4 de septiembre de 2014

Anatomía de la melancolía

Portada de la edición de The Anatomy of Melancholy de 1638, comentado por el propio Burton al inicio del texto, en "El argumento de la portada"
Anatomía de la melancolía. Robert Burton.
Asociación  Española de  Neuropsiquiatría,  1997, 1998, 2002
Traducción de Ana Sáez Hidalgo
"Aquí no encontrarás ni centauros, ni gorgonas ni harpías, nuestra página sabe a hombre. Mi tema es el hombre y la humanidad [...]. Lo que hacen los hombres, sus deseos, sus temores, itas, placeres, alegrías, idas y venidas, es el asunto de mi libro."
Excede las pretensiones de este blog la reseña, el comentario o la exégesis de obras de la envergadura de Anatomía de la melancolía (The Anatomy of Melancholy, 1621, con diversas reediciones corregidas por el autor), igual que sobrepasa la capacidad analítica, e incluso intelectual, de este pobre lector pretender llegar ni siquiera a intuir el fondo de un texto de tal calibre. Sin embargo, su lectura deja tal poso, en forma de intuiciones, reformulaciones, preguntas o dudas, que no me resisto a consignar aquí algunas de esas notas tomadas a vuelapluma durante su lectura, como si esos inanimados márgenes que he mancillado con mi escritura personificasen un improbable interlocutor; no pretenden ser exhaustivas ni sistemáticas, al contrario, son parciales e inconexas, pero son el fruto de un ejercicio que ha durado más de tres semanas, y aunque me gustaría que constituyesen para el que se las encuentre el espolonazo definitivo para decidir embarcarse en la lectura del texto de Burton, me temo que sólo sirvan para provocar la vuelta al libro del que las ha confeccionado. 

Notas de lectura. 

Anatomía de la melancolía, volumen I

Los excesos: se escriben demasiados libros, se publican libros sin ningún sentido, por el puro placer de ver el nombre de uno en la portada. Debe restringirse la libertad de publicar porque nadie podrá leer tanto exceso.

La cita como método válido: la asimilación de lo ingerido; existen razones para no ser original y no ser menospreciado por ello.


Es imposible contentar a todo el mundo; por tanto, lo mejor, después de pedir disculpas por anticipado, es ser fiel a uno mismo y quedar satisfecho de lo que se ha hecho.


Montaigne, citado a lo largo de la obra, a menudo como modelo de estilo.


La melancolía, además de una disfunción particular, es un estado general del mundo: escribir sobre la melancolía es, pues, hacer un retrato general del mundo.


Las guerras son una peste del mundo contemporáneo; sin embargo, después de arremeter contra los conflictos armados, ensalza el oficio de soldado y está dispuesto a defender el concepto de "guerra justa".


La opinión del ser humano sobre sí mismo es irrelevante.


Las definiciones a medida de lo definido: se incluye la totalidad de casos concernidos para mostrar la imposibilidad de que algún caso se escape de la definición.


La importancia del carácter de quien detenta el poder; subyace la idea de que el poder emana de un orden superior,  y por esa razón puede conseguir el bien y el provecho de sus súbditos.


Apunte local: La fama de los españoles nos precede: la "marca España" en el siglo XVII: "vivimos como haraganes españoles, entre tabernas y cervecerías", aunque también, citando a Cipriano Echovius, recomienda entre todas las ciudades de España a Barcelona, "en la que no hay mendigo, ni pobres, etc., sino que todos son ricos y están en buena posición" y da como razón "que todos eran más religiosos que sus vecinos." En cambio, Madrid, "la sede del rey: un aire excelente, un lugar agradable, pero los habitantes son personas desaseadas, y las calles están sin limpiar".


La mejor prevención contra el delito es la dureza de las leyes.


La crítica a los medios regidos por los popes sectoriales: la inutilidad del conocimiento vano y la idiotez de la exégesis infinita.


El sincretismo del renacimiento, aún del tardío: la combinación de las enseñanzas del cristianismo, devenido ya religión oficial, con el supuesto renacimiento de los autores clásicos. Es evidente que supone un renacimiento de las artes, pero el pensamiento oficial sigue la senda marcada por la sofística medieval cristiana. Por ejemplo, se sigue pensando que el pecado original es la fuente de todo dolor, y se incluye una curiosa visión de la transformación de los fenómenos físicos, atmosféricos y microscópicos, de inocuos, antes del pecado original, a peligrosos para el hombre caído.


Las enfermedades tienen su origen en aquellos excesos que van contra la ley de Dios. No son un castigo directo de éste sino que despiertan su ira, y éste nos castiga, instrumentalmente, con las enfermedades, con lo que adoptan la función de anticipo terrenal de la condenación eterna, pero tienen la ventaja, a diferencia de ésta, de que están sujetas a enmienda.


La enfermedad es definida como desequilibrio, como un eco físico de una perturbación del alma.


"La voluntad humana nos aleja de Dios"; qué extraño, teniendo en cuenta que la voluntad es una potencia del alma racional. Probablemente esta aparente contradicción  se fundamente en el hecho de que la voluntad depende del entendimiento.


La sofística medieval cristiana campea el campo de la metafísica, y el progreso del "pensamiento cristiano" se reduce, en definitiva, en vier quién dice la mayor barbaridad.


La melancolía tiene una causa física directa consistente en alteraciones en los humores; pero el desencadenante de esa alteración es la intervención de un demonio.


Ya que el factor hereditario es preponderante, existen, en el hijo, unas afectaciones sobre la salud por causa del padre y otras por causa de la madre; para dominar estas influencias, sólo hay un remedio: la eugenesia.


La melancolía debida a la ociosidad es una enfermedad de clase que afecta principalmente a la nobleza.


Elogio de la soledad proactiva de los filósofos como condición especialmente indicada para pensar y discurrir con provecho; aunque pueda llegar a atentar, incluso, contra la ley de Dios.


La transubstanciación y los estigmas católicos son el fruto de la imaginación en su vertiente fantástica.


Todo lo que puede curarse mediante encantamientos no es sino una enfermedad imaginada. La sugestión no funciona porque no puede eliminar las causas orgánicas.


La melancolía debida a la vergüenza es inevitable ya que ésta es necesaria para una conducta correcta.


El ascetismo de los estoicos -omnipresentes en la obra- parece ser un buen remedio contra la melancolía, y más teniendo en cuenta que es Marco Aurelio quien lo prescribe.


Las principales críticas se centran en un determinado nivel social; en todo caso, desde que Burton centra su atención en la ambición, la obra contiene más crítica social que análisis de la melancolía.


La prodigalidad, sea del signo que sea, como error, independientemente del destino que se dé al dinero.


El gremio de los escritores como ejemplo de vanagloria, con lo poco que dura la posteridad y lo pequeño del mundo en el que es conocido el héroe, y qué inconsistencia la de la fama, que depende de quien la da, pues ni existe ni se puede ganar por sí sola.


