5 de junio de 2017

El cuento de la criada

El cuento de la criada. Margaret Atwood. Salamandra, 2017
Traducción de Elsa Mateo Blanco
¿Qué les sucede a todos los regímenes conservadores con el sexo? ¿Por qué todas las teocracias, paradigma y perfección del conservadurismo, abominan del sexo? ¿Por qué la procreación se considera un derecho divino y se aborrece del sexo? ¿Por qué esa fijación por la mujer como origen de todos los males? ¿Es una cuestión se eso que hoy se denomina, eufemísticamente, "género", o trasciende esa calificación para dispersarse entre todas las ideologías del resentimiento, feminismo incluido?

En cuanto al texto en sí, El cuento de la criada (The Handmaid's Tale, 1985, título posiblemente inspirado en Los Cuentos de Canterbury, aunque en la obra de Chaucer no figure ninguno llamado así): ¿qué puntos en común pueden rastrearse entre la lectura del texto a mediados de la década de los años 80 del siglo pasado, cuando su primera publicación -casi coincidente en el tiempo de ficción con 1984, novela con la que comparte multitud de elementos- y la que puede realizarse treinta años después, en la época de la omnipresencia mediática -pues su existencia no es una novedad: las teocracias son tan antiguas como la vida en sociedad, y los métodos de control, debido principalmente a su efectividad, no han sufrido grandes cambios; para muestra, el libro de la literatura occidental cuya acción se remonta más atrás en el tiempo, excluidas las teodiceas clásicas, cuya función no era doctrinal sino puramente literaria- de fenómenos como Boko Haram y la presidencia de Donald Trump?

Trascendiendo su aparente sencillez -el efecto de esa primera persona narradora es un punto fundamental del texto; volveré sobre ello-, Atwood no da puntada sin hilo; para ejemplo, el escenario inicial: un complejo deportivo, un lugar donde se controlaba a las masas con una sabia mezcla de agresividad y represión, la válvula de escape de la violencia redirigida y puesta bajo el control de la autoridad; aunque también, en el sistema educacional de los EE. UU. de América, escenario de los primeros intentos  de encuentros sexuales en la explosión hormonal de la adolescencia. El mensaje ultraconservador del cambio de uso del recinto deportivo es de una fuerza extraordinaria, apoyada en la sequedad retórica y precisión puntillista de la narradora, que consigue crear un clima claustrofóbico con la mera descripción de algunos escogidos elementos que componen las salas del complejo.

El planteamiento de un narrador que participe en la acción -me resisto a llamarle protagonista porque el texto cede el protagonismo a la sociedad, aunque la visión del lector sea a través del punto de vista de Defred- reduce la perspectiva pero concentra la mirada y permite una percepción con un detalle minucioso; además, tener la información de primera mano acerca de las reflexiones de la narradora favorece la implicación del lector en una trama singular. 
"Es imposible contar una cosa exactamente tal como ocurrió, porque lo que uno dice nunca puede ser exacto, siempre se deja algo, hay muchas partes, aspectos, contracorrientes, matices; demasiados detalles que podrían significar esto o aquello, demasiadas formas que no pueden ser totalmente descritas, demasiados aromas y sabores en el aire, en la lengua, demasiados colores."
Parecen asomar vestigios de neurosis en las minuciosas descripciones de objetos, no tanto en los propios como en los que pertenecen al hogar del Comandante; es un detalle que revelaría -esto es especulación- un déficit de socialización, de interacción con sus semejantes, al tiempo que la sujeción forzada a estructuras educativas y de poder de carácter totalitario. Debe tenerse en cuenta que Defred no está "escribiendo una novela" sino desarrollando, enumerativamente, una serie de hechos que le sucedieron y que está registrando, como sabremos con posterioridad, en condiciones adversas.
"Me sumerjo en mi cuerpo como en una ciénaga en la que sólo yo sé guardar el equilibrio. Mi territorio es un terreno movedizo. Me convierto en el suelo en el que aplico el oído para escuchar los rumores del futuro. Cada punzada, cada murmullo de ligero dolor, ondas de materia desprendida, hinchazones y contracciones del tejido, secreciones de la carne: son signos, son las cosas de las que necesito saber algo. Todos los meses espero la sangre con temor, porque si aparece representa un fracaso. Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías."
Es mediante esas aparentemente asépticas descripciones, y con algunos falsos sobreentendidos, que se despliega ante el lector la especificación de la sociedad de la República, pero Defred ha vivido una época anterior a Gilead  ("cerro del testimonio", Gen 31:21), con lo que su visión actúa como contraste entre ese pasado y el presente:
"Éramos una sociedad en decadencia, con demasiadas posibilidades de elección."
Defred ha vivido la etapa anterior de la República de Gilead; por tanto, ese contraste puede ser relatado en primera persona. No es el lector el que debe percibir las diferencias con su propia época y situación personal -y arriesgarse a que su visión sea prejuiciosa- porque ese juego de contrastes ya lo realiza la narradora. Con referencia a la congruencia intrínseca de la novela, la opción de Atwood es pertinente: las referencias se localizan en la propia novela, que a estos efectos conforma un sistema cerrado y autosuficiente.

