14 de diciembre de 2011

Contrapunto LXXI

Prefiero vivir dudando, y cargar con el carácter trágico de la vida, que pasarme la existencia riendo sin comprender nada, a menos que la sonrisa sea de desprecio.

10 de diciembre de 2011

Contrapunto LXX

Deberíamos restringir en lo posible las decisiones que dependan en alto grado de futuro. No se debe tener excesiva confianza en algo que es distinto cada día.

4 de diciembre de 2011

Contrapunto LXIX

Si mi conciencia amenazara ruina, dirigiría todos mis esfuerzos a que lo último que se derrumbara fuera la puerta.

14 de noviembre de 2011

Contrapunto LXVIII

Saber burlarse de uno mismo es la condición imprescindible para que la burla a los demás sea legítima. En cuanto al menosprecio, en cambio, la correlación es la contraria: cuanto más me aprecio, más justificado me siento para menospreciar a los demás; es casi una cuestión de justicia... ética.

12 de noviembre de 2011

Un poco de azul en el paisaje


Traducción de David Stacey

No es la primera vez que se menciona en estas páginas la publicación en castellano de un libro de Pierre Bergounioux. No podemos más que felicitarnos por el hecho de que pequeñas editoriales independientes, Días Contados con La huellala propia Minúscula con Una habitación en HolandaAlfabia con B-17G, se hayan decidido a traducir y editar al francés, autor de una vasta obra narrativa de cariz inequívocamente francés por sus temas pero con indiscutible vocación de europeizad, un escritor que se resiste al encasillamiento reconocido con algunos de los premios menos mediáticos pero no por ello, o precisamente por ello, menos relevantes cuando es de la calidad literaria de lo que se trata.

Hay escritores cuya producción literaria descansa más en lo que antiguamente, antes de los excesos sectarios de la crítica de la segunda mitad del siglo XX, se llamaba "forma" que en el "fondo"; es decir, más en la manera en que se articula su discurso que en el contenido de aquello que se cuenta. Brive-la-Gaillarde, y por extensión el departamento de la Corrèze, en la región francesa del Limousin, es el microcosmos geográfico donde Pierre Bergounioux sitúa gran parte de su producción narrativa, confiriéndole no sólo el estatuto de lugar sino incluso en el protagonista.

Un poco de azul en el paisaje (Un peu de bleu dans le paysage, 2001) es un retablo compuesto por ocho cuadros, más sugerentes, característica intrínseca de la obra del francés, que exhaustivos, en los que Bergounioux explora el territorio geográfico de la Corrèze a través de lo que la memoria ha impreso en cada lugar y la forma en que su recuerdo lleva al origen.

Se puede viajar al pasado subiéndose al carro de la nostalgia, pero no solamente la del alma sino también la del paisaje que nos hizo tal como somos mediante un lento pero irreductible proceso de modelaje, precisamente porque ese territorio físico era tal como era y nos imprimió un carácter cuyos rasgos nos acompañarán para siempre.

"La infancia es un misterio, y doblemente cuando en universo que uno descubre es aquel agrario, cerrado, milenario, que ha subsistido al margen del movimiento, del intercambio, de la modernidad hasta la mitad de este siglo y un poco más, a veces, según el lugar."


La crueldad de la tierra y la precariedad de la existencia no dejan lugar a las expansiones emocionales ni a los sentimientos:

"Me parece que mi alma, o lo que hace las veces de ella, si se me permitiera examinarla fuera, en el suelo, sobre una mesa de cocina, se parecería en más pequeño, en mucho menos extenso, consistente, duradero, a la depresión de basta arenisca, marrón ocre o blanco sucio, de una media legua de diámetro, donde fue arrojada para empezar."


El pasado irrecuperable sería pues, según Bergounioux, un territorio vedado, sólo abre sus puertas a la memoria y únicamente se puede experimentar en los sueños.

¿Dónde se halla pues ese pasado? En diversos aunque concretos lugares de la geografía física, pero también en la configuración moral del individuo, cuya composición nos revela esa arqueología del espíritu que es la escritura: en la infancia, el período de descubrimiento y exploración de los parajes recónditos, cuya magnitud sobrepasa las fronteras de la comprensión; en los territorios aislados con sus habitantes endémicos, resultado de incontables endogamias fruto del aislamiento; en el paso de la concepción del tiempo como magnitud inamovible e inmensurable a inquieta corriente que se cobra sus víctimas; en el descubrimiento del otro en esos emigrantes expulsados de su lugar de origen por conflictos cuya distancia los hace legendarios; en los amigos de la adolescencia con quienes compartir

"... la idea de que el universo era un hemisferio hueco, achatado, ocre y granuloso de un kilómetro aproximadamente de radio, cuya circunferencia agotaba toda expectativa, sustancia y posibilidad";

en las primeras transgresiones que supone llevar a cabo esas conductas que se creía exclusivamente reservadas a los adultos; y en la pasión que representan las necrópolis sobre las que se asientan los cimientos de las casonas desoladas, testimonios de tiempos más gloriosos.

"Sólo se es una vez. No se cambia fácilmente el carácter. Hay un privilegio del origen, un sortilegio, también. La fe nueva, intacta, que uno trae al nacer confiere a las primeras cosas un definitivo ascendente. Ya podrán, más adelante, componer otros rostros, sólo uno tendrá nuestra aprobación: el que les vimos cuando llegamos."