Burton se debate entre la autenticidad, dar vía libre al talento de cada cual, o vender este talento al mejor postor, inclinándose definitivamente por esta segunda opción.


La teología y los hombres de la iglesia como ejemplo supremo de hipocresía.


La divinización de la pobreza es un lugar común en todas las religiones antiguas, que se contrapone a la real felicidad de la riqueza.


A pesar de no existir consenso en materia de destemplanzas (enfiramientos o recalentamientos) ni en el origen orgánico (cerebro, corazón... ), la teoría de los humores posee una extraña consistencia.


El colmo de la honestidad, el autor que recomienda no leer su libro: "aconsejaría al que ahora esté melancólico que no lea este tratado sobre los síntomas para que no se inquiete o empeore durante una temporada y se vuelva más melancólico de lo que estaba antes."


La melancolía es una disfunción específicamente humana, de manera que la humanidad puede definirse en función de sus disfunciones.


Los astros intervienen en los asuntos humanos pero no causarían la disfunción sino que condicionarían el tipo de melancolía en una vaeriedad no especificada, mientras que la sintomatología sería una especie de condicionante de segundo orden.


La sintomatología de la melancolía es variable en función de los condicionantes sociales del sujeto; aunque la multiplicidad y variedad de síntomas hacen que la melancolía sea difícilmente distinguible de otra multitud de disfunciones, físicas o mentales.


Burton refiere toda la sintomatología y la casuística, por defecto, a seres humanos varones; después se refiere al caso femenino, pero en un capítulo aparte, y otorgando el poder de curación, en este caso, primero a la práctica del sexo, y después a trabajar, a no estar ociosas.


¿Qué es más insufrible, el dolor físico o el dolor del alma? "Es un cobarde el que se mata sin motivo, y un necio el que vive con dolor". La enfermedad grave es una razón para no castigar el suicidio: la postura de Burton en este asunto es, definitivamente, conciliadora.


Anatomía de la melancolía, volumen II


Burton no excluye la astrología como integrante del paquete de estrategias médicas para curar la melancolía, aunque llama la atención sobre la necesidad de una incipiente deontología médica.

Las digresiones: el aire, el cielo, el magnetismo terrestre, el paso del noroeste, geografía y exploración; la correcta distribución interior de los habitáculos; el cambio de aires y la variedad de lugares, los beneficios de viajar.

A veces, el espíritu eminentemente escéptico de Burton se retira momentáneamente, como cuando da cuenta de unos cuantos inventos y descubrimientos alquímicos; su pertenencia a la iglesia anglicana le disculpa de esos despistes que "los papistas" no le permitirían bajo ninguna excusa.

Séneca y los estoicos son los autores más citados; alguna vez, sorprendentemente, junto a Epicuro, lo que desvela el lugar de donde procede la posición filosófica de Burton y su empeño, a lo largo de toda la Anatomía, en conjugar ambas corrientes filosóficas; ahí es, precisamente,el lugar donde se encuentra con otros de sus referentes y también repetidamente citado, Michel de Montaigne.

La jactancia de la nobleza -que suele provenir de antepasados que ejecutaron alguna acción impropia y reprobable- parece ser exclusiva de alemanes, franceses y venecianos; los británicos, por lo que parece, están excluidos de esa variedad de clasismo.

La valía personal es un criterio más válido que el del nacimiento porque ha sido adquirido por el sujeto y no "regalado" por el hecho de haber nacido en el seno de una familia determinada.

Las relaciones con los antepasados son unidireccionales: los descendientes sí pertenecen a sus ancestros, ya que la descendencia corre paralela al transcurrir del tiempo; pero éstos no pertenecen a sus descendientes ya que la línea de la descendencia no corre hacia atrás; en definitiva, los ascendientes pueden mostrar orgullo por sus descendientes, pero no al revés.

"La mente lo es todo": ¿cuántas escuelas, tendencias y sectas para y propsicológicas firmarían esta aseveración, recordemos, del siglo XVII?

Burton delega en la fe cualquier posibilidad de consuelo, sobretodo cuando la calidad y la cantidad del mal son insufribles y cualquier otra clase de consuelo "racional" no es suficiente.

En medio de una disertación religiosa y canónica, siempre se le escapa a Burton el recurso al estoicismo, como cuando lo hace para rebatir, con la boca pequeña, la conducta de Job, que no es estoica porque él espera un remedio a su desgracia en forma de recuperación del favor de Dios. De nuevo, Burton, después del discurso sobre la resignación cristiana, vuelve la vista a los estoicos.

Las muertes de los amigos y de las personas próximas son un buen método de preparación para la propia muerte. La muerte como el fin de las desgracias: no es piadoso desear que nuestros allegados vivan eternamente.

Si los honores se conceden arbitrariamente, ¿por qué quejarnos de no haber sido beneficiados con ellos, nosotros, que sólo concurrimos con nuestros méritos?

El desdén es la mejor venganza contra el oprobio, que es inevitable y puede llegar a ser un síntoma de tu valía.

Aparte de las recomendaciones religiosas, que Burton acostumbra a citar de modo formulario, existen las recomendaciones de "voces humanas", que constituyen un verdadero manual de conducta para la vida.

La paradoja de la opinión: aplicable no sólo a la medicina sino también a muchas situaciones cotidianas en las que mantener una opinión contra viento y marea puede suponer incurrir en las más ridículas incongruencias.

Llamar "remedios quirúrgicos" al arsenal de torturas que describe Burton roza humor negro.

Anatomía de la melancolía, volumen III

Burton defiende la utilidad de su tratado, a pesar de no ser médico, por encima de cuestiones morales, epistemológicas o hermenéuticas.


"Las civa es mi obra; mi vida, honesta": Burton insiste en separar la obra del autor, y lo hace con la claridad de una sola sentencia, para pasmo de críticos que siguen discutiendo si el protagonista es el autor o no.


Ataque a Platón y a sus definiciones incomprensibles fuera del marco de referencia de su filosofía: el paradigma del razonamiento circular: el silogismo retórico: la sofística.


A menudo traslucen en la Anatomía discursos ateos adaptados a las nuevas circunstancias religiosas; da la sensación de que se trata de fragmentos de "relleno" que Burton incluye forzadamente -¿autocensura?- para no despertar sospechas de impiedad.


El concepto original de "amor platónico" no es el que se ha entendido con posterioridad: no es el amor idealizado sino el amor que prende por la belleza del alma del otro.


Los dioses castigaron a Prometeo por su robo porque comprometía su poder sobre los hombres.


El amor "lícito", a pesar de todo, es también fuente de melancolía. Burton no deja claro si la capacidad de provocarla es más acentuada en éste o en los que considera ilícitos. Teniendo en cuenta que éstos conllevan el pecado, parece que la relación es: amor ilícito-pecado, amor lícito-melancolía.


La dote es uno de los generadores de la lascivia. Los ornamentos femeninos, otro y, encima, comprados con los ingresos de los esposos.