Recordar el pasado, antes de Gilead, recrearse en él, es el único modo de escapar de un presente por lo demás ineluctable. Pero no es una huida sin consecuencias: esos momentos, los que hubiera de felicidad, son como dardos que se clavan en las espalda, a traición, porque evidencian la caída y hacen más insoportable la situación actual. Su efecto benéfico tiene tanta fuerza que llegas a pensar que un día despertarás y te encontrarás de nuevo en él; pero también pude convertirse en una pesadilla, en ese lugar soñado al que no podrás acceder jamás; como todo sueño, se rige por sus propias reglas, y ni el azar ni la voluntad pueden conseguir transgredirlas.

El formato "cuento", calificativo otorgado al texto por la narradora -y también por la autora: "si sólo es un cuento parece menos espantoso"- en contraposición a "la realidad", alude a que el cuento es siempre una historia de ficción que alguien desarrolla ante alguien, sobre la que tiene el control absoluto, cuyos personajes son imaginarios y las situaciones arquetípicas.
"Si esto es un cuento que estoy contando, puedo decidir el final. Habrá un final para este cuento, y luego vendrá la vida real. Y yo podré retomarla donde la dejé."
Esa intención actúa notablemente sobre el hecho de la fidelidad de la narración, aunque sea un cuento. La inventiva suple a la memoria, pero cuando se está seguro de que las cosas no fueron como se cuentan, ¿cuál es la preferencia? ¿Se miente conscientemente o sin intención? ¿Se quiere engañar al interlocutor, dando una imagen que excuse las propias faltas? ¿O se pretende engañar uno mismo para salvar las incongruencias? ¿Hasta qué punto este autoengaño se erige en sistema de autodefensa? ¿O de justificación, cuando Defred ya no esté, ante ese ser al que se dirige, en un futuro condicional, para limpiar su imagen y para que no tenga nada que reprocharle?

La represión puede tomar varias direcciones, aunque una de las más terribles es cuando se manifiesta en los actos más cotidianos como en el simple hecho de salir a la calle o ir a hacer la compra, convirtiendo esas rutinas en acciones que pueden entrañar riesgos aunque, como saben bien todos los regímenes autoritarios, la poca concreción de las normas y la dificultad por saber si se están transgrediendo o no, los convierten en verdaderas pruebas de templanza.

En una sociedad reglamentada, la rutina -las rutinas- es la norma: toda situación debe estar prevista y tener su reacción tabulada para no dejar nada a la improvisación, que significaría que existe algún grado de libertad. La Norma beneficia a todos: las autoridades no tienen necesidad de interpretar las leyes y así evitan que puedan ocurrir diferencias de criterio entre quienes las aplican que podrían explicitar grietas por las que los administrados podrían escapar al control. Para éstos, la regulación extrema facilita el cumplimiento de las normas de forma prácticamente automatizada: no pueden alegar ignorancia pues la Norma está inscrita en lo más profundo de la sociedad y, por extensión, de su mente, pero tampoco tienen que decidir, la Norma evita la duda. Por esa razón, el peor escenario que puede encontrarse un súbdito es aquel en el que tiene la posibilidad o la obligación de tomar una decisión.

Texto desasosegante, como todas las distopías, cuyo principal virtud, más que la trama en sí, es una impecable y determinante narradora en primera persona magistral. Enhorabuena a los editores por poner otra vez en circulación este texto fundamental y, por lo que parece, por su intención de poner, por fin y con garantía de continuidad, a disposición del lector en castellano la obra de Margaret Atwood, una autora fundamental de la literatura anglosajona contemporánea.

Calificación: ****/*****

Otros recursos referentes a la autora en este blog:

Notas de Lectura de Por último, el corazón

2 de junio de 2017

El Muro de las Tormentas. Dinastía del Diente de León II

El Muro de las Tormentas. Dinastía  del Diente de León II. Ken Liu. Alianza, 2017
Traducción de Francisco Muñoz de Bustillo
El Muro de las Tormentas (The Wall of Storms, 2016) es la segunda entrega de la planeada trilogía de la Dinastía del Diente de León (originalmente, The Dandelion Dinasty), después de La Gracia de los Reyes.

A pesar de la paz de la que disfruta el Imperio, existen grupos de antiguos reyes vencidos en La Guerra del Crisantemo y del Diente de León con ansias de venganza contra el Emperador.

En tiempo de guerra, las fidelidades se miden en el campo de batalla; en época de paz, los guerreros descansan pero los cortesanos ponen en más peligro al Imperio con sus intrigas palaciegas que los invasores con sus ejércitos. Y, algunas veces, ese peligro exterior, un enemigo formidable, más cuanto más invencible parece, es la argamasa que rellena las grietas e impide el derrumbe definitivo. Pero no en todas las guerras que se ganan se acaba venciendo, porque hay un tiempo para la paz y otro para el conflicto, y cuando aquélla se restablece, lo hace bajo nuevos supuestos, nuevas situaciones y nuevas generaciones.

La Dinastía del Diente de León remite al tono épico de las leyendas fundacionales que siguen a personajes heroicos pero cuyo verdadero protagonista es el paso del tiempo que convierte a los hombres en héroes y al relato de sus cuitas en mitos.

