31 de octubre de 2014

Lecturas octubre

Mare Nit. Kurt Vonnegut, Editorial Males Herbes, 2014
Traducció de Martí Sales
Mare Nit (Mother Night, 1961) recull les suposades memòries de Howard W. Campbell, Jr., anomenades "Les confessions 'en Howard W. Campbell, Jr.", editades per un tal Kurt Vonnegut, Jr., a qui ha arribat el manuscrit redactat des d'una presó de l'estat d'Israel on Campbell espera judici per crims contra la humanitat; la seva culpa és haver treballat d'espia  nordamericà al bell mig de l'Alemanya nazi i haver fet tan bé la seva feina que a) els seus caps no poden reconèixer que treballava per a ells; i b) tothom es pensa que era un nazi convençut. I és que la ficció que fabrica el protagonista, amb destresa però sense poder escapar d'una amenaça, la revelació del secret, en definitiva, la veritat, és tan perfecta que, per més que vulgui, no se'n podrà deslliurar perquè acaba conformant una realitat, no alternativa, ja que no existeix -ell mateix anul·la la possibilitat de transvasament de l'una a l'altra- sino paral·lela. Mare Nit és un dels llibres més tristos que he llegit mai; però que no us espanti aquest comentari: correu a la llibreria més propera (o a la favorita) i endueu-vos-el a casa ja: la satisfacció és garantida.
Ressenya ampliada a: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2014/10/mare-nit.html
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Sartor resartus. Thomas Carlyle, Alba Editorial, 2007
Traducción de Miguel Temprano García
Subtitulado Vida y opiniones de Herr Teufelsdrockh -primera pista-, Sartor resartus es un comentario crítico y exégesis filosófica que un anónimo editor, cuyo cometido principal es poner un poco de orden en el caos -segunda pista- del manuscrito, agrupado en carpetas con nombres de signos del zodíaco, redacta acerca del supuesto El vestido, su origen e influencia, y se inscribe en la tradición de libros que hablan sobre libros que no existen, obra de autores también desconocidos. Apoyado en un peculiar sentido del humor -el "autor" es alemán y el "editor" inglés, circunstancia que facilita numerosos e irónicos comentarios cruzados cargados de una sutil xenofobia con respecto a una cultura, la alemana, que los ingleses consideran antropológicamente atrasada y relativamente carente de referencias (incluso el recurso continuo a Goethe actúa en este sentido)-, es la muestra de que algunos recursos estilísticos se sabían utilizar de forma ya magistral hace doscientos años, y desprende, a cada página, ese inconfundible olor de los clásicos. Imprescindible.
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Infinito. La historia de un  momento. Gabriel Josipovici, Cómplices Ed., 2014
Traducción de Juan de Sola
Un anónimo entrevistador interroga -no llegamos a saber la razón- a Massimo, el ayuda de cámara del músico y artista Tancredo Pavone (inspirado, según el propio autor, en Giacinto Scelsi) acerca de su vida con éste, sus relaciones y opiniones -en general, pero sobre todo en relación con el arte, los artistas y la música en particular- hasta confeccionar, de esa manera, un retrato ajustado, próximo en la distancia física pero lejano en la complicidad, de una personalidad peculiar e interesante.  Mediante el recurso a una supuesta conversación -de forma parecida a como procedió con Moo Pak-, Josipovici nos presenta a un viejo cascarrabias que recuerda a algunos personajes de Thomas Bernhard, también en el aspecto formal con ese estilo indirecto plagado de "dijo" y de repeticiones que, como una espiral, se retuercen sobre sí mismas hasta que llegan al centro del argumento que se desea comunicar. Si no fuera un término tan manoseado, cabría calificar Infinito como una obra sumamente original, así que vamos a dejarlo en un excelente texto que sobresale dignamente de la mediocridad: sin intriga también hay paraíso.
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El meridiano de Greenwich. Jean Echenoz, Anagrama, 2014 (reedición)
Traducción de Josep Escué
Jean Echenoz es, probablemente, el escritor francés más irreverente; aunque existen otros que le disputarían ese trono, se pierden en la provocación y en la explicitud. Echenoz es mucho más sutil, menos aparente y, como consecuencia, su irreverencia no se muestra, se revela, es más inteligente. Sus personajes tienen un fondo de hombre-de-la-calle que solamente se transforman en personajes insólitos cuando se enfrentan a una determinada situación extrema; y eso vale para sus novelas, para sus "biografías" o para las obras paródicas de novela negra, clase en la que se encuadraría este Meridiano de Greenwich: el ritmo rápido y sincopado del género negro pero con el inconfundible olor de la parodia; la hipérbole de los clichés pero con ciertas notas lo suficientemente discordantes para alterar de percepción programática que el lector, atónito, va construyendo en su cabeza. Echenoz mira, amenazante, se lleva la mano al costado, desenfunda, apunta y, en lugar del disparo, lo que sale del cañón del arma es una banderita con la palabra "bang", en tinta roja sobre fondo blanco, por supuesto. Así progresa la prosa de Echenoz: coge impulso, avanza, se detiene, acelera, cambia de dirección, se distrae y, cuando parece que va a abandonar, reemprende la carrera, veloz, esta vez, con un ritmo difícil de aguantar hasta llegar, lector jadeante y taquicárdico, a... ¡eh, un momento! ¿eso era la meta?
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Ostinato. Louis-René des Forêts, Mercure de France, 1997
La autobiografía es un género tan delimitado que cualquier variación que afecte a un establecido cliché pone a la obra en la frontera de la ficción, de la autoficción, del diario, del cuaderno de notas o de lo que se quiera, aun entendiendo que cualquiera de esas alternativas no tienen por qué no incluirse en el propio género tomado, eso sí, en un sentido más laxo. Louis-René des Forêts, un influyente intelectual francés de referencia en los círculos cultos del país vecino, fue un escritor tan peculiar que redactó "su autobiografía", este Ostinato en forma de fragmentos aparentemente inconexos -Mercure de France, su editor, lo ubica en su colección de poesía-, bajo dos paradigmas: la preponderancia del lenguaje -decir sin contar-, y la relevancia del objeto -autobiografía con vida pero sin protagonista-. Exigente. Espectacular.
Reseña completa en: 
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Los vivos y los muertos. Joy Williams, Alpha Decay, 2014
Traducción de Albert Fuentes
Tres jóvenes huérfanas desalineadas con un mundo de adultos que ni es el suyo ni han escogido, y que insiste en marginarlas de sus centros de decisión, materializan su rebeldía mediante aquellas acciones que las reafirman en sus creencias y que, solapadamente, intentan minar la autoridad de los adultos. Entremedio, una nómina de desasosegantes personajes insólitos que enmarcan la eterna búsqueda de la felicidad y de un mundo que existe, "pero ninguna de las personas que conocemos estará en él". Williams crea hábilmente un cuadro crudo pero fiel acerca de quien aun busca su verdadero lugar, evitando las trampas que le tienden, en una extraña alianza, los vivos y los muertos; y lo hace con una novela brillante, mordaz pero compasiva, y reflejando, mediante una sucesión de cuadros aparentemente inconexos y con la ausencia de una trama central, con dureza y generosidad un perfecto retrato de la inconforme adolescencia.
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El Círculo. Dave Eggers, Penguin Random House, 2014
Traducción de Javier Calvo
El avance de la tecnología ha inspirado numerosas obras de ciencia ficción de diversas orientaciones, pero las que poseen contenido distópico han prevalecido sobre las que auguraban un futuro feliz. En una vuelta de tuerca escalofriante, Eggers, novelista de formas clásicas pero de ideas avanzadas, aunque en esta novela, a diferencia de la mayoría de su obra, parece haber tirado de algunos clichés del bestseller abandonando ese toque Eggers que le hacía reconocible fuera cual fuera el tema central de cada libro, ha mirado a su alrededor y, con una visión a pocos años vista, se ha limitado a imaginar el lugar al que la manipulación y los nulos escrúpulos de los gigantes de la red nos tienen reservados. No es una parábola ni una fábula, es la lógica de los hechos, y lo que la hace escalofriante no es la magnitud de la distopía sino la cercanía en le tiempo que se adivina: El Círculo es una de las novelas de ciencia ficción (si consensuamos este hecho) con menos anticipación que existen, y esa característica es la que la convierte en una verdadera novela de terror: el futuro ya está aquí, y me temo que no nos va a gustar.
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La espada de los cincuenta años. Mark Z. Danielewski
Co-edición Pálido Fuego & Alpha Decay. Traducción de Javier Calvo
La historia de una venganza cuyo motivo se olvidó cae como un mandoble inclemente sobre alguien ajeno a ella pero marcado por la culpabilidad: éste podría ser el tema principal de este relato de historias anidadas compuesto por una trama sobrenatural que recoge los tropos de la fábula -magia, fantasía, medianoche, camino iniciático, huérfanos, espada mágica- para crear una atmósfera tensionada, incluida en otra trama autónoma:  una fiesta de cumpleaños que hace coincidir a un personaje que viene de un conflicto personal con el causante de ese conflicto, que funciona de marco narrativo, ubicada en el mundo real. La tensión viene provocada cuando un personaje de la fábula y un objeto, una espada que hiere solamente en determinadas circunstancias, traspasan la frontera de la ficción, la literatura, para incrustarse en el mundo real, la vida, con efectos devastadores.Los mimbres con que Danielewski teje esta historia no extrañarán a sus lectores: una trama que combina una historia digna de E. A. Poe con la superposición de narradores que recuerda Otra vuelta de tuerca y la invención de palabras de Finnegans Wake, en la que el experimentalismo formal, marginal pero necesario, acaba configurando un paisajismo tipográfico, con ilustraciones intercaladas en el texto, las voces de los narradores señaladas con comillas de distintos colores y la atribiliaria disposición del texto, que tiene la función de provocar la tensión visual con que se acompaña la tensión producto del mismo texto.
Reseña publicada en el Periódico La Central Octubre 2014: "Los nuevos clásicos, las viejas novedades".
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Niveles de vida. Julian Barnes, Anagrama, 2014
Traducción de Jaume Zulaika
Barnes estructura su libro más personal en tres relatos en los que especula acerca aquellas cosas que pueden juntarse y de las consecuencias de esas uniones: aquello que nadie hubiera considerado que pudiera darse a la vez en "El pecado de la altura"; aquello que parece que se ha unido pero sólo ha sido en apariencia en "En lo llano"; y el caso en que lo que se unen son dos personas -en este caso, el propio Barnes y Pat Kavanagh, su esposa, fallecida en 2008-, una unión que suma más que los elementos que la conforman, y que siempre acaba en tragedia, en "La pérdida de profundidad". Barnes, derrumbado ante la pérdida, impone la razón a las fórmulas de la autoayuda porque no concibe ninguna forma vicaria de superar el duelo ni atajos que acorten el camino, y concluye que el dolor se nutre del recuerdo de aquellas cosas que hicieron juntos y de aquellos errores que no se subsanaron, pero también de la anulación del futuro y de la posibilidad de seguir haciendo cosas juntos. Sin ser el mejor libro de su vasta producción, Niveles de vida sorprende por su sencillez pero también por su franqueza al tratar un tema que, ficcionalmente, ha sido ya objeto de algún otro título de su autoría.
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28 de octubre de 2014

