20 de abril de 2013

Capitulares

Capitulares. Julien Gracq, Días Contados
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
Capitulares recoge una serie de notas tomadas al vuelo procedentes de viajes, lecturas, encuentros, conversaciones o reflexiones, sin ninguna intención exhaustiva ni doctrinaria.  Nos encontramos, pues, ante el Gracq más puro, más individuo particular que escritor de ficción, el Gracq más expuesto -relativamente, por supuesto-, sin ornato retórico ni condicionamiento formal, a pelo, sin la interposición de un narrador detrás del que enmascararse, con la prontitud y la espontaneidad del que no tiene que justificarse, ni personal ni literariamente, ante sí mismo, ante su obra, ni ante el futuro. No se trata tanto de una confesión -pues tampoco aparece pecado alguno digno de tal calificación- como de un detallado, exigente y autocrítico retrato intelectual, tan francés, al estilo de sus compatriotas Julien Benda, Paul Valéry o Jules Renard, en el que todo lo que se ve es todo lo que hay.

Microreseña publicada en el Diari de Sant Jordi de la Llibreria La Central

18 de abril de 2013

Plens de vida

Plens de vida. John Fante, Edicions de 1984
Traducció de Martí Sales
John Fante, el protagonista de Plens de vida, és un “escriptor de pa sucat amb oli” que no aconsegueix l’ansiat èxit literari, sobradament merescut, però que gràcies a la Paramount manté una desfogada situació econòmica que pensa invertir en la producció seriada d’una àmplia descendència. Però la dolçor de la il·lusionant espera del primogènit es veu torbada per la maniàtica esposa, abduïda per la primera maternitat i trastocada per la mística de l’embaràs fins al punt de convertir-se al catolicisme; els problemes domèstics, en forma d’amenaça d’ esfondrament de la llar; i per la visita del seu autoritari pare, un anacrònic immigrant italià, guardià de les essències ancestrals i dipositari de les supersticions més irracionals pel que fa a la perpetuació del llinatge. Plens de vida, traduïda per primera vegada al català, és com l’altra cara de la moneda dels personatges de Scott Fitzgerald: la ruïna substitueix el glamour, el pes de la inqüestionable tradició aixafa la conversa intel·ligent i el whiskey barat pren el lloc dels dry martini fins a constituïr una descarnada caricatura que apunta a la línia de flotació del tot just establert american way of life; que transita entre la ironia més còmica i la crítica més matussera, fins fer evident l’absurditat dels enfrontaments familiars a l’hora d’encarar les situacions més quotidianes, per acabar desvetllant el cantó obscur d’una modernitat malaconseguida a cop de conflictes que ha acabat esclafant, amb la seva inevitabilitat, un món lluent i autèntic on les relacions encara podien presumir de veritable humanitat.

Microressenya publicada al Diari de Sant Jordi de la Llibreria La Central

12 de abril de 2013

Mi primo, mi gastroenterólogo

Mi primo, mi gastroenterólogo. Mark Leyner, Pálido Fuego
Traducción de José Luis Amores
1. Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el postmodernismo pero nunca se atrevió a preguntar
"Los escritores tienen la responsabilidad de mantener a la gente en el redil. Si no quieres que la gente abandone la literatura, escribe libros que interaccionen con los lectores, no basta con quejarse de los críos estúpidos que están viendo la televisión a todas horas".  Del artículo "La disparatada visión de Mark Leyner", de William Grimes, 1992.
Bienvenido Mark Leyner al castellano, aunque sea con más de veinte años de retraso, en  cuidada edición de la joven Pálido Fuego -en su página web, a modo de bonus track, incluye un completo y esclarecedor Dossier de prensa-, editorial cuyos primeros títulos componen una arriesgada a la vez que estimulante declaración de principios; bienvenido porque a finales de los años ochenta del pasado siglo este señor, redactor publicitario, dio que hablar lo suyo, tanto entre los círculos literarios más atentos a "lo último" -hoy les llamaríamos alternativos, sin comillas- como entre medios "más serios", hasta el punto de merecer unos párrafos en un ensayo de David Foster Wallace, el malogrado teórico y emblema de todo postmodernismo que se precie. La razón de este interés, más allá de las coincidencias generacionales y de un programa estético similar en su origen, que casi se diría complementario, radica seguramente en una indisimulada tendencia crítica compartida hacia una sociedad contemporánea cuyas tensiones no podía abarcar el realismo; o sí, pero no con las mismas armas estéticas que un siglo atrás. Ante la cuestión planteada por Larry McCaffery acerca de si nos encontramos ante el "novelista surrealista postmoderno cómico experimental", responde Leyner:
"Deseo el máximo aporte a nivel de cada frase... Quiero causar problemas y creo tener una idea de cómo hacerlo en narrativa. Me fijé en toda esa gente que conocía y en lo que escribía, y me pareció que podía causar un montón de problemas haciendo que cada frase dejara pasmado, agarrara a la gente por las pelotas o lo que fuera, al margen de los habituales contextos ficcionales estúpidos."
El foco de esta narrativa no se halla, por lo tanto, en su contenido sino en su forma:
"Lo que me interesa no es la realidad de lo que estoy describiendo sino lo que se experimenta al leer el pasaje."
¿Puro estilo, pues? Sí y no: la explicación a esa ambivalencia se encuentra en que al haber cambiado sustancialmente aquello que se quiere describir -la sociedad contemporánea, con todas sus características- por fuerza debe cambiar la forma de describirlo. Leyner sería, según estos parámetros, incapaz de escribir El retrato de una dama; como contrapartida, tampoco Henry James podría, con sus herramientas, escribir La broma infinita. Usando el  símil musical que cita el autor, James orquesta una suite barroca, donde cada compás preludia el siguiente, el fraseo es previsible, está normalizada la sucesión de puntocontrapunto y se trabaja sobre la plantilla de los diferentes movimientos que debe tener una composición de ese estilo, mientras que Leyner utiliza el fragmento imprevisible que 
ejemplifica el solo de guitarra de Keith Richards en Sympathy for the Devil, en el que "cada ráfaga aguda, brillante, increíble, endiablada de sonidos crudos" constituye un elemento en sí misma, pues "no hay nada que lo anticipe, simplemente aparece de pronto, como la lluvia o las navajas".