Accesorias a veces, complementarias las más, las historias se despliegan en racimo alrededor de la trama principal ofreciendo información acerca de sus protagonistas, episodios de la teodices, leyendas fundacionales o, simplemente, historias adicionales que amplían el conocimiento de los antecedentes. Entre todas ellas forman el mosaico multidireccional que compone El Muro de las Tormentas, una novela que remite a las grandes sagas clásicas y cuya lectura es, sencillamente, una experiencia formidable.

Calificación: ****/*****

29 de mayo de 2017

Los jugadores de Titán

Los jugadores de Titán. Philip K. Dick. Minotauro, 2017
Traducción de Juan Pascual Martínez
Los jugadores de Titán (The Game-Players of Titan, 1963) es una novela publicada en plena década de los años 60, la más fecunda de Dick, en la que dio a luz a más de veinte, y, a pesar de poder considerarse una de sus obras menores, contiene, como era de esperar, gran parte de los trazos comunes de su obra.

Una guerra librada con una especie extraterrestre, las babosas de Titán, ha diezmado la población terrestre y ha convertido en estériles a sus habitantes. Con el fin inicial de tenerles entretenidos, los terrícolas son obligados a participar en un juego de cartas parecido al Monopoly basado en jugar "de farol" en el que se ganan y pierden tierras y cónyuges. Garden, un tipo con una extraña propensión al suicidio, ha perdido sus posesiones en Berkeley y a su esposa Freya a manos de un contrincante insólitamente afortunado. Con el fin de recuperar sus posesiones, urde una trama con sus compañeros de grupo,  consigue una nueva esposa, que será su pareja en las partidas, y reclama la ayuda ilegal de un conocido con influencias políticas. Pero antes de la partida final, aquella en la que ha de consumarse la venganza, el contrincante afortunado es hallado muerto y Garden y algunos de sus compañeros de grupo padecen un súbito ataque de amnesia que pondrá en peligro al consecución de su objetivo.

Las reacciones más disparatadas se desvelan como las más acertadas, mientras que las más sensatas se convierten en totalmente erróneas; los personajes más consecuentes provocan las desgracias más desesperantes, y aquellos impresentables que parecen capaces de provocar las peores calamidades son los que acaban salvando las situaciones.

Paranoias del mas variado pelaje, sustancias alucinatorias, sujetos hipocondríacos, extrañas legunas de memoria, remedos junguianos, precogs, telépatas, poltergeist, telequinesis, personajes con la conciencia en suspensión: los lectores de Dick reconocerán inmediatamente el terreno. Todo ello junto a giros argumentales marca de la casa: cuando una subtrama parece agotada y llegada a un callejón sin salida, Dick saca de su chistera un nuevo truco; como sucede a menudo en las novelas del americano, el lector tiene la sensación de que la novela no estaba planificada en absoluto, y que avanza por pura inercia  en un infinito work in progress. Sea esto cierto o no, esas dudas son un sello característico de las obras de Dick y una de las razones por las que una respetable cantidad de lectores nos hemos convertido en fervientes seguidores.

Calificación: ***/*****

26 de mayo de 2017

El Mundo Resplandeciente

El Mundo Resplandeciente. Margaret Cavendish. Siruela, 2017
Edición y traducción de Maria Antònia Martí Escanyol
El Mundo Resplandeciente (The Blazing World, 1666) fue editada originariamente en un tomo llamado Observations upon Experimental Philosophy: To which is Added Tha Description of a New Blazing World, que consta de una primera parte "filosófica", un tratado "basado en la Razón", que da entrada y justifica teóricamente a la segunda, la novela propiamente dicha, "guiada por la imaginación", una obra de ficción; se trata de una de las primeras novelas europeas debida a una mujer y se la considera precursora del género de la ciencia-ficción. 

Contemporánea de la Edad de Oro de los foros de debate filosófico, Cavendish, duquesa consorte de Newcastle, coincide, formando parte de una especie de lobby racionalista -racionalismo inglés del siglo XVII, hay que tener en cuenta-, en algunos de ellos con pensadores de la talla de Thomas Hobbes y René Descartes.

La trama toma la forma de un viaje cuyo trayecto es modificado por una causa externa, llevando a la protagonista a una especie de universo paralelo, El Mundo Resplandeciente,  habitado por criaturas híbridas de forma animal -hombres-oso, hombres-zorro, hombres-pájaro, aunque posteriormente la protagonista descubre la existencia de otras combinaciones- pero con atributos humanos.

Esos extraños seres, tan sorprendidos como ella por su aparición, la llevan al Paraíso, residencia del Emperador, quien, creyéndola una diosa, se pone a adorarla; advertido por la dama de su naturaleza humana, la venera con otra forma de adoración: la desposa y le otorga poder absoluto sobre su mundo. Estamos a media novela, ha transcurrido la fase "romántica" -calificación de la propia autora-, y la Emperatriz necesita alguien a su lado -y la novela la identificación de la voz narradora-; así que en un trasvase de almas del mundo real al Mundo Resplandeciente, acude nada menos que la propia duquesa de Newcastle, reclamada por la Emperatriz para que le sirva de escriba (por qué los "espíritus inmateriales" no pueden empuñar armas pero el alma de la duquesa sí puede empuñar la pluma es una cuestión que Cavendish no aborda...).

