8 de junio de 2015

Una danza para la musica del tiempo II. Primera estación: Primavera


I. Un problema de formación

Más allá de la importancia relativa de la primera frase de una novela y de toda la mítica que se ha escrito acerca de cómo es capaz de condicionar el resto del texto o de la deriva que imprime al lector, la realidad es que, realmente, parece tratarse de una cuestió  anecdótica y, en cierta medida, más fruto de la casualidad -es decir, de la inspiración- o de la búsqueda de efectismo que del verdadero oficio. Es posible que “Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta" anticipe la calidad incuestionable de Lolita, pero que una frase como "Longtemps, je me suis couché de bonne heure", con su titubeo gramático incluido, anticipe la grandeza de À la recherche du temps perdu es una ficción insostenible. En definitiva, parece que se puede sostener esa dudosa hipótesis cuando se trata de buenas primeras frases de buenas novelas -que, por cierto, son las que han hecho fortuna y han pasado al anecdotario de la historia de la literatura-, pero la existencia de malas novelas con aceptables primeras frases y de buenas novelas con primeras frases manifiestamente mejorables debería ser suficiente para rechazarla.

En cambio, si se amplía el ángulo de análisis y de lo que se trata es de examinar el primer párrafo, los hay que constituyen una implacable declaración de principios, un avance, más de estilo que de trama, de lo que se encontrará el lector a partir del segundo; y, para los lectores corrientes, puede llegar a justificar la decisión de si vale la pena seguir con la lectura o descartarla definitivamente, extremo al que difícilmente, al menos de manera justificada, se le puede atribuir a una sola frase. ¿Un ejemplo? Ahí va:
"Los hombres que trabajaban en la esquina se habían montado en plena calle una especie de campamento, cuyo perímetro parecía marcado por las luces rojas de unas lámparas de seguridad montadas sobre trípodes, al borde de una sima en la carretera que conducía a la red de desagües subterráneos. Y allí, reunidos en torno a un cubo lleno de ascuas de carbón colocado frente a la entrada de su refugio, se distinguían varias figuras humanas dedicadas a frotarse el cuerpo con los brazos y a restregarse las manos, como si fueran comediantes que, con sus exagerados gestos, estuvieran representando una pantomima para dar expresión formal a la idea del frío extremo. Uno de ellos, un tipo enteco enfundado en un mono azul, más alto que los demás, con la actitud jocosa y una nariz larga y puntiaguda como la de un bufón shakesperiano, se adelantó de pronto y, como si ejecutara algún ritual, arrojó a las brillantes ascuas de carbón cierta sustancia..., aparentemente los restos de un par de arenques medio envueltos en papel de periódico. Su acción provocó la erupción de una viva llamarada y después la de una columna que el viento del noreste arremolinó en su ascenso. Y mientras la oscura humareda flotaba por encima de los tejados, la nieve comenzó a caer suavemente del cielo grisáceo, con copos que se deshacían con un leve siseo al alcanzar el cubo. Las llamas remitieron de nuevo y los trabajadores se apartaron del fuego como si todas aquellas ceremonias hubieran concluido de momento; unos para descender dificultosamente al interior de la zanja y otros para retirarse a las sombras de su refugio de lona alquitranada. Los copos agrisados seguían cayendo indecisos, mansamente, mientras el aire se impregnaba de un olor áspero y amargo a gas. Despuntaba el día."
Nick Jenkins, el narrador y alter ego de Powell, estudiante, hace su presentación, muestra la vida en el college y a sus compañeros, personajes que irán apareciendo a lo largo de la obra. Asistimos a las fiestas y a las estancias en casa de sus colegas. Un primer enamoramiento adolescente desemboca en un viaje a Francia.
"No es bueno leer demasiado -dijo Widmerpool-. Te hace mirar la vida desde una perspectiva falsa. En todo caso, familiarízate un poco con autores normales. A eso no le pondría yo ningún reparo. Pero no es bueno embotarte la mente con el montón de basura que se encuentra en las novelas modernas."
Nick retrata con minuciosidad la vida académica, incluyendo algunas de las relaciones de los profesores con los alumnos, incluso fuera del ámbito escolar, como los tés compartidos en casa de Sillery, un particular profesor y, una vez acabados sus estudios de instituto, reflexionar sobre los fines de etapa, no sólo la escolar.
"Las relaciones humanas florecen y se marchitan rápida y silenciosamente, quizás para que los interesados se den cuenta de lo frágiles o insensibles que se han vuelto los lazos que los unen."
II. Un mercado de compradores

Focalizada, en su mayor parte, en el mundo del arte -el señor Deacon, un mediocre pintor enemigo de las academias, tiene un papel principal-, la segunda novela del ciclo, es seguramente la novela más "social", aunque la cuestión amorosa, ahora ya observada y padecida desde la edad adulta, y que sobrevuela toda la serie, toma ya forma de tema central.
"Esta relación con Bárbara, a pesar de que venía durando menos de un año, me daba la impresión de haber llenado ya una gran parte de mi vida, porque no hay nada que demuestre tanto la intemporalidad del Tiempo como determinados episodios de la temprana experiencia que, al rememorarlos posteriormente, vemos concentrados con increíble densidad en el espacio de unos pocos años, pero que, en cambio, durante los meses en que realmente sucedieron, crearon en nosotros la ilusión de extenderse infinitamente."
En toda obra que abarca un largo período de tiempo, y más si el narrador es el protagonista, se hace presente el papel integrador del recuerdo -pues la obra es, real o ficcionalmente, el resultado de la memoria-; en este caso, Nick especula con el recuerdo actual que posee del recuerdo que le provocó un determinado hecho, siempre ligado a la más íntima experiencia personal, cuando era joven, de algo que sucedió en su niñez.

Cenas y fiestas se suceden -estamos en los felices veinte- y componen el principal modo de relación de las personas de esta tan determinada clase social, y presentando a una aristocracia -recuerden que estamos en la Gran Bretaña- que va cediendo su lugar, a regañadientes aunque condescendientemente, a una burguesía emergente que avanza imparable hacia los centros de poder,
"En aquella época de mi vida, toda clase de cosas se mostraban cambiantes y parecían dar vueltas en torno a lo que sólo más adelante revelaría cierto significado y orden."
Independientemente de la formación académica, cuya época abarca Un problema de formación, es en esta segunda novela donde se refiere la verdadera formación del joven Nick, una formación en esa especie de edad-aluvión en la que se recogen experiencias inconexas cuya relación uno mismo es incapaz de descifrar, y que sólo revelarán su importancia y su conexión cuando sean procesadas a la luz de la edad y de ciertos  acontecimientos posteriores.

