Los Carnets de notes, como la mayoría de la obra de Bergounioux —con honrosas excepciones—, no han merecido la atención del mundo editorial español; la única versión existente es una parcial que publicó la editorial Días Contados —Cuaderno de notas (Diario 1980-1985), traducido por Carlos Wenceslao Lozano, extraído del volumen Carnet de notes 1980-1990 (2006)— en 2015, y del que publiqué las correspondientes Notas de Lectura.
Miércoles 6-1-2021
En Chartres, a primera hora de la tarde. El cielo, muy oscuro, invernal, pesa sobre la tierra, sobre el ánimo, también. Nieva en todas partes, en el sur del país, sobre todo, pero la región parisina queda al margen.
Miércoles 10-3-2021
Cathy regresa, entretanto, del instituto, discretamente, y se refugia en su despacho. Es ella. Todo vuelve a mí, y ante todo la imposibilidad, constatada desde el primer momento, de frecuentar su cercanía. Tengo catorce años. La más interesante de las muchachas atraviesa mi campo de visión y luego desaparece; que perezca el mundo antes que perderla.
Martes 26-4-2022
Cuando Cathy entreabre la puerta del despacho donde estoy trazando estas líneas, es una felicidad infinita. El pensamiento de que no volveré a verla me sume, por la noche, cuando me siento morir, en la desesperación. Habrían hecho falta numerosas vidas para agotar el encanto de su presencia. Pero hace cincuenta y nueve años que me crucé en su camino, y es mucho, mucho más de lo que cabe razonablemente esperar para los mortales.
Sábado 3-12-2022
À. Leygonie me ha pedido unas páginas sobre las razones que me llevaron, en su momento, a escribir. Evoco, una vez más, la indigencia, la relegación, el silencio de mi pequeña patria, la escolarización ampliada, prolongada de nuestra generación, el gusto repentino, la necesidad de tener una idea un poco más clara de nuestra condición, de nuestros destinos presentes y pasados.
Viernes 10-2-2023
He vivido, si es que esa es la palabra, en los libros, y me desconcierta cada vez la reaparición de lo real, de los vivos. Me parece volver, por un instante, de entre los muertos.
Lunes 31-7-2023
Cathy sale enseguida a podar, a escardar los abedules y los sauces, sobre todo. Yo termino, no sin esfuerzo, de recoger los hierros, barro someramente el taller, preparo mi equipaje. Hace muy buen tiempo. La paz del campo es absoluta, en esta víspera de agosto. Permanecemos largo rato, después de comer, la más bella, la mejor de las mujeres y yo, recapitulando los sesenta años que han pasado, no sé cómo, desde que los dioses me la presentaron. La veo aún surgir en el verano de 1963, y el resto de mi vida, hasta el final, queda instantánea e irrevocablemente sellado cuando todo apenas acaba de empezar y se me escapa casi por completo.
Viernes 22-9-2023
A fuerza de vivir eternamente recluido, entre los libros, he olvidado cómo es la vida social, la gente de toda edad y condición, el ruido, el tráfico, los escaparates. El cielo se ha despejado. El sol bajo de septiembre deslumbra, vuelve peligroso desplazarse.
Los colegas
Domingo 14-3-2021
Salimos a pasear pasando por el instituto, a pesar del viento frío, del cielo amenazador. François Bon, que ha visto el artículo sobre Michelet en Le Monde, me cuenta que contrajo el virus en otoño y que perdió a su madre. Nada ni nadie nos separa ya de la puerta de salida.
Jueves 18-3-2021
Me levanto a las seis y media. Abro Contemporains, de François Bon, una serie de artículos sobre los escritores de hoy, de los que ya había leído la mayoría; luego paso a Conversations avec Keith Richards. Al principio las tomo por reales, hasta que me asalta una duda, que se confirma en la última página: «Todo está inventado salvo Keith Richards».
Domingo 2-1-2022
Llama Jacques Réda. Teníamos que vernos en París, pero ha contraído la covid. Como había recibido las tres dosis, la enfermedad se queda en un fuerte resfriado.
