8 de abril de 2019

Soledad y destino

Soledad y destino. Emil Cioran. Hermida Editores, 2019
Traducción de Christian Santacroce
"Siento náuseas ante un mundo en el que todo está aclarado, explicado y etiquetado."
Soledad y destino (un título muy adecuado a Cioran), inédito hasta ahora en castellano, es un volumen que recoge los escritos de corte periodístico publicados en diversos medios rumanos desde 1931, siendo estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de Bucarest, hasta 1944, cuando ya estaba instalado por primera vez en París.

Los motivos de interés de Cioran en época temprana configuran ya los temas que desarrollará a lo largo de su vida; sin embargo, aparece aquí un Cioran más mesurado, casi conciliador, más ocupado en desarrollar argumentos que en emitir juicios, afectado incluso por lo que podría considerarse cierta ingenuidad filosófica, aunque ya extremadamente crítico con Rumanía en los aspectos políticos, culturales y de carácter nacional, y con una extraña fijación, de signo variable, por España, en especial por su "inarticulación histórica".

Cualquier comentario a un libro basado en opiniones no puede pretender -de hecho, sería estéril- la reproducción, sin más, del criterio del autor, sino que debería basarse en las notas personales del lector referidas a los temas que trata aquel y en el contraste entre los pareceres de ambos mediante un diálogo realmente imposible; este es el ánimo que alienta estas Notas de Lectura.

El fenómeno religioso, en el mundo moderno, no responde tanto a la necesidad de transcendencia como a una voluntad de superar las limitaciones y a una necesidad de creer.
"Quien medita sobre la muerte no puede ser sino un resignado; quien medita sobre la vida, un escéptico."
El proceso de comprensión de una cultura no actúa por acumulación: no se entiende en función de la comprensión de sus fenómenos individuales sino que son estos los que son iluminados a partir de la comprensión del sistema complejo y total de una cultura.
"El carácter inorgánico de la cultura contemporánea hace que el hombre no viva de contenidos, sino de fórmulas que pueden cambiarse como nos cambiamos de camisa."
La existencia de un sistema intelectual autónomo es imposible en países en los que existe una conciencia nacional dominante: a más nación, menos cultura. La expresión cultura nacional dejó de tener sentido en la Ilustración; a partir del Romanticismo, se convirtió en un oxímoron.

Todas las naciones muestran su orgullo por los trazos distintivos de su cultura, por aquellos elementos que la hacen única, y subrayan este hecho diferencial, del que deriva su pretendida superioridad, en lugar de indagar y promocionar los rasgos que comparten con otras naciones y que constituyen lo que puede denominarse cultura universal.
"El verdadero intelectual es un hombre que se debate, que sufre, que ha renunciado definitivamente a la tranquilidad de una existencia burguesa. La vida burguesa es una vida sin conflictos interiores, una vida uniforme, sin perspectivas. En ella el intelectual es una caricatura. Lo que debe caracterizar al intelectual es el temor al equilibrio, a la tranquilidad, el miedo a entrar en formas y moldes inamovibles, que constituyen una muerte prematura."
De igual modo, cualquier compromiso personal, al margen del que se establece con uno mismo y que se denomina integridad, es un freno definitivo que impide el desarrollo intelectual, una parcelación que actúa en contra del conjunto, desviando el objetivo y extraviando el proceso. La máxima expresión de este deterioro tal vez sea el compromiso político, aunque el religioso le sigue pisándole los talones.

La sociedad moderna tiende a confundir las situaciones de desocupado -ocioso- y desempleado -sin empleo-: la concepción contemporánea del trabajo ha provocado que pueda haber empleados ociosos y desempleados profundamente ocupados. Es lícito, ampliando el foco, preguntarse en qué lugar de ese eje de coordenadas se sentirían cómodos los intelectuales orgánicos.
"El espíritu escatológico de la cultura contemporánea, además de tener su fuente en el agotamiento del fondo productivo de la cultura moderna, ha nacido en gran parte de la exaltación de los intelectuales desocupados. Hay, en su espíritu inquieto y atormentado, tristes presentimientos, presentimientos del fin. El espíritu escatológico nace siempre en el ocaso de las culturas, cuando estas han entrado en un proceso de agotamiento. Pero, mientras que en algunos el presentimiento del fin toma las formas melancólicas de la nostalgia, en los intelectuales desocupados este asume la forma, extraña y demoníaca, del amor al fin, el presentimiento exaltado y jubiloso del cercano hundimiento."
El esteticismo es tanto un enemigo de la belleza como el impedimento principal para valorar adecuadamente su importancia o su relevancia en el mundo de las ideas. Su falso aristocratismo es su mayor inconveniente para acceder al núcleo del contenido sustancial del arte así como a la jerarquía de las normas éticas que regulan su función en y para la sociedad.
"Si antes el fenómeno de la miseria se presentaba aisladamente, sin correspondencia en los diversos planos del espíritu, hoy está acompañado de un equivalente en el plano de la cultura. Ocurre que la inmensa miseria material que se desarrolla y extiende paulatinamente sobre el mundo se ve acompañada por el proceso de decadencia de la cultura moderna. No hay aquí un precedente que permita establecer relaciones de sucesión entre las diversas formas de la vida. La decadencia de la cultura se realizaría igualmente sin la miseria actual. La correspondencia de los diferentes planos, sin embargo, confiere al proceso de decadencia un carácter mucho más catastrófico que el que la historia nos ha presentado hasta ahora. El desencanto del hombre de hoy halla su explicación y justificación en este complejo de condiciones que dan a nuestro tiempo una configuración totalmente específica."
La cultura ofrece al hombre un marco general de reconocimiento y de autoafirmación, pero también posee el efecto adverso de diluir sus contribuciones en un marasmo indistinguible en el que la calidad, por ejemplo, siempre cede ante las ficciones de la audiencia o de la utilidad para fines incongruentes. En el caso de las culturas nacionales ligadas a un territorio o a una etnia, el efecto perverso se acentúa con la inclusión o exclusión, con la excusa de la homogeneidad, al acervo del grupo, que ve en cada aportación no confirmable en términos grupales un inaceptable ataque a su integridad.
"Una de las causas de la visión pesimista de la historia y de la cultura es que el hombre llega a darse cuenta, en un momento dado, de la independencia del curso de estas con respecto a sus exigencias. El individuo toma entonces conciencia de la nulidad de sus esfuerzos, de la vanidad de todo intento de modificar el sentido de la historia. En lugar del activismo generador de todo tipo de ilusiones, la contemplación serena sitúa las cosas en su encuadre normal."
La aparente infalibilidad del dogma, verdadero sistema doctrinario de raíz ontológica, no reside en la porción de verdad que contiene ni en su pertinencia al núcleo de la existencia humana sino que, a diferencia de su contenido, su formulación posee visos de racionalidad y de desarrollo sistemático. Este espejismo actúa sobre el discernimiento pobre de las inteligencias escasas ofreciendo justificación supuestamente homologable para las irracionalidades más insostenibles. La formulación racional no implica necesariamente la adquisición de un conocimiento racional.

La rotura contestataria de la cultura contemporánea y del arte en particular es aparente, de igual modo que lo es el cuestionamiento en forma de desprecio de todos sus antecedentes, filogenética y ontogenéticamente, una postura artificial que busca renegar de unos principios sin los cuales no hubiera tenido lugar. 
"Lo que caracteriza el momento histórico en que vivimos es la tendencia a presentar sobre un plano de actualidad la suma de valores desarrollados  históricamente en el decurso de la cultura moderna, a actualizar lo realizado mediante un proceso. La multiplicidad de direcciones y manifestaciones, surgidas de una vivencia ingenua, del enceldamiento en una esfera limitada de valores, de un angostamiento de la perspectiva, se presenta al hombre de hoy en toda su variada riqueza."
Es un error intencionado llamar revolución a lo que no es más que evolución. La pretensión de obra única, sin precedentes, solo puede provocar su aniquilación, como sucede con esos animales híbridos afectados de esterilidad reproductiva y que, ante la incapacidad de tener descendencia, se extinguirán.
"Si la historización de la conciencia y de la cultura ha constituido una relativización de los valores, la democratización de la cultura es una expresión de pobreza cualitativa. Los valores culturales que se difunden a una amplia esfera se homogeneizan, pierden la especificidad y diferenciación que les proporciona su estructura orgánica. La multitud los vive superficialmente porque los siente como algo externo. El criterio cuantitativo no sirve para valorar los fenómenos culturales. La abundancia con la que hoy se escribe no prueba nada en cuanto a su profundidad. Es el producto de un agotamiento del instinto creador."
En definitiva, la cultura o es elitista o no es cultura.