Es posible que el título de la novela, Un mercado de compradores, haga no sólo referencia la mundo del arte -la presencia de esta manifestación es continua, así como la del anteriormente mencionado señor Deacon-, si no que también haga referencia a la "exposición" del narrador en el mundo de las fiestas, un medio mediante el cual los jóvenes se dan a conocer, establecen alianzas -y enemistades- y obtienen una buena implantación en el mercado, indispensable tanto para conseguir una buena, bien remunerada y ausente de responsabilidad ocupación, como para colocarse con garantía en la primera fila de la carrera para un matrimonio conveniente.
"Nada en la vida puede estar aislado por completo de una infinidad de incidentes: y es notable, aunque sin duda lógico, que la acción determinada por innumerables causas, cada una de las cuales apenas la sugiere y pasa inadvertida las más de las veces, encuentre, al cabo, el momento aparentemente ideal para su expresión última. Tan cierto es esto que lo ocurrido antes, a todos los efectos y propósitos, desaparece a menudo como tragado por la oportunidad del clímax que, superficialmente por lo menos, se nos presenta como la sola causa de su cumplimiento. Las circunstancias que me habían traído al estudio de Barnby eran un buen ejemplo de esta complejidad de la experiencia. Pero todavía faltaba lo mejor."
Se trata, pues, de encontrar, por una parte, el lugar que corresponde en un mundo que parece huir del protagonista a cada intento de acercamiento, pero también de tener la capacidad -pues ésta sería una de las características inherentes a la madurez- e integrar todas las experiencias de diversa y a menudo opuesta índole en la conciencia del individuo sin que por ello perdiera la consistencia debida e imprescindible.

III. El mundo de la aceptación

Abocado ya al mundo profesional, Nick imagina malos presagios para su futuro. En contraposición, se cita un caso literario que le sirve al protagonista para plantear sus dudas ante el proceso de creación.
"¿Cómo podría un escritor -me preguntaba a mí mismo- tratar de describir en una novela a un joven como Mark Members, por ejemplo, que tantas cosas tenía en común conmigo mismo y que, sin embargo, era tan diferente? [...] Obervados desde cierta distancia, Members y yo podíamos ser vistos razonablemente como unidades casi idénticas del mismo organismo, apenas diferenciables incluso para un experto en sociología. [...] Igualmente difícil sería -me dije a mí mismo- transcribir algo que fuera más allá de un grosero esbozo de mi propia personalidad; algo, en todo caso, que no sonara un poco absurdo."
El mundo de la aceptación hace referencia al proceso de cobro contra documentos de exportación, una variante de crédito documentario consistente en un endoso de deuda que se basa en la confianza en que el exportador ha remitido, efectivamente, el envío de la mercancía, y en que el importador hará frente a su pago, una vez recibida; una terminología mercantil puesta a disposición del lector para definir relaciones humanas...
"Cuando, al describir el nuevo empleo de Widmerpool, Templer había hablado del "mundo de la aceptación", su frase me había llamado la atención. Hasta como definición técnica, parecía sugerir lo que todos hacíamos, no sólo en los negocios, sino también en el amor, el arte, la religión, la filosofía, la política..., en todas las actividades humanas, de hecho. El mundo de la aceptación era el mundo en el que el elemento esencial -la felicidad, por ejemplo- proviene, por decir así, del compromiso de pagar una letra. A veces los bienes han sido entregados e incluso has conseguido sacar algún provecho de ellos; otras veces no los has llegado a recibir, y viene el desastre; otras, en fin, te los han entregado, pero resulta que ha cambiado el valor de la moneda. En otro sentido, además, todo el mundo es el mundo de la aceptación cuando uno se aproxima a la treintena; por lo menos se han descartado algunas ilusiones. El mero hecho de seguir existiendo como ser humano es una buena prueba."
Nick relata una serie de reencuentros -que se hacen presentes a lo largo de la obra, tanto para informar al lector de qué ha sido de esos personajes que se relacionaron algún día con el protagonista como para fijar la posición del propio narrador- en el Ritz, un episodio cuyo hilo conductor no son las diversas historias en las que él estuvo presente si no las apariciones de su núcleo de viejos conocidos, que traen bajo el brazo su propia historia, y la ampliación de esas relaciones en forma ramificada con los conocidos de los conocidos, la mayoría de los cuales quedan incorporados a la historia principal en la medida en que entran en relación, por las causas más diversas, con el protagonista.
"Al evocar más adelante aquella cena en el Grill, me parecía ver en ella el carácter de un festín ritual, de una ceremonia de la que salimos los cuatro para asumir nuevas posiciones en la precisa coreografía de la danza con que tiene que ver la vida humana. Pero en aquel entonces, su encanto pareció residir en su diferencia con respecto al curso habitual de las cosas. Ciertamente el principal objetivo de la proyectada visita sería la ausencia de cualquier plan previo. Pero, en cierto sentido, no hay nada planeado en la vida -o lo está todo hasta el último detalle- porque en la danza cada paso es, en definitiva, el corolario del paso anterior: la consecuencia de ser la clase de persona que es uno."
Aparece, por fin, Jane, 
"Cuando te enamoras, siempre lo haces de dos personas: de una real y de otra imaginaria; a veces te sientes atraído sobre todo por la primera y otras por la segunda. En aquel instante yo amaba a la Jean real"
a lo largo de un extenso discurso acerca del tratamiento literario del mundo femenino en la literatura inglesa y de la adquisición práctica de algunas nociones de "psicología femenina". Cierran el texto una extraña sesión de espiritismo, una cena de antiguos alumnos, con sus correspondientes reencuentros, y una sublime demostración de la veracidad de la expresión in vino veritas.

Otros recursos relativos a la obra, ya publicados:
Una danza para la música del tiempo I. Presentación

Otros recursos relativos a la obra, en próximas publicaciones:
Una danza para la música del tiempo III. Segunda estación: Verano
Una danza para la música del tiempo IV. Tercera estación: Otoño
Una danza para la música del tiempo V. Cuarta estación: Invierno

4 de junio de 2015

Una danza para la música del tiempo I. Presentación

Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/A_Dance_to_the_Music_of_Time_(painting)#/media/File:
The_dance_to_the_music_of_time_c._1640.jpg
"A mí me impresionó por diezmilésima vez el hecho de que la literatura ilumine la vida sólo a aquellos para quienes los libros constituyen una necesidad. Los libros son bienes no convertibles, que sólo pueden ser transmitidos a aquellos que ya los poseen."
Una danza para la música del tiempo (A Dance to the Music of Time) es el título colectivo, inspirado por el cuadro de Nicolas Poussin La Danse de la vie humaine o La Danse des Saisons, ou l'Image de la vie humaine (1633-1634), con el que se conoce el ciclo narrativo de doce novelas que Anthony Powell publicó en un período de veinticinco años, de 1951 a 1975. La edición en castellano, en Editorial Anagrama, se realizó agrupando las novelas en cuatro volúmenes siguiendo la edición en inglés de Mandarin Paperbacks (Londres, 1997), que toman el subtítulo de cada una de las estaciones.

