchon, he pensado que ya era hora de echarles un vistazo.

Se trata de dos acercamientos, curiosamente, de dos críticos no norteamericanos —Chénetier es francés; Lago, español—, a la narrativa del último medio siglo procedente de ese país —hay que aclarar que el libro de Chénetier,  Au-delà du soupçon. La nouvelle fiction américaine de 1960 à nos jours, fue publicado originariamente en 1989, de ahí que eso de «hasta nuestros días» deba tomarse con la prudencia debida, también en cuanto a las omisiones—. Lago lo ejecuta desde una perspectiva muy —tal vez demasiado— personal, de forma poco profunda, aunque muy cercana al lector no especializado en crítica literaria; el libro de Chénetier es más árido pero mucho más completo. Ambos son interesantes para quien quiera hacer un repaso a la literatura norteamericana de ese período. En todo caso, los títulos ya dan una idea del tratamiento: Lago haciendo referencia a Walt Whitman, y Chénetier al influyente ensayo de Nathalie Sarraute.

Para el lector interesado, Lago adjunta a su obra dos planes de lectura que intentan incluir, sin conseguirlo, toda la literatura producida en los EE. UU., abarcando tanto que acaba apretando  poco. Chénetier, más centrado en la época, no traza ningún plan de lectura; por esta razón, detallo algunos autores y obras citados en cada capítulo.

Nuevas direcciones
Transiciones
J. D. Salinger: The Catcher in the Rye.
Vladimir Nabokov: Lolita.
Jack Kerouac: On the Road.
William Borroughs: The Naked Lunch.
William Gaddis: The Recognitions.
John Hawkes: The Cannibal
Revisiones
John Barth: The Floating Opera.
Kurt Vonnegut: Slaughterhouse Five.
John Cheever.
John Updike: La saga Rabbit.
Richard Brautigan: A Confederate General from Big Sur.
Ken Kesey: One Flew Over the Cuckoo's Nest.
Joseph Heller: Catch-22.
Evoluciones

