10 de septiembre de 2012

Contrapunto LXXXII

Mi intransigencia con respecto a los que pretenden ayudarme sin que yo se lo haya pedido no es un signo de autosuficiencia, es indiferencia.

4 de septiembre de 2012

El rio de las edades



"No escribe uno lo que quiere. Lo que te esfuerzas en sacar a la superficie de la página, lo que, desde lejos, mucho después, procuras simplemente nombrar, es esa parte del mundo y de nosotros mismos que era obstáculo, privación y estorbo precisamente por lo que nos resultaba de desconocida, de enajenada. La escritura, por lo menos tal como yo la entiendo, tendría bastante del sentido que toma la palabra cuando se la usa en plural para referir[se] a los asientos registrales públicos y privados. Repertoriar las transacciones, las subrogaciones en las que uno se vio implicado sin saberlo, ya antes de nacer, liberarse de los créditos vencidos, de las manos muertas lastrantes, acceder a la eventualidad propia e indescriptible de uno [mismo]."
(De la entrevista a Pierre Bergounioux realizada por Tristan Hordé, un fragmento de la cual se incluye a modo de prólogo en este volumen)

Cazar al vuelo una sensación irrepetible, que no puede ser evocada, provocada ni reproducida. Parar el tiempo en la fracción de segundo en que se materializa una concatenación de hechos externos y un despertar súbito de la conciencia que hace evidente la relación; no la epifanía, y no en el sentido agustiniano de representación de Dios en el ser humano para llegar a una conclusión divina, sino en el sentido que la concibió Joyce, como la súbita manifestación espiritual en la que un detalle físico se convierte, mediante el lenguaje, en un símbolo prodigioso, en sí misma como producto acabado, sino el momento en que ésta se produce.

Bergounioux es paisaje; paisaje lejano que se percibe con la imaginación; paisaje propio, sensorial, que posee todas las cualidades de la realidad; y la interacción de ambos. Y síntesis morosa: elección de los elementos narrativos imprescindibles buscando que la visión de conjunto sea completa, pero deteniéndose delerosamente en esos elementos haciéndolos objeto de un detalle cuya minuciosidad lo hace casi infinito.

La literatura está ahí, sólo hay que desvelarla: en uno mismo, en lo que ha vivido y en lo que no ha vivido, en las historia de los lugares, en la geografía; la creación y las sucesivas modificaciones del paisaje son únicamente capítulos de ese gran libro que es la duración del tiempo.

Pero es contraproducente, además de inútil, otorgarle intencionalidad al tiempo; la civilización, la humanización del paisaje intenta acotar en porciones de tiempo humano la duración de los incalculables eones al tiempo que cree dominar a la naturaleza, pero ésta, indiferente a las cuitas de ese minúsculo ser, es capaz de reconquistar en un instante las irrelevantes modificaciones que llamamos, pomposamente, "civilización", y retomar ese relato que empezó mucho tiempo antes de nuestra existencia y que seguirá eternamente mucho después de nuestra desaparición.

El libro, extraordinariamente editado por la sorprendente y reincidente Días Contados, contiene El río de las edades (Le fleuve des âges, 2004), Universos preferibles (Univers préférables, 2003) y un fragmento de la entrevista (Conversations sur l'Isle, 1998) a Pierre Bergounioux realizada por Tristan Hordé en 1997.

En el primer relato que da título al libro, Bergounioux se sirve de una inundación que tuvo lugar en Brive-la-Gaillarde en 1960 para poner en evidencia esa inútil pero inevitable confrontación, esa

"... divergencia de lo ideal y de lo real, el orden de la naturaleza y los propósitos que conciben las criaturas."

La imaginación, el ideal que proporciona, fluctúa y serpentea como ese "río de las edades" que da carácter a la geografía del alma del individuo; pero ese mundo imaginario tropieza, inesperadamente, con lo real

"Lo real era para nosotros una entidad distante, inmaterial, bien porque, por naturaleza, fuera lo suyo hurtarse al tacto, igual que el universalismo abstracto, bien porque residiera exclusivamente en una lejanía amplia, junto con los acontecimientos importantes y preñados de consecuencias en que consistiría, mientras nuestras horas periféricas, obsoletas, tendrían que ver con un sueño, con un recuerdo."

en forma de presa, que no sólo aniquila cuanto encuentra a su paso, sino que interrumpe el relato que la imaginación especulaba continuo. Más al Este, más hacia el sol, por tanto -el viaje que propone Bergounioux es hacia el comienzo, una suerte de viaje atrás geográfico pero también vital-, en busca de ese relato primigenio, encuentra otra interrupción del curso debida también a la mano del hombre, los puentes colgantes sobre el Dordogne:
"No hay sitio en el mundo donde se junten tantas llamadas, tantas promesas como en el umbral de los puentes colgantes, no es la mano del hombre, sino la de la mujer, de un hada muy poderosa, la que se diría que los bordó en las orillas suntuosas, que parecen forradas de petigrís, del Dordogne."

