2 de diciembre de 2015

Proust

"El pasado, cuando la imaginación no se regocija en él, justo en el momento en que una casualidad lo hace surgir con toda su pureza, es un tiempo del color de la eternidad. El sentimiento de realidad es puro, entonces. Es pura alegría. Eso es la belleza. Proust."
Simone Weil, citado en Ideas ajenas, Simon Leys, Contraseñas, 2015

30 de noviembre de 2015

Lecturas de noviembre

Francamente, Frank. Richard Ford. Anagrama, 2015
Traducción de Benito Gómez Ibáñez
Cuando los lectores creíamos que Frank Bascombe se había despedido con todos los honores de nosotros tras Acción de Gracias (The Lay of the Land, 2006), tercer y último volumen de la trilogía que le dedicó Richard Ford, tras El periodista deportivo (The Sportswriter, 1986) y El Día de la Independencia (Independence Day, 1995), regresa, con sesenta y ocho años, más irónico, socarrón, cínico e inteligente, pero también más descreído e irreverente, para relatarnos cuatro episodios que suceden en la costa de Ocean County, Nueva Jersey, en plena evaluación de daños y comienzos de la reconstrucción, en los días anteriores a las Navidades de 2012, después del paso destructor del huracán Sandy, en Francamente, Frank (Let Me Be Frank with You, 2014). Mientras la vida de Frank va deslizándose, lenta pero ineluctablemente, hacia lo que se adivina como un plácido final, su día a día se ha visto sacudido por la imprevisible Naturaleza y los más que previsibles achaques de una existencia en franco declive; entre ellos, la aspiración a seguir sintiéndose importante cuando no se puede aducir ya ni un atisbo de relevancia.
Reseña completa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2015/11/francamente-frank.html 
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Eran morenos y de ojos dorados . Ray Bradbury. Tropo Editores, 2015
Ilustraciones de Óscar Sanmartín Vargas. Traducción de Miguel Marqués
Relato que forma parte de la colección Remedios para melancólicos, y que se publicó originalmente con el subtítulo con el que es conocido ahora, "Cómo dar un nombre". Una pareja de colonos con sus tres hijos llegan a Marte para establecerse en el planeta rojo ante la crisis bélica que se avecina en la Tierra, extrañados de que las ciudades marcianas estén vacías de habitantes, como si hubieran desaparecido o, directamente, les ignoraran, hasta que la realidad se impone. No voy a ser yo quien descubra a estas alturas el genio de Bradbury, un autor fundamental de la ciencia ficción y de la literatura en general, pero uno de los logros de esta nueva edición son las magníficas ilustraciones del multipremiado Óscar Sanmartín, que complementa el texto con unas láminas como "el polvo del color de la canela y el aire del color del vino". Extraordinario.
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Les extraordinàries aventures de Francesc PujolsEditorial Males Herbes, 2015
Guió: Sebastià Roig. Il·lustracions: Toni Benages Gallard. 
Es lamenta Sebastià Roig al próleg de que no existeixi una tradició de ficcionalitzar death metal way personatges històrics catalans per, tot seguit, posar en tesitura ficcional a un individu que si no hagués existit en realitat seria un personatge de còmic que enfote-te'n dels superherois de la Marvel. No sóc lector de còmics i el meu judici ja el poso en qüestió jo mateix, però feia temps que no disfrutava tant llegint un llibre amb sants: primer, perquè la mena de dibuix em fa recular en el temps per portar-me a la llarga convalescència infantil -tot just havent après a llegir- després d'una època d'atacs d'acetona que, a part de fer-me gitar tot el que el meu maldestre estòmac no era capaç de digerir, va significar una immersió febril i obsessiva en els tebeos en blanc i negre; però també, i aquesta és una raó més adulta, perquè això que són aventures imaginades -ho són?- bé podrien ser reals, tenint en compte el personatge, un Pujols que demana a crits ser anomenat, amb tots els honors, el gran superheroi català.
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Plotted. A Literary Atlas. Andrew DeGraff. Zestbooks, 2015
¿Perdido en la isla de Robinson? ¿Extraviado en el casco del Pequod? ¿Desorientado entre las páginas de un libro? Siguiendo la tendencia a cartografiar los lugares y los temas más variados, y abundando en esa fascinación infantil por los Atlas, Andrew DeGraff propone un conjunto de mapas y desarrollos cartográficos relacionados con algunos clásicos de la literatura, que abarcan desde los movimientos por Elsinore de los personajes de Hamlet, la distribución infinita de La Biblioteca de Babel, el road book de Phileas Fogg a través del globo o de Huckleberry Finn a lo largo del Mississippi o, en una desafiante vuelta de tuerca, de la Sala de Espera de Godot, cada uno incluyendo una pequeña introducción para situar al neófito en la obra correspondiente. Atractivo y original a partes iguales, una curiosidad que hace las delicias del lector empedernido.
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Planos del otro mundo. Ryan Boudinot. Pálido Fuego, 2015
Traducción de José Luis Amores
"El género de la ciencia ficción sería el medio a través del cual los humanos internalizarían, mediante el mito, la existencia de otras formas de vida consciente. Para cuando tal comunión tuviese lugar, los humanos estarían psicológicamente preparados para embarcarse en una colaboración interplanetaria cuyo objetivo era difundir la vida por el universo."
Paisajes post-apocalípticos -post Era de las Catástrofes y las Hostias-, personajes salidos de una excursión con LSD -o algo peor- y tramas en espiral que impiden fijar un momento concreto. 
"Estamos contaminados de individualidad."
La duda de si nos encontramos en una utopía, una distopía o un escenario inclasificable sin puntos de referencia. 
"La distopía inminente de la que hablas sólo nos parece distopía a quienes hemos vivido rodeados de privilegios. Para todos los demás se llama Historia."
Historias independientes con puntos de contacto que recuerdan a las grandes tablas renacentistas, con episodios aislados que tomados en conjunto y colocados en el lugar correcto pueden llegar a componer el tema
"Ansiaba una trama pero en cambio aparecían ante ella absurdo tras absurdo que aludían a propósitos oscuros."
Los protagonistas remiten a los personajes más disparatados de La Broma Infinita; las situaciones parecen entresacadas de los descartes de Pynchon; y las tramas, oscuras, conspirativas y paranoicas, pertenecen por derecho propio a las alucinaciones más químicas de Philip K. Dick. 
"La policia sigue buscando. Van unos cinco años por detrás en la tecnología, si quieres saber la verdad. Es estremecedor. Hay toda una economía sumergida basada en avatares. Personas que se limitan a ocupar puestos de trabajo mecánicos, a consumir la misma mierda a diario, a fichar a la entrada y a la salida, mantener la fabricación de productos, prestar servicios, dando vueltas, insensibles, mudos y dóciles, sin un pensamiento original en sus puñeteras cabezas."
Novela por capas que se suceden, se adelantan y se diliyen en dispares tiempos narrativos, con distintos ritmos, y no necesariamente consecutivos; una novela de ciencia ficción que transciende los clichés del género. 
"Básicamente, los seres humanos creen en insensateces."
Asombro es la palabra que más se acerca a la sensación de leer Planos del otro mundo.
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Dos años, ocho meses y veintiocho noches. Salman Rushdie. Seix Barral, 2015
Traducción de Javier Calvo
La exuberancia de la narrativa de Rushdie puede llegar a colapsar la imaginación del lector, es cierto, pero su estilo es tan explícito como voluntario, y se adecua perfectamente a las temáticas que acostumbra a tratar. Rushdie recoge la tradición de la literatura oriental clásica -es mucho lo que esta obra en concreto, pero también la mayor parte de su producción, le debe a Las Mil y Una Noches, aparte del título- en la que la magia no se encuentra solamente en los personajes míticos que pueblan sus narraciones sino también en las situaciones que enfrentan los personajes puramente humanos, esa mezcla de dioses y hombres que también se presenta en la literatura clásica occidental. Rushdie hace uso de un recurso, marca de la casa, extraordinariamente bien resuelto: la instauración de un nuevo orden mediante la inclusión en la trama de una disfunción de carácter fantástico que suplanta a la realidad, la propuesta de un nuevo mapa de relaciones configurado y condicionado por la nueva situación, y la explotación narrativa de la incoherencia. Exuberante y fantástico, el placer del relato.
Reseña completa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2015/11/dos-anos-ocho-meses-y-veintiocho-dias.html
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Secessiolàndia pel pedregar. George Saunders. Edicions de 1984, 2015
Traducció de Yannick Garcia
"[L'autor] va enviar el gos ensinistrat que és el seu talent a buscar un faisà grossot i esplendorós, i va ell i li porta la part de sota d'una barbie. És el que hi ha. Val més això que quedar-se encallat tota la vida. Col·leccionarà parts de sota de moltes barbies i en dirà "llibre"."
Passat l'efecte sorpresa que va suposar l'edició de Deu de desembre i la posterior Pastoràlia, traduïr el que va ser el primer llibre de relats de George Saunders pot semblar un empeny inútil i desaconsellat, una brandada de l'editor, un compromís sense sentit, un desafiament buit... ¿A quin editor amb dos dits de front se li acut publicar els reculls d'un autor de relats a l'inrevés de com es van escriure? Una de dues: o l'editor s'ha begut l'enteniment o se n'ha adonat que aquest retrorunning pot arribar a tenir sentit; com si ens digués: "Què, us ha sorprés Deu de desembre, oi? I què tal l'esborrajament de Pastoràlia, us ho heu passat bé? Doncs prepareu-vos, nanos, perquè ara ve en Saunders original, el primer Saunders, hehe, que no us passi res!". Realment -li podriem dir a l'editor, més que res per no deixar-li dir la darrera paraula-, el Saunders de Secessiolàndia... no és ni millor ni pitjor que el posterior, però sí que és més pur; aquesta és una raó excel·lent per llegir-lo. Una altra, per fer-ho en català, la increïble i saunderiana traducció de l'ebrenc Yannick Garcia, un paio al que l'autor li deu molt més que el que pugen els drets que hagi cobrat per la traducció; i si no us ho creieu, intenteu -va, vinga, lletraferits- trobar una traducció que superi la del títol.
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En movimiento. Una vida. Oliver Sacks. Anagrama, 2015
Traducción de Damià Alou
Poco hay que decir de las cualidades narrativas de la prosa de Oliver Sacks ni la cercanía, sin envaramiento trascendente ni superioridad condescendiente y sí con una complicidad casi amistosa,  que es capaz de procurarnos a todo aquello que relata; si leímos sus textos sobre casos clínicos como si fueran libros de relatos, sus memorias poseen la misma calidad literaria que las mejores novelas: la lectura de Ulises a los dieciséis años, navegando y borracho de aquavit, su amor por las motos y la vida de motero como guía para la vida
"Existe una unión directa con la motocicleta, pues se ajusta tanto a nuestra propiocepción, a los movimientos y posturas del que la maneja, que responde casi como si formara parte de nuestro cuerpo. Un coche nunca acaba formando parte de uno del mismo modo",
 o el "descubrimiento" de su homosexualidad son algunos de los hitos de su juventud que podemos leer como leeríamos una obra de ficción. Y junto a ello, al lado de la capacidad narrativa, la indiscutible dimensión humanista, que Sacks reclama tan importante como la ciencia en la profesión médica, particularmente en la neurología, en la que insiste en que la relación del médico no es con la enfermedad sino con el paciente. Y por encima de todo, un sentido homenaje a sus precursores, a sus profesores y a todos los profesionales que, a veces a pesar suyo, le convirtieron en quien llegó a ser: una reconocida deuda de gratitud. 
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24 de noviembre de 2015