Manual de seducción: como siempre, con ese clásico matiz machista, fruto de la época: la que seduce -y no queda claro si esa actividad es plenamente lícita- es la mujer, y el hombre el seducido.


En los países cálidos somos más retraídos que en los países fríos. O Burton yerra intencionadamente o le hacía falta dejar su scriptorium y hacer una excursión al sur. Y los Padres de la Iglesia, siempre tan tolerantes con la efusividad, y Burton siempre haciéndoles caso.


El uso frecuente del condicional al citar a las autoridades protoreligiosas y el tono poco convencido delatan un fuerte desacuerdo no expresado.


La práctica de la medicina, la confesión y el exorcismo en el mismo paquete; de ser católico, Burton hubiera ido derecho a la excomunión y Anatomía de la melancolía al Índice, si es que no fue.


La pobre Cleopatra es citada en todos los modos de seducción, y Eusebio, todo él inocencia e imparcialidad, aprovecha para cargar contra Lucrecio: la influencia de De rerum natura era máxima en pleno siglo XVII, y Eusebio de aplica a aquello de "calumnia, que algo queda".


La obsesión es uno de los desencadenantes principales de la melancolía.


¿Cuáles fueron las consecuencias de la adaptación del empirismo? Pues que cuando validaban hechos contrarios a la religión no se tenían en cuenta.


En general, la mirada de Burton al fenómeno del amor contiene grandes dosis de ironía, aunque confiesa su ignorancia con respecto a esos asuntos.


Los planteamientos hiperbólicos de Burton no tienen igual.


Los "pueblos pobres" no sufren melancolía amorosa. Por extensión, se entiende que aquellos individuos que deben mantenerse ocupados para asegurar su supervivencia no están en riesgo a padecerla. ¿Puede aplicarse este principio a los afectados por la enfermedad estrella de las sociedades opulentas en la actualidad, la depresión?


A pesar de la completa enumeración de métodos y de las citas de autoridades, se adivina en el tono un cierto escepticismo de Burton con respecto a los filtros y las curas mágicas y poéticas para la melancolía amorosa.


El exotismo semi-primitivo da lecciones de conducta a las sociedades desarrolladas, lo cual podría llevar a la conclusión de que los celos son, también, una enfermedad de la civilización.


La razón de la melancolía religiosa es la incapacidad humana para concebir la belleza de Dios.


Las dos fuentes principales de la melancolía religiosa son la impiedad (el ateísmo) y la superstición (la idolatría, que incluye a los que llama semicristianos: los cristianos de  Oriente y los papistas).


Una (otra) curiosidad: que las tentaciones del demonio tengan lugar principalmente en Oriente, donde no son cristianos y, al vivir ya en pecado, las tentaciones diabólicas son inútiles.


Por exceso: las pasiones devocionales inmoderadas no son una tentación del demonio sino el campo abonado en el que el demonio actúa.


La leyenda dorada comparte nivel de superstición con el Talmud y el Corán.


¿Qué es la religión? Mi sistema de creencias. ¿Y la superstición? Las religiones de los otros.


Para combatir la desesperación, espontaneidad, no aprensividad y conciencia elástica.


Una buena cuestión para los escolásticos: ¿Fue tan grave el pecado de Caín que toda la misericordia de Dios no fue suficiente para perdonarle?


Conclusión peligrosa: el que está más vigilante, el más celoso por servir a Dios y obedecer la doctrina, es el que asume más riesgo de contraer melancolía religiosa y, por tanto, de desesperar y ser objeto de las tentaciones del demonio.

2 de septiembre de 2014

Aviso

"Al que robare o tomare prestado y no lo devolviere a su propietario, que este libro se convierta en una serpiente cuando lo tenga en sus manos y lo muerda. Haga que le dé una perlería y todos sus miembros queden mustios. Que se consuma de dolor pidiendo a gritos clemencia y su agonía no cese hasta quedar deshecho. Que los gusanos corroan sus entrañas en nombre del Gusano que nunca muere, y, cuando llegue al castigo final, que las llamas del infierno lo consuman para siempre."
Citado en El Giro. De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno, Stephen Greenblatt, Editorial Crítica, 2012

