28 de agosto de 2014

Sobre el acantilado y otros relatos

Sobre el acantilado y otros relatos. Gregor von Rezzori, Sexto Piso, 2014
Traducción de José Aníbal Campos
"Pero volviendo a lo que deseaba contar: hoy, cuando tenía ante mí esas puntas de corazón, tuve la sensación de estar flotando de nuevo sobre el abismo del acantilado. Me produce placer cortar carne con cuchillos muy afilados, especialmente el corazón, que tiene una textura más compacta y elástica que la de las otras carnes y muestra al corte, por así decir, superficies más carnosas, más carnales, de las que salen unas pocas gotas de sangre."
"El cisne"
La potencia del punto de vista
noticias.latino.msn.com
"En el retraído silencio que rodeaba al muerto, suspendido allí como el aliento contenido en medio del calor estival, una enorme mosca de destellos iridiscentes enhebraba el arabesco confuso de su ferviente canto de vida con una desquiciada trayectoria que trazaba el jeroglífico de la absurda existencia en la mórbida tarde en la que, ajena y perdida, se había sumido la casa, con sus carcomidas contraventanas y sus deshilachadas cortinas de damasco, escapsulada malamente en una penumbra atemporal, alrededor del solemne centro de luz creado por las llamas de unos cirios desde los que se alzaba un humo jabonoso."
Con este excepcional despliegue da comienzo el primero de los relatos del volumen, en manos de un narrador en primera persona descreído y cínico, que cuenta un incidente que se produjo en su infancia mientras intenta averiguar cuál es su lugar en un mundo que cambia a un ritmo inasumible y sueña con mantener relaciones sexuales incestuosas con su hermana, con la que le une una extraña complicidad que recuerda a la de Ulrich con Agathe de El hombre sin atributos; el cuento se abre con el velatorio de su tío, un personaje típicamente centroeuropeo, desmesurado hasta el patetismo, digno representante de un mundo en vías de desaparición, un redomado impostor que sólo en la muerte ha podido convertirse en el personaje que ansió ser toda su vida. El tío se ha suicidado, incapaz de mantener la impostura en un mundo cambiante en el que los valores del pasado han perdido la preeminencia de la que habían gozado porque la ola del tiempo nuevo ha arrasado el edificio, que ahora se revela en su extrema fragilidad, que los había cobijado. El hecho de que el fallecido quisiera efectuar su tránsito disfrazado
"Con el uniforme de la guardia de un imperio hacía tiempo desaparecido, dotado con las insignias de un grado que habría alcanzado si hubiera seguido en Rusia y si Rusia hubiera seguido siendo el imperio de los zares, cubierto y constelado de medallas que supuestamente le habrían sidom concedidas por participar, con supuestos honores, en gloriosas campañas bélicas que jamás tuvieron lugar..."
reviste el carácter de homenaje particular desde la propia impostura a una gran mentira que se resistía, patéticamente, a retirarse y ceder su sitio a la ineluctable realidad.
"La regla básica de toda prestidigitación -solía aleccionarlos el tío Serguei, que también era dueño de una asombrosa habilidad con los dedos- es la distracción: se atrae la atención hacia una maniobra falsa para realizar la verdadera por la espalda."
El relato parte del lugar común del regreso de la ciudad al campo: la vuelta a los orígenes desde el punto de vista de alguien que, perteneciente a la nobleza rural y, por tanto, con un elevado estatus no tanto económico como social, busca traspasar a otro medio una sensación de superioridad que en la ciudad es irrelevante por una cuestión de grado de disolución: mientras que en la ciudad la guerra había provocado el traspaso del dominio social desde una nobleza que había sido la verdadera perdedora -el fin del imperio la había dejado sin base sobre la que sostenerse- hacia una emergente burguesía que se había visto vencedora en el predominio social de clase -a pesar de haber perdido también la guerra- y en la emergencia del dinero, en lugar de la sangre, como nuevo valor de cambio y de referencia. Un regreso al campo que sólo puede ser obligado por una muerte -reflejo de la muerte de un modo de vida-, como es el caso, porque el narrador ya no pertenece a ese paisaje.
"La gran meretriz Babilonia se había adaptado a una nueva era universal, se había aburguesado, pero no por ello era ahora menos ostentosa ni tenía menos pretensiones [...]. Su atractivo era irresistible, yo mismo lo había experimentado mientras recorría varios países a mi regreso del colegio. Y lo supe enseguida: ésa sería, algún día, mi patria."
Ese extrañamiento puede adoptar diversas formas de manifestación; Rezzori lo materializa con la imagen del lento transcurrir del tiempo, las horas ociosas, el aburrimiento
"Días en los que la soporífera regularidad de comidas demasiado copiosas encandía el vacío correr de las horas",
con los relojes detenidos por haberse oxidado los engranajes:
"Percibíamos el tiempo en nuestra circulación sanguínea. A veces me sorprendía mirando a Tania fijamente, creyendo sentir cómo sus senos iban crecien do bajo la tela de su blusa."
Rezzori despliega, junto con los elementos puramente narrativos, de acción, una capacidad descriptiva realmente notable, pues no se trata de descripciones completas sino únicamente de aquellos detalles que, escogidos del conjunto de la escena, posibilitan al lector la recreación ajustada de aquello que se describe. El mérito pues, en este caso, nos es que el autor suministre la totalidad de elementos presentes en una escena determinada sino que la elección que lleva a cabo, a pesar de omitir "los importantes", cree en el lector la impresión de que son suficientes.

