16 de julio de 2014

El comienzo de la madurez

El comienzo de la madurez. Henry James, Editorial Periférica, 2014
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas
"Actualmente todos ilustramos juntos, de un modo frívolo o como una vasta y monótona masa, nuestra época y régimen maravillosos. Eso y nada más. Por lo cual la imaginación histórica, con su punzante necesidad de mirar hacia atrás, camina a tientas en estos tiempos entre vanos gestos, incapaz de toparse con el otro, siempre otro, espécimen concreto que, allí donde las habladurías sólo dan fragmentos, éste nos ofrece volúmenes enteros."
En el mes de marzo de 1870 Henry James desembarca en Londres procedente de norteamérica... El consecuente choque cultural, que el propio James ejemplifica en este texto en el anecdótico y peculiar modo en que se sirven las magdalenas en el hotel donde desayuna -¿les parece irrelevante el detalle? No olviden, es Henry James- ha sido tratado, personalmente o mediante narrador interpuesto -de hecho, una gran parte de la obra del norteamericano tiene, como mecanismo disparador o, directamente, como tema central este tema- en varias ocasiones. El comienzo de la madurez (The Middle Years, 1917), un texto autobiográfico inacabado publicado póstumamente en 1917 es, simultáneamente, una ampliación, un comentario y una reformulación, ya que no resumen, no existe este concepto en la poética jamesiana, de este conjunto disperso de escritos referidos al tema en cuestión. Es desde la madurez, ahora sí, que James vuelve a esos años y a ese hecho, con la pretensión de que la perspectiva temporal le permita una observación más pura, menos contaminada por la inmediatez, bajo el conocido paradigma, en lo que a literatura autobiográfica se refiere, del recuerdo como una red de la que es imposible escapar.
Intento de decodificación de un fragmento de El comienzo de la madurez
La obra cierra, en cierto modo -o intentaba cerrar, pues se trata de un texto inacabado de cuya longitud final el texto existente no facilita ningún indicio-, el círculo del recuerdo, es la frase final del largo párrafo cuya oración principal, esa llegada a Londres, se ha visto complementada con interminables, apriorísticas y vacilantes subordinaciones que han llegado incluso a modificar el sentido de lo escrito, el agua de este estanque que se enturbió de tanto agitarla que queda, finalmente, límpida de nuevo, después de transcurrido el tiempo suficiente para que el lodo vuelva a posarse en el fondo, reposo que facilita una visión inédita, por inusual ya que no por nueva, del estanque en todo su esplendor.

Uno de los leit motiv de las páginas autobiográficas de Henry James, recreados en algunas de sus más celebradas obras de ficción, en Retrato de una dama (The Portrait of a Lady, 1881) como ejemplo sublime, es la extrañeza del americano trasplantado a Inglaterra -otra soledad, otras gentes, otras costumbres...- al mismo tiempo que un extenuante complejo de inferioridad, el mismo que el nuevo rico padece ante la burguesía adinerada y no digamos ya por la aristocracia -las "alturas olímpicas apenas discernibles"-, compuesto por el sentimiento de envidia por aquella clase que el dinero no puede comprar y por el miedo al ridículo de mostrar conductas no adecuadas, fuera del consenso tácito -y de ahí, algunas veces, la imposibilidad de decodificación- acordado por sus miembros, por no hablar de las miradas, entre curiosas y expectantes, de que es objeto un individuo de una especie desconocida, hacia el cual la condescendencia no evita la piedad. Todo ello, en el caso que nos ocupa, agravado por un hecho determinante: todo lo asimilado como americano en América no sirve para ser inglés en Inglaterra, pero tampoco para ser americano aquí porque no cumple con los prejuicios que los ingleses tienen de los americanos.
"Caballeros eminentes como los demás, ay de mí, insistían en interrogarme, pues vívida persiste en mi asombrada memoria la extrañeza al hallar que yo podía resultar interesante a sus ojos: sobra decir que ese interés supuso la probada humillación de mi impotencia. Mi identidad, creía yo, estaba toda en mi sensibilidad hacia el despliegue de estos hombres, sensibilidad de la que no quedaba ni una migaja para ensayar una exhibición personal. Todo lo cual hacía inoportuno, además de extraño, que me trataran como un espécimen y que me viera obligado de la manera más inesperada a demostrar que era uno de los buenos."
Henry James.
Fotografía de 
http://www.turtlepointpress.com
Pero el regreso de una y otra vez sobre el recuerdo no contiene en sí mismo únicamente el efecto de reformularlo, como si cada vez que recordamos un episodio de nuestra vida de aplicáramos un conjunto de cambios imperceptibles conservando la naturaleza del recuerdo original pero modificando lo que podría denominarse accidentes, sino que también la vuelta al estado consciente de las circunstancias que complementaron el episodio puede materializarun conjunto de sensaciones que no experimentamos en el transcurso del propio suceso por falta de atención, por ignorancia o por inadvertencia.
"No consigo pensar en nada, entre las cosas que pasé por alto, que no me dolería volver a perderme ahora."
Tal vez no es posible aislar el recuerdo de las experiencias del recuerdo de las expectativas de un determinado hecho en una determinada situación, como fue la llegada a Londres de Henry James, y las que fueron adivinándose a medida en que pasaban los días, conocía a los individuos más diversos y se pasaba una etapa de cierta aclimatación, de tal manera que éstas intervinieron sobre aquéllas, contaminándolas y relegándolas al lugar que ocupan las cosas de poca importancia, aun siendo las únicas verificables, porque incluso en el terreno del recuerdo aquello que esperábamos arrastra más placer que los hechos que se limitaron a suceder. De este modo, a medida en que los días desde la llegada iban sucediéndose con la alegría del descubrimiento, se diría que lo que alimentaba la capacidad de admiración del recién llegado no eran las experiencias que vivía tanto como la creación de una sucesión creciente de expectativas estimuladas por la nueva situación.
"¿Por qué, sin embargo, opté por tan pequeño mendrugo en la primera y breve entrada de un banquete de iniciación que no haría más que prolongarse a o largo de los anos? A menos, claro, que se tratara de un fragmento, elegido al azar, de toda la urgente actividad de un proceso mediante el cual mi inteligencia se alimentaría sin cesar en el futuro, creo yo, mucho más de lo que le sería posible hacerlo en otra fuente o, como era el caso, en todas las otras fuentes reunidas. Cien modestos recuerdos más de esta especie respiran junto a mí, cada uno con su propia y leve exhortación, según los traigo a la memoria, pero mi idea es abordar de la mejor manera posible la totalidad reunida de mis impresiones subsiguientes, unos frutos que creo haberme limitado a almacenar en abundancia."
Londres victoriano.
Fotografía de 
http://www.victorianlondon.org
El recuerdo, ¿es una entidad estática, un repositorio al que volvemos cuando deseamos evocar unos momentos o unas sensaciones, independientemente del fin con el que queramos traerlos, o un proceso dinámico que hay que cultivar a lo largo de la vida para que esa evocación trascienda de su primera naturaleza y nos permita reformular el presente?