Dispuesta a averiguar el grado de civilización del Mundo Resplandeciente y el estado de sus conocimientos, la Emperatriz se entrevista con representantes de las diferentes ciencias y oficios; las explicaciones que éstos dan a sus preguntas son un resumen de las teorías más en boga en el campo de la por entonces denominada filosofía natural, y no es extraño percibir en las explicaciones de los aborígenes ecos de Hobbes, Boyle, Galileo o Gassendi. Así procede también con los químicos, los galenos, los matemáticos, los oradores y los lógicos, para acabar instituyendo su propia religión -véase una de las utilizaciones del recurso racional que reivindica constantemente- y convocando a los espíritus inmateriales a consulta.

Una vez conocida y asimilada la realidad del Mundo Resplandeciente, la propia Emperatriz y su escriba viajan al mundo de ésta -es decir, al nuestro- para observar y juzgar los contrastes entre una sociedad perfecta y la imperfección hecha sociedad; reparos que retira instantáneamente cuando visita la Familia Real, con la que se deshace en elogios; Cavendish, integrante de la Corte, aprovecha la ocasión para halagar al soberano y a su esposa, de quien es dama de compañía.

A pesar de tratarse, formalmente, de una obra de ficción, El Mundo Resplandeciente oculta, tras la forma de una utopía, dos mensajes principales -obviando el intento de tratado especulativo del prólogo de la editora, cuya osadía, por ejemplo, al calificar a la inglesa de "protofeminista" provoca el sonrojo del lector más ideologizado-: en contra de lo que declara la narradora, la superioridad del empirismo utilitarista sobre el propiamente especulativo -es decir, el a la larga productivo-, y la prevalencia de la nobleza de cuna, de la aristocracia sobre cualquier otra consideración, un discurso, a la vez, muy inglés y muy ancien régime.

Si bien es cierto que, en uno de los pasajes más hilarantes, ridiculiza, mediante la administración de su propia medicina, a los sofistas, también lo es que en numerosos pasajes exuda un sospechoso tufo a dogmatismo escolástico, principalmente en su menosprecio a la ciencia -un concepto que no parece tener muy claro, al menos declarativamente- en beneficio de la Razón -otro concepto fundamental que se le hace volátil-; así, se ve capaz de cargar contra el empirismo, tachándolo de inútil e improductivo y, en cambio, reproduce asambleas virtuales con espíritus inmateriales y la asistencia, discrecionalmente, de las Virtudes, en unos párrafos que recuerdan más a los alucinados textos de los -y, particularmente, de las- místicos medievales que a los filósofos, a ambos lados del Canal, de las Luces.

Firme partidaria del Absolutismo, el discurso político de Cavendish tiene un sesgo conservador indiscutible; Inglaterra acababa de cerrar su Guerra Civil con la destitución de las instituciones republicanas y la restauración de la monarquía en manos de Carlos II, proclamado rey de Inglaterra, Escocia, Irlanda y Francia. El compromiso de Cavendish con la Familia Real le hace declarar, finalmente, ese reinado y esa forma de organización política y social como paradigma de la sociedad perfecta.

Podría llegar a ser un ejercicio curioso, que sobrepasa las intenciones de estas Notas de Lectura, investigar las semblanzas y las diferencias entre las utopías imaginadas por hombres y las imaginadas por mujeres, sobre todo hasta principios del siglo XX. En todo caso, y a la vista de algunas características de la sociedad perfecta del Mundo Deslumbrante -religión institucionalizada, monarquía, estricta estratificación social-, parece deducirse que algunas de esas utopías han padecido un proceso de envejecimiento fatal. No obstante, igual que sucede con infinidad de obras de la literatura universal, una vez asumido ese décalage, El Mundo Resplandeciente, además de un retrato perfecto de las aspiraciones de una determinada clase social, es una obra literariamente notable escrita por una mujer indudablemente adelantada a su época y cuyo último honor fue ser inhumada en la Abadía de Westminster, práctica que, curiosamente, se inició en tiempos de Oliver Cromwell, el precursor republicano de Carlos II.

Calificación: ****/*****

22 de mayo de 2017

Shakespeare II

Con motivo del cuarto centenario de la muerte de William Shakespeare, el mes de octubre de 2015, Hogarth Press, la editorial fundada en 1917 por Leonard y Virginia Woolf y reactivada en 2012, anunció el proyecto Hogarth Shakespeare que consistía en proponer a ocho escritores contemporáneos la reeescritura de otras tantas obras de teatro de Shakespeare en forma de novela; ignoro cuál fue el criterio de los encargos, aunque algunos son fácilmente deducibles. Esta arriesgada apuesta, asumida en castellano por la Editorial Lumen y de cuyo éxito o fracaso darán cumplida cuenta los textos a medida que vayan publicándose -el último está previsto para mayo de 2021-, comenzó con El hueco del tiempo (The Gap of Time, 2015, título encargado a Jeanette Winterson inspirado (calificado por la propia editorial como "The Winter's Tale Retold") en El cuento de invierno, la penúltima de las obras del bardo.