Dos años, ocho meses y veintiocho días

Dos años, ocho meses y veintiocho noches. Salman Rushdie. Seix Barral, 2015
Traducción de Javier Calvo

Dos anys, vuit mesos i vint-i-vuit nits. Proa, 2015
"Seguimos contando esta historia tal como nos ha llegado a través de sus muchas versiones, de boca en boca [...]. Porque eso mismo son los relatos: experiencias contadas de nuevo por muchas lenguas a las que a menudo les damos un nombre único, Homero, Valmiki, Vyasa, Sherezade. Nosotros, por nuestra parte, nos llamamos a nosotros mismos simplemente "nosotros". "Nosotros" somos la criatura que se cuenta historias a sí misma para entender qué clase de criatura es. Y a medida que nos van llegando, los relatos se van desprendiendo de su época y de su escenario, van perdiendo la particularidad de sus inicios, y a cambio ganan la pureza de las esencias, de ser ellas mismas sin más. Y por extensión, o bien por esa razón, esos relatos se convierten en lo que conocemos, en lo que entendemos y en lo que somos, o tal vez deberíamos decir en lo que nos convertimos o en lo que tal vez podamos llegar a ser."
Una de las ventajas de proceder de una tradición secular exótica en la que el relato posee un cometido casi fundacional, y de haber mezclado, por una cuestión biográfica, ese origen con una cultura de adopción que incluye a uno de los más geniales fabuladores de la literatura occidental, conlleva la capacidad de mezclar tramas míticas de diversas procedencias y hacerlo en escenarios tan diversos como intrínsecamente coherentes; sin que esta afirmación pueda ser llevada a su extremo, la combinación, por ejemplo de Las 1.001 noches con Sueño de una noche de verano, y salir francamente airoso del desafío.