Ostinato

Ostinato. Louis-René Des Forêts, Mercure de France,  1997
"Plantear mal la pregunta es una astucia para ponerse en la imposibilidad de responderla."
La autobiografía es un género tan delimitado que cualquier variación que afecte a un establecido cliché pone a la obra en la frontera de la ficción, de la autoficción, del diario, del cuaderno de notas o de lo que se quiera, aun entendiendo que cualquiera de esas alternativas no tienen por qué no incluirse en el propio género tomado, eso sí, en un sentido más laxo. Louis-René des Forêts, un influyente intelectual francés de referencia en los círculos cultos del país vecino, fue un escritor tan peculiar que redactó "su autobiografía", este Ostinato (Ostinato, fragments autobiographiques, 1997) en forma de fragmentos aparentemente inconexos -Mercure de France, su editor, lo ubica en su colección de poesía-, bajo dos paradigmas: la preponderancia del lenguaje -decir sin contar-, y la relevancia del objeto -autobiografía con vida pero sin protagonista-.
"La tercera persona para afirmarse contra el defecto de la primera. Es lo que fui, no lo que soy, que no tiene presencia real, a menos que uno vea allí el único y último recurso para descargarse de su propia persona. No, no es él ni yo, es el mundo el que habla, es su terrible belleza",
pero también:
"Quién sabe si el uso de la forma verbal del presente, así como la resignación en tercera persona no pertenecen simple y llanamente al dominio de la cobardía." 
¿Cómo se consigue eso? Des Forêts utiliza varios recursos, pero tal vez el principal es hacer uso de la enumeración: enumerando parece despojarse de la acción. También el tiempo verbal, en presente, aísla el contenido de cualquier referencia temporal; la práctica ausencia de descripción lo sitúan en un-no-lugar/todos-los-lugares. Así, una vez despojado de lo accesorio, sólo quedan las palabras, el lenguaje.
"Incendien el decorado, reduzcan ese decorado a cenizas, pisoteen esa ceniza con la misma indiferencia que el suelo que no es más que un osario en el que el ruido de nuestros pasos suena tan hueco como los huesos de los muertos."
La visión del exterior a sí mismo se siente como una amenaza ya que su característica principal es que no se puede controlar. La introspección, en cambio, adquiriría el papel de mecanismo de defensa, de protección, a medida en que avanza la edad, como si la experiencia dibujase una espiral de huida centrípeta, como queriendo recuperar la pureza perdida cuando se aprendió el uso del disimulo en la interacción con lo que está más allá de nuestro cuerpo. Cualquier conversación se convierte en un combate entre dos voluntades que deben acordar campo y armas, que deben reformar su estrategia después de cada movimiento del contrario y reajustar sus expectativas ante cada cambio de situación.
"Aquel que cumple la hazana de alimentarse de esperanzas, sabiéndolas quiméricas, ¿de qué no será capaz?"
Des Forêts aboga por la necesidad de articular un lenguaje propio porque tomando el lenguaje prestado es como si las experiencias que se relatan fueran también prestadas. Sin embargo, es imprescindible decir, porque el silencio puede llevar directamente al vacío y a la aniquilación.
"Le da el nombre de verdad a lo que está fuera de su alcance, como en los tiempos antiguos se divinizaban los astros porque se ignoraba su naturaleza."
Ante ese tiempo que parece recluido en un presente eterno, la única salvación es el lenguaje, la única manera de mantenernos vivos, flotando en esa corriente helada, de mantener a raya la superstición aprovechando los estallidos discrecionales de súbitos vislumbres de razón.

