20 de mayo de 2012

La soledad del lector


Traducción de Laura Wittner


"¿Una novela de referencias y alusiones intelectuales, por así decir, pero sin casi nada de novela?"


La literatura seria también puede ser divertida. Ulises (Ulysses, 1922), la enigmática novela-insignia del siglo XX, aquella que, según su propio autor, tendría "ocupados a los críticos durante trescientos años", es un texto en el que predomina la comicidad y el buen humor y que contiene situaciones hilarantes como la asistencia a misa de Bloom, la pelea con el Ciudadano o el propio monólogo final de Molly. En las antípodas del estilo pero no en sus intenciones, David Markson escribió una serie de novelas, de las que La soledad del lector (Reader's Block, 1996) forma parte, con una clara vocación experimental que, aparte de sus otros muchos méritos, contienen unas saludables y recomendables dosis de sentido del humor.


Después de una numerosa y reconocida obra de literatura de género, a finales de los años 80 del siglo pasado Markson descubre su vena experimental y se convierte en uno de los pioneros de la investigación formal... Incluso en nuestros días, en la era del Twitter, de la banalidad limitada a 140 caracteres pero banalidad al fin y al cabo, Markson representa la apoteosis del fragmento con contenido, a la manera de Lichtenberg y La Rochefoucauld pero sin las pretensiones moralistas sino única y exclusivamente literarias, que no se limita a construir un mosaico cuyo significado es comprensible únicamente a la vista del conjunto, sino uno en que casa tesela posee un significado por sí sola que debe reinterpretarse cuando se toma en consideración como parte de la totalidad; una doble lectura, individual y conjunta, que enriquece el contenido ya de por sí increíblemente interesante.


La mínima trama narrativa de La soledad del lector se sustenta en tres personajes, sin que ello signifique la presencia de tres personas distintas: el narrador, del que no llegamos a saber con claridad la filiación ni siquiera si todas sus intervenciones son realmente suyas; el Lector, que puede llegar a identificarse con el autor y que es una de las facetas del narrador 


"Sin duda el Lector es esencialmente el Yo en casos como ése. Sin embargo, se supone en casi todos los demás casos no será de ningún modo el Yo"


empeñado en escribir una novela; y el Protagonista, personaje en formación, que comparte sospechosamente muchos datos con el autor, y al que el narrador dota de los recuerdos y las experiencias del Lector para hilar la trama. A partir de este punto, la acción consiste en las dudas del Lector acerca de dónde situarla (¿playa o cementerio semiabandonado?), cómo delimitarla (¿hasta qué punto tienen importancia las experiencias del Protagonista anteriores a la acción?), incluso qué es lo que está escribiendo (¿una novela en curso o únicamente la planificación de una novela futura?), qué tipo de relaciones establecer con otros personajes, o cómo caracterizar al Protagonista (¿crear un tipo de la nada o aprovechar características propias para la construcción?), para llegar a la convicción de que probablemente lo que escribe el narrador no es más que el proyecto fallido de una novela finalmente no escrita por la imposibilidad de separar al Lector del Protagonista, su incapacidad para escribir una obra de ficción, en la que la imaginación venza a la memoria, o una autobiografía, en la que sea la memoria la que venza a la imaginación.


"El Lector y esa idea suya.
El Lector y su mente llena de confusión.
¿Qué es una novela[,] en todo caso?
¿O es que[,] de alguna manera[,] después de todo[,] está pensando en una autobiografía?"


El escritor, el autor, es el primer lector e inicia esa cadena de soledades que siguiendo por el narrador y acabando en el lector, en nosotros, en el mismo acto de leer aquello que está escrito, que configura y delimita ese mundo imaginario pero tangible, y cuya representación y conclusión sitúa Markson, tal vez, en la conexión existente entre el "cuaderno del escritor", writer's block, y eso que estamos ahora leyendo, el "cuaderno del lector", reader's block, que no tiene, por supuesto, que materializarse forzosamente en ningún escrito, que es la pura lectura; aunque todo parece indicar que la intención de Markson no sea otra que la fusión e identificación de ambos cuadernos.


Mezcla de citas, anécdotas y elucubraciones con el mundo del arte como referencia permanente y, entremedio, trazos de un discontinuo hilo narrativo tan solo bosquejado, insinuado, disimulado, camuflado, escondido, perdido y nuevamente reencontrado, herético, indescifrable... Si La soledad del lector fuera una partida de ajedrez, su desciframiento sólo podría intentarse a través del movimiento del caballo, la pieza más irracional y de paso más traidor: disimulo en el propósito, retirada súbita, ataque por el flanco inesperado, táctica de guerrilla. Laberíntica, avanza a trompicones, rápida por los pasajes rectilíneos, deteniéndose en las encrucijadas, dubitativa, tomando sorpresivamente un camino que retrocede para situar al lector en un pasaje ya visitado: alumbrando el camino que parece correcto para rectificar más tarde, acompañando cuando la ruta parece evidente, abandonando cuando la ayuda se adivina más necesaria.


En todo caso, Markson propone un juego cuyas reglas se van generando a medida que avanza, y de ahí el desconcierto del lector. Lo errático del desarrollo puede desanimar a los pusilánimes pero, no tanto el sentido de reto como la posibilidad de ser sorprendido es el motor que anima a seguir, página tras página, párrafo tras párrafo, porque aunque a medida que se avanza la sospecha de que el camino no lleva a ninguna parte se apodera de nuestro ánimo, nadie nos robará el disfrute del trayecto.


Otros recursos relacionados en este blog: reseña de Punto de fuga.


David Markson Reads at the 92nd Street Y

"Richard Burton, I am not," said David Markson, before reading the final pages of The Last Novel in his first and only appearance at the Poetry Center in November of 2007. Mr. Markson died on June, 4, 2010 at the age of eighty-two, and we offer this recording by way of tribute.

His introducer that night, Ann Beattie, once wrote: "No one but Beckett can be quite as sad and funny at the same time as Markson."

Unterberg Poetry Center webcasts and access to our archive are made possible in part by the generous support of the Sidney E. Frank Foundation.

4 de abril de 2012

26 de marzo de 2012

El peligro

"Sí, los tontos útiles cumplen un papel importante, porque los brillantes son a menudo inútiles, y los inteligentes, peligrosos."
Jaime Salinas (1926-2011), editor

16 de marzo de 2012

Medio pan y un libro


"No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que
pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero también que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, en esclavos de una terrible organización social.Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puedecalmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible
sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida".

¿Sabéis que todo lo que habéis leído hasta aquí son palabras de 1931, pronunciadas en la inauguración de una biblioteca en Fuente Vaqueros? Las dijo un joven poeta, Federico García Lorca, y las volví a recordar ahora gracias a Maria Paola Coda, que puso la conferencia en su muro de facebook. No me he resistido a compartir la alocución casí íntegra, pues estremece por su actualidad, en plena crisis económica global de cifras y bolsas. Tampoco hoy se habla demasiado de educación y cultura. FGL acababa reclamando la cultura como lema: "Cultura, porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo, lleno de fe, pero falto de luz". Pues eso.

      La Vanguardia, 13.07.2011