La publicación de los ensayos de W. G. Sebald en un solo volumen es la excusa perfecta para releer los ya leídos en su día y para descubrir alguno que tenía pendiente.Apuntes de lectura para uso personal
I. La descripción de la infelicidad.
Intento de estudio de la psicología nacional austríaca desde la literatura austríaca.
Es difícil alcanzar el nivel de representación nacional.
Rasgo esencial de la literatura austríaca: la infelicidad del sujeto que escribe.
I. I. Sobre Relato soñado, de Arthur Schnitzler.
La literatura de la era burguesa.
Intento de descubrir el funcionamiento de la perversión.
Indudables e influyentes ecos de Freud.
La sífilis, el impedimento para la promiscuidad, una contraseña para los inciados.
El désir necrófilo.
I. II. Sobre la estructrura de motivos de El castillo, de Franz Kafka.
La importancia del paisaje y de la estación meteorológica.
El sueño es hermano de la muerte.
¿Influencia del Nosferatu, de Friedrich Wilhelm Murnau?
I. III. Sistema y crítica del sistema de Elías Canetti.
El poder es un sistema cerrado que necesita siempre el sacrificio de los que se encuentran fuera.
Contra la libertad personal: preguntas y órdenes.
El ideal, cuanto más estético, más se aleja de la realidad.
No escribir, sino leer, «leer hasta que las pestañas tiemblen de cansancio».
El sabio debe ser capaz de resistir las tentaciones del saber que lleva dentro de sí.
I. IV. Sobre Thomas Bernhard.
La denuncia universal de Thomas Bernhard irrita por igual a conservadores y a progresistas.
«El mundo es una disminuación progresiva de la luz».
El campo ha degenerado hasta convertirse en la extinción sistemática de la naturaleza.
El sentimiento de que todo es risible surge de la tensión entre la demencia del mundo y las exigencias de la razón.
I. V. El relato El miedo del portero al penalty, de Peter Handke.
El texto de Handke lleva a un aprovechamiento sobrio de las formas específicas de la huida esquizofrénica de la realidad.
El pánico cotidiano es una de las cosas más difíciles de percibir.
El pánico, cuyo equivalente tranquilo y ordenado es la rutina de lo cotidiano, solo se manifiesta mientras el sujeto afectado está unido a su lugar, su vivienda o su ciudad.
Las interferencias asociativas, que suspenden la comprensión cuando el comportamiento interpretativo opera de forma casi redundante en lo que en realidad es evidente, aparecen desde ese aspecto como deficiencias técnicas, que requieren para su rectificación una constante alimentación de realidad en el idioma, así como un desciframiento continuo de la realidad por medio del código verbal.
Mención a Golem XIX, de Stanislaw Lem.
Excepticismo con respecto al lenguaje (Wittgenstein): la dimensión del lenguaje nunca puede sobrepasar a la realidad, sino siempre, únicamentde, rodearla.
II. Pútrida patria.
Ensayo sobre los condicionamientos sociales de una visión literaria del mundo, aunque no se pueda separar sin más los unos de los otros.
Ocuparse de la patria por encima de todas las catástrofes históricas constantes de la literatura austríaca, aunque la definición de patria sea muy difusa.
II. I. Aporías de las historias delgueto alemanas.
A finales del siglo XIX surge por primera vez una literatura patria judía en lengua alemana.
Leopold Kompert, El que fue a la aldea: armonización de la vida judía con el modelo burgués tras el cambio de la residencia judía del campo a la ciudad.
Karl Emil Franzos, Los judíos de Barnon: la salida del gueto y la entrada en el mundo burgués.
Leopold von Sacher-Masoch, Vida judía.
Joseph Roth, El peso falso.
II. II. Poder, mesianismo y exilio en El castillo, de Franz Kafka.
La realidad y deformidad en presencia de un poder irracional.
El poder del castillo es producto de la aceptación de los humillados.
Cuando el poder y la impotencia se complementan en un sistema sin fisuras, su revolucionarización queda excluida.
La dimensióm mesiánica del agrimensor K, que es el símbolo de la esperanza de salvación inscrita en la miseria y nunca realizada.
II. III. Sobre Joseph Roth.
La utopía paródica.
La patris puede estar en todas partes excepto para los judíos errantes, que no está en ninguna.