El más «realista» de los escritores de nuestra década tiene hoy conciencia plena de estar dirigiéndose a unos lectores a «quienes ya no se les engaña» tan fácilmente como en el pasado y la escritura más «transparente» se opacifica volens nolens con signos que proclaman que ya no se engaña sobre la naturaleza de sus actividades. El narrador omnisciente se hace raro y cuando «personaje, intriga y tema» vuelven a encontrar sus derechos de ciudadanía, es muy raro que continúen, los tres, dominando. El acto de ficción, aunque sea de naturaleza «realista» ya no se entiende como reflejo, aunque sea de lo irreal, sino como gesto que informa aquello de lo que se nutre, hasta darle, a veces, existencia. El paso de la «novela americana» a la «ficción americana» no es una simple cuestión de léxico; traduce la aparición de un juego de valores estéticos nuevos; indica que la ficción americana, que ha asimilado las lecciones del modernismo y que ha integrado lo que le parecía útil en los desarrollos ulteriores sin dejarse por eso trazar un camino que no era el suyo, ha pasado al otro lado de la sospecha. 
Más allá de la sospecha
Días enteros en los textos
Robert Scholes: Fabulation and Metafiction.
John Irving: The Cider House Rules.
Richard Ford: The Sportswriter.
John Barth: The Tidewater Tales.
Robert Coover: The Origin of the Brunists.
Stanley Crawford: Travel Notes.
Donals Barthelme: Snow White.
Thomas Pynchon: The Crying of Lot 49 .
William Gass: Omensetter's Luck.
Vladimir Nabokov: Pale Fire.
Jerome Charyn: The Tar Baby.
Russell Banks: Hamilton Stark.
David Carkeet: I Been There Before.
John Hawkes: Second Skin.
Gilbert Sorrentino: Mulligan Stew.
Las reglas del juego
John Barth: Letters.
Franklin Mason: Four Roses in Three Acts.
Curtis White: Heretical Songs.
Luke Reinhart: The Dice Man.
Robert Coover: The Universal Baseball Association.
Walter Abish: Alphabetical Africa.
Gilbert Sorrentino: Splendide Hotel.
William Gass: Willie Masters' Lonesome Wife.
Robert Coover: Spankling the Maid.
Harry Mathews: Country Cooking.
Stanley Crawford: Some Instructions to My Wife.
Don DeLillo: Ratner's Star.
Vladimir Nabokov: The Defense.
Bernard Malamud: The Natural.
Robert Coover: The Public Burning.
Williams Gaddis: JR.
Thomas Pynchon: Gravity's Rainbow.
William Kotzwinkle: The Fan Man.
Barry Hannah: Airships.
«Los conocedores del caos»
Annie Dillard: Pilgrim at Tinker Creek.
Peter Matthiessen: Far Tortuga.
Denis Johnson: Fiskadoro.
Russell Banks: Searching for Survivors.
William Gibson: Neuromancer.
Thomas Pynchon: V.
Joseph McElroy: Plus.
Don DeLillo: White Noise.
Rudolph Wurlitzer: Nog.
William Gass: The Tunnel.
La pesadilla impuesta
Kurt Vonnegut: Mother Night.
John Barth: The Sot-Weed Factor.
Stanley Elkin: George Mills.
Ishmael Reed: Mumbo Jambo.
Alice Walker: The Colour Purple.
Raymond Carver: Cathedral.
Jerzy Kosinski: The Painted Bird.
E. L. Doctorow: The Book of Daniel.
Russell Banks: Continental Drift.
E. L. Doctorow: Ragtime.
Walter Abish: How German Is It.
Mito y sospecha
Toby Olson: Seaview.
Peter Matthiessen: At Play in the Fields of the Lord.
Toni Morrison: The Song of Salomon.
Toni Morrison: Beloved.
Normal Mailer: Ancient Evenings.
Joseph Heller: God Knows.
Jerome Charyn: Darlin´Bill.
John Barth: Chimera.
Richard Condon: The Manchurian Candidate.
Imágenes y ruidos
McDonald Harris: Screenplay.
Barry Malzberg: Screen.
Walker Percy: The Movigoer.
Don DeLillo: Americana.
Kenneth Gangemi: The Interceptor Pilot.
Stephen Dixon: Movies.
Robert Coover: A Night at the Movies.
Stanley Elkin: The Dick Gibson Show.
Grace Paley: Enormous Changes al the Last Minute.
Hubert Selby: Requiem for a Dream.
Donald Barthelme: Guilty Pleasures.
Donald Barthelme: Paradise.
John Barth: Giles Goat-Boy.
Jerzy Kosinski: The Devil Tree.
Thomas McGuane: The Bushwaked Piano.
Paul Theroux: Picture Palace.
Cynthia Ozick: Levitation.
Don DeLillo: The Names.
Mark Leyner: My Cousin, My Gastroenterologist.
Harold Jaffe: Mole's Pity.
La tradición cultural y el presente: cultura sabia
Saul Bellow: Humboldt.
Lynne Sharon Schwartz: Distourbances in the Field.
Frederic Tuten: The Adventures of Mao in The Long March.
Guy Davenport: Da Vinci's Bycicle.
Rob Swigart: Little America.
Tim Robbins: Even Cowgirls Get the Blues.
Charles Johnson: Oxherding Tale.
David Bradley: The Chaneysville Incident.
Larry McMurty: Lonesome Dove.
Paul Metcalf: Genoa.
Vladimir Nabokov: Ada.
Cynthia Ozick: Trust.
Alexander Theroux: Darconville's Cat.
Harold Jaffe: Mourning Crazy Horse.
Curtis White: Heretical Songs.
Peter Matthiessen: The Snow Leopard.
John Hopkins: Tangier's Buzzles Flies.
T. Coraghessan Boyle: Water Music.
John Calvin Batchelor: American Falls.
Russell Banks: The Book of Jamaica.
Norman Lavers: The Northwest Passage.
Evan S. Connell: A Long Desire.
Kenneth Gangemi: The Volcanoes from Puebla.
La tradición cultural y el presente: lo cotidiano y la cultura de masas
Evan S. Connell: Mrs Brige, Mr Bridge.
Raymond Carver: Will You Please Be Quiet, Please?
Frederich Barthelme: Second Marriage.
Ann Beattie: Chilly Scenes for Winter.
Tobias Wolff: In the Garden of North American Martyrs.
Tama Janowitz: Slaves of New York.
Donald Barthelme: Sixty Stories.
Jayne Anne Philips: Machine Dreams.
Cynthia Buchanan: Maiden.
Stanley Elkin: The Magic Kingdom.
Max Apple: The Propheteers.
La boca y el oído. Los avatares de la voz
Robert Stone: Dog Soldiers.
John Hawkes: The Lime Twig.
Donald Barthelme: Lost in the Funhouse.
Thomas Faber: Curves of Pursuit.
Frederick Bush: Sometimes I Live in the Country.
Rudolf Wurlitzer: Flats.
Steven Milhauser: Edwin Mulhouse.
Robert Coover: Pricksongs and Descants.
Michael Stephens: Season at Coole.
Neal Cassady: The Fisrt Third.
Thomas McGuane: Panama.
Don DeLillo: Players.
William Melvin Kelley: Dunford Travels Everywheres.
Tillie Olsen: Tell Me a Riddle.
Louise Erdrich: Love Medicine.
William Gass: On Being Blue.
Toni Cade Bambara: The Salt Eaters.
Cynthia Ozick: The Cannibal Galaxy.
Jonathan Baumbach: Babble.
William Goyen: Had I a Hundred Mouths.
Georgiana Peacher: Mary Stuart's Ravishing Descending Time.