En definitiva, que no conclusión: no hay lugares más seguros que la muerte y el olvido:
"Ahora que los amigos dejaron la escena, en el ocaso de su vida, él se apresta a seguirlos; ahora el mundo no es más que un teatro de sombras donde él mismo hace ya su papel de fantasma, como impaciente por figurar antes de hora entre aquellos de los que sólo se habla en pasado, mientras las generaciones siguientes vienen a darle el golpe de gracia -el anonimato ancestral, el gran silencio del olvido."
Memoria en crudo y vivisección de un cerebro en funcionamiento, Ostinato es la demostración de que no todo está escrito ni todo está ya contado. Un desafío, sin duda, pero también un texto cuya digestión se extiende mucho más allá de su lectura y se recrea, fragmentaria pero insistentemente, en la mente del lector. Exigente. Espectacular.

Todo esto en cuanto al texto. Mi intención, como procuro siempre que se trata de la traducción de un libro francés de contenido exigente y en el que el lenguaje tiene un papel principal, era leer simultáneamente la edición original y la traducción, en este caso la que firma Hugo Savino, que ha editado Arena Libros y que debería figurar en el encabezamiento de este post; y no figura porque la traducción es nefasta, infame, una muestra incomprensible de la desidia y el desinterés, cuando no de la mala intención, de la displicencia o, directamente, de la ignorancia más vergonzosa. Por si fuera poco, la edición es absolutamente impresentable, con faltas de ortografía y desprecio absoluto de la gramática y de la sintaxis; jamás, si se siente algo de respeto hacia el lector, debería haber salido de la imprenta un engendro como ese. Mi consejo, después de ese intento, es que, si tienen la oportunidad, consigan un ejemplar de la edición francesa; es más, esa recomendación de la lectura que contiene la presente reseña NO se refiere a la traducción, si no pueden leerlo en francés, no la tengan en cuenta.

12 de octubre de 2014

Contrapunto XCI

Nunca deberíamos arrepentirnos de nuestras incongruencias y nuestras contradicciones: son ellas las que nos hacen más humanos.

10 de octubre de 2014

Contrapunto XC

Desconfiar de todas las ideologías.
Aborrecer todas las ideologías que prometen la felicidad.
Combatir aquellas que difieren la consecución de la felicidad hasta una vida futura.

9 de octubre de 2014

Actualización ocasional: Patrick Modiano



"La vida es una sucesión de ciclos... y de vez en cuando uno regresa a la casilla de salida."

Con motivo de la concesión, esta mañana, del Premio Nobel de Literatura 2014 al escritor francés Patrick Modiano, esta es una actualización ocasional para recopilar las Notas de Lectura publicadas en este blog, a lo largo de los últimos 6 años, de algunas de sus obras.


08 Abr 2013
Patrick Modiano es un narrador de lo que podría denominarse "conflicto latente", esos combates que subyacen, disimulados, en la cotidianidad, como es el caso de esos conflictos eufemísticamente llamados "de baja ...
12 Ago 2014
París y la memoria, los escenarios narrativos que Modiano ha convertido en leit motiv de sus textos hasta elevarlos al papel de protagonistas, son también el centro a partir del cual se articula La hierba de las noches ...
22 Oct 2010
Un nuevo libro de Patrick Modiano (L'horizon, 2010) al alcance de los lectores siempre es, en principio, una buena noticia; en vano ha buscado este reseñista -Modianista convicto y confeso, es cierto-, a cada entrega en ...
26 Mar 2009
Dora Bruder. Patrick Modiano, Seix Barral. Traducción de Marina Pino. “Existen casualidades, encuentros y coincidencias que se ignorarán siempre”. Patrick Modiano reaparece en este blog con honores de estreno, un autor ...
25 Abr 2009
Inscrita en la reciente y bienvenida afluencia de títulos de Patrick Modiano a los anaqueles, Anagrama y Proa en catalán (Carrer de les Botigues Fosques) recuperan este Premio Goncourt de 1978, Rue des boutiques ...
04 Oct 2012
La presencia de Patrick Modiano en este blog es recurrente; es de agradecer que distintas editoriales de variado pelaje, de un tiempo a esta parte, hayan "redescubierto" (olvidando u obviando ese antiguo y anacrónico ...
18 Ene 2012
Los seguidores de Patrick Modiano estamos de enhorabuena. La editorial Anagrama ha tenido la feliz idea de publicar en un solo volumen, bajo el título de Trilogía de la Ocupación, las tres primeras novelas del autor ...
16 Nov 2012
Un nuevo Modiano en castellano; efectivamente, parece que el mundo literario español se ha decidido, por fin, a ir saldando, paulatinamente y bajo distintos sellos, la deuda que tenía con el escritor francés, uno de los ...
15 Oct 2008
En el café de la juventud perdida. Patrick Modiano. Anagrama En el cafè de la joventut perduda. Patrick Modiano. Proa Cuando afirmamos conocer a alguien, o cuando actuamos como si este conocimiento fuera cierto, ...
17 Sep 2009
Las descripciones de Modiano nunca son exhaustivas ni producen el efecto descriptivo por acumulación. Se diría que toda situación a describir contiene unos elementos esenciales que la conforman, la determinan y le ...
30 Abr 2013
Patrick Modiano · Cabaret Voltaire, 2013. Traducción de Adoración Elvira Rodríguez Un sólido ejemplo de la potencia narrativa de Modiano con sus protagonistas habituales: París, la juventud, el misterio... *****. Els gossos
31 Ago 2014
Modiano no decepciona, nunca; es cierto que su obra, como todas, tiene sus altibajos, y seguramente la calidad literaria de algunos de sus primeros trabajos no está a la altura de lo que ha ido escribiendo posteriormente, ...