Como se ve, Leyner lo tenía claro, eso es toda una declaración de principios; válidos o no, su materialización se concreta esta colección de relatos. 

2. La colonoscopia


Mi primo, mi gastroenterólogo (My Cousin, My Gastroenterologist, 1990) es literatura saturada. No es tanto una narrativa a la que se le ha extraído todo lo accesorio, entendiendo por tal los elementos de transición y la totalidad del aparato contextual, como que se la haya sometido a un proceso gradual de aumento de la presión hasta que haya  acabado por expulsar esas transiciones. Después de ese adelgazamiento, sólo queda el lenguaje -fragmentario, sincopado, concentrado, televisivo- y la temática: invariablemente, el ascenso de la banalidad a la consideración de protagonista.


La sucesión de hechos o la pura simultaneidad no siguen un patrón lógico sino arbitrario. La focalización de nuestra atención, en un entorno saturado de estímulos, ni es voluntaria ni depende de la intensidad de esos estímulos ni de un supuesto estado en el continuum "muy receptivo-nada receptivo". Este principio, traducido por Leyner, se manifiesta en la ausencia de trama y la casi exclusiva presencia de pseudo-episodios que, si aquélla existiera, no significarían más que una desviación, un conjunto deshilvanado de subtramas insignificantes, una distracción.

Siendo como es esa fragmentación una de las características más sobresalientes de Mi primo, mi gastroenterólogo, es dudoso si clasificarlo como una colección de relatos interrelacionados -los títulos de algunos de los cuales son un relato en sí mismos: "Yo era un punto infinitamente denso y caliente", "La provocación de un pelo suelto en un peinado por lo demás perfecto", "¡Hoolaa!, llamó Buzz, ¿tienes un poco de crema de cacao?"- o como una novela fragmentaria -por más que sus "capítulos" fueran publicados aisladamente, en forma de relatos, en diversas revistas y antologías, y recogidos en el volumen My Cousin, My Gastroenterologist en 1990-; en todo caso, esa distinción queda a cargo del lector y forma parte del juego -y no es el único- que propone Leyner.
"¿Quiénes son los nuevos intelectuales quiénes son los nuevos estetas ahora que los viejos nuevos intelectuales y los viejos nuevos estetas han sido diezmados por las ramificaciones autodiezmantes de sus nuevas viejas ideas?"   
La sucesión de cuadros surrealistas es continua, como si la acción estuviera también bajo los efectos del speed, a velocidad de vértigo, sin ningún tipo de transición, sin nexo evidente -lo cual no quiere decir sin nexo-, incluso, excepto la verborrea inconsistente de unos narradores hipervitaminados y benzedrínicos; pero cuadros de una extensión limitada, medida, uno diría que planificada instante por instante, al estilo de la duración de los anuncios televisivos, lo bastante claros para ser capaces de transmitir el mensaje pero lo necesariamente cortos para retener la atención del (¿televidente?) lector. Incluso en algunos de los relatos, formalmente clásicos, bajo la apariencia del más estricto realismo, se esconde la transgresión, el detalle surrealista, la sorpresa inesperada que da sentido a la colección, como esta divertida y absurda parodia de pseudo-haiku:
"El hipopótamo se alimenta de vegetación blanda,                                                            sus excrementos alimentan a los peces,                                                                         los pijamas de él danzan convulsivamente en el tenderero."
 Las peculiaridades abarcan también a los protagonistas, cuya caracterización consiste en una mezcla de sarcasmo e ironía -y notables dosis de mala leche, postmoderna, sí, pero mala leche al fin y al cabo-: la omnipresencia de ese primo grastroenterólogo y del kung fu en unos personajes que se acercan mucho a los "hombres repulsivos" que entrevistó David Foster Wallace en Entrevistas breves con hombres repulsivos (Brief Interviews with Hideous Men, 1999).
"Voy a decir algo horrible, algo horriblemente impropio de un cristiano... Y por favor no empieces a cantar, porque no hay enjuague bucal capaz de camuflar el aliento fétido de los cristianos cantando salmos... Esta es mi horrible declaración: hay mostaza en los arbustos."
Y emergiendo de toda esa nómina de personajes inclasificables, los narradores y los protagonistas de sus relatos, uno que mece una consideración aparte: no ya el Leyner -escritor-autor sino el Leyner-individuo que, escribiendo otras obras, publicando sus columnas o respondiendo a entrevistas, queda configurado como un personaje más, plenamente literario.

