“Semant icy un mot, icy un autre, eschantillons dépris de leur piece, escartez, sans dessein, sans promesse : je ne suis pas tenu d'en faire bon, ny de m'y tenir moy-mesme, sans varier, quand il me plaist, et me rendre au doubte et incertitude, et à ma maistresse forme, qui est l'ignorance.”
Michel de Montaigne. Essais, Livre I, Chapitre L, “De Democritus et Heraclitus”.
40 relatos. Donald Barthelme. Reverso Editores, 2006 Traducción de Alejandra Devoto.
Algo debe tener un escritor cuando algunos colegas posteriores tienen como un honor -un punto a favor- considerarse sus sucesores, sus discípulos o sus epígonos. Entronizado como uno de los santos laicos del movimiento posmodernista, y más de quince años después de su muerte, sus huellas todavía pueden rastrearse sobre todo en los escritores de narrativa corta norteamericanos y por imitación -o por influencia-, en no pocos colegas de la vieja Europa. Autor de cuatro novelas y de varios escritos de difícil clasificación, Barthelme es reconocido sobre todo en el terreno de la narrativa de ficción de formato reducido; sus más de cien relatos publicados a lo largo de más de veinte años en diversas colecciones fueron finalmente revisados y agrupados en dos grandes antologías: Sixty Stories(1981) y el volumen que encabeza este escrito, Forty Stories (1987). Acercarse desde una perspectiva crítica a una obra de la envergadura de 40 relatos precisa de una impedimenta que debería incluir las aportaciones académicas del último medio siglo en literatura norteamericana y literatura comparada. Sin embargo, y siempre que se pueda permanecer incólume a la perplejidad en que sume a todo aquel que se acerque desprevenido a la obra de Barthelme, también desde la ingenuidad del lector común saltan a la vista algunas características que hacen que su lectura acabe teniendo algunas especificidades singulares.
"El genio define "respuesta inapropiada": -Supoga que me llama por teléfono un amigo mío y me pregunta: "¿Está ahí mi mujer?". "No -le respondo-, han salido, tu mujer y la mía; llevan sombreros nuevos y se van a entregar a los marineros". Mi amigo se queda atónito con la noticia. "Pero, ¡si hoy son las elecciones!", exclama. "¡Y está empezando a llover!", digo yo."!
La primera de esas peculiaridades con que se topa el lector en los primeros relatos de la antología es su carácter de catálogo de técnicas narrativas alternativas a las usuales, en que cada relato debe diferir forzosamente del anterior -este es el desafío que el autor se acepta a sí mismo-, que retuercen la tradición del relato breve, y que dan la sensación de pretender establecer un nuevo canon en cuanto a las formas; por ejemplo, el efecto amplificador que consigue dotar a algunos de los relatos mediante la simplicidad sintáctica; no existe apenas caracterización de los personajes y las descripciones son esquemáticas y parciales -y uno diría que intencionadas-: es el imperio de la sugerencia, la complejidad reside en lo que no se dice ni sucede pero sí que se adivina. Junto a ello, la entronización del absurdo y, notoriamente -su efecto es hilarante-, la utilización de tramas sobradamente conocidas ampliamente tergiversadas para explorar caminos alternativos -"qué hubiera sucedido si... en lugar de..." o "cuál es la versión que subyace a la interpretación comúnmente aceptada"-; en este sentido, los relatos que hacen referencia a las conversaciones de Goethe con Eckermann (Conversaciones con Goethe), al mito de Barbazul o a la tentación de San Antonio (La tentación de San Antonio de Gustave Flaubert), son un ejemplo de hasta dónde se puede llegar mediante la manipulación de contenidos establecidos. La sensación primordial es que parece que algunos relatos abren puertas que muy pocos escritores han vuelto a transitar, como si fueran abiertas a caminos desconocidos cuyo recorrido se deja para un futuro más o menos próximo, unas migas de pan que marcan un camino hacia un destino oculto. Otros, en cambio -"La niña" sería la muestra más palpable- parece que cayeron en un terreno más fértil y su semila germinó en algunos escritores norteamericanos de la siguiente generación a Barthelme, particularmente autores agrupados estilísticamente en torno a David Foster Wallace. En todo caso, una lectura imprescindible para explorar las fuentes de una de las corrientes más caudalosas de la literatura norteamericana actual. Calificación: *****/*****
Entrevista de Bill Gutheil a Donald Barthelme en el programa The Writer de KUHT Huston, Texas
Algunos recursos principal o secundariamente relacionados con Donald Barthelme en este blog:
26 Ago 2015 ... ... Gaddis y Barthelme-, este lector se sintió preparado, después de leer algunas reseñas, notas de prensa y otra varia información acerca de la ...