6 de octubre de 2014

Mare Nit

Mare Nit. Kurt Vonnegut, Males Herbes, 2014
Traducció de Martí Sales
"Som el que fem veure que som, així que val més que anem amb compte amb el que fem veure que som." De la Introducció de l'autor.
Amb Vonnegut, igual que amb alguns altres autors, però no tants, passa una cosa curiosa: és possible que, si no ens n'adonem, pensem "ostres, qué modernes que són les novel·les de Kurt Vonnegut!", sense tenir en compte que la majoria d'elles ja han passat els quaranta anys.

Mare Nit (Mother Night, 1961) recull les suposades memòries de Howard W. Campbell, Jr., anomenades "Les confessions 'en Howard W. Campbell, Jr.", editades per un tal Kurt Vonnegut, Jr., a qui ha arribat el manuscrit redactat des d'una presó de l'estat d'Israel on Campbell espera judici per crims contra la humanitat; la seva culpa és haver treballat d'espia  nordamericà al bell mig de l'Alemanya nazi i haver fet tan bé la seva feina que a) els seus caps no poden reconèixer que treballava per a ells; i b) tothom es pensa que era un nazi convençut. I és que la ficció que fabrica el protagonista, amb destresa però sense poder escapar d'una amenaça, la revelació del secret, en definitiva, la veritat, és tan perfecta que, per més que vulgui, no se'n podrà deslliurar perquè acaba conformant una realitat, no alternativa, ja que no existeix -ell mateix anul·la la possibilitat de transvasament de l'una a l'altra- sino paral·lela.
"Digueu el que vulgueu del dolç miracle de la fe cega, em sembla una capacitat absolutament paorosa i absolutament menyspreable." 
Aquest atzucac li serveix a Vonnegut, entre d'altres coses, per posar en evidència dues tesis principals: el valor de la vida (no de la vida en general, sino de la pròpia vida) i el preu que s'està disposat a pagar per seguir viu; però també que el pitjor mal en el món és la solitud, el generador de més conflictes entre éssers humans, i que l'única guerra raonable és la lluita contra la solitut.
"Fa tan de temps que visc sol que tot el que em concerneix és personal. Em sorprèn que la gent sigui capaç d'entendre ni un mot del que dic."
I la guerra, exclar, l'omnipresent guerra que no té amics perquè és un estat d'excepció, també moral, en el que tot allò que caracteritza la condició humana queda en suspens; la vella discussió de per què converteix éssers humans normals en els nostres enemics és precisamente aquesta.
"És impossible que m'emocioni el país perquè la propietat de la terra no m'interessa. És, sens dubte, un gran defecte de la meva personalitat, però no puc pensar en termes de límits. Per a mi, aquestes línies imaginàries són tan irreals com els elfs i les fades. No entenc que puguin marcar el començament o el final de res que tingui importància per a cap persona. Les virtuts i els vicis, els plaers i els dolors creuen les fronteres quan volen."
I l'humor, és clar... Ja sé que l'humor és una característica de la literatura de Vonnegut, l'humor davant qualsevol situació, per greu que sigui, fins i tot en aquelles que potser demanarien més cinisme que ironia. I no és pas que no en tingui, d'humor, Mare Nit, i tot i així aquest és un dels llibres més tristos que he llegit mai; però que no us espanti aquest comentari: correu a la llibreria més propera (o a la favorita) i endueu-vos-el a casa ja: la satisfacció és garantida.
Ah, i per acabar, un acudit recollit de Que levante mi mano quien crea en la telequinesis: sabeu per què George W. Bush estava tan cabrejat amb els àrabs? Doncs perquè van inventar l'àlgebra.