Hasta aquí, y más allá, la broma, la ocurrencia,  el pastiche... Sin embargo, la parafernalia formal, la inventiva y la originalidad no deben enmascarar una notable e insistente vertiente de crítica social: esos descarados e irreverentes personajes, marginales e inadaptados, son el reverso de la moneda de la locura neocapitalista, los residuos de un sistema que expulsa sus detritus a unas cloacas cada vez más pobladas.

3. Todo lo que usted siempre pensó sobre el postmodernismo pero nunca se atrevió a decir


En su colección de ensayos Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (A Supposedly Fun Thing I'll Never Do Again: Essays and Arguments, 1997), David Foster Wallace dedica uno de sus más incisivos artículos, "E unibus pluram", a la influencia que ejerce un entorno mediatizado, condicionado y definido por la televisión sobre la narrativa norteamericana de finales de siglo y a las relaciones de interdependencia y retroalimentación entre ambos medios.


Una de las tesis del mencionado artículo es que, al igual que la existencia de la televisión afecta al ciudadano-no-escritor en su forma de ver el mundo y de relacionarse con él, también afecta al narrador postmoderno, criado en hogares en los que la omnipresente pantalla gobierna con una soberanía incontestable; DFW aboga por la co-existencia de un escritor-creador de ambientes y de un escritor-voyeur que, a semejanza del ojo de la cámara -que tiene existencia independiente, pero que condiciona aquello que se hace en su presencia- , no solamente se inspire sino que incluso se limite a reproducir "televisivamente" todo lo que observa: el escritor se convierte de un "investigador para crear narraciones" en un "consumista de narraciones":
"Lo más peligroso de la televisión para los narradores americanos es que no nos la tomamos lo bastante en serio como elemento diseminados y definitorio de la atmósfera cultural que respiramos y poseemos..."
En este sentido, DFW defiende el clasicismo de esa narrativa permeabilidad por la televisión sosteniendo que no es más que el realismo de siempre pero aplicado a una realidad "cuyos límites definitorios han sido deformados por la señal eléctrica".

Tomando en cuenta estos parámetros, analiza Mi primo, mi gastroenterólogo adjudicándole la característica de ser "irreverentemente irónica":
"Es un conjunto mezedrínico de pastiche pop, alta tecnología improvisada y deslumbrante parodia televisiva, formado por yuxtaposiciones surrealistas, monólogos agramaticales y montajes vertiginosos, y envuelto en una ironía infatigable diseñada para lograr que su tono frenético resulte irreverente en lugar de repelente."
Según DFW, Leyner procede deconstruyendo esa realidad postmoderna, tomando sus elementos consustanciales y recombinándolos; la extrañeza resultante acaba siendo el producto no del efecto de esas recombinaciones sino del hecho de la apabullante multitud de elementos singulares, haciendo -o intentanto hacer- congruentes los resultados.

A pesar de considerar la obra de Leyner como "la mejor narrativa de la imagen que ha habido hasta el momento" -y conviene considerar que "el momento" es 1993, año de la publicación del ensayo-, llega a calificarla de extremadamente banal (¿q.e.d.?), no tanto porque se trate de un experimento fallido como porque el objeto de su narrativa lleva la burla en sí mismo.
"... condenado a la banalidad de su deseo de ridiculizar una cultura televisiva cuya burla de sí misma y de todo valor ya absorbe cualquier radicalización."
4. Créditos


¿Que si hay que leer a Mark Leyner? Por supuesto; porque es una lectura estimulante, provocativa y absolutamente lúdica, pero también porque, debido a esa inexplicable tardanza en publicarlo en castellano, amplía la visión  de una literatura finisecular sin la cual una gran parte de la narrativa contemporánea parece, engañosamente, haber surgido por generación espontánea.

8 de abril de 2013

Un circo pasa

Un circo pasa. Patrick Modiano, Cabaret Voltaire
Patrick Modiano es un narrador de lo que podría denominarse "conflicto latente", esos combates que subyacen, disimulados, en la cotidianidad, como es el caso de esos conflictos eufemísticamente llamados "de baja intensidad" en los que el hecho de que no sean claramente manifiestos no rebaja su importancia (ni sus efectos).

Las traducciones al castellano de las obras de Modiano van sucediédose con un ritmo pausado pero constante, calando a los lectores en español, sin grandes aspavientos comerciales, y de la mano, en su mayoría, de avispados editores independientes. Un circo pasa (Un cirque passe, 1992) es la apuesta de la reincidente Cabaret Voltaire. Se trata de un Modiano cien por cien, una obra de un autor maduro que tiene tan clara su peculiar estética como esa temática que el lector reconoce, valora y admira.


Rue Notre Dame de Lorette
El protagonista de la obra, a treinta años vista, recuerda cuando era un joven de dieciocho años en un momento vital muy particular: emergiendo de años de internado y con la amenaza del servicio militar a la vuelta de la esquina, estrenando una libertad de adulto en ausencia de su familia, una madre huida al sur de España y un padre exiliado en Suiza, por razones no aclaradas pero con apariencia de inconfesabilidad, que convive provisionalmente en la antigua vivienda familiar con un oscuro personaje al que se supone una especie de testaferro en los asuntos no excesivamente transparentes que llevaron a su padre al extranjero. 

En ese momento, conoce a Gisèle, una chica con la que ha coincidido en una comisaría a la
Bois de Boulogne
que han sido llamados para declarar por un oscuro asunto. Ambos se hacen, en unas horas, inseparables: visitan a ciertos amigos de ella, recorren París haciendo extraños encargos... Pero Gisèle le miente continuamente -eso es, al menos lo que supone el narrador-, 

"Cuando eres joven, no piensas que, más tarde, ciertos detalles pueden ser de vital importancia."
enredándole en una espesa trama de desenlace inesperado. 