30 Dic 2013 ... La inventiva desbordada de Barthelme al servicio de un cuento infantil, ganador del National Book Award for Children en 1972, al que ...
30 Nov 2013 ...Barthelme es el artífice del rompimiento de la tradición de la narración corta norteamericana, un precursor que se ha convertido en clásico, ...
Con intriga (Moby Dick) o sin intriga (El innombrable), una buena novela es aquella que al final de cada párrafo nos provoca la pregunta: "Y después, ¿qué?".
El eco de la memoria. Richard Powers. Mondadori, 2010 Traducción de Jordi Fibla
"Cuando regresó a la sala de espera, vio a ocho hombre de mediana edad con ropa de franela, formando un círculo y con los ojos mirando al suelo. Emitían un murmullo como de viento que penetrara por las solitarias puertas de rela metálica de una granja. El sonido subía y bajaba en oleadas. Tardó un momento en comprender que se trataba de un círculo de oración por otra víctima que había ingresado poco después que Mark. Un servicio pentecostalista improvisado que abarcaba todo aquello que no alcanzaban los bisturíes, los fármacos y los láser. El don de lenguas descendía sobre el círculo de hombres, como una charla intrascendente en una reunión familiar. El hogar era el lugar del que jamás escapas, ni siquiera en las pesadillas."
Las relaciones personales entre Mark, un individuo que se ve afectado, como resultado de un accidente automovilístico, por el Síndrome de Capgras, una disfunción que afecta a la identificación de los seres queridos; su hermana Karin, a quien Mark ve como una impostora; y el profesor Weber, un neurocientífico mediático a quien recurre Karin en busca de ayuda, configuran la trama de esta impresionante novela que mereció el National Book Award en 2006. Unas relaciones que Powers explora detallando su complejidad laberíntica, analizando los nexos causales, casuales y utilitarios, y evidenciando la imposibilidad de la comunicación primaria, ser a ser, enfrente de la facilidad de la mediatizada, rol a rol.
"Las cosas nunca fueron lo que fueron. Probablemente ni fueron lo que fueron ni siquiera cuando lo fueron."
Sobrevuela, junto con las grullas en época migratoria, un "personaje" secundario de la trama pero no por eso menos importante, el fenómeno de la regresión -Mark ha despertado del coma en un sistema de coordenadas cambiado-, de puesta a cero del marcador, que significa volver a empezar pero que no inicia nada nuevo: de lo que se trata fundamentalmente es de volver a recorrer el mismo camino trazado en el pasado como si fuera nuevo. Este regreso es ilustrado, por ejemplo, en los álbumes infantiles que encuentra Karin en una librería de segunda mano: en la "re-educación" de Mark van a intervenir los mismos libros, marcados todavía con sus iniciales, que le sirvieron en su infancia:
"Primero está en ninguna parte, luego no está. El cambio avanza a hurtadillas, una vida que pasa a través de otra. Cuando retrocede, ve la nada donde ha estado. Ni siquiera es un lugar hasta que los sentimientos fluyen en él. Y entonces pierde toda la nada que era."