2 de octubre de 2014

30 de septiembre de 2014

Lecturas de septiembre

J. S. Bach, una estructura del dolorJosep SolerFundación Scherzo, 2004
Por primera vez se asoma a este blog una reseña -nota de lectura, comentario...- extensa sobre un libro de ensayo; la razón, aparte de un interés personal por la música, concretamente la de la época barroca y la de Johann Sebastian Bach en especial, aunque personalmente no sobrepase el nivel de aficionado avanzado, es que este es un libro extraño al que llegué gracias a la recomendación de un amigo, músico profesional. Y digo extraño porque no trata tanto del músico alemán como de la interpretación personal de su figura, de sus circunstancias y de su música por parte del autor, una visión particular de Bach que adjudica a todo el proceso creativo musical y, por extensión, a toda producción artística: no es, por tanto, un libro sobre Bach sino un libro sobre el Bach de Josep Soler y, también por extensión, sobre el propio Soler.
Reseña completa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2014/09/johann-sebastian-bach-una-estructura.html
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La Regla del Juego. Tachaduras, I. Michel Leiris, Días Contados, 2014
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
Si, al igual que sucede con los días, existen libros festivos y libros laborables, los de Leiris son, indudablemente, del grupo de estos últimos. Una parte importante de su trayectoria narrativa quedó recogida en un gran proyecto que denominó La Regla del juego (La Règle du jeu), compuesto por cuatro textos: I. Biffures (1948), II. Fourbis (1955), III. Fibrilles (1966), y IV. Frêle bruit (1976), a cuya primera parte corresponde este Tachaduras que, con la osadía habitual, ha editado la barcelonesa Días Contados; un conjunto, forzosamente fragmentario, de escritos que exploran la memoria, el proceso creativo y el pasado del protagonista, y en los cuales el lenguaje, como forma de comunicación pero también como base para el juego, adquiere el papel principal.
Leiris no pontifica ni fija el pasado; Leiris deambula por el mundo de las palabras, ensaya significados y retrocede. Busca, en ese inmenso repositorio figurado que es el recuerdo, las conexiones que algún día se establecieron -y se olvidaron, o de perdieron-, merodea entre significados, entre palabras y entre sonidos para recuperar ideas, conceptos o sensaciones, se recrea en las interpretaciones y cede ante las polisemias. En definitiva, escribe en las fronteras del lenguaje, justo donde la utilidad está a punto de sucumbir ante el placentero recreo. Tachaduras es pues, ante todo, una invitación al juego cuya recompensa es, justamente, aceptar el desafío.
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El cervell de l'Andrew. E. L. Doctorow, Edicions de 1984, 2014
Traducció de Maria Iniesta Agulló
El cervell de l’Andrew reprodueix una sèrie de converses entre l’Andrew, un científic cognitiu, depressiu, maldestre i marcat per la tragèdia, una persona ordinària, un home comú, enfrontat a una situació que el supera, dotat d’una formació acadèmica excessivament teòrica que no l’abasteix de les eines adequades per gestionar-la; i un interlocutor, un “psicòleg-que-seu-en-una-cadira-ergonòmica”, invasiu i perepunyetes, que l’interroga, el qüestiona i l’acusa. Lleugerament diferent de la seva producció anterior, encara que amb els estàndars de la bona literatura, el text, aquesta vegada narrat des de l’nterior de la consciència (o era la ment? o el cervell?) del protagonista, manté la mesura i la contenció característiques de Doctorow, la verosimilitut, el predomini de la trama i l’absència d’escarafalls estilístics, tot per intentar respondre a l’eterna pregunta: qui és aquest que la meva consciència en diu “jo”?
Ressenya extensa a: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2014/09/el-cervell-de-landrew.html
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El cerebro de Andrew. E. L. Doctorow, Roca Editorial, 2014
Traducción de Isabel Ferrer y Carlos Milla
El cerebro de Andrew reproduce una serie de conversaciones entre Andrew, un científico cognitivo, depresivo, torpe y marcado por la tragedia, una persona ordinaria, un hombre común, enfrentado a una situación cuya formación acadèmica, excesivamente teórica, adolece de las herramientas adecuadas para gestionarla; y un interlocutor, un “psicólogo-sentado-en-una-silla-ergonómica”, invasivo y tiquismiquis, que lo interroga, lo cuestiona y lo acusa. Entre ambos, una parodia de sesiones psicoanalíticas que dibuja una minuciosa mirada a lo más profundo de sí mismo, al lugar donde las experiencias van conformando una personalidad débil y volátil, inhabilitada para la felicidad; pero también el relato de unos hechos que exceden de la biografía del protagonista para reflejar un mundo que ha perdido la medida del hombre, una excusa para reflexionar sobre el poder de la memoria, el modo en que se cartografían los recuerdos y la imposibilidad de autodefinirse con la exactitud con que podemos definir aquello que nos es ajeno. Ligeramente distinta de su producción anterior, por más que con los estándars de la buena literatura, el texto, esta vez narrado desde el interior de la conciencia (¿o era la mente? ¿o el cerebro?) del protagonista, mantiene la mesura y la contención características de Doctorow, la verosimilitud, el predominio de la trama y la ausencia de aspavientos estilísticos, todo ello para intentar responder a la eterna pregunta: ¿quién es ese a quien mi conciencia llama “yo”?
Reseña extensa, en catalán, en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2014/09/el-cervell-de-landrew.html
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La espada de los cincuenta años. Mark Z. Danielewki. Pálido Fuego & Alpha Decay, 2014
Traducción de Javier Calvo
La historia de una venganza cuyo motivo se olvidó cae como un mandoble inclemente sobre alguien ajeno a ella pero marcado por la culpabilidad: éste podría ser el tema principal de este relato de historias anidadas compuesto por una trama sobrenatural que recoge los tropos de la fábula -magia, fantasía, medianoche, camino iniciático, huérfanos, espada mágica- para crear una atmósfera tensionada, incluida en otra trama -autónoma: una fiesta de cumpleaños que hace coincidir a un personaje que viene de un conflicto personal con el causante de ese conflicto-, que funciona de marco narrativo, situada en el mundo real. La tensión viene provocada cuando un personaje de la fábula y un objeto, una espada que hiere solamente en determinadas circunstancias, traspasan la frontera de la ficción, la literatura, para incrustarse en el mundo real, la vida, con efectos devastadores. Los mimbres con que Danielewski teje esta historia no extrañarán a sus lectores: una trama que combina una historia digna de E. A. Poe con la superposición de narradores que recuerda Otra vuelta de tuerca y la invención de palabras de Finnegans Wake, en la que el experimentalismo formal, accesorio pero necesario, acaba configurando un paisajismo tipográfico con ilustraciones intercaladas en el texto, las voces de los narradores señaladas con comillas de distintos colores y la atribiliaria disposición del texto, que tiene la función de provocar la tensión visual con que se acompaña la tensión producto del mismo texto.
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Historias del Mariposa. William Vollmann, Muchnik Editores, 1995
Traducción de Jordi Arbonés
Vollmann escribe una Divina Comedia de la desesperación: un viaje al infierno de Camboya y Tailandia, con el fotógrafo asumiendo el papel de Virgilio, visitando las simas de la aflicción; su estancia en el purgatorio de purificación y expiación, en este caso el ártico, Inglaterra, en definitiva, el mundo civilizado, acompañado de los diversos personajes que le reconducen -o intentan reconducirlo- por la senda de la virtud; su viaje al improbable y negado paraíso, el regreso a los EE. UU., lugar en el que en vez de contemplar la gloria del Altísimo es diagnosticado de SIDA; y, a diferencia del Dante, un último viaje sin regreso de vuelta al infierno, su casa, porque la magnitud de su pecado no permite el perdón y el único atisbo de redención se encuentra n el lugar donde todo el mundo paga por sus pecados.
Reseña extensa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2014/09/historias-del-mariposa.html
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Que levante mi mano quien crea en la telequinesis. Kurt Vonnegut, Malpaso Ediciones, 2014
Traducción de Ramón de España
Si bien es cierto que la valoración de un escritor debe basarse más en su obra que en su vida -a excepción de Oscar Wilde-, las biografías y los libros de crítica son modos excelentes, aunque accesorios, de encuadrarlo. En el caso de Vonnegut, un escritor cuya vida fue tanto o más apasionante que su obra, tiene todo el sentido del mundo recopilar toda la información personal que pueda conseguirse; en este caso, se trata de discursos de graduación -y algún extra- que dio en distintas universidades americanas y de otros discursos pronunciados en distintas efemérides. No es una obra de ficción, pero ahí es el propio Vonnegut quien habla, sin narrador interpuesto, y su mensaje, completamente coherente con su vida, es de muchísimo interés tanto para vonnegutianos convencidos como para aquellos lectores que quieran acercarse por primera vez a su obra.
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28 de septiembre de 2014

Historias del Mariposa

Historias del Mariposa. William T. Vollmann, Muchnik Editores, 1995
Traducción de Jordi Arbonés
"... y confiar en obtener vuestra indulgencia sobre la base de que un escritor debe escribir acerca de lo que conoce, y como sea que yo no sé nada acerca de tema alguno, no tiene demasiada importancia dónde decida meterme." (del Prefacio al Lector).
Afirmar que William Tanner Vollmann es un autor peculiar no tiene demasiado mérito ni es fruto de una perspicacia especial; sólo hace falta echar una mirada a los títulos traducidos al castellano -por no ir más allá- para darse cuenta de que o bien su poética tiene algo de desquiciada, o bien la temática de sus trabajos, generalmente de ficción, es tan multifacética que es posible que nos hallemos ante uno de los escritores contemporáneos realmente grandes.

Historias del Mariposa (Butterfly Stories, 1993) es el segundo volumen de la innominada "Trilogía de la Prostitución", iniciada con Para Gloria (Whores for Gloria, 1991) y concluida con La Familia Real (The Royal Family, 2000, sin traducción al castellano).