En todo caso, cabría preguntarse -es una pregunta pertinente, a menudo, aunque con igual frecuencia de imposible respuesta a no ser la pura especulación- cuál es el motivo que lleva al protagonista a "escribir" esta historia; de entre todas las respuestas posibles -un recuerdo de la infancia, un homenaje a un modo de vida extinguido, y todos los que se quiera- toma fuerza el carácter de relato de formación -¿Bildungsgeschichte?- en el que el funeral del tío sería el último acto de una infancia anormalmente prolongada, que subrayan esas risas incontenibles incluso ante escenarios luctuosos como frontera que marcaría el punto de la pérdida de la inocencia infantil,
"A día de hoy, se me antoja que ya entonces sospechábamos (o por lo menos intuíamos) que esa risa ocasional e incontrolable surgía de una desesperación cuyas causas residían en la comprensión del carácter efímero de toda existencia [...]. Aún no había llegado este momento de cambio en el que uno deja atrás el umbral de la infancia, un cambio con el cual nuestra risa desesperada devendría una risa malvada"
y la muerte del cisne, el episodio conceptualmente central del relato, la excusa, el motivo, el  desencadenante a partir del cual el narrador teje el relato -pero esta sería una característica formal, y lo que se intentaba era desvelar las motivaciones, perdón por el tropo, "psicológicas"-, el inicio de un estado adulto precozmente provocado; y en ambos, la presencia ininterrumpida del personaje en honor del cual parece confeccionado el relato -y de este modo queda respondida la pregunta con que se inicia este párrafo-: la hermana.
"Fue el tiempo, en conjunción con otras experiencias de nuestra juventud, lo que hizo que [el incidente del cisne] se realzara en todo su significado. Sería necesaria toda una vida llena de experiencias muy distintas para hacerme comprender -y hablo sólo de mí, ya que mi hermana Tania murió muy poco después- por qué aquel día funesto llegaría a pesar tanto sobre mi alma, como si encerrara un pecado que no fuera sólo un delito contra las normas de corrección de la caza [...], sino una mácula en la pureza de nuestra infancia, una mácula, por si fuera poco, inconscientemente intencionada."
O tal vez, volviendo a las motivaciones, todo sea mucho más sencillo -y ahí sí, el autor, desmonte toda posible exégesis, análisis o deconstrucción que quiera cebarse, exageradamente, en su texto-, y la verdadera razón por la que el narrador articula su relato sea la contenida en el último párrafo que, como comprenderán, no voy a desvelar. 

Ignoro -y no me hace falta conocer- si el relato contiene elementos autobiográficos, pero parece imposible conseguir un nivel de detalle, no tanto en los hechos como en las reflexiones del narrador, tan acertado, exacto, perfecto, minucioso, pormenorizado, si no se trata de la reproducción de algo que le ha sucedido realmente al autor. O tal vez lo que sucede es que esté sólo al alcance de una especie privilegiada de la raza de escritores. Y si esa especie existe, no cabe duda de que von Rezzori es un contrastado representante. 

"Sobre el acantilado"
El lector como marioneta
http://cambiorad.blogspot.com.es
Un solitario y excéntrico tallador de madonnas -primera ironía, nada más empezar: un protestante que hace de las tallas de la Virgen María su profesión- reflexiona, desde un sólido presente, acerca de algunos episodios de su vida pasada: su complicada relación con las mujeres, desde la mutua violación de la criada hasta las fantasías eróticas con su madre que dejarían al "complejo de Edipo" como un juego para párvulos; con descripciones atentas y detalladas para, a continuación, cambiar de tema, pasar de una aparente calma y reflexión a una explosión digna de un síndrome maníaco-depresivo de manual.

El tema que parece subyacer al relato, por más que la variedad de asuntos tratados por el protagonista haga difícil hablar de un solo tema, podría ser la relación del artista con el arte, con su ética y con las personas que le rodean, pero desde el punto de vista maximalista de que sea el propio artista quien hable de ello. Siendo como es conocida la beligerancia de von Rezzori con las especulaciones freudianas -un elemento intencionado que se recoge a lo largo de su obra-, Sobre el acantilado contiene una despiadada parodia acerca de algunos de los lugares comunes que más fortuna han alcanzado en el imaginario colectivo y en el devenir de las pseudociencias: el efecto sobre la sexualidad adulta de las supuestas experiencias eróticas de la infancia, el autoerotismo  derivado de los sueños de muerte y mutilación, y la concepción, que Freud -que acostumbraba a llegar tarde a todas partes; el psicoanálisis no sería más que el romanticismo epigónico aplicado a los desórdenes psíquicos... del creador de la doctrina- recogió del romanticismo, del artista, aislado en su torre de marfil "sobre el acantilado", como personaje torturado por la inspiración, obligado a dar salida a sus impulsos neuróticos mediante la creación. Y el modo que escoge von Rezzori para desactivar esas especulaciones es la reducción al absurdo mediante el recurso a la hipérbole: la madre del protagonista obligándole a acostarse en su cama
"Su única muestra de afecto era darme permiso -más tarde la orden- para acudir a su lecho tras las comidas y echar una siesta [...] Aquello muy pronto se convertiría en una fuente incesante de inquietud para mí. Mi madre su tumbaba sobre aquella cama casi desnuda, sólo cubierta por una bata de finísima seda, debajo de la cual yo adivinaba la presencia de sus pechos voluptuosos bajo el sostén. Pronto mi imaginación, sin embargo, se fue colmando con otros pensamientos. Sentía una especie de vértigo cuando pensaba en esas partes del cuerpo que se ocultaban ahí debajo: su torso de piel tersa, con la honda fosa del ombligo, el inicio del vientre hasta llegar a las bragas que seguramente llevaba puestas y que yo imaginaba tan pequeñas y ajustadas como para mostrar el dibujo en relieve de su vello púbico",
y amenazándole con las peores enfermedades venéreas -y el consiguiente miedo a la castración- si se acuesta con otras mujeres
"Mi madre despidió a la chica y luego, para comprobar qué efecto había tenido sobre mí el despido, me contó que había tenido que echar a Lisa, ya que aquella mocita campesina, de apariencia tan inocente, padecía una enfermedad venérea";
el impulso erótico provocado por la actividad del carnicero cuando descuartiza un animal que provoca en el artista pensamientos homoeróticos
"Las manos del carnicero eran bellas, tenían venas con carácter y dedos sensibles, cuyas uñas, en forma de palas, permanecían limpias a pesar de estar hurgando siempre en la carne sanguinolienta. Eran manos de artista. Y lo más impresionante eran sus brazos: macizos y musculosos, imponentes, como si se nutriesen del contacto continuo con la carne. La piel de los antebrazos era opaca como el marfil, y estaba cubierta de un vello negro y sedoso. Sólo en la parte interior permanecía desnuda, tan lisa y blanca sobre los codos como los senos de algunas mujeres muy hermosas";
o el contraste entre la supuesta pasión con que el protagonista esculpe unas imágenes para el mercado de esculturas fabricadas en serie:
"Mis figuras talladas encontraban buena salida en las galerías de arte, y tenía que producirlas en serie, pero lo hacía todo a mano. También eso era trabajo mecánico. Para las producciones más creativas, los prototipos de los muy solicitados conjuntos de la Anunciación o de las más populares estatuillas de la Mater dolorosa o de la Pietà, evitaba dejarme influir por los modelos conocidos de la historia del arte italiano. Lo que me inspiraba era la naturaleza."
Todo este aspecto paródico no es, sin embargo, el único componente que hace del relato una obra que roza la maravilla; junto con él, vale la pena detenerse un momento en el personaje del protagonista como narrador. Esos cambios de humor, la facilidad con que pasa desde contar con un alto grado de excitación hasta el punto de mesura, casi objetividad, a la hora de relatar los hechos en los que niega estar personalmente implicado hace dudar de su fiabilidad, como si se dejara ir cuando habla de aquellos asuntos que le conciernen directamente pero reprimiera bajo la máscara de la objetividad -¿de la frialdad?- sus verdaderas motivaciones. ¿Cuenta el narrador las cosas tal y como sucedieron realmente? ¿Por qué, en la segunda mitad del relato, su carácter parece suavizarse y su discurso, lejos de las afirmaciones taxativas del principio, parece dulcificarse? ¿Está preparando meticulosa y manipuladoramente al lector, poniéndolo de su parte, antes de acometer una revelación que podría comprometerle?
"El más mínimo error espanta. Has de tener conciencia de que cualquier paso en falso descubrirá la farsa que estás a punto de escenificar."
En todo caso, aunque todo esto no fueran más que especulaciones y se tratara solamente de una alucinación del lector, ahí está, de nuevo, un episodio final para devolver las cosas a su sitio, para obligar al lector a releer de cabo a rabo el relato teniendo en cuenta esa revelación -es lo que ha hecho este lector, inmediatamente después de acabar-, y a concluir, sin exageración, que la maestría de Rezzori a la hora de manipular al lector no parece conocer límites.