Buscar un sentido teleológico a los hechos individuales que componen el devenir de la vida es absurdo porque significaría que la vida individual posee un sentido más allá de la mera existencia; para que eso fuera cierto sería imprescindible la existencia de un sistema de valores universalmente aceptado. De igual forma, dada también la ausencia de una meta preestablecida, tampoco el curso de la historia, tomada en función de los hechos aislados, posee ninguna intencionalidad; como en el caso anterior, lo impide la ausencia de un sistema de valores inalterable al paso del tiempo.
"Al hombre no le queda sino darse cuenta de su propia insuficiencia, de la desproporción entre el esfuerzo y la realización. Es muy probable que los esfuerzos excesivos que suponen una limitación de la perspectiva e impiden todo impulso hacia la eternidad, que destruyen la contemplación y la comprensión intuitiva del mundo, hayan generado en el hombre ilusiones que han de ser destruidas. El entusiasmo ingenuo por el proceso histórico, entusiasmo que atribuye demasiados sentidos a un destino inmanente sin finalidades trascendentes, resulta de una concepción profundamente errónea del hombre, que ignora su desarmonía dolorosa y su trágico conflicto."
La vieja querella entre idealismo y materialismo -y de sus descendientes; y teniendo en cuenta que lo contrario del idealismo, en realidad, no es el materialismo sino el racionalismo- interfiere en la más actual discordia entre relativismo y absolutismo -se entiende que puramente intelectual-. 
"¿Qué puede decir el idealismo del hecho de que los hombres notables caigan y los mediocres se mantengan? ¿Comprenderá este alguna vez que el fenómeno humano la destrucción es más impresionante que la evolución? Solo una antropología trágica y pesimista puede lograr una comprensión del hombre, pues solo ella advierte la complejidad en la irracionalidad de la vida."
Es posible formular una secuencia lógica que aclare la situación:


Idealismo = Metafísica
Metafísica = Irracionalismo
Irracionalismo = Incuestionabilidad
Incuestionabilidad = Absolutismo

El cada vez más frecuente trasvase de intelectuales a la política desvela la paradoja de que las personas que deberían liderar el cuestionamiento de los valores establecidos y de los sistemas de pensamiento y reflexión son asimilados por la doctrina de verdades incuestionables y consignas imperecederas. Pierden así aquellos su capacidad crítica y de nada más que como propaganda les sirve a estos su fichaje, si es que los intelectuales pueden presumir todavía de algún tipo de crédito entre la muchedumbre a la que, por lo general, le importa un bledo la contribución de los intelectuales pero, en cambio, sí es receptivo al prestigio social de tales adscripciones.
"Te exigen que creas en una organización ridícula o milites hasta el sacrificio por un efímero ideal histórico cuando tú no crees en los valores, cuando te es absolutamente imposible decir qué está bien y qué está mal, cuando estás convencido de la irracionalidad orgánica de la vida y tus premisas escépticas y pesimistas te impiden extraer otras conclusiones sobre la sociedad que las que implican los principios y consideraciones metafísicas."
No existe una sola forma de escepticismo sino tantas como la naturaleza de la duda: no es el mismo el que corresponde a la duda racional -escepticismo calculador- o metódica que el que tiene que ver con una duda más personal -escepticismo sereno-; ni el que proviene de incógnitas relativas al pensamiento y el que deriva de problemas de lenguaje. Pero es erróneo calificar a esas distintas variedades según una supuesta escala de legitimidad porque la actitud escéptica no está sujeta a ninguna gradación sino que abarca a todos aquellos aspectos susceptibles de duda que puede concebir la naturaleza humana. La naturaleza de la certeza, incluso de la más sistematizada, la científica, es tan volátil que la postura más honrada es no apoyarse nunca en ninguna de ellas que, más pronto o más tarde, cederá ante el impulso de otra, complementaria o contradictoria. Lo único seguro es la imposibilidad de estar seguro de algo: un mundo sin afirmaciones categóricas sería un  mundo más vivible y, por descontado, mucho más seguro.
"Cada hombre lleva su destino sin que ningún otro pueda asumir responsabilidad alguna, igual que en el sufrimiento estamos solos, sin que ningún otro pueda tomarlo sobre sí. Aquel que se creyó el redentor del mundo fue más que iluso al concebir la redención de los pecados o la asunción del sufrimiento de los hombres. ¿Somos hoy más felices porque se haya sacrificado por nosotros? ¿La redención? La redención es una ilusión, una imposibilidad. La concepción cristiana del dolor está preñada de ilusiones, pues sufrir por los sufrimientos del mundo es tan ineficaz como alegrarse por las alegrías del mundo. No han entendido que no se puede sufrir por el otro y que es inútil sacar al hombre de la sociedad del dolor."
La fe es la forma que toma el idealismo en presencia del fenómeno religioso. Incapaz de asimilar la desesperación provocada por las preguntas sin respuesta que la condición humana plantea, el ser humano incapaz de asumir sus limitaciones, es decir, esa variante anterior al homo racionalis, el homo religiosus, encierra sus tesoros en el pozo sin fondo de la creencia; es, en definitiva, el triunfo de la irracionalidad sobre la capacidad de raciocinio, la dimisión de las posibilidades del pensamiento, la negación obstinada y radical de la temporalidad de la vida.
"Para entender la vanidad de las ambiciones y aspiraciones que cultiva el hombre de las grandes ciudades, para superar las ilusiones que nacen de la inserción en el ritmo demencial de la vida moderna, es estrictamente imprescindible retirarse temporalmente. Se escapa asi a la tiranía de la civilización, se trasciende el imperialismo vital e incluso la vida misma. No se trata aquí de esa sentimentalidad romántica cuyas eclosiones se disfrutaban en la soledad para lamentar la inadaptación del individuo, sino de la necesidad de comprender las funciones de la vida y de la cultura, no solo mediante la experiencia intensa, sino también desde una perspectiva exterior, a la que el hombre no puede acceder sino mediante el aislamiento."
"Experiencia mística" es el oxímoron con el que los incapaces de relacionarse con la realidad expresan sus limitaciones. Quien es capaz de extasiarse con una visión mística es que ha renunciado a la vida y a la naturaleza y está descalificado para apreciar la serenidad de una noche estrellada o de experimentar la grandeza de los horizontes abiertos. Nada existe en nuestro interior -menos aún en el suyo- que pueda superar a las obras de la naturaleza, al sosegado discurrir del tiempo o a la magnificencia de los grandes espacios, nada que nos ponga en el ridículo lugar que nos corresponde, nada que nos haga más conscientes de nuestra insignificancia; a menos que se padezca de una grave disfunción psíquica, la que satisface nuestro ansia de protagonismo, la que nos estafa con la ilusión de la trascendencia, la que delata el vacío intelectual más absoluto.
"Los actos de nuestra vida son banales e insignificantes cuando se consuman en las condiciones naturales de la vida. El hecho de vivir como tal no tiene ninguna significación. Vivir pura y simplemente es no conceder profundidad ninguna a los actos de la vida. Solo cuando vives cual si la vida fuera un bien que puedes sacrificar en cualquier momento, solo entonces deja esta de ser una banalidad, una evidencia. Es estúpido afirmar que la vida nos es dada para vivirla. La vida no es dada para sacrificarla, esto es, para que saquemos de ella más de lo permitido en sus condiciones naturales. No hay más ética que la ética del sacrificio."
Es triste morir por tus ideas, pero más triste todavía si solo tienes una.

1 de abril de 2019

La noche fenomenal

La noche fenomenal. Javier Pérez Andújar. Editorial Anagrama, 2019
El curso profesional del variopinto equipo responsable del programa de televisión La noche fenomenal, dedicado a los prodigios paranormales y otras ficciones y formado por personajes fácilmente reconocibles en la Barcelona contemporánea en unos cameos impagables, oscila entre las investigaciones de fenómenos extraños o inexplicables y el peligro de que la cadena que lo emite decida cancelar la producción. Inmersos en esa disyuntiva y mientras están en un bar -el local social del equipo- preparando los próximos programas, se les presenta un insólito fenómeno en forma de la visita de un profesor de dibujo de Sant Celoni que la pasada noche se ha convertido, involuntariamente, en Walt Disney; con posterioridad, irán presentándose toda una colección de sujetos que han padecido transformaciones parecidas, como Wences, un enfermero, que se ha convertido en Santiago Carrillo y ha desaparecido en un lavabo; simultáneamente a estos inexplicables sucesos, se ha abatido sobre Barcelona una tormenta constante, con truenos y lluvia persistentes, y lo que parece una epidemia de insomnio de sus habitantes.

Las investigaciones exhaustivas y pormenorizadas de los miembros del equipo televisivo, formado por especialistas en temas de parapsicología, esoterismo y portentos varios, sitúan, después de largas especulaciones, el origen de esta serie de fenómenos extraños en la existencia de portales "hacia el otro lado" a través de los cuales diversos personajes históricos parecen estar viajando, en efigie, al mundo real, es decir, "a este lado".

Con el fin de investigar esas transformaciones, Javier, el narrador, que se encarga de cerrar los programas con un número de prestidigitación, junto con dos compañeros deciden trasladarse al otro lado, donde descubren una Barcelona en la que, bajo la apariencia de absoluta normalidad, habitan personajes famosos; entre ellos, se encuentran los Adoradores de Palabras, un grupo de filólogos transformados en la tripulación del crucero de Vacaciones en el mar. Con su ayuda, y gracias a su perspicacia y sagacidad, descubren que los agujeros se originan en las torres de la central térmica abandonada de Sant Adrià del Besòs.