¿Y el origen? Bergounioux cambio de dirección y no se aleja sino que se acerca a sí mismo, el viaje geográfico se convierte en viaje interior, se repliega en su recuerdo y en el laberinto de la memoria. Recupera ese instante anterior al big ban, cuando no existía nada de lo que tendría que existir, esa "modesta hora" que precedió a todo, y descubre, en la noche cerrada que precede al alba, el mundo sin nosotros, la indiferencia de todo lo existente, en definitiva, la nada.

"Fue a los ocho años, y antes del alba, cuando descubrí la nada, que camina sin rumbo pisándonos los talones y borra nuestro rastro; y nunca he vuelto a olvidarla ya."

"Universos preferibles", el relato que completa el volumen, examina algunos de los mecanismos de la creación literaria, tratando de averiguar el por qué de la existencia de esa vida paralela que se inicia en la mente del escritor cuando imagina, algunas veces incluso inconscientemente, el sustrato de un relato y los mecanismos que desencadenan su traslado a la conciencia:

"Acontece que una palabra que decimos o que oímos, un lugar al que volvemos tiempo después, actúen como catalizadores, revelen a posteriori el pulular de textos embrionarios que pretendían resolver los enigmas..."

Un texto puede ser creado, es decir, inventado por la imaginación, en cuyo caso no existen frenos a la ficción pero su desarraigo de lo real hace que, forzosamente, transite por el limbo de las infinitas y a menudo inclasificables posibilidades; o bien puede tener su origen en lo real, limitándose a re-crear unas situaciones, también ficticias, pero enmarcadas entre unas fronteras -condicionantes, restricciones, constricciones...- que no pueden ser rebasadas sin que se extravíe ese vínculo. Es en este caso cuando la aparición repentina del objeto reverenciado hurga en la memoria del narrador hasta hacer explícito ese relato con el que se hallaba asociado. Así, el viaje hacia una determinada casa deshabitada situada en una curva de la carretera al final de Cressensac desvela todo el mundo de posibilidades narrativas que el autor ha ido imaginando a lo largo del tiempo y que permanecían latentes en su memoria.

"Pero es a la derecha, en el foco del ángulo de la esquina, donde se alza la [casa] que le hizo las veces de germen a la novela que debió de nacer ese día, que he olvidado, en que se me apareció por vez primera tal y como volvería a verla en incontables ocasiones, deshabitada desde los tiempos en que aún se podía vivir en ella y también luego [...]. Ésa es la cuna de una de las vidas que consideré al margen de esa otra, real, cuyo contenido me incitaba a rehuirla con el cuerpo cuando tal cosa era posible y, en caso contrario, con el pensamiento."

Esa casa, sobre la que ha teorizado, le sirve a Bergounioux para armar el relato que constituye el texto, mediante incursiones en la arquitectura popular, las tardes de fútbol, la degradación de la vida en los antiguos núcleos rurales a que llevó la industrialización, en definitiva, en la vida que el arte de escribir es capaz de inventar a partir de un edificio abandonado.

"Es posible que me lo hubiera pensado antes de incautarme de ese edificio si hubiera estado ocupado."

El pasado como depósito de la ficción, el relato larvado que espera ser descubierto:

"Habría supuesto un descanso no darle importancia a esa especie de biblioteca invisible de carne y hueso, más bien malintencionada, por entre cuyos volúmenes apilados me parecía cruzar como una lombriz cuando, apretando el paso hacia mi destino, pasaba rozando las fachadas de los comercios."

La vida como desencadenante de una novela y los episodios aislados como germen de relatos vividos en modo hipótesis, instantáneas y fungibles, que nunca se materializarán en forma literaria.

"... Yo tomaba nota con meticulosidad maniática de los detalles infinitesimales, de los lugares donde quedaba alzada la incertidumbre que pesaba sobre lo demás."

Los libros, confeccionados mediante esos relatos que otras personas han puesto a nuestra disposición, procurando no ya una evasión de lo cotidiano, sino abriendo una violenta brecha en el muro de la realidad:

"Tras cerrar el libro, todo parecía anodino y despreciable."
Pierre Bergounioux s'entretient avec Philippe Lefait. Publicado por AymenHa.