Si algo debe deducirse de este cuaderno de notas es la existencia de una diferencia abismal, y ése es tal vez el motivo pòr el que James las escribe, esa reescritura, que no ampliación, de sus propias memorias, entre las expectativas que le acompañaban desde el otro lado del Atlántico y la realidad, o su percepción de ella, con la que se encontró en Gran Bretaña, décalage que él mismo recrea, como ha quedado precisado con anterioridad, en algunas de sus novelas. Aunque miembro de buena familia, James llega a Europa con la sensación íntima de no pertenecer a este mundo pero con la intención de un cierto regreso a sus orígenes; pero, a pesar de ese extrañamiento, su convicción personal es de cierta igualdad con la sociedad con la que piensa relacionarse. Incluso sus primeros contactos después de la llegada, por fuerza meramente instrumentales, le hacen ver situado en un estrato superior. Sin embargo, cuando de veras empieza a relacionarse con "sus semejantes", se le manifiesta fehacientemente ese intuído sentimiento de inferioridad -teniendo en cuenta que, aspirante a escritor, conocer a George Eliot, a Alfred Tennyson y a James Russell Lowell es una prueba difícilmente superable incluso para autoestimas bien cimentadas- con que atraviesan el Atlántico algunos de sus personajes. James viaja a Inglaterra con una previsora modestia en su equipaje, pero cuando abre éste lo que se encuentra son los ropajes de los "neciamente afortunados".

Pocos autores requieren del lector una disposición de ánimo tan particular para enfrentar sus textos como Henry James. La cualidad hipnótica de su prosa y su enrevesada sintaxis, pleonásmicamente eficiente, requieren una atención que, obviando -aunque disfrutando- la forma, permite descifrar un mensaje, entre el cúmulo de elisiones, sobreentendidos y ocultamientos, que deja atónito al lector desprevenido. Así que busquen un entorno apropiado y tomen, al menos, una dosis anual de Henry James; su inteligencia se lo agradecerá.