31 de agosto de 2014

Lecturas de agosto

Anatomía de la melancolía, Volúmenes I, II y III. Robert Burton, AEN, 2008
Traducción de Ana Sáez Hidalgo
Excede las pretensiones de este blog la reseña, el comentario o la exégesis de obras de la envergadura de Anatomía de la melancolía (The Anatomy of Melancholy, 1621, con diversas reediciones corregidas por el autor), igual que sobrepasa la capacidad analítica, e incluso intelectual, de este pobre lector pretender llegar ni siquiera a intuir el fondo de un texto de tal calibre. Por tanto, lo más conveniente que cabe decir es no que debería haber lector que se precie que, al menos una vez en su vida, no se sumerja en la lectura de una de las grandes obras del pensamiento occidental, un libro de cabecera al que, como los Ensayos de Montaigne o, retrocediendo en el tiempo, De rerum natura de Lucrecio, hay que volver constantemente porque pertenecen a la tradición y porque, si somos como somos, es gracias a ellos.
*****/*****
La hierba de las noches. Patrick Modiano, Anagrama, 2014
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
Jean, un escritor francés, reconstruye mediante la escritura unos días de su pasado lejano, justo en la frontera de su mayoría de edad, mediante las anotaciones aisladas e incompletas que registró en una libreta negra en aquella época, la visita a los lugares parisinos en los que transcurrieron esos días y la evocación de una intrigante muchacha, con el fin de desentrañar unos hechos que han permanecido sin resolver. 
Modiano no decepciona, nunca; es cierto que su obra, como todas, tiene sus altibajos, y seguramente la calidad literaria de algunos de sus primeros trabajos no está a la altura de lo que ha ido escribiendo posteriormente, pero una vez alcanzada la madurez narrativa, establecidos sus puntos de interés y fijada su poética, cada libro es un ejemplar ejercicio tan seductor como ese París al que nos traslada una y otra vez con su potente, inconfundible voz.
Reseña completa: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2014/08/la-hierba-de-las-noches.html
*****/*****
Cuando Alice se subió a la mesa. Jonathan Lethem, DeBolsillo, 2005
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Cuando aún resuenan los elogios para su última novela, Los Jardines de la Disidencia, apetece regresar a uno de sus primeros textos de ficción para comprobar que la inventiva (y la originalidad, pero esto no tiene tanto mérito) de Lethem evoluciona pero no nace de la nada. De forma parecida a Pistola, amb música de fons, el norteamericano idea un planteamiento absurdo para convertirlo en ajustada metáfora que, agazapada detrás de una historia de celos y mostrando una falsa comicidad, pone en evidencia las carencias emocionales de una sociedad entregada a la tecnología y, en la enésima reformulación del mito de Pigmalión, nos expone ante un espejo que, a pesar de la deformación que sufre la imagen reflejada, no muestra más que nuestra propia desnudez.
****/*****   
Citomegalovirus. Diario de hospitalización. Hervé Guibert, Beatriz Viterbo Editora, 2012
Traducción de Diego Vecchio
A finales de 1991, y tres meses antes de fallecer, Guibert, diagnosticado de SIDA, es hospitalizado para ser tratado de una afección ocular. Conocedor de su pronto final, redacta un diario en el que mezcla su experiencia como enfermo, su relación con el personal sanitario y, con una crudeza y aún así una serenidad sorprendente, sus reflexiones en torno a la muerte. Con el lenguaje directo y sin concesiones al preciosismo característico del francés, asistimos la lenta caída de los días en el hospital con la conciencia de que cada día que pasa no es un día más sino un día menos. Espeluznante, no apto para lectores aprensivos, es sin embargo un testimonio lacerante que surge de lo más hondo del ser humano.
****/*****
Sobre el acantilado y otros relatos. Gregor von Rezzori, Sexto Piso, 2014
Traducción de José Aníbal Campos
Después de la extraordinaria Edipo en Stalingrado, los irreductibles editores de Sexto Piso nos regalan este Sobre el acantilado y otros relatos (Der Schwan; Über dem Kliff; Affenhauer: 3 novellen, editado póstumamente en 2005), un conjunto de tres nouvelles tan representativos del autor como como cualquiera de sus grandes novelas, que contiene, en formato reducido y concentrado, una pertinente muestra del estilo apabullante del autor y de los temas centrales de su producción; no se trata de un ensayo, de un intento, de material de calentamiento, ni de textos menores: su extensión es corta pero concentrada y contienen a Gregor von Rezzori con toda su potencia desplegada. Imprescindible.
Reseña completa: http://jediscequejensens.blogspot.com.es/2014/08/sobre-el-acantilado-y-otros-relatos.html
*****/*****
Sabático. John Barth, Montesinos, 2001
Traducción de Jordi Fibla
Novela cómica, novela de espías, novela de viajes, citas literarias, manual de redacción; historias accesorias que toman el papel de acción principal relegando a lo que parecía la trama real: "el voltaje entre dos personas, la olla a presión de un solo corazón humano, es una materia tan apta para la literatura como lo son las convulsiones épicas de la historia y la geografía"... En definitiva, un juego que el autor propone al lector en el que deja ver, intencionadamente, sus propósitos, sus trampas, rompiendo las convenciones usuales -"lo nuestro es la ficción, no las mentiras"-; sí, concesiones a la posmodernidad, pero con una demostración de la competencia de Barth para construir una novela con los mimbres clásicos: protagonistas excelentemente planteados, ritmo correcto, tramas complementarias que se suceden continuamente, en un texto compuesto de historias anidadas en historias anidadas en historias anidadas, una matrioska que va desvelando sus capas, descendiendo desde narraciones generalistas, a medida en que avanza la acción, y que sirven de disparador para la historia siguiente, para ir cerrando el ángulo hacia historias cada vez más particulares que rozan la anécdota, y abriéndolo posteriormente. Ingenioso, curioso, inteligente y excelentemente resuelto. Hay que leer a Barth.
****/*****

28 de agosto de 2014

Sobre el acantilado y otros relatos

Sobre el acantilado y otros relatos. Gregor von Rezzori, Sexto Piso, 2014
Traducción de José Aníbal Campos
"Pero volviendo a lo que deseaba contar: hoy, cuando tenía ante mí esas puntas de corazón, tuve la sensación de estar flotando de nuevo sobre el abismo del acantilado. Me produce placer cortar carne con cuchillos muy afilados, especialmente el corazón, que tiene una textura más compacta y elástica que la de las otras carnes y muestra al corte, por así decir, superficies más carnosas, más carnales, de las que salen unas pocas gotas de sangre."
"El cisne"
La potencia del punto de vista
noticias.latino.msn.com
"En el retraído silencio que rodeaba al muerto, suspendido allí como el aliento contenido en medio del calor estival, una enorme mosca de destellos iridiscentes enhebraba el arabesco confuso de su ferviente canto de vida con una desquiciada trayectoria que trazaba el jeroglífico de la absurda existencia en la mórbida tarde en la que, ajena y perdida, se había sumido la casa, con sus carcomidas contraventanas y sus deshilachadas cortinas de damasco, escapsulada malamente en una penumbra atemporal, alrededor del solemne centro de luz creado por las llamas de unos cirios desde los que se alzaba un humo jabonoso."
Con este excepcional despliegue da comienzo el primero de los relatos del volumen, en manos de un narrador en primera persona descreído y cínico, que cuenta un incidente que se produjo en su infancia mientras intenta averiguar cuál es su lugar en un mundo que cambia a un ritmo inasumible y sueña con mantener relaciones sexuales incestuosas con su hermana, con la que le une una extraña complicidad que recuerda a la de Ulrich con Agathe de El hombre sin atributos; el cuento se abre con el velatorio de su tío, un personaje típicamente centroeuropeo, desmesurado hasta el patetismo, digno representante de un mundo en vías de desaparición, un redomado impostor que sólo en la muerte ha podido convertirse en el personaje que ansió ser toda su vida. El tío se ha suicidado, incapaz de mantener la impostura en un mundo cambiante en el que los valores del pasado han perdido la preeminencia de la que habían gozado porque la ola del tiempo nuevo ha arrasado el edificio, que ahora se revela en su extrema fragilidad, que los había cobijado. El hecho de que el fallecido quisiera efectuar su tránsito disfrazado
"Con el uniforme de la guardia de un imperio hacía tiempo desaparecido, dotado con las insignias de un grado que habría alcanzado si hubiera seguido en Rusia y si Rusia hubiera seguido siendo el imperio de los zares, cubierto y constelado de medallas que supuestamente le habrían sidom concedidas por participar, con supuestos honores, en gloriosas campañas bélicas que jamás tuvieron lugar..."
reviste el carácter de homenaje particular desde la propia impostura a una gran mentira que se resistía, patéticamente, a retirarse y ceder su sitio a la ineluctable realidad.
"La regla básica de toda prestidigitación -solía aleccionarlos el tío Serguei, que también era dueño de una asombrosa habilidad con los dedos- es la distracción: se atrae la atención hacia una maniobra falsa para realizar la verdadera por la espalda."
El relato parte del lugar común del regreso de la ciudad al campo: la vuelta a los orígenes desde el punto de vista de alguien que, perteneciente a la nobleza rural y, por tanto, con un elevado estatus no tanto económico como social, busca traspasar a otro medio una sensación de superioridad que en la ciudad es irrelevante por una cuestión de grado de disolución: mientras que en la ciudad la guerra había provocado el traspaso del dominio social desde una nobleza que había sido la verdadera perdedora -el fin del imperio la había dejado sin base sobre la que sostenerse- hacia una emergente burguesía que se había visto vencedora en el predominio social de clase -a pesar de haber perdido también la guerra- y en la emergencia del dinero, en lugar de la sangre, como nuevo valor de cambio y de referencia. Un regreso al campo que sólo puede ser obligado por una muerte -reflejo de la muerte de un modo de vida-, como es el caso, porque el narrador ya no pertenece a ese paisaje.
"La gran meretriz Babilonia se había adaptado a una nueva era universal, se había aburguesado, pero no por ello era ahora menos ostentosa ni tenía menos pretensiones [...]. Su atractivo era irresistible, yo mismo lo había experimentado mientras recorría varios países a mi regreso del colegio. Y lo supe enseguida: ésa sería, algún día, mi patria."
Ese extrañamiento puede adoptar diversas formas de manifestación; Rezzori lo materializa con la imagen del lento transcurrir del tiempo, las horas ociosas, el aburrimiento
"Días en los que la soporífera regularidad de comidas demasiado copiosas encandía el vacío correr de las horas",
con los relojes detenidos por haberse oxidado los engranajes:
"Percibíamos el tiempo en nuestra circulación sanguínea. A veces me sorprendía mirando a Tania fijamente, creyendo sentir cómo sus senos iban crecien do bajo la tela de su blusa."
Rezzori despliega, junto con los elementos puramente narrativos, de acción, una capacidad descriptiva realmente notable, pues no se trata de descripciones completas sino únicamente de aquellos detalles que, escogidos del conjunto de la escena, posibilitan al lector la recreación ajustada de aquello que se describe. El mérito pues, en este caso, nos es que el autor suministre la totalidad de elementos presentes en una escena determinada sino que la elección que lleva a cabo, a pesar de omitir "los importantes", cree en el lector la impresión de que son suficientes.

