30 de octubre de 2013

Lecturas octubre

Contraluz
Thomas Pynchon
Traducción de Vicente Campos
Tusquets Editores, 2013

Desde el podio del postmodernismo, la prosa subyugante e hipnótica de Pynchon nos lleva en un viaje alucinado, globo aerostático y máquina del tiempo mediante, por la historia del mundo de finales del S. XIX a la postguerra de la I GM. Pynchon no se lee, abduce. Imprescindible absoluto.
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 La sal
Jean-Baptiste Del Amo
Traducción de Lydia Vázquez Jiménez
Cabaret Voltaire, 2013

Una reunión familiar desata el infierno. La prosa dura y punzante de Del Amo no concede tregua a la hora de retratar lo mejor y lo peor de personas aparentemente triviales; una novela sobre la condición humana escrita por un autor joven al que habrá que seguir con atención.
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Operación Dulce
Ian McEwan
Traduccion de Jaime Zulaika
Editorial Anagrama, 2013

Una reflexión sobre la estupidez de la política y de los políticos, sobre la levedad de las relaciones sentimentales, sobre el uso de la información como forma de poder y sobre el mismo hecho de escribir. Un autor contrastado capaz de hacer de cualquier tema un ejemplo de literatura excelente.
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Composición nº 1
Marc Saporta
Traducción de Jules Alqzr
Capitán Swing Libros, 2012

Saporta, en la línea OULIPO, propone un juego al lector: confeccionar, a partir de los materiales que provee, su propia historia por medio del azar. Un experimento exitoso que no ha perdido vigencia y cuya influencia se puede rastrear en muchos de los novelistas "modernísimos".
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Sobre la vejez. Sobre la amistad.
Marco Tulio Cicerón
Traducción, introducción y notas de M. Esperanza Torrego Salcedo
Alianza Editorial, 2009

Aunque el fuerte de Cicerón sea la retórica y no tanto los textos filosóficos, estos diálogos mantienen la potencia que sólo los clásicos pueden aducir, aunque, como en este caso, se trate más de reformulaciones de filósofos anteriores que de producción propia.
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Netherland
Joseph O'Neill
Traducción de Susana Rodríguez-Vida
El Aleph Editores, 2009
Una extraña novela en la que su protagonista, entre la desidia y la desorientación, nos transporta a los días siguientes al 11S a través de sus dudas y sus frustraciones. Un estilo frío y nada contemporizador que se acaba imponiendo en un relato cuya virtud es, precisamente, esa falta de compromiso. Una joya, distinta en el fondo y en la forma, de la creciente y variada literatura sobre el atentado.
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El Atlas de ceniza
Blaker Butler
Traducción de Javier Calvo
Ediciones Alpha Decay, 2013

La prosa de Butler deja atónito ante tanta inventiva, y es precisamente porque es un texto desconcertante, un libro cuyo motivo no es evidente, lo que hace recomendable su lectura; abierta, desprejuiciada y atenta, una desafiante vuelta de tuerca a la narratividad.
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Historias del arcoíris
William T. Vollmann
Traducción de José Luis Amores
Editorial Pálido Fuego, 2013

Ante la cada vez más coartante adscripción a las innumerables tenden-cias narrativas, existen unos pocos autores inclasificables que se en-frentan al lector a pecho descubierto, sin la defensa de la moda o de la academia. Vollmann es un francotirador cuya obra, inmensa, subvierte  los prejuicios acerca de qué se puede contar y cómo.
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22 de octubre de 2013

El atlas de ceniza

"Pronto el rechinar de mi estómago lo conquistó todo. Yo seguí el sonido como si fuera un cebo: mi zumbido suspendido en el cielo, un a[A]tlas."
El Primer Sello

Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira.
Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.