Dos años, ocho meses y veintiocho días (Two Years Eight Months and Twenty-Eight Nights, 2015)  -es decir, mil y una noches, un período que, en distintas épocas, marca el lapso de tiempo en el que tienen lugar hechos misteriosos, pero también en el que una antigua y olvidada maldición  hace que terminen los períodos de felicidad-, la última aportación de Salman Rushdie a la literatura, es una historia mítica protagonizada por personajes legendarios, seres sobrenaturales y sujetos terrenales, en la misma tradición de interacción entre dioses y hombres de la tradición clásica occidental, en la que se relata el enfrentamiento eterno entre el bien -explícitamente, la Razón- y el mal -igual de explícitamente, la religión-. 
"-Pensemos en la especie humana como si fuera un solo individuo -propuso Ibn Rushd-. Un niño no entiende nada y se aferra a la fe porque carece de conocimiento. La batalla entre razón y superstición puede considerarse la larga adolescencia de la humanidad, y el triunfo de la razón su entrada en la vida adulta. No es que Dios no exista, sino que, igual que cualquier padre orgulloso, aguarda el día en que su hijo pueda sostenerse de pie, abrirse paso en el mundo y liberarse de su dependencia.
-Mientras sigas alejándote de Dios con tus argumentos -replicó Al-Ghazali-, mientras sigas intentando reconciliar lo racional con lo sagrado, jamás me derrotarás. ¿Por qué no admites sin más que eres un ateo y usamos eso como punto de partida? Observa quiénes son tus descendientes, la escoria sin Dios de Occidente y de Oriente. Tus palabras solamente resuenan en las mentes de los kafir. Los seguidores de la verdad te han olvidado. Los seguidores de la verdad saben que en realidad la razón y la ciencia son el infantilismo de la mente humana. La fe es nuestro don de Dios y la razón es nuestra rebelión adolescente contra ella. Cuando somos adultos nos entregamos del todo a la fe, que es para lo que nacimos."
El origen de este conflicto se sitúa en la rivalidad entre Ibn Rushd -latinizado como Averroes- y Al-Ghazali en pleno siglo XII, la vieja querella entre Razón y religión, atraviesa los siglos siguiendo a las generaciones de descendientes, marcados por una peculiaridad física, que tuvo el primero con Dunia, una djinn -filósofo censurado con genio femenino, el sentido del humor de Rushdie es inagotable- para concluir en un futuro próximo, en el que tendrá lugar la gran guerra de los cielos por la supremacía de uno de los dos principios, y las consecuencias que ese enfrentamiento celestial conllevarán para los humanos. 
"E Ibn Rushd estaba muerto, pero su adversario y él mantuvieron su disputa más allá de la tumba, porque las controversias de los grandes pensadores no tienen fin, y la idea misma de la disputa es una herramienta para mejorar la mente; la más afilada de todas las herramientas, nacida del amor al conocimiento, es decir, de la filosofía."
El caso es que ese enfrentamiento final entre ambos filósofos, con la asistencia de sus djinn particulares, origina en el mundo de los vivos una sucesión de acontecimientos extraordinarios: una Gran Tormenta que provoca una inesperada devastación y algunas irregularidades en el mundo físico -algunas personas se ven afectadas por el fenómeno de la levitación, nace un bebé que denuncia la corrupción...-; son los genios enfrentados que buscan reclutar a sus ejércitos para la gran batalla final.
"Nuestro grupo asume la postura que yo denomino "posatea". Nuestra postura es que Dios es una creación de los seres humanos, y solamente existe en virtud del principio "da una palmada si crees en las hadas". Si hubiera la bastante gente lo bastante sensata como para no dar la palmada, entonces ese Dios estilo Campanilla moriría. Sin embargo, por desgracia, todavía hay millones de seres humanos dispuestos a defender su creencia en una especie de dios-hada, y en consecuencia, Dios existe. Y lo peor es que ahora anda fuera de control."
Con posterioridad a esas Gran Tormenta sucede la Era de la Gran Extrañeza: las huestes celestiales empiezan su enfrentamiento directo en el mundo superior, y el mundo inferior empieza a sufrir las consecuencias; la principal, la irrupción de lo fantástico en lo cotidiano. Los djinn "neutrales" toman posiciones en alguno de los dos bandos porque mantenerse al margen es una opción que no se tiene en cuenta.
"Cuidado con el hombre (o el yinni) de acción que por fin desea progresar por medio del pensamiento. Un poco de pensamiento es algo peligroso."
La Era de la Gran Extrañeza lleva, en una escalada imparable, a la época de la tiranía de los djinn, en la que los humanos "puros" actúan como marionetas de los designios mágicos o, directamente, sucumben en las reyertas. Al final, una vez los djinn han tomado sus posiciones definitivas, así en la tierra como en los cielos, tiene lugar la Guerra de los Mundos, el enfrentamiento definitivo que marcará, en la próxima etapa de la humanidad, si ésta se regirá por la Razón o por la fe. Es cuando se refiere a esta Guerra de los Mundos cuando la prosa de Rushdie abandona la brillantez y se torna solemne; arrincona definitivamente el sentido del humor, se envuelve con la capa de la seriedad y toma el tono elegíaco común en las narraciones bélicas.

La exuberancia de la narrativa de Rushdie puede llegar a colapsar la imaginación del lector, es cierto, pero su estilo es tan explícito como voluntario, y se adecua perfectamente a las temáticas que acostumbra a tratar. Rushdie recoge la tradición de la literatura oriental clásica -es mucho lo que esta obra en concreto, pero también la mayor parte de su producción, le debe a Las Mil y Una Noches, aparte del título- en la que la magia no se encuentra solamente en los personajes míticos que pueblan sus narraciones sino también en las situaciones que enfrentan los personajes puramente humanos, esa mezcla de dioses y hombres que también se presenta en la literatura clásica occidental.
"Lo que yo creo es que todas las historias son ficciones, decía ella, hasta las que insisten en ser hechos reales, como por ejemplo quién estuvo aquí primero y qué Dios estaba antes que los demás, todas son fábulas, tanto las fantasías realistas como las fantasías fantásticas son inventadas, y lo primero que hay que saber de las historias inventadas es que son todas falsas de la misma manera."
Rushdie hace uso de un recurso, marca de la casa, extraordinariamente bien resuelto: la instauración de un nuevo orden mediante la inclusión en la trama de una disfunción de carácter fantástico que suplanta a la realidad, la propuesta de un nuevo mapa de relaciones configurado y condicionado por la nueva situación, y la explotación narrativa de la incoherencia:
 "Durante aquellas niches incomprensibles se informó de toda clase de separaciones. La separación de los seres humanos del suelo ya era mala de por sí. Sin embargo, en ciertas partes del mundo no había sido ni el principio ni tampoco el final. En el mundo de la literatura, se estaba produciendo una notable separación entre los escritores y sus temas. Los científicos informaron de la separación entre las causas y los efectos. Se hizo imposible compilar ediciones nuevas de los diccionarios por culpa de la separación entre las palabras y sus significados. Los economistas señalaron la separación creciente entre ricos y pobres. Los tribunales de divorcios experimentaron un brusco aumento de su volumen de trabajo por culpa de la avalancha de separaciones conyugales. Las antiguas amistades se terminaban de repente. La plaga de las separaciones se propagó rápidamente por el mundo."
Por cierto, ¿alguien sabe si existe evidencia científica de que Voltaire careciera de lóbulos en sus pabellones auditivos?

4 de noviembre de 2015

Francamente, Frank

Francamente, Frank. Richard Ford. Anagrama, 2015
Traducción de Benito Gómez Ibáñez
"[Soy, dice Frank Bascombe de sí mismo] una persona que no miente (o rara vez), que no presupone nada del pasado, que siempre emprende el camino más fácil y optimista (cuando lo hay), que no prevé el futuro, que estiliza sus palabras (sin adornos), y en todos los casos se com porta como es debido."
En pleno boom inmobiliario, usted adquiere una casa, la casa de sus sueños, que no puede permitirse pero que puede pagar gracias a la generosidad de una entidad bancaria, por un precio varias veces superior a su valor real. Al poco tiempo, una catástrofe natural la destruye, llevándose con ella algunas víctimas y un modo de vida muy ligado al complejo  residencial; un ex-vecino de la zona afectada, un agente inmobiliario jubilado, consigue conservar la suya intacta porque no estaba en la zona de riesgo. Las nuevas relaciones que se establecen entre los vecinos, los conocidos y los supervivientes han quedado marcadas por esa catástrofe; la muerte accidental, esa muerte que sólo sufren los demás,  ha dominado la escena con una visita sorpresa, pero mientras los afectados luchan por reordenar sus vidas, la vieja de la guadaña, la muerte de siempre, planea sus próximos asaltos.
"Visibles muestras de amabilidad, conmiseración, camaradería, pena compartida y empatía: débiles aliadas en la lucha contra las grandes pérdidas."
Cuando los lectores creíamos que Frank Bascombe se había despedido con todos los honores de nosotros tras Acción de Gracias (The Lay of the Land, 2006), tercer y último volumen de la trilogía que le dedicó Richard Ford, tras El periodista deportivo (The Sportswriter, 1986) y El Día de la Independencia (Independence Day, 1995), regresa, con sesenta y ocho años, más irónico, socarrón, cínico e inteligente, pero también más descreído e irreverente, para relatarnos cuatro episodios que suceden en la costa de Ocean County, Nueva Jersey, en plena evaluación de daños y comienzos de la reconstrucción, en los días anteriores a las Navidades de 2012, después del paso destructor del huracán Sandy, en Francamente, Frank (Let Me Be Frank with You, 2014). Mientras la vida de Frank va deslizándose, lenta pero ineluctablemente, hacia lo que se adivina como un plácido final, su día a día se ha visto sacudido por la imprevisible Naturaleza y los más que previsibles achaques de una existencia en franco declive; entre ellos, la aspiración a seguir sintiéndose importante cuando no se puede aducir ya ni un atisbo de relevancia. 
"Puede que sea cosa de la edad, que cada vez explica más cosas sobre mí, como una clave maestra de descodificación." 
La edad conlleva una disminución progresiva de la capacidad de adaptación a los cambios, un enfisema de la conciencia, incapaz de facilitar el suficiente oxígeno a la esperanza.
"El mundo se va encogiendo y concentrando a medida que pasamos más tiempo en él."
 Hubo un tiempo es la coletilla síntoma de prevalencia del pasado sobre el presente y de la irrelevancia del futuro, que ni siquiera se toma en consideración.
"Estoy jubilado. Sólo espero la muerte o la vuelta de mi mujer de Mantolocking: lo que venga primero."
Toda reconstrucción conlleva la limitación relativa a aquello que no podrá recuperarse en el proceso: tal vez la aspiración sea dejarlo todo como antes de la destrucción, incluso salir ganando porque lo que era viejo será ahora novísimo; sin embargo, se habrá perdido el espíritu de las cosas y no se recuperarán jamás aquellas que, a pesar de haberse convertido en inútiles, se llevaron con ellas jirones de vida que jamás se podrán recobrar.
"En mi nariz -experta en esas cosas en otro tiempo- nada huele a ruina de forma tan fragante como los primeros intentos de rescate".
Con un Bascombe a finales de la sesentena, es razonable que la muerte aparezca como un personaje más. Una muerte que no debe significar necesariamente el fallecimiento propio; la dama de negro puede venir sin intención de quedarse, pero su presencia es ineluctable. Aunque sea en un relato sobrecogedor sobre la muerte "de los otros", su visita sirve de recordatorio de que un día vendrá a por nosotros.
  