¿Posibles vías de escape? Pocas, porque ni el empeño ni la voluntad pueden borrar las huellas del tiempo, pero siempre queda la lectura, que nos duplica en dos seres separados, el que experimenta con la vida y el que se recrea en lo que lee:

"Un libro de verdad afecta en mayor o menor grado a lo que pensamos y, por lo tanto, a lo que somos. Cambia, en cierta medida, el mundo que consiste, en parte, en la idea que tenemos de él, ya lo adorne y agrande, ya consuma su ruina [...]. No conozco libro, cuando ha importado, que no haya hecho temblar el suelo de la existencia, dislocado la visión pobre, burda, que yo tomaba, antes de que la quebrantara, por la realidad."

Uno de los grandes escritores europeos disimulado por un aparentemente sencillo envoltorio, Pierre Bergounioux. No se lo pierdan. Por favor.
Intervención en el programa de televisión del Canal33 Via Llibre en este enlace

14 de septiembre de 2011

Qué es cultura (y qué no lo es)

Cultura no considera "gran proyecto" traducir 'Ulysses'

Editores critican la "falta de criterio" en las ayudas de la Dirección Xeral do Libro

ÓSCAR IGLESIAS - Santiago - 03/09/2011
"Calidad de la obra" e "interés especial, en atención a su carácter innovador y su incidencia en la apertura de nuevas perspectivas para el libro". Son los dos criterios de más peso en la concesión de ayudas para la materialización de grandes proyectos editoriales. La principal línea de ayudas a la edición no escolar desde hace dos décadas, junto con las subvenciones a la traducción, disminuidas en un tercio en 2011 -200.000 euros en total- y todavía sin resolver. La principal sorpresa de la convocatoria ha sido la exclusión de Ulysses, de James Joyce.
Con estos criterios de precisión y cuatro más, algo redundantes, la Dirección Xeral do Libro publicitó en el Diario Oficial de Galicia del 19 de agosto la resolución de las ayudas de este año. Algo menos de 194.000 -un tercio menos también que en 2010- entre 2011 (un 10% de la subvención), 2012 (el 40%) y 2013 (el 50% restante), en vez de la división bianual, al 50%, del año pasado, siempre según disponibilidad presupuestaria. Entre los 44 títulos beneficiados, los más costosos -por orden- son los cinco volúmenes de A música nas catedrais galegas y La música medieval en Galicia (Rafael Máñez y Manuel Rey, respectivamente, en Armonía Universal), los cuatro tomos de Historia do fútbol galego, del historiador Carlos Fernández (Ediciones Bolanda), la Edición anotada de Sherlock Holmes que publicará Rinoceronte y el rescate antropológico Os hórreos de Galicia, de Xesús A. Gulías Lamas (Ir Indo).
También hay libro religioso (la editorial Mendaur recibe más de 12.000 euros para tres libros bíblicos ilustrados por el monje de Oseira Frey Luis Álvarez), de reconstrucción histórica (Os Morenos de Lavadores, de Miguel Pérez y Xerardo Santomé, sobre la orquesta del barrio vigués) y reediciones más o menos expresas como Cogomelos de Galicia.
Entre lo rechazado hay propuestas de la Axencia Literaria Galega (un libro con los aforismos de Man de Camelle), Rinoceronte (una colección de novela gráfica) o Galaxia. La editorial viguesa solicitó ayuda para el libro-disco sobre Cunqueiro de César Morán, dos traducciones de Orhan Pamuk y, sobre todo, llevar a buen término la versión en gallego de Ulysses, que Otero Pedrayo, aconsejado por Risco, tradujera parcialmente en 1926. Al final hubo ayuda (5.212 euros en total) para Cociñar con algas, de Estefanía Maceiras, y Novos pasos por Bretaña coa memoria de Castelao, de Pemón Bouzas.
Los trabajos sobre la novela-marca de la modernidad, con Xosé María Sáinz, Eva Almazán y Xavier Queipo de traductores, empezaron en 2004, justo después de que Galaxia publicase Fragmentos de Ulises, 1926, reeditando la traducción que el diputado del Partido Galeguista publicara ese año en la revista Nós. La salida del Ulises en gallego estaba prevista para 2012, aprovechando que expiran -salvo nueva prórroga de las leyes de propiedad intelectual- los derechos sobre la obra de los herederos.
"Esta debería ser una ayuda específica para libros estratégicos, de riesgo, que la Administración apoya por su valor simbólico", destaca Víctor Freixanes, director de Galaxia, que refresca que hubo Joyce en gallego antes que en cualquier otra lengua peninsular. Cultura -este periódico no consiguió hablar con el director general del Libro, Francisco López Rodríguez- se remite a las bases de la convocatoria, y defiende que la comisión de valoración hizo su trabajo con "criterios técnicos y objetivos". La Consellería cita el artículo 7, donde se consideran excluidas "aquellas obras que puedan considerarse de lujo por el coste de edición, pero de contenidos que puedan aparecer en formatos más económicos". "Encajaría más en las ayudas a la traducción", apuntan.
La de Galaxia, en tapa dura y comentarios "mínimos" después de cada una de las tres partes -no hay anotaciones- "no se puede considerar de lujo", defiende Freixanes, que ha solicitado explicaciones a Cultura. La opción de solicitar una ayuda a la traducción para una obra de esta dimensión -cubre entre el 50% y el 75% del coste, nunca más de 6.000 euros- ni la valoraron. Moisés Barcia (Rinoceronte) tampoco entiende los criterios. "Da la impresión de que se hace al azar, como la