Historias del Mariposa relata las peripecias de un muchacho -el Mariposa, propiamente- con una infancia difícil, con dificultades de integración en la escuela; un chaval raro que prefiere, por ejemplo, en contacto con las niñas a una edad en que eso es un imperdonable signo de debilidad. Posteriormente, en la edad adulta, ejerce de periodista freelance -aquí, el nombre del personaje cambia a "el periodista"- en el sudeste asiático (Camboya, Tailandia) en los epígonos de la época de Pol Pot y los Jemeres Rojos, donde disfruta de la anarquía sexual que ofrecen las prostitutas pero se enamora de una de ellas; su regreso a occidente -ahora su nombre será "el marido"- es una via crucis para conseguir volver a Asia, casarse con la prostituta y traerla a Estados Unidos. ¿Una novela sobre la prostitución, pues? No, o no solamente; 300 páginas le bastan a Vollmann para algo más que eso.

Vollmann, cuyas tramas acostumbran a carecer de una intriga bien definida, es un maestro indudable en la caracterización de personajes, hasta el punto de que sus novelas, incluida la monumental Europa Central (Europe Central, 2005, ganadora del National Book Award) son más "novelas de personajes" que "novelas de acción", y en la recreación de ambientes: cuatro pinceladas inconexas, no significativas tomadas una a una, nada exhaustivas, pero cohesionadas de tal manera que su conjunto consigue un marco preciso, perfecto y suficiente.
"Los pringosos copos de nieve empalidecían y escarchaban los autobuses hasta volverlos modestos objetos de color limón iridiscente, más adecuados para navegar a través de las ventiscas que iluminaban con sus ojos descoloridos y amarillentos."
bangkokbizarro.com
Y cuando se posee este dominio de los recursos narrativos es posible incluso trascender la literatura de género consiguiendo recrear situaciones de este tipo de narrativa sin los elementos que la caracterizan. Por ejemplo, a Vollmann no le hace falta el recurso a  elementos fantásticos para crear situaciones terroríficas, ni siquiera echar mano de los clichés del género: el terror puede recrearse, si se combinan acertadamente los recursos formales, en el patio de recreo de una escuela de primaria.

El sexo tiene una importancia fundamental en toda la trilogía; en este volumen, en concreto, el sexo "exótico" y la relación de éste con la enfermedad; del miedo a los hongos al miedo a las enfermedades venéreas y al SIDA, y la diferente caracterización de ambos desórdenes por parte de unos protagonistas perdidos en una espiral de degradación que hace que, por ejemplo, se limpien cuidadosamente las manos pero no usen condones.

La violencia es otro de los leit motiv en la obra del norteamericano, hasta el punto de haber dedicado al tema un ensayo de más de tres mil páginas, Rising Up and Rising Down, Some Thoughts on Violence, Freedom and Urgent Means (2003, no traducido). Historias del Mariposa es también el retrato de un mundo dominado por la violencia en el que el sexo de pago puede asumir el papel, según convenga, de una manifestación alternativa de esa violencia -la ejercida por el occidental sobre el oriental-
"Pero era igualmente cierto que los vampiros se sentían en la cima de todo porque se tiraban a las putas en un hotel con aire acondicionado",
o de única escapatoria, aunque siempre desde el punto de vista del que paga:
"-Bueno, les damos dinero, ¿no?- replicó el fotógrafo, muy sensatamente-. Si no, ¿de qué iban a vivir? Este es su trabajo. Es lo que saben hacer. Más aún: les pagamos realmente bien, mucho mejor que la mayoría de los tipos."
No tanto realismo sucio como realismo de lo sucio. Más Denis Johnson que Michel Houellebecq: la mirada desde dentro del laberinto que no busca épater la bourgeoisie sino, perdón, acojonar al lector.
"Lo que estaba haciendo sistemáticamente era desmantelar su propia realidad."
elgranjuego.periodismohumano.com
La novela contiene también una referencia al tropo del viaje como peregrinación; por una parte, el viaje a sudeste asiático como una forma de escapar del rechazo y la inadaptación mediante el poder del dinero occidental, y también el hecho de comprar sexo como sustitución de un amor que, al no poder adquiriese, no se es capaz de conseguir desinteresadamente. 
"El marido amaba a Vania más que a nadie. Había sido promiscuo sólo hasta que la hubiese tenido para siempre. Entonces ya no habría necesitado acostarse con nadie más. Y si resultaba que luego aún volvía a ser infiel, bueno, una puta ya estaría acostumbrada a esas cosas."
Pero también el viaje a un lugar donde la vida no tiene ningún valor consigue convertir en valiente al cobarde y hacer que manifieste esa audacia impostada mediante la indiferencia al peligro, sea éste el que representan las minas anti-persona abandonadas en el campo de batalla o el SIDA que padecen las prostitutas.
"A la hora de cenar volvió a acostarse con Marina, ella se mostró muy dulce y contenta. La folló de la misma manera que el chófer se lanzaba en los trechos largos, haciendo sonar el claxon para obligar a los vehículos que circulaban en ambas direcciones a abrir paso al embarrado coche del gobierno."
La enfermedad, sin embargo, no es una purga, un castigo o una forma de pagar los excesos, es un fin, un punto de llegada, la meta de una carrera desquiciada en pos de ella. Y cuando ésta no basta ni objetivamente -la muerte por SIDA es lenta y ni siquiera segura- ni subjetivamente -porque esperar la muerte no es suficiente castigo-, queda el suicidio; hay muchas formas de acabar con la propia vida; algunas se basan en matarse, y la variabilidad es casi infinita; pero para quien es incapaz de levantar su mano contra sí mismo, existe otra forma, el suicidio de los cobardes, pero también de los santos, de los mártires y del propio Hijo de Dios: hacerse matar.

Vollmann escribe una Divina Comedia de la desesperación: un viaje al infierno de Camboya y Tailandia, con el fotógrafo asumiendo el papel de Virgilio, visitando las simas de la aflicción; su estancia en el purgatorio de purificación y expiación, en este caso el ártico, Inglaterra, en definitiva, el mundo civilizado, acompañado de los diversos personajes que le reconducen -o intentan reconducirlo- por la senda de la virtud; su viaje al improbable y negado paraíso, el regreso a los EE. UU., lugar en el que en vez de contemplar la gloria del Altísimo es diagnosticado de SIDA; y, a diferencia del Dante, un último viaje sin regreso de vuelta al infierno, su casa, porque la magnitud de su pecado no permite el perdón y el único atisbo de redención se encuentra n el lugar donde todo el mundo paga por sus pecados.  

Otros recursos referentes a William T. Vollmann en este blog:
20 Nov 2013
"La obra de Vollmann es inmensa. Escribe más rápido que leo. Lo conocí en Sarajevo; le pregunté: ¿cómo consigues escribir tanto? ¿para qué? Me contestó: "Words are like bullets that I shoot against death. And I have the ...
30 Oct 2013
... inclasificables que se en-frentan al lector a pecho descubierto, sin la defensa de la moda o de la academia. Vollmann es un francotirador cuya obra, inmensa, subvierte los prejuicios acerca de qué se puede contar y cómo.
30 Ene 2014
Un veterano de Vietnam, alcohólico y desahuciado, recorre en un trayecto alucinado los barrios bajos de San Francisco buscando la redención que representaría el hallazgo de Gloria, que encarna, a la vez, su improbable ...