Cuando alguien grita al eco podemos percibir perfectamente el sentido de lo que repite, probablemente porque también hemos percibido el grito original; por contra, ¿podríamos comprenderlo igualmente si no oyéramos éste? ¿Comprenderíamos nuestros recuerdos, en el sentido de percibirlos como propios, si nos faltara el referente a la situación original? De lo que se trata, en definitiva, es de la configuración y de la búsqueda de la identidad, una huida del quién-somos hacia el improbable quién-deberíamos-ser. Calificación: ****/***** Una anotación: El Eco de la memoria (The Echo Maker, 2006) se hizo merecedor del National Book Award, que junto con el Booker Price británico y el Prix Goncourt francés forman la tríada de los premios literarios de gran prestigio, todos, por cierto, concedidos a obra publicada. Uno repasa el palmarés del premio norteamericano y descubre algunos nombres -Faulkner, Bellow, Cheever, Roth y, en los últimos años, Erdrich, Vollmann, Denis Johnson, Franzen, Gaddis- que despiertan mil reflexiones acerca de los premios literarios españoles y catalanes.
El espectáculo deportivo que reúne mayor audiencia mundial es la final de la liga de fútbol americano, la Super Bowl; cientos de millones de espectadores confirman el carácter mítico, alumbrado en Norteamérica pero exportado a todo el mundo, de este deporte de contacto en el que, aparte de la fuerza bruta, prima la estrategia, en contraposición al otro "deporte nacional", el béisbol, un juego eminentemente táctico. Gary Harkness, un cínico y verborreico estudiante universitario becado por jugar al fútbol americano y entusiasta de la guerra termonuclear, es el narrador y protagonista de esta segunda novela en la carrera de Don DeLillo (End Zone, 1972). La traducción del título al castellano puede conllevar alguna confusión: end zone, en la jerga del fútbol americano, es como se denomina la zona de anotación, es decir, aquella parte del terreno de juego donde se consiguen los puntos después de que el equipo atacante haya depositado allí el balón. Cuando Gary y un profesor especulan en qué ciudades sería más letal un conflicto termonuclear, es decir, cuál sería la zona de anotación del ataque, el título vuelve a tomar una significación que no aparece con la traducción al castellano.
"Las ligas universitarias de fútbol americano, qué forma tan agradable y colorida de pasar una tarde de otoño."
El resto de protagonistas de esta contranovela de campus, unos extraños profesores, algunas estudiantes, los entrenadores de líneas y once sanguinarios armarios sin cerebro intentando asimilar las jugadas de estrategia que les enseñan los entrenadores, que deben basar su aprendizaje en la repetición y en una consigna que sí comprenden: "golpear, golpear y golpear". La similitud, que DeLillo explota mediante un hábil desdoblamento, con la jerga utilizada por los mandos políticos y militares en plena guerra fría -como si el fútbol americano, especialmente este deporte, no fuera más que la guerra por otros medios, y a pesar de las objeciones de los interesados- es más que una coincidencia, pero sus limitaciones intelectuales no llegan a alcanzar esa identificación, excepto en el caso de Gary, para quien supone toda una obsesión.
"La guerra es la realización suprema de la tecnología moderna. [...] Es mejor ser eficiente que ser valiente."
Es cierto que el número de novelas cuya acción se sostiene en el ámbito del deporte son innumerables, pero no he podido evitar, tal vez por ser de lectura reciente, recodar La gran novela americana, el libro que Philip Roth, con el mismo carácter irónico, dedicó al mundo del otro deporte inequívocamente americano, aunque lo que aquí son jugadores de una liga universitaria de fútbol americano allí fueran jugadores amateurs de una liga regional de béisbol; además, la publicación de ambas novelas se hizo en el lapso de un año. Fin de campo es un libro interesante dada la trayectoria de Don DeLillo, pero no uno de sus mejores títulos, mención aparte el desconocimiento, por estos lares, de ese deporte. Calificación: ***/*****
"¿Imaginas lo indeciblemente insípido que resultaría si me limitara a contar escuetamente los hechos en toda su crudeza... sin una pizca de adorno? Escucha, muchacho, la gente de bien, en Londres y en Edimburgo, no quiere leer nada sobre miserias, calamidades, ni treinta y siete esclavas destripadas... Ya tienen bastante con el horror de sus propias vidas. No, ellos quieren un poco de fantasía, un toque de exostismo y de misterio. ¿Y qué hay de malo en dárselo?"