La estructura de la obra y la correspondiente traslación a la edición es castellano es la siguiente:

Una danza para la música del tiempo: Primavera (2000), agrupa las novelas
Un problema de formación (A Question of Upbringing, 1951)
Un mercado de compradores (A Buyer's Market, 1952)
El mundo de la aceptación (The Acceptance World, 1955)

Una danza para la música del tiempo: Verano (2001), agrupa las novelas:
En casa de Lady Molly (At Lady Molly's, 1957)
El restaurante chino Casanova (Casanova's Chinese Restaurant, 1960)
Los bondadosos (The Kindly Ones, 1962)

Una danza para la música del tiempo: Otoño (2002), agrupa las novelas
El valle de los huesos (The Valley of Bones, 1964)
El arte del soldado (The Soldier's Art, 1966)
Los filósofos militares (The Military Philosophers, 1968)

Una danza para la música del tiempo: Invierno (2003), agrupa las novelas
Los libros sí amueblan una habitación (Books Do Furnish a Room, 1973)
Reyes temporales (Temporary Kings, 1973)
Escuchando armonías secretas (Hearing Secret Armonies, 1975)

Afrontar la lectura de una obra con esta extensión -más de 2.500 páginas- requiere una buena disposición de tiempo para hacerlo en un plazo prudencial -y sólo entiendo su lectura seguida, sin interponer otros libros- e igualmente óptima disposición de ánimo, porque no se trata de un texto de acción trepidante, intrigas fabulosas y personajes multifacéticos; son también recomendables una libreta para tomar notas y una memoria prodigiosa para los hechos pero, sobre todo, para los nombres. De todos los recursos existentes en la red, tal vez uno de los más útiles en cuanto a información, sin entrar en el aspecto crítico, se encuentra en la sede de la Anthony Powell Society, que, entre otros, contiene una breve sinopsis, un documento que busca los modelos de los personajes principales y un útil índice. Pero si les da pereza sumergirse en la exégesis -pretender abarcar en unas pocas frases tomadas a vuelapluma la complejidad formal y de fondo de una obra de estas características es una pretensión que no está al alcance de este simple comentarista-, a continuación transcribo las habituales Notas de Lectura, más prosaicas y mucho menos profesionales, antes una guía para lectura que sesudas interpretaciones críticas, pero que espero que sirvan para estimular su curiosidad, al menos la de los lectores de grandes ciclos novelísticos y, por qué no, de los que disfrutan con la literatura cuya función es, simple y llanamente, describir la cotidianidad. Pocas veces la ambición de un escritor al plantearse una obra ha estado tan de acuerdo con el resultado obtenido.

Otros recursos relativos a la obra, en próximas publicaciones:
Una danza para la musica del tiempo II. Primera estación: Primavera
Una danza para la música del tiempo III. Segunda estación: Verano
Una danza para la música del tiempo IV. Tercera estación: Otoño
Una danza para la música del tiempo V. Cuarta estación: Invierno

2 de junio de 2015

Nominalia


"Ni los sabios ni los ignorantes pueden reflexionar sobre Dios sin introducir palabras con el fin de suplir su falta de ideas. Y es una desgracia que la única idea que se tiene de la divinidad sea la que ofrecen las palabras que se usaron como sustituto de las ideas."
Jean-Baptiste-René Robinet, De la nature, citado en: Sylvain Maréchal, Diccionario de ateos.

31 de mayo de 2015

Lecturas de mayo

El cuaderno perdido. Evan Dara. Pálido Fuego, 2015
Traducción de José Luis Amores
Independientemente del tiempo narrativo del que se trate -hay novelas que tratan el tiempo de forma lineal; otras, mediante saltos hábilmente programados; otras, se fundan en el desorden; algunas, incluso, retroceden hacia el principio-, la lectura es un proceso serial, y la comprensión de un texto extenso funciona por acumulación: acompañando o más allá del acostumbrado vuelo lineal del planteamiento, nudo y desenlace -que puede enmascararse en multitud de formas-, los textos narrativos usuales siguen una dirección de atrás hacia adelante y, por acumulación o por complementariedad, cuentan una trama que es comprendida en este mismo sentido: nuestra comprensión de la trama va completándose a medida que avanzamos en la lectura: cada nuevo dato amplía nuestra comprensión en una sola dirección. Otros textos, sin embargo, funcionan justamente al revés: la comprensión del texto retrocede, es decir, ocurre de delante hacia atrás, las justificaciones anteceden a los hechos, los protagonistas se disuelven en la trama y el proceso se invierte; se requiere del lector una memoria prodigiosa, pues los hechos que se narran no pueden recordarse en relación a la historia ya que su justificación se difiere, en ocasiones, a cientos de páginas posteriores; una atención esmerada, pues cualquier anécdota aparentemente irrelevante puede adquirir un papel predominante páginas después; y una capacidad de análisis eminente para advertir aquellos nexos existentes entre los distintos fragmentos y recomponer, posteriormente, esa trama disuelta. La dificultad no es un mérito, pero esa extraña satisfacción que sentimos cuando logramos algo que ha requerido esfuerzo, a menudo, no tiene precio. Si quieren distraerse leyendo, busquen por ahí alguno de los numerosos y bien dotados premios literarios patrios; si lo que quieren es disfrutar, deberían ustedes leer El cuaderno perdido. Deberían.
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Cuentos completos. Kingsley Amis. Impedimenta, 2015
Traducción de Raquel Vicedo
A pesar de ser uno de los componentes más representativos del grupo de los angry young men -verdadera reacción popular a los excesos cursis, afectados y pedantes de los pijos de Bloomsbury-, con el componente de lo que ahora llamaríamos anti-sistema, Amis, en mayor medida que la mayoría de sus compañeros, es la materialización de la elegancia de estilo, es el Saville Road de la literatura inglesa de mediados del siglo XX. Crítico con el sistema sociopolítico de una Gran Bretaña cuyas heridas de guerra no cicatrizaron para todas las clases sociales con la misma rapidez, Amis es un maestro del cinismo: una postura que puede ser muy peligrosas en manos de un político -tanto, que debería desterrarse como opción en cualquier sistema democrático-, es, en cambio, un punto de vista muy aconsejable para el analista; para el escritor sobre temas políticos o especialmente preocupado, aunque sea indirectamente por ellos, y manejado con habilidad, puede convertirse en la opción más aconsejable y fructífera. Si a ello se añade la contención no tanto como recurso estilístico si no como opción moral, y uno se maneja con destreza en este terreno, el resultado es uno de los escritores mayores de las islas del siglo pasado. Amis no cuenta, explica; tal vez por esa razón sus escritos incluidos en este volumen no deberían llamarse cuentos si no relatos. Un libro imprescindible.
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22 de mayo de 2015

Contrapunto CI

Voy a desterrar de mi vocabulario la palabra "creo" y sustituirla por, según corresponda, "pienso" o "me parece".