Jueves 23-6-2022
François Bon llama a las cinco. Casi dos años ya sin vernos.
Jueves 27-10-2022
Me levanto a las siete menos diez. En el buzón de correo, tres fotos de Jean-Paul Michel, de 1965-1966. No consigo recuperar mi estado de ánimo de entonces. Uno se vuelve, con el tiempo, extraño a sí mismo. Recuerdo, sin embargo, que postulaba, ya entonces, que existía una versión aproximada de la vida.
Nuestras ideas podían, debían «ser proporcionales a los hechos», como dice Montesquieu, pero ni yo ni nadie, que yo sepa, a mi alrededor, era capaz de lograrlo. Ningún recuerdo que no estuviera manchado por el error, por la ilusión, y eso fue, en ese mismo instante, una decepción, una pena que me habrían arruinado la existencia. El resto de mi vida ha transcurrido tratando de comprender lo que ocurrió, desde el principio, y por qué no lo comprendía. No habré vivido, si por ello se entiende aceptar lo dado, lo que uno es. La realidad, aquello que dábamos por sentado, que se presentaba como tal, no me convenía en absoluto, me resultaba insoportable la mayoría de las veces, y lo que me hablaba, lo que me emocionaba, parecía estar destinado solo a mí, por lo que, en realidad, no existía.
Me vi condenado a soportar cosas que, en el mejor de los casos, me eran indiferentes, cuando no muy desagradables, gentes cuyos procedimientos y pensamientos reprobaba, visiones que, con la mejor voluntad, no podía compartir.
Fueron los libros —es decir, las convulsiones sociales que marcaron aquella época, y de las que su aparición fue uno de sus efectos— los que me acarrearon esos desengaños, pero también alimentaron mi esperanza.
Eran quizá un centenar, en el nicho excavado en la pared del fondo del comedor, y ninguno de ellos tenía relación con el mundo exiguo que habitábamos, la vida austera que llevábamos, en una subprefectura de la periferia. Aún me veo sacándolos de la estantería, hojeando sus páginas con la vaga esperanza de que arrojaran alguna luz sobre la hora y el lugar, y devolviéndolos luego a su sitio, desengañado, resignado a que la explicación que daban de mundos lejanos o ya extinguidos nunca alcanzara al nuestro.
Si existía un comentario preciso sobre la vida que llevábamos, estaba exiliado en algún lugar desconocido o bien era una virtualidad a la que un oscuro sortilegio nos impedía el acceso.
Lunes 14-11-2022
Me dirijo a la Sorbona por la rue Saint-Jacques, bordeando, para ello, Louis-le-Grand y no puedo dejar de pensar que han pasado cincuenta años desde que llevé allí a Gaby. La sala de actos está muy cerca de la entrada. Jean-Paul Michel ya ha llegado y discute con los vigilantes, que cerrarán el acceso de la rue Saint-Jacques a las 18:45. Habría que avisar a los que lleguen tarde, invitarlos a entrar por la rue Cujas o la rue Victor-Cousin. Sí, pero está prohibido, por motivos poco claros, fijar cualquier escrito, y el responsable, alguien sumamente autoritario, según nos dicen, ya se ha marchado a casa. Jean-Paul: «Me da igual». Mayo del 68 queda lejos. «Prohibido prohibir.» Francia sigue siendo, decididamente, «ese país en el que hasta la rata más insignificante está policialmente controlada».
Saludo a Karim Haouadeg, a Michel Collot, que sigue dirigiendo un seminario. Iré a visitarlo en 2023, si todavía estoy aquí. Jean-Paul expone su concepción del poema, recapitula su trayectoria de sesenta años, lee algunos textos. Llego a la estación de Luxembourg justo a tiempo. Llueve cuando me bajo en Courcelles, solo, sobre las nueve de la noche.
Miércoles 22-3-2023
Leo Les Deux Beune de P. Michon antes de volver a Voltaire.