Destrozos provocados por el huracán Sandy en Ocean County, NJ. photos.nj.com
"Aquí estoy yo" es el relato que abre el volumen. Frank se cita con el comprador de su casa en la playa, desaparecida tras el paso de Sandy. La desolación aparece a cada paso: los edificios destruidos y la gente que ha perdido su hogar. Y Bascombe mirándolo con cierta despreocupación: materialmente, no se ha visto afectado en lo más mínimo, pero el huracán se ha llevado su pasado, sus vivencias en la zona destruida, como si borrase su recuerdo o, peor todavía, como si todo ese recuerdo hubiera sido falseado porque todo aquello que podía confirmar su realidad ya no existe.

"En realidad, tengo la sensación de haber obrado con inteligencia por haberme marchado cuando valía la pena marcharse. Aunque el hecho de vender una casa en donde has sido feliz indica que no eres inteligente. En tales movidas se siente el moretón del fracaso."
Naturalmente, ese "ya no vivo aquí", más que una salvaguarda en forma pretérita del desastre, adquiere el sentido de la pérdida irrecuperable de un marco de referencia que forma parte de su identidad y que es irreemplazable,
"En general, cabe afirmar que cuando uno se hace viejo adquiere una relación más complicada con la realidad cotidiana, lo que parece en desacuerdo con lo que debería ser."
y cuya destrucción bloquea la llegada de un futuro predecible -deseable, por tanto- para sustituirlo por la más absoluta imprevisibilidad. Por supuesto, los efectos de esta sustitución son diametralmente opuestos en el caso de los jóvenes y en el caso de los viejos: mientras los primeros disponen de la suficiente, en principio, provisión de tiempo para adaptarse; los ancianos deben limitarse a verlas venir y rogar porque el inventario de daños sea lo más reducido posible.
"La Historia no es más que la Guerra y paz de los demás."
Dos formas de destrucción se hacen evidentes, contrarias en su forma de aparición pero aliadas en sus efectos; una rápida, súbita e imprevisible, la del fenómeno natural, general; otra lenta, progresiva, mensurable, particular, la vejez, la degeneración inevitable, el deterioro físico como síntoma anunciador.
Ocean Beach, NJ, después del paso del huracán. photos.nj.com
"Todo podría ser peor" es el segundo relato del volumen. Frank recibe la visita de una antigua habitante de su casa, de raza negra. Es el pasado de los otros el que se funde con el presente de Frank, otra vez los jirones de vida que alguien se dejó en su habitáculo, y cuya recuperación depende de personarse en ese lugar -regreso que no pueden efectuar cuando el huracán lo ha destruido-. La visita tiene un motivo sorprendente: esa mujer ha perdido su vivienda durante el huracán, y la única referencia que sigue en pie es la casa de Frank; por esa razón la visita y rememora cuanto sucedió en ella. Los objetos, un mismo objeto, tienen alcances distintos para aquellos que se han relacionado con él, significados no intercambiables.
"La plena revelación es el mito de las clases inquietas. Los que ignoran la historia no están más condenados a repetirla que los enterados, pero es más probable que se sientan más a gusto sobre muchas cosas."
John Banville ha calificado a Bascombe como el típico Everyman, ese "hombre común" que, en el caso de los ciudadanos norteamericanos, conlleva una serie de clichés que más allá de los tópicos generalistas incluye, por acercamiento y no tanto por precisión, una serie de trazos entre los que se encuentra un racismo de baja intensidad que no se manifiesta públicamente ni con actitudes abiertamente hostiles sino mediante la condescendencia con que se trata al inferior, una simpatía impostada específica, incluso una actitud y unas opiniones artificialmente favorables que intentan negar cualquier muestra de prejuicio, pero que son un prejuicio en sí mismas. ¿Es Bascombe racista? No, claro, él mismo aduciría que "no es culpa suya ser blanco"; sin embargo, a la hora de pensar en cómo resolverá su visitante de raza negra los problemas que le ha provocado el huracán, el prejuicio subyacente no deja de asomar:
"Resumiendo, ¿del mismo modo en que los habitantes blancos de los barrios residenciales resuelven sus problemas?"
Union Beach, NJ, después de los efectos del huracán. 943point.com
"La nueva normalidad" es el concepto sobre el que reflexiona Frank, en el tercer relato,  durante la visita a su primera mujer, Ann, de la que se divorció hace más de treinta años, después de la muerte de un hijo común, afectada por la enfermedad de Parkinson e internada en una residencia de lujo, mientras hace un recuento mental de las consecuencias del boom inmobiliario. La "normalidad" es un concepto tan inestable como inasible; estar internado en una residencia de lujo a la espera de que el Parkinson te dé el mazazo definitivo no es normal. 