12 de mayo de 2015

El cuaderno perdido

El cuaderno perdidoEvan DaraPálido Fuego, 2015
Traducción de José Luis Amores
De autorías

Es innegable la fascinación que ejerce en el ánimo del lector, y puede que también, positiva o negativamente, en su valoración, el caso del escritor oculto, enmascarado o pseudonomizado: el retiro voluntario de J. D. Salinger, la desaparición de Thomas Pynchon, la ocultación de Cormac McCarthy, el enmascaramiento de Bern Traven, la reclusión de Miquel Bauçà; el trío Barth-Barthelme-Gaddis ha dado lugar a numerosas y jocosas especulaciones, algunas promovidas por ellos mismos, acerca de la autoría de sus libros; y, entre los casos irresueltos, el de el-escritor-que-dice-llamarse-Evan Dara, norteamericano residente en París autor de tres novelas, The Easy Chain (2008), Flee (2013), y este El cuaderno perdido (The Lost Scrapbook, 1995); y fue precisamente la aparición de este libro lo que disparó las especulaciones acerca de su existencia real, de si bajo ese nombre se ocultaban quien decía ser o se trataba de un pseudónimo adoptado por Richard Powers, otro autor fundamental de la narrativa postmoderna norteamericana, también prácticamente ignorado en castellano.

De conexiones 

El volumen editado por Pálido Fuego contiene una excelente y excesivamente corta introducción -adecuadamente titulada "El mundo real desde el otro lado de la soledad residencial", que en la cabeza de este lector dispara inmediatamente las conexiones con a) los relatos de John Cheever, y b) la magnífica Revolutionary Road, empezando a tejer la tupida red de conexiones, precursores y seguidores incluidos, que se ha hecho presencia ineluctable a lo largo de la lectura de la novela- entiendo que dedicado especialmente a esta edición, de Stephen J. Burns, profesor de la Northern Michigan University y editor de Conversaciones con David Foster Wallace (Conversations with David Foster Wallace, 2012). Aparte de otras consideraciones enormemente interesantes, recupera una cita de Edgar Allan Poe de mediados del siglo XIX cuya actualidad sorprende:
"Los escritores más "populares", más "exitosos" de entre nosotros (al menos durante un breve período) son, en noventa y nueve de cada cien casos, personajes meramente hábiles, perseverantes, osados: en resumen, entrometidos, aduladores, charlatanes. Gente que logró imponerse  con facilidad sobre editores aburridos [...], se adjudicó reseñas favorables escritas o mandadas escribir por partes interesadas [...]. De tal modo se fabrican "reputaciones" efímeras que, en su mayoría, sirven para sus propósitos específicos, o sea: llenar la bolsa del charlatán y del editor del charlatán."
"Cualquier parecido con la realidad..." , casi doscientos años después.

Posteriormente, centrándose en Evan Dara, propone una correspondencia -supongo que necesariamente abreviada debido al contexto, una breve introducción- interesante, si no por dogmática al menos como propuesta de debate:


James Joyce

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T. S. Eliot
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William Gaddis
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Thomas Pynchon
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Don DeLillo
______________|______________
|                                                                            |
Evan Dara                                                     A. M. Homes
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Jonathan Franzen                                           Jhumpa Lahiri
|                                                                            |
Richard Powers                                            Jonathan Lethem
|                                                                            |
David Foster Wallace                                    Colson Whitehead

De méritos

La historia de la literatura a lo largo del tiempo ha dado y quitado razones, con la misma facilidad, a algunos lugares comunes que, cada cierto tiempo, renacen con la persistencia de las malas hierbas. Uno de los más letales es la supuesta correspondencia entre autor minoritario y calidad literaria; no hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que si hoy en día han desaparecido de todo tipo de cánones autores que en su tiempo fueron sumamente populares, con más razón se habrán esfumado la mayor parte de los que no lograron atraerse el favor del público. Desengañémonos directamente: no hace falta acudir a ninguna demostración para concluir que la inmensa mayoría de autores que no fueron, en alguna medida, populares en su tiempo, no han pasado tampoco la prueba de los años; ¿excepciones? Sí, algunas, muy pocas; una de las aproximaciones a la definición de clásicos habla de esos libros que perviven en el tiempo y que siempre tienen algo que decir; mínima  debe ser esa aportación si ya no dicen nada ni siquiera a sus contemporáneos.

Otro de los lugares comunes más concurridos, y con llenos espectaculares en estos tiempos donde parece que la nómina de reseñistas-a-la-última supera a la de escritores, y la de éstos a la de lectores -pobres lectores hasta que se dan cuenta de que ni el reseñista ha leído el libro ni el escritor lo ha escrito-, es la originalidad -o su equivalente contemporáneo, la transgresión-, como si se tratara de un recipiente sin fondo que acepta todo lo que se vierte en él, cuando es más bien una magnitud que se puede incrementar hasta un punto que conlleva la rotura de la vasija -ah, modernidad, cuántos crímenes se han cometido en tu nombre... y los que se cometerán!-, malográndose todo su contenido: la innovación se transforma en una parodia de sí misma, acaba perdiendo todo su sentido y se convierte en irrelevante.

De tiempos

Ya que toda transgresión literaria se enmarca en un contexto temporal determinado y, comúnmente, consiste en un replanteamiento que anticipa escenarios literarios futuros -"una obra adelantada a su tiempo"-, lo peor que puede sucederle es que, una vez alcanzado ese escenario, acabe mostrándose superada, falaz o, en el peor de los casos, anticuada. Así, practicando una generalización sin ninguna intención de ejemplaridad y obviando el lugar en que puede fijarse el gusto general de los receptores, parece más usual la pervivencia de una obra anclada en un momento determinado y una estética contemporánea que aquélla que busca romper el statu quo. En el caso más extremo, la obra "adelantada a su tiempo" fía su valoración en un futuro ya que ni el público ni la crítica están preparados para juzgarla -y a uno le viene a la cabeza el verso que dedica al juicio diferido el burlador de Sevilla-; el riesgo que corre es, pues, doble: o una vez alcanzado ese futuro se demuestra irrelevante -lo más "moderno" sería, en ese sentido, lo primero que se queda antiguo- o, en el peor de los casos, la obra acaba disolviéndose en ese presente intemporal y ni siquiera alcanza ese futuro al que, presumiblemente, pertenece.

De cuadernos perdidos

En contra de lo que sostiene el tango, veinte años son un mundo -y los últimos veinte, si a eso vamos, un universo entero-. ¿Cómo se lee, en 2015, una novela que cuando se publicó por primera vez, en 1995, suponía, aun contando con sus deudas a algunos precursores -la sombra del Jota Erre de William Gaddis, publicada veinte años antes, en 1975, es alargada-, una innovación en el campo de lo que solemos llamar "novela"? Pues para este motivado lector, amante de los clásicos pero con mentalidad abierta a las innovaciones, se lee de maravilla; y si de algo puede quejarse, otra vez, es de la miopía del mundo editorial en castellano -segunda o tercera lengua del mundo; o cuarta, da lo mismo- que ha retenido esta maravilla en el purgatorio -"e canterò di quel secondo regno dove l'umano spirito si purga e di salire al ciel diventa degno"- de los "no-traducidos".