Uno de los más manoseados -y odiosos- lugares comunes que se emplean para juzgar la calidad y la pertinencia de una novela histórica -un género que en los últimos veinte años ha sufrido un alarmante descenso de nivel literario que uno presume definitivo por más que las excepciones, no sólo debido a la ínfima calidad media, parezcan invitar al optimismo- es una supuestamente imprescindible "recreación fiel de la época", como si el hecho de evitar la presencia de romanos con reloj de pulsera o de automóviles en el siglo XVIII constituyera alguna clase de mérito, y los anacronismos -en pleno postpostmodernismo, interminables vueltas de tuerca y continua reinvención y mestizaje de géneros- el peor de los defectos que puede sufrir una novela. Como si este razonamiento, en lugar de proceder del que escribe estas líneas, hubiera sido formulado por un escritor, y asumiera esos "defectos", en 1980 un autor norteamericano se rindió antes de combatir y escribió su primera novela, a medias -esto se aclarará con posterioridad- histórica, protagonizada al alimón por un personaje real y otro inventado -por más que ambos parezcan ficticios o, si acaso, con los papeles cambiados-, la situó a finales del siglo XVIII, y completó la doble trama -dos héroes, dos acciones, dos escenarios que confluyen en la gran aventura final- incluyendo, intencionadamente, anacronismos e inexactitudes que hacen que sus aventuras se transformen en un apasionante y desafiante juego tan metaliterario como divertido. Este impresionante texto es Música acuática (Water Music, 1982) -la referencia a Haendel, el más inglés de los compositores alemanes, no es una coincidencia-. Y quien prefiera realismo dieciochesco, que lea un manual, a ver si de este modo se cura de su aversión a la ficción -y que obvie que, al fin y al cabo, un manual de historia no es más que un libro cuyo componente ficticio ha sido validado por una mayoría de académicos-. T(homas) C(oraghessan) Boyle es una escritor cuya corrección ha impedido que su obra se ganara la consideración de la mayor parte -en todo caso, de la influyente- de la crítica hispánica y, de rebote, el favor de una mayoría lectora; escribir con corrección y con oficio ya no es suficiente, como en el cine, sin efectos especiales el público "se aburre". El dominio de los recursos narrativos no se valoran si no se emplean como si fueran un castillo de fuegos artificiales; la originalidad de las tramas no se tiene en cuenta cuando las novelas que se valoran son las que carecen de ellas; la parodia de la novela clásica no se entiende porque ya nadie lee novela clásica, que se despacha con el peyorativo calificativo de "antigua" o, peor aún, "superada"; el silencio ensordecedor con el que sanedrín literario recibió la reciente publicación de la monstruosa El plantador de tabaco o, más recientemente, la magnífica, aunque más humilde, Las luminarias, fue tremendamente elocuente en este sentido. Un inciso: tal vez por un defecto de percepción, tal vez porque mi background lector contenga imperdonables lagunas, la lectura de Música acuática me ha recordado constantemente la de la novela de Barth, no sólo por el exotismo de las localizaciones sino también por el manejo de los anacronismos, por el uso de métodos contemporáneos para parodiar una novela de época y también, en parte, por partir de hechos reales que fueron, completa o parcialmente, recogidos por los protagonistas en un libro: The Sotweed Factor, or