El recuerdo de la vida de su ex-mujer 
"... la memoria, a menos que tengas Alzheimer, nunca te deja levantarte de la lona"
desde el divorcio expone a la vista otras de las "debilidades" de Frank -¿tal vez otra de las características del Everyman?-, como una indisimulada misoginia, amable pero prejuiciosa, como cuando se pregunta sobre la supuesta transexualidad de una guarda de seguridad de aspecto andrógino, especula sobre el lesbianismo de las mujeres viejas o sobre los alardes de potencia sexual de los ancianos; un cierto clasismo fundamentado en la concepción calvinista del éxito económico, que se manifiesta en la infravaloración de la inteligencia cuando se enfrenta a la astucia, como si las dotes naturales carecieran de mérito cuando se las compara con el éxito profesional; la reincidencia en la aceptación tácita de algunos lugares comunes de tinte racista con respecto a los negros y a los judíos. Aunque algunas de estas debilidades no conlleven necesariamente la condena social -ni la del lector, por supuesto-, como la irreverencia con que habla de la "filosofía" new age, el feng shui, el imbécil clasismo de la residencia, o su reflexión sobre el suicidio:
"La mayoría de la gente que intenta matarse falla, pero luego parece muy satisfecha de haberlo intentado. Supongo que estar muerto no es la prioridad de nadie."
Cementerio de Ocean County, NJ. findagrave.com
"Muertes de otros" es el relato que cierra el volumen, en el que la muerte para de personaje secundario a protagonista; la muerte de los demás, por supuesto, porque la propia no existe: esta es la forma que toma esa concepción errónea de la empatía y que favorece que podamos ser extraordinariamente compasivos con los fallecidos. 
"En realidad, como muchas de las cosas que de pronto dejamos de notar en nosotros mismos, una vez que ya llevamos recorrido tanto trecho somos como somos porque así lo hemos querido."
Un antiguo conocido de Frank se pone en contacto con él: enfermo de gravedad y desahuciado por la medicina, desea mantener una última conversación. Frank accede, a regañadientes, como quien acude a una cita en los infiernos, y reflexiona sobre la amistad, tanto en su aspecto cualitativo -reconoce, y se alegra de no haber sido nunca "muy" amigo"- como cuantitativo -no es partidario de tener muchos amigos-, y sobre la valoración de este sentimiento. En el caso extremo de las víctimas de un desastre natural, la empatía actúa desde el hecho de que los que se libraron de la catástrofe lo hicieron por azar y por los pelos, y la forma de compensar este hecho -en el caso de la sociedad norteamericana de derechas, una manifestación de la justicia divina- sólo puede manifestarse mediante la compasión hacia los que "no tuvieron tanta suerte".
"Porque no hay una forma adecuada de planificar la vida ni tampoco de vivirla: sólo un montón de formas inadecuadas."
Parece que las nuevas formas que ha tomado la conectividad, más extendida pero menos intensa, es una ayuda para poder "soltar amarras" con más facilidad. La edad, en este sentido, puede ser un inestimable auxiliador; a menudo no hace falta efectuar personalmente esa poda en el árbol de las relaciones, la muerte se encarga de ello aclarando el sembrado, de modo que cada día nos quedan menos amigos a la vez que comprobamos con satisfacción nuestra supervivencia. Si la muerte funciona según cuotas, cada amigo que muere significa un día más de vida para nosotros.

También el mundo conocido, ese al que acabamos acostumbrándonos por saturación, está muriendo; los síntomas de degeneración son evidentes. Sin embargo, el verdadero consuelo -¿consuelo?- es no asistir a esa defunción, largarnos nosotros antes. En definitiva, a los vivos la muerte no les sienta nada bien; a los moribundos, es la vida lo que les sienta fatal.

Junto con la tranquilidad de que sean otros quienes se nos adelanten en este definitivo viaje, existe la dificultad de tratar con la muerte ajena; el moribundo es un retrato de nosotros mismos que con una mínima anticipación acude desde nuestro futuro para servirnos de advertencia.
"¿Por qué somos tan capullos? ¿Por qué no podría lo malo revelarse simplemente, sin que tenga uno que mojarse los pies? Los errores son errores mucho antes de que los cometamos."
La muerte, incluso, puede llegar a convertirse en una traición para los vivos, una confirmación de la condena a seguir viviendo; pero, a veces, esa traición puede haberse adelantado. Si es así, ¿dónde queda la traición cuando el traidor muere? ¿Se la lleva con él, o nos condena a vivir para siempre con ella?




Richard Ford sobre Francamente, Frank, en el programa "Politics and Prose"

2 de noviembre de 2015

Reset

http://marywhipplereviews.com/henry-james-the-europeans-dvd-2008/
"El mundo debe regresar alguna vez al concepto de "deber" y desterrar el de "recompensa".