4 de julio de 2014

Le ParK

Traducción de Rubén Martín Giráldez
"Distopía: dícese de la utopía perversa, donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. Manipulación, adoctrinamiento masivo, vigilancia y mediocritización son cuestiones permitidas, incluso incentivadas, en el mundo distópico."
"Quizás la distopía literaria más conocida de todas sea la que escribió George Orwell en el año 1948, 1984 (Nineteen Eighty-Four, 1948), la famosa novela en la que aparece el Big Brother, años después paradójicamente convertido en un reality show de alcance global. Ya antes, el norteamericano Aldous Huxley había escrito su versión de la catástrofe en la cientifista Un mundo feliz (Brave New World, 1931). Ray Bradbury, años más tarde, inventaría una sociedad en la que los bomberos, en lugar de apagar incendios, los provoca: Fahrenhei 451 (Fahrenheit 451, 1953), la temperatura a la que arden los libros, sería llevada al cine con indudable éxito por François Truffaut."
"El filósofo inglés Thomas More escribió su Utopía (Utopia, 1516) en pleno siglo XV, y desde entonces muchos escritores se han asomado a las distopías; algo renuente, algo pernoctado, las distopías pueden leerse como uno de los síntomas de nuestro tiempo: fábulas catastrofistas de mentes lúcidas o diagnósticos del dolor de la modernidad."
Texto extraído del recorrido literario Distopías: lo que no queríamos, disponible en la página web de Librería La Central
En una sociedad donde la modernidad se ha convertido en una patología, cada paso adelante que da el progreso en el aspecto técnico, como si de un equilibrio homeostático se tratara, es un paso atrás en la evolución de la especie; a cada revolución técnica le corresponde su ración de involución humana. Esto no es una regla, por supuesto, pero es uno de los puntos de partida de esta alarmante distopia, que Bégout desarrolla en Le ParK (Le ParK, 2010), basada en la manipulación de la masa, como si el instinto gregario fuera inseparable de la condición humana, mediante la explotación ilimitada del concepto de centro lúdico como el lugar donde no sólo nos divertimos sino que, además, nos facilita todo aquello que deseamos en colectividad -para los deseos personales ya tenemos La Bola Dorada de Picnic al borde del camino o al planeta Solaris-, a un precio prohibitivo que sirve a la vez de filtro para indeseables y de excusa para sobrevalorar sus prestaciones.

¿Y qué es Le ParK? Pues un parque de atracciones, según el DRAE, "el lugar estable en que se reúnen instalaciones recreativas, como los carruseles, las casetas de tiro al blanco y otros entretenimientos" (por cierto, definición algo anacrónica). La palabra "atracción" proviene de la latina attractio, que denomina a la acción y el efecto de "traer hacia sí"; sus componentes léxicos son el prefijo ad- (hacia), tractus (tirado), y el sufijo -ción (acción y efecto).

¿Cómo se materializa esa atracción? Pues recurriendo a la saturación: el visitante, abrumado por la multiplicidad de la oferta, no puede discriminar entre qué constituye una atracción y qué es solamente un paso intermedio entre atracciones... Lo que se persigue es, en consecuencia, no dar respiro al visitante y, de este modo, provocar emociones mediante una conveniente puesta en escena. ¿Qué tipo de emociones? Ah, depende del sujeto, una misma atracción puede influir emotivamente en cada visitante  de forma diferente, siempre en función de su disposición anímica: quien busque diversión, encontrará diversión -y algo más, siendo este algo más el trazo particular de Le ParK y lo que le diferencia del resto de parques de atracciones-; quien busque perversión, encontrará perversión y algo más; quien busque riesgo, encontrará humillación y castigo, otro algo más inconsciente que Le ParK es capaz de discernir. En definitiva, el parque es capaz de satisfacer todos tus deseos, adelantándose a tus solicitudes y adelantándose incluso a proveer aquellas necesidades que todavía no habías identificado.

En una situación de reclusión relativa -Le ParK está situado geográficamente en una isla y, por tanto, delimitado exteriormente; sin embargo, una vez dentro, no se puede acceder a sus límites- las relaciones entre los invitados, cuyo número es limitado, pero ninguno de los habitantes del parque sabe discriminar quién es un invitado o un empleado, se ven alteradas porque sus roles, a diferencia de lo que ocurre en el exterior, no permanecen estáticos. Así, Bégout nos presenta a un preso que ha decidido cumplir su condena perpetua en el recinto, a una joven de frágil constitución anímica, y a un empleado que se extravía en los entresijos de la instalación, y los equipara con la situación del propio narrador -un narrador objetivo que, a pesar de un lenguaje periodístico y desafectado, no es capaz de mantener la frialdad y acaba sucumbiendo a "la poética" de Le ParK-, dejando entrever que una de las posibilidades del parque tal vez sea el desclasamiento: todos, empleados, habitantes y visitantes pueden experimentar la experiencia del intercambio, discrecional pero temporal, de clase; dejando en un lugar aparte, pro supuesto, al multimillonario ruso creador del parque y al arquitecto que lo diseñó. A dónde llevaría la materialización de esta vieja idea reivindicativa del proletariado universal -proletariado que, debido a las restricciones económicas de entrada al parque, nunca podrá acceder a él- es algo que se deja a la imaginación del lector. En todo caso, en un lugar donde se trata "la perversión como entretenimiento lícito", lo que sí queda claro es que "escapar" es quedarse.


