13 de septiembre de 2026

Le Livre de Raison de Michel de Montaigne

Ephemeris historica, Michael Beuther. Paris, M. Fezandat et R. Granjon, 1551.
In-8°. Restos de la página del título. Biblioteca de Burdeos.

El encierro de Michel de Montaigne en La Bastilla


La familia Montaigne disponía de un ejemplar de la Ephemeris historica, de Michael Beuther¹, adquirido por el padre del ensayista, Pierre Eyquem (1495-1568), que estuvo a su disposición hasta que su descendiente Michel-Jacques-Marie Octave de la Rose, el último poseedor ligado a la familia, lo cedió en 1931 a Louis Enlart, hijo del arqueólogo Camille Enlart. En este volumen, Michel escribe, en la página correspondiente al 20 de julio —se trata de un error de datación; la fecha correcta en que sucedieron los hechos descritos fue el 10 de julio—, el texto siguiente: 


1588 entre trois et quatre [heures de l’]après midi étant à Paris et au lit à cause d’une douleur qui m’avait pris au pied gauche trois jours d’avant [auparavant] / qui sera à l’aventure une espèce de goutte et en eus [a]lors le premier ressentiment [symptôme] / je fus pris [fait] prisonnier par les capitaines de ce peuple [de Paris] lorsque monsieur de Guise y commandait et en avait chassé le roi / je revenais de Rouen où j’avais laissé Sa Majesté et fus par eux mené à la Bastille sur mon cheval / La reine mère du roi en ayant été avertie par le bruit du peuple [la rumeur] étant au conseil avec ledit sieur de Guise obtint de lui de me faire sortir avec beaucoup d’ins[is]tance / il en donna un commandement par écrit adressant au Clerc [adressé à Leclerc] qui [a]lors commandait à la Bastille / lequel commandement fut porté au prévôt des marchands ayant besoin de sa confirmation / A huit heures de ce même jour un maître d’hôtel de la reine apporta lesdits [com]mandements et fus mis hors [libéré] d’une faveur inouïe / monsieur de Villeroy entre plusieurs autres en eut beaucoup de soin / c’était la première prison que j’eusse onques vu [jamais subie] / j’y fus mis le duc d’Elbeuf me faisant prendre par droit de représailles pour un gentilhomme de la Ligue pris à Rouen

1588. Entre las tres y las cuatro de la tarde, estando en París y en cama a causa de un dolor que me había sobrevenido en el pie izquierdo tres días antes, que tal vez fuera una especie de gota, y del cual sentí entonces el primer síntoma, fui hecho prisionero por los agentes de la policía de París cuando el señor de Guisa² había tomado el mando de la capital y había expulsado al rey; volvía yo de Ruan, donde había dejado a Su Majestad³, y fui llevado a La Bastilla⁴ montado sobre mi propio caballo. La reina madre⁵, que había sido advertida por el tumulto popular, obtuvo del señor de Guisa, con quien estaba reunida, y tras mucha insistencia, mi liberación; para ello, redactó un mandamiento dirigido a Leclerc⁶, bajo cuyo cargo estaba en aquel entonces La Bastilla, que fue llevado a la autoridad municipal⁷ por necesitar su confirmación. A las ocho de ese mismo día un mayordomo de la reina trajo dichos mandamientos, y fui liberado gracias a un favor inaudito. El señor de Villeroy⁸, entre otros muchos, se ocupó de ello. Era la primera prisión que jamás hubiese visto; fui en ella puesto por el duque de Elbeuf⁹ que me hizo prender como represalia por la detención de un gentilhombre de la Liga¹⁰ preso en Ruan.

El día 12 de mayo de 1588, durante la llamada Octava Guerra de Religión, estalla un levantamiento popular en la ciudad de París. El motín fue dirigido por el Consejo de los Dieciséis, un grupo formado por los jefes policiales de los dieciséis barrios de París, e inspirado por el líder la Liga Católica, el duque de Guisa. La razón era la sospecha de que el rey Enrique III, católico, sin descendencia, iba a nombrar como sucesor a Enrique de Navarra, futuro Enrique IV, protestante.


Montaigne, que había sido alcalde de Burdeos desde 1581 hasta 1585, era conocido por su posición moderada, un talante que le valió la enemistad de ambos bandos, el real y el sublevado: a pesar de su confesión católica, era partidario de la conciliación. Dos meses después del levantamiento, y tras dejar a Enrique III seguro y a salvo de los sublevados en Ruan, viaja a la ciudad de París, sumida en un ambiente extremadamente inestable.