"Alfanjáuer"
La creación de un personaje
Juicio a históricos de las BR en Turín (1976)
http://cuestionatelotodo.blogspot.com.es
Es de general conocimiento que, en su imparable avance, el progreso siempre se alía con una clase aspirante -la fidelidad es de pobres- para arrasar el viejo orden: se asoció a la burguesía para acabar con la nobleza para, posteriormente, ir de la mano de la política para desbancar a aquélla. Pero igual que sucedió en cada relevo, la aparición de nuevos actores modifica el equilibrio de fuerzas que hace que la humanidad pueda seguir viviendo una vida socialmente aceptable, pero que precisa de factores de corrección que a modo de aliviadero suavicen los excesos y aligeren los puntos donde la tensión podría causar el naufragio del sistema.
"Sus clientas pagaban ahora con cheques cubiertos, aunque el dinero de esa cobertura fuese robado: daba igual quién lo hubiera robado, ya que en las habilidades manuales de los políticos uno no se mira demasiado la limpieza de las uñas. En cualquier caso, a la almiranta ya no la despachaban, como antaño, con dudosos giros bancarios de maridos o amantes de aristocracia provisional en la arriesgada industria del cine."
En este tercer relato que cierra el volumen, Rezzori nos traslada a la Italia de la segunda mitad del siglo XX, en la época de auge de la Democracia Cristiana -y primera gran época de la corrupción- bajo la guía de un narrador omniscente cuya falta de escrúpulos a la hora de relatar y juzgar las conductas de los personajes lo convierten en el confidente ideal del lector, y bien que cumple esa función cuando esboza los antecedentes materno -dominante- y paterno -irrelevante- del personaje titular de la acción. Y de nuevo, esta vez directamente, torpedenando a la línea de flotación del psicoanálisis:
"Corresponde a les especulaciones de tipo psicológico explicar del modo que mejor le parezcan las razones por las que la almiranta [...]. Suponer eso no sólo entraría en contradicción con una regla de tres psicológica, casi irrefutable, según la cual los llamados hombres de acción no tienden a la observación contemplativa de las trastiendas de sus coetáneos [...]"
El relato se entretiene, se demora, poniendo al lector en situación (una villa campestre engullida por una autovía y una urbanización, una mujer de armas tomar -la almiranta citada anteriormente- dueña de una firma de moda) para acompañarlo hasta el protagonista, Mario, un cuarentón sin oficio ni beneficio que se limita a vegetar y, merced a una posición económica desahogada, vivir una vida sin preocupaciones ni sobresaltos hasta que, reflejo de un nuevo traspaso del centro de gravedad de la importancia social, traba amistad con una influyente programadora de la RAI que le brinda relaciones con los emergentes poderes de la juventud, la cultura y la bohemia, y le provoca una tan inefable como mal digerida epifanía acerca "lo real de la realidad"; es decir, le abre al mundo, despegándole por fin de la falda de su madre.
"-La historia no tiene moralejas. Aunque quizás las tenga: y una de ellas es que todo puede ser el resultado de un malentendido, que, de hecho, todo lo es. Quiero decir que la misma cosa no es siempre la misma [...]. Lo que quiero decir es que hay una diferencia entre una cosa en referencia limitada a uno mismo, desde la proximidad, o verla desde cierta distancia, en un contexto más general."
Rezzori juega al doble sentido con un inesperado pero verosímil -a la vez que esperado e inverosímil, doblez excluyente que fija la grandeza del relato- final, en el que intercambia los papeles de los actores convirtiéndoles en inanimadas marionetas del fatum, de un destino que, pese a ser implacable, no pierde ni un ápice de comicidad. 
"Era un malentendido, pero, ¿eso qué importaba? A fin de cuentas, era un malentendido más en esta realidad del mundo, donde los valores están tan confusamente revueltos."
Como si fuera una conclusión de unas premisas que tampoco lo son