A medida que avanza la acción, el personaje de Gisèle, en lugar de irse revelando al narrador, suma zonas de oscuridad, se vuelve, para el protagonista, casi onírico,
"Hasta la sala del restaurante carecía de la menos realidad, como uno de esos lugares que uno frecuentó antaño y que se vuelven a ver en sueños." 
Le Cirque d'Hiver
se hace cada vez más complejo, acentuando el constante miedo del protagonista a la desaparición de su compañera, escamado como se halla por las súbitas desapariciones de las personas de su entorno, como si se tratara de un rompecabezas del que se desconoce la imagen final. La acción avanza, sin embargo, paso a paso pero ininterrumpidamente, hasta un desenlace de contenido coherente con la sucesión de los hechos a lo largo de la novela pero sorprendente por la forma.

Tal vez una de las sorpresas que ofrece el francés a un lector primerizo es la aparente falta de estilo; no existe cal carencia, se trata más bien de la facilidad de Modiano, con una sorprendente economía de recursos narrativos, para poner al lector en situación.
"Era Noviembre pero, debido al día soleado, recuerdo el barrio bañado en luz estival. Manchas de sol en las aceras y sombra bajo el viaducto del metro. Un paso estrecho y oscuro, antiguo sendero campestre, serpentea entre los edificios hasta la rue Raynouard. De noche, al salir de metro Passy, las farolas iluminan el follaje con luz pálida."
Modiano esboza, da sólo los detalles imprescindibles; posteriormente, cuando la acción regresa al lugar o focaliza su atención en alguno de los personajes, ofrece nuevos datos, también incompletos, que crean un peculiar efecto de provisionalidad, un esto que parece así puede que sea así -en cuyo caso el tema queda cerrado y no se volverá a hablar de él- o que no sea así, que esto es provisional, y posteriormente ya se completará o modificará: la acción queda en suspenso mediante un estilo narrativo que parece también suspendido. Modiano envuelve al lector en una complicada maraña de hechos y personajes inexplicables sin dar pista alguna ni de su significación ni de su relevancia, y de los que es imposible deducir desenlace alguno.

Como en la mayor parte de su obra, la ciudad de París -un París en blanco y negro, sensación a la que apoya la estupenda fotografía de la portada, Nadja Tesichen en un fotograma de Nadja à Paris de Eric Rohmerin extenso, no es sólo el lugar de la narración
"Los detalles topográficos han causado siempre un efecto sobre mí: en lugar de convertir la imagen del pasado en algo cercano y claro, me producen una sensación desgarradora de vínculos rotos, de vacío."
Pont de Suresnes
sino que se erige en un personaje más, el hilo conductor que atraviesa transversalmente toda la acción.
"Llegué a la cita con bastante antelación, así que me di un paseo por las alamedas de Luxembourg. Sentí por primera vez la proximidad del invierno, hasta entonces habíamos disfrutado de unos días de otoño muy soleados."
Un circo pasa concentra, en apenas 170 páginas de generosa tipografía, todas las obsesiones y los lugares comunes -dicho sea sin ninguna intención peyorativa- a los que nos tiene acostumbrados el autor, esos clichés en los que los modianistas reconocemos su mano y que tanto nos placen, razón de más para no perderse esta novela: a los seguidores del francés, un episodio más de su admirable obra; a los que todavía no lo han descubierto, un motivo excelente para acceder al Modiano más íntimo, personal y maduro; salvo excepciones puntuales, es difícil hallar altibajos en el conjunto de la obra del francés, pero, en todo caso, éste es un libro excelente que ningún lector debería perderse.

Otros recursos en este blog referentes a Patrick Modiano:

04 Oct 2012
La presencia de Patrick Modiano en este blog es recurrente; es de agradecer que distintas editoriales de variado pelaje, de un tiempo a esta parte, hayan "redescubierto" (olvidando u obviando ese antiguo y anacrónico ...
22 Oct 2010
L'horitzó. Patrick Modiano, Proa. Traducció d'Eulàlia Sandaran. Un nuevo libro de Patrick Modiano (L'horizon, 2010) al alcance de los lectores siempre es, en principio, una buena noticia; en vano ha buscado este reseñista ...
26 Mar 2009
“Existen casualidades, encuentros y coincidencias que se ignorarán siempre”. Patrick Modiano reaparece en este blog con honores de estreno, un autor al que no se ...
25 Abr 2009
Inscrita en la reciente y bienvenida afluencia de títulos de Patrick Modiano a los anaqueles, Anagrama y Proa en catalán (Carrer de les Botigues Fosques) recuperan este Premio Goncourt de 1978, Rue des boutiques ...
18 Ene 2012
Los seguidores de Patrick Modiano estamos de enhorabuena. La editorial Anagrama ha tenido la feliz idea de publicar en un solo volumen, bajo el título de Trilogía de la Ocupación, las tres primeras novelas del autor ...
16 Nov 2012
Un nuevo Modiano en castellano; efectivamente, parece que el mundo literario español se ha decidido, por fin, ...
17 Sep 2009
“Los mejores puntos de referencia son las guerras.” En una estación termal situada al margen del espacio, por más que se ubique en la frontera ...

6 de abril de 2013

Contrapunto LXXX



Ésta es la bandera de mi país verdadero: azul, por el cielo; azul, por el mar; blanco, por las olas que rompen en la playa.