El día 10 de julio, Montaigne es detenido en su residencia parisina, donde se reponía de un ataque de gota, y conducido a La Bastilla. No se ha encontrado ningún acta judicial que detalle cargos formales; el propio Montaigne atribuye su encarcelamiento a la represalia de los miembros de la Liga por la detención de uno de sus partidarios en Ruan, pero es posible que el contexto paranoico, en el que eran comunes las detenciones preventivas de individuos relacionados con personajes mal vistos por la Liga, así como el hecho de que su perfil conciliador y sus contactos lo convirtieran en un personaje poco fiable tanto para los católicos como para los realistas más radicales, tuvieran su importancia.


Con posterioridad a este episodio, los hechos históricos se precipitan: el 23 de diciembre de 1588, en el Castillo de Blois, convocado por el rey para los Estados Generales, el duque de Guisa es asesinado por orden real, un día antes que su hermano Luis II de Lorena, cardenal de Guisa. El 1 de agosto de 1589 el propio rey fue apuñalado por Jacques Clément, fraile dominico perteneciente a la Liga; falleció al día siguiente y su primo Enrique de Navarra, de confesión protestante, fue su sucesor con el nombre de Enrique IV.


Ese mismo año de 1588 Montaigne publica, en París, la edición ampliada de los Ensayos, con el añadido del Libro III; frente a las convulsiones del mundo exterior, su escritura es cada vez más introspectiva y escéptica. Ni en esta edición, ni en ninguna de las adiciones posteriores, existe ningún relato específico de su paso por La Bastilla.


En ese Libro III, capítulo 12, La fisionomía, Montaigne relata algunos episodios directamente relacionados con el conflicto:


Escribía esto aproximadamente cuando una fuerte acometida de nuestros tumultos se estancó, durante mucho meses, con todo su peso, justo sobre mí. Por un lado, tenía a los enemigos a mis puertas; por otro lado, a los merodeadores, peores enemigos —non armis sed uitis certatur [no se combate con las armas sino con los vicios]—; y sufría toda suerte de abusos militares a la vez:

Hostis adest dextra laeuaque a parte timendus, 

uicinoque malo terret utrumque latus

[Tengo un enemigo terrible a mi derecha y a mi izquierda; 

ambos flancos amenazan con un mal inminente].

¡Monstruosa guerra! Las demás actúan hacia fuera; ésta, incluso contra sí misma. Se corroe y destruye con su propio veneno. Es por naturaleza tan maligna y destructiva que se arruina a sí misma al mismo tiempo que arruina lo demás, y se desgarra y destroza por su propia rabia. La vemos más veces disolverse por sí misma que por carencia de algo necesario, o debido a la fuerza enemiga. Toda disciplina la rehúye. Viene a curar la sedición y rebosa de ella. Pretende castigar la desobediencia y da ejemplo de ella; y, entregada a la defensa de las leyes, representa su papel de rebelión en contra de las suyas propias. ¿A qué punto hemos llegado? Nuestra medicina conlleva infección:

Emponzoñamos nuestro mal con la ayuda que le procuramos.


Exuperat magis aegrescitque medendo.

[Prevalece más y se irrita al curarlo].


Omnia fanda, nefanda, malo permista furore, 

iustificam nobis mentem avertere Deorum.

[La mezcla de todo lo bueno y de todo lo malo, por culpa de un 

maligno furor, ha apartado de nosotros el espíritu justo de los dioses].


Al mismo, tiempo, explicita las consecuencias de su posición moderada:

Caí en las desgracias que la moderación acarrea en tales enfermedades. Me zurraron por todas partes. Para el gibelino, yo era güelfo; parad güelfo, era gibelino —alguno de mis poetas dice esto, pero no sé dónde—. La situación de mi casa, y el trato con los hombres de mi vecindad, me presentaban con una apariencia; mi vida y mis acciones, con otra. No me lanzaban acusaciones formales, pues no había por dónde atacarme—jamás me aparto de las leyes—; y si alguien me hubiera investigado, me habría tenido que dar explicaciones él. Eran sospechas mudas que circulaban bajo mano, en las cuales nunca falta verosimilitud en una mezcolanza tan confusa—como tampoco faltan espíritus envidiosos o ineptos—. Suelo secundar las presunciones injuriosas que la fortuna esparce contra mí, por una tendencia, que tengo desde siempre, a eludir justificarme, excusarme e interpretarme. Considero que pleitear por mi conciencia es comprometerla. Perspicuitas enim argumentatione eleuatur [Pues la evidencia mengua con la argumentación].