Pretender que se puede entender la literatura europea del siglo XX atendiendo solamente a los hitos que la crítica y la tradición -pues cualquier pasado, aunque reciente, es susceptible de generar tradición; es más una cuestión de calidad que de antigüedad- han establecido como canónicos, Proust, Joyce, Beckett, Kafka, es una muestra de supina ignorancia o de manifiesta mala fe. Alrededor de esos cuatro  -o cinco, o seis, a gusto del consumidor y a expensas de las comisiones de beatificación- astros, en órbitas independientes pero complementarias, surca el espacio literario un conjunto de escritores cuya obra, por razones no literarias, ha sido ignorada, menospreciada o simplemente olvidada. Céline, reciente aún la vergüenza del veto de las autoridades de la república francesa, apoyada por la intelligentzia institucional, con la decisión política de no celebrar el aniversario de su muerte -¡con lo dados que son los franceses a las efemérides!-, sería un caso paradigmático; algunos escritores mitteleuropeos, hijos a su pesar de una era liquidada y de un imperio desaparecido, como si esa desaparición se los hubiese llevado consigo engullidos por el nuevo orden, se sumarían a la nómina de desahuciados del mainstream canónico; Gregor von Rezzori sería uno de los casos más flagrantes: autor de una obra asombrosa en cantidad y en calidad literaria, se ha tendido a considerarle simplemente como un epígono de una de las literaturas más fructíferas de los últimos doscientos años y, como tal, a arrinconarle en el pelotón de los escritores “que no aportan” ninguna innovación, que siguen el camino trillado que unos aventureros llamados precursores establecieron, y que se limitan a imitar y reproducir clichés caducos.


¿Cómo subsanar este error? De la única manera posible: leyéndolo. Después de la extraordinaria Edipo en Stalingrado, los irreductibles editores de Sexto Piso nos regalan este Sobre el acantilado y otros relatos (Der Schwan; Über dem Kliff; Affenhauer: 3 novellen, editado póstumamente en 2005), un conjunto de tres nouvelles tan representativos del autor como como cualquiera de sus grandes novelas, que contiene, en formato reducido y concentrado, una pertinente muestra del estilo apabullante del autor y de los temas centrales de su producción; no se trata de un ensayo, de un intento, de material de calentamiento, ni de textos menores: su extensión es corta pero concentrada y contienen a Gregor von Rezzori con toda su potencia desplegada. Algún día, toda la literatura debería ser así.

20 de agosto de 2014

El consuelo


"El optimismo en una filosofía de débiles, de blandos que necesitan consuelo."
Pessimisme et individualisme. Georges Palante (1862-1925)

16 de agosto de 2014

Contrapunto XCV

Puesto a escoger entre dos lenguajes abstractos, prefiero una fórmula matemática a un soneto.

12 de agosto de 2014

La hierba de las noches

La hierba de las nochesPatrick ModianoAnagrama, 2014
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
L'herba de les nitsProa, 2014
Traducció de Mercè Ubach Dorca
"El presente no tenía ya importancia alguna, con esos días todos iguales con su luz sin brillo, una luz que debe ser la de la vejez y en las que nos da la impresión de estar sobreviviendo."
Jean, un escritor francés, reconstruye mediante la escritura unos días de su pasado lejano, justo en la frontera de su mayoría de edad, mediante las anotaciones aisladas e incompletas que registró en una libreta negra en aquella época, la visita a los lugares parisinos en los que transcurrieron esos días y la evocación de una intrigante muchacha, con el fin de desentrañar unos hechos que han permanecido sin resolver. 

París y la memoria, los escenarios narrativos que Modiano ha convertido en leit motiv de sus textos hasta elevarlos al papel de protagonistas, son también el centro a partir del cual se articula La hierba de las noches (L'herbe des nuits, 2012), una de las novelas más recientes del francés. De nuevo, Modiano cambia los registros clásicos (protagonistas, trama, escenario...) de la obra de ficción hasta confundirlos y, de este modo, cartografiar un universo tan inconfundible y tan personal que cada una de sus novelas, por principio obras cerradas, autosuficientes, acaba conformando un nuevo capítulo que, a semejanza de las piezas de un improbable puzzle infinito cuya imagen final no tan sólo desconocemos sino que incluso no está definida, complementa el todo formado por sus novelas anteriores y delinea, conb la provisionalidad del boceto, el espacio en el que se asentarán las obras que están por venir. Novelas independientes como pasos intermedios de un continuo work in progress cuyo verdadero alcance sólo puede vislumbrarse -o que, en todo caso, ofrece una perspectiva distinta, mucho más cercana al concepto de obra- en su visión conjunta.
Boulevard du Montparnasse.
wikipedia.org
Un nuevo elemento se suma a París y a la memoria para actuar como catalizador de la historia: un cuaderno negro de notas que asume el papel de guía, como el camino de migas de pan del personaje del cuento infantil, un conjunto de pistas que dejamos cuando caminamos hacia un destino desconocido con la ilusión de recuperar algún día el sendero, es decir, los recuerdos, sin caer en la cuenta de que la reconstrucción del pasado a través de esa "brecha en el tiempo" que se abre no nos proveerá del edificio original sino de un remedo, con distintos grados de semejanza, pero incuestionablemente otro.
"... necesitaba puntos de referencia, nombres de estaciones de metro, números de edificios, pedigrís de perros, como si temiese que, de un momento a otro, las personas y las cosas nos esquivasen o desapareciesen y fuera necesario conservar al menos la prueba de su existencia."
¿Qué sucede cuando el pasado al que accedemos se nos muestra irreconocible? ¿Qué ha sucedido en el lapso de tiempo transcurrido entre los hechos que tuvieron lugar y el momento de su evocación? Las diferencias físicas del paisaje, las calles, los edificios, cuyos cambios percibimos al primer vistazo,¿son testigos del paso del tiempo o simplemente de los cambios que hemos sufrido nosotros?
"Todos esos detalles me vuelven a la memoria desordenados, a trompicones; a menudo se enturbia la luz."
¿Cuál es la intención de cada anotación de la libreta? ¿Por qué apuntamos lo que apuntamos y omitimos otras cosas? ¿Qué designio guía nuestra intención? Si anotamos todo aquello que consideramos importante, ¿qué cambios sufre su nivel de relevancia, pasado el tiempo? Realmente, ¿escribimos para el presente o para el futuro? ¿Anotamos lo que queremos recordar o aquello que no podemos permitirnos olvidar?
"Qué impresión tan rara notamos siempre cuando nos llegan aclaraciones, veinte años después, acerca de personas con las que nos cruzamos..."
Université Sorbonne Nouvelle, Censierparis3contrelru.blogspace.fr 
Las notas de la libreta son precisas, concretas, pero el pasado al que dan acceso es una sucesión de fotogramas perfectos, nítidos, aunque forzosamente fragmentarios. Sio lo que queremos es conseguir la continuidad no queda más remedio que rellenar las lagunas, los tiempos muertos, con unas recreaciones que no son ni neutrales ni desinteresadas; esa es la razón por la que el pasado no es fijo, porque cada vez que accedemos a él nos mueven intereses diferentes.
"No había apuntado ni el nombre ni la dirección en la libreta negra, de la misma forma que evitamos escribir los detalles demasiado íntimos de nuestra vida, por temor a que, cuando hayan quedado recogidos en el papel, dejen de pertenecernos."
¿O acaso se trata de una especie de ancla, una nota al pie de un texto que aún no existe porque pertenece al futuro, incierto, desconocido, expectante, cuya formulación no podemos ni entrever? Sí, como esos planetas cuya existencia se prueba por sus efectos so bre el espacio circundante pero que todavía no han sido descubiertos.
"Pero vuelvo a leer algunas frases, algunos nombres, algunas indicaciones y me da la impresión de que estaba enviando llamadas en morse para más adelante. Sí, era como si quisiera dejar por escrito indicios que me permitieran, en un futuro remoto, aclarar lo que había vivido mientras estaba sucediendo sin acabar de entenderlo, llamadas en morse pulsadas al azar, presa de la mayor confusión. Y habría que esperar años y años para poder descifrarlas."
Recuperar el pasado es invocar también a las personas que pertenecen a él. Pero esa recuperación también es ficticia porque ese personaje no es una unidad estática que, como una imagen en piedra, permanece inalterada. El pasado es un conjunto de episodios sucesivos alterándose entre sí continuamente de modo que es imposible que nuestro recuerdo de alguien en un momento determinado no se vea afectado por los sucesos de los momentos posteriores que forman también parte de nuestros recuerdos. 
"¿El pasado? No, qué va, no se trata del pasado, sino de los episodios de una vida soñada, intemporal, que le arranco, página a página, a la desabrida vida cotidiana para proporcionarle algunas sombras y algunas luces."
Cité Universitaire de Parishttp://bud-up.com
La motivación última, la respuesta a por qué escribe el narrador este libro, no es, pues, por el simple hecho de contar una historia -ésta puede ser la motivación del autor, pero no del narrador-, sino que parece que lo hace para recuperar el pasado consistente en rellenar los huecos que existen entre las anotaciones de la libreta de notas. 
"Sí, a veces la vida es monótona y cotidiana, como hoy, cuando estoy escribiendo estas páginas para dar con líneas de fuga y evadirme por las brechas del tiempo."
El narrador no quiere que el pasado se pierda, no tanto los hechos, que le afectaron sólo tangencialmente, sino sobre todo las personas que aparecen y que, de no ser por él, se limitarían a unos folios en un expediente policial extraviado, es decir, sería como si no hubieran existido.
"Es curiosa la forma en que algunos detalles de la existencia que no vemos al momento, los descubrimos veinte años después, como cuando miramos con lupa una foto familiar antigua y un rostro o un objeto en los que hasta entonces no nos habíamos fijado no salta a la vista..."
Modiano no decepciona, nunca; es cierto que su obra, como todas, tiene sus altibajos, y seguramente la calidad literaria de algunos de sus primeros trabajos no está a la altura de lo que ha ido escribiendo posteriormente, pero una vez alcanzada la madurez narrativa, establecidos sus puntos de interés y fijada su poética, cada libro es un ejemplar ejercicio tan seductor como ese París al que nos traslada una y otra vez con su potente, inconfundible voz.