Ya que excede de las intenciones, de los conocimientos y de las capacidades de este lector escribir una reseña crítica de una novela para la que no basta una sola lectura, me limitaré a dos aspectos que, entre muchos otros, me han llamado la atención.

Del todo y sus partes
"Reconstruimos el cristal con fragmentos de vidrio dispersos."
También todo escrito, bien que lo sabía Zenón, puede dividirse en partes, sea un pastel o la distancia que tiene que recorrer Aquiles; secciones, capítulos, párrafos, en el aspecto formal, y narradores, episodios, diálogos, en lo que respecta a la trama. Sin embargo, comúnmente es un todo lo que es divisible en sus partes, y el límite de la divisibilidad sería el mantenimiento del sentido con respecto al conjunto: cada parte debe remitir a éste y sólo a éste y, además, debe tener sentido por sí misma. Pero existe otro proceso de división, que puede afectar por igual a la forma y al contenido, que es la fragmentación del discurso: una sola trama construida por medio por medio de fragmentos presumiblemente aislados o con una conexión tan débil que casi no existen referencias cruzadas entre ellos -y que cuando existen constituyen los hitos que el lector debe mantener bien presentes si no quiere perderse entre laS partes-. Esta fragmentación provoca curiosos efectos en la conciencia del lector ya que a la experiencia intelectual de la lectura y a la usual dificultad, de mayor o menor intensidad- para decodificar el mensaje escrito, se añade el escollo que supone el inconveniente de integrar esos fragmentos aislados para re-componer la trama única que ideó el escritor: se trata de acumular información para la que deberá, antes de integrarla en el conjunto, buscar el lugar al que pertenece. ¿De qué se trata, pues? ¿De una novela convencional escrita de un modo alternativo? No, no sólo; pero para responder a esta pregunta, deberían ustedes leer El cuaderno perdido. Deberían.

Del orden del discurso

Independientemente del tiempo narrativo del que se trate -hay novelas que tratan el tiempo de forma lineal; otras, mediante saltos hábilmente programados; otras, se fundan en el desorden; algunas, incluso, retroceden hacia el principio-, la lectura es un proceso serial, y la comprensión de un texto extenso funciona por acumulación: acompañando o más allá del acostumbrado vuelo lineal del planteamiento, nudo y desenlace -que puede enmascararse en multitud de formas-, los textos narrativos usuales siguen una dirección de atrás hacia adelante y, por acumulación o por complementariedad, cuentan una trama que es comprendida en este mismo sentido: nuestra comprensión de la trama va completándose a medida que avanzamos en la lectura: cada nuevo dato amplía nuestra comprensión en una sola dirección. Otros textos, sin embargo, funcionan justamente al revés: la comprensión del texto retrocede, es decir, ocurre de delante hacia atrás, las justificaciones anteceden a los hechos, los protagonistas se disuelven en la trama y el proceso se invierte; se requiere del lector una memoria prodigiosa, pues los hechos que se narran no pueden recordarse en relación a la historia ya que su justificación se difiere, en ocasiones, a cientos de páginas posteriores; una atención esmerada, pues cualquier anécdota aparentemente irrelevante puede adquirir un papel predominante páginas después; y una capacidad de análisis eminente para advertir aquellos nexos existentes entre los distintos fragmentos y recomponer, posteriormente, esa trama disuelta. La dificultad no es un mérito, pero esa extraña satisfacción que sentimos cuando logramos algo que ha requerido esfuerzo, a menudo, no tiene precio. Si quieren distraerse leyendo, busquen por ahí alguno de los numerosos y bien dotados premios literarios patrios; si lo que quieren es disfrutar, deberían ustedes leer El cuaderno perdido. Deberían.

2 de mayo de 2015

Los clásicos

"A veces los hombres se expresan a favor de que el estudio de los clásicos deje por fin paso a otro tipo de estudios, más modernos y prácticos, pero el estudiante aventurero leerá siempre a los clásicos [...]. Al fin y al cabo, ¿qué son los clásicos sino el registro de los mejores pensamientos de los hombres? Son los únicos oráculos que no han envejecido, y en ellos se encuentran respuestas a las preguntas más modernas."