Bruce Bégout habla acerca de Le ParK

Violando las fronteras del género, Le ParK tiene la virtud de interpelarnos como habitantes de un mundo hastiado de civilización en el que la dificultad no está en cumplir los deseos sino en encontrar deseos cuya satisfacción esté a un solo paso de ser imposible. Mezcla de ensayo filosófico y de narración de ciencia ficción -sin ser, curiosamente, ninguna de las dos cosas-, más Lovecraftiano que Ballardiano, se trata de uno de aquellos pocos y escogidos libros perversos cuya lectura inquieta, cuestiona y amenaza. Imprescindible. 

2 de julio de 2014

Los recuerdos

Joan Didion con su marido, John Gregory Dunne, y su hija, Quintana Roo, en Malibu, California, 1976. Fotografía: John Bryson/Time Life Pictures/Getty Images
"Te quedan tus maravillosos recuerdos, me decía la gente más tarde, como si los recuerdos trajeran consuelo. No lo traen. Los recuerdos son por definición del pasado, de lo que ya no está. Los recuerdos son los uniformes de la Westlake que hay en el armario, las fotografías descoloridas y agrietadas, las invitaciones de bodas de gente que ya no está casada, las tarjetas impresas en serie de funerales de gente cuya cara ya no recuerdo. Los recuerdos son las cosas que ya no quieres recordar."
Joan Didion, Noches azules, Random House Mondadori, 2012

30 de junio de 2014

Las lecturas de Junio

Traducción de Amelia Pérez de Villar
Con el oficio de una veterana, Kushner nos pasea desde las carreras de velocidad en la desierta Nevada hasta la Italia de las Brigadas Rojas, pasando por el artísticamente emergente Nueva York de los años 70, siguiendo a la protagonista de esta inusual y excelente novela de formación, recorriendo con ella los polos de un mundo en cambio permanente en busca de las respuestas que, a los veinte años, todos nos deberíamos haber hecho. 
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Els llibres d'aforismes mai han deixat d'estar de moda. Els de Pons no són acadèmics, no miren gaire més enllà de la quotidianitat i eviten l'homilia moralista tant com l'engolament sectari; són tot just guspires de reflexió a peu de carrer, arrelades en el camp menorquí, provocades pel vol d'un ocell, la maduració d'una figa o el sobtat ruixat d'estiu. En comptes d'una guia per a la vida, una cel·lebració del fet d'estar vius. Espectacular.
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Traducción de Cruz Rodríguez Juiz

La bisoñez del comunismo americano y algunas de las razones por las que nunca ha dejado de ser una ideología marginal en el paraíso capitalista, el medio en el que las condiciones para su implantación son/parecen paradigmáticas; las resacas de la postguerra, de la guerra fría, del sovietismo, del macarthismo, del hippismo, Vietnam, y su lenta y prolongada asimilación como residuos sólidos que cada época ha dejado pendiente de diluir y que no deberían obturar los sumideros de la época sucesiva. Todo esto, y mucho más, desde el punto de vista de una familia contestataria en una compleja y excelente novela -tal vez complementaria de la sorprendente Chronic City, con la que comparte, a pesar de las diferencias a primera vista, la mirada crítica- con un magistral diseño narrativo de las situaciones en que se ven envueltos los protagonistas, unas descripciones detalladas pero  suficientes y un desarrollo por episodios hábilmente tratados desde el punto de vista temporal; una novela ambiciosa cuya opción estilística se propone escribir el mundo y, a la vez, describir los grandes hechos de la historia a través de las pasiones de sus personajes.
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Picnic al borde del camino. Arkady y Boris Strugatsky, Archivo digital
La escuela de SF soviética no fue igual de fructífera ni tan conocida como la norteamericana, pero algunos de sus autores, inicialmente censurados o directamente deportados por las autoridades, han pasado a la posteridad como verdaderos creadores de género; ante la SF utópica occidental, ellos se recrearon la ficción alegórica, textos que rezuman una crítica social implacable y con varios niveles de lectura, entre ellos, el político. Picnic al borde del camino, basada en la búsqueda de un objeto, olvidado por una civilización extraterrestre que ha estado de visita en la Tierra, que puede satisfacer todos los deseos de su poseedor, se conserva en un estado envidiable después de más de 40 años de su publicación en la URSS. Por cierto, no existe ninguna edición disponible ni siquiera en el mercado regular de libro usado; que una de las novelas fundamentales de la bibliografía de la ciencia ficción no esté disponible en castellano es un lujo que sólo la miopía y la incompetencia del mundo editorial puede permitirse. 
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Bonus track 1
StalkerGuión de Arkady y Boris StrugatskyDirección de Andrei Tarkovski, 1979
Versión cinematográfica libre de Picnic al borde del camino, en la que se modifica y simplifica la trama conservando sólo ciertos ítems que dan consistencia al relato, aparte de limitar la acción al transcurso de un solo día. Se trata de un film en el que adquieren suma importancia el tratamiento visual clásico del director, con largos planos fijos con una esmerada elaboración, y en el que los diálogos sirven de puente entre las distintas secuencias. Se trata, desde el punto de vista muy particular de alguien no experto en el medio, de una peculiar obra maestra de la cinematografía, pero también de la narratividad, indiscutible e imprescindible.
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Bonus Track 2

Traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Dyer, en un ejercicio estilístico e intelectual de notable talento que no es una novela ni un relato ni un ensayo, parte de la película de Tarkovski y, al tiempo que intenta desentrañar, plano a plano, los pasajes más oscuros, guía al lector hacia una versión muy personal de esa Habitación complaciente en la que el propio escritor es el protagonista a la busca de la realización de sus deseos pero también de la congruencia de algunos episodios de su vida con el plan establecido -y reformulado continuamente- y de su relación con el arte. El libro carece de sentido si, a) no eres fan acérrimo de Stalker; y/o, b) no eres fan irredento de Tarkovski; y/o c) no acabas de ver la película; y/o, d) no acabas de leer el libro. Una apuesta narrativa arriesgada, ineludiblemente ligada a la película, que constituye un original y atractivo acercamiento a una obra de arte ciertamente inasible.
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Traducción de Ana Antón Pacheco
Pues sí, a principios de los '60 del pasado siglo la revolución en las letras norteamericanas había comenzado; pasados 50 años, y cuando parece que la experimentación en narrativa ha colapsado, Gass se sigue leyendo como un autor de rabiosa actualidad... excepto en el mercado en español. De lectura tan absorbente como desasosegante, el flujo de conciencia y la verborrea errática de sus narradores, encarcelados en su propia insignificancia, secuestra la atención del lector en lo que parece "un resbalón repentino sobre el límite de la realidad"; cinco narraciones independientes pero que forman una extraña unidad sin trama -por lo demás, innecesaria-; cinco relatos basados en una fijación, enclaustrados en una insólita cotidianidad que les atenaza hasta inmovilizarlos: "no podía librarme de mi punto de vista"; unos diálogos psicóticos cuya ambigüedad desemboca en una pesadilla incongruente; el retrato de un paisaje que más que un marco es un estado de ánimo; y la sensación de hallarse ante una fábula sin moraleja. Imprescindible.
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Traducción de Rubén Martín Giráldez
El deseo inconfesable de todo gestor de parques temáticos, la explotación ilimitada del concepto de centro lúdico: crear uno capaz de satisfacer todos tus deseos y todas aquellas necesidades que todavía no sabes que tienes: ya no basta con satisfacer el ansia de consumo, sino provocar reacciones emocionales. Una alarmante distopía que, mediatizada por la objetividad del estilo cuasi-periodístico, sacude al lector más por su cercanía que, aunque también, por su inventiva.
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Traducción de Javier Albiñana
El infierno existe, y está entre nosotros: es el conjunto de posibilidades no realizadas, los pasos omitidos, las decisiones que no nos atrevimos a tomar. El fiel pero sarcástico narrador de Echenoz, marca de la casa, sigue los pasos de un pianista acomplejado de botella a concierto y a botella de nuevo, y persigue a su fantasma en una existencia post-mortem en la que nada es lo que parece. No es de los mejores Echenoz, pero hace patente que su capacidad para la narratividad es indiscutible.
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Traducción de Carme Camps Monfà
Desde la interconexión de textos automáticos dictados desde el más allá por insignes, respetables y reprimidos fallecidos británicos, en la época victoriana, con el puente de H. G. Wells y Maksim Gorki, hasta la aplicación del materialismo dialéctico retomada por los bolcheviques a la cuestión de la inmortalidad -a la inmortalidad por el exterminio-, Gray nos lleva de la mano, con erudición pero inteligiblemente y sin excluir las notas socarronas típicamente británicas -"instruir deleitando"-, a través de los intentos modernos de alcanzar la inmortalidad. Un texto asombrosamente revelador.
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24 de junio de 2014

Contrapunto XCVII

Me gusta conservar todos los libros que he leído porque si un desconocido me pregunta quién soy, poder mostrarle mi biblioteca y decirle: "Soy éste".

16 de junio de 2014

Programa

James Joyce, daguerrotipo de su época universitariahttp://mydaguerreotypeboyfriend.tumblr.com/post/14217566144/from-the-submitter-michelle-feda-my-friends-and
"-Mira, Cranly -dijo-. Me has preguntado qué es lo que haría y qué es lo que no haría. Te voy a decir lo que haré y lo que no haré. No serviré por más tiempo en aquello que no creo, llámese mi hogar, mi patria o mi religión. Y trataré de expresarme de algún modo en la vida y en el arte tan libremente como me sea posible, tan plenamente como me sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito: silencio, exilio, astucia [...]. Me has hecho confesar los miedos que siento, pero te voy a decir ahora cuáles son las cosas que no me dan miedo. No me da miedo estar solo, ni ser pospuesto a otro, ni abandonar lo que tenga que abandonar, sea lo que sea. No me da miedo cometer un error, aunque sea un error de importancia, un error de por vida, o tal vez para toda la eternidad."
Retrato del artista adolescente. James Joyce
Traducción (corregida) de Dámaso Alonso.