A pesar del contexto de los hechos que relata, no existe ninguna mención a su detención.


En el capítulo siguiente, el XIII, del mismo Libro III, La experiencia, el último de la obra, Montaigne habla de la prisión, pero para negar rotundamente que haya sido detenido jamás. 


A Dios gracias, hasta ahora ningún juez se ha dirigido a mí como juez por causa alguna, ni mía ni ajena, ni criminal ni civil. Ninguna prisión me ha acogido, ni siquiera para pasearme por ella. La imaginación hace que las vea, incluso desde fuera, desagradables. Ansío tanto la libertad que si alguien me prohibiera el acceso a algún rincón de las Indias, viviría de algún modo más infeliz. Y mientras encuentre una tierra o un aire abiertos en otro lugar, no me pudriré en un sitio donde haya de esconderme. ¡Dios mío, qué mal sobrellevaría la condición en la cual veo a tanta gente, clavada en una región de este reino, privada de poder entrar en las principales ciudades y en las cortes, y de usar los caminos públicos, por haber tenido disputas sobre nuestras leyes! Si aquellas a las que sirvo me amenazaran siquiera con la punta de un dedo, me iría en el acto a buscar otras, a cualquier sitio. Toda mi pequeña prudencia en las guerras civiles en las que nos hallamos se aplica a que no interrumpan mi libertad de ir y venir.


Esa omisión plantea un problema cronológico interesante, teniendo en cuenta que Montaigne fue detenido y llevado a la Bastilla en julio de 1588, que el Libro III se publica ese mismo año y que el capítulo La experiencia pertenece a esa fase final. 


En base a estos hechos, caben dos hipótesis, aproximativas y especulativas, porque no hay forma de verificarlas: 


—Hipótesis cronológica. La edición de 1588 de los Ensayos estaba ya impresa o en proceso de impresión antes de julio 1588, antes, por tanto, de su encarcelamiento, y Montaigne no consideró necesario corregirla en sus anotaciones posteriores.

—Hipótesis conceptual. A pesar de que Montaigne revisó obsesivamente su texto y añadió numerosas interpolaciones tras 1588, no corrigió ese fragmento. Puede que Montaigne no considerara aquella retención como detención, ya que no hubo proceso ni condena, tratándose más bien de una retención por motivos políticos de la que fue liberado a las pocas horas; o bien, siguiendo con su actitud general ante los acontecimientos políticos, a los que tiende a minimizar en el plano autobiográfico, pensó que no afectaba a su retrato de sí.

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Notas:


1. La Ephemeris historica es un calendario o diario histórico escrito por Michael Beuther (1522–1587), humanista e historiador alemán. Registra eventos, efemérides y aniversarios relevantes, y contiene espacios en blanco en cada página para que su poseedor pueda escribir sus comentarios o sus propias efemérides.

2. Henri de Lorraine, duque de Guisa y príncipe de Joinville (1550-1588), encabezó el partido católico durante las guerras de religión de Francia (1562-1598).

3. Enrique III, último monarca francés de la línea directa de los Valois, que reinó desde 1574 hasta su asesinato en 1589.

4. La Bastilla fue una fortaleza medieval en París, construida en el siglo XIV y convertida en prisión estatal en 1417.

5. Catalina de Médici (1519-1589), fue reina consorte de Francia por su matrimonio con Enrique II. Ejerció una gran influencia política durante los reinados de sus tres hijos, Francisco II, Carlos IX y Enrique III, intentando mantener la dinastía Valois.

6. Jean Bussy-Leclerc, Jean Leclerc, fue un procurador del Parlamento de París que fue nombrado gobernador de La Bastilla en 1588 gracias al apoyo de Henri de Guisa.

7. En 1588 el prévôt des marchands, el equivalente al actual alcalde durante l’Ancien Régime, era Michel Marteau.

8. Nicolas IV de Neufville, marqués de Villeroy (1542-1617), secretario de Estado durante las Guerras de Religión y primer ministro durante la regencia de María de Médici.

9. Carlos III de Guisa-Lorena (1620-1692), duque de Elbeuf, conde de Lillebonne, conde de Rieux y barón de Ancenis.

10.  La Liga Católica, creada formalmente en 1576 y dirigida por Henri de Guisa, fue un movimiento político armado que participó en las Guerras de Religión cuyo objetivo era imponer el catolicismo como única religión y eliminar el protestantismo de Francia.

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