30 de abril de 2015

Lecturas de abril

Salmo 44. Danilo Kis. Acantilado, 2014
Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
Un grupo de tres prisioneras judías -que se han salvado de la muerte por distintas razones- esperan la hora acordada para fugarse de un campo de exterminio nazi, justo cuando el avance de los aliados es inevitable y se oyen ya, a ráfagas y en la distancia, sus cañones. El trío lo forman Zana, que es el enlace con el exterior y quien lleva el peso de la organización de la fuga; Polia, que fallece enferma justo antes del momento de escaparse; y Marija, madre de un bebé nacido en cautividad cuyo padre, Jakob, médico, colaboró con uno de los ejecutores de la "solución final", la protagonista del relato, que abarca las últimas horas en cautividad y la fuga propiamente dicha. Es en ese no-tiempo que precede a la hora acordada para escapar, entre los preparativos y las dudas, Marija evoca episodios de su vida en un caos de recuerdos que ni siquiera es capaz de ordenar cronológicamente; incluso éstos se mezclan con las pesadillas, hasta el punto de impedir distinguirlos debido al efecto destructor del tiempo cuando éste transcurre en un campo, llegando a provocar la pérdida de la identidad. ¿Cómo se deshace uno de los recuerdos indeseables, cuando estos se erigen en una amenaza que refuerza la que proporciona la propia situación de prisionero? ¿Existe algún sistema de simple borrado, alguna solución para hacer tabula rasa? ¿Tal vez viviendo experiencias peores, la huella de las cuales expulse, por acumulación y puro desborde del continente, los recuerdos antiguos? Kis sostiene que el recurso fundamental para sobrevivir es aprender a tener esperanza -es decir, lo contrario a la resignación- y de este modo pertrechar a la vida para que pueda resistirse a la muerte, ese afán de supervivencia que los humanos compartimos con el resto de los animales; primero, mediante el razonamiento, después, cuando éste se ha revelado inútil, con el puro instinto. Sobrecogedor.
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Aniara. Harry Martinson. Gallo Nero, 2015
Traducción de Carmen Montes
En un futuro no demasiado lejano, la Tierra como lugar de residencia de la especie humana, devastada por la irresponsabilidad de sus habitantes, ha colapsado y ha dejado de ser viable. Varias naves, repletas con los restos de la civilización, con la parte del medio ambiente que ha sido posible recuperar y con una parte de los supervivientes a la extinción, parten a la busca de mundos alternativos que colonizar y en los que establecerse. Una de estas naves, la que da título al libro, tiene como destino el planeta Marte, pero un incidente la desvía de su objetivo y la deja vagando por el espacio sin destino. Esta epopeya, tratada numerosas veces por la literatura de anticipación, es la excusa utilizada por Harry Martinson, uno de los máximos representantes de la denominada "literatura proletaria" originada en Suecia, para componer un libro insólito y sorprendente, una catábasis que bebe directamente de las fuentes de la poesía épica, Aniara (Aniara, 1956), un conjunto de 103 poemas que Gallo Nero ha publicado en castellano en una impecable traducción y, ante la imposibilidad de trasladar a nuestra lengua la totalidad de matices del original y con una decisión tan valiente como acertada, en forma de prosa. Inquietante y estimulante.
Reseña completa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2015/04/aniara.html
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Tan buenos chicos. Patrick Modiano. Editorial Anagrama, 2015
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
Los fastos mediáticos de la concesión del Premio Nobel han provocado la proliferación urgente -y en algunos casos, descuidada- de las publicaciones de los títulos de Patrick Modiano que no estaban editados en castellano; Anagrama, poseedora de los derechos de la mayor parte de sus novelas y responsable de haber dado a conocer al gran público la obra del francés, ha editado en los últimos meses tres de esos títulos pendientes, uno de los cuales es este Tan buenos chicos (De si braves garçons), una novela que se remonta a 1982, la número nueve de una producción comenzada en el año 1968 que alcanza, ensayos, teatro y literatura juvenil aparte, veintiocho títulos. ¿Es importante esa precisión? ¿En qué medida puede afectar ese desajuste temporal a la lectura de una obra que tiene más de 30 años, cuando ya se han leído obras posteriores? ¿Significa esto que es una obra menor, "superada", inmadura, intranscendente? La prosa, con el tiempo, de Modiano se ha refinado, elementalizado, ha ido perdiendo elementos superfluos y se ha convertido en reconocible porque ha conseguido un tono propio. Sus temas -la memoria, la juventud, París, la Ocupación- se han ido expandiendo y ocupando, progresivamente, el espacio que han dejado libre las subtramas, que han pasado a ser elementos accesorios cuya función ha cambiado desde ayudar a mantener el edificio de su prosa hasta convertirse en motivos ornamentales que complementan pero no forman parte de la estructura de sostenimiento. Sin  embargo, los temas de Modiano ya están ahí y su enfoque narrativo también, y para el lector novel del francés es tan recomendable para acceder a su universo narrativo como muchas otras. Revelador.
Reseña completa en: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2015/04/tan-buenos-chicos.html
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La analfabeta. Relato autobiográfico. Agota Kristof. Alpha Decay, 2015
Traducción de Juli Peradejordi. Prólogo de Josep Maria Nadal Suau
El efecto más pernicioso del exilio no es la pérdida repentina de las costumbres domésticas, la privación del contacto con las personas con que uno de ha relacionado ni sobrellevar el sentimiento de traición de una patria que te ha expulsado de su seno; es convertirse en sordo y mudo ante un idioma que no entiendes ni puedes emplear, o aun peor, en el que debes evitar comunicarte por la facilidad de ser malinterpretado: el verdadero exilio es el lenguaje. A pesar de que la propia Kristof restó importancia a La analfabeta diciendo que era como una redacción escolar, este Relato autobiográfico compuesto de 11 estampas que abarcan desde su niñez en Hungría hasta su definitivo asentamiento en Suiza y la adopción del francés como lengua de escritura, constituye un testimonio desgarrador del extrañamiento provocado por la renuncia a los orígenes, redactado con la frialdad de una solicitud de asilo, la rigurosidad de un formulario de inmigración o la precisión de un acta policial. Kristof, como siempre, expresa más de lo que dice, y es en el contenido de ese desajuste donde se esconden los golpes la conciencia del lector. Conmovedor.
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Autorretrato. Édouard Levé. 451 Editores, 2009
Traducción de Julia Osuna Aguilar
El género autobiográfico puede abarcar tantos planteamientos que a menudo sus fronteras son tan imprecisas como difusas; aunque el más común sea mediante la forma narrativa clásica, es decir, en movimiento, narrando los hechos en que se ha visto involucrado el autor como personaje, algunas alternativas se han centrado más en el retrato, más estático, de la personalidad. En la estela que Georges Perec (Je me souviens), Joe Brainard (I remember) o Kenneth Goldsmith (Fidget), Édouard Levé, artista y fotógrafo francés, compone este Autorretrato mediante el registro acumulativo de datos que se relacionan, directa o indirectamente, con él mismo, totalmente despojado de acción y de emoción -"no escribo para complacer al que me lee, pero tampoco me importaría que fuese así"-, que, como en un cuadro puntillista pero dotando de identidad y de significado a cada pincelada, acaban configurando un autorretrato detallado y veraz, un verdadero viaje a su propia conciencia. Iluminador.
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SuicidioÉdouard Levé. 451 Editores, 2010
Traducción de Julia Osuna Aguilar
Estructurado como un alegato que el narrador dirige a un supuesto amigo que se ha suicidado con veinticinco años -"desde hacía tiempo pensabas tan a menudo en la muerte que te habías familiarizado con ella"-, el texto oscila entre la envidia hacia quien ha tenido el coraje de desaparecer por su propia voluntad -la atracción del abismo, el suicidio detalladamente planeado- y el sentido reproche por haber sido abandonado. A medida que avanza el relato, el narrador se descubre facilitando tanta información sobre el suicida que hace dudar acerca de su identidad, más cuando algunos detalles referentes a éste coinciden sospechosamente con el protagonista de Autorretrato, es decir, con el propio autor. Es imposible leer Suicidio obviando las circunstancias en que fue escrito y publicado, ignorando el fin que tuvo el autor días después de entregar el manuscrito a su editor: "tu vida fue una hipótesis. Los que mueres viejos son una mole del pasado. Se piensa en ellos, y aparece lo que fueron. Se piensa en ti, y aparece lo que podrías haber sido. Fuiste y serás una mole de posibilidades". Estremecedor, pero por cuestiones extraliterarias.