El «tiempo que pasa», un componente del presente que impide que se convierta automáticamente en Historia.
El relojero que observa el interior de un reloj no ve el tiempo, sino solo un mecanismo.
II. IV. Sobre Novela de montaña, de Hermann Broch.
Desarrollo de una psicopatía de masas.
Posición política dudosa adaptada al momento histórico.
Ampulosidad extravagante.
El kitsch como síntoma de la desensibilización estética.
Lo que distinguía a Broch de los difusores fascistas que corrompieron totalmente la filosofía de la vida en sus tratados y obras literarias era quizá su buena fe, acompañada de mala conciencia en cuanto a las cualidades internas de lo escrito.
II. V. Jean Améry y Austria.
Pésima relación, después de la guerra, de Jean Améry y Austria.
El que se exilia, Hans Mayer, ya no podía volver porque no existía, y el que existía ya no quería volver.
Améry define la patria como aquello que menos se necesita cuanto más se tiene.
Améry hace responsable de su ceguera prebélica a la confusa visión austrocéntrica del mundo, muy reaccionaria.
El Anschluss: no fue tanto la entrada de las tropas hitlerianas lo que destruyó su patria, sino la buena voluntad con que el país se ofreció a la invasión.
II. VI. El relato La repetición, de Peter Handke.
Handke ha pagado un alto precio por su arrogancia a partir de Lento regreso de hacer visible un mundo más bello gracias únicamente a la palabra.
La partida hacia la patria imaginada es no solo un intento de liberación, sino de romper el exilio.
Aprender y enseñar son en la obra de Handke formas de conservar el mundo.
El extraordinario espíritu abierto de La repetición se basa en que lo de fuera es más importante que lo de dentro.
III. Estancia en una casa de campo.
Escribir es una ocupación de la que uno no se libra ni siquiera cuando se ha convertido en algo repugnante o imposible.
III. I. Nota de almanaque en honor del amigo renano de la familia (Johann Peter Hebel).
Recopilación de textos breves que Hebel escribió originalmente para un almanaque popular dirigido a las familias de la región del Rin y Baden. Utiliza la figura cercana de un narrador amigable ("el amigo de la casa") para educar y entretener al lector común con un lenguaje sencillo y profundo
Hebel, autor de los textos de los calendarios Hebel, de la segunda mitad del siglo XVIII: la historia a partir de los hechos aparentemente insignificantes.
La soberanía con que Hebel gobierna en sus relatos las vicisitudes del destino humano es fruto de las dimensiones cósmicas y de la conciencia de la propia insignificancia que de ella se deriva.
III. II. Con motivo de una visita a la isla de San Pedro (isla del lago de Biel, en Suiza).
Última residencia suiza de J. J. Rousseau y visitada, entre otros, por Cagliostro, William Pitt, varios reyes de Prusia, Suecia y Baviera y por la emperatriz Josefina.
Siguiendo las huellas de Rousseau.
La escritura, según Rousseau, podría considerarse como un acto compulsivo que nunca se detiene y que muestra cómo el escritor, de todos los seres aquejados por la enfermadad del pensamiento, es quizá el más incurable.
III. III. Breve homenaje en recuerdo a Mörike.
Eduard Mörike (Ludwigsburg, 8 de septiembre de 1804-Stuttgart, 4 de junio de 1875) fue un escritor alemán perteneciente al Biedermeier y a la Escuela poética suaba.
1822, mezcla típicamente alemana de patriotismo revolucionario y circunspección burguesa, visión romántica y doble contabilidad; celo político y efusividad burguesa, progresismo y reacción al mismo tiempo.
Obra errática en busca de un ideal inexistente, que naufraga por exceso.
III. IV. Notas sobre Gottfiren Keller.
El fracaso de las revoluciones de mediados del siglo XIX.
La burguesía se emancipa del contrato social y se dedica a sus cosas: las fortunas se amasan tan rápidamente como las bancarrotas.
Keller detecta muy pronto los daños a menudo irreparables que la proliferación del capital provoca en la naturaleza, en la sociedad y en las vidas afectivas de las personas.
Irremediable sentimiento de inferioridad social y física en una vida marcada desde el inicio por el rechazo y la decepción, que intenta remediar mediante la escrituta.