31 de octubre de 2015

Lecturas de octubre

Pureza. Jonathan Franzen. Salamandra, 2015
Traducción de Enrique de Hériz
Pureza rebosa talento y es la obra cumbre de uno de los mejores autores norteamericanos de su generación -que incluye a "los otros" Jonathans, Safran Foer y Lethem (atención a la cita de los "demasiados Jonathans" en el texto), y podría hacerse extensiva, entre otros, a David Eggers y a Jeffrey Eugenides-, la gran obra de madurez de un novelista que, apoyado en la Tradición de la Gran Novela Clásica -varias generaciones en el rol protagonista, multiplicidad de espacios; en suma, los mimbres sobre los que se ha edificado la Gran Epopeya Americana- y en sus dos grandes libros anteriores, Las correcciones (The Corrections, 2001), Pureza es más ligera en la forma pero más contundente en el fondo, y Libertad (Freedom, 2010), con respecto a la cual ha omitido ese cierto carácter panfletario que poseía-, ha sabido explotar unos recursos que la crítica y los lectores de "historietas" inanes e intrigas absorbentes escritas bajo los modelos irrelevantes de la literatura para las masas habían finiquitado por arcaicos y anacrónicos. Pureza, una novela inequívocamente contemporánea que pone en primer plano la distopía que dibujan las lacras de la hiperconexión tecnológica -la violación de los secretos-, de la desconexión humana -la pérdida del cuestionamiento moral-, la corrupción de las ideas cuando se convierten en creencias y de la supervivencia gracias a la mentira, contiene toda la potencia de un notable virtuosismo narrativo, desplegada con la facilidad que sólo otorga el talento, en la construcción de tramas encadenadas que buscan su ligazón con la insistencia de un reloj pero sucumbiendo con el fracaso del neófito; de personajes en la búsqueda constante de su identidad y de las conexiones que les permitirán recuperarla -o, en algunos casos, adquirirla-, en definitiva, de su ubicación en un marco -la mentira- al que sienten que no pertenecen pero al que se ven inevitablemente abocados hasta que no puedan redimir su culpa. Pureza es, finalmente, con su retrato fiel aunque vergonzante del turbulento siglo XXI, el último y decisivo ataque al totalitarismo de la Verdad, de la Perfección, por parte de la triunfante y democrática Realidad, encarnada en la Debilidad, la Fragilidad, la Imperfección, la Contradicción y, por encima de todo, la Compasión.
Reseña completa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2015/10/pureza.html
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Zeroville. Steve Erickson. Pálido Fuego, 2015
Traducción de José Luis Amores
Debajo de la calle más lujosa del barrio más exclusivo, en paralelo a los ríos de gente glamorosa que entra y sale de las tiendas más prohibitivas, de los hoteles más prohibitivos, de los bares más inasequibles, corre un entramado de canalizaciones que evacúa los infectos desechos de la sociedad de la opulencia. Por debajo de Sunset Boulevard, al igual que por debajo de Skid Row, corren interminables ríos de la más democrática de las materias: la mierda.
Todo sueño contiene en sí mismo el germen de la pesadilla: aquéllos jamás se cumplen, éstas, sí. Hollywood, materialización del sueño americano, sólo es un sueño cuando se mira desde la distancia, y se convierte en pesadilla cuando uno se adentra en él. Nadie puede vivir en un sueño, nadie puede renunciar al papel protagonista en una pesadilla. Sharon Tate es un sueño de Hollywood; Charles Manson, la pesadilla. El cine también es un sueño, que se rige por sus propias reglas. La realidad es su pesadilla complementaria. A la mentira se la llama oportunidad.
Zeroville es una extraña novela, que son varias novelas, sobre alguien que, buscando hacer realidad su sueño en la ciudad del cine, despierta en una pesadilla. Insoslayable la huella de Poe y de Chandler, lleva al lector de la sorpresa a la extrañeza y de la fascinación al misterio. "Quiéreme durante el tiempo que me queda, luego olvídame".
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Cuentos completos. E. L. Doctorow. Malpaso Ediciones, 2015
Varios traductores
Una situación luminosa reduce el misterio que pueden encerrar sus elementos; la mirada del observador es la que marca la pauta, y la sorpresa sólo puede darse de forma enumerativa y ordinal: un determinado elemento nos puede sorprender porque no habíamos atinado en observarlo o porque su colocación en el escenario no lo hacía distinguible en un primer y apresurado vistazo. Una situación oscura, en cambio, posee y retiene todo el misterior y nada puede compararse al placer que se siente al ir descubriendo los elementos presentes no bajo la luz de una linternas sino gracias a la progresiva adaptación de nuestra visión a la oscuridad: el misterio del elemento entrevisto, pero, sobre todo, el proceso que transcurre entre la percepción indefinida o errónea, la concreción paulatina y la comprensión definitiva.
E. L. Doctorow, novelista contrastado, se maneja de manera desigual en las distancias cortas, aunque la sorprendente variedad de registros delata, también en el relato, una maestría indudable: véase, para ejemplo, la reformulación en primera persona y actualizado de un clásico en "Wakefield" y, en el extremo opuesto, el maravilloso "Vidas de poetas". Un perfecto complemento a una de las obras novelísticas más importantes del siglo XX norteamericano.
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Las estatuas de agua. Fleur Jaeggy. Alpha Decay, 2015
Traducción de Mª Ángeles Cabré
Por más que uno de sus personajes sostenga que "la verdadera vida está fuera de la palabra", Jaeggy es la celebración de la palabra como creadora de mundos: las situaciones dramáticas se reducen al mínimo, siendo sustituidas por un ininterrumpido torrente de palabras que, con la renuencia complaciente de quien posee el alma al lector en la palma de sus manos, busca más la respuesta emocional que la comprensión racional de sus ficciones. Mediante la estimulación de regiones del cerebro que usualmente permanecen en estado de latencia, Jaeggy desencadena una ensordecedora cascada de silencios la densidad de la cual no permite distracción alguna a menos que el lector se resigne a extraviarse por falta de referencias y quede incapacitado para hallar nuevo sentido a la escena posterior o para regresar, a menos que acepte su fracaso y retroceda, de nuevo al camino correcto. Jaeggy nos desasosiega porque esconde más que lo que muestra, porque pone en evidencia nuestra incapacidad de encontrar lo que presumimos como relevante. Al mismo tiempo, inflige cantidades ingentes de dolor al lector; sin embargo, seguimos leyendo porque sabemos que, una vez terminado el libro, ese rastro de angustia, que devendrá adictivo, permanecerá en nuestro cerebro de por vida.
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The Novel Cure. Ella Berthoud, Susan Elderkin. Canongate, 2013 
¿Inapetente? ¿Exaltado? ¿Aislado? ¿Ingresado en una institución? ¿Triste? ¿Alicaído? No se preocupe, Ella y Susan encontrarán un remedio a su disfunción, sea física, mental o de colapso generalizado: como si se tratara de un proto-libro de autoayuda, ellas le prescribirán una infalible Terapia Mediante la Ficción para recuperar la plenitud de su vida. ¿Algunos ejemplos? Venga: si se siente usted aquejado del conocido Síndrome del Lunes por la Mañana, unas dosis de Mrs Dalloway (esto debe ser terapia de choque, claro); ¿ha caído bajo las garras del la compra compulsiva? Alterne Suave es la noche antes de ir a acostarse con American Psycho nada más levantarse; para la ausencia de empatía, por ejemplo, nada mejor que Johnny cogió su fusil; y si lo que le sucede es que, más allá de sus posibles dolencias, está usted afectado por una irresistible hipocondría, pruebe con El jardín secreto.   El prospecto se completa con listas de diez libros -cocktail de medicamentos- para las más variadas disfunciones: la diarrea, la tristeza, el resfriado común o la ruptura matrimonial. En definitiva, no existe dolencia para la que no se pueda prescribir una buena terapia lectora.
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Misa negra. Olivier Barde-Cabuçon. Siruela, 2015
Traducción de Teresa Clavel 
En el segundo de los casos criminales a los que se enfrenta el Comisario de las Muertes Extrañas, con la inestimable ayuda científica del Monje, éste debe resolver el enigma de la muerte por sacrificio de una joven -cuya alma en pena empieza a manifestarse en los sueños de todo aquél que tuvo alguna relación con ella- en una misa negra oficiada por enigmáticos personajes. A diferencia de Casanova y la mujer sin rostro, en esta ocasión la acción se sitúan en los más bajos fondos del París del siglo XVIII, y adquieren protagonismo los cultos satánicos, la magia negra, los personajes bifrontes y una jerarquía policial sometida, por un lado, a los vaivenes de la monarquía y, por otro, a las ambiciones de una serie de individuos de una corte en vías de descomposición. Aunque nada es lo que parece -un recurso muy caro a la novela de género-, los giros dramáticos en la trama son continuos y la resolución del conflicto acaba alcanzándose debido, además de a la pericia del comisario Volnay y los recursos de su ayudante, a una serie de factores azarosos que se conjugan para señalar a los culpables. Literatura de evasión sin pretensiones con altas dosis de buen humor.
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Cronomoto. Kurt Vonnegut. Malpaso, 2015
Traducción de Carlos Gardini
Si hacemos caso a sus propias declaraciones, Kurt Vonnegut concibió una novela -que vamos a llamar Cronomoto, de momento, 1- en la que una alteración en el continuum temporal hacía retroceder el tiempo diez años, con lo que la humanidad se veía condenada a repetir, en una especie de vida en modo piloto automárico, un permanente dejà vu, sin posibilidad de variación en los resultados, todo lo que había hecho en ese período; acabada esa década de repetición, nadie era capaz de recuperar la libertad que resultaba de no saber con antelación las consecuencias de sus actos. Pero Vonnegut no pudo concluirla por una especie de bloqueo del escritor. Posteriormente, la retomó y, después de un profundo remozamiento y una puesta a punto radical, terminó y publicó este Cronomoto que, en realidad, sería un Cronomoto 2, versión definitiva de aquel nonato Cronomoto 1, o, más cinematográficamente, Cronomoto 1, The Director´s Cut, o tal vez , Cronomoto 1, The Making Of: y es que la novela nonata ya no importa tanto como el conjunto de reflexiones, anécdotas y digresiones con que Kurt Vonnegut, auxiliado por su alter ego Kilgore Trout, "un viejo y descatalogado escritor de ciencia ficción", como siempre, alegra -uno diría incluso que mejora- la vida de sus lectores. En definitiva, lo que no pudo llegar a ser una novela de ciencia ficción acabó convirtiéndose en un texto inspirado y entrañable sobre lo absurdo de la existencia -y lo inútil y desasosegante de tomársela en serio- mediante una inspirada alegoría y la infinita esperanza depositada sobre el ser humano.
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Pequeño fracaso. Gary Shteyngard. Libros del Asteroide, 2015
Traducción de Eduardo Jordá
"Y por favor, no escribas como uno de esos judíos que se odian a sí mismos". Palabras de la madre de Shteyngart cuando éste le manifiesta su deseo de convertirse en escritor.
O bien "De cómo la escritura fijó mi identidad y, de algún modo, me salvó la vida", he aquí un posible subtítulo de este volumen de Memorias de un judío ruso de Leningrado -en cuyo cerco nazi falleció su abuelo y de donde se exilió su abuela con su padre mientras duró la guerra-, que abandonó, con su familia, la U.R.S.S. gracias al pacto de Jimmy Carter con las autoridades rusas para dejar salir a los judíos, y tras un corto periplo que les llevó a Viena y Roma, recalaron en Nueva York. Una amarga infancia de exiliado, entre una madre dominante y sobreprotectora, un padre exigente y violento y una escuela judía, con cambio de nombre, de Igor a Gary, incluido; una adolescencia marcada por la lucha entre múltiples personalidades; y una edad adulta de drogas, alcohol, doce años de psicoanálisis (cuatro horas por semana) y un insaciable afán por ser escritor. No se trata de las Memorias de un americano nacido en Rusia sino de un ruso criado en América, y del paso de ser un ruso judío -el orden es importante- a ser un judío americano. Un escritor que había rondado su historia personal en sus obras anteriores, se enfrenta por fin, con ironía, buen humor e importantes dosis de emoción, al personaje acerca del cual nunca debería haber escrito; comicidad y sabiduría a partes iguales para un perfecto ejemplo de memoria temperamental y desprejuiciada.
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H de halcón. Helen Macdonald. Ático de los Libros, 2015
Traducción de Joan Eloi Roca. Revisión de Carlos Galindo
Helen Macdonald, profesora e investigadora de la Universidad de Cambridge, pierde súbitamente a su padre, con el que la unía una estrecha relación, y como homenaje pero también como terapia para superar su período de duelo, decide aferrarse a una antigua afición y adiestrar a un azor (Northen goshawk en inglés), un ave especialmente difícil de afeitar, una hembra joven a la que llama Mabel. La experiencia con el ave durante su primer año de adiestramiento y los cambios emocionales de Helen con respecto al fallecimiento de su padre son el esqueleto sobre el que se construye H de halcón (H is for Hawk, 2015). El resultado es un libro emocionante en el que la aventura humana se funde con la Naturaleza, y una profunda reflexión sobre el salvajismo y la crueldad; un libro imprescindible.
Reseña completa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2015/10/h-de-halcon.html
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Vuelo estático. Jaan Kross. Impedimenta, 2015
Traducción de Consuelo Rubio Alcover
"Mira, si antes he mencionado tu vanidad de escritor, que sepas que sólo era en broma y con cariño. Porque sé lo suficiente de este métier tuyo como para entender que, si no es de la vida privada de sus conocidos o de sus amigos, ¿de dónde iban a chupar los pobres autores el material para sus obras?"
Jaak Sirkel le pide a Ullo Paerand, amigo de la infancia, permiso para escribir su biografía, a lo que éste accede; tras unas cuantas entrevistas desesperadamente poco fructíferas, Jaak se da cuenta de que tendrá que investigar en la vida de Ullo  todo aquello que éste, intencionada o impremeditadamente, le oculta. El contenido de esas entrevistas, las especulaciones de Jaak y algún documento original redactado por Ullo, que el biográfo transcribe -un biográfo con sospechosas coincidencias con Kroos-, forman esta impresionante novela, heredera de la gran tradición novelística centroeuropea, que repasa la historia del continente a lo largo del siglo XX  de convulsión en convulsión, y contiene lúcidas reflexiones sobre la memoria y la escritura. Asombrosa.
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24 de octubre de 2015