Javier Pérez Andújar, tanto en sus novelas como en sus casi-novelas, tiene el extraño don de hacer cómplice al lector de unas aventuras estrafalarias hasta tal punto que, paradójicamente, hace que ese sujeto que lee sus libros sentado en el sofá se sienta su protagonista. No he llegado  a averiguar la técnica necesaria para conseguirlo, pero seguro que tiene que ver con los cameos de personajes reales -tan reales, que los conocemos, los conocimos, los pudimos conocer o quisimos, en algún momento, ser ellos; ¡menudo juego descubrirlos!-, con un lenguaje que está más cerca de la oralidad que de la literatura -al fin y al cabo, al principio, quiero decir, el hombre habló antes de escribir-, con ese ritmo de viñeta de tebeo que sabe imprimir a sus escenas. Yo diría que se trata de una proximidad cómplice que raras veces se da en las historias grandilocuentes o las narraciones de grandes hechos, una cercanía que hace participar al lector, que le incumbe, que le habla a cau d'orella, que no lo lleva a su terreno sino que se infiltra en su lectura, que se pone de pie, apoyado en el respaldo del sillón en que se sienta, para soplarle las aventuras de unos sujetos tan tan estrambóticos que parecen reales. Tras la comicidad de unos personajes empeñados en hacer de la vida habitual una aventura -¡como si hiciera falta mucha inventiva para lograr eso!-; de unas situaciones desternillantes -en las que podemos vernos reflejados, más o menos favorecidos-; de unas reflexiones que rozarían el absurdo si no fueran sacadas de la vida misma -esa absurdidad que hace la vida vivible-, de la vida  real; de unas localizaciones que están a cinco minutos -reales o virtuales; qué más da, todos hemos estado en lugares que no existen- de la realidad de cada uno; se vislumbra una especie de melancolía -ya que no tristeza- por todas las cosas que pudieron ser y no fueron, por los protagonistas que quisimos ser y no fuimos, tal vez por todo aquello que, más de una vez, soñamos -nada hay más ligado a la vida que los sueños, nada hay más lejano, tampoco-, entre las ruinas de un pasado empeñado en contradecirnos y de un futuro que en vez de acercarse vemos cada día peor y más lejos.

Calificación: *****/*****

25 de marzo de 2019

La única historia

La única historia. Julian Barnes. Editorial Anagrama, 2019
Traducción de Jaime Zulaika
"¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión."
Julian Barnes no es, probablemente, el escritor más dotado de su generación -esa generación británica que un editor avispado bautizó como el Dream Team-; tal vez no alcance la perfección técnica y la amplitud de registros de Ian McEwan, pero es indudable  que es el escritor más elegante -Barnes es, en este sentido, el autor británico más francés- y que, sin grandes aspavientos y evitando técnicas dudosas, saca más partido del estudio psicológico de sus personajes. También es, sin duda, el autor más clásico, dicha sea esta característica con el sentido más respetuoso. La única historia (The Only Story, 2018) es una de sus mejores novelas de madurez y viene a corroborar con creces todo lo anterior.
"Estoy rememorando el pasado, no reconstruyéndolo [...]. No intento tejer una historia, estoy tratando de contar la verdad."
Paul, el protagonista y narrador -en primera instancia-, es un personaje que replica el ambiente cómicamente british, una muestra de las rarezas implícitas a los habitantes canónicos de las islas; cómodamente ubicado en una serena madurez, no evita la ironía con que la sensatez de la edad dota a los recuerdos a la hora de descubrir a ese Paul casi vienteañero y universitario. Ese ese inexperto Paul quien, en un club de tenis -y sin la más mínima intención- conoce y cae perdidamente enamorado de Susan, una mujer de cuarenta y ocho años rutinariamente casada y madre de dos hijas mayores que él. La historia de su relación, sobre todo en sus primeros compases, es el núcleo de la novela.
"Espero que se entienda que lo estoy contando todo tal como lo recuerdo. Nunca he llevado un diario, y la mayoría de los protagonistas de mi historia -¡mi historia! ¡mi vida!- han muerto o están desperdigados. Así que no necesariamente estoy relatando las cosas en el orden en que sucedieron. Creo que existe una autenticidad distinta de la memoria, y que no es inferior. La memoria clasifica y criba con arreglo a las exigencias de quien rememora. ¿Tenemos acceso al algoritmo de sus prioridades? Probablemente no. Pero yo presumiría que la memoria prioriza lo más útil para orientar al poseedor de estos recuerdos. De modo que habría un interés personal en que los más felices sean los que afloren antes. Pero es solo una conjetura."
La situación teórica que se plantea es una relación entre un mozalbete sexualmente imparable pero emocionalmente inmaduro con una mujer sensata en el plano afectivo aunque con una vida sexual ya liquidada. Eso, en teoría, porque en esos casos, al igual que en otros parecidos, nada es como se supone.

El hecho que presta vida literaria al retrato de Paul no es tanto el contenido de la historia que relata como el hecho de que lo haga desde la perspectiva de sus setenta años.
"-Sí y no. Pero no lo olvides nunca, señorito Paul. Todo el mundo tiene su historia de amor. Todo el mundo. Puede haber sido un fiasco o no, puede haberse quedado en agua de borrajas, hasta puede ser que ni siquiera haya existido, que haya sido puramente mental, pero no por eso es menos real. A veces ves a una pareja que parece morirse de aburrimiento juntos y no te imaginas que puedan tener algo en común o por qué siguen viviendo juntos. Es porque en su día tuvieron su historia de amor. Todo el mundo la tiene. Es la única historia."
En cuanto al contenido profundo de la historia, es sorprendente cómo, desde la madurez, Paul es capaz de ponerse en la piel del Paul adolescente, de reproducir sus deseos y sus pensamientos, separando estos de las actualizaciones posteriores, las ejecutadas en su edad adulta, en el tiempo comprendido entre la ruptura con Susan y la actualidad, unas actualizaciones que solo podemos deducir por sus efectos, ya que, como meros espectadores pasivos, no podemos saber nada de ese período.
"Siempre recordaba lo que ella le había dicho cuando se fueron de la casa de Joan aquel día. Como la mayoría de los hombres jóvenes, en especial los que vivían su primer amor, había visto la vida -y el amor- como una contienda entre los que ganaban y los que perdían. Él, por supuesto, era un ganador; Joan, suponía, era una perdedora o, más probablemente, ni siquiera competía. Susan le había corregido. Le había señalado que todo el mundo tiene su historia de amor. Aunque fuese un fiasco, aunque se quedara en nada y nunca funcionase, aunque de entrada todo hubiera sido puramente mental: no por eso era menos real. Y era la única historia." 
Calificación: ****/***** 

18 de marzo de 2019

14 de julio

14 de julio. Éric Vuillard. Tusquets Editores, 2019
Traducción de Javier Albiñana
"Hay que escribir lo que se ignora. En puridad, se desconoce lo que ocurrió el 14 de Julio. Los relatos que poseemos son encorsetados o descabalados. Hay que plantearse las cosas a partir de la multitud sin nombre. Y debe relatarse lo que no está escrito."
En el mes de abril de 1789, aparentemente de forma coordinada -aunque en realidad no es así, lo único coordinado es el hambre, las pésimas condiciones de vida y la pobreza- estallan a lo largo de toda Francia una retahíla de revueltas de la gente más desfavorecida. Incapaces de deducir las razones de tanta desigualdad, no exigen propuestas que les favorezcan, pero sí que conocen a los beneficiarios y causantes de esa situación. Los Estados Generales ignoran ya no sus peticiones sino su misma existencia, así que no tienen más remedio que tomarse la justicia por su mano y, en ausencia de sus dueños -bien refugiados en alguna otra residencia a salvo de las hordas famélicas-, la toman contra los palacetes y domicilios fruto de la especulación y la explotación. Las esquilman de todos los bienes allí acumulados por sus propietarios -sobre todo los de primera necesidad: grano, vino...-, pero el verdadero símbolo de esas revueltas no es el robo ni el saqueo -muchos de los objetos que encuentran ni siquiera saben para qué sirven, si es que sirven para algo más que para la ostentación- sino la destrucción.
"Sí, aquí, en la casa de Réveillon, todo se troca en lujo, telas, espejos, pequeños útiles para peinarse, maquillarse, rizarse el pelo entre gentiles amorcillos. Sí, todo se transforma en todo, el cordel en cordón de cortinas, la hoz en lindas tijeras, el calzón en batín, los orines del penco en hilera de frascos de perfume. Sí, aquí la mosca es una abeja pintada en el dintel, el pozo es una fuente, la madera cariada un parterre, la turba pringosa un bonito parqué, los desesperos de cada día una clase de piano, el tejado con goteras se convierte en otro piso, y un amasijo de miles de barracas se metaforsea en folie. Sí, era hermosísima la folie Titon. Pero ahora, sus colchones iban a vomitar sus tripas de lana y sus zapatos a perder los tacones."
Pero en el caso de la manufactura Réveillon, el fabricante del papel pintado que puso de moda María Antonieta, la represión es feroz: los soldados acaban con la vida de más de trescientos saqueadores en su intento de restablecer la normalidad; lo que no saben, ni ellos ni los desconsolados familiares de los desaparecidos es que la semilla, lejos de ser eliminada, ha quedado depositada en suelo fértil.