Feliz 110º Bloomsday

14 de junio de 2014

Contrapunto XCVI

La gente admira a los ganadores porque ve en ellos las cualidades de las que carece; sin embargo, desprecia al sabio por la misma razón. Yo prefiero admirar a los perdedores porque mi experiencia está mucho más cerca de la de ellos que de la de los vencedores.

2 de junio de 2014

Habilitado

"Yo puedo hablar de eso, dijo Julie.
Yo también, dijo Emma, porque no tengo ni la menor idea, y por tanto no presupongo nada.
Un estado de gracia, filosóficamente hablando, observó el Padre Muerto.
[...]
La unidad familiar produce zombies, psicóticos y deformes, dijo Thomas. Mucho más de lo necesario."
Donald Barthelme, El Padre Muerto, Sexto Piso Editorial, 2009

30 de mayo de 2014

Lecturas de Mayo

Una singularidad desnuda
Sergio de la Pava
Pálido Fuego, 2014
Traducción de José Luis Amores
Ambiciosa, excéntrica, lúdica, inteligente, afectada, hipnótica,  imperfecta, cómica, apasionada, compleja, profunda, oscura, divertida, detallada, torrencial, los setenta capítulos de The Wire en una sola sesión, una imposible partida de ajedrez en la que no se capturaran las piezas. Una novela de inmersión, difícil, pero gratificante. Un deslumbrante debut que ningún lector ambicioso debería perderse.
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El hombre aparece en el Holoceno
Max Frisch
Editorial Alpha Decay, 2014
Traducción de Eustaquio Barjau
El anciano Geiser se aisla en una cabaña a esperar a la muerte. Preocupado porque lo no coja por sorpresa, busca indicios, deja de pensar y recopila lo que sabe para combatir el olvido. Una fábula triste y descorazonadora acerca de la utilidad del saber, de la imposibilidad de aprender todo lo que resultaría útil y de la impasibilidad de la naturaleza ante los propósitos del ser humano. Conmovedora.
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Nos vemos allá arriba
Pierre Lemaitre
Editorial Salamandra, 2014
Traducción de José Antonio Soriano Marco
Dos excombatientes de la IGM intentan sobrevivir a la postguerra entre la miseria de las clases populares y la opulencia de la misma sociedad que les mandó al frente. Novela de corte clásico con personajes entrañables, situaciones vivas y tensión hasta la última línea. Un homenaje al puro placer de la lectura.
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Vida y opiniones de Tristram Shandy, Caballero (Cómic)
Lawrence Stern/Martin Rowson
Editorial Impedimenta, 2014
Traducción de Juan Gabriel López Guix
Si la versión original es uno de los libros más jocosos de la historia de la literatura, esta versión en cómic recoge todo el buen humor de aquél y lo convierte en una espectacular gamberrada en la que se mezclan los personajes originales con alusiones metaficcionales y apariciones estelares. Un tributo a la buena literatura de un ilustrador (y lector) excelente. Una fiesta para la inteligencia.
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Historia del vértigo (Estratos II)
Camille de Toledo
Editorial Alpha Decay
Traducción de Juan Asís
II volumen  de la tetralogía Estratos. De Toledo explota una escapatoria para un género que algunos consideran agotado: la hibridación, bajo el paradigma de que lo real no es el mundo visible sino las líneas de código subyacentes. Unos acertados cambios en la voz narrativa consiguen acentuar el efecto parcializador y replantear, más allá de la revolución de las formas, el pacto autor-lector. Un proyecto muy interesante.
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Un hombre enamorado (Mi lucha II)
Karl Ove Knausgard
Editorial Anagrama, 2014
Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Segunda entrega de la novela autobiográfica del noruego, ésta centrada en sus tempestuosas relaciones amistosas y sentimentales y los gozos y las sombras de la paternidad, también bajo una mirada cínica pero no por ello menos dramática. No alcanza la fuerza de La muerte del padre, pero el proyecto destila autocrítica a raudales, aparte de reflejar como pocos la salvación contra la mediocridad que significa la escritura.