La segunda entrega de la serie ha sido Corazón de vinagre (Vinegar Girl, 2016), inspirado en The Taminf of the Shrew, una comedia y, curiosamente, la obra de Shakespeare traducida en más ocasiones al castellano por delante de textos más conocidos como Hamlet o El Rey Lear.

Antes de entrar en materia, algunas consideraciones de índole editorial. En primer lugar, las dos primeras obras publicadas y traducidas son dos comedias; y las recreaciones de ambas se han encargado a dos escritoras. Por otra parte, y este es otro trazo que tienen en común, las comedias de Shakespeare, a diferencia de las tragedias, mucho más intemporales, requieren una actualización más amplia y generosa: los motivos que llevan a la risa han sufrido un drástico cambio en cuatrocientos años, y los entornos sociales, en el mundo civilizado, no menos. 
The Taming of the Shrew. William Shakespeare. Bloomsbury, 2010
Edición de Barbara Hodgdon
Al igual que en la otra ocasión, la versión original que he escogido es la publicada por Bloomsbury en su serie Arden Shakespeare, absolutamente respetuosa con el texto original y que, además, incluye un gran aparato crítico de notas y las distintas variantes del texto según las distintas fuentes.
La fierecilla domada. William Shakespeare. Espasa, 2012
Traducción de Salvador Oliva
La traducción escogida, descartadas de principio las traducciones que el paso del tiempo ha convertido en anacrónicas, es la que Salvador Oliva, que cuenta en su haber la traducción completa de la obra de Shakespeare al catalán, obra poética incluida, publicó en el sello Espasa en su recopilación en tres volúmenes de la obra teatral del bardo.

La fierecilla domada comienza con un prólogo en el que Shakespeare incluye uno de sus gags favoritos: el teatro dentro del teatro, la representación para que Sly, un mendigo, se crea realmente un lord que acaba de librarse de una enfermedad que le hacía soñar que era un mendigo; cuando unos comediantes, contratados por un grupo de aristócratas que quieren tomarle el pelo, comienzan a representar una pieza en su honor, acaba el prólogo y empieza el Acto I: la obra que ve representar Sly es, realmente, La fierecilla domada.

Bautista, un acaudalado gentilhombre de Padua, tiene dos hijas casaderas: Catalina -la fierecilla-, una fuerza de la naturaleza de destemplado humor, exigente y cortante como el filo de una navaja, y Blanca, el contrapunto de su hermana, una criatura adorable, con una larga corte de pretendientes. Pero Bautista no concederá la mano de su hija menor hasta haber conseguido emparejar a Catalina. Los pretendientes de aquella, por tanto, no sólo deberán conquistarla sino, al mismo tiempo, encontrar a un iluso que lleve a Catalina al altar y les deje así el camino libre. Petruchio accede al reto y, a fin de domar la bravura de Catalina, le administra su propia medicina. Una vez casados, y tras una mascarada de cambios de papeles común en la comedias del bardo, Lucencio, sinceramente enamorado, consigue el amor de Blanca.
Corazón de vinagre. Anne Tyler. Lumen, 2017
Traducción de Miguel Temprano García
Kate es el único pilar sobre el que se sustenta su peculiar familia, completada por un padre paradigma del científico despistado -"vivía como suspendido en el vacío"- y una indolente y caprichosa hermana menor. Empleada en una escuela infantil, Kate acostumbra a descargar su falta de tacto en los niños y su nula capacidad diplomática en los padres. Pero su destino de solterona parece remediado cuando su padre le sugiere que se case con su irremplazable ayudante de laboratorio, un extranjero al que está a punto de vencer su visado de permanencia en los Estados Unidos, propuesta que, no hace falta decirlo, es rehusada resolutivamente.

Tyler mantiene a la perfección el tono de comedia de La fierecilla domada, pero logra evitar el carácter jocoso de la trama que le insufla Shakespeare; al focalizar la atención, recogiendo una ventaja del género de novela sobre la dramaturgia, y el punto de vista en Kate -a diferencia del original, en el que los protagonistas reales son los pretendientes-, nos permite acercarnos a sus pensamientos y sus reacciones desde dentro del personaje, manteniendo de este modo la comicidad de las situaciones al mismo tiempo que los asomos de dramatismo de la protagonista.

Una recreación con todos los condicionantes que cabe exigir: calidad, originalidad y respeto.

Calificación: ****/*****

Otros recursos relativos al Hogarth Shakespeare Project en este blog:
Entrada "Shakespeare"

19 de mayo de 2017

Un policía en la luna

Un policía en la Luna. Tom Gauld. Salamandra,  2017
Traducción de Carlos Mayor
La acción del álbum Un policía en la Luna (Mooncop, 2016) se sitúa en nuestro satélite en un momento post-colonial: la vida en él ha sido prácticamente abandonada por la mayoría de sus habitantes, pero quedan todavía algunas instituciones; entre ellas, un policía que conoció tiempos mejores y que sigue empeñado en cumplir las funciones que se esperan de él. Montado en su Hovercraft, sigue haciendo sus rondas y respondiendo rápida y eficazmente a las llamadas de urgencia: el rescate de una niña que se ha perdido en un sector prohibido, la búsqueda del perro extraviado de una anciana, la recuperación de la versión autómata de Neil Armstrong evadida del Museo, y responder a la estúpidas preguntas del sistema automatizado de seguridad; y que cuando pide el traslado a la Tierra le envían una unidad de apoyo psicológico que no acaba de adaptarse a su nuevo entorno (la unidad, no el policía).