Los barrios populares de París, los muelles del Sena y los caóticos asentamientos de chozas precarias guardan el duelo por los caídos; se echa en falta a los ausentes y se reconoce a los caídos; su ausencia pasará desapercibida excepto, si acaso, para sus parientes más allegados. Mientras tanto, en la folie Réveillon se confecciona el inventario de los desperfectos y se valora su reposición.

Versalles es el lugar donde la desigualdad se muestra con más crudeza: el lujo de la construcción, los pasatiempos onerosos de sus habitantes, la esquisitez de las viandas que, desde el campo, llegan a sus cocinas, contrastan con la pobreza, la suciedad y la ruina de los empleados en su construcción, viviendo en insalubres chabolas de tablones y barro, jugándose un cuartillo por unos céntimos, sobreviviendo a costa de las sobras del banquete de los poderosos.

Con una deuda pública incalculable, el caldo de la revolución está en marcha, solo hace falta que el descontento del pueblo llano encuentre una vía de escape, y los diputados del Tercer Estado, en realidad tan ajenos a las demandas de la población como los otros dos, pero viendo el peligro para sus propias posiciones, van a prestar legitimidad política a aquellas demandas.
"París pertenece ahora al pueblo. Todo está trastocado. Agudizado. La gente se baña en las fuentes. Ha caído la noche. Pequeños grupos llegan hasta las barreras. Son cuadrillas de obreros, carpinteros, sastres, gente normal, pero también mozos de cuerda, desempleados, menesterosos, salidos directamente de su tenderete o del puerto del Trigo. Y, en la noche de la gran ciudad, saltó entonces una chispa, un grito fulgurante. La oficina de tasas de entrada fue incendiada. Luego otra. Y otra más. Las barreras ardían. Lo que arde proyecta sobre lo que nos rodea algo fascinante. Bailamos en torno al mundo que se trastorna, la mirada se pierde en el fuego. Somos paja."
Como una mancha de aceite que se extiende en silencio a lo largo del Sena, la revuelta toma París y, defendiéndose de las cargas de la guardia tras improvisadas barricadas de sillas y escobas, la determinación de los sin nombre prende la mecha de la revuelta.
"Durante la noche del 13 al 14 de julio, que es, yo creo, la noche de las noches, la Natividad, la más terrible noche de Navidad, el Acontecimiento, la chusma, como suele decirse, los más pobres, en suma, aquellos a los que la Historia dejó hasta ese momento pudrirse en el arroyo, armados con fusiles, espetones, picas, hacen que les abran las puertas de las casas y que les sirvan comida y bebida. En lo sucesivo, la caridad no bastará. Son vagabundos de aspecto aterrador, cuentan las crónicas. Bandas de burgueses circulan por las calles para restablecer el orden; colgaron de las farolas a cuatro desgraciados, aquí y allá, a los que remataban a tiros de fusil."
Los requerimientos del pueblo no son muy exigentes, comer, engendrar hijos, vivir, pero la sombra del poder absoluto es ambiciosa y se adueña también de lo que no va a usar con el solo fin de que nadie pueda aprovecharse. Esa ambición desmedida lo llevará a su perdición cuando los que no tienen nada que perder hagan su apuesta.
"De minuto en minuto, la multitud iba haciéndose más densa. Las verjas comenzaron a temblar en su zócalo de piedra. Al poco, había allí decenas de miles. Y miles de personas no son una manifestación estudiantil, no pueden dispersarse a porrazos. Versalles había enmudecido, el anciano marqués no sabía ya qué hacer. Los grandes acontecimientos sobrevienen con frecuencia así, el poder ha quedado vacío, guarda silencio, acaso por prudencia, y los altos funcionarios dudan mientras los dados ruedan sobre la mesa."
El edificio más grande de París, considerada la capital como una entidad política, no solo como una ciudad, es el palacio de Versalles; el segundo, la cárcel de la Bastilla.
"Dicen que aquel día se juntaron cerca de doscientas mil personas en torno al monstruo, lo que representa la mitad de la ciudad, sin contar a los recién nacidos, los ancianos y los enfermos; es decir, que está todo el mundo. Debe ser un gentío fabuloso, una especie de totalidad. Lo nunca visto. La totalidad se nos escapa siempre. Pero allí, aquella mañana, aquel 14 de julio, hay hombres, mujeres, obreros, pequeños comerciantes, artesanos, incluso burgueses, estudiantes, pobres; y no faltarán numerosos rufianes de París, atraídos por el desorden y por la increíble ocasión, pero quizá también, como todo el mundo, por algo más difícil de expresar, más imposible de perderse, más gozoso."
Vuillard encuentra nombres, pero no encuentra más protagonistas que aquellos que han trascendido, y expresa sus dudas acerca de su relevancia en los acontecimientos sucedidos ese 14 de julio de 1789 (14 juillet, 2016); así que cede ese incógnito protagonismo a las multitudes sin nombre, sin cualificación, sin objetivo concreto, convencido de que esa nómina no recoge los nombres de la multitud sino la multitud sin nombre, los olvidados en todos los grandes hechos, los que parece que solo sufren las consecuencias. 14 de julio es el homenaje a esa multitud de quien solo se conoce, si acaso, el nombre y la procedencia o la profesión, identidades volátiles, recreadas o inventadas, procedentes de listas de dudosa fiabilidad, cuya fuerza tiene sentiudo únicamente como turba, como conjunto, ingobernable en su complejidad, presentes por casualidad, homogéneos en su disparidad.
"Resulta curioso cómo lo trivial se entrevera en la historia del hombre, cómo lo común se codea con lo ideal. Aquí estamos muy lejos del Antiguo Régimen, muy lejos de la retórica del honor, que nada tiene de ideal, y de los grandes episodios relumbrantes de la monarquía, muy lejos de Bayard y del Rey Sol. En el momento en que el tiempo está a punto de quebrarse, en que la voluntad humana debe franquear una etapa descabellada, un tipo se rompe tontamente la crisma. Pero lo sublime vuelve a imponerse."
La ola, transformada en marea por acumulación y sin guía que la dirija, diríase que sin objeto definido, inunda las calles adyacentes a la fortaleza y, como un solo hombre, se dirige a las puertas. No es la fe sino la inconsciencia, la voluntad sin propósito, lo que hace sospechar que más que una ciudadela, la prisión es un símbolo, y que quien se adueña del símbolo se apropia del significado. La Bastilla, aparte de unos pocos presos, alberga en su interior y en su concepción los elementos que van a permitir su destrucción.
"El 14 de Julio hubo varios gigantes. Delorme. Hulin. Y ahí está Réol. Tiene un nombre de dios. En realidad se llama Mercier, es vinatero. Lo llaman también Vive l'Amour. El humo no va con él. Pierden el tiempo. No se ve nada, imposible luchar. Hay que apartar esas dos carretas que arden en medio del patio. Grita que le ayuden; levantan los varales; ¡oh!, quitan de ahí la gran barbacoa, la izan, avanzan medio paso; ¡y luego, soltad, soltad! Un tipo se ha chamuscado el pelo. Le pegan un puntapié a Canivet; el chiquillo se esconde bajo la carreta. La caravana de ceniza y humo bordea los cuarteles en llamas."
Hace falta un asedio en toda regla para tomar la prisión; un cerco preceptivo o un cúmulo de casualidades, el azar favorable, una pizca de imaginación y mucha suerte. Todo ello coincide en un mismo momento y lugar, ante, primero, la incredulidad y, después, la sorpresa de los mismos asediadores. La marea se ha transformado en ciclón.
"Pero aquello fue también muy serio. Se hicieron por fin con la pólvora. Cada cual cogió la que quiso. Aquella misma noche el pueblo entero estaba en armas. En las cuatro esquinas de la ciudad, la gente repetía que se había tomado la Bastilla, que sus puertas estaban abiertas. El júbilo prendió en todo el mundo. Descargas de artillería celebraban la victoria. Hubo una semana de festejos públicos, de abrazos fraternales. Y la noche del 14 de julio fue sin duda la más agitada, la más feliz, pero también la más atormentada que haya conocido ciudad alguna."
Al dar voz a los sin voz, Vuillard hace descender los hechos históricos del pedestal de la academia a pie de calle; no cambia a los protagonistas, que siguen siendo los grandes hombres inmortalizados por las crónicas -y que si aparecen en el texto lo hacen de forma fugaz, acaso con vergüenza, subrepticiamente-, sino que centra el foco de atención en la revolución subyacente, sin la cual los grandes movimientos históricos tal vez no hubieran tenido lugar.
"Corrían en todas direcciones. Cada uno tomaba el camino más corto hacia la verdad."
"14 de julio, oú le peuple entre pour première fois sur la scène du monde", escribió Vuillard en la dedicatoria de mi ejemplar; se trata precisamente de eso, no tanto de un cambio de protagonista como de la asunción, por parte del pueblo, del carácter de sujeto.
"Sí, a veces, cuando el tiempo es demasiado gris, cuando el horizonte es demasiado mortecino, deberíamos abrir los cajones, romper los cristales a pedradas y arrojar los documentos por la ventana. Los decretos, las leyes, los atestados, ¡todo! Y todo eso caería, se vendría abajo lentamente, llovería sobre la calle. Y revolotearía en la noche, como esos papeles grasientos que, después de la feria, se arremolinan bajo el tiovivo. Sería bonito, y divertido, y regocijante. Los miraríamos caer, felices, y deshacerse, hojas volantes, muy lejos de su temblor de tinieblas."
Calificación: ****/*****

Por cierto, un comentario dirigido a los editores en general y a los de Tusquets y Edicions 62 en particular: el cuadro de Eugène Delacroix "La libertad guiando al pueblo" representa una escena de la revolución de julio de 1830 contra Carlos X; sería de agradecer que, a pesar del carácter icónico del lienzo, dejara de utilizarse para las portadas de los libros relativos a la revolución de 1789. 