Apocalipsis, 6, 1-2 

Apocalíptico (Del gr. ἀποκαλυπτικός): [...] 3. adj. Dicho de lo que amenaza o implica exterminio o devastación: Terrorífico, espantoso [...] 1. adj. Perteneciento o relativo al Apocalipsis.
Apocalipsis (Del lat. apocalypsis, y este del gr. ἀποκάλυψις, revelación): Último libro canónico del Nuevo Testamento. Contiene las revelaciones escritas por el apóstol San Juan, referentes en su mayor parte al fin del mundo. DRAE
Peeter Brueghel El Viejo (1525-1569) El triunfo de la muerte. cvc.cervantes.es
El a[A]tlas de ceniza (Scorch Atlas, 2010) es la segunda obra mayor de Blake Butler, el  editor de influyentes recursos en la web, entre ellos el blog de literatura HMTL Giant, que nos traslada, mediante el recurso de relatos breves conectados temáticamente, a un mundo desquiciado, a un desesperado escenario mesoapocalíptico en el que un desconocido caos se ha adueñado progresivamente de la realidad; no sabemos si nos hallamos situados en el clímax de un irrevocable proceso de destrucción, en un momento de descanso que augura la aniquilación definitiva, 
"Siempre decía que algo se avecinaba. Siempre decía que el mundo no tenía ni idea de lo que le esperaba",
o si ese proceso de destrucción ya se ha consumado y asistimos a la imposición progresiva de la extinción que consiste, básicamente, en el caos que va adueñándose progresivamente de la realidad. 
"Corrían días alargados, chirriantes. No sé lo que se rompió en ellos."
El Segundo Sello

Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira.
Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.

Apocalipsis, 6, 3-4 
Un espejo roto. freepic.es
Para ello, Butler no recurre a una estructura clásica de novela (los excesivamente manidos planteamiento, nudo y desenlace), sino que utiliza la fragmentación narrativa, una serie de relatos breves conectados temáticamente, como espejo de la fragmentación del contenido: relatos fragmentarios para una realidad fragmentada.

El Tercer Sello

Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.
Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.

Apocalipsis, 6, 5-6 
Beato de Liébana, siglo VIII. turismodecantabria.com
La literatura apocalíptica, asociada originalmente a la religión, ha estado presente, explícita o implícitamente, a lo largo de la historia de la literatura, aunque es cierto que se ha desplazado desde el campo religioso, donde tuvo el papel de adelantar el castigo que esperaba a los infieles (recuérdese que, etimológicamente, "Apocalipsis" deriva del vocablo griego que significa "revelación", y las revelaciones, es decir, las anticipaciones del futuro, estaban circunscritas a los profetas, palabra que, por degradación, pasó de significar "el que muestra" a "el que predice") hasta el profano, sobretodo a partir del Renacimiento, abarcando desde las distopías románticas, con catástrofes generalmente provocadas por cataclismos naturales, hasta los referentes modernos, en los que la extinción es a menudo fruto de la acción humana. Tal vez entre los referentes más inmediatos de este Atlas se encuentren las diversas obras de J. G. Ballard encuadradas en la llamada dystopian fiction y, por analogía, La carretera (The Road, 2006), de Cormac McCarthy.

El Cuarto Sello

Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira.
Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.

Apocalipsis, 6, 7-8
Theatrum Orbis Terrarum, Abraham Hortelius, 1570, considerado el primer Atlas moderno. Wikipedia.org
Atlas (Del lat. Atlas, y este del gr. "Ατλας", nombre del gigante a quien se suponía que sostenía con sus hombros la bóveda celeste). 1. m. Colección de mapas geográficos, históricos, etc. en un volumen. 2 m. Colección de láminas, la mayor parte de las veces aneja a una obra. [...]. DRAE
"Imaginaos ninguna parte. Imaginaos nada. Un mundo totalmente inflado y dormido."
La noción de Atlas, fundamental en la obra de Butler, no es un título escogido al azar, pues tiene algunas características implícitas en el concepto que Butler explota en beneficio de su planteamiento narrativo. En primer lugar, la ya mencionada fragmentación; siguiendo la definición [1] del DRAE, el contenido del mundo, es decir, y sobretodo en la época de los primeros Atlas, de todo lo existente, se fracciona en diversas "estampas", las diversas narraciones de El a[A]tlas de ceniza, algunas sin argumento, que tienen el beneficio de la particularidad, pero que no poseen sentido por sí mismas, pues forman parte de un todo, el orbe, y es precisamente esa totalidad su único marco de referencia, ya que no existirían por sí mismas. En segundo lugar, la codificación; todo Atlas posee su particular leyenda, un modo de codificación de la realidad mediante símbolos: el objeto representado no posee en realidad el esquematismo de los diferentes colores con que se distinguen los países o las altitudes, no todos los ríos son azules ni las fronteras poseen una barrera formada por equis y gui0nes (-x-x-x-) sucesivos, del mismo modo que las aportaciones de los diversos narradores del texto, algunos por estar demasiado implicados en el conflicto, otros demasiados alejados, no ofrecen una visión "real" -para ello haría falta un narrador omniscente en tercera persona a lo largo del texto- sino modificada por sus códigos narrativos. Y en tercer lugar, last but not least, todo Atlas reduce una realidad tridimensional a una representación en el plano, en dos dimensiones; aplicando esta reducción al texto, se puede observar que la "tridimensionalidad temporal", pasado, presente y futuro, queda reducida, intencionadamente por el autor pero también por el mismo tema, a la bidimensionalidad de pasado y presente: el futuro "no es un país extraño", sencillamente no se contempla.
"¿Es que ya estás tan perdido que no te puedes imaginar la gracia de Dios?"
El Quinto Sello

Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.
Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?
Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

Apocalipsis, 6, 9-11 
Static TV. derekchafin.com
En un mundo degradado, personajes insólitamente solitarios -la desgracia activa la solidaridad, ¿no era eso?- y familias amputadas de alguno de sus miembros -que acostumbran a pasar de cuatro a tres, y aquí que cada cual interprete-, con hijos y padres muertos, víctimas de un "incendio", de la lluvia de grava o de espeluznantes enfermedades,
"El camisón le veía prieto y estaba raído en aquellas partes que ella frotaba trazando círculos con los dedos cuando estaba preocupada",
enterrados en el jardín, viven recluidos en sus casas, a la vez refugio y prisión, o pasean sus desgracias por paisajes dantescos. ¿Cuál ha sido el origen del caos? ¿Ha sido provocado por el ser humano o se trata más bien de un cataclismo natural? En todo caso, parece que, independientemente de cuál haya sido la causa, la degradación del mundo -recuérdese, "todo lo existente"- se ha visto sucedida por la degradación de la humanidad: la catástrofe ambiental ha provocado una degradación genética, ha creado monstruos en lugar de bebés y ha monstruificado a los adultos.  El poder se ha disuelto, las relaciones de poder se han subvertido y la anarquía ha tomado su lugar: bebés que cuestionan a sus padres, niños que esclavizan a sus madres, muertos que reinan sobre los vivos... La degradación hasta una época pre-tecnológica que ha dejado a los aparatos como testigos muertos de un tiempo pasado, objetos inútiles cuya función sólo algunos adultos invocan, y unos recuerdos del mundo tecnológico que se han convertido en pesadillas.
"La tierra había aprendido a rascarse la espalda. Se formaban columnas gigantescas como las que habíamos visto por la tele durante nuestras peores tormentas, patrones estirados de cuadradillos, chorros de reverberación. [...] Empecé a sentir que todo lo que había dentro de mí estaba zumbando al unísono. Sentí que mis órganos susurraban con fuerza: la estática encontraba su réplica en mí. [...] No conseguí mantener la calma cuando vi a través de las ventanas la amplia maraña que durante años me había arrullado hasta ponerme a dormir: la transmisión gris/blanca/negra de los canales desaparecidos, las longitudes de onda que nadie había decidido frecuentar." 
El Sexto Sello

Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;
y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.
Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.
Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;
y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos 
 del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;
porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

Apocalipsis, 6, 12-17
Meteor rain. audunellerno.deviantart.com/
Si la situación no fuera tan desesperada, los personajes de Butler podrían refugiarse en los recuerdos, pero el autor les niega esa posibilidad, la de erigir el recuerdo como única forma de supervivencia, convirtiendo el pasado y su comparación con el presente en el motivo más eficaz de desesperanza, de aniquilación, de suicidio, de tal modo que la mejor manera de sobrevivir es olvidar.
"Apenas era capaz de pensar en lo que había sido. Repetía su nombre una y otra vez con un jadeo ronco para impedir que la forma de su boca lo olvidara, pero pronto incluso aquellas sílabas familiares de estropearon."
 ¿La redención? ¡Vamos, anda! Nadie esperas ser redimido, se vive con la convicción de que todo ha de ir, necesariamente, a peor; por esa razón Butler sumerge a sus personajes en el caos y suma a su propia degradación el camino sin retorno de la destrucción del mundo.