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Paraíso
Donald Barthelme
Editorial Anagrama, 1988
Traducción de José Luis Giménez Frontín
Lo peor de algunos deseos, también los eróticos, es que se cumplan. En 1986 había un escritor capaz de escribir maravillosas barbaridades anticipando y apadrinando con sorprendente maestría la vanguardia literaria de fin de siglo. Alguien debería reformular conceptos como originalidad y economía de medios, más que nada por si algún arribista contemporáneo se le ocurre apropiarse de ellos. Imprescindible.
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Viaje musical por Francia e Italia en el s. XVIII
Charles Burney
Editorial Acantilado, 2014
Edición y traducción de Ramón Andrés
Burney pasea su intelecto y su oído por las fuentes musicales, visita a los grandes intelectuales del momento, se recrea ante las  manifestaciones artísticas de la antigüedad y contemporáneas, y escribe un diario que es un compendio de curiosidad, cosmopolitismo, talento y modernidad. Un  impresionante fresco del estado de la música y del arte barrocos en la Europa continental. 
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Mercier y Camier
Samuel Beckett
Editorial Confluencias, 2013
Edición, traducción e introducción de José Francisco Fernández
Vuelta de tuerca a las novelas de parejas de protagonistas, estos inseparables Bouvard y Pécuchet en versión caradura recorren la verde Erín en busca de improbables aventuras entre broncas, reflexiones y alguna que otra cogorza, esperando sin saberlo el día en que se convertirán en Vladimir y Estragón y se asentarán bajo un árbol a la espera de un tal Godot. 
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Payasadas
Kurt Vonnegut
La Bestia Equilátera, 2014
Traducción de Carlos Gardini
Leer a Vonnegut es prepararse para ser sorprendido: la trama no te atenaza, el suspense no te abduce, el estilo no te deslumbra; sin embargo, constituye una experiencia peculiar por las situaciones imaginadas, por el tratamiento estilístico, pulcro y esquemático, y porque el poso que deja su lectura perdura en el tiempo: la redención que no redime de la tristeza que no amarga por el amor... que no es más que "simple decencia". Hi ho. 
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Ciencia, filosofía y racionalidad
Jesús Mosterín
Editorial Gedisa, 2013
Exhaustivo pero inteligible compendio del rol conjunto e interdependiente que deben representar la ciencia como sistema de relación con lo real, la filosofía como marco de referencia para la discusión y la reflexión, y la racionalidad "como estrategia de optimización en la consecución de nuestros objetivos". En definitiva, un homenaje a aquello que nos hace humanos: la aventura de pensar y el placer de conocer.
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El libertino de calidad
Gabriel Honoré Riquetti, Conde de Mirabeau
Ediciones Siruela, 2014
Traducción, prólogo y notas de Mauro Armiño
Nacido con las Luces, compartiendo encierro con Sade -y precedido por Diderot y Voltaire- en el domjon de Vincennes, y muerto con la Revolución, Mirabeau redacta las memorias de un prostituto y sus relaciones con "putas, financieros y devotas" en plena efervescencia revolucionaria trasladando su probada elocuencia política al campo de la literatura voluptuosa.
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Confianza o sospecha. Una pregunta sobre el oficio de escribir
Gabriel Josipovici
Turner Publicaciones, 2002
Traducción de José Adrián Vitier
Analizando la obra de Homero, Dante, Shakespeare, el romanticismo, Proust, Kafka y Beckett, Josipovici distingue el escritor de oficio del escritor compulsivo y los relaciona con los sentimientos de confianza o sospecha acerca de una tradición que parece coartar al arte si se respeta pero que puede socavar a la propia definición de arte si se descarta. Original e interesante.
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20 de mayo de 2014