Otros recursos relativos a Pierre Bergounioux en este blog:
22 Dic 2010
Bajo el título genérico de La huella el presente volumen recoge dos piezas breves del prolífico escritor francés de origen lemosín Pierre Bergounioux titulados "Puntos cardinales" (Points cardinaux, 1995) y "La huella" ...
12 Nov 2011
Un poco de azul en el paisaje. Pierre Bergounioux, Editorial Minúscula. Traducción de David Stacey. No es la primera vez que se menciona en estas páginas la publicación en castellano de un libro de Pierre Bergounioux.
24 May 2012
... un "así está siendo mi vida"; los escritos autobiográficos de Léon Bloy, los Journal, especialmente el Particulier de Paul Léautaud, los Diarios de Tolstoi y los diversos Carnet de notes de Pierre Bergounioux, por mencionar ...
06 Jun 2011
Una habitación en Holanda. Pierre Bergounioux, Editorial Minúscula. Traducción de David Stacey. Una habitació a Holanda. Pierre Bergounioux, Editorial Minúscula. Traducción de Anna Casassas Figueras. En un tiempo en ...

24 de agosto de 2012

La lectura en verano


El pasado 16 de Agosto, Tereixa Constenla, redactora del diario El País, se puso en contacto conmigo para comentar, desde el punto de vista de un librero, algunas circunstancias de lo que ha venido en llamarse "lecturas de verano" y "lectores de verano". Esta intervención, junto con las de otros implicados en el tema, dio como resultado el artículo "Cuando los editores hacen su agosto en Agosto", publicado por el diario en su edición impresa del 18 de Agosto.

20 de agosto de 2012

Contrapunto LXXXI

El hecho de no sentir compasión por nadie me provoca una inmensa sensación de placidez: mantengo mi dignidad y respeto la de los demás.

10 de agosto de 2012

El oído del pueblo

"Toda asamblea numerosa es una multitud. Sean cuales fueren las individualidades que la componen, nunca hay que emplear delante de una multitud el lenguaje del sentido común y de la pura razón. Hay que dirigirse sólo a sus pasiones, sentimientos e intereses. Una colectividad de individuos deja de tener la facultad de la comprensión."
Carta (Letters to His Son on the Art of Becoming a Man of the World and a Gentlemande Lord Chesterfield a su hijo (1751), citada en Sobre el derecho del escritor a canalizar la vida de los demás, Guy de Maupassant, Ediciones El Olivo Azul; traducción de Antonio Álvarez de la Rosa

2 de agosto de 2012

Sin ceremonia



"Si vis beatus esse, cogita hoc primum contemnere et contemni, nondum es foelix, si te turba non deriserit."
"Si quieres ser dichoso, piensa esto primero: despreciar y ser despreciado, aun no eres feliz si el vulgo no se burla de ti."
Pseudoséneca, De moribus

16 de julio de 2012

El sentido interrogativo


Traducción de Albert Fuentes

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la voz "mago", en su primera acepción, como "adj. Dicho de una persona: Versada en la magia o que la practica", mientras que "prestidigitador" es "(Del fr. prestidigitateur). m. y f. Persona que hace juegos de manos y otros trucos." Obviando la excluyentemente valorativa referencia a una actividad que se apoya en la mentira y la disimulación con respecto a un "arte" antiguo, tan respetado como desconocido, es posible que ambos términos tengan una traslación a la calificación de algunos escritores que, a lo largo de la historia de la literatura, han tergiversado en sentido usual de la obra literaria como una propuesta estilística permanente o como simple experimento; así, se pueden encontrar "magos" que han hechizado a sus lectores mediante propuestas que "valiéndose de ciertas palabras... han producido resultados contrarios a las leyes naturales" [de la definición que da el DRAE de la voz "magia"] de la novela, como Lawrence Sterne (The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman, 1759) François Rabelais (Les Cinq Livres de Gargantua et Pantagruel, 1532-1564) o Miguel de Cervantes (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1605-1615), y "prestidigitadores" que, mediante "trucos" estilísticos han conseguido materializar ante nuestros propios ojos una realidad alternativa; por ejemplo, Georges Perec (Je me souviens, 1978), David Foster Wallace (Brief Interviews with Hideous Men, 1999), Julio Cortázar (Rayuela, 1963) o, salvando las distancias que la consideración pública y crítica marcan, Padgett Powell, con este inclasificable El sentido interrogativo, cuyo título original (The Interrogative Mood: A Novel?, 2009), con esa pregunta que la edición en castellano no recoge, nos da una idea del reto ante el que el autor nos enfrenta: la muy europea tradición de las constricciones (Raymond Queneau en sus Exercices de style, 1947; Georges Perec, de nuevo, en La disparition, 1969; o Màrius Serra en Mon once, 1996) se amplía con esa nueva aportación norteamericana que consiste, básicamente, en "¿una novela?" compuesta en exclusiva por preguntas, una de las formulaciones del lenguaje más directas: nada, ninguna forma estilística, ni siquiera el imperativo, interpela tanto como una pregunta.

