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| H. D. Thoreau. en.wikipedia.org |
"Ningún movimiento de las piernas puede aproximar dos mentes."
Henry David Thoreau (1817-1862), Walden
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| H. D. Thoreau. en.wikipedia.org |
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| Los reconocimientos. William Gaddis. Editorial Sexto Piso, 2014 Traducción de Juan Antonio Santos. Prólogo de William H. Gass |
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| ¡Despidan a esos desgraciados! jack green. Alpha Decay, 2012 Traducción de Rubén Martín Giráldez. Prólogo de José Luis Amores |
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| En busca de la verdad. Thomas Berhard. Alianza Editorial, 2014 Traducción de Miguel Sáenz |
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| Anatomía de la memoria. Eduardo Ruiz Sosa. Editorial Candaya, 2014 |
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| Sueños de trenes. Denis Johnson, Penguin Random House, 2015 Traducción de Javier Calvo |
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| Un hombre muerto en Deptford. Anthony Burgess. Alfaguara, 2008 Traducción de Ramón García |
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| Anatomía de la memoria. Eduardo Ruiz Sosa. Editorial Candaya, 2014 |
"Entre los años de 1972 y 1978 el espacio público sinaloense fue el medio a través del cual se difundió un proyecto político revolucionario enarbolado por estudiantes universitarios que pretendió instaurar en Sinaloa la dictadura del proletariado a través de la violencia. Apoyados por una organización político-militar de carácter urbano, la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), desplegaron en esta entidad federativa un sinnúmero de acciones de agitación y propaganda armada convocando a los sectores populares a sumarse a su “revolución”.
"Dichos individuos aparecieron repentinamente en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Sinaloa en la primavera de 1972. Pertenecían a la Federación de Estudiantes Universitarios Sinaloenses (FEUS) y las Juventudes Comunistas de México (JCM) en la entidad. Sus orígenes estaban en la ciudad de Culiacán, en diversas escuelas y facultades de la institución entre las que destacan la Preparatoria Central, Ciencias Químicas, Economía, la Escuela Superior de Agricultura y en menor medida Trabajo Social, Enfermería, Derecho, Contabilidad y Administración. Otro núcleo importante se ubicó en el puerto de Mazatlán, en la novel escuela de Ciencias del Mar.
"Los Enfermos, como los denominaron peyorativamente sus detractores dentro y fuera de la UAS, compartían otro rasgo común: eran moradores de las Casas del Estudiante Universitario Rafael Buelna Tenorio, Genaro Vázquez, Femenil, Unidad Habitacional de la Escuela Superior de Agricultura y Octubre Rojo.
"Después de haber participado y haberse fogueado en la movilización que la FEUS encabezó contra el rector impuesto Gonzalo Armienta Calderón, entre los años de 1970 y 1972 (durante el periodo de la llamada Reforma Universitaria), motivados por diversas circunstancias decidieron abandonar esa lucha a partir de la primavera de 1972. En lugar de buscar la transformación académico-administrativa de la también llamada Casa Rosalina, decidieron empeñar todos sus esfuerzos en el cambio radical de la sociedad aglutinados en torno al lema “Revolución o muerte. Venceremos”.
"Ya embarcados en dicho proyecto, sus actividades políticas y militares se tradujeron en invasiones de predios agrícolas y urbanos, ataques a centros comerciales, promoción de huelgas del transporte público de la capital, Culiacán, en demanda de mejores condiciones laborales para los trabajadores del volante, confrontación con grupos estudiantiles opositores a sus tácticas y estrategias, puestas en marcha de “ensayos insurreccionales” e incluso acciones violentas como el llamado “asalto al cielo”, efectuado en Culiacán y sus alrededores el 16 de enero de 1974.