4 de abril de 2013

La puerta

La puerta. Albert Lladó, A Fortiori
El pasado 3 de Abril fui invitado por Albert Lladó, compañero y amigo, a participar en la presentación de su libro La Puerta; a continuación, transcribo el guión de mi intervención, centrada en los conceptos Bildungsroman y "autoficción".


PRESENTACIÓN DE 
LA PUERTA 
Albert Lladó 
A Fortiori Editorial (2013)
Llibreria La Central del Raval 
Miércoles, 3 de Abril de 2012
Participantes:
Natividad de la Puerta, editora
Joan Flores, librero
Xavier Miranda, Maestro Masón
PRÓLOGO
No soy crítico: 
No voy a, tomando la parte por el todo, escoger aquellos fragmentos que me permiten encorsetar el texto en alguno de los muchos -ismos disponibles. 
No hablaré de los antecedentes intelectuales del autor, ni de la justificación -que el autor, naturalmente, ignora- de cada palabra escrita.
No bucearé en la biografía del autor buscando analogías.
No especularé sobre la de indelebre huella que dejará La puerta en el canon de la novela occidental (y de mi mérito al ser el primero en descubrirla).
Soy lector: 
Hablaré de las sensaciones que me ha sugerido la lectura de La puerta. 
Trataré de convertir en palabras esas escurridizas sensaciones que todos los lectores entendemos y casi nadie podemos definir, encuadrar o comunicar.
Como esto no es una conferencia ni una masterclass, la fragmentación es inevitable.

LOS REQUERIMIENTOS DEL LECTOR
Cuando un lector compra un libro, no compra papel tintado ni una portada más o menos -la mayoría de las veces- afortunada: compra el contenido, compra la escritura: no compra el envoltorio sino el contenido.
Debería existir una Declaración de los derechos del lector que oficializase ciertas exigencias del lector con respecto del autor; todos los libros deberían llevar, por lo menos, cinco fajas advirtiendo sobre:
1.- La honestidad: ESTE LIBRO ES HONESTO; un libro es una cosa muy seria, que vale dinero y que roba tiempo. El autor debería tenerlo en cuenta porque cuando un lector compra su libro, el autor firma un contrato según el cual no pude engañarlo.
2.- La utilidad de la escritura: ESTE LIBRO ES ÚTIL; sólo debería publicar un libro quien tiene algo que decir.
3.- La irreverencia, la provocación: ESTE LIBRO ES IRREVERENTE; los libros HONESTOS y ÚTILES deben interpelar al lector, es decir, deben modificarlo en alguna medida, cuestionar su sistema de valores, 
4.- La imperfección: ESTE LIBRO ES IMPERFECTO; las obras maestras antes de que nadie las lea deberían estar prohibidas; las obras que no requieran siempre una última revisión, también.
5.- La insolencia: ESTE LIBRO ES INSOLENTE; deberían ser obligatorias:
El alejamiento de las academias.
La no adscripción a géneros.
La abjuración de unos maestros sin cuyo magisterio el autor no sería nadie.
La faja que redacta el editor no es imprescindible.

LAS COORDENADAS DEL AUTOR
Símil bélico (antiguo):
-Autores de vanguardia: concentran todas sus fuerzas para un primer ataque devastador, sabiendo que de la violencia de la primera embestida depende la suerte de la batalla.
-Autores de retaguardia: guardan sus efectivos letales para una defensa a ultranza, saben que su hora ha llegado cuando el resto del ejército ha sucumbido.
-Autores de flanco: adaptativos, de reacción rápida, fundan su fuerza en la movilidad y la improvisación. Son difíciles de gobernar, no acatan necesariamente las órdenes porque lo suyo son las sugerencias, no las imposiciones.
Dejo a la elección de los lectores encuadrar al autor de La puerta.

OTRAS COORDENADAS DEL AUTOR (RELATIVAMENTE) NOVEL
-Autor-no-lector: es aquel que confunde la insolencia con la incompetencia; ejemplo: el argentino que pretendía escribir -de hecho, decía que escribía- cuentos sin haber leído ni a Borges ni a Cortázar.
-Autor-demasiado lector: es aquel que ha sufrido un empacho de lecturas -ingiere, pero no digiere- cuyo efecto es peor que el ayuno; ejemplo: el autor que “ha vertido” sus lecturas en un libro ¡de autoayuda!
-Autor-lector (autor culto): es aquel que integra sus lecturas re-formulando los temas universales en el mapa de sus experiencias, de sus anhelos intelectuales, pruduciendo textos individuales que nadie, excepto él mismo, podría escribir.

LAS ETIQUETAS
No me gustan las etiquetas: limitan, condicionan, superestructuran, confunden.
Tal vez se trata de la vieja querelle de si “el nombre hace la cosa”: República Democrática Alemana, Democracia Orgánica, España estado aconfesional.
Si ánimo exhaustivo, trazaré unas pinceladas sobre dos de las etiquetas que alguien podría aplicar a La puerta.

BILDUNGSROMAN
El término Bildungsroman significa “novela de aprendizaje”.
Tropos:
Protagonista adolescente
Búsqueda
Viaje, real o metafórico
Iniciación a la vida
Lo acuñó un tal Johann Carl Simon Morgenstern en 1820.
Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (Goethe: romántico y alemán) se considera su momento fundacional y, por tanto paradigmático.
La muerte del padre, el exilio, la formación (o de-formación, vista la experiencia universitaria que relata, el amor... algún crítico avispado podría considerar que La puerta es un Bildungsroman...