Sábado 1-4-2023
Sigo con interés la conversación de Dominique Viart con Patrick Deville y Kaveri Srini, un investigador indio, especialista en inmunología, que habla con fluidez nuestra lengua por haber trabajado en el Instituto Pasteur. Luego hablo con Laurent Demanze. Sesión de firmas. Los estudiantes movilizados para el festival se preocupan por mi vieja persona, me traen «pasteles y bebida». Y aparece Marie-Hélène Lafon, risueña, animosa, la «energía auvernesa» hecha mujer.
Viernes 29-9-2023
Leo el libro de M.-H. Lafon sobre Cézanne.
Lunes 29-1-2024
Tomamos el tren de las dos menos cinco, hacemos transbordo en Saint-Michel, salimos en Musée-d’Orsay. ¿Cuándo fue mi última visita? Lo he olvidado. Colin Lemoine nos ha inscrito en la lista de los privilegiados que pueden visitar el lugar el lunes, día de cierre, lo que me incomoda. Somos unas dos o tres decenas de personas las que atravesamos la puerta de la rue de Lille. Se presenta el documento de identidad y no queda más que contemplar los Van Gogh expuestos en tres o cuatro amplias salas. La afluencia es tal, los días laborables, me han dicho, que resulta difícil ver nada. Saludo a Marie-Hélène Lafon, a quien Colin ha avisado de nuestra visita y que se ha desplazado hasta aquí.
Sábado 17-2-2024
Por una oscura y tenaz fatalidad, Marie-Claude B.-B. perdió, muy joven, a su marido en un accidente de coche, cuando las causas tradicionales de mortalidad —ahogamiento, tuberculosis, enfermedades tropicales— pertenecían ya al pasado. Pero, como su abuela Olga, estudió, se convirtió en profesora de economía en la universidad de Burdeos y, como Pierre Michon, ha resucitado esas vidas ínfimas.
Jueves 7-3-2024
Me pongo a leer las dos últimas publicaciones de Jean-Paul Michel, Injonctions et censures intimes des morts y Le Là de l’être-là. En ellas se erige en intérprete de nuestro próximo final, cuando, hace sesenta años, en Brive, celebraba nuestros despertares.
Lunes 30-9-2024
Un SMS de T. Bouchard me informa del fallecimiento de Jacques Réda. Nos conocíamos desde 1988. Durante treinta años me visitó con Jacques Borel y luego —después de 2002— sin él. Habíamos hablado de reencontrarnos en París, pero sus piernas ya no lo sostenían y yo, por mi parte, temía el viaje en RER hasta Gare du Nord. Pienso en él, con el corazón encogido. ¡Cuántos duelos, últimamente!
Martes 8-10-2024
A las dos, en el Père-Lachaise. Me duele la espalda y el empedrado irregular de los senderos no ayuda. Ha empezado a hacer calor. Es en la capilla central donde tiene lugar la ceremonia religiosa solicitada por Jacques [Réda]. Sus hijos están allí. Oficia un sacerdote: la paz, la vida eterna, la resurrección. ¡Cómo creer en semejantes fábulas!
Saludo a muchas personas conocidas que no había vuelto a ver desde hacía años, V. Pélissier y T. Bouchard, G. Ortlieb y T. Laget, A. Cerisier y A. Gallimard, a quien le digo que esperábamos unas palabras suyas. «Se hubiera podido creer que me estaba promocionando», me responde. Bien puedo replicarle que está por encima de eso. Me despido de unos y otros y emprendo, con esfuerzo, con dolor, el camino de regreso. Todo me sorprende, la gente, la vida, después de dos meses pasados limitándome a escribir y a leer en mi reducto.
Viernes 7-2-2025
En pie a las siete y media. No lograba conciliar el sueño. Termino Voyages de découvertes en Afrique, paso a un envío de livres pauvres de J.-M. Marchetti y empiezo J’écris l’Iliade de P. Michon.
El fin del camino
Martes 23-2-2021
Por la tarde, en la cantera de arena, por encima del Mérantaise. Hace muy buen tiempo. El viento del sur arrastra nubes como puñados de guata arrojados al azul. Me cuesta subir el sendero escarpado. El esfuerzo me oprime el corazón y me deja dolorido, maltrecho, al borde mismo del desmayo, hasta el final del día, con diez de tensión. Como Sarah y Jeanne insisten a toda costa en pescar, las llevamos hasta la zona de juegos, donde sumergen en el arroyo un hilo atado a un palo. Yo también conocí instantes parecidos, mágicos, en los comienzos del tiempo.