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L'amic. Paul Léautaud. Días Contados, 2014
Traducció d'Anna Casassas
Amb un estil naturalista preocupat sobretot per reduir en tot el possible l'efecte de la forma -no li interessa la perfecció fins al punt d'arribar a repudiar tots els flauberts d'aquest món- com la reproducció exacta d'allò que vol comunicar -el retrat fidel de l'època i dels personatges, i que els protagonistes arribin a estar orgullosos del seu retrat- Léautaud, paradigma de la misogínia, redacta aquestes memòries de la infantesa i, alhora, refereix el mateix procés d'escriptura: escriptura i vida, doncs, els dos conceptes que configuraran la seva gran obra, de la qual la resta d'escrits en seran mers apèndixs, el Journal littéraire i la  seva obstinació pel que fa a la literatura. Amb aquestes premisses, i hom diria que amb més indolència que inocència, ressegueix la seva infantesa i joventut i la tempestuosa, en tots els sentits, en tots,  relació amb la mare, que s'escampa per tota la seva vida com una taca d'oli, amarant el record, una vegada ja adult, però condicionant també, si li hem de fer cas, la seva relació amb les dones al llarg de la seva existència. I amb una curiosa paradoxa: el plaer que troba el lector en l'obra d'un escriptor que manifesta explícitament que tant se li'n donen els lectors, fins i tot el fet de ternir-ne o no. Perturbador.
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Número Cero. Umberto Eco. Lumen, 2015
Traducción de Helena Lozano Miralles
Cuando un escritor con la preparación teórica de Umberto Eco escribe una novela el resultado rezuma calidad por todos sus poros. Pasados los inesperados fastos bestsellerescos de El nombre de la rosa y las decepciones de los lectores que no traspasaron su lectura más superficial con El péndulo de Foucauld, cada nueva novela del alejandrino ha seguido citando a una congregación de fieles seguidores, entre los que se halla este lector, a la espera de sus nuevas ficciones. En este caso, Eco se infiltra en la insólita redacción de un nuevo periódico cuya peculiaridad es que jamás será publicado, pues la intención de su editor es usarlo como amenaza para los rivales políticos del dueño de la cosa; ah, y como dice el clásico, cualquier parecido con la realidad -italiana, en este caso, pero con fácil traslación a otros lugares- es fruto de la más pura... intención: en cualquier país civilizado de nuestro entorno se podría poner nombres locales a todos los personajes, y con más facilidad cuanto más alto se encuentre en el escalafón de la conspiración tratada por Eco con la solvencia de costumbre. Mordaz.
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Cuentos reunidos. Cynthia Ozick. Lumen, 2015
Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino
Que los escritores de origen judío tienen una especial predilección por la ironía son buenos ejemplos Philip Roth o Samuel Bellow, pero así como en éstos se revela como un mecanismo de defensa contra los prejuicios -incluso los propios-, un recurso moral, en Ozick es un arma empuñada contra el fanatismo, la superstición y la intolerancia, la ironía como opción ética. Sus personajes, a veces patéticos a veces atormentados y con un unamuniano sentimiento trágico de la vida, no se rinden ante las dificultades porque, a pesar de conocer el mal en sus más variadas formas, son capaces de conservar la dignidad ante la más brutal desesperación; afectados por el desarraigo de la inmigración, la discriminación social o la simple aniquilación, corren el peligro de perderse en sus inseguridades, convertirse en nadie, disolverse en la nada, pero un fuerte sentimiento de pertenencia y una ilimitada capacidad de adaptación les procuran nuevos caminos de autodescubrimiento hasta vislumbrar los aunque ocultos invariables trazos de su identidad, es decir, de su redención. Ozick, poseedora de un estilo absolutamente personal consistente una observación sagaz que desvela no solamente lo oculto, es decir, aquello que la realidad esconde, sino que indaga en las motivaciones de los hechos, es considerada una escritora para escritores; es posible, pero los desafiantes destellos que suponen sus relatos, la sutileza en su tratamiento de las situaciones más pavorosas y la resistencia en recrearse en la desgracia, su manejo de la erudición y la mesurada combinación de genio y talento ofrecen al lector aquello que se exige de los grandes escritores: una visión del mundo a través de la literatura. Magistral.
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La Gran Novela Americana. Philip Roth.  Editorial Contra, 2015
Traducción de David Paradela
Demostrando que las tres grandes novelas de la tradición americana -Moby Dick, Las aventuras de Huckleberry Finn y La letra escarlata- no son más que lecturas en clave, Word Smith Smitty está convencido que La Gran Novela Americana no tratará sobre la caza de la ballena, las aventuras de un niñato y su amigo negro o las desventuras de una adúltera, sino sobre el deporte nacional, el béisbol, y que el escritor no será el viejo Hem sino un periodista deportivo como él mismo. A partir de ahí, la epopeya de un insólito equipo de béisbol inscrito en una liga de ámbito reducido, la Liga Patriótica, sus conexiones con el poder estatal, las corrupciones, las desavenencias y las anécdotas de una plantilla surrealista, son el marco en el que Roth fija un retrato entre irónico y subversivo del mundo del deporte americano, verdadera religión laica con sus dioses, sus santos, sus fieles y sus apóstatas, mediante una novela jocosa que, es cierto que se aleja de su producción habitual, pero que mantiene, aún a su edad, los mismos trazos de oficio y de brillantez que caracterizan el conjunto de su impresionante obra. Desternillante.
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L'assassinat de Margaret Thatcher. Hilary Mantel. L'Altra Editorial, 2015
Traducció de Ferran Ràfols Gesa
Edición en castellano, Editorial Destino, 2014. Traducción de José Manual Álvarez Flórez
La desubicació, l'estranyament, tenen una doble característica: representen una absència de l'emplaçament al que l'individu està adaptat, la falta de presència de l'ambient quotidià, però també, alhora, la impossibilitat, temporal o permanent, d'adaptació a la nova situació. Els contes de terror anomenat psicològic solen explotar aquesta segona característica, i entrampats en aquesta disfunció -amb un aire que recorda els protagonistes de Shirley Jackson- és com Mantel, la británica doble Booker per la seva trilogia sobre Thomas Cromwell, tracta els personatges dels contes inclosos en aquest recull. Què en resulta, de tot plegat? Doncs una espècie d'"exposició de monstres", de lleugeres deformitats, no tan físiques com morals, potser més episòdiques que permanents, que afecten a individus aparentment normals... Normals? Sí, sempre que s'accepti la seva caracterització com subjectes a un equilibri precari sobre la línia que separa la regularitat de la irregularitat; no és una qüestió de diagnosi; només són, si de cas, brots d'individualitats peculiars, com si, enfrontats a situacions que tothom qualificaria com usuals, se'ls disparés una reacció anòmala, inadaptada. Un recull sorprenent que deixa el lector bocabadat i dubtant de si la veïna del seient del tren, el client que el precedeix a la cua de la verduleria o aquesta senyora amb la que fa anys que conviu, tots tres individus aparentment normals, poden arribar a convertir-se, donades unes circumstàncies que desconeix, en un personatge-Mantel.
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El barrio. Gonçalo M. Tavares. Seix Barral, 2015
Traducción de Florencia Garramuño
Autor de una obra tan variada como sorprendente, Gonçalo M. Tavares, reconocido escritor portugués de origen angoleño, ha ido sembrando a lo largo del tiempo -20001-2010; algunos de estos relatos fueron publicados en su día por Mondadori pero sólo ahora Seix Barral presenta la serie completa- unos pequeños relatos, en forma de retrato, de un particular "barrio de las Letras", lugar en el que viven unos individuos que responden a sugestivos nombres como Valéry, Brecht, Calvo o Walser, sospechosamente dotados de algunas de las características con las que se reconoce a los escritores cuyo nombre toman. Literatura sobre literatura, lúdica y refrescante, parece, en el conjunto de su obra, un mero experimento, pero acaba conformando una hipótesis verosímil y altamente interesante.
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22 de abril de 2015