11 de marzo de 2019

Persecució

Persecució. Toni Sala. L'Altra Editorial, 2019
“Vaig sortir un any amb un home, fins que vaig saber que havia matat la seva dona. Va dir-m’ho ell mateix. Feia deu anys, amb un ganivet, i havia passat per la presó. No vaig poder escoltar-lo més. El vaig acompanyar fins a la porta, li vaig donar la jaqueta i ell va obrir i va marxar.
Així comença Persecució, la primera novel·la publicada de Toni Sala després d'Els nois. En un sol paràgraf, el plantejament, el nus i el desenllaç, un començament arriscat. ¿Sorprenent? Sí, sense cap mena de dubte, i emparentat amb altres inicis igualment insòlits -i en venen alguns al cap: Javier Marías, amb qui Sala comparteix alguna cosa més, de caràcter estilístic, que l'inici; i sobretot el primer paràgraf de Canadà, de Richard Ford-, un preàmbul que sembla trencar el conveni tàcit entre l'escriptor i el lector que ve formulat per  la pregunta retòrica "I què més?" Naturalment, és una percepció equivocada; encara que la curiositat no sigui el sentiment principal que mou la lectura de Persecució, i per més que l'autor sembli revelar el nus de la trama -i una confidència respecte a un assassinat acostuma a ser un fet tan notori, també literàriament parlant, que podria edificar-se un senyor argument en clau de novel·la clàssica-, Sala només ens ha explicat, en quatre línies, el què; si seguim llegint, sabrem el com; i si encertem a llegir més enllà del que està escrit, arribarem a saber el per què.  
"Assassí és una paraula traïdora. No accepta l'empatia però la demana. Tot ve de les ganes de comprendre i de tornar normal el que no ho és."
Abans citava Els nois, segurament la primera novel·la de maduresa de Toni Sala. Persecució comença just on acabava aquella; a Els nois Sala posava en escena el mal, que podria considerar-se un dels temes principals, però deixava lloc a l'esperança, a la redempció; allà, la culpa era, fins a cert punt, disculpable, perquè s'albirava una motivació per al mal. Persecució també el posa en primer pla, però ara el mal és més fosc, més injustificat, és el mal com a experiència aïllada i, el que és pitjor, resultat, a diferència d'Els nois, d'una anàlisi racional imbatible. 

"M'agradava aquella indefinició, no saber d'algú si està viu o està mort, és el màxim que podem acostar-nos a la idea d'existir."
L'assassí, l'Albert Jordi, és una persona culta, lògica, ecuànime i moguda per la justícia; aquests trets són els que el fan terrible i els que afavoreixen l'estranya fascinació que desperta en l'Èlia, la dona que el fa fora de casa al primer paràgraf. Aquesta decisió, però, es veu qüestionada, pocs temps després, per ella mateixa. Potser el que la mou és l'atracció de l'abisme? Per què el busca després de fer-lo fora de casa? Per la sensació de perill? Ella mateixa no sap trobar la justificació, més enllà de la morbositat, de la comprovació de la diferència entre ella i la Sara, la dona assessinada; potser aquest anhel tan humà de materialitzar el sentiment de possessió ocupant els fragments de passat on, per una qüestió purament cronològica, no hi ha estat present, com si tingués la capacitat, d'aquesta manera, d'ajustar el present als deus desitjos; al capdavall, una invasió ucrònica per apoderar-se del passat aliè.
"La imaginació acompanya el desig, no saps qui va primer i de cop, quan menys t'ho esperes, salta del cavall i et deixa sola, i no hi ha res més inútil i mortificant que el desig desemparat per la imaginació."
I és que l'Èlia ha tingut una relació molt personal amb la mort, i fruit d'aquesta presència constant a la seva vida és la forma com l'afecta la notícia de l'assassinat de la dona de l'Albert Jordi, que pot ser o no funció de l'assimilació de la mort del seu pare, suicidi o accident, depressió o mala sort. 