El Séptimo Sello

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.
Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.
Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.
Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.
Apocalipsis, 8, 1-5
Explosión nuclear. wikipedia.org
¿Va en serio, este Atlas de ceniza, o es una parodia de la literatura catastrofista? ¿Es un texto planificado, confeccionado y acabado o solamente un ejercicio de estilo? Esos relatos en primera persona, intercalados entre los episodios subjetivos, ¿refuerzan a los narradores objetivos y se ofrecen como contrapunto que da verosimilitud al relato, o bien forman una narración paralela que debería leerse como la otra cara de los primeros? Este lector no tiene respuesta para ninguna de esas preguntas, se ha quedado atónito ante tanta inventiva cuando creía agotada su capacidad de asombro ante la competencia narrativa de Butler en Nada. Y es precisamente porque es un texto desconcertante, un libro cuyo motivo no es evidente, lo que hace recomendable su lectura; abierta, desprejuiciada y atenta, una desafiante vuelta de tuerca a la narratividad.

Otros recursos relacionados en este blog:
24 Oct 2012
Retrato de un insomne (Nothing: A Portrait of Insomnia, 2011), primer texto publicitado como de no ficción del norteamericano Blake Butler. Obviando sus obras precedentes (Ever ,2009), la nouvelle que significó su debut ...

16 de octubre de 2013

Busca sin captura


"Lo que da valor a un hombre no es la verdad que posee o cree poseer; es el esfuerzo sincero que ha hecho para conquistarla. Porque el hombre aumenta sus fuerzas y se perfecciona, no por la posesión de la verdad, sino por su búsqueda."
Gotthold Ephraim Lessing, 1729-1781

2 de octubre de 2013

De la estupidez

"El estúpido sobre todo es feliz cuando arremete contra la mente instruida. Rara vez los hombres grandes derriban a otros hombres grandes; saben cómo defenderse, caen por lo menos con gloria y comparten el mismo honor con quien los vence. En cambio, es más frecuente que se vean derribados por los enanos del mundo erudito. Estas criaturas nunca van solas; obran de común acuerdo y en bandadas, como aves de paso, y cuando con más intensidad sienten la atracción que las une es en la guerra contra el inteligente. El hombre grande desprecia las picaduras como de insecto de los espíritus mezquinos; se engaña. Aunque no tienen la fuerza de un elefante para hacer temblar el trono, sí van royendo sigilosamente su fortaleza, como la carcoma, y agujereando los puntales de la misma, hasta hacer que se derrumbe."

30 de septiembre de 2013

Lecturas septiembre

La consolación de la filosofía
Boecio
Traducción de Leonor Pérez Gómez
Editorial Akal, 1997

Un clásico al que volver con asiduidad; la filosofía como perspectiva, especialmente en épocas de crisis, con igual aplicación en el Renacimiento que en nuestros días. Imprescindible.
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Montaigne y la bola del mundo
Javier Mina
Editorial Berenice, 2013




Puesta al día de los grandes temas de la filosofía de Montaigne pasados por el tamiz personal de Javier Mina, una reformulación del ensayo como búsqueda de uno mismo.
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En cuerpo y en lo otro
David Foster Wallace
Traducción de Javier Calvo
Random House Mondadori, 2013

Recopilación de artículos periodísticos del autor más influyente de la narrativa actual, no sólo de ficción. Entre otras maravillas, la apoteósica descripción de la final del torneo de Wimbledon entre Federer y Nadal. Imprescindible para Wallacianos y absolutamente recomendable para neófitos.
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El detective moribundo
Leif GW Persson
Traducción de Francisca Jiménez Pozuelo
Random House Mondadori, 2013