Extracto del texto Escritura y revolución. Una historia política de Los Enfermos a través de sus producciones discursivas, de Sergio Arturo Sánchez Parra, Universidad Autónoma de Sinaloa, México.Juan Pablo Orígenes, un antiguo integrante del grupo revolucionario estudiantil Los Enfermos, escapa de la ciudad rumbo al norte pertrechado con un ejemplar de Anatomía de la melancolía huyendo de una memoria anclada en un pasado luctuoso, una huida imposible cuyas escalas detalla escribiendo en los márgenes del libro de Burton, anotaciones que no constituirán el reportaje de su viaje, a cuyo comienzo ya intuye interminable, sino el testimonio de la búsqueda de su pasado:
"La peor enfermedad es la soledad, escribió; luego, debajo de esa línea, muchos años después, con un pulso más firme, escribió: la peor enfermedad es el libro; y luego, con los años, con la vejez encima y con el pulso tembloroso de los que esperan la muerte: la peor enfermedad es el cáncer, y en lugar del punto agregó una coma y la palabra Madre."Simultáneamente, Estiarte Salomón tiene la intención de escribir un libro que recoja la historia del movimiento, a cuyo efecto investiga antecedentes y se entrevista con algunos de los supervivientes de Los Enfermos. Ambos libros, el Burton anotado por Orígenes -el juego formal consistente en esta escritura en los márgenes se traslada, conceptualmente, a los encabezamientos de los capítulos del libro, tercero, de Ruiz Sosa-
"Por eso escribimos, porque tenemos la esperanza de corregir lo que somos, lo que fuimos."y el libro en construcción de Salomón constituyen el núcleo duro de la trama de Anatomía de la memoria.
"Hay que hacer memoria, que es lo único que nos salva. Hay que escribir el libro, porque el libro se ha perdido y sin escritura la memoria es un murmullo, el rumor de los desaparecidos."¿Qué se recuerda después de olvidar?
"Se olvida la herida, pero no su dolor".¿Es suficiente una voz para la memoria?
"Sospecho que mi vida es lo que no recuerdo".¿El libro -la memoria-, mantiene con vida al que ya ha muerto?
"El futuro, que vamos construyendo sin que ocurra, se nos olvida con el tiempo; lo que no se olvida, después de todo, es el olvido mismo."¿Cómo logramos que mienta la memoria?
"Hay que acercarse corriendo al destino, para que el pasado no nos alcance."De la totalidad de nuestro pasado, la memoria sólo contiene lo que no se ha perdido; el libro sólo es un inventario, un recurso contra la desaparición, contra la degradación, contra la pérdida, una relación de lo que fue, o de lo que no fue, una relación de lo que ya no volverá a ser jamás, la última defensa contra la disolución total, un último intento de evitar la imposibilidad de enunciar la frase "yo soy yo".
"El olvido es guardar los pedazos de una misma cosa en lugares diferentes."En la vida real, los desaparecidos son los que no están, pero,
"La memoria nos viene del pasado, no va hacia él."De igual modo que no se puede viajar al futuro para observar las consecuencias de nuestros actos de hoy, tampoco podemos viajar al recuerdo para encontrar alternativas a aquellos de nuestros actos que, con el tiempo, se han mostrado inadecuados. Se puede preguntar al pasado, pero jamás responde.
"Yo lucho por una memoria sin nostalgia; algunos llaman a eso olvido."La distinción entre lo que se recuerda y lo que se cree recordar es fundamental.
"El pasado es una casa oscura donde entramos a ciegas y solos porque nadie nos puede ayudar a recordar lo que nosotros mismos, una vez, borramos y dejamos en silencio."La reactivación de La Enfermedad que pretenden algunos de los protagonistas depende de que pueda recuperarse la Biblioteca Ambulante de los Enfermos, un conjunto de libros cuya posesión era peligrosa y que se enterraron en la época para salvarlos de la destrucción. Esa exhumación significa también desenterrar el recuerdo, un trabajo tan laborioso -los libros están en lugares poco accesibles, para esconderlos de miradas indiscretas- como delicado -no pueden malograrse porque se perdería la información que contienen sus páginas-. Y tan importantes son los libros en sí mismos como las notas marginales manuscritas en sus páginas.
"Es pasado está en otro lugar, sigue ocurriendo allá lejos, donde ya no estamos",y la memoria sólo es un intento fútil, incompleto e imposible de trasladarnos allí.