Contrapunto CVI

Eulàlia X, médico de familia, en su nombre y en representación del estamento médico:
"Fumar acorta en diez años la esperanza de vida".

Arthur Armaingaud, higienista:
"Una persona que lee a Montaigne tiene una esperanza de vida de diez a quince años superior a la de uno que no lo ha leído."

22 de octubre de 2015

Contrapunto CV

El bostezo es uno de los actos reflejos que tengo en mayor estima: nadie ha averiguado aun con seguridad para qué sirve.

20 de octubre de 2015

H de halcón

H de halcón. Helen Macdonald. Ático de los Libros, 2015
Traducción de Joan Eloi Roca. Revisión técnica de cetrería de Carlos Galindo
"Hay un tiempo en la vida que esperas que el mundo esté siempre lleno de cosas nuevas. Y luego llega el día en que te das cuenta de que no será así en absoluto. Ves que la vida se convertirá en una cosa llena de agujeros. De ausencias. De pérdidas. De cosas que estuvieron allí y ya no están. Y te das cuenta, además, de que tienes que crecer alrededor y entre los vacíos, aunque si alargas la mano hacia donde estaban las cosas sientas esa tensa , resplandeciente opacidad del espacio que ocupan los recuerdos." 
Helen Macdonald, profesora e investigadora de la Universidad de Cambridge, pierde súbitamente a su padre, con el que la unía una estrecha relación, y como homenaje pero también como terapia para superar su período de duelo, decide aferrarse a una antigua afición y adiestrar a un azor (Northen goshawk en inglés), un ave especialmente difícil de afeitar, una hembra joven a la que llama Mabel. La experiencia con el ave durante su primer año de adiestramiento y los cambios emocionales de Helen con respecto al fallecimiento de su padre son el esqueleto sobre el que se construye H de halcón (H is for Hawk, 2015).

Una consideración previa: la interrelación de la muerte del padre con la decisión de adiestrar un ave rapaz podría ser -de hecho contiene todos los elementos para serlo- terreno abonado para las especulaciones inútiles, perversas, parciales y tendenciosas, debidas a la ignorancia y a la incontinencia, de toda la caterva psicoanalítica y de sus imitadores, reformuladores, imitadores y epígonos. No es solamente que la propia Macdonald rechace cualquier acercamiento de este tipo:
"Se podría explicar lo que me pasó acudiendo a libros y artículos. Se puede leer a Freud, o a Klein. Se pueden leer toda una serie de teorías sobre el apego, la pérdida y el duelo. Pero todas esas explicaciones proceden de un mundo en el que no está el azor. No ayudan. Son como intentar describir qué se siente al estar enamorado mostrando un TAC de un cerebro enamorado. Tienes que buscar la respuesta en otros lugares"; 
sino que el libro que nos ocupa va mucho más allá de las interpretaciones para centrarse en el hecho en sí de los cambios emocionales y conductuales que conlleva esta relación, tanto para el ave como para el cetrero. En todo caso, de todas las formas que uno puede experimentar para aislarse de un mundo inclemente que te ha tratado con implacable crueldad, el regreso a la naturaleza, cruel y despiadada en sí misma -en contra de la identificación como Arcadia feliz- posee la lógica de la inmediatez. Y la integración se llevaría a cabo no con la dominación contemporánea del medio -la domesticación, volveré sobre ello más adelante- sino mediante el intento de capturar el "alma" del animal a través de cualquier sistema representativo, como sería el caso ancestral de las pinturas rupestres, o el puro mimetismo, disfrazándose de animal.

La pérdida de un ser querido conlleva un estado cercano a la alienación parecido al desconcierto del instante justo después de despertar, en los que la identidad se mantiene en latencia y la falta de referencias provoca unos momentos en los que la relación con la realidad queda suspendida; pero, al contrario del caso de la vigilia súbita, ese instante se prolonga en el tiempo hasta que regresan las referencias o, en algunos casos, nos vemos obligados a sustituirlas, como si la persona que nos ha dejado se hubiera llevado consigo una parte de nosotros mismos que su ausencia nos imposibilitara para recuperar. Una de las formas que puede tomar esa recuperación es aferrarse a algo que hubiéramos compartido con el fallecido, o algo completamente nuevo que ocupe de tal manera nuestra conciencia que, por saturación, no deje lugar al sentimiento de pérdida. Helen elige adiestrar un azor, el ave rapaz más difícil de vencer; es su prueba, desafiante, inalcanzable, amenazadora, un verdadero reto que no se basa en la dominación de poder a poder sino en la complicidad y la persuasión: no se trata de una sustitución, un azor a cambio de un padre, sino de la búsqueda de una nueva Helen.


Por una parte, la muerte llama a la muerte; por otra, hace falta mucha vida para desafiar a la muerte.