24 de septiembre de 2014

La regla del juego

La Regla del juego I. Tachaduras. Michel Leiris, Días Contados, 2014
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
"El misterio empieza a partir del momento en que nos creemos que todo está ya explicado."
Que todo libro es una forma de comunicación entre un sujeto agente, emisor, el autor, y un sujeto paciente, receptor, el lector, es una cuestión de sentido común; y que a pesar de esta distinción, el lector, más allá de la simple comprensión, es exigido a implicarse activamente en el proceso de lectura, más allá de las cuestiones meramente neuropsicológicas, un atributo que se reservan los buenos libros.

Leiris es un autor cuyos textos implican al lector como pocos, que no se entienden sin el compromiso de éste, que tiene el deber de dar forma a la masa amorfa de información, sentido a sus imprecisiones y salida a sus laberintos.

Si, al igual que sucede con los días, existen libros festivos y libros laborables, los de Leiris son, indudablemente, del grupo de estos últimos. Una parte importante de su trayectoria narrativa quedó recogida en un gran proyecto que denominó La Regla del juego (La Règle du jeu), compuesto por cuatro textos: I. Biffures (1948), II. Fourbis (1955), III. Fibrilles (1966), y IV. Frêle bruit (1976), a cuya primera parte corresponde este Tachaduras que, con la osadía habitual, ha editado la barcelonesa Días Contados; un conjunto, forzosamente fragmentario, de escritos que exploran la memoria, el proceso creativo y el pasado del protagonista, y en los cuales el lenguaje, como forma de comunicación pero también como base para el juego, adquiere el papel principal.
"Durante las largas temporadas en que no me queda más remedio que reconocer que soy incapaz de una actividad creadora [...] estas notas hacen las veces de posición de repliegue. No ignoro, por supuesto, que no existe oportunidad alguna de liberación más que a partir del momento en que hemos podido engastar aquello de lo que queremos deshacernos en un enunciado fascinante para los demás y, en consecuencia, capaz de exaltarnos también a nosotros, oradores que se emborrachan con la propia voz."
Tachaduras contiene una exploración en sentido antropológico de los divergentes sentidos de una palabra en función del contexto ontogenético y filogenético, pero también en función del momento en que es pronunciada y del sujeto, y de acuerdo también con la intencionalidad. Independientemente del significado oficial -bajo la férrea dictadura de los diccionarios que, como la ley, permiten acepciones pero no excepciones-, el significado real, aquello que significa efectivamente para nosotros, no es una cuestión estática: cambia con el tiempo en el campo de nuestra comprensión, ya que la relación entre significante y significado no se establece de manera de manera formal dando un nombre a un significado previo -"¿cómo se llama/vamos a llamar a ese objeto con cuatro patas que sirve para poner cosas encima?"-, sino justamente al revés -"¿qué es una mesa?"-; es solamente de manera progresiva, formando parte de lo que solemos denominar aprendizaje, que vamos adjudicando significados a ese significante que se nos impone, hasta alcanzar su total comprensión. Es un proceso de asimilación mediante el cual un objeto exterior, que no tiene por qué ser físico, al ser comprendido es también aprehendido, y pasa a formar parte del sujeto.
"Billancourt, un nombre que se estira más arriba de los tragaluces y de los patios, igual que el humo de una fábrica, igual que el chirrido de un tranvía que rueda por las vías, y cuyas tres sílabas tropiezan entre sí tristemente igual que las pocas perras gordas que le han dado a un mendigo tropiezan en el fondo del platillo que sacude con la esperanza de despertar la compasión de los sordos".
El lenguaje adquiere su máxima validez cuando implica como mínimo a dos sujetos, cuando los roles de emisor y receptor se intercambian constantemente, cuando las facultades de ambos roles están equilibradas. Esa validez, por tanto, sólo puede mantenerse en la comunicación hablada; esa es la razón por la cual los carteles, las señales y los avisos no son propiamente comunicación, ya que no admiten la réplica ni la interlocución ("interlocutor", etimológicamente, el que interrumpe al que habla: el que se cuela en su discurso, el que modifica las intervenciones propias en función de la intervención del otro); al contrario, se imponen con su gélido formulismo impidiendo la réplica, la rectificación o la matización como si, en definitiva, el otro no existiera, o no se le esperara, o no hiciera ninguna falta. La misma estupidez, realmente, que escribir una fórmula en una placa indestructible o grabar un mensaje en un dispositivo electrónico con destino a las estrellas para que una hipotética civilización extraterrestre llegue a saber de nosotros. 

Placa de la nave espacial Pioneer X
es.wikipedia.org
¿Qué entenderían esos extraterrestres, incluso en el caso de obviar la inexistencia de códigos comunes, de un mensaje grabado? ¿Sería relevante, para ellos, la información que contiene el dispositivo? Y caso de ser relevante, ¿qué uso podrían darle a esa información, qué fin, para qué podrían usarla? ¿Qué pensarían de nosotros, esos tipos que en lugar de provocar una conversación, les mandan un rótulo con información? ¿Nos tomarían por una civilización avanzada porque somos capaces, con nuestra técnica, de enviar un mensaje a una distancia inconcebible, o por una raza extinguida -lo cual no parece descabellado si la nave tarda mucho en llegar a encontrarles- que, ante la imposibilidad de contacto, mandó ese artilugio como último recurso, como ese mensaje con destino a nadie en la botella que envía el náufrago, más para materializar la hipótesis de su extinción que para buscar ayuda efectiva?

Leiris apuesta por re-crear el diccionario: las palabras no sólo tienen el significado que éste les concede, ésas serían palabras muertas por inmovilidad y sólo servirían para comunicarnos los unos con los otros; las palabras de verdad son aquellas cuyo significado trasciende su definición, aquellas a las que adjudicamos, unilateralmente, una pluralidad de significados asociados a un sonido, a una declinación, a la disposición determinada de una vocal o, simplemente, aquellas a las que en el pasado, y consecuentemente en nuestro recuerdo, estuvieron asociadas a un objeto o a una circunstancia a la que han quedado inseparablemente unidas. De este modo, el lenguaje serviría también como desencadenante del recuerdo, y las palabras se podrían usar para resucitar momentos del pasado, otras palabras, objetos, personas o situaciones determinadas, ya que los llevarían asociados desde su primera impresión en la memoria, como si esas palabras fueran, en definitiva, el desencadenante de un desconocido proceso que llevara al primer plano de la conciencia aquello que permanece escondido bajo múltiples capas de recuerdos.
"Repitiéndome algunas palabras, algunas locuciones, combinándolas, haciendo que actúen juntas, es como consigo resucitar las escenas o cuadros con los que van asociados esos carteles, escritos más veces con torpes trazos de carbón que caligrafiados."
A veces, a pesar de todo el arsenal de métodos de que disponemos para acceder al contenedor de nuestros recuerdos, somos incapaces de distinguir si ese suceso que acabamos de rescatar corresponde a un suceso real, es decir, redundantemente, a un "suceso sucedido", o a un "suceso imaginado", una ficción que hemos ido construyendo con retales de algunas experiencias reales y actos imaginados, deseados o descuidadamente inventados, zurcidos con el bramante de la verosimilitud, y que una vez presentados en asociación,  clasificados y admitidos en el abanico de posibilidades -pues es la potencialidad la característica que le otorga verosimilitud-, pasan a formar parte de la experiencia propia como el más real de los sucesos. El componente de fantasía de la expresión "érase una vez...", por ejemplo, pone en evidencia el modo en que determinadas fórmulas discursales matizan y cualifican el contenido de la idea central; la nula precisión ("...una vez") hace difícil encuadrar el hecho citado en un pasado "real", no tanto porque no se pueda concretar como porque su realidad es dudosa.