"Els suïcides són els únics valents, els exploradors, els altruistes que donen la vida a la ciència, a la fe en la persona. No pots guanyar en generositat a un suïcida. La seva generositat encara era més gran que la meva, superava la confessió que em feia a mi mateix, superava la confessió que vaig intentar fer-li a l'Èlia... Vaig voler explicar-li i va fer-me fora de casa seva. Que es suïciden per desesperació, que ho fan perquè no suporten el patiment, que ho fan per por? I què? El resultat és l'esperança. Si no ens convencen no és culpa seva. Qui som nosaltres per contradir-los? Qui som per dir res, si parlem des de la barrera, sense moure ni un dit, esperant... Ja ho trobarem, pensem nosaltres, ja ho trobarem... Volen morir per sorpresa, com la Sara, o adormits si pot ser, com sigui però sense consciència, irresponsablement, sense haver de pensar-hi ni a l'últim segon, sense haver d'apostar... Tota la vida prenent decisions, tota la vida d'aposta en aposta, i en canvi en això... En el nostre moment més íntim, en la culminació de la nostra existència, allà al cim des d'on ho veus tot, en el resum, en el resultat, en la definició... Llavors volem tenir els ulls tancats. Ja ho trobarem... Ja ho trobarem... I després tot són plors d'última hora."
Però el concepte que s'ha anat esbossant de la mort té a veure també amb la possibilitat del comiat de l'existència -i d'inculpació als supervivents- o sense cap eventualitat, i la seva ànsia per averiguar-ho, per exculpar-se'n, per incloure-ho al diccionari de desgràcies, o per imputar-se-la a si mateixa i haver de posar-ho a un hipotètic diccionari de culpes.
"Amb la fotografia del pare a davant, m'imaginava la sorpresa de sentir-te de cop estirada a mar pel turmell, adonar-te que és la xarxa i que no tindràs manera de deslligar-te. Jo era l'única que em podia imaginar l'accident tal com l'havia viscut el meu pare, pel que portava d'ell a dintre meu, i ho feia com un deute, una responsabilitat de filla, ho feia per acompanyar-lo i consolar-lo mentre es moria. Per anys que haguessin passat, aquí no hi entrava el temps sinó la vida, i la viva era jo. Consolant-lo a ell em consolava a mi. Per culpa d'una badada se m'enduia la mort en persona, i la vergonya i la ràbia i la culpa es barrejaven, el menyspreu i la pietat per mi mateixa, la comicitat i el terror, l'angoixa i la melancolia mentre m'ofegava, la certesa i la incredulitat fins a l'últim moment, quan l'aigua dura com una roca m'obturava la tràquea. M'enfonsava abraçada amb ell, que deixava aquí una dona jove i una filla de deu mesos, el meu relleu. M'ho imaginava una vegada i una altra, com si a través del meu pare em matés a mi mateixa i el salvés a ell, i havia de parar, perquè si mantenia el pare viu, llavors era el meu pare que ens matava a la mare i a mi, separat com estava per sempre més de nosaltres."
L'Albert Jordi comparteix el protagonisme amb l'Èlia i la veu principal del relat. A mesura que ens dona més informació sobre si mateix, més odiós se'ns fa, i la nostra idea passa de certa compassió -l'assassinat de la seva dona és un fet luctuós, però el lector és comprensiu i indulgent, i potser no acaba de comprendre l'expulsió de casa l'Èlia sense permetre cap explicació- a una aversió justificada. I tot perquè ell mateix -i no l'Èlia- se'ns va descobrint -egoïsta, misògin, racista...-, unes dades amb les quals els lectors reinterpretem el seu crim, cosa que no pot fer ella perquè la seva desaparició no ha permès el mateix procés. 
"Les dones inteixen qui soc. Ho van descobrir abans que jo mateix. Estan avesades a la sang, l'ensumen i la segueixen. La Sara va flairar-la més d'una dècada abans, va fer tot aquell camí seguint-la, cada dia més potent, fins a trobar-la. Té a veure amb el seu cos. Per això excita els homes. Quina necessitat tenia, jo, de fer servir un ganivet? No hi havia verins? No hi havia un coixí?"
L'Èlia, per molt que expliqui, no ens fa canviar la nostra idea, al contrari que l'Albert Jordi. Aquesta diferència d'intensitat entre els dos discursos recolzaria la idea de que és l'Albert Jordi el protagonista principal -però aquesta no és una dada fonamental-, mentre que l'Èlia, més enganyada com més avança l'acció, no passaria de personatge circumstancial -fet que l'igualaria, i aquest seria un dels punts forts  de la novel·la, a la Sara, la tercera protagonista, absent-. I és que existeix una diferència fonamental entre confessar i declarar: la confessió implica certs compromisos -penediment, penitència, propòsit d'esmena...- i reconeix la capacitat del confessor per perdonar; per això l'Albert Jordi no s'explica que l'Èlia tallés la relació sense oferir-li la possibilitat d'esmenar-se.
"Els que hem sigut assassins tenim una visió més moral de la humanitat, com la tenen els metges i els militars."
La mort violenta per mà aliena impedeix la possibilitat de comiat, i per aquesta raó és tan reprobable; la mort després d'una llarga malaltia, la mateixa mort natural per vellesa, per avorriment o per simple renúncia, fins i tot el suicidi, permeten, primer, acomiadar-se de la vida i, després, abandonar l'existència, portar a terme aquest comiat, deixar d'existir -desaparèixer, no, és una altra cosa, no cal morir per desaparèixer-, tancar tots els temes pendents, mentre que la mort sobtada exigirà que algú, voluntària o involuntàriament, de forma present o absent, explícita o tàcitament, en un futur que ja no és temps del mort, hagi d'encarregar-se d'aquesta feina.
"Podia passar mesos, anys sencers, sense recordar-me'n. No era que l'oblit em tornés innocent, era que la innocència em permetia oblidar-me'n. Si em venia al cap algun record dels deu anys amb la Sara i el record em portava a la nit que la vaig matar, sentia l'orgull de l'innocent. No tinc res de masoquista. A la presó entrava al lavabo per força com un xai al sacrifici, era una merda, sortia amb blaus als braços per culpa de l'Andrés, però també era una generositat meva amb el món. Els anys tancat no van ser una càrrega moral. Ser una víctima encara era millor que ser innocent."
La mort és una espiral que, de dins cap enfora, comença per la persona que tens al costat i acaba en els milers de desconeguts de l'altra part del món, en un moviment universal i imparable que és l'única constant verdaderament universal, el fet que ens iguala i ens agermana, el motiu pel que hem nascut. 
"Quan tens un malson, acceptes el que passa, pateixes però aguantes. Poques vegades et planteges el suïcidi, i si ho fas no és amb la por de quan estàs desperta. En el somni et veus des de fora, sempre saps que estàs somiant. Si no, seria la vida. Però fins i tot si en el somni arribes a suïcidar-te, si t'hi arribes a morir, si no et despertes, continues somiant. Ni a dintre del somni pots viure la mort."
Els morts principals, la Sara, el pare de l'Èlia, el negre de Sant Dalmai; i també els secundaris, les bestioles a l'escorxador, les cendres que escampa l'avioneta de la Teresa, els passatgers de l'accident de Spanair, les víctimes de l'atemptat de Les Rambles, els immigrants al Mediterrani, rodegen l'Èlia i dispersen, com les cendres dels morts, la importància de cada mort individual en funció del lloc que ocupen o han ocupat a la seva vida. Per a l'Albert Jordi, en canvi, no hi ha ni dispersió ni més o menys importància.
"Portàvem una vida corrent a la taula i al llit. No sabíem si l'altre estava o no al cas de la intensitat de l'odi que ens teníem. La presó de veritat era la part incomprensible d'aquest odi. Entenia la resta del món per contraposició a aquest nucli d'odi disfressat de gelosia. No podia mirar l'odi directament als ulls. Em semblava que sense el punt cec de l'odi em calmaria. De vegades penso que la vaig matar en defensa pròpia. De vefades penso que no la vaig matar jo. L'odi i la gelosia són els guants que va fer servir l'assassí de veritat per no deixar pistes."
Tota paraula dita, escrita o pensada, és funció del context en que s'emet; conseqüentment, el seu significat tampoc és fix, pot ser que darrere del principal hi hagi un munt de significats annexos. Matar no és el mateix per a l'assassí que per a la víctima. Tota banalització s'atura en funció del subjecte, tota la polisèmia queda reduïda a un sol significat, la conjugació d'un verb, disponible per designar tot el ventall de possibilitats, passa a concentrar-se en una sola acció, concreta, terminal, definitiva, sense cap possibilitat d'interpretació, cap risc de malentendre, cap via oberta a la correcció: una vegada deixada anar, l'acció cau pel seu propi pes davant del subjecte, i matar escampa les seves conseqüències al seu voltant i es converteix en mort, l'acció és acomplerta, l'agent actiu ha executat el present, i tant per a ell com per a l'objecte de l'acció queden obertes totes les possibilitats -menys una- però, ja per sempre, en passat. Un passat que només pot tornar a ser present quan l'acte es desvela a algú que, ignorant els fets dels que no va ser testimoni en un passat que no l'incumbia -però que ara ho fa, malgrat seu i sense la seva intervenció-, veu la invasió del seu present per un fet ocorregut temps enllà.
"Si parléssim més, si no ens amaguéssim tant, tindríem menys a retreure'ns. Però la vida de dintre, treta a fora, és com un peix sense l'aigua [...]. Però has d'extremar i falsejar per treure el mal de dintre, per veure si algú en rep notícies."
La mort pot arribar a ser com una jugada de daus: sempre hi ha algú que guanya, sempre hi ha algú que perd; i un cop tirats, la jugada ja és irrecuperable -rien ne va plus-, algú segueix vivint, algú ja no, però a la mort -o als daus- tant li fa qui guanya i qui perd, perquè un guanyi l'altre ha de perdre i els papers no són intercambiables: l'Albert Jordi guanya i la Sara perd; en Sulaiman guanya i el porc perd. Després d'un lleuger tall a la jugular, la Sara i el porc són el mateix. Una mort a temps pot evitar-ne una altra, però no es pot ensinistrar  l'atzar. Fins i tot, qui es converteix en assassí no fa res més que ajornar la seva mort, potser en mans del seu adversari, provocant-ne una altra. Sempre es mata en defensa pròpia. La mort és l'únic fet que no caduca. 
"Hi ha una cançó que diu: què és l'amor? I llavors contesta: girar el temps al revés. L'única manera de girar el món és girar el temps. Per això els amors tenen sentit, acabin com acabin, i tots són igual. No hi havia diferència entre un micro i un macroamor, entre l'ofuscació de l'Èlia i la meva serenitat. No hi havia diferències entre l'amor d'un familiar i el d'un amant, entre l'amor d'un animal i el d'una persona, entre l'amor d'un assassí i el d'un sant, ni entre l'amor a les coses que estimem, com una casa, una cançó o una avioneta, i encara menys hi havia diferència entre l'amor a un home i l'amor a una dona, per més que jo m'hagués dedicat al d'ells. L'amor als vius, l'amor als morts, què canviava? El mateix valia pels uns que pels altres. L'amor era girar el temps al revés, com quan poses una cançó i t'oblides de tot i entres en un altre temps. Les cançons també et distancien, t'exploren de lluny. Els meus microamors eren com les cançons. Entrava en una història i la vivia com si fos tota meva. Cap diferència entre l'amor d'un dia i l'amor de tota una vida."
La conversa més insubstancial, la salutació més mecànica, l'encreuament més casual, donen lloc a un ventall infinit de possibilitats, que només és limitat perquè una altra conversa, una altra salutació o un altre encreuament corren a prendre'ls el lloc. Perquè aquest individu amb qui hem conversat, a qui hem saludat, amb qui ens hem creuat, aplega tot el seu passat, remontant-se, via tots els seus avatpassats, a l'origen del temps, a la primera cèl·lula viva, al Big Bang, i avança, accelerat, a través de tots els succesius futurs, fins a la seva mort, i més enllà, en mans dels seus descendents, fins a la fi del món i el col·lapse de l'univers. Un instant, un sol moment concentra la infinitut del temps. La mort només és un fet circumstancial, una petita errada del sistema, una depuració, una purga, que es s'autocorregeix i reinicia con si no hagués passat res.


El go és un joc d'estratègia per a dos jugadors, amb origen a la Xina del segle VI a.e.c., basat en el control de la major part del tauler on es desenvolupa la partida. A diferència dels escacs, un altre joc amb el que és sovint comparat, no es basa en l'eliminació de les peces -al començament, el tauler és buit- sino en la conquesta de territori; no es maten les peces del contrincant sinó que s'ocupa el territori on aquestes s'allotgen, territori que pot ser recuperat per l'adversari; també és, a diferència dels escacs, que és un joc eminentment tàctic, la partida de go es desenvolupa a partir de regles simples però amb una estratègia complexa. Una de les jugades més peculiars del go és el seki, semblant al zugzwang dels escacs, que descriu aquella situació en la que fer un moviment implica perdre la jugada. La narrativa de Sala, en general, s'acosta molt més al go que als escacs -és estratègica abans que tàctica- o al backgammon -no hi intervé l'atzar de cap manera-; però en aquest cas, Persecució és la traslació directa del seki: gairebé totes les relacions duals que s'hi donen -Èlia i Albert Jordi, Albert Jordi i Mercury, Albert Jordi i Teresa...-, excepte la darrera que tanca el text, exhaureixen els moviments útils i arriben a una situació de bloqueig en la que fer qualsevol moviment -fins i tot si és part d'una retirada- implica quedar en una posició pitjor que abans de moure i que impedeix, alhora, la retirada: la supervivència precisa de la inacció. 