En todo caso, cabría preguntarse -es una pregunta pertinente, a menudo, aunque con igual frecuencia de imposible respuesta a no ser la pura especulación- cuál es el motivo que lleva al protagonista a "escribir" esta historia; de entre todas las respuestas posibles -un recuerdo de la infancia, un homenaje a un modo de vida extinguido, y todos los que se quiera- toma fuerza el carácter de relato de formación -¿Bildungsgeschichte?- en el que el funeral del tío sería el último acto de una infancia anormalmente prolongada, que subrayan esas risas incontenibles incluso ante escenarios luctuosos como frontera que marcaría el punto de la pérdida de la inocencia infantil,
"A día de hoy, se me antoja que ya entonces sospechábamos (o por lo menos intuíamos) que esa risa ocasional e incontrolable surgía de una desesperación cuyas causas residían en la comprensión del carácter efímero de toda existencia [...]. Aún no había llegado este momento de cambio en el que uno deja atrás el umbral de la infancia, un cambio con el cual nuestra risa desesperada devendría una risa malvada"
y la muerte del cisne, el episodio conceptualmente central del relato, la excusa, el motivo, el  desencadenante a partir del cual el narrador teje el relato -pero esta sería una característica formal, y lo que se intentaba era desvelar las motivaciones, perdón por el tropo, "psicológicas"-, el inicio de un estado adulto precozmente provocado; y en ambos, la presencia ininterrumpida del personaje en honor del cual parece confeccionado el relato -y de este modo queda respondida la pregunta con que se inicia este párrafo-: la hermana.
"Fue el tiempo, en conjunción con otras experiencias de nuestra juventud, lo que hizo que [el incidente del cisne] se realzara en todo su significado. Sería necesaria toda una vida llena de experiencias muy distintas para hacerme comprender -y hablo sólo de mí, ya que mi hermana Tania murió muy poco después- por qué aquel día funesto llegaría a pesar tanto sobre mi alma, como si encerrara un pecado que no fuera sólo un delito contra las normas de corrección de la caza [...], sino una mácula en la pureza de nuestra infancia, una mácula, por si fuera poco, inconscientemente intencionada."
O tal vez, volviendo a las motivaciones, todo sea mucho más sencillo -y ahí sí, el autor, desmonte toda posible exégesis, análisis o deconstrucción que quiera cebarse, exageradamente, en su texto-, y la verdadera razón por la que el narrador articula su relato sea la contenida en el último párrafo que, como comprenderán, no voy a desvelar. 

Ignoro -y no me hace falta conocer- si el relato contiene elementos autobiográficos, pero parece imposible conseguir un nivel de detalle, no tanto en los hechos como en las reflexiones del narrador, tan acertado, exacto, perfecto, minucioso, pormenorizado, si no se trata de la reproducción de algo que le ha sucedido realmente al autor. O tal vez lo que sucede es que esté sólo al alcance de una especie privilegiada de la raza de escritores. Y si esa especie existe, no cabe duda de que von Rezzori es un contrastado representante. 

"Sobre el acantilado"
El lector como marioneta
http://cambiorad.blogspot.com.es
Un solitario y excéntrico tallador de madonnas -primera ironía, nada más empezar: un protestante que hace de las tallas de la Virgen María su profesión- reflexiona, desde un sólido presente, acerca de algunos episodios de su vida pasada: su complicada relación con las mujeres, desde la mutua violación de la criada hasta las fantasías eróticas con su madre que dejarían al "complejo de Edipo" como un juego para párvulos; con descripciones atentas y detalladas para, a continuación, cambiar de tema, pasar de una aparente calma y reflexión a una explosión digna de un síndrome maníaco-depresivo de manual.