a Voyage to Maryland, A Satir (1708), en el caso de John Barth, y Travels in the Interior Districts of Africa (1816), en el caso de Mungo Park. Mungo Park, un explorador escocés que ha viajado a África en busca del mítico río Níger, ha sido hecho prisionero por una partida de moros en pleno Sahel, cautiverio del que consigue escapar gracias al favor de una de las esposas de su secuestrador. Ned Rose es un buscavidas londinense que sobrevive estafando a quien puede hasta un día que tiene que salir por piernas y desaparecer ante el acoso de sus víctimas. Uno, vuelve a Escocia y consigue organizar, aún con la oposición de su familia, una segunda expedición para comprobar si el Níger desemboca efectivamente en el mar o se pierde en medio de las arenas del Sahara; el otro, consigue sobrevivir milagrosamente a un ahorcamiento y ser expatriado a una isla en la desembocadura del río Gambia. En la inexplorada África del siglo XVIII sus vidas se entrecruzarán para dar lugar, en la segunda parte de la novela, a uno de los relatos de aventuras más deslumbrantes de la literatura reciente. Boyle maneja con soltura algunos de los registros de la novela clásica; aplicando con maestría continuos cambios, es capaz de imprimir el ritmo trepidante de las viejas novelas de aventuras, mitad homenaje mitad parodia, manejando con igual soltura la novela típicamente londinense y la africana, de Dickens a Scott, de Eliot a Conrad, de Richardson a Smollett, de Fielding a Defoe. El definitiva, una extraña y exitosa combinación de la inventiva de los cuentos orientales con el ritmo de las grandes novelas anglosajonas del siglo XIX, las hipérboles rabelesianas, la desmitificación del Quijote y los quiebros de la trama de Sterne; una falsa, manipulada y paródica novela georgiana más interesante que si fuera auténtica, un extraordinario placer para el lector. Calificación: *****/*****
"Inicio este cuaderno porque noto que se borran, apenas se presentan, esos leves toques que confieren sabor y color a los instantes de nuestra existencia. Con el tiempo, sólo subsisten bloques de cuatro o cinco años, burdamente coloreados entre los demás. Me encantaría haber conservado algunas líneas de tiempos pretéritos -previos a la conciencia del mundo y de uno mismo, a la fiebre y a la urgencia, a la certeza de morir-. Pero como nada de aquello me afectaba, no sentía necesidad de anotarlo."
La historia de la literatura ha dado lugar a tantos tipos de Diarios como justificaciones para escribirlos; este mismo blog ha recogido varias Notas de Lectura, que se detallan al final, referidas a esta camaleónica modalidad de literatura memorialística que, con el tiempo, se ha hecho un hueco en las preferencias de este lector. Este que edita la osada barcelonesa Días Contados bajo el título Cuaderno de Notas. Diario 1980-1985 corresponde al primer lustro del primer volumen de Diarios del francés, Carnet de notes, 1980-1990 (2006). Comúnmente, los autores nos muestran sus obras como quien se nos ofrece ataviado con sus mejores galas, después de haberse preparado a conciencia. Podemos acceder a los hitos de su escritura, al punto de llegada de su empeño, pero poco sabemos de su verdadera apariencia; y ni siquiera su biografía -descartada por parcial la auto-biografía- nos revela las zonas oscuras de su vida ni de su obra, que es lo que nos puede interesar.
"En realidad, [antes] ya éramos lo que ahora somos. La diferencia está en que antes no lo sabíamos."