RAZONES PARA EL RECHAZO DEL TÉRMINO
1.- Invento del romanticismo alemán; estas dos coordenadas, “romanticismo” y “alemán” constituyen un pleonasmo, una redundancia que debería hacernos saltar todas las alarmas. Personalmente, dewsconfío de la capacidad del idioma alemán para crear neologismos.
2.- Dividir las novelas en géneros es reduccionista: aplicar plantillas a un acto de creación que debe ser LIBRE. Sólo el autor puede aplicar constricciones. 
3.- Parte de un error de planteamiento:
-A priori: si un autor dice: “ahora voy a escribir una novela de formación”, lo más seguro es que le salga un churro ilegible.
-A posteriori: si es el crítico el que la califica, cada ejemplo es una excepción.
4.- Por el origen:
Si el autor es de mediana edad en adelante
-y lo escribe en tercera persona: no hace falta llamarlo Bildungsroman, se llama ajuste de cuentas (Abrechnung).
-y lo escribe en primera persona: no hace falta llamarlo Bildungsroman, se llama                                                             psychoanalytische regression (que también es germánico).
Si el autor es joven
-y lo escribe en tercera persona: no hace falta llamarlo Bildungsroman, basta con llamarlo ensayo.
-y lo escribe en primera persona: no hace falta llamarlo Bildungsroman, se llama confesión.
5.- Por la imposibilidad de concreción, común a todas las definiciones de género.
-SF: 2001 Una odisea del espacio es SF; ¿y Solaris, también?
-Negra: Adiós muñeca es novela negra; ¿y La noche del cazador, también?
-Romántica: Los pectorales del Highlander es romántica; ¿y Orgullo y prejuicio, también?
-Histórica: Los pilares de la Tierra es histórica; ¿y Juliano el Apóstata, también?
-Bildungsroman: según la definición canónica, todas estas novelas lo serían:
-Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, el paradigma.
-El lazarillo de Tormes, que sería una precuela.
-Hamlet, en que el protagonista ¿no aprende... nada?
-Un retrato del artista adolescente, ¿Bildungsroman jesuítico?
-La montaña mágica, en que el protagonista aprende a hablar y a toser.
-Emilio, Bildungsroman a la Thoreau.
-La educación sentimental, Bildungsroman tipo “donde las dan las toman”.
-Camino de perfección, el culpable del éxodo de los madrileños a la segunda residencia en el País Valenciano.
-El guardián en el centeno, Bildungsroman american way of life.
-...
Había más... Sería un buen ejercicio buscar analogías entre todas ellas.

AUTOFICCIÓN
El término “autoficción” significa “la implicación, integración o superposición del discurso ficticio en el discurso autorreferencial o autobiográfico en diferentes maneras y dosis".
Tropos:
Narrador en primera persona
Mentira piadosa
A pesar de todo, la vida del narrador es más interesante que la del autor
Paratexto
Lo acuñó un tal Serge Doubrovsky en 1977.
Fils se considera su momento fundacional y, por tanto paradigmático.
El narrador se llama como el autor, estudia la misma carrera universitaria, vive en los mismos domicilios... algún crítico avispado podría considerar que La puerta es una autoficción...

RAZONES PARA EL RECHAZO DEL TÉRMINO
Algunas, comunes a las del Bildungsroman; otras, particulares...
1.- Invento del estructuralismo francés; estas dos coordenadas, “estructuralismo” y “francés” constituyen un pleonasmo, una redundancia que debería hacernos saltar todas las alarmas.
2.- Dividir las novelas en géneros es reduccionista: aplicar plantillas a un acto de creación que debe ser LIBRE. Sólo el autor puede aplicar constricciones.
3.- Por razones intrínsecas: una vez establecido el pacto ficcional autor-lector (“yo te voy a engañar (con estilo) y tú te lo creerás”), todo lo demás es irrelevante.
4.- Por indefinición:
Clasificación clásica (otra clasificación, ya son ganas de marear la perdiz), que prescinde del pacto ficcional autor-lector:
-Autoficción biográfica, donde se confunde con la autobiografía y la novela autobiográfica.
-Autobioficción, donde ambos pactos están equidistantes y la ambigüedad es plena.
-Autoficción fantástica, donde la invención es más importante que la biografía.
(Se me ocurren más: Autobiografía ficcional, ficciobiografía redundante; bioautoficción, ficcionautobiografía, autoficciobiografía, biografía autoficcional; fantasía autoficcional, autofantasía ficcional... ¿y, así, hasta dónde?)
5.- Por confusa. La convención autobiografía=verdad y novela=ficción es confusa. 
-Novela: podríamos estar de acuerdo en que parte de hechos imaginarios; pero, ¿dónde se sitúa la imaginación? ¿En el origen? ¿En la formulación? ¿En la forma? ¿en el tipo de narrador?
-Autobiografía: si partimos de que es la verdad, ¿qué verdad? ¿es toda la verdad y nada más que la verdad? ¿Qué tipo de autobiografía? ¿No se “inventa” nada?
Cuando un autor, en su vejez, escribe su autobiografía, ¿no “reelabora”? ¿No escoge determinados episodios y silencia otros? ¿No busca “su mejor cara”? 
Los Diarios (Gide, Renard, Peppys, Cheever), otra forma de autobiografía in process, ¿no pasan por la cocina? ¿No tienen una intención? Al escribirlos, ¿no se piensa en publicarlos? Al editarlos... porque los Diarios se editan, ¿no?, ¿no se escogen temas y motivos?
6.- Por irrelevante.
Cuando el narrador se llama igual que el autor, cabe alguna de esas seis alternativas:
1.- El narrador es el personaje que quisiera ser el autor.
2.- El narrador es el personaje que no quisiera ser el autor.
3.- El narrador es el autor.
4.- El narrador no tiene nada que ver con el autor.
5.- Ninguna de las anteriores.
6.- ¡Y a mí que me importa!
Que El quadern gris refleje literalmente o no episodios de la vida de Josep Pla
Que el Marcel de A la busca del tiempo perdido sea Proust o no.
Que el Albert Lladó de La puerta sea mi amigo Albert Lladó o no.  