L'escriptura d'en Sala, a part d'estratègica, és espessa i concentrada, com la sang: a partir d'una aparent immobilitat avança en totes direccions, no com una onada ni com els cercles concèntrics dels elements líquids, sinó mitjançant un procés de progressiva inundació lenta però inexorable, invasiva, trencant a cada moment aquella mena de pel·lícula de protecció que sembla defensar la superfície encara immaculada de l'avanç de la taca. Cada pàgina, cada paràgraf signifiquen una altra gota que, invisible, s'afegeix al volum de plasma, que enriqueix el contingut i que recolza el desbordament, una nova empenta al procés d'extensió, al cercle obsessiu al que es veuen arrossegats els seus personatges, una enèssima volta de rosca al cargol sense fi  de la seva consciència turmentada per la incurable malaltia de la reflexió sense fi.

La història ens és comunicada pels mateixos personatges -dos dels principals, dos dels accessoris-, de forma alterna, per fer-nos saber del fet al voltant del qual gira l'acció, però també dels antecedents personals. L'informe directe, no mediatitzat, implica una fidelitat a la veritat que, sovint, el narrador omniscient no és capaç d'oferir, però el fet de la implicació personal en allò que expliquen compromet, en realitat, la confiança i fins i tot la coherència del relat, i aquest és un recurs que l'autor aprofita a la perfecció; ningú és més sever que un mateix a l'hora de jutjar-se però, tanmateix, ningú pot arribar a ser tan condescendent. Però és que, a més a més, són els propis narradors els que intenten que el lector caigui a la trampa -el penúltim capítol en seria la prova més clara- mitjançant un informe amb exasperants nivells de detall, que interromp el relat dels fets -intencionadament? Per què ens ho expliquen? Volen guanyar-se el nostre favor, ara que ja coneixem la gravetat dels fets? O es tracta més aviat d'evitar entrar en matèria, d'una relentització deliberada- sense massa justificació i, alhora, fruit d'un cinisme de manual, del que assumeix les seves rareses sense el més mínim senyal de penediment?

Ningú sap res de ningú, ningú coneix ningú. Et pots passar un any, cinc anys, deu anys al costat d'algú, menjant a la mateixa taula i dormint al mateix llit, i conèixer els seus hàbits, les seves manies, però no conèixe'l en absolut. Hi ha racons de la ment inabastables pels altres -fins i tot per a un mateix-, parcel·les privades envoltades de tela metálica electrificada i sense porta d'accés, de les quals només en podem tenir notícia pels seus efectes, com aquells planetes l'existència dels quals és inferida pels seus efectes gravitacionals abans d'haver-los descobert.


Insisteixo, finalment, en la importància del llenguatge en l'obra de Sala, i no tant en la seva riquesa o varietat sinó en la seva idoneïtat, en la precissió que el faria retrocedir al seu probable origen, sense els ornaments sobrers que poguessin comprometre la comprensió o confondre el missatge, amb l'elementalitat d'aquell primer crit, d'aquella interjecció de la que dependia no només l'èxit en la caça sinó, sobre tot, la vida del caçador.

"Encara que no sigui per venjança, per justícia o defensar-se, qui no vol matar algú?"
Calificació: *****/*****

8 de marzo de 2019

La esfera luminosa

La esfera luminosa. Cixin Liu. PRH, 2019
Traducción de Javier Altayó
Después del relativo éxito -en la literatura de género, y específicamente en la de ciencia-ficción, el hermano pobre de la familia literaria, el éxito editorial, al menos a corto plazo, siempre es relativo- de la Trilogía de Los Tres Cuerpos, el sello especializado Nova, bajo la reciente propiedad del grupo editorial Penguin Random House, publica La esfera luminosa, una novela escrita con anterioridad (2004) a aquella y de la cual podría considerarse el origen; en ese sentido, La esfera luminosa presenta a un personaje que aparecerá con posterioridad en novelas posteriores, y una de las hipótesis, tal vez la más consistente, que abre su conclusión entronca de forma directa con una oculta civilización extraterrestre bajo cuya supuesta mirada se desvelan algunos de los enigmas que esa resolución desencadena.

La esfera luminosa, también llamada rayo globular, "es un fenómeno natural relacionado con las tormentas eléctricas. Toma la forma de un brillante objeto flotante que, a diferencia de la breve descarga del rayo común, es persistente. Puede moverse lenta o rápidamente, o permanecer casi estacionario. Puede hacer sonidos sibilantes, crepitantes o no hacer ruido en absoluto" (Fuente: Wikipedia). Existen diversos informes registrados relativos a su existencia y varios modelos de explicativos que se ubican desde el puro mito hasta la mecánica cuántica; es precisamente a partir de esta hipótesis que Cixin desarrolla su trama.

Después de perder a sus padres debido a una esfera luminosa, Chen, el protagonista de la novela, planea dedicar su vida a investigar sobre ese fenómeno. Con ese proyecto, empieza a cursar estudios universitarios relacionados con la electricidad atmosférica, a recabar datos estadísticos de las apariciones registradas del hecho, a buscar testigos presenciales y a visitar lugares en los que haya ocurrido. Casualmente, su profesor y director de tesis es un científico cuya esposa murió persiguiendo una esfera luminosa que, derrotado por la improductividad de toda una vida dedicada a la investigación, le cede toda su documentación; Chen cuenta, además, con la colaboración de una resolutiva comandante del ejército, un estamento sumamente interesado por el fenómeno.

Pero para que la investigación proporcione algún fruto será precisa la colaboración de insignes especialistas, algunos de ellos afectados por una estrafalaria excentricidad, y de un cambio progresivo de paradigma, pues el problema parece irresoluble utilizando las técnicas conocidas y los métodos de razonamiento tradicionales.

Sin embargo, la participación del ejército disuade a Chen, contrario a las aplicaciones militares, y provoca su abandono del campo de investigación, centrándose en su uso civil, pero el inicio de un conflicto armado le hace regresar al campo bélico. Sin embargo, un hecho inesperado lleva a la conclusión a los contendientes de la posibilidad de la destrucción mutua asegurada y abre la contingencia, en unas vertiginosas veinte últimas páginas, de la existencia de algún contendiente que no acaba de estar del todo presente en el campo de batalla.

Calificación: ****/*****

Otros recursos relativos al autor en este blog:
Notas de Lectura de El problema de los tres cuerpos
Notas de Lectura de El bosque oscuro
Notas de Lectura de El fin de la muerte

4 de marzo de 2019

Un futuro hogar para el dios viviente

Un futuro hogar para el dios viviente. Louise Erdrich. Ediciones Siruela, 2019
Traducción de Susana de la Higuera Glynne-Jones
A pesar del reconocimiento unánime de crítica y público en los Estados Unidos, de haber dado voz literaria a la comunidad indígena y de haber sido favorecida con numerosos premios -entre ellos, en National Book Award en 2012 por La Casa Redonda-, la obra literaria de Louise Erdrich no ha conseguido, ni aun con la insistencia de Editorial Siruela, que lleva publicando gran parte de su producción narrativa, el eco que se merece en sus ediciones en castellano. Su última obra publicada, Un futuro hogar para un dios viviente (Future Home of the Living God, 2017), ahonda en la brecha social que separa las comunidades americanas de distinto origen y esboza un futuro distópico centrado en la gestación, tanto más alarmante en función de la proximidad con que se percibe su advenimiento.
"Tengo el presentimiento de que, en vez del pasado, lo que nos atormenta es el futuro."
El texto que contiene Un futuro hogar para el dios viviente es el registro escrito por Cedar Hawk Songmaker, una mujer de origen ojibwe adoptada por una familia de origen británico con dimicilio en Minneapolis, dirigido al hijo de quien está embarazada, acerca de los extraños sucesos que parecen estar sucediendo y que se concretan en lo que se adivina como una involución social y biológica del estatus actual de la vida en el planeta. 
"""La evolución se ha detenido", declara el presentador de alguna tertulia radiofónica. "De hecho, ¡podría estar en plena regresión!". Si resulta ser cierto que cada partícula de lo que pueda ver y no ver, que todo lo que esté vivo, y quizá no vivo también, está ajustando las velas, virando y poniendo rumbo a puerto, ¿qué significa? ¿Adónde nos dirigimos? De hecho, ¿es muy diferente del lugar al que nos dirigíamos en un primer instante? Quizá todas las criaturas de la creación, desde la polilla de la manzana hasta el elefante, no fueran más que un pensamiento con todo lujo de detalles en que Dios estaba absorto para elaborarlas, cuando de pronto Dios se quedó dormido. Por lo tanto, solo somos una idea. Incluso en posible que Dios haya decidido que somos una idea en la que ya no merezca la pena pensar más."
A pesar de su relativa comodidad en su entorno social, Cedar, conocedora de su origen, vive en una permanente crisis de identidad étnica, en un sentimiento de extravío vital, de desubicación, de búsqueda de identificación grupal. 