Los Cuadernos de notas, estén redactados o no en forma de Diario, pueden facilitarnos el acceso a ese camino recorrido entre los sucesivos destinos. Par ser realmente interesante, el Cuaderno de notas de un escritor debería desvelar más aspectos referidos a su obra y a su escritura que a su vida; afortunadamente, pueden existir enormes diferencias entre una y la otra: los Diarios de Paul Rénard, de Léon Bloy, de Paul Valéry o de Paul Léautaud son ejemplos paradigmáticos. El propio Bergounioux comenta la consideración que le merece uno de los pilares de la literatura memorialística francesa:
"Anochecer precoz y desolador. Leo el Diario de Jules Renard, plagado de reflexiones descabelladas, curiosamente desapegadas, flotantes. En ningún momento se tiene la sensación del discurrir de la vida, de las urgencias, de las fatigas, de las alarmas, del permanente oleaje del tiempo. No hay más que chismorreos, más bien mezquinos, de literatos. Nos cruzamos inopinadamente con quienes se están yendo -Verlaine- o con los jóvenes aspirantes, Gide, la "señora Willy"."
No es la curiosidad del lector -o no esa solamente- acerca de la vida del personaje-autor al que admira profundamente la que debe satisfacer el Diario; es posible que la vida de un héroe pueda ser interesante por sí misma, o que incluso la de aquellos escritores -Hemingway, Woolf- que se convirtieron en personajes cuya fama mediática superó su producción intelectual pueda ser un objeto explotable literariamente. Nada de eso puede encontrarse en los Cuadernos de Notas del francés: la vida de un profesor casado y con dos hijos, entomólogo aficionado, pintor mediocre y escultor regular tiene poca sustancia que la pueda hacer literariamente atractiva.
"Sí, pertenezco a un linaje de gente humilde, obreros, empleados, pero que han cumplido su misión y han sabido, en su momento, caminar hacia la puerta oscura con un arrojo del que tendré que acordarme algún día."
No es al autor que subyace a su obra a quien se encuentra en estos Diarios sino a la parte no escrita de la obra de Bergounioux, la prolongación de su obra en su vida: la relación de ambas con el tiempo atmosférico, la importancia de la configuración física del paisaje, la incesante búsqueda de referentes intelectuales, el afán por instruirse.
"La memoria falla o fabula. Hay que captar, dentro del revuelto flujo de los días, los instantes fugaces que fueron acontecimientos, asentar con mayor firmeza la autoconciencia, dar sentido y forma a la vida."
En este sentido, el Diario no sería más que una forma fallida de monólogo, una manera de expresar todo aquello para lo cual necesitaríamos un interlocutor del que no podemos disponer. Fijar ese monólogo en el papel corrige la soledad y le confiere materialidad a aquello que, si fuera expresado mediante el habla, no pasaría de ser efímero e irrecuperable. Y también una forma de comunicación con los que no están, particularmente con los muertos:
"Sábado 23.1.1982. Salgo de noche, bajo la lluvia. El cielo se aclara poco a poco, de maneras uniforme, pasando del negro al azul intenso y finalmente al gris. Hace una semana que no sueño, ni me asaltan los recuerdos: demasiadas preocupaciones, demasiado ajetreo para hacer justicia al pasado, a los ausentes. El tiempo y la distancia les han conferido, a mis espaldas, su auténtico color, que descubro ahora. Así debía ser. Tales eran el peso exacto y en seltido preciso de lo que he vivido, sufrido, sin saber, sin atreverme a juzgar ni actuar como debiera y que se me revelan ahora, cuando ya no es el momento."
Ante la imposibilidad material de dejar constancia de todo lo que sucede o de todo lo que se le ocurre, el redactor debe limitarse a escoger, de entre todas la posibilidades aquello que considera reseñable: las razones de esta elección, de nuevo, se ocultan en la red de motivaciones del autor, pero las opciones escogidas dicen tanto acerca de esa intención como las descartadas. El propio Bergounioux, hablando de T. E. Lawrence, escribe:
"Uno de pregunta qué parte de sus vivencias ha reconstruido el autor y qué otra ha descartado, por displicencia aristocrática, por distanciamiento hacia sí y hacia los demás, ocultando conexiones y aspectos evidentes."