LECTURA DE LA PUERTA
Pensamos con palabras (creo que la antigua discusión sobre si el lenguaje precede al pensamiento o el pensamiento precede al lenguaje está ya resuelta; cuando yo estudiaba Psicología provocaba uno de aquellos conatos de agresión intelectual tan estimulantes), pero también con imágenes; ahí van unas cuantas que han surgido de mi lectura de La puerta:
-Nietzsche rezando ante la tumba de Dios.
-Freud sonrojándose ante la desnudez de su madre.
-Goethe conquistando finalmente a su Gretche, pero padeciendo eyaculación precoz.
-Godard buscando el grifo de la fuente de Duchamp.
-Camus batido en los cinco penaltis de la tanda.
-Benjamin abriéndose una cuenta en Spotify.
-Woody Allen rodando “Vicky Cristina Darfur”.
-Gil de Biedma protagonizando anuncios para dejar de fumar.
-Baudelaire bebiendo una Cocacola.
-Kapucinsky dejándose ver por la Saloufest.
-Sísifo jugando a la petanca.
-Foucault besándose con Brigitte Bardot.
-Perejaume dibujando “Mortadelo y Filemón en la calle Joaquín Costa”.
-Mishima haciéndose la manicura con una katana.
-Wittgenstein contando sílabas para un soneto.
...

CONCLUSIÓN
Los pobres mortales que carecemos del divino don de la creatividad tenemos que apoyarnos en las citas, que sería una especie de pensamiento “en tercera persona”. Me voy a permitir citar dos:
-Una, para animar a leer: Juan José Millás: “Escribo por las mismas razones que leo, porque no me encuentro bien”.
-Otra, para animar a leer La puerta: Albert Lladó: “Somos autodidactas que salen de las tinieblas”.

12 de marzo de 2013

Magma

Magma (Spurious). Lars Iyer, Pálido Fuego
Traducción de José Luis Amores
Curioso tipo ese tal Lars Iyer: profesor de filosofía en la Universidad de Newcastle y autor de un par de libros sobre Maurice Blanchot (Blanchot’s Communism: Art, Philosophy, Politics (2004) y Blanchot’s Vigilance: Phenomenology, Literature, Ethics (2005)), y con un manifiesto -¿otro?- en el que reflexiona sobre el fin de la narrativa (Desnudo en la bañera, asomado al abismo. Manifiesto literario tras el fin de la literatura y los manifiestos (2012)) arranca en 2011 con un proyecto narrativo consistente en una trilogía paródico-filosófica del que este Magma (Spurious, 2011) representa la primera entrega, y que sigue con Dogma (2012) y finaliza con Exodus (2013). ¿Se tratará, como parece, de otro filósofo que se decide a escribir novelas, o se trata, según sus propias palabras, de "conjurar espectros" para poner fin al propio desasosiego? La respuesta a esta pregunta, en el caso de que se trata, no es sencilla, y esta reseña tan solo pretende contribuir, modestamente, a aumentar la confusión.