La visita a su familia biológica residente en una reserva india, una visita harto incómoda para todos los implicados, despierta en Cedar multitud de sentimientos encontrados: la pena por la pérdida del origen, pero también la ira hacia quien la abandonó negándole unas posibilidades  que, aunque no podían competir con las que disfrutó con su familia adoptiva, le pertenecían. La entrevista con su madre, en este aspecto, es reveladora: el anhelo de conocimiento que la ayude a recomponer su historia personal y a integrar sus raíces -un pasado que considera robado por culpa de quien la dio en adopción-, y la nómina de agravios contra su madre, la responsable de su desubicación, no tanto por cederla en adopción como por haber regresado y haberse hecho presente cuando ya no hacía ninguna falta. Pero allí conoce también a Eddy, la pareja de su madre, un tipo que también parece desplazado no tanto en el espacio como en el tiempo, que se presenta situado muy por encima del nivel intelectual y social medio de la reserva, y cuya falta total de empatía, paradójicamente, la conduce a hacerle más confidencias de lo que parecería aconsejable.
"Se me ocurre que quizá mi identidad, el momento en que nos encontramos en el tiempo, el fangoso río de la realidad, todo eso está envuelto en sombras."
Parece que el embarazo ha provocado en Cedar un cambio, no ya de objetivos vitales, sino incluso en su percepción de todo aquello que la rodea. Sin ningún tipo de injerencia exterior, se apercibe de que la vida acomodada de estilo occidental puede haber actuado como una pantalla que la ha aislado de la realidad -o que le ha permitido acceder solo a una parte, la que tiene que ver con su entorno-; una situación que se le hace evidente cuando regresa a sus orígenes.
"Algo está destruyendo el modo de vida que existía. Todo ha cambiado mientras yo no estaba mirando y lo ha hecho sin previo aviso."
Esta regresión personal parece tener un reflejo en la naturaleza: algunos indicios conducen a la conclusión de que el proceso evolutivo se ha detenido. Nadie es capaz de formular una hipótesis definitiva, y se ignoran tanto las razones como la dirección, si la hay, de esa involución, pero la humanidad parece abocada a la extinción en unas pocas generaciones después de un imparable proceso de degradación. De forma paralela, a medida que la humanidad va acercándose a su extinción, el feto que gesta Cedar sigue su desarrollo.
"Hacemos planes para quedarnos, huir, escondernos, vivir con normalidad. Decidimos mantenernos vigilantes y después discutimos sobre si la vigilancia es una estrategia [...]. El intenso tono dorado y anaranjado del sol es pura nostalgia. Un fulgor antiguo ya muda de piel sobre esta hermosa vida que compartimos. Me siento cada vez más apesadumbrada, varada en la silla del jardín. Todo lo que yo diga, todo lo que mis padres digan, el ocaso de las amistades, el sabor fuerte a limonada, el vino en el paladar, los graznidos de los pájaros adormilados y los chillidos de las ardillas lanzándose sin miedo desde lo alto de las ramas de los viejos arces y acacias de tres púas, todo esto se acaba. No habrá otro agosto en la Tierra, ninguno como este; no habrá esta clase de naturalidad o precisión. Los pájaros cambiarán, las ardillas se caerán, y ¿quién recordará cómo hacer vino?"
Tal vez el ser humano adoptó como nueva divinidad a la tecnología cuando la religión ya no abarcaba lo suficiente como para procurar respuestas a las nuevas preguntas; pero el día que la tecnología, como hicieron los dioses antiguos, traicione la confianza que el hombre ha depositado en ella, quizás este busque, con la mirada ávida, de nuevo a los viejos dioses, reabra los templos, vuelva a los olvidados rituales y edifique, sobre las cenizas de los circuitos colapsados una nueva doctrina religiosa que le alivie de la soledad de su cueva. 

En todo caso, la religión, sean las creencias elementales de los habitantes de las grutas o los sistemas complejos de las religiones institucionalizadas, es siempre una excusa para la dominación, la detentación del poder y la represión; y en un mundo en el que la ciencia ha dimitido y la tecnología ha colapsado, los dioses recuperan todos sus atributos para ponerlo, como siempre, al servicio del poder. Y si alguna fijación posee este diabólico tándem, tiene que ver, de forma invariable, con la capacidad de gestación, de alumbrar una nueva vida: no existe peligro mayor para esa coalición que el cuerpo de la mujer y que ese acto de libertad suprema que es la concepción.
"Nos quedamos abrazados mucho tiempo, en silencio, respirando sin más. Al cabo de un momento le pregunté quién estaba al mando. Phil dijo que Dios. Le dije que esa era la cosa más aterradora que había oído, y él me contestó: "Sí, yo también. Por eso compre los fusiles de combate Bushmaster"."
Parecería que si el fin del mundo, inevitable, ha sido enunciado en multitud de ocasiones por los autores canónicos de la literatura judeo-cristiana -e incluso se diría que es ansiado por los verdaderos creyentes, pues va a ser en ese hecho supremo, cuando se va a aplicar la esperada justicia divina-, ante cualquier atisbo de acercamiento, los detentadores del poder terrenal y del religioso, procuran situarse en una posición favorable a sus intereses seculares, y dejando al grueso de la población en un atormentado sálvese quien pueda sin normas ni reglas, y que se convierte, de este modo, en una de las razones de su propia extinción: gestionar la escasez, implementar milicias que defiendan su provecho y manipular la religión para que actúe, una vez más, como sistema represivo incuestionable y universal. La democracia se convirtió en tecnocracia, y esta en teocracia: de la Constitución al logaritmo, y de este, vuelta a la Biblia. La tecnocracia y la teocracia no son tan distintas, ambas se basan en la dominación ejercida por un grupo que posee acceso reservado a una información con la que puede ejercer el control total; o sí, puede que sean diferentes, pero esto no quita que se complementen a la perfección.
"Al contemplar la densa y sonora vegetación detrás de la casa durante el día, pienso en lo felices que Phil y yo podemos ser físicamente. Cuando eso sucede, cierro los ojos y escucho el rugido y parloteo del mundo que pasa a mi lado como un torrente. Nosotros también pasamos a toda prisa. El viento nos azota a su paso. Duramos tan poco. Somos un diente de león de un solo día. Una semilla que se desliza por el hielo. Somos una pluma que cae del ala de un pájaro. No sé por qué nos fue dado ser tan mortales y tan sensibles. Es una broma cruel y gloriosa."
El poder, omnívoro pero invisible, pone en marcha toda su capacidad de comunicación y propaganda, de las cuales el eufemismo es la viga maestra, y el establecimiento de una neo-lengua para nombrar viejos conceptos con su denominación antagónica: el control de la natalidad se encarga a una "Sociedad Protectora de los No nacidos"; la tortura para conseguir delaciones se administra en unos "seminarios de la verdad" de inspiración claramente hispano-inquisitorial.
"Las únicas personas que conocen la verdadera definición de tortura son aquellas que han sido torturadas, dice. Es inútil y resulta abominable pedir a los torturadores que definan ese acto. A no ser, por supuesto, que accedan a someterse a lo que definen, no tienen ninguna autoridad para hablar del tema. No hay título académico que valga. Ningún doctorado. Ninguna placa de abogado. Ningunos estudios. Ninguna referencia a precedentes o principios. Lo único que vale en la definición es el verbo hecho carne. El cuerpo tiene la última y única palabra."
Parece que la última esperanza para detener la involución es la implantación de una variedad de eugenesia consistente en conservar los pocos bebés que nacen sin alteraciones en su ADN -como semillas no modificadas genéticamente-, quitándolos a sus madres recién nacidos, combinarlos con muestras clínicas de gestación antiguas, supuestamente libres también de modificaciones, y reclutar mujeres fértiles para la gestación de nuevos individuos.

El sistema es una máquina bien engrasada, un contenedor sin fisuras, una muralla inexpugnable, de modo que la única esperanza para sobrevivir es contactar con los pocos y aislados disidentes -cuidando de no confundirse y meterse sin querer en la boca del lobo; la confianza es un bien escaso en las dictaduras, y la delación el mejor método para alejar la sospecha de uno mismo- y aprovechar la menor oportunidad para huir. La realidad tal como era conocida ya no existe; una parte de ella está formada por las propias vivencias, esas en las que uno se reconoce como sujeto y que aparenta estar regida por concretas dosis de libertad, aunque ya no pueda reconocerse o, tal vez, se trate solo de un espejismo o de un delirio porque va perdiendo prevalencia y materialidad, convirtiéndose en lo que parece un puro constructo mental. Porque por encima de esa realidad personal, privada, se impone la construida mediante el relato generado por el poder, omnipresente, incuestionable, el definitiva, Real. La supervivencia, ante esa situación, depende o de la sumisión total a esa realidad impuesta o de la capacidad de hacerlas compatibles en función de la situación, en decir, de la adaptabilidad.
"¿Y qué clase de ser soy en realidad? Primero descubro que soy realmente hija de mi padre, descendiente de un linaje que se remonta hasta Ricardo Corazón de León. Después, averiguo que mi herencia también está relacionada con un siniestro hombre azul que impregnó a mi abuela en un sueño. Y tú, con Phil de padre, un hombre que causó daño cuando intentaba no hacerlo, llevas dentro de ti la paciencia de los antepasados que trabajaron la piedra. A veces pienso en la bolsa de sorpresas con etiquetas y fotografías que rescaté de la planta de reciclaje, la fascinante colección de imágenes y palabras impresas. Sin quererlo ni hacer nada para ello, estoy creando un collage de ADN y sueños, todas esas palabras hechas carne, y lo hago incluso mientrad duermo."
Calificación: ****/*****