La naturaleza es cruel únicamente si la consideramos bajo el punto de vista humano, bajo la  compleja, relativa y maniquea escala de valoración según la que juzgamos nuestros actos. Tal vez existe un componente atávico, datado justo antes de la época en que el antecesor del homo sapiens se preguntó acerca de las consecuencias morales de sus actos, compuesto de un cruel salvajismo que le hace considerar con la misma valorable condescendencia la muerte en la naturaleza y la muerte en la tribu protohumana. Pero no alcanza ni para admirar la crueldad del mundo salvaje ni para justificar, en ninguna situación, su equivalente humano. Esta reflexión y las sucesivas apariciones del tema, es uno de los aciertos de Macdonald, la muerte y la crueldad, y el inmenso error de la consideración moral:

"Era siempre allí, arrodillada con Mabel sobre su presa, cuando acudían los pensamientos, cuando me preguntaba cómo podía hacer esto, cómo podía estar cazando. Aborrezco matar. Odio pisar a las arañas y se ríen de mí porque salvo a las moscas. Pero ahora entiendo por primera vez en qué consiste la sed de sangre. Fue sólo al estar alineada con el ojo del halcón cuando cobró sentido; pero entonces tuvo más sentido que ninguna otra cosa en el mundo [...]. Cazar con el azor me había empujado al auténtico límite de lo que es ser humana. Y luego me llevó más allá de ese lugar, a un sitio en el que ya no era humana en absoluto."
El azor no apresa, mata y come, sino que apresa y come, y en algún momento entre estas dos acciones, la presa muere.
"En mi tiempo con Mabel he aprendido que te sientes más humana una vez has conocido, aunque sea en tu imaginación, lo que es no serlo. Y he descubierto, además, el peligro que conlleva confundir las nociones de salvajismo que atribuimos a un animal con el espíritu salvaje que lo anima. Los azores son una cosa hecha de muerte y sangre y violencia, pero no son excusas para atrocidades. Su inhumanidad debe salvaguardarse porque lo que hacen no tiene nada que ver con nosotros."
En cuanto al adiestramiento, tal vez ejercitar a un ave de presa sea un sustitutivo de la propia crueldad, un modo de ser cruel sin ser culpable. O incluso, un regreso al pasado, un retroceso en la Historia, cuando la sociedad marchaba a un paso diferente, las relaciones sociales de mantenían conforme a unas coordenadas distintas, y la interacción del hombre con la naturaleza y con la muerte diferían de la actual. Un tiempo que parece pertenecer al ave, siendo el hombre un elemento anacrónico; un tiempo al que tal vez haya que regresar para hacer posible la convivencia con ella a una misma frecuencia, haciendo así y sólo así posible la comunicación.
"No estaba adiestrando a un azor porque deseara sentirme especial. No quería que el azor me hiciera sentir que era mi derecho campar por las tierras de mis antepasados más antiguos. No tenía tiempo para la historia, nada de tiempo. Estaba adiestrando al azor para hacer que todo desapareciera.
Foto de Juan Sagardia
El adiestramiento del azor es también una instrucción para el adiestrador. Cuanto más salvaje es el animal menos funciona el sistema de castigos -que, en condiciones normales, implanta la conducta deseada con más rapidez y más permanentemente-; lo más efectivo es el reforzamiento positivo, el sistema de modulación mediante pequeñas recompensas hasta implantar la conducta deseada.
"No debo mirar al azor a los ojos. No debo castigar al halcón aunque se debata [se resista, en el argot de la cetrería], y me golpee, y mi mano esté en carne viva por los picotazos y mi rostro arda por las bofetadas de sus alas. A loa azores no se los puede castigar. Preferirían morir a someterse. La paciencia es mi única arma. Paciencia, Derivada de patior. Que quiere decir sufrir."
Tampoco sirve la imposición de la presencia del adiestrador, que podría confundir al animal y contaminar el proceso: el ser humano debe desaparecer; en este primer estadio, debe cortarse cualquier posibilidad de establecimiento de vínculo emocional que pueda afectar a la fiereza del animal, el adiestrador debe limitarse a ser el sostén, el sustituto de la barra en la que se sostiene el ave, y la recompensa, el trozo de carne que sujeta con el mismo puño. El resto, debe disolverse. Nada de imposiciones, pues; solamente hay una existencia primaria, el ave; y ha de ser ésta la que debe descubrir la nuestra cuando se le presente, en principio, como un elemento más de su entorno que no posee componentes amenazadores -en definitiva, que la presencia humana no se le imponga-: el primer vínculo, en este momento, queda establecido.
"Observó [Mabel] hasta dónde llegaba el techo, las líneas de las estanterías bajo él, inclinó la cabeza para considerar la serie de caóticos flecos del extremo de la alfombra. Y entonces se produjo un momento decisivo. No fue el que yo esperaba, pero fue igualmente emocionante. Mientras contemplaba la habitación con simple curiosidad, volvió la cabeza y me vio. Y se sobresaltó. Dio un pequeño saltito de sorpresa exactamente igual que habría hecho un humano. Sentí su sorpresa y el apretón de sus garras, frío y eléctrico. Ese fue el instante. Hacía sólo un minuto yo era tan aterradora que no existía nada más. Pero luego me había olvidado. Sólo durante una fracción de segundo, pero había bastado. El olvido era delicioso porque era una señal de que el azor comenzaba a aceptarme. Pero lo acompañaba un entusiasmo más profundo y oscuro. La emoción de haber sido olvidada."
En la mayoría de animales nacidos en cautividad, no se trata tanto de "recordarles" su naturaleza como de que "aprendan" quién son. El adiestramiento -adiestrar: "amaestrar, domar a un animal" (DRAE); derivado del latín dexter, raíz común de "destreza"; se adiestran individuos- es diametralmente opuesto a la domesticación -domesticar: "reducir, acostumbrar a la vista y compañía del hombre al animal salvaje" (DRAE); derivado del latín domesticus, y éste de domus, casa-, y consiste en compatibilizar su naturaleza con nuestra presencia; en el caso de las aves de presa, que mate para nosotros.

No existe adiestramiento que pueda modificar el carácter depredador del ave; cualquier tipo de entrenamiento debe dirigirse a modificar la interrelación ave-cetrero, pero no puede contradecir el  instinto depredador del azor: sus apetitos restan incólumes tras el proceso. Se trata, principalmente, de la creación de un vínculo que trasciende el viejo paradigma "conducta adecuada-recompensa. En el caso del ave rapaz, además, de lo que se trata es de que ese nuevo vínculo "ave-cetrero" no interfiera en ningún momento con la conducta instintiva -localizar, perseguir, atrapar, matar- básica del ave. Hasta qué punto el nuevo vínculo entra a formar parte de la conducta instintiva como un componente añadido, o simplemente se implanta como un nuevo elemento lo explicaría la imposibilidad de domesticar un azor, es decir, la inviabilidad de que ese vínculo modifique la especie y sea heredable genéticamente. El adiestramiento triunfa cuando consigue la perfecta combinación entre lo salvaje y lo doméstico en un desinteresado intercambio, en el que ambos intervinientes deben renunciar a la ventaja, que dote a cada uno de las mejores cualidades del otro. El hombre aporta su domesticidad y el animal su salvajismo, y ambos deben aprehender la cantidad suficiente de la cualidad del otro para hacer posible la relación, pero sólo en la cantidad precisa para que siga prevaleciendo su naturaleza. Si el intercambio no se realiza, la comunicación es imposible; si se realiza en exceso, ineficaz: asilvestra demasiado al hombre, con lo que su aportación pierde todo sentido, o domestica en exceso al animal, lo que lo convierte en un inane animal de compañía.


Capítulo de la serie de TVE "El hombre y la Tierra"