El tema que parece subyacer al relato, por más que la variedad de asuntos tratados por el protagonista haga difícil hablar de un solo tema, podría ser la relación del artista con el arte, con su ética y con las personas que le rodean, pero desde el punto de vista maximalista de que sea el propio artista quien hable de ello. Siendo como es conocida la beligerancia de von Rezzori con las especulaciones freudianas -un elemento intencionado que se recoge a lo largo de su obra-, Sobre el acantilado contiene una despiadada parodia acerca de algunos de los lugares comunes que más fortuna han alcanzado en el imaginario colectivo y en el devenir de las pseudociencias: el efecto sobre la sexualidad adulta de las supuestas experiencias eróticas de la infancia, el autoerotismo  derivado de los sueños de muerte y mutilación, y la concepción, que Freud -que acostumbraba a llegar tarde a todas partes; el psicoanálisis no sería más que el romanticismo epigónico aplicado a los desórdenes psíquicos... del creador de la doctrina- recogió del romanticismo, del artista, aislado en su torre de marfil "sobre el acantilado", como personaje torturado por la inspiración, obligado a dar salida a sus impulsos neuróticos mediante la creación. Y el modo que escoge von Rezzori para desactivar esas especulaciones es la reducción al absurdo mediante el recurso a la hipérbole: la madre del protagonista obligándole a acostarse en su cama
"Su única muestra de afecto era darme permiso -más tarde la orden- para acudir a su lecho tras las comidas y echar una siesta [...] Aquello muy pronto se convertiría en una fuente incesante de inquietud para mí. Mi madre su tumbaba sobre aquella cama casi desnuda, sólo cubierta por una bata de finísima seda, debajo de la cual yo adivinaba la presencia de sus pechos voluptuosos bajo el sostén. Pronto mi imaginación, sin embargo, se fue colmando con otros pensamientos. Sentía una especie de vértigo cuando pensaba en esas partes del cuerpo que se ocultaban ahí debajo: su torso de piel tersa, con la honda fosa del ombligo, el inicio del vientre hasta llegar a las bragas que seguramente llevaba puestas y que yo imaginaba tan pequeñas y ajustadas como para mostrar el dibujo en relieve de su vello púbico",
y amenazándole con las peores enfermedades venéreas -y el consiguiente miedo a la castración- si se acuesta con otras mujeres
"Mi madre despidió a la chica y luego, para comprobar qué efecto había tenido sobre mí el despido, me contó que había tenido que echar a Lisa, ya que aquella mocita campesina, de apariencia tan inocente, padecía una enfermedad venérea";
el impulso erótico provocado por la actividad del carnicero cuando descuartiza un animal que provoca en el artista pensamientos homoeróticos
"Las manos del carnicero eran bellas, tenían venas con carácter y dedos sensibles, cuyas uñas, en forma de palas, permanecían limpias a pesar de estar hurgando siempre en la carne sanguinolienta. Eran manos de artista. Y lo más impresionante eran sus brazos: macizos y musculosos, imponentes, como si se nutriesen del contacto continuo con la carne. La piel de los antebrazos era opaca como el marfil, y estaba cubierta de un vello negro y sedoso. Sólo en la parte interior permanecía desnuda, tan lisa y blanca sobre los codos como los senos de algunas mujeres muy hermosas";
o el contraste entre la supuesta pasión con que el protagonista esculpe unas imágenes para el mercado de esculturas fabricadas en serie:
"Mis figuras talladas encontraban buena salida en las galerías de arte, y tenía que producirlas en serie, pero lo hacía todo a mano. También eso era trabajo mecánico. Para las producciones más creativas, los prototipos de los muy solicitados conjuntos de la Anunciación o de las más populares estatuillas de la Mater dolorosa o de la Pietà, evitaba dejarme influir por los modelos conocidos de la historia del arte italiano. Lo que me inspiraba era la naturaleza."
Todo este aspecto paródico no es, sin embargo, el único componente que hace del relato una obra que roza la maravilla; junto con él, vale la pena detenerse un momento en el personaje del protagonista como narrador. Esos cambios de humor, la facilidad con que pasa desde contar con un alto grado de excitación hasta el punto de mesura, casi objetividad, a la hora de relatar los hechos en los que niega estar personalmente implicado hace dudar de su fiabilidad, como si se dejara ir cuando habla de aquellos asuntos que le conciernen directamente pero reprimiera bajo la máscara de la objetividad -¿de la frialdad?- sus verdaderas motivaciones. ¿Cuenta el narrador las cosas tal y como sucedieron realmente? ¿Por qué, en la segunda mitad del relato, su carácter parece suavizarse y su discurso, lejos de las afirmaciones taxativas del principio, parece dulcificarse? ¿Está preparando meticulosa y manipuladoramente al lector, poniéndolo de su parte, antes de acometer una revelación que podría comprometerle?
"El más mínimo error espanta. Has de tener conciencia de que cualquier paso en falso descubrirá la farsa que estás a punto de escenificar."
En todo caso, aunque todo esto no fueran más que especulaciones y se tratara solamente de una alucinación del lector, ahí está, de nuevo, un episodio final para devolver las cosas a su sitio, para obligar al lector a releer de cabo a rabo el relato teniendo en cuenta esa revelación -es lo que ha hecho este lector, inmediatamente después de acabar-, y a concluir, sin exageración, que la maestría de Rezzori a la hora de manipular al lector no parece conocer límites.

"Alfanjáuer"
La creación de un personaje
Juicio a históricos de las BR en Turín (1976)
http://cuestionatelotodo.blogspot.com.es
Es de general conocimiento que, en su imparable avance, el progreso siempre se alía con una clase aspirante -la fidelidad es de pobres- para arrasar el viejo orden: se asoció a la burguesía para acabar con la nobleza para, posteriormente, ir de la mano de la política para desbancar a aquélla. Pero igual que sucedió en cada relevo, la aparición de nuevos actores modifica el equilibrio de fuerzas que hace que la humanidad pueda seguir viviendo una vida socialmente aceptable, pero que precisa de factores de corrección que a modo de aliviadero suavicen los excesos y aligeren los puntos donde la tensión podría causar el naufragio del sistema.
"Sus clientas pagaban ahora con cheques cubiertos, aunque el dinero de esa cobertura fuese robado: daba igual quién lo hubiera robado, ya que en las habilidades manuales de los políticos uno no se mira demasiado la limpieza de las uñas. En cualquier caso, a la almiranta ya no la despachaban, como antaño, con dudosos giros bancarios de maridos o amantes de aristocracia provisional en la arriesgada industria del cine."
En este tercer relato que cierra el volumen, Rezzori nos traslada a la Italia de la segunda mitad del siglo XX, en la época de auge de la Democracia Cristiana -y primera gran época de la corrupción- bajo la guía de un narrador omniscente cuya falta de escrúpulos a la hora de relatar y juzgar las conductas de los personajes lo convierten en el confidente ideal del lector, y bien que cumple esa función cuando esboza los antecedentes materno -dominante- y paterno -irrelevante- del personaje titular de la acción. Y de nuevo, esta vez directamente, torpedenando a la línea de flotación del psicoanálisis:
"Corresponde a les especulaciones de tipo psicológico explicar del modo que mejor le parezcan las razones por las que la almiranta [...]. Suponer eso no sólo entraría en contradicción con una regla de tres psicológica, casi irrefutable, según la cual los llamados hombres de acción no tienden a la observación contemplativa de las trastiendas de sus coetáneos [...]"
El relato se entretiene, se demora, poniendo al lector en situación (una villa campestre engullida por una autovía y una urbanización, una mujer de armas tomar -la almiranta citada anteriormente- dueña de una firma de moda) para acompañarlo hasta el protagonista, Mario, un cuarentón sin oficio ni beneficio que se limita a vegetar y, merced a una posición económica desahogada, vivir una vida sin preocupaciones ni sobresaltos hasta que, reflejo de un nuevo traspaso del centro de gravedad de la importancia social, traba amistad con una influyente programadora de la RAI que le brinda relaciones con los emergentes poderes de la juventud, la cultura y la bohemia, y le provoca una tan inefable como mal digerida epifanía acerca "lo real de la realidad"; es decir, le abre al mundo, despegándole por fin de la falda de su madre.
"-La historia no tiene moralejas. Aunque quizás las tenga: y una de ellas es que todo puede ser el resultado de un malentendido, que, de hecho, todo lo es. Quiero decir que la misma cosa no es siempre la misma [...]. Lo que quiero decir es que hay una diferencia entre una cosa en referencia limitada a uno mismo, desde la proximidad, o verla desde cierta distancia, en un contexto más general."
Rezzori juega al doble sentido con un inesperado pero verosímil -a la vez que esperado e inverosímil, doblez excluyente que fija la grandeza del relato- final, en el que intercambia los papeles de los actores convirtiéndoles en inanimadas marionetas del fatum, de un destino que, pese a ser implacable, no pierde ni un ápice de comicidad. 
"Era un malentendido, pero, ¿eso qué importaba? A fin de cuentas, era un malentendido más en esta realidad del mundo, donde los valores están tan confusamente revueltos."
Como si fuera una conclusión de unas premisas que tampoco lo son