El hecho de que lo que se cuenta en un Diario acostumbre a suceder en un insistente presente continuo dota de una inmediatez a lo narrado que, además, refuerza la ilusión de veracidad. Asimismo, el hecho de que el narrador sea el mismo autor, además del protagonista -un yo que acapara todos los papeles-, que no conozcamos lo relatado mediante persona interpuesta, refuerza la sensación de realidad.
"Jueves 26.3.1981. A las dos recojo a Paul en casa de la señora L. Cathy lo dejó allí antes de viajar a Aviñón. El coche es un horno bajo el sol. El quiste que se me inflamó ayer me duele mucho. El dolor es cada vez más agudo y me siento muy agobiado: solo con los dos niños, sin medicamentos ni analgésicos. Las punzadas me cortan la respiración. Paul está gruñón y Jean muy obsequioso con él y conmigo."
La única vida que vale la pena vivir es la de la escritura; cualquier reflexión, cualquier tentación, hallan su antídoto en la escritura. Incluso las horas dedicadas a cualquier otro trabajo creativo parecen vacías de contenido -excepto las dedicadas a la lectura- comparadas con aquellas.
"El espectáculo de los transeúntes me hace sospechar que la vida no es más que una urgencia, tensión permanente de todas las fuerzas, agobios, desesperanza. Me gustaría caminar tranquila y sosegadamente por las calles. Pero hace demasiado tiempo que he perdido ese derecho junto a casi todos los demás. Sólo hallo cierta paz ante mi mesa de trabajo, trabajando duro y sin desmayo."
Sin embargo, tampoco se trata de un trabajo fácil, existen innumerables incidentes que perturban el buen desarrollo de la tarea; la imposibilidad de establecer y mantener un método, el impedimento de las obligaciones domésticas, la dificultad en acceder a un estado mental adecuado:
"Hasta las dos de la tarde no consigo sentarme ante mi mesa de trabajo. Veo cómo rellenar los dos últimos capítulos que me quedan por escribir para acabar. Pero no merecen la pena y no los escribo. Puede que más adelante lo haga, o no. Voy a pensar en otra cosa";
la reescritura, la elaboración de lo escrito, la adecuación al tono general de la obra proyectada, al sentido de la trama o al estilo del autor; la artificialidad de la elaboración contra la naturalidad de la inspiración. La literatura de Bergounioux, si hacemos caso a sus propias palabras, es, principalmente, una cuestión de forma:
"Pasando a limpio es cómo se detectan las repeticiones, las imprecisiones, las partes flojas. Recorto, reordeno. Supongo que cuando se instituyen universos de papel se teme que no tengan la consistencia suficiente. Se añade más de la cuenta. Sólo adoptando el punto de vista del lector, en la medida en que esto es posible, se acaban notando las redundancias. Y entonces el que escribió, sufrió con cada palabra, se entristece ante tanta verborrea."
El aislamiento, míticamente asociado a la tarea de la escritura y considerado como imprescindible, tampoco es la solución definitiva pues no está exento de consecuencias perversas:
"De tanto vivir encerrado, sumido en mi memoria y mis pensamientos, el mundo actúa sobre mí con una fuerza exagerada, molesta. Redescubro a los hombres tal como son y no como deberían ser. Hasta iría algo más lejos. Tengo la impresión de captar, a mi pesar, la "nihilidad de nuestra condición"."
Y es que el Diario posee, simultáneamente, una función entre exorcizante y terapéutica: como cuaderno auxiliar de memoria, se utiliza para fijar aquellos elementos que corren el riesgo de ser sepultados por la omnipresencia de la insistente cotidianidad; puede tener utilidad incluso para reafirmar ciertas convicciones que el paso del tiempo amenaza con sovacar.
"Una severa voz interna me recuerda lo ignorante que soy y que me voy a morir, que no puedo dejar de intentar comprender lo que ha ocurrido antes de que todo acabe. El tribunal no para de dictar sentencia."