Dotado de unos diálogos reducidos a su mínima expresión, con una cadencia rítmica magistral, un dibujo claro y plano y un omnipresente azul cielo oscuro cuya frialdad refuerza el tono de tristeza y soledad que Gauld quiere imprimir a su relato, y aun teniendo en cuenta que esta es la opinión de un lego en la materia, el libro es, narrativamente, excepcional.

Calificación: ****/*****

15 de mayo de 2017

La familia Carter

La familia Carter. Frank M. Young y David Lasky. Impedimenta, 2017
Traducción de Miguel Ros González
Versión gráfica de la vida de la familia Carter (The Carter Family. Don't Forget This Song, 2012), un grupo que activó la música popular y folk norteamericana en la primera mitad del siglo XX, desde sus inicios casi accidentales, pasando por la conformación de los diversos grupos, la historia de sus grabaciones discográficas, y hasta su disolución. Un libro sorprendente que hará las delicias no solamente de los aficionados al country más genuino sino también de los partidarios de los relatos dibujados.

Calificación: ****/*****

Bonus track: Impedimenta ha registrado una lista de reproducción de algunas de las piezas musicales emblemáticas de la banda, ideal para acompañar (o no) la lectura del cómic: http://spoti.fi/2mjzjHa

12 de mayo de 2017

Zebulon

Zebulon. Rudolph Wurlitzer. Tropo Editores, 2017
Traducción de Irene Oliva Luque
Zebulon, el protagonista que da nombre a la novela de Rudolph Wurlitzer (The Drop Edge of Yonder, 2008), es un trampero que sobrevive cazando y comerciando con pieles y que, a  causa de una experiencia sexual deficientemente resuelta, es maldecido por una mestiza a vagar sin destino el resto de sus vidas, afectado por una insaciable sed de whisky, una extraña quemazón del dinero en su bolsa y un patológico calambre en el índice de la mano derecha cuando empuña su colt. Incapaz de mantener el culo quieto, y también obligado a no detenerse debido a la costumbre, casi patológica también, de dejar cuentas pendientes allí por donde pasa, emprende un periplo, acompañado en primera instancia por su madre, una anciana que sobrevive cazando después de que su marido la abandonara, y Hatchet Jack, un mestizo que ha sido criado como su medio hermano y que ha cambiado el oficio de cuatrero por el de curandero, siguiendo la línea de la costa Oeste desde las montañas de Colorado hasta el Gran Norte.
"Me criaron mi madre y mi padre a más de mil millas del poblado más cercano. Me lo enseñaron todo sobre los pieles rojas y sobre cómo cazar con trampas y hacer un fuego en mitad de una tormenta de nieve. Luego seguí mi propio camino y me las apañé como pude. Atravesé el pico Pikes descalzo; viví con los sioux y los hopi; cacé búfalos en las Colinas Negras; hice avanzadillas para el ejército; viví con los shoshoni, que me llamaron Hombre Atrapado Entre los Mundos; le rebané el pescuezo a más de uno; les afané caballos a los comanche y a los arapajó; puse trampas con Jake Spoon, el que le declaró la guerra a los crow; en California recogí pepitas del suelo tan grandes como un puño; robé cabezas de ganado desde Colorado hasta Texas; cabalgué por la senda de los forajidos, orgulloso de hacerlo."
Son tiempos de la Revolución mexicana y de la fiebre del oro, mediados del siglo XIX, y la vida no es fácil ni para los emigrantes que emprenden su viaje hacia la quimera con destino a la costa Oeste, a un estado de California recién admitido en la Unión, ni para los colonos que acometen la peregrinación en sus caravanas en busca del Pacífico; son momentos de gran efervescencia en los que parece que nadie puede quedarse quieto.
"El oro es una maldición [...], una amante peligrosa que va seduciendo a todo lo que se interpone en su camino. Esta es mi tercera travesía hasta California. El viaje de ida alimenta siempre las esperanzas a base de adicción y de codicia. El de vuelta es todo pérdidas y desolación."
Es un viaje sin un objetivo claro, como no sea el de escapar, en el que se cruzará con personajes de lo más variopinto: una enigmática cortesana abisinia, un dudoso conde ruso, una resolutiva puta irlandesa, un inspirado agricultor mexicano, un avispado periodista que sigue sus hazañas para contarlas, con una dudosa pero muy "periodística" fidelidad, en tiempo real, y sujetos de dudosa realidad de "ambos lados de la hierba". Zebulon lleva media vida intentando deshacer conjuros y maldiciones, y la otra media conjurándose para engañar a los amigos, a los enemigos y a los espíritus.
"Me preocupa que estemos ligados a un destino que no controlamos. Aunque ¿no es eso el destino, una especie de esclavitud?"
Inculpado injustamente de homicidio involuntario, Zebulon es recluido en un barco-prisión del que es liberado mediante una rocambolesca intervención de sus amigos, pero arrastrando, aun en libertad, la maldición de continuar perseguido más por sus circunstancias que por sus actos (aunque también), una maldición que actúa como el destino, y cuando no es debido a alguna fechoría lo es por la fama de forajido, no enteramente injustificada, que se ha ido creando en torno a su persona.
"¿Eso es todo lo que nos hace falta? ¿Un mapa? ¿Por eso estamos aquí? ¿Para seguir adelante y seguir adelante, más y más, y perseguir al alguien que avanza detrás de nosotros, o tal vez delante, porque no sabemos cómo perseguirnos a nosotros mismos?"
Zebulón es un libro que es una fiesta; Wurlitzer, veterano en esas lides, da una vuelta de tuerca al western clásico empleando los mismos elementos que caracterizan al género pero subvirtiendo su función narrativa en la trama. No sé si el cine actual puede remedar la época de oro del western, ni esa cuestión es el objeto de estas Notas de Lectura, pero lo que sí queda claro, y Wurlitzer se encarga de demostrarlo, es que en la era de la post-modernidad pueden escribirse novelas del oeste que pueden rivalizar con los grandes títulos del pasado.