Otros recursos relativos a Patrick Modiano en este blog:

Patrick Modiano es un escritor de registros infinitos, uno de los grandes novelistas europeos hacia el cual este reseñante no tiene más remedio que confesar su rendida admiración, y que mediante su exquisita narrativa es ...
Patrick Modiano es un narrador de lo que podría denominarse "conflicto latente", esos combates que subyacen, disimulados, en la cotidianidad, como es el caso de esos conflictos eufemísticamente llamados "de baja ...
En contraste con las "escrituras etéreas", Modiano es el escritor de lo tangible, la memoria, que aunque oculta, no pierde un ápice de su materialidad, pues se encuentra depositada en nuestro propio interior; es solamente ...
Dora Bruder. Patrick Modiano, Seix Barral. Traducción de Marina Pino. “Existen casualidades, encuentros y coincidencias que se ignorarán siempre”. Patrick Modiano reaparece en este blog con honores de estreno, un autor ...
Je dis ce que j'en sens: Barrio perdido
La presencia de Patrick Modiano en este blog es recurrente; es de agradecer que distintas editoriales de variado pelaje, de un tiempo a esta parte, hayan "redescubierto" (olvidando u obviando ese antiguo y anacrónico ...
Inscrita en la reciente y bienvenida afluencia de títulos de Patrick Modiano a los anaqueles, Anagrama y Proa en catalán (Carrer de les Botigues Fosques) recuperan este Premio Goncourt de 1978, Rue des boutiques ...
Los seguidores de Patrick Modiano estamos de enhorabuena. La editorial Anagrama ha tenido la feliz idea de publicar en un solo volumen, bajo el título de Trilogía de la Ocupación, las tres primeras novelas del autor ...
Un nuevo Modiano en castellano; efectivamente, parece que el mundo literario español se ha decidido, por fin, a ir saldando, paulatinamente y bajo distintos sellos, la deuda que tenía con el escritor francés, uno de los ...
En el café de la juventud perdida. Patrick Modiano. Anagrama En el cafè de la joventut perduda. Patrick Modiano. Proa Cuando afirmamos conocer a alguien, o cuando actuamos como si este conocimiento fuera cierto, ...
Patrick Modiano, Anagrama Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. “Los mejores puntos de referencia son las guerras.” En una estación termal situada al margen del espacio, por más que se ubique en la frontera ...
Patrick Modiano · Cabaret Voltaire, 2013. Traducción de Adoración Elvira Rodríguez Un sólido ejemplo de la potencia narrativa de Modiano con sus protagonistas habituales: París, la juventud, el misterio... 
 

6 de agosto de 2014

Contrapunto LXXXIV

La facilidad con la que me extravío es una de las características personales de las que estoy más orgulloso.

4 de agosto de 2014

Contrapunto XCVIII

No necesito que la sociedad me dicte prohibiciones, ya me las estableceré yo mismo: nadie conoce mejor que yo las características de las transgresiones que puedo cometer y, además, no se debe prohibir lo mismo a todo el mundo; las prohibiciones, de ser necesarias, deberían ser a la carta.