Es inevitable que su discurso sobre el lenguaje acabe llevando a Leiris a escribir acerca del acto de escribir, a cuestionarse cómo lo descrito contamina la forma en que se escribe, cómo el "estilo" puede comprometer no ya el sentido de lo escrito sino también la propia comprensión del texto y el ritmo de los sucesos: si para describir un momento fugaz necesitamos una prolongada sucesión de frases, o bien puede que estemos modificando la duración o la intensidad del fogonazo o, en todo caso, estamos estableciendo un recuerdo modificado que no se corresponde fielmente con el suceso original, y que puede tomar su lugar en la memoria; es decir, recordaremos el recuerdo y no el hecho original.
"[Mis frases son] formaciones parasitarias que proliferan en cuanto escribo, enmascarando el pensamiento auténtico más de lo que le ayudan a explicarse con mayor precisión y revelándose, a fin de cuentas, como una serie de pantallas que se interponen entre mis ideas y yo, las atenúan, las asfixian bajo el peso de una masa verbal excesiva y acaban por tornármelas ajenas o por disolverlas por completo."
El caso es que se pueden escribir en un Diario escenas que imaginamos y reflexiones que, aleatoriamente, nos vienen a la cabeza, sin tener idea de la razón última por la que los registramos, y recuperarlas después de transcurrido el tiempo, y encontrarles entonces la justificación porque lo ocurrido en nuestra vida las dota de sentido que no poseían. En cambio, cuando anotamos un hecho concreto, algo que ha sucedido o, más comúnmente, que nos ha sucedido, siempre tenemos una razón para hacerlo, aunque en aquel momento no seamos conscientes. Después, transcurrido el tiempo y recuperado lo escrito, podemos encontrar una razón alternativa a la razón original, pero siempre será una re-interpretación, y no necesariamente la más ajustada a la realidad ya que, en este caso, la vida ha actuado modificando esa razón, no alumbrándola.
"Todo esto que estoy removiendo, todas esas ideas que voy enganchando unas en otras, fiándome de las palabras para que vayan llegando por turno, como si no tuviera ya nada ni en el corazón ni en la cabeza sino una cierta capacidad especiosa de hablar, no tengo la seguridad, a fin de cuentas, de que no sean los frutos del más vano de los artificios literarios más aún que una especie de logorrea."
Retrato de Michel Leiris por Francis Bacon
http://www.michel-leiris.fr
La escritura, para Leiris, no es tanto un método para escapar de la realidad como una única posibilidad de conversar con uno mismo; no tanto de hacer volver el pasado para, escribiéndolo, convertirlo en presente, como dejar constancia de unos hechos para poder afrontar el futuro con garantías, con las armas que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida. No tanto una búsqueda, en abstracto, del propio yo, como el intento de colocarse uno mismo en el laberinto del tiempo, de indagar nuestro lugar en el mundo, de fijar nuestro cambiante entorno hasta encontrar ese elemento que permanece inmóvil, aun en su variabilidad, y poder finalmente exclamar: "ése soy yo".
"Le aplico aquí a mi investigación el orden cronológico natural y me sumerjo en el flujo de los años como para descubrir en él una génesis. Por querer saber cómo llegué a ser, en lo profesional, lo que soy, me remonto a la adolescencia e intento ver cuáles podían ser por entonces los proyectos de futuro que tenía. Y compruebo que, a decir verdad, no tenía ninguno [...]. Si voy en sentido inverso -partiendo del presente para remontarme hacia el pasado- a lo mejor tengo más oportunidades de descubrir la juntura o el gozne que une mis ocupaciones actuales a deseos antiguos formulados de forma más o menos expresa. A falta de ideas explícitas sobre una carrera, incluso aunque falte todo tipo de vocación definible, al menos hallaré unos cimientos y algo que me demuestre que mi vida no está hecha por completo de casualidades."
La dedicación a la literatura de Leiris no es debida ni a una vocación temprana ni al ansia de liberar una supuesta tensión creativa; Leiris dice dedicarse a la literatura, en parte, porque no posee ningún otro mérito ni ninguna disposición especial para dedicarse a otra cosa; pero también para liberarse de la categoría temporal, no tanto con el afán de trascendencia espiritual como para experimentar el tiempo a su ritmo:
"Atrincherarse. Ensimismarse. Aislarse del orden de las cosas [...]. Quebrar el paso del tiempo para regresar a la libertad de la infancia."
en todo caso, sí que es una decisión consciente, aunque con variadas dosis de razonabilidad, para, mediante esa suspensión del tiempo, indagar en las razones que le han convertido en quien es, aislar su existencia de los condicionantes de la "vida normal" y, de este modo, engañar a la muerte.
"Desde luego, no sentiría sino un interés muy limitado por la actividad literaria si no la concibiera, de un modo u otro, como paralela a la vida."
Pocos autores han hablado de sí mismos con tan poca presunción, con tanta sinceridad, anteponiendo sus dudas y sus cuitas a sus inviolables certezas, a las declaraciones grandilocuentes y a las sentencias lapidarias: el interlocutor de Leiris, aunque seamos ahora nosotros quienes lo leamos, en sí mismo; o mejor dicho, los múltiples sí mismos que han respondido, a lo largo del tiempo, al nombre de Michel Leiris.

"Adelantado a mí. Uno no en presente de indicativo (cuando no me repliego hacia el pasado) sino en ese futuro absoluto al que nos arroja la aprensión de la muerte."
Leiris no pontifica ni fija el pasado; Leiris deambula por el mundo de las palabras, ensaya significados y retrocede. Busca, en ese inmenso repositorio figurado que es el recuerdo, las conexiones que algún día se establecieron -y se olvidaron, o de perdieron-, merodea entre significados, entre palabras y entre sonidos para recuperar ideas, conceptos o sensaciones, se recrea en las interpretaciones y cede ante las polisemias. En definitiva, escribe en las fronteras del lenguaje, justo donde la utilidad está a punto de sucumbir ante el placentero recreo. Tachaduras es pues, ante todo, una invitación al juego cuya recompensa es, justamente, aceptar el desafío.