Calificación: ****/*****

Otros recursos relativos al autor en este blog:
Nog

8 de mayo de 2017

Diario 1863

Diario (1863). Edmond y Jules de Goncourt. Libros Magenta,  2016
Traducción de Armando Pinto. Edición y prólogo de Gabriel Bernal Granados
En una lengua en la que la tradición de la literatura memorialística forma parte del Canon y que recoge verdaderas obras maestras del género, el Diario (Journal. Mémoires de la vie littéraire, publicado a lo largo de las vidas de los autores y también póstumamente) de los hermanos Goncourt es, probablemente, la crónica más exhaustiva y más fiel de las bambalinas de la vida social y literaria parisina -particularmente de la parte más oscura: los enfrentamientos, las disensiones, las enemistades-, y, por extensión, francesa, de la segunda mitad del siglo XIX. El elevado sitial que ocupan habilita a los hermanos para censurar sin conmiseración, mediante mordaces críticas, a los advenedizos en cuestiones literarias, pero también consiguen, con sus instantáneas, un retrato fiel de la sociedad parisina -que es la que cuenta- de su tiempo con un detalle que recogerá, en forma de literatura de ficción pero fuertemente enraizada en la realidad, Marcel Proust en su monumental obra.
"Lo que nosotros amamos en todas las cosas es el exceso: el exceso en las opiniones políticas, el exceso de bienestar o de malestar, del lujo y de la rusticidad, el exceso de los ejercicios físicos. En todo somos enemigos innatos del justo medio."
Los Goncourt, inspiradores de la Academia Goncourt (Société littéraire des Goncourt o Académie Goncourt), son probablemente los primeros en percibir la importancia de un lobby literario para el futuro de las letras y de la vida en general. Conscientes de "el poder de lo impreso y del golpe de pluma",  deciden explotar la influencia que, originada en el mundo literario, puede actuar de disparador en el mundo social; un panfleto puede causar más daño que un enfrentamiento y encumbrar la notoriedad más débiél o arruinar las reputaciones más asentadas. Los hermanos lo saben y hacen uso de ello a discreción, extendiendo sus críticas a todos aquellos campos desde los que esa influencia puede hacerse efectiva, aunque para ello tengan que cargar con algunas de las vacas sagradas de la época; la vida social capitalina, cuyo brillo ha deslumbrado a los arribistas de provincias:
"He dicho que los imbéciles, soportables en el campo, son insoportables en París. No están en su medio. Es necesaria la provincia a los parientes: es su ambiente";
el periodismo, que va camino de convertirse en el cuarto poder:
"En el periodismo, el hombre honesto es al que le pagan por la opinión que tiene; el deshonesto es al que le pagan por la opinión que no tiene";
o la poesía contemporánea, inmersa en un imparable proceso de institucionalización:
"El poeta, antes de nuestros tiempos modernos, era un perezoso, un vagabundo meditativo y adormilado. [Ahora] se ha convertido en un trabajador, siempre trabajando, siempre tomando notas, como [Victor] Hugo. ¡El genio tiene ahora un cuaderno de apuntes".
La edición completa del Diario abarca el período comprendido entre 1848 y 1896, aunque a partir de 1870, tras la muerte de Jules, será Edmond el que se encargará en solitario de su redacción, y comprende alrededor de cuatro mil páginas. La edición de Libros Magenta se limita a lo publicado en 1863; es una reducida parte de la obra completa pero una cata de valor suficiente para hacerse una idea de la profundidad y erudición de esta cumbre de la literatura francesa.

Sin embargo, una descuidada edición puede dar al traste con el texto más interesante. De nuevo, una obra malograda por una traducción que oscila entre lo rutinario, en el mejor de los casos, y lo claramente incorrecto; y una carencia de corrección gramatical que sonroja al lector menos exigente, déficits que sorprenden más todavia teniendo en cuenta que, por lo que parece, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México es co-editora del volumen.