Novela policíaca con trasfondo social, humor, un investigador inolvidable, y una ácida crítica de una sociedad que siempre habíamos tomado por modélica. Imprescindible para lectores de género y muy recomendable para lectores en general. 
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Todas las historias de amor son historias de fantasmas. Biografía de David Foster Wallace
D T. Max
Traducción de María Serrano
Editorial Debate, 2013

Un acercamiento más humano que literario a la vida del escritor que creó tanta época como escuela y tantos epígonos como imitadores.  Bien documentada y de correcta ejecución, cumple con el propósito hagiográfico que esperan todos su admiradores.
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Pistola, amb música de fons
Jonathan Lethem
Traducció de Ferran Ràfols Gesa
Editorial Males Herbes, 2013

Espetarrant paròdia de la novel·la negra hard boyled amb les dosi justes d'ironia, misteri i violència: tots els tòpics de la novel.la negra nordamericana subvertits en una trama histèrica i convulsa; primera obra d'un autor que ha desenvolupat una de les carreres literàries més originals de les lletres anglosaxones.
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Saliendo de la estación de Atocha
Ben Lerner
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Random House Mondadori, 2013

Un americano despistado y acomplejado cuenta sus experiencias en los círculos culturales del Madrid "más moderno" en el entorno de los atentados del 11 de Marzo de 2004. Una obra lúcida y original, una excelente sorpresa literaria de un poeta metido a novelista. 
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¿Le gusta ser malvado?
Thomas Bernhard, Peter Hamm
Traducción de Miguel Sáenz
Alianza Editorial, 2013

Bernhard ahonda en su leyenda en esta transcripción de la entrevista que debía prologar una antología de artículos del austríaco, que se muestra "más humano" que en sus obras pero que refuerza el significado ese adjetivo que debería figurar, como figuran "quijotesco" 0 "kafkiano", en todos los diccionarios: "bernhardiano".
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20 de septiembre de 2013

14

14. Jean Echenoz, Anagrama, 2013
Traducción de Javier Albiñana
Echenoz enfrenta el reto de novelar la I Guerra Mundial en menos de 100 páginas. ¿Desafío imposible? ¿Otra novela sobre la I GM? Obviando los grandes movimientos de tropas, las estrategias planeadas desde los despachos de los generales y las descripciones de las batallas decisivas, Echenoz enfoca, mediante un teleobjetivo tan potente como preciso, con la elegancia de estilo acostumbrada y una aparente sencillez que se revela complejidad a medida que el texto desvela, por omisión, los horrores de todo conflicto armado, las vidas de cuatro amigos a los sigue a través de los campos de batalla, convirtiendo la guerra no en un conflicto entre naciones sino en una sucesión de episodios personales en los que la implicación con el ejército no importa tanto como el conflicto vivido a escala personal.

Este post ha sido publicado en el Diario 04 de Septiembre de La Central

16 de septiembre de 2013

Autocensura


"La primera obligación de la inteligencia es la desconfianza ante sí misma."
Palabras que Stanislaw Lem pone en boca de un superordenador que ha desarrollado conciencia en Golem XIV.

12 de septiembre de 2013

Maldita premonición

"Creo que tuve una especie de crisis de la mediana edad a los veinte, lo que probablemente no me augura nada bueno en cuanto a longevidad."
David Foster Wallace (21-02-1962, 12-09-2008) en la entrevista con Larry McCaffery, 1993, incluida en Conversaciones con David Foster Wallace, Pálido Fuego Editorial, 2012

10 de septiembre de 2013

Canadá

Canadá. Richard Ford, Anagrama, 2013
Traducción de Jesús Zulaika
Canadà. Richard Ford, Empúries, 2013
Traducció de Josefina Caball
"-Sientes que has tenido una vida maravillosa? [...]                                                    --La acepto. [...]                                                                                                                    -Todos la aceptamos. Ésa no es una respuesta." 
Cuando la vieja guardia narrativa estadounidense -vieja no tanto por la edad como por ser la depositaria de las esencias de la novelística clásica, esa que hunde sus raíces en la literatura europea del siglo XIX- abandona sus cuarteles de invierno y se muestra en todo su esplendor, el mercado literario se frota avariciosamente las manos, la crítica asiente condescendientemente y el lector sonríe con esa mueca nerviosa del neófito. Cada nueva entrega de ese excelso triunvirato de la novela realista -con la cadencia imperturbable de Philip Roth, la más imprevisible de Cormac McCarthy o la exageradamente espaciada de Richard Ford- levanta olas de expectación porque, entre otras cosas, desmiente con rotundidad ese velatorio en que se han instalado los apocalípticos vates, fruto, a su pesar, de un postmodernismo fatalmente asimilado, que insisten en anunciar el irremediable deceso del género literario por excelencia, la novela, afectado, y va ya para un siglo, por una excelente mala salud de hierro.