Lars -entramos en el texto-, un sujeto con graves oscilaciones tanto en su autoestima como en el concepto de su propia capacidad intelectual, aparte de anímicamente destrozado por unas irredentas y progresivas humedades que colonizan su vivienda, se erige en el incontinente narrador de las conversaciones, entre grotescas y alucinadas, que sostiene con un insólito personaje llamado W. La situación no es nueva; la historia de la literatura contiene dúos literarios -me resisto a llamarlos "pareja" cuando la interacción es tan desigual- famosos; por restringir la enumeración a algunos casos que puedan relacionarse con Lars y W., los Vladimir y Estragón de Samuel Beckett, los protagonistas de You & Me de Padgett Powell pero también, y sobretodo, los personajes de Flaubert... Haciendo un ejercicio de indeseable reduccionismo, pero es la primera asociación que me ha sugerido su lectura, uno diría que nos encontramos ante unos Bouvard y Pécuchet británicos pillados en plena cogorza retratados por un Thomas Bernhard en plenitud de facultades.
"¿Crees que es posible morir de estupidez?", suspira W. "No a consecuencia de esa estupidez", puntualiza, "sino desde la estupidez. ¿Y de vergüenza?", me pregunta W., "crees que podrías morir de vergüenza?, me refiero a morir literalmente".
Ambos reconocen, programáticamente, el liderazgo espiritual de Kafka -y otra pareja, la formada por el escritor y Max Brod, les sirve de marco para su relación intelectual, de la misma manera que podrían citarse los casos de Goethe y Eckermann (Conversaciones con Goethe en los últimos años de su vida) o de Samuel Johnson y Boswell (Vida de Samuel Johnson), a lo largo del texto con una presencia constante, explícita o sobreentendida-, aunque los diálogos, en esa especie de estilo indirecto anárquico, recuerdan, como queda dicho, a otro centroeuropeo de alargada sombra. Ese liderazgo tiene, no obstante, muchos condicionantes, entre los que se encuentra la difícil asunción de los papeles del escritor y del editor por parte de la pareja protagonista:
"¿Cuál de los dos es Kafka y cuál Brod?, elucubra W. Ambos somos Brod, dice, y eso es lo penoso. Brods sin Kafka, y qué es un Brod sin un Kafka."
Así que el dilema "intelectual" acaba consistiendo en la infructuosa búsqueda de un líder literario; infructuosa porque no encuentran a ningún escritor que acepte ser su líder espiritual. Y sin líder no puede haber escritor.
"Una vez, W. pensó en ser escritor, un escritor literario. Llenó un cuaderno tras otro. Aquello ocurrió cuando tenía veinte años. Todo el mundo quiere ser un escritor literario cuando tiene veinte años, dice W. Naturalmente nadie lo es jamás- W. lo advirtió bastante pronto. Supo que no era Kafka, dice."
Así pues, Lars y W. se embarcan en un peregrinaje intelectual en busca de las fuentes de la literatura -personalizadas en el omnipresente Franz Kafka-, del arte -encarnado por el cineasta Béla Tarr- y del pensamiento -Maurice Blanchot-, al rastreo de las huellas de sus ídolos, a la caza de la idiosincracia continental.
"Nos sentamos en un bistró y bebimos vino alsaciano a vasos. W. habla su pésimo francés en voz alta, y soñamos, durante un instante, que somos auténticos intelectuales europeos."
Como es habitual, tales jornadas alcohólicas acaban hablando del tiempo y perorando acerca de un mundo incapaz de comprender, y no digamos de colmar, sus aspiraciones; de ahí a las propuestas irracionables sólo hay el paso de otro vaso:
"Deberías escribir un libro", dice W., "aunque sólo fuera para lloriquear en las presentaciones."
La parodia, con un sentido de la crítica mordaz camuflado bajo el disfraz del humor, está servida: las ínfulas referentes a la plena dedicación a la vida intelectual, la emisión zarathustriana de aforismos concluyentes, el aislamiento del intelectual en la torre de marfil, el menosprecio altanero de las opiniones ajenas, la infravaloración de la producción de los competidores... En resumen, el vivo retrato del "intelectual" moderno.
"W. está, como siempre, leyendo acerca de Dios. Dios y las matemáticas, eso es todo lo que le interesa. De alguna manera todo tiene que ver con Dios, en quien W. no es capaz de creer, y con las matemáticas, que W. no es capaz de hacer. Y está leyendo sobre Dios y las matemáticas en alemán, dice W., lo que significa que no entiende nada de lo que no entiende nada."
Un humor delirante que caricaturiza la tragedia se hace presente permanentemente tanto en las situaciones con que se encuentran los protagonistas como, sobretodo, en las concluyentes sentencias, llenas de pretenciosidad y grandilocuencia, de W. Éste, W., el personaje mesiánico, representa el papel de maestro espiritual de Lars, el personaje apocalíptico, en una relación cuanto menos curiosa de profesor-preceptor y alumno -una "conexión abstracta", en palabras de Lars-. No sólo posee más conocimientos, sino también más "experiencia de la vida", lo que le permite pontificar espectacularmente y acusar a Lars de todas las carencias imaginables: intelectuales, personales, e incluso higiénicas.
"A W. le impresionó mi reciente depresión. "Es una señal de seriedad", dice, "o de que aun un idiota como tú no puede escapar de la seriedad". Estos son tiempos desesperados, dice [...]"
Así que esas supuestas "conversaciones", que no lo son porque uno de los protagonistas, el narrador, se limita casi exclusivamente a reproducir el discurso del otro, convirtiendo la "conversación" en un monólogo que reproduce un diálogo que no es diálogo, se convierten en chistoso circunloquios paródicos, sin la más mínima lógica intelectual interna, que jamás son cuestionados, sino que se integran en la conciencia del dúo como verdades evidentes.
"El pensamiento, cuando llega, siempre le sorprende, dice W., aunque esté preparado con su cuaderno, dice, que guarda en su bolso masculino. Esa es la razón de que yo necesite un bolso masculino, dice, por si acaso me sorprende el pensamiento. Sin embargo yo temo los tiempos muertos que posibilitan el pensamiento, dice W., y por tanto no necesito un bolso masculino."
La desigualdad progresa a pasos agigantados, la superioridad intelectual de W. se manifiesta constantemente... Mientras se preocupa por la inteligencia, el conocimiento, la filosofía, las matemáticas, la geometría, el griego clásico, Lars intenta sobrevivir abrumado por la excelencia de W. y condicionado por la invasión de la, también, invencible humedad doméstica.

Lo dicho, Iyer es un tipo peculiar, y una obra como Magma -en una cuidadísima edición de la fosterwallaciana Pálido Fuego, que nos regala en la misma portada la presencia de otra  pareja mítica, Blanchot y Lévinas- una interesante, desafiante y recompensadora lectura que se antoja imprescindible y que nos deja, junto con cierta sensación de desasosiego, aunque no padezcamos humedades invasoras en casa, con las ganas de seguir sabiendo qué nos depararán en el futuro las aventuras de esos insólitos protagonistas.
Lars Iyer at the Franklin Park Reading Series, February 2012