Contrapunto C

Estoy mucho más orgulloso de las ideas que provocaron mi expulsión de diversos colectivos que de las que fueron consideradas aportaciones interesantes.

20 de abril de 2015

Tan buenos chicos

Tan buenos chicosPatrick ModianoEditorial Anagrama, 2015
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
Los fastos mediáticos de la concesión del Premio Nobel han provocado la proliferación urgente -y en algunos casos, descuidada- de las publicaciones de los títulos de Patrick Modiano que no estaban editados en castellano; Anagrama, poseedora de los derechos de la mayor parte de sus novelas y responsable de haber dado a conocer al gran público la obra del francés, ha editado en los últimos meses tres de esos títulos pendientes, uno de los cuales es este Tan buenos chicos (De si braves garçons), una novela que se remonta a 1982, la número nueve de una producción comenzada en el año 1968 que alcanza, ensayos, teatro y literatura juvenil aparte, veintiocho títulos. ¿Es importante esa precisión? ¿En qué medida puede afectar ese desajuste temporal a la lectura de una obra que tiene más de 30 años, cuando ya se han leído obras posteriores? ¿Significa esto que es una obra menor, "superada", inmadura, intranscendente? No, por supuesto, los temas de Modiano ya están ahí y su enfoque narrativo también, y para el lector novel del francés es tan recomendable para acceder a su universo narrativo como muchas otras, pero sí que debe tenerlo en cuenta el lector habitual. La prosa, con el tiempo, de Modiano se ha refinado, elementalizado, ha ido perdiendo elementos superfluos y se ha convertido en reconocible porque ha conseguido un tono propio. Sus temas -la memoria, la juventud, París, la Ocupación- se han ido expandiendo y ocupando, progresivamente, el espacio que han dejado libre las subtramas, que han pasado a ser elementos accesorios cuya función ha cambiado desde ayudar a mantener el edificio de su prosa hasta convertirse en motivos ornamentales que complementan pero no forman parte de la estructura de sostenimiento.

La recepción en España de la literatura de Modiano ha sido, como poco, curiosa; por una parte, el menosprecio tan evidente como ignorante con el que muchos de los que tendrían algo que decir consideran, no sé si debido a una mala digestión de esa mal llamada guerra de la independencia o a la manía que se suele tener a los vecinos, hacia todo lo que venga del hexágono del otro lado de los Pirineos; por otra, después de la concesión del Premio, se han alzado las voces de siempre -que, aunque pertenezcan a individuos diferentes, ladran con la misma voz-, la de los entendidos en literaturas minoritarias, los verdaderos coolhunters de la literatura, los bien informés, los mismos que lo adoraban cuando "casi nadie" lo conocía, en una palabra, los descubridores, renegando de su literatura, del impacto mediático del Premio y de su popularización. Tampoco han faltado las voces que, a falta de un criterio más riguroso, se han agarrado a ese lugar común tan falso, si no provocado por la más torpe ignorancia o la mala intención más aviesa, que descalifica cuando pretende ofrecer argumentos favorables -los departamentos de marketing son mucho más partidarios de las consignas que de las ideas, y así les luce el pelo a muchas empresas editoriales; y qué decir de la crítica, una profesión que va camino de la extinción por la misma razón que postula aquella hipótesis sobre la desaparición de los dinosaurios: demasiado cuerpo para tan poco cerebro-; el lugar común, decía, que postula, con diversas variaciones retóricas, que "todas sus novelas son iguales", un "argumento" que, a pesar de servir tanto para ensalzarlo como para denostarlo, sigue sin haberse razonado con cierta competencia.

El protagonista, antiguo alumno de un peculiar internado, recuerda su juventud al encontrarse con un compañero de clase; este encuentro es el primera de muchas evocaciones en las que se nos transmite, entre anécdotas, encuentros fortuitos y búsquedas intencionadas, a algunos de sus otros compañeros de internado y de lo que ha ido siendo de ellos después de los años.
"Por desgracia, a nosotros, a los antiguos alumnos de Valvert, nos entraban bajones inexplicables contra los que cada cual intentaba luchar a su manera. Todos teníamos, según la expresión de nuestro profesor de química, "alguna chifladura"."
Es cierto que cada personaje daría para un relato, pero Modiano no es un escritor exhaustivo y se limita a contar aquellos episodios que, o bien acaban teniendo algún papel en la existencia del narrador, o bien contienen algún nexo -una pregunta, un lugar, un hecho determinado- que los pone en relación: esa contención en la escritura, esa engañosa levedad, esa frialdad indiferente tan característica del francés, que tiene acostumbrados a sus lectores a mostrar con bocetos aquello para lo que otros escritores precisarían de un gran formato.
"Hay lugares que imantan las almas que han perdido el rumbo y rocas que la tempestad no inmuta."
Las novelas de Modiano, luminosas en su planteamiento, acaban ensombrecidas por una tristeza que siempre tiene que ver con la decepción de una vida desaprovechada, con la no realización de unas aspiraciones juveniles que se vieron truncadas por la mala suerte o, más a menudo, por la propia desafección de los protagonistas; esa melancolía del otoño parisino -cuyo ambiente se reconoce  incesantemente en su obra, independientemente de la estación en que sucedan los hechos que se narran-, la degradación de los edificios otrora deslumbrantes, la pérdida de la esperanza. Una tristeza que es asumida por sus personajes con la indiferencia con que los espíritus firmes sucumben a una  adversidad que parece que no va con ellos, como si fuera la cuota que deben saldar a cuenta de la alegría, la despreocupación y la brillantez de un pasado hacia el que se vuelven con una sonrisa a la vez displicente y soñadora.
"¿Por qué algunas personas siguen, hasta que son viejas, presas de una época, de un solo año de sus vidas, y se van convirtiendo poco a poco en la caricatura decrépita de lo que fueron en su cénit?"
Una vez perdida su posición, olvidados por sus amigos de mejores tiempos y resignados a la soledad y a la indigencia, los personajes sobreviven gracias al recuerdo de un pasado no reeditable entre los restos del naufragio.

La vida no es lo que somos en realidad sino todo aquello que quisimos pero no pudimos conseguir, el conjunto de todas las opciones malogradas: las que desechamos porque, faltos del suficiente juicio, no supimos valorar, y las que perdimos a pesar de desearlas con todas nuestras fuerzas, porque no estábamos preparados para asumirlas.Por esa razón, también, todo viaje al pasado -que no es que fuera mejor, simplemente lo parece porque lo vemos con los ojos de hoy y porque significa todo aquello que hemos perdido- es una decepción.

Jamás volvemos a ser esos chicos inocentes de la escuela, en la ardiente persecución de un futuro que parecía alejarse a medida que crecíamos, igual que jamás seremos los protagonistas que nos creíamos que seríamos en nuestros sueños de juventud. La adolescencia es un territorio extraño que se rige por sus propias leyes, que se rornan obsoletas en el mismo instante en que se promulgan.
"Cruzaron por mí pensamientos imprecisos, en la terraza de aquel café, bajo el sol, mientras una brisa henchía las casetas de lonas de rayas de colores naranja y blanco y hacía oscilar el cartel de nuestra obra [de teatro] y el mástil de velero. Yo me día que el internado nos había dejado muy desvalidos ante la vida."

  Patrick Modiano entrevistado por François Busnel acerca de "Cómo escribo".

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