Pretender que se puede entender la literatura europea del siglo XX atendiendo solamente a los hitos que la crítica y la tradición -pues cualquier pasado, aunque reciente, es susceptible de generar tradición; es más una cuestión de calidad que de antigüedad- han establecido como canónicos, Proust, Joyce, Beckett, Kafka, es una muestra de supina ignorancia o de manifiesta mala fe. Alrededor de esos cuatro  -o cinco, o seis, a gusto del consumidor y a expensas de las comisiones de beatificación- astros, en órbitas independientes pero complementarias, surca el espacio literario un conjunto de escritores cuya obra, por razones no literarias, ha sido ignorada, menospreciada o simplemente olvidada. Céline, reciente aún la vergüenza del veto de las autoridades de la república francesa, apoyada por la intelligentzia institucional, con la decisión política de no celebrar el aniversario de su muerte -¡con lo dados que son los franceses a las efemérides!-, sería un caso paradigmático; algunos escritores mitteleuropeos, hijos a su pesar de una era liquidada y de un imperio desaparecido, como si esa desaparición se los hubiese llevado consigo engullidos por el nuevo orden, se sumarían a la nómina de desahuciados del mainstream canónico; Gregor von Rezzori sería uno de los casos más flagrantes: autor de una obra asombrosa en cantidad y en calidad literaria, se ha tendido a considerarle simplemente como un epígono de una de las literaturas más fructíferas de los últimos doscientos años y, como tal, a arrinconarle en el pelotón de los escritores “que no aportan” ninguna innovación, que siguen el camino trillado que unos aventureros llamados precursores establecieron, y que se limitan a imitar y reproducir clichés caducos.


¿Cómo subsanar este error? De la única manera posible: leyéndolo. Después de la extraordinaria Edipo en Stalingrado, los irreductibles editores de Sexto Piso nos regalan este Sobre el acantilado y otros relatos (Der Schwan; Über dem Kliff; Affenhauer: 3 novellen, editado póstumamente en 2005), un conjunto de tres nouvelles tan representativos del autor como como cualquiera de sus grandes novelas, que contiene, en formato reducido y concentrado, una pertinente muestra del estilo apabullante del autor y de los temas centrales de su producción; no se trata de un ensayo, de un intento, de material de calentamiento, ni de textos menores: su extensión es corta pero concentrada y contienen a Gregor von Rezzori con toda su potencia desplegada. Algún día, toda la literatura debería ser así.

20 de agosto de 2014

El consuelo


"El optimismo en una filosofía de débiles, de blandos que necesitan consuelo."
Pessimisme et individualisme. Georges Palante (1862-1925)

16 de agosto de 2014

Contrapunto XCV

Puesto a escoger entre dos lenguajes abstractos, prefiero una fórmula matemática a un soneto.

12 de agosto de 2014

La hierba de las noches

La hierba de las nochesPatrick ModianoAnagrama, 2014
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
L'herba de les nitsProa, 2014
Traducció de Mercè Ubach Dorca
"El presente no tenía ya importancia alguna, con esos días todos iguales con su luz sin brillo, una luz que debe ser la de la vejez y en las que nos da la impresión de estar sobreviviendo."
Jean, un escritor francés, reconstruye mediante la escritura unos días de su pasado lejano, justo en la frontera de su mayoría de edad, mediante las anotaciones aisladas e incompletas que registró en una libreta negra en aquella época, la visita a los lugares parisinos en los que transcurrieron esos días y la evocación de una intrigante muchacha, con el fin de desentrañar unos hechos que han permanecido sin resolver. 