"Si nos faltara algo más, ya no podría faltarnos nada."Así, cuando el recuerdo duele, el olvido es la única esperanza:
"Recordar; o reunir los pedazos de la memoria, lo que va quedando, tal vez esa es otra forma de la búsqueda, pero más bien es una especie de negación, un volver a pasar las cosas, por revivirlas, un volver a pasar las cosas por el corazón, volver a sentirlas: el recuerdo no es la nueva ocurrencia de las cosas, sino la constante sensación de su paso por nosotros, cuando uno lo que quiere es no volver a ningún lado en donde ya estuviera antes, en donde fuimos otros que ya no somos porque hemos ganado en lentitud y en dolores, en achaques, en tristeza, recordar es un puro látigo [...] Lo único que recuerdo es lo que quise olvidar."De ese modo, la memoria no sería más que el humo residual de un fuego extinguido cuyas brasas es ya imposible reavivar.
"Zambrano [...] necesitaba saber algo sobre Lida Pastor, pero no dejaba de preguntarse, él mismo, ¿qué iba a hacer cuando la encontrara?, ¿con qué verla, si con los ojos del ahora o con los ojos del recuerdo?, ¿iban a revivir el tiempo que ya los abandonó?, ¿iban a recuperar algo de lo perdido, de lo que ya es irrecuperable?"En situaciones políticas de violencia o de represión, cuando cada muerto es una alimaña que se ha eliminado o un héroe que se ha inmolado en aras de una consideración superior, cuando cada muerto es instrumentalizado por uno de los bandos de la contienda, el verdadero rebelde es el que muere porque le da gana -"por su cuenta"-, el que, en lugar de sucumbir a la violencia de una tortura o a la inmediatez de un disparo, se deja apagar lentamente, sin ruido, sin espectáculo, sin la posibilidad de ser el muerto de nadie.
"Porque en los libros queda la esencia de los que escriben, pero también hay algo de los que leen, decía Orígenes; y llegó a la conclusión de que para lograr el regreso definitivo de la Enfermedad había que exprimir de los libros el contagio y esparcirlo por la ciudad, por el mundo, por la gente sana que no sabe que de verdad están Enfermos en algún lugar de sus cuerpos."
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| Sueños de trenes. Denis Johnson. Penguin Random House, 2015 Traducción de Javier Calvo |
"Estaba completamente solo en su cabaña del bosque, hablando solo y sobresaltado por su propia voz. Hasta su perra se había largado a alguna parte, y no había vuelto a pasar la noche con él. Se quedó mirando cómo el fuego parpadeaba en las ranuras de la estufa y el telón movedizo de oscuridad total que lo rodeaba."Una novela es el relato de lo que sucede en el transcurso de un tiempo determinado, pero también el ritmo al que ésta avanza permite una metáfora temporal. Existen novelas que avanzan como un reloj de cuerda, en el que el paso del tiempo se intuye pero, si miramos las manecillas, no se ve; otras avanzan como un reloj de arena, en el que el tiempo transcurrido se va acumulando fruto del constante trasvase de arena del bulbo superior al bulbo inferior; otras, en cambio, avanzan como un metrónomo, en el que el tiempo absoluto no existe porque lo que importa es el constante martilleo de cada brazada.
"Viviendo en el Moyea, con tantas pequeñas tareas para distraerse, se olvidaba que era un hombre triste."La marca del destino trágico es indeleble, no hay ninguna posibilidad de escapar del hado, los reveses que se sufren se encajan con la conformidad de la inevitabilidad, y ni siquiera es posible la expresión de los sentimientos: quien no es capaz de mostrar alegría, pues jamás ha tenido motivos para ello, tampoco, como si se hallase ante la otra cara de la misma incapacidad, se siente tan triste como para mostrar pesar, acepta las desgracias como si formaran parte de una inapelable cuota, y nunca se pregunta por la justicia en ese reparto de las adversidades, siendo lo máximo que puede experimentar una alelada confusión. ¿No hay pues, esperanza? No, a las vidas marcadas por la tragedia no se les permite la esperanza ni en los sueños.