III. V. En recuerdo de Robert Walser.
Su vínculo con el mundo fue tremendamente superficial: el más solitario de los escritores solitarios.
Es un autor cuya persona, como su literatura, tiende a disiparse.
Walser no es un visionario expresionista que profetice el fin del mundo, sino un vidente de las cosas pequeñas mediante la miniaturización y la abreviación.
Walser dijo que escribía siempre la misma novela, «un libro en primera persona cortado o troceado de múltiples maneras».
Walser busca siempre elevarse por encima de la pesada vida terrestre, desaparecer suavemente, sin levantar ruido, en un reino más libre.
III. VI. Sobre los cuadros de Jan Peter Tripp.
Jan Peter Tripp (Oberstdorf, Alemania, 1945). Pintor alemán. Estudió escultura en la «Akademie Stuttgart» y pintura en la «Akademie Wien». Las obras de sus primeros años muestran una clara influencia del surrealismo. Es conocido por su pintura hiperrealista, que ha sido elogiada por muchos escritores contemporáneos (entre otros el propio Sebald). En la actualidad vive y trabaja en Alsacia.
Objetividad radical que, mediante la pura representación de las formas aparentes de la vida, trata de averiguar qué ha conducido a darles ese aspecto y esa evolución.
El arte del retrato se convierte en una empresa fotográfica que no admite ya más líneas de separación entre lo que suele llamarse el elemento característico y las reformulaciones que los imperativos del trabajo y el sufrimiento psíquico operan en el sujeto retratado.
Sus cuadros son analíticos, no sintéticos.
IV. Sobre la historia general de la destrucción.
Tal vez su colección de ensayos más conocidos.
Las obras de los escritores alemanes de la posguerra están marcadas a menudo por una conciencia a medias o equivocada de la necesidad de consolidar una posición precaria de quienes escribían en una sociedad casi por completo moralmente desacreditada.
IV. I. Guerra aérea y literatura.
Una extraña mezcla de autocompasión, autojustificación rastrera, sentimiento de inocencia ofendida y despecho en las manifestaciones de la voluntad de los alemanes de reconstruir su país, «mayor y más poderoso de lo que nunca fue»; esta reconstrucción desde cero comportó el olvido del pasado: una sociedad que se había prohibido el recuerdo.
El silencio alemán: un pueblo que había exterminado a millones en los campos no podía pedir cuentas a los aliados por los bombardeos.
Excepciones: El ángel callaba, de Heinrich Böll; La ciudad detrás del río, de Hermann Kasac; Ynekia, de Hans Erik Nossac; La catedral, de Peter de Mendelssohn.
IV. II. El escritor Alfred Andersch. La obsesión legitimadora y el deseo obsesivo de éxito y publicidad, de ser un clásico vivo, ante las contradicciones de una crítica polarizada.
V. Campo Santo.
V. I. Sobre la pieza Kaspar, de Peter Handke.
La obra no tiene por objeto las agitadas andanzas, en definitiva felices, de un personaje cómico, sino la historia interior y cerrada sobre sí misma de la domesticación de un ser salvaje, el intento, en muchos aspectos desesperado, de convertir a un iundividuo sin civilizar, según las normas generales, en un buen burgués; pero lo que se presenta como progreso no es en realidad más que la humillación gradual del adiestrado que, al aproximarse a la media humana, empieza a parecer un animal que se ha vuelto loco.
La peor fase de la educación de Kaspar es la adquisición del lenguaje.
VI. II. Sobre la descripción literaria de la destrucción total.
Ensayo complementario de «IV. I. Guerra aérea y literatura».
La ausencia de producción literaria relativa a la destrucción de las ciudades alemanas a finales de la IIGM, a pesar de que se gestó un nombre para ese género: literatura de los escombros.
VI. III. Construcciones del duelo: Günter Grass y Wolfgang Hildesheimer.
La ausencia de reacciones de duelo, como si se rechazara obstinadamente el recuerdo, tras la catástrofe.
Günter Grass censura que el milagro económico sustituya al duelo. Diario del caracol: en su compromiso concreto para lograr una política mejor en Alemania, Grass encuentra su absolución para lo que, aunque se sabe inocente, sigue reconcomiéndolo en el pasado alemán.