Canadá (Canada, 2012), no es solamente un libro maravilloso, es un catálogo de virtudes narrativas, una muestra indiscutible del temperamento de un escritor que ha alcanzado la excelencia, un manual de novelística imprescindible, la obra definitiva de un deslumbrante genio de las letras universales. Si alguien había creído que Ford había alcanzado la cumbre con la Trilogía de Frank Bascombe (The Bascombe Novels, 2009), El periodista deportivo (The Sportswriter, 1986), El Día de la Independencia (Independence Day, 1995) y Acción de Gracias (The Lay of the Land, 2006), habrá de reconocer que Canadá representa una inesperada vuelta de tuerca en la obra del norteamericano, el culmen de la excelencia, una novela de las que marcan época.

Dell Parsons es un muchacho que ve alterada su tranquila vida 
"Cuán asombrosamente lejos lleva la normalidad",
por un atraco a un banco que cometen sus padres -y la posterior desaparición de su hermana-, lo que le obliga a exiliarse en Canadá 
"[...] culpar a los padres de las dificultades de tu propia vida al final no te lleva a ninguna parte."
para huir de los servicios sociales estadounidenses, y por unos asesinatos que tienen lugar en su entorno al poco de llegar a esa supuesta tierra de promisión; esa es la trama de Canadá, que queda desvelada en el primer párrafo de la novela. El propio Dell es quien, muchos años después, relata la historia de su juventud atendiendo a tres fuentes de información: su propia experiencia, lo que le cuenta su hermana, y unas crónicas que escribió su madre desde la cárcel en que estaba recluida, que son el verdadero nudo argumental, el desencadenante a partir del cual se despliega Canadá -que no existiría sin ellas porque no habría sido necesario-, las "memorias" de Dell: memorias sobre memorias.
"En su "Crónica de un acto criminal cometido por una persona débil", nuestra madre escribió como si Berner [la hermana] y yo estuviéramos presentes y pudiéramos leer sus pensamientos en el instante mismo en que los iba registrando, y fuéramos sus confidentes y nos beneficiáramos de tales pensamientos. Su crónica representa para mí su voz más verdadera, la que nosotros sus hijos nunca oímos y sin embargo la voz con la que se hubiera expresado si alguna vez hubiera podido hacerlo cabalmente, sin los límites que le había impuesto la vida. Esto mismo sin duda es cierto con todos los padres y los hijos. Uno no conoce más que una parte del otro."
Ese es el filtro a través del cual conocemos su historia, el del narrador en primera persona que comparte la implicación y el protagonismo; es evidente el sesgo que supone esta fórmula
"Si quienes estuvieran contando esta historia fueran ellos [sus padres], ésta sería lógicamente diferente, y en ella serían los protagonistas de los acontecimientos por venir, y mi hermana y yo los espectadores, que es una de las cosas que los hijos son respecto de sus padres",
pero Dell asume que este sesgo en inevitable y deja en manos del lector cualquier tipo de juicio moral; al fin y al cabo, la elección del narrador es una opción que el autor debe valorar a la hora de encarar la historia. En este caso, es cierto que Dell descarga parte de su responsabilidad 
"Los hechos, sin embargo, no son como uno se los inventa",