2 de agosto de 2014

Cantidades

"Cosas que indican mal gusto: demasiados objetos en torno a uno; demasiados pinceles en el estuche; demasiados Budas en el altar familiar; demasiadas piedras y plantas en el jardín; demasiados hijos y nietos en casa; demasiadas palabras de bienvenida a un amigo; demasiados méritos al hacer una petición.
Cosas que, por más que haya, nunca ofenden: demasiados libros en los anaqueles; demasiada basura en un basurero."
Kenzo Yoshida, Tsurezuregusa, ocurrencias de un ocioso, Ediciones Hiperión, 1986

30 de julio de 2014

Lecturas de julio

Traducción de Juan de Sola
Moo Pak es la historia de un libro que surge de no ser escrito, una paradoja metaliteraria que explota el hecho de que si el texto que había de ser redactado lo hubiese sido efectivamente, el libro que tenemos entre manos no existiría, pues no deja de emerger de una carencia. Un solo párrafo de verborrea incontinente en la que un amigo escritor le cuenta a otro -que es el narrador-, mientras pasean por un Londres meticulosamente cartografiado, acerca de sus aspiraciones artísticas y personales, y aprovechando para cargar con las contradicciones de la contemporaneidad. En una sabia mezcla de Beckett, conceptualmente, y Bernhard, formalmente, el lector asiste a unas reflexiones que bien podrían ser las suyas, expuestas con la frescura de la conversación intrascendente pero con la profundidad de una tesis. Un texto diferente y extremadamente desafiante de un autor relativamente desconocido por estos lares que merece meticulosa atención.
****/*****
El somni de Lucreci. Martí Domínguez, Proa, 2013
El veritable efecte intel·lectual del poema de Lucreci no va tenir per subjecte la societat contemporània del filòsof -el materialisme posseïa una llarga tradició des dels filòsofs presocràtics, i les relacions dels grecs i els romans amb la religió era molt laxa- sino el seu redescobriment al Renaixement, moment en el qual el cristianisme havia assolit una envejable i consolidad posició de domini, i no només en qüestions religioses. Domínguez ressegueix, amb habilitat narrativa, neteja, raonaments intel·ligibles i gran capacitat didàctica, les petxades de De rerum natura a través de la història de la ciència i el pensament científic al llarg del segles, remarcant el paper de precursor de la racionalitat moderna, en un viatge que parteix d'Epicur i que, passant per la invenció de la impremta i la Il·lustració, tallà definitivament la interdependència de la natura i de l'ésser humà, considerat com el seu producte fruit de l'atzar, amb els déus.
***/*****
El comienzo de la madurez. Henry James, Editorial Periférica, 2014
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas
Pocos autores requieren del lector una disposición de ánimo tan particular para enfrentar sus textos como Henry James. La cualidad hipnótica de su prosa y su enrevesada sintaxis, pleonásmicamente eficiente, requieren una atención que, obviando -aunque disfrutando- la forma, permite descifrar un mensaje, entre el cúmulo de elisiones, sobreentendidos y ocultamientos, que deja atónito al lector desprevenido. Así que busquen un entorno apropiado y tomen, al menos, una dosis anual de Henry James; su inteligencia se lo agradecerá.
*****/*****
Diario 1660-1669. Samuel Pepys, Espasa, 2007
Traducción de Joaquín Martínez Llorente
El Diario, un género híbrido entre la ficción y las Memorias, provocado por el intento de registrar, en provecho de una desconocida posterioridad, unos determinados hechos personales puestos en un contexto histórico concreto, acaban siendo pasto de la curiosidad del lector común y, a la vez, de la investigación histórica. El Diario de Samuel Pepys, político y bibliófilo inglés, permite asistir en primera persona a una etapa determinante en el devenir  de la historia de Inglaterra, la Restauración. Como en las Memorias de Ultratumba, lo que conocemos en una versión personal, subjetiva e interesada de lo acontecido, es cierto, pero es en esta limitación donde reside su encanto; para visiones "objetivas", ya tenemos la Historia.
****/*****

16 de julio de 2014

El comienzo de la madurez

El comienzo de la madurez. Henry James, Editorial Periférica, 2014
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas
"Actualmente todos ilustramos juntos, de un modo frívolo o como una vasta y monótona masa, nuestra época y régimen maravillosos. Eso y nada más. Por lo cual la imaginación histórica, con su punzante necesidad de mirar hacia atrás, camina a tientas en estos tiempos entre vanos gestos, incapaz de toparse con el otro, siempre otro, espécimen concreto que, allí donde las habladurías sólo dan fragmentos, éste nos ofrece volúmenes enteros."
En el mes de marzo de 1870 Henry James desembarca en Londres procedente de norteamérica... El consecuente choque cultural, que el propio James ejemplifica en este texto en el anecdótico y peculiar modo en que se sirven las magdalenas en el hotel donde desayuna -¿les parece irrelevante el detalle? No olviden, es Henry James- ha sido tratado, personalmente o mediante narrador interpuesto -de hecho, una gran parte de la obra del norteamericano tiene, como mecanismo disparador o, directamente, como tema central este tema- en varias ocasiones. El comienzo de la madurez (The Middle Years, 1917), un texto autobiográfico inacabado publicado póstumamente en 1917 es, simultáneamente, una ampliación, un comentario y una reformulación, ya que no resumen, no existe este concepto en la poética jamesiana, de este conjunto disperso de escritos referidos al tema en cuestión. Es desde la madurez, ahora sí, que James vuelve a esos años y a ese hecho, con la pretensión de que la perspectiva temporal le permita una observación más pura, menos contaminada por la inmediatez, bajo el conocido paradigma, en lo que a literatura autobiográfica se refiere, del recuerdo como una red de la que es imposible escapar.
Intento de decodificación de un fragmento de El comienzo de la madurez
La obra cierra, en cierto modo -o intentaba cerrar, pues se trata de un texto inacabado de cuya longitud final el texto existente no facilita ningún indicio-, el círculo del recuerdo, es la frase final del largo párrafo cuya oración principal, esa llegada a Londres, se ha visto complementada con interminables, apriorísticas y vacilantes subordinaciones que han llegado incluso a modificar el sentido de lo escrito, el agua de este estanque que se enturbió de tanto agitarla que queda, finalmente, límpida de nuevo, después de transcurrido el tiempo suficiente para que el lodo vuelva a posarse en el fondo, reposo que facilita una visión inédita, por inusual ya que no por nueva, del estanque en todo su esplendor.