"¿Te queda claro a qué me refiero? ¿Te queda claro por qué te hago todas estas preguntas?"


Esta apostilla al título parece destinada a repasar y, tal vez, reformular, y van..., la definición de novela; 


"¿El número de cosas que te interesan supera el número de cosas que no te interesan?"


en este caso, por ejemplo, no está claro que quepa hablar de la existencia de un narrador al uso, a menos que se trate de un narrador-preguntador, 


"¿Te apetece preguntarme algo? ¿Tines curiosidad por saber qué voy a hacer con las respuestas que me has dado? ¿Crees que puedo confeccionar algún tipo de "perfil" significativo sobre ti? ¿Crees que tú, o alguien, podría realizar un perfil de este tipo sobre mi persona a partir de las preguntas que te he hecho?"


ya que se supone que no es el autor el interesado (¿o sí? pero, ¿para qué?) 


"¿Cómo te llamas? ¿Qué intenciones tienes con respecto a mí?


en saber tantas cosas del atónito lector. 


"¿Preferirías mantener relaciones sexuales con una persona alta, rubia y alemana o con una persona alta, rubia y sueca?"


Incluso en el caso de que ese narrador enmascarado exista efectivamente, ignoramos qué es lo que pretende (el narrador siempre tiene una intención, oculta o evidente, esa es una convención de la novela clásica) martilleándonos con sus preguntas, a veces directas y explícitas


"¿Qué tal es ser tu? [...] ¿Eres imbécil, según tú? [...] Si estuvieras postrado en una cama de hospital, ¿aceptarías los favores sexuales de una enfermera?""


a veces tan generales que requerirían otro libro para poder responderlas.


"¿La inteligibilidad va en función de la inteligencia del orador, del oyente o de ambos? ¿Está sobrevalorada?"


Tal vez la propuesta consista en que si una frase afirmativa o negativa cualquiera puede llegar a formularse como respuesta a una pregunta no explícita, sea posible escribir ¿una novela? que sólo contenga preguntas... 


"¿Te estoy haciendo perder el tiempo? ¿Me lo estás haciendo perder a mí? ¿Puede considerarse que la vida es y no es una pérdida de tiempo? ¿Crees que los que no lo pierden salen mejor parados que los que sí lo pierden?"


Sin embargo, esta constricción debe influir en la reformulación de la relación del lector con el libro: usualmente, somos nosotros como lectores los que planteamos preguntas al libro que estamos leyendo y tal vez toda novela no sea más que un conjunto de respuestas; pero ¿qué sucede cuando es el libro el que formula preguntas al lector? 


"¿Seríamos más felices si tuviéramos algo que no tenemos, o si nos dijeran algo que no nos han dicho, o si hiciéramos algo que no hemos hecho, o si no tuviéramos algo que sí tenemos?"


El mismo proceso de lectura, que consiste en la decodificación de los signos y de la información contenidos en el texto, se ve exigido con la construcción de un significado que queda únicamente apuntado; 


"¿Sabes a qué se debe que la libertad no salga gratis?"


en este caso, parece que lo que se propone es un cambio en el papel del lector, ya que la duda que sobrevuela la lectura de El sentido interrogativo es cuál es la novela que estamos leyendo, si el listado de las preguntas del escurridizo pseudo-narrador 


""¿Sabes cocinar? ¿Sabes pelear? ¿Sabes mentir? ¿Hay algo que sepas hacer bien?"


o las supuestas respuestas del lector. Si este artefacto es una novela, cabe preguntarse cuál es el límite de la ficción, dónde estará esa supuesta frontera que parece más lejos cuanto más nos acercamos a ella.


"¿Ha llegado la hora de que me vaya? ¿Ya hemos terminado? ¿Te lo has pasado igual de bien que yo?"


En todo caso, propuestas teóricas aparte, hace tiempo que este lector no se divertía tanto con un libro; no se lo pierdan, Padgett Powell es genial.


"¿Te vas ahora? ¿Sí? ¿Te importaría?"
Padgett Powell presenta El sentido interrogativo en la sede de Éditions Rue Fromentin. Publicado por Librairie Mollat.

10 de julio de 2012

Ahogos



"Experimento, contra la estupidez de mi tiempo, olas de odio que me asfixian. La mierda me llega hasta la boca, como en las hernias estranguladas. Pero voy a conservarla, esa mierda, fijarla, endurecerla. Quiero hacer con ella una pasta con la que embadurnaré el siglo XIX, igual que los indios doran las pagodas con boñigas de vaca".
Carta de Gustave Flaubert a Louis Bouilhet, 30 de Septiembre de 1855; citada en Razones y osadías, edición de Jordi Llovet