París y la memoria, los escenarios narrativos que Modiano ha convertido en leit motiv de sus textos hasta elevarlos al papel de protagonistas, son también el centro a partir del cual se articula La hierba de las noches (L'herbe des nuits, 2012), una de las novelas más recientes del francés. De nuevo, Modiano cambia los registros clásicos (protagonistas, trama, escenario...) de la obra de ficción hasta confundirlos y, de este modo, cartografiar un universo tan inconfundible y tan personal que cada una de sus novelas, por principio obras cerradas, autosuficientes, acaba conformando un nuevo capítulo que, a semejanza de las piezas de un improbable puzzle infinito cuya imagen final no tan sólo desconocemos sino que incluso no está definida, complementa el todo formado por sus novelas anteriores y delinea, conb la provisionalidad del boceto, el espacio en el que se asentarán las obras que están por venir. Novelas independientes como pasos intermedios de un continuo work in progress cuyo verdadero alcance sólo puede vislumbrarse -o que, en todo caso, ofrece una perspectiva distinta, mucho más cercana al concepto de obra- en su visión conjunta.
Boulevard du Montparnasse.
wikipedia.org
Un nuevo elemento se suma a París y a la memoria para actuar como catalizador de la historia: un cuaderno negro de notas que asume el papel de guía, como el camino de migas de pan del personaje del cuento infantil, un conjunto de pistas que dejamos cuando caminamos hacia un destino desconocido con la ilusión de recuperar algún día el sendero, es decir, los recuerdos, sin caer en la cuenta de que la reconstrucción del pasado a través de esa "brecha en el tiempo" que se abre no nos proveerá del edificio original sino de un remedo, con distintos grados de semejanza, pero incuestionablemente otro.
"... necesitaba puntos de referencia, nombres de estaciones de metro, números de edificios, pedigrís de perros, como si temiese que, de un momento a otro, las personas y las cosas nos esquivasen o desapareciesen y fuera necesario conservar al menos la prueba de su existencia."
¿Qué sucede cuando el pasado al que accedemos se nos muestra irreconocible? ¿Qué ha sucedido en el lapso de tiempo transcurrido entre los hechos que tuvieron lugar y el momento de su evocación? Las diferencias físicas del paisaje, las calles, los edificios, cuyos cambios percibimos al primer vistazo,¿son testigos del paso del tiempo o simplemente de los cambios que hemos sufrido nosotros?
"Todos esos detalles me vuelven a la memoria desordenados, a trompicones; a menudo se enturbia la luz."
¿Cuál es la intención de cada anotación de la libreta? ¿Por qué apuntamos lo que apuntamos y omitimos otras cosas? ¿Qué designio guía nuestra intención? Si anotamos todo aquello que consideramos importante, ¿qué cambios sufre su nivel de relevancia, pasado el tiempo? Realmente, ¿escribimos para el presente o para el futuro? ¿Anotamos lo que queremos recordar o aquello que no podemos permitirnos olvidar?
"Qué impresión tan rara notamos siempre cuando nos llegan aclaraciones, veinte años después, acerca de personas con las que nos cruzamos..."
Université Sorbonne Nouvelle, Censierparis3contrelru.blogspace.fr 
Las notas de la libreta son precisas, concretas, pero el pasado al que dan acceso es una sucesión de fotogramas perfectos, nítidos, aunque forzosamente fragmentarios. Sio lo que queremos es conseguir la continuidad no queda más remedio que rellenar las lagunas, los tiempos muertos, con unas recreaciones que no son ni neutrales ni desinteresadas; esa es la razón por la que el pasado no es fijo, porque cada vez que accedemos a él nos mueven intereses diferentes.
"No había apuntado ni el nombre ni la dirección en la libreta negra, de la misma forma que evitamos escribir los detalles demasiado íntimos de nuestra vida, por temor a que, cuando hayan quedado recogidos en el papel, dejen de pertenecernos."
¿O acaso se trata de una especie de ancla, una nota al pie de un texto que aún no existe porque pertenece al futuro, incierto, desconocido, expectante, cuya formulación no podemos ni entrever? Sí, como esos planetas cuya existencia se prueba por sus efectos so bre el espacio circundante pero que todavía no han sido descubiertos.
"Pero vuelvo a leer algunas frases, algunos nombres, algunas indicaciones y me da la impresión de que estaba enviando llamadas en morse para más adelante. Sí, era como si quisiera dejar por escrito indicios que me permitieran, en un futuro remoto, aclarar lo que había vivido mientras estaba sucediendo sin acabar de entenderlo, llamadas en morse pulsadas al azar, presa de la mayor confusión. Y habría que esperar años y años para poder descifrarlas."
Recuperar el pasado es invocar también a las personas que pertenecen a él. Pero esa recuperación también es ficticia porque ese personaje no es una unidad estática que, como una imagen en piedra, permanece inalterada. El pasado es un conjunto de episodios sucesivos alterándose entre sí continuamente de modo que es imposible que nuestro recuerdo de alguien en un momento determinado no se vea afectado por los sucesos de los momentos posteriores que forman también parte de nuestros recuerdos. 
"¿El pasado? No, qué va, no se trata del pasado, sino de los episodios de una vida soñada, intemporal, que le arranco, página a página, a la desabrida vida cotidiana para proporcionarle algunas sombras y algunas luces."
Cité Universitaire de Parishttp://bud-up.com
La motivación última, la respuesta a por qué escribe el narrador este libro, no es, pues, por el simple hecho de contar una historia -ésta puede ser la motivación del autor, pero no del narrador-, sino que parece que lo hace para recuperar el pasado consistente en rellenar los huecos que existen entre las anotaciones de la libreta de notas. 
"Sí, a veces la vida es monótona y cotidiana, como hoy, cuando estoy escribiendo estas páginas para dar con líneas de fuga y evadirme por las brechas del tiempo."
El narrador no quiere que el pasado se pierda, no tanto los hechos, que le afectaron sólo tangencialmente, sino sobre todo las personas que aparecen y que, de no ser por él, se limitarían a unos folios en un expediente policial extraviado, es decir, sería como si no hubieran existido.
"Es curiosa la forma en que algunos detalles de la existencia que no vemos al momento, los descubrimos veinte años después, como cuando miramos con lupa una foto familiar antigua y un rostro o un objeto en los que hasta entonces no nos habíamos fijado no salta a la vista..."
Modiano no decepciona, nunca; es cierto que su obra, como todas, tiene sus altibajos, y seguramente la calidad literaria de algunos de sus primeros trabajos no está a la altura de lo que ha ido escribiendo posteriormente, pero una vez alcanzada la madurez narrativa, establecidos sus puntos de interés y fijada su poética, cada libro es un ejemplar ejercicio tan seductor como ese París al que nos traslada una y otra vez con su potente, inconfundible voz.

Otros recursos relativos a Patrick Modiano en este blog:

Patrick Modiano es un escritor de registros infinitos, uno de los grandes novelistas europeos hacia el cual este reseñante no tiene más remedio que confesar su rendida admiración, y que mediante su exquisita narrativa es ...
Patrick Modiano es un narrador de lo que podría denominarse "conflicto latente", esos combates que subyacen, disimulados, en la cotidianidad, como es el caso de esos conflictos eufemísticamente llamados "de baja ...
En contraste con las "escrituras etéreas", Modiano es el escritor de lo tangible, la memoria, que aunque oculta, no pierde un ápice de su materialidad, pues se encuentra depositada en nuestro propio interior; es solamente ...
Dora Bruder. Patrick Modiano, Seix Barral. Traducción de Marina Pino. “Existen casualidades, encuentros y coincidencias que se ignorarán siempre”. Patrick Modiano reaparece en este blog con honores de estreno, un autor ...
Je dis ce que j'en sens: Barrio perdido
La presencia de Patrick Modiano en este blog es recurrente; es de agradecer que distintas editoriales de variado pelaje, de un tiempo a esta parte, hayan "redescubierto" (olvidando u obviando ese antiguo y anacrónico ...
Inscrita en la reciente y bienvenida afluencia de títulos de Patrick Modiano a los anaqueles, Anagrama y Proa en catalán (Carrer de les Botigues Fosques) recuperan este Premio Goncourt de 1978, Rue des boutiques ...
Los seguidores de Patrick Modiano estamos de enhorabuena. La editorial Anagrama ha tenido la feliz idea de publicar en un solo volumen, bajo el título de Trilogía de la Ocupación, las tres primeras novelas del autor ...
Un nuevo Modiano en castellano; efectivamente, parece que el mundo literario español se ha decidido, por fin, a ir saldando, paulatinamente y bajo distintos sellos, la deuda que tenía con el escritor francés, uno de los ...
En el café de la juventud perdida. Patrick Modiano. Anagrama En el cafè de la joventut perduda. Patrick Modiano. Proa Cuando afirmamos conocer a alguien, o cuando actuamos como si este conocimiento fuera cierto, ...
Patrick Modiano, Anagrama Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. “Los mejores puntos de referencia son las guerras.” En una estación termal situada al margen del espacio, por más que se ubique en la frontera ...
Patrick Modiano · Cabaret Voltaire, 2013. Traducción de Adoración Elvira Rodríguez Un sólido ejemplo de la potencia narrativa de Modiano con sus protagonistas habituales: París, la juventud, el misterio... 
 

6 de agosto de 2014

Contrapunto LXXXIV

La facilidad con la que me extravío es una de las características personales de las que estoy más orgulloso.

4 de agosto de 2014

Contrapunto XCVIII

No necesito que la sociedad me dicte prohibiciones, ya me las estableceré yo mismo: nadie conoce mejor que yo las características de las transgresiones que puedo cometer y, además, no se debe prohibir lo mismo a todo el mundo; las prohibiciones, de ser necesarias, deberían ser a la carta.