Uno de los leit motiv de las páginas autobiográficas de Henry James, recreados en algunas de sus más celebradas obras de ficción, en Retrato de una dama (The Portrait of a Lady, 1881) como ejemplo sublime, es la extrañeza del americano trasplantado a Inglaterra -otra soledad, otras gentes, otras costumbres...- al mismo tiempo que un extenuante complejo de inferioridad, el mismo que el nuevo rico padece ante la burguesía adinerada y no digamos ya por la aristocracia -las "alturas olímpicas apenas discernibles"-, compuesto por el sentimiento de envidia por aquella clase que el dinero no puede comprar y por el miedo al ridículo de mostrar conductas no adecuadas, fuera del consenso tácito -y de ahí, algunas veces, la imposibilidad de decodificación- acordado por sus miembros, por no hablar de las miradas, entre curiosas y expectantes, de que es objeto un individuo de una especie desconocida, hacia el cual la condescendencia no evita la piedad. Todo ello, en el caso que nos ocupa, agravado por un hecho determinante: todo lo asimilado como americano en América no sirve para ser inglés en Inglaterra, pero tampoco para ser americano aquí porque no cumple con los prejuicios que los ingleses tienen de los americanos.
"Caballeros eminentes como los demás, ay de mí, insistían en interrogarme, pues vívida persiste en mi asombrada memoria la extrañeza al hallar que yo podía resultar interesante a sus ojos: sobra decir que ese interés supuso la probada humillación de mi impotencia. Mi identidad, creía yo, estaba toda en mi sensibilidad hacia el despliegue de estos hombres, sensibilidad de la que no quedaba ni una migaja para ensayar una exhibición personal. Todo lo cual hacía inoportuno, además de extraño, que me trataran como un espécimen y que me viera obligado de la manera más inesperada a demostrar que era uno de los buenos."
Henry James.
Fotografía de 
http://www.turtlepointpress.com
Pero el regreso de una y otra vez sobre el recuerdo no contiene en sí mismo únicamente el efecto de reformularlo, como si cada vez que recordamos un episodio de nuestra vida de aplicáramos un conjunto de cambios imperceptibles conservando la naturaleza del recuerdo original pero modificando lo que podría denominarse accidentes, sino que también la vuelta al estado consciente de las circunstancias que complementaron el episodio puede materializarun conjunto de sensaciones que no experimentamos en el transcurso del propio suceso por falta de atención, por ignorancia o por inadvertencia.
"No consigo pensar en nada, entre las cosas que pasé por alto, que no me dolería volver a perderme ahora."
Tal vez no es posible aislar el recuerdo de las experiencias del recuerdo de las expectativas de un determinado hecho en una determinada situación, como fue la llegada a Londres de Henry James, y las que fueron adivinándose a medida en que pasaban los días, conocía a los individuos más diversos y se pasaba una etapa de cierta aclimatación, de tal manera que éstas intervinieron sobre aquéllas, contaminándolas y relegándolas al lugar que ocupan las cosas de poca importancia, aun siendo las únicas verificables, porque incluso en el terreno del recuerdo aquello que esperábamos arrastra más placer que los hechos que se limitaron a suceder. De este modo, a medida en que los días desde la llegada iban sucediéndose con la alegría del descubrimiento, se diría que lo que alimentaba la capacidad de admiración del recién llegado no eran las experiencias que vivía tanto como la creación de una sucesión creciente de expectativas estimuladas por la nueva situación.
"¿Por qué, sin embargo, opté por tan pequeño mendrugo en la primera y breve entrada de un banquete de iniciación que no haría más que prolongarse a o largo de los anos? A menos, claro, que se tratara de un fragmento, elegido al azar, de toda la urgente actividad de un proceso mediante el cual mi inteligencia se alimentaría sin cesar en el futuro, creo yo, mucho más de lo que le sería posible hacerlo en otra fuente o, como era el caso, en todas las otras fuentes reunidas. Cien modestos recuerdos más de esta especie respiran junto a mí, cada uno con su propia y leve exhortación, según los traigo a la memoria, pero mi idea es abordar de la mejor manera posible la totalidad reunida de mis impresiones subsiguientes, unos frutos que creo haberme limitado a almacenar en abundancia."
Londres victoriano.
Fotografía de 
http://www.victorianlondon.org
El recuerdo, ¿es una entidad estática, un repositorio al que volvemos cuando deseamos evocar unos momentos o unas sensaciones, independientemente del fin con el que queramos traerlos, o un proceso dinámico que hay que cultivar a lo largo de la vida para que esa evocación trascienda de su primera naturaleza y nos permita reformular el presente?

Si algo debe deducirse de este cuaderno de notas es la existencia de una diferencia abismal, y ése es tal vez el motivo pòr el que James las escribe, esa reescritura, que no ampliación, de sus propias memorias, entre las expectativas que le acompañaban desde el otro lado del Atlántico y la realidad, o su percepción de ella, con la que se encontró en Gran Bretaña, décalage que él mismo recrea, como ha quedado precisado con anterioridad, en algunas de sus novelas. Aunque miembro de buena familia, James llega a Europa con la sensación íntima de no pertenecer a este mundo pero con la intención de un cierto regreso a sus orígenes; pero, a pesar de ese extrañamiento, su convicción personal es de cierta igualdad con la sociedad con la que piensa relacionarse. Incluso sus primeros contactos después de la llegada, por fuerza meramente instrumentales, le hacen ver situado en un estrato superior. Sin embargo, cuando de veras empieza a relacionarse con "sus semejantes", se le manifiesta fehacientemente ese intuído sentimiento de inferioridad -teniendo en cuenta que, aspirante a escritor, conocer a George Eliot, a Alfred Tennyson y a James Russell Lowell es una prueba difícilmente superable incluso para autoestimas bien cimentadas- con que atraviesan el Atlántico algunos de sus personajes. James viaja a Inglaterra con una previsora modestia en su equipaje, pero cuando abre éste lo que se encuentra son los ropajes de los "neciamente afortunados".