Calificación: Hors catégorie

5 de mayo de 2017

Armand

Armand. Emmanuel Bove. Hermida Editores, 2017
Traducción de María teresa Gallego Urrutia y Amaya García gallego
"Con un cigarrillo, que humeaba por ambos lados, entre los dedos, y la nuca abrigada con el cuello levantado del gabán, yo miraba a los transeúntes. Era una de las distracciones de mi padre. Desde que murió, libre del temor de que me sorprendiera imitándolo, me dedico meticulosamente y sin gran afición a observar cómo va y viene la gente y a recrearme en el contraste de sus fisonomías."
Armand (Armand, 1927) narra algunos episodios de la vida del personaje que da nombre al texto, un joven que ha disfrutado de un cambio de fortuna favorable. De resultas del reencuentro casual con un viejo amigo de sus tiempos de necesidad, y a medias deseoso de mostrarle su nuevo estatus, aunque también como pago penitencial como si ese cambio le avergonzara, reanuda su relación con Lucien, ese desafortunado compadre, por más que ese regreso al pasado conlleve el recuerdo desagradable, considerado desde su nueva situación, de la persona que había sido antes.

Un almuerzo en casa de Armand -de hecho, la casa de su pareja, que le mantiene- al que es invitado Lucien más por caridad que por amistad, pone en evidencia las diferencias que se han alzado entre ambos: la condescendiente superioridad con que le trata Armand es contestada por esa especie de autenticidad que puede aducir Lucien, como si el hecho de no haber progresado ni económica ni socialmente hubiera sido fruto de una decisión voluntaria y no de no haber sabido encontrar su oportunidad; un duelo de personajes en busca de afirmarse en un rol que no les pertenece y del que ninguno de los dos, ante la presencia del otro, se siente satisfecho; y todo bajo la atónita mirada de Jeanne, la compañera y responsable del cambio de fortuna del protagonista, que es incapaz de comprender la antigua y estrecha amistad entre ambos hombres. La paradoja no es que Lucien se encuentre desubicado en la aparente opulencia de su compadre, así considerada desde su precaria situación económica, y de un hogar por lo demás bastante común, sino que su presencia, en razón del pasado compartido, provoca la incomodidad de Armand en su propia casa.

Pero la verdaders revelación para Armand tiene lugar al día siguiente, cuando devuelve la visita a su amigo en la mísera buhardilla en la que malvive. 
"Andaba deprisa. Me gusta ir a casa de un amigo, entrar en la intimidad de un cuarto, adivinar para qué valen las cosas y por qué razones están donde están."
Es allí, enfrentado a la precariedad de Lucien, y que también fue la suya, donde es consciente de lo que perdió en el camino de su ascenso. Sea por un extraño exceso de empatía, sea por la conciencia de la pérdida en términos de fidelidad consigo mismo, Armand se descubre añorando esa época de necesidad. Pero ese regreso, tan deseado como temido, en inviable; en parte, porque Lucien, que sospecha de sus intenciones, se niega a asistirle, pero también porque esa vuelta atrás, caso de intentarse, no puede materializarse desandando el camino que se recorrió al huir.

Cuando alguien por quien sentimos compasión se muestra feliz es que no hemos entendido la realidad de su situación o porque nuestra idea de felicidad no coincide con la suya. En estas ocasiones, la compasión puede parecer un insulto, y quedamos a la merced de la comprensión del otro.
"Estaba en medio de la habitación. Cuando no sé a qué dedicarme, me quedo siempre en medio de una habitación, para estar a la misma distancia de las ocupaciones que podrían venírseme a la cabeza."
El estigma del perdedor se ha explotado, también literariamente, hasta la saciedad para ensalzar cierto carácter heroico con que se le ha asociado: el héroe que sucumbe ante adversidades invencibles es un tropo reconocible desde la Antigüedad clásica que el Romanticismo recogió y elevó a los altares. Los personajes de Bove, los perdedores modernos, no se sostienen sobre ninguna épica, son perdedores porque ni son capaces de convivir con el éxito ni saben aprovecharse de las circunstancias cuando, casi siempre por azar, se ponen a su favor; y ahí quedan, en una especie de purgatorio, confortados por un mundo que conocen y en el que se reconocen, y dejando para los héroes los trabajos de más enjundia.

"Me gusta verme en una elevación, ante un espacio muy abierto. Necesito a veces que me llegue la vista tan lejos como me lo permitan los ojos, ver hasta dónde llega el aire que respiro. Las penas se vuelven menos grandes. Se confunden poco a poco con las de todos cuantos me rodean. Ya no sufro solo. Pensar que en una de esas casas que se extienden hasta el horizonte vive un hombre que a lo mejor se me parece me resulta reconfortante. El mundo me parece entonces menos lejano y sus alegrías y sus dolores más hondos y más seguidos."
Cuando a la literatura se la libra de lo superfluo -éste no es un criterio valorativo, lo superfluo pude ser maravillosamente literario, considérese en su defensa monumentos como Ana Karenina o La montaña mágica, por dar dos ejemplos paradigmáticos-, aparece Robert Walser. O Emmanuel Bove.

Calificación: ****/*****

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