en el hecho de compartir su experiencia con las fuentes, también personales, de su hermana y de su madre, otras dos visiones que debe considerar para ampliar y, por qué no, modificar la propia. El debate acerca de la adecuación a la realidad de cada una de las versiones y su fiabilidad queda abierto. Al fin y al cabo, 
"Eso era principalmente lo que la vida era para mí: acontecimientos que tenían lugar en el interior de mi cerebro."
Frontera entre EE.UU., Montana, y Canadá, Alberta. Fotografía de Online Utility
¿Debe la suma de pequeños errores desembocar fatalmente en un Gran Error? Seguramente, acabaríamos cayendo en el derrotismo más desalentador, pero no es posible obviar las condiciones circundantes que hacen derivar los hechos en un sentido fatal: la inapelabilidad del destino y la fuerza que lleva a la degradación; por esa razón el ajedrez funciona como una excelente metáfora ya que es un juego en que es imposible dar marcha atrás y en el que cada estrategia errónea conlleva una sucesión de movimientos posibles que llevan, sin solución, a la derrota final. En la novela, además, figuran otros condicionantes que refuerzan la verosimilitud de la trama: la educación religiosa en la predestinación del protagonista; Dell, en su afán por encontrar justificación de los hechos, tiene una teoría, y es que para delinquir hace falta cierta predisposición psicológica, que sirve a la vez para justificar la comisión del delito y para efectuar la planificación necesaria, y asume que el fracaso en el atraco al banco se debió a la falta de "profesionalidad" en el delito:
 "Me resulta difícil conciliar en la cabeza la idea de una vida normal y la del final al que ambos llegaron. Pero vale la pena intentarlo, ya que, repito, de otro modo muy poco de esta historia sería inteligible";
el desolado entorno, extraordinariamente reflejado, del estado de Montana en los años 60. Ambos condicionantes, además, influidos por el atisbo de mensaje conservador, común a toda forma de puritanismo religioso, en las propias consideraciones del narrador: una vida mejor debe conseguirse a través de medios lícitos porque la redención que representa una situación económica desahogada es imposible si no se merece. Toda la intervención de Dell se encuentra mediatizada por una especie de causalismo de signo negativo: si no eso, entonces no aquello, del que no se puede escapar fácilmente pues toda corrección, una vez consumado cada uno de los hechos, es imposible; además, el narrador también se refugia a menudo en unas pretendidas circunstancias adversas de las que no se siente capaz de escapar:
"Sería posible, supongo, mirar a nuestra pequeña familia y juzgarla retrospectivamente predestinada a la perdición, al borde de hundirse bajo el turbión de las olas, destinada a la descomposición y al fracaso."
Los seres humanos llevamos a cabo acciones injustificadas, inesperadas, que no se corresponden con nuestra concepción del bien y del mal, y que sólo pueden entenderse provocadas por una situación puntual ante la que no tenemos manera de responder porque, comúnmente, excede a nuestras posibilidades, sean éstas intelectuales o afectivas. A posteriori, puede aventurarse una justificación que valide esa carencia, pero lo que no podemos evitar es que esta pseudo-justificación vaya perdiendo valor con el tiempo que, conforme avanza, va revelando progresivamente la naturaleza del error.