Ese papel reafirmante puede aplicarse asimismo a los registros de dudas, incertezas, hipótesis cuya formulación y transcripción significa el principio de su resolución. Como en otras variedades de la literatura memorialística, la elección de los temas que se formulan es ya una decisión acerca del tono -y de la presunta utilidad, si es el caso- del documento; algunas veces, la decisión de exclusión puede estar motivada por un sentimiento de pudor plenamente personal:
"Mal día, plagado de cosas desagradables que me resisto a recoger por escrito por la repugnancia que me produce recordarlas tras haberlas padecido."
Éstas y otras posibles, diferentes opciones de utilidad deben condicionar necesariamente su redacción: si es simplemente un documento particular, una especie de Diario confesional, limitado al momento en que se escribe y después del cual ya no tienen sentido ni uso;
"Sábado 23.7.1984. Cuando abro los ojos a las seis de la mañana, ahí está la princesa manchú durmiendo a mi lado, y me quedo tan maravillado como el primer día, a los catorce años, mirando el rostro que los dioses han otorgado a la ley moral, nada menos, para mi infinito embeleso y redención. Que tenga a bien convivir y soportar a un individuo como yo demuestra que el caso nos sobrepasa a ambos, que hemos firmado un decreto promulgado por fuerzas ocultas. A ella no le ha supuesto ningún quebranto, siendo tan bella como buena, o sea perfecta, en paz consigo misma, radiante, mientras que la triste parte que me corresponde en la historia y de la que soy consciente, por ser desgraciado, me ha obligado a reflexionar, a intentar entender lo que fue y sigue siendo el gran misterio de mi adolescencia y de toda mi existencia";
si se escribe para un aprovechamiento futuro, para visitarlo pasados los años como quien recorre caminos transitados hace tiempo tanto para ver su estado como para evocar esas imágenes justo en el momento en que se produjeron, como si ese país desconocido del que todo el mundo habla no fuera el futuro sino el pasado. Su visión del paso de la vida reflejada en el momento en que se adivina el final de la niñez, por ejemplo:
"Percibía, perplejo y despechado, que existían dos órdenes: uno, el que nuestros deseos construyen de modo espontáneo; otro, decepcionante, el de las cosas accesibles. Y presentía la imposibilidad de cruzar la frontera entre ambos sin pérdida ni menoscabo."
Cabe otra posibilidad, en el otro extremo, el Diario escrito pensando directamente en su publicación, pero esta es una opción netamente literaria que toma prestada, fraudulentamente, el nombre que no le corresponde. Bergounioux es un autor inseparable del territorio, no de la ciudad ni, incluso, de un lugar determinado -aunque el paisaje del Corrèze sea adquiera un papel protagonista en algunos de sus libros-, sino del territorio físico, los bosques, las landas, los ríos, los caminos, las maderas. Las constantes menciones a la meteorología, a la pesca en los ríos, a la temperatura y al estado del cielo, a la caza de insectos, la importancia de los elementos exteriores no es impostada ni retórica sino que forma parte de una jerarquía de intereses estrechamente ligada a su obra. Aunque no es la función principal de este Cuaderno de Notas, Bergounioux detalla con esmerado detalle sus lecturas pero omite, en general, cualquier comentario... Parece ser que existe una "libreta de tapas verdes" -que, a estas alturas, ya deben ser varias, o acaso se hayan convertido, haciendo de la necesidad virtud, en archivos digitales- que contienen amplios comentarios a esas lecturas. Viendo cómo razona con respecto a las de Faulkner y Hemingway, por ejemplo -razonadas y estrictas, tanto las favorables como las adversas, uno vendería su alma al diablo por verlas publicadas. Calificación: ****/***** A pesar de su duración, inserto este documento sonoro en el que se hace referencia a sus Carnets de notes pues su significación es capital para comprender la importancia de este formato en la obra general de Bergounioux. Corresponde a una emisión del programa "Figures Libres" de la emisora France Culture emitido el 5 de Agosto de 2012.