Lunes 17-5-2021
Sin vértigo ni náuseas, pero reaparece el dolor en la mano izquierda. Artrosis, sin duda. Aún no la conocía. Exploro el triste país de la edad.
Domingo 3-4-2022
Me levanto a las siete menos cuarto. Tiempo claro y frío. Leo junto al fuego. Una fórmula de Chateaubriand, sobre el sepulcro de Cristo: «El único que no se desvanecerá con el paso de los siglos». Doy vueltas a los sombríos pensamientos acordes con mi edad, recuerdo horas pasadas, más pobladas de muertos que de vivos.
Miércoles 9-11-2022
Me levanto a las seis y media. Tensión persistente. Desde hace meses tengo la oscura sensación de haber llegado al término de mi vida. Hace tanto tiempo que todo empezó. Casi toda mi antigua compañía ha desaparecido. Me demoro indebidamente.
Viernes 18-11-2022
Ensimismado, me di cuenta de que mis primeros recuerdos se borraban. El olvido se lleva consigo las impresiones muy vivas, muy intensas, que sin embargo habían permanecido durante mucho tiempo, desde los comienzos. Los seres, los hechos, los momentos han perdido la realidad de la que estaban revestidos y que habían conservado más allá del instante que habían ocupado. Carecen, desde ese momento, de consecuencias y, por tanto, de importancia, de consistencia. He tenido mi momento. Puedo marcharme ya, como ya lo ha hecho la mayor parte de mi mundo.
Viernes 24-3-2023
La edad está arrebatándome la vida mientras aún estoy vivo. La veo desde fuera, como un espectador; ya no comprendo los entusiasmos, los arrebatos que llenaron los años. Supongo que así debe ser cuando uno ya ha vivido su tiempo, ha acabado por hacer, más o menos, lo que quería y el final puede sobrevenir en cualquier momento.
Sábado 22-7-2023
En pie a las siete menos diez. Hace un mes ya que estamos aquí y no puedo evitar pensar que este podría ser mi última estancia en la tierra natal. Puedo morir en cualquier momento, reunirme con los que me han precedido en este lugar. Ha llegado la hora.
Viernes 22-12-2023
Me entero, incidentalmente, del fallecimiento de un compañero de la escuela primaria. Hacía quizá sesenta años que nos habíamos perdido de vista y me invade el espanto al sondear el abismo que el tiempo ha cavado desde entonces. Los recuerdos de aquella época me parecen pertenecer a un tercero. Llego casi a dudar de mi propia existencia. Marie-Christine —Sœurette—, con quien hablé ayer por teléfono, me decía sentirse presa del terror al recordar ciertos días muy lejanos y la proximidad, ahora, la eventualidad, en todo momento, del final.
Domingo 25-5-2025
A las dos, en Versalles, bajo un aguacero. Al llegar allí, me encuentro de repente mal, a punto de desmayarme, de morir quizá, como me ha ocurrido innumerables veces desde hace casi veinte años. Experimentaré hasta la noche una sensación, muy angustiosa, de pesadez y debilidad en la región del corazón.
Tengo setenta y seis años.
Sábado 27-9-2025
No sin cierta aprensión emprendo el camino de regreso. Ha salido el sol, pero el corazón me duele, y también las piernas. Siento mareos, floto y me pregunto, sombríamente, por momentos, si no acabaré sobre el duro pavimento de París. Tomo el RER hasta Denfert, la línea 4 hasta Porte d’Orléans, donde acabo por localizar los autobuses lanzadera. Una joven de origen africano me ofrece generosamente su asiento y, sin la menor vergüenza, lo acepto. Cansado. Esta mañana había sido un hombre joven, también negro, quien me había cedido su sitio.
Me hice el valiente y lo he pagado. Ya no me atrevo a imaginar la triste figura que el tiempo, la edad me han dejado. Afortunadamente, no la veo.
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