"A veces se acordaba de Kate, de aquella chiquilla preciosa, pero no a menudo. La de su hija era una historia tan triste. Apenas había estado despierta, mucho menos viva."Los seres marcados por un destino trágico no pueden desprenderse ni siquiera de su pasado, un pasado que les acecha, esperando encontrarles desprevenidos para lanzarles sus dentelladas. Las vidas prescindibles ni siquiera pueden aspirar a la redención, ni tan sólo la muerte altera nada de lo que les rodea.
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| ¡Despidan a esos desgraciados! jack green. Alpha Decay, 2012 Traducción de Rubén Martín Giráldez. Prólogo de José Luis Amores |
"La única preocupación del crítico es la inmortalidad: si él fuese inmortal, también podría escribir una gran novela algún día. Si un millón de críticos estuvieran tecleando sobre un millón de máquinas de escribir..."No hay mejor forma que cerrar esta serie de Notas de Lectura de Los reconocimientos que haciendo mención a este ¡Despidan a esos desgraciados! (Fire the Bastards, 1962), un panfleto que fue publicado por primera vez en el magazine newspaper en el que su autor, Christopher Carlisle Reid, bajo el seudónimo de jack green, cargó inclemente contra los primeros críticos -a partir de esta mención, y a lo largo de todo este post, considérese esta palabra entrecomillada- que reseñaron la obra de Gaddis. Al poder considerarse "crítica de la crítica", green no reivindica la calidad y pertinencia de Los reconocimientos sino que pone en la picota ciertas tendencias de la crítica de la época -y, es de temer, de todas las épocas, la actual incluida- en basar sus juicios en un conjunto de clichés intercambiables para cuyo uso no es necesaria ninguna preparación intelectual previa ni tan sólo, en el peor de los casos, haber leído el libro que se reseña: tan grave es, para green, hacer una crítica con insidia como hacerla con desidia; he ahí el método:
"Leed por encima la novela, sin prestar mayor atención, pero cuidando de tomar nota de cada punto disperso que se le ocurra a vuestra dispersa mente. Después de "terminar" el libro, siempre se puede establecer alguna relación entre las notas (no importa lo incoherentes que sean). Lee de nuevo el blurb, consulta en tu lista numerada de clichés y decido cuál es el más adecuado. Ahora reescríbelo bien en jerga especializada y recuerda: tus lectores tampoco han leído aún el libro.""Crítica sobre la crítica" podría significar el colmo del solipsismo, pero green resuelve con habilidad la salida de ese callejón porque en lugar de complacerse con los clichés usuales, deconstruye razonamiento tras razonamiento, párrafo tras párrafo y arrasa y nivela unas críticas impresentables, zafias, ignorantes y pretenciosas, aplicando un criterio razonable y comedido: se puede instruir un proceso contra una obra de arte, lo que no se puede es dictar una sentencia."
"Es un error trasladar ideales democráticos al juicio del arte."Por otra parte, parece que Gaddis tomó buena nota de las críticas a Los reconocimientos, de los defectos que le achacaban y de las carencias que le descubrían, y haberlas tenido muy en cuenta a la hora de redactar su siguiente novela, Jota Erre; porque si un buen puñado de críticos incapaces intentaron menospreciar su primer libro con una serie de argumentos inconsistentes, ¿qué dirían cuando el autor, bajo el criterio de "¿no quieres caldo?", escribió una novela elevando a la enésima potencia esas carencias y defectos.
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| The Recognitions. William Gaddis. Atlantic Books, 2003 |
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| The Recognitions. William Gaddis. Penguin Books, 1986 |
"Como una historia que oí una vez, me la contó un amigo, alguien a quien traté hace tiempo, una historia sobre un cuadro falsificado. Era un Tiziano falsificado que alguien había pintado sobre otro cuadro antiguo, y cuando rasparon el falso Tiziano encontraron debajo un cuadro antiguo sin ningún valor, el falsificador la había utilizado porque era un lienzo viejo. Pero había algo más bajo aquel cuadro sin valor, y cuando lo rasparon encontraron debajo un Tiziano, un Tiziano auténtico que había estado allí todo el tiempo. Era como si cuando el falsificador estaba trabajando, y no sabía que el original estaba debajo, quiero decir que no sabía que lo sabía, pero ello lo sabía, quiero decir que algo lo sabía. Quiero decir, ¿entiendes lo que quiero decir? Que debajo de eso está el original, que lo... auténtico está ahí, y en la superficie... si sólo puedes ver... ¿entiendes lo que quiero decir?"