Wolfgang Hildesheimer es la anónima voz de la conciencia, Tynset. Existe un sentimiento de complicidad y connivencia oculto en el país por todas partes; a la comprensión de la imposibilidad de la salvación corresponde el estado fijo de la melancolía, que, al desarrollar sus propósitos, promete un alivio pero no una liberación de los padecimientos.
VI. IV. Sobre memoria y crueldad en la obra de Peter Weiss.
Escribir es intentar, a pesar de todos nuestros desfallecimientos y ausencias, mantener el equilibrio entre los vivos con todos los muertros que llevamos dentro, con nuestro lamento por los muertos y con nuestra propia muerte, que tenemos ante los ojos, para activar el recuerdo, que es lo único que justifica la supervivencia a la sombra de la montaña de la culpa.
Todo daño tiene su equivalente en alguna parte y realmente puede ser compensado, aunque sea mediante el dolor del causante del daño.
VI. V. Sobre Jean Améry.
La víctima lo es para siempre, jamás podrá compensársela por lo que se le hizo.
La práctica de la persecución, la tortura y el exterminio de un enemigo elegido arbitrariamente no es un accidente lamentable del gobierno totalitario, sino, sin reserva alguna, su expresión esencial.
Es una ironía macabra que el hecho de que sean los supervivientes y no los que cometieron los crímenes los que sufran la carga psíquica més pesada.
VI. VI. Sobre el animal totémico del poeta Ernst Herbeck.
Ligera distorsión y resignación suave.
Los poemas de Herbeck nos muestran el mundo con una perspectiva invertida: todo queda contenido en una diminuta imagen circular.
Animal totémico: la liebre extraída de la chistera.
Casi toda su vida en un hospital psiquiátrico: «cuanto mayor el sufrimiento tanto mayor el poeta. Tanto más duro el trabajo. Tanto más profundo el sentido».
VI. VII. Sobre los Diarios de viaje de Kafka.
Recuerdos personales del viaje que hicieron Franz Kafka y Max Brod de Praga a París, pasando por Suiza y el norte de Italia.
VI. VIII. Breve observación sobre Nabokov.
Los pasajes más brillantes de la prosa de Nabokov despiertan la impresión de que nuestro ajetreo por el mundo sería seguido por una especie extraña, todavía no incluida en ninguna taxonomía, cuyos emisarios interpretaban ocasionalmente un papel de invitados en el teatro representado por los vivos; lo mismo que ellos a nosotros, les parecemos, según la conjetura de Nabokov, seres fugaces y transparentes de incierta provinencia y destino.
VI. IX. Kafka en el cine.
Para Kafka, que siempre suspiraba por la disolución de su persona real, perecer casi imperceptiblemente en imágenes fugitivas, que se disipan sin cesar ante uno como la vida, debería de ser algo así como las tentaciones de San Antonio en el desierto.
VI. X. Sobre cuadros de Jan Peter Tripp.
El mandamiento no escrito y Fin de partie, dos cuadros hiperrealistas de Jan Peter Tripp.
VI. XI. Aproximación a Bruce Chatwin.
La dificultad de clasificar los libros de Chatwin inspirados por una especie de avidez de lo no descubierto: estudios antropológicosy mitológicos, relatos de aventuras, libros de sueños, novelas de la patria chica, como los antiguos relatos de viaje de la época de Marco Polo.
VI. XII. Moments musicaux.
El terror ante la música folclórica bavaresa.
Recuerdos de cuando tomaba clases de cítara.
Los terribles gallos de un asistente a la misa dominical.
La película Fitzcarraldo, de Werner Herzog.
La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi.
VI. XIII. Un intento de restitución.
Cuarteto ciudades, un juego de mesa al que Sebald jugaba en familia y con el que aprendió, mucho antes de conocer que los nombres que aparecían eran ciudades, a leer.
La tarjeta postal, rescatada en Manchester, que envió desde Stuttgart una adolescente a su madre, en Saltburn.
La visita a Stuttgart para visitar al pintor Jan Peter Tripp, compañero en la escuela de Oberstdorf.
¿Cuáles son las invisibles relaciones que determinan nuestra vida?
¿Para qué sirve la literatura?
No hay comentarios:
Publicar un comentario