Payasadas

Payasadas. Kurt Vonnegut, La Bestia Equilátera, 2014
Traducción de Carlos Gardini
"La historia es una lista de sorpresas. Sólo puede prepararnos para ser sorprendidos de nuevo."
El género slapstick es una variedad del humor negro en contextos visuales caracterizado por episodios de violencia física que, no obstante su dureza, no se asocian al sufrimiento de dolor. Fue explotado con gran éxito por el cine mudo -los batacazos de Laurel y Hardy- para, después de la invención del sonoro, ser traspasado al cine de animación -las trampas destinadas al Correcaminos que se vuelven contra el Coyote-. En la actualidad, es un género cuestionado por los adalides de la corrección política debido a que postulan que las imágenes de violencia sin dolor pueden confundir al público sobre sus daños reales, pero también porque ven un signo de discriminación en el hecho de que sea generalmente el personaje más débil el que sufra los efectos de esa violencia. 


Dresde después del bombardeo. 
Kurt Vonnegut luchó como soldado en el ejército norteamericano en la II Guerra Mundial, fue capturado por los alemanes y fue testigo, como prisionero de guerra, de la destrucción de la ciudad de Dresde por los bombardeos aliados. 
"Los fascistas son gente inferior que se lo creen cuando alguien les dice que son superiores. [...] Y luego quieren que todos los demás se mueran."
Esta experiencia fue recreada en la que es seguramente su novela más conocida, Matadero Cinco (Slaughterhouse-Five, 1969), pero planea, explícita o implícitamente, sobre gran parte de su narrativa, al tiempo que confiere a su estilo un tono permanentemente triste y sombrío al que solamente el humor puede proveer de pequeñas dosis de esperanza.
"Idealmente, creo, la vida debería ser como el minué, la jiga o el foxtrot, algo que se aprende fácilmente en una escuela de baile."
Slapstick (Slapstick, or Lonesome no More!, 1976, adaptado para la pantalla en 1982 para la película Slapstick of Another Kind) es una novela que podría considerarse programática en la producción de Vonnegut, tanto por el tema como por sus personajes y el tratamiento narrativo de la acción. En un distópico futuro no especificado -los destellos de anticipación de Vonnegut, que trascienden la literatura de género, no son nunca relatos de conquistas científicas sino lamentos por insospechados descalabros civilizatorios en los que el tratamiento humorístico no desactiva de ninguna manera su capacidad explosiva-, el último presidente de los EE. UU. de América, descendiente de la saga Rockefeller (muchos de los personajes que aparecen en el libro, que se suponen supervivientes de una catástrofe, poseen los apellidos de las sagas empresariales más conocidas de América, como si el hecho de esa pertenencia les hubiera dotado de un pasaporte de supervivencia que no poseían las familias menos agraciadas económicamente) vive con su nieta de dieciséis años y el amante
Lobby del Empire State Building.
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de ésta en las ruinas del lobby del Empire State Building, en un Manhattan aislado del continente. 
Como en la mayoría de distopías, el ser humano, el mundo y la civilización han sufrido una involución debida a unos explícitos desastres naturales y, se adivina implícitamente, a una repetida endogamia de las clases dominantes. Uno de los efectos de esa endogamia es la particularidad genética del protagonista y de su hermana, su discapacidad para vivir separados, particularidad que explotan en su propio beneficio, disimulando una capacidad intelectual sobresaliente mediante la adición de sus respectivas cualidades, y aprovechando las ventajas que les ofrece tener unos progenitores sobreprotectores. Es a partir de cuando éstos descubren sus amaños que son separados definitivamente.
"Eliza y yo podríamos haber tenido una vida larga y feliz en un asteroide si un día no hubiéramos mostrado nuestra inteligencia. [...] Y podríamos habernos divertido con nuestra creciente sabiduría, sin preocuparnos por su posible utilidad."
En esa situación irremediable, en la que si puede atisbarse cualquier tipo de variación será siempre a peor, El Último Presidente se limita a sobrevivir procurando por su familia, intentando paliar los efectos de unas sospechosas epidemias y muertes en masa que coinciden con la aparición de la Iglesia de Jesucristo El Secuestradofacilitando las buenas relaciones con sus vecinos e intermediando, en la medida de lo posible, que es más bien poco, en los conflictos con los reyezuelos autoproclamados que han surgido en las aglomeraciones de habitantes 
"Quedé impresionado. Comprendí que los países nunca podrían reconocer que sus guerras eran tragedias, pero las familias no sólo podían sino que debían hacerlo",
y haciendo la vida de todos sus "súbditos" más fácil; por ejemplo, ante un supuesto descenso de la natalidad provocado por la primitivización de la civilización y los cambios en el entorno físico, el protagonista inventa las "familias extendidas" mediante el sorteo de patronímicos como forma de recuperar los vínculos consanguíneos pero sin los inconvenientes que éstos conllevan: en definitiva, llevarse bien con los familiares consanguíneos no tiene tiene que ser forzosamente más fácil que hacerlo con familiares escogidos por azar.
"He tenido algunas experiencias con el amor, o creo haberlas tenido, aunque las que más me han agradado se podrían describir como "simple decencia". Traté bien a alguien por un tiempo breve, o quizá por un tiempo tremendamente largo, y esa persona me trató bien a su vez. El amor no tenía nada que ver."
Panorama sombrío, sin duda, un lugar común en la literatura de Vonnegut, al que, en el fondo, el omnipresente humor -una sonrisa helada, apenas un rictus- no puede más que enmascarar, dismular, ocultar... Un pesimismo humanista que limita la vida a la tarea de gestionar nuestra relación con la pena secreta que todos poseemos, y la búsqueda de una felicidad que sólo puede, si acaso, alcanzarse cuando somos capaces de descubrir esa pena secreta y de hacer compatible su existencia con el resto de nuestra vida.
"Me pareció una situación histórica cómicamente trillada. Aparte de las batallas, la historia de las naciones parecía consistir en que viejos impotentes como yo, saturados de medicamentos y vagamente amados tiempo atrás, puedan lamer las botas de jóvenes psicópatas."
Comenzar a leer un libro de Kurt Vonnegut es siempre prepararse para ser sorprendido: la trama no te atenaza, el suspense no te abduce, el estilo no te deslumbra; sin embargo, constituye una experiencia peculiar por las situaciones imaginadas, por el tratamiento estilístico, pulcro y esquemático, pero también porque el poso que deja su lectura perdura en el tiempo: la redención que no redime de la tristeza que no amarga por el amor... que no es más que "simple decencia".

Hi ho. 


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