Pocos autores requieren del lector una disposición de ánimo tan particular para enfrentar sus textos como Henry James. La cualidad hipnótica de su prosa y su enrevesada sintaxis, pleonásmicamente eficiente, requieren una atención que, obviando -aunque disfrutando- la forma, permite descifrar un mensaje, entre el cúmulo de elisiones, sobreentendidos y ocultamientos, que deja atónito al lector desprevenido. Así que busquen un entorno apropiado y tomen, al menos, una dosis anual de Henry James; su inteligencia se lo agradecerá.

4 de julio de 2014

Le ParK

Traducción de Rubén Martín Giráldez
"Distopía: dícese de la utopía perversa, donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. Manipulación, adoctrinamiento masivo, vigilancia y mediocritización son cuestiones permitidas, incluso incentivadas, en el mundo distópico."
"Quizás la distopía literaria más conocida de todas sea la que escribió George Orwell en el año 1948, 1984 (Nineteen Eighty-Four, 1948), la famosa novela en la que aparece el Big Brother, años después paradójicamente convertido en un reality show de alcance global. Ya antes, el norteamericano Aldous Huxley había escrito su versión de la catástrofe en la cientifista Un mundo feliz (Brave New World, 1931). Ray Bradbury, años más tarde, inventaría una sociedad en la que los bomberos, en lugar de apagar incendios, los provoca: Fahrenhei 451 (Fahrenheit 451, 1953), la temperatura a la que arden los libros, sería llevada al cine con indudable éxito por François Truffaut."
"El filósofo inglés Thomas More escribió su Utopía (Utopia, 1516) en pleno siglo XV, y desde entonces muchos escritores se han asomado a las distopías; algo renuente, algo pernoctado, las distopías pueden leerse como uno de los síntomas de nuestro tiempo: fábulas catastrofistas de mentes lúcidas o diagnósticos del dolor de la modernidad."
Texto extraído del recorrido literario Distopías: lo que no queríamos, disponible en la página web de Librería La Central
En una sociedad donde la modernidad se ha convertido en una patología, cada paso adelante que da el progreso en el aspecto técnico, como si de un equilibrio homeostático se tratara, es un paso atrás en la evolución de la especie; a cada revolución técnica le corresponde su ración de involución humana. Esto no es una regla, por supuesto, pero es uno de los puntos de partida de esta alarmante distopia, que Bégout desarrolla en Le ParK (Le ParK, 2010), basada en la manipulación de la masa, como si el instinto gregario fuera inseparable de la condición humana, mediante la explotación ilimitada del concepto de centro lúdico como el lugar donde no sólo nos divertimos sino que, además, nos facilita todo aquello que deseamos en colectividad -para los deseos personales ya tenemos La Bola Dorada de Picnic al borde del camino o al planeta Solaris-, a un precio prohibitivo que sirve a la vez de filtro para indeseables y de excusa para sobrevalorar sus prestaciones.

¿Y qué es Le ParK? Pues un parque de atracciones, según el DRAE, "el lugar estable en que se reúnen instalaciones recreativas, como los carruseles, las casetas de tiro al blanco y otros entretenimientos" (por cierto, definición algo anacrónica). La palabra "atracción" proviene de la latina attractio, que denomina a la acción y el efecto de "traer hacia sí"; sus componentes léxicos son el prefijo ad- (hacia), tractus (tirado), y el sufijo -ción (acción y efecto).

¿Cómo se materializa esa atracción? Pues recurriendo a la saturación: el visitante, abrumado por la multiplicidad de la oferta, no puede discriminar entre qué constituye una atracción y qué es solamente un paso intermedio entre atracciones... Lo que se persigue es, en consecuencia, no dar respiro al visitante y, de este modo, provocar emociones mediante una conveniente puesta en escena. ¿Qué tipo de emociones? Ah, depende del sujeto, una misma atracción puede influir emotivamente en cada visitante  de forma diferente, siempre en función de su disposición anímica: quien busque diversión, encontrará diversión -y algo más, siendo este algo más el trazo particular de Le ParK y lo que le diferencia del resto de parques de atracciones-; quien busque perversión, encontrará perversión y algo más; quien busque riesgo, encontrará humillación y castigo, otro algo más inconsciente que Le ParK es capaz de discernir. En definitiva, el parque es capaz de satisfacer todos tus deseos, adelantándose a tus solicitudes y adelantándose incluso a proveer aquellas necesidades que todavía no habías identificado.

En una situación de reclusión relativa -Le ParK está situado geográficamente en una isla y, por tanto, delimitado exteriormente; sin embargo, una vez dentro, no se puede acceder a sus límites- las relaciones entre los invitados, cuyo número es limitado, pero ninguno de los habitantes del parque sabe discriminar quién es un invitado o un empleado, se ven alteradas porque sus roles, a diferencia de lo que ocurre en el exterior, no permanecen estáticos. Así, Bégout nos presenta a un preso que ha decidido cumplir su condena perpetua en el recinto, a una joven de frágil constitución anímica, y a un empleado que se extravía en los entresijos de la instalación, y los equipara con la situación del propio narrador -un narrador objetivo que, a pesar de un lenguaje periodístico y desafectado, no es capaz de mantener la frialdad y acaba sucumbiendo a "la poética" de Le ParK-, dejando entrever que una de las posibilidades del parque tal vez sea el desclasamiento: todos, empleados, habitantes y visitantes pueden experimentar la experiencia del intercambio, discrecional pero temporal, de clase; dejando en un lugar aparte, pro supuesto, al multimillonario ruso creador del parque y al arquitecto que lo diseñó. A dónde llevaría la materialización de esta vieja idea reivindicativa del proletariado universal -proletariado que, debido a las restricciones económicas de entrada al parque, nunca podrá acceder a él- es algo que se deja a la imaginación del lector. En todo caso, en un lugar donde se trata "la perversión como entretenimiento lícito", lo que sí queda claro es que "escapar" es quedarse.


Bruce Bégout habla acerca de Le ParK

Violando las fronteras del género, Le ParK tiene la virtud de interpelarnos como habitantes de un mundo hastiado de civilización en el que la dificultad no está en cumplir los deseos sino en encontrar deseos cuya satisfacción esté a un solo paso de ser imposible. Mezcla de ensayo filosófico y de narración de ciencia ficción -sin ser, curiosamente, ninguna de las dos cosas-, más Lovecraftiano que Ballardiano, se trata de uno de aquellos pocos y escogidos libros perversos cuya lectura inquieta, cuestiona y amenaza. Imprescindible.