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| The Recognitions. William Gaddis. Dalkey Archive Press, 2012 Introduction by William H. Gass |
"¡Y tú!, ¿qué quieres tú? [...] ¡Tú y tu obra, tu preciosa obra, tu precioso Van der Goes, tu precioso Van Eyk, tu precioso no Van Eyk sino lo que yo quiero! Y tu canciller Rolin, míralo ahí, míralo. Sí, ¿por qué no le pintaste una Virgen con Niño y donante? ¿Crees que es diferente ahora? ¿Que ese carrilludo canciller Rolin no era igual que él? Sí, ¡maldíceme por todo lo que es feo! [...] Vulgaridad, codicia y poder. ¿Es esto lo que te asusta? Es lo único que ves a tu alrededor, ¿y crees que entonces era diferente? Flandes en el siglo XV, ¿crees que era todo igual que La adoración del cordero místico? ¿Y qué me dices de las pinturas que nunca hemos visto, de la basura que ha desaparecido? Sólo porque nos quedan unas cuantas obras maestras, ¿crees que eran todas obras maestras? ¿Y qué me dices de las pinturas que nunca hemos visto y que nunca veremos?, que eran tan malas como cualquier otra cosa que se haya hecho. Y tu precioso Van Eyk, ¿crees que no vivía hundido hasta el cuello en una corte afectada y vulgar? ¿En un mundo donde todo se hacía por las mismas razones por las que se hace hoy?, ¿por vanidad y avaricia y lascivia?, ¿y el egoísmo ilimitado de esos cancilleres Rolin? ¿Crees que sabían la diferencia entre lo que era grotesco y lo que era hermoso?, ¿que su vulgar ostentación no ahogaba la belleza en todas partes, en todas partes, igual que lo hace hoy? ¡Sí, maldita sea, escúchame ahora y jura por todo lo que es feo! ¿Crees que algún pintor hacía algo que no fuera venderse? Esos bellos retablos, ¿crees que glorifican a alguien que no sea el hombre vulgar que los encargó? ¿Crees que Van Eyk no maldecía tener que prostituir su genio, tener que malgastar sus talentos en toda suerte de celebraciones vulgares, a merced de gente que odiaba?
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| Los reconocimientos. William Gaddis. Editorial Sexto Piso, 2014 Prólogo de William H. Gass. Traducción de Juan Antonio Santos |
"Muy bien, escucha, tengo ideas, pero ¿por qué habría de agobiarte con ellas? Es tu trabajo, y algo como escribir es muy íntimo, ¿no? Qué... qué frágiles son las situaciones. Pero no tenues. Delicadas, pero no endebles, no indulgentes. Delicadas, por eso se rompen, deben romperse y uno debe juntar los trozos y mostrarlo todo antes de que vuelva a romperse, o dejar esos pedazos a un lado durante un momento cuando se rompe alguna cosa y uno se vuelve hacia ella, y todo sigue ocurriendo. Por eso, casi todo lo que ahora se escribe, cuando uno lo lee van uno dos tres cuatro y te cuentan lo que ocurrió como reportajes periodísticos, sin adjetivos, sin frases largas, sin truco alguno en apariencia, y finalmente creen que creen realmente que la forma en que lo vieron es la forma en que ocurrió, cuando en realidad... [...] No... uno nunca se queda sin aliento cuando le cuentan cosas que ya sabe, cuando lo exponen todo linealmente, como si los términos y el tiempo, y la naturaleza y el movimiento de todo fueran secretos de la misma magnitud. Escriben para gente que lee con la superficie de su mente, gente con hábitos de lectura que les exigen lo mínimo, gente enseñada a leer en busca de hechos, que sabe lo que va a venir a continuación y quiere saber lo que viene a continuación, y se enfada con las sorpresas."
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| Don DeLillo, 1991 http://www.pbs.org/wnet/americannovel/timeline/delillo.html |