Sin embargo, Dell sabe que lo que cuenta, lo que escribe, el texto que tenemos delante, será leído por alguien, así que el relato de lo sucedido no puede evitar cierta parcialidad; de ahí que podamos dudar si el minucioso detalle con que emprende el relato de los antecedentes del atraco y el efecto retardante que imprime al contar el momento de la detención responden a una obsesión del narrador por el detalle, de hecho presente en varios episodios, o a la pretensión, con estas sucesivas dilaciones, de poner al lector de su parte.
"No está bien hacer como si las cosas no hubieran acontecido nunca por malas que fueren, como si uno hubiera podido abrirse paso de cualquier otra manera hasta el presente."
Lo que no evita el narrador, y ésta es una de las características que hacen de la novela un texto de alta calidad, es la profundidad narrativa que hace que cada episodio articule un relato por sí mismo, prácticamente sin fragmentos de transición, aunque interrumpiendo el relato de la acción para detallar los precedentes de algunos de los personajes relevantes en la trama, intercalados hábilmente como confesiones o charlas, evitando así, como en el caso de la crónica de la madre, la disonancia que significaría convertir al narrador en omnisciente; un realismo a ultranza que logra, mediante la adopción del ritmo adecuado a cada fragmento, apoyar la importancia intrínseca de cada episodio. En este sentido, a pesar de que Dell asume la responsabilidad de sus actos, es evidente que funciona una especie de mecanismo de penitencia por los errores sufridos, cuya máxima medida sería la totalidad del texto, pero que se parcializa como si la derivación de responsabilidad atenuase las consecuencias de los hechos. Así, mediante esta especie de proyección, las crónicas que la madre escribió desde la prisión actuarían como excusa-expiación, ya que en ellas ofrece por escrito todo aquello que no se ha atrevido a decir a sus hijos en persona; y, del mismo modo, Canadá funcionaría como expiación del narrador por todo lo que no ha podido decirle a su madre, su respuesta a la lectura de la crónica: como en otras memorables ocasiones, la literatura como expiación.
"A lo largo de todos estos años mi hábito de pensamiento da por hecho que toda situación en la que se ve envuelto el ser humano puede dar la vuelta. Todo lo que alguien ha asegurado que es verdad puede no serlo. Todo pilar de creencia sobre el que el mundo se sustenta puede estar y puede no estar a punto de saltar por los aires. La mayoría de las cosas no siguen mucho tiempo como están. Saber esto, sin embargo, no me ha hecho escéptico. El escepticismo es creer que el bien no es posible; y yo sé a ciencia cierta que el bien es. Y lo que hago es no dar nada por sentado y tratar de estar preparado para el cambio que pronto ha de llegar."
"Storm chasing, Saskatchewan". Fotografía de National Geographic
Pero Canadá es también una crónica del desarraigo, la historia de un hombre en formación transplantado por las circunstancias geográfica -de Estados Unidos a Canadá- y emocionalmente -el pasar de ser "un hijo de una familia normal" a ser "un hijo de atracadores de bancos", corregido y aumentado por la pérdida de la hermana- a un país no por próximo menos extraño; una crónica que, sorprendentemente, se enmarca, temporalmente, entre los dos hechos principales, el atraco y los asesinatos, en apenas unos meses. Una evasión no sólo de los hechos, del pasado, sino, sobretodo, del recuerdo, mediante la conjuración de éstos para que dejen de ser una amenaza velada y, una vez materializados y enfrentados, poder huir de ellos. Pero Canadá no se revela tampoco como una tierra prometida en la que retomar su vida anterior: Partreau es descrito como un punto desolado donde tiene lugar un tipo de vida peculiar muy alejado de la vida familiar en Montana; el continuo identificativo vida familiar-estabilidad-casa queda definitivamente alterado por el exilio-provisionalidad-chabola.
"Aquello que somos capaces de imaginar como lo peor nunca es lo peor posible."
Este exilio conlleva un cambio de identidad, por una parte forzado, ya que no puede declarar su origen ni las circunstancias de su llegada, y por otra facilitador, ya que el hecho de que nadie le conozca le ofrece la oportunidad de inventarse una nueva vida:
"Este estado anímico me confería una libertad nueva; era como empezar la vida otra vez [...] o como si fuera alguien distinto; alguien, sin embargo, que no se hallaba detenido sino en movimiento, conforme a la naturaleza de las cosas de este mundo. Podía gustarme o podía aborrecerlo, pero el mundo iba a seguir cambiando a mi alrededor, al margen de cómo pudiera yo sentirme";
o incluso de cambiar de nombre, el cambio de identidad por antonomasia. Pero también un cambio cualitativo muy importante: la soledad.
"Ensayando modos de acostumbrarme a estar solo [...]. Al anochecer, cuando terminaba de cenar y volvía de mi paseo y podía soportar estar solo (nunca tuve la sensación de que mi situación fuera verdaderamente soportable), me sentaba en el catre y desplegaba el tablero de ajedrez sobre la manta, colocaba las cuatro filas de piezas temblorosas de plástico y urdía mis movimientos y estrategias contra adversarios imaginarios y sin especificar."
Ya ha quedado dicho, pero insisto: Canadá es una grandísima novela, un texto impresionante que pasará a formar parte del canon ficcional occidental, una indiscutible aspirante al trono, por fuerza compartido, de La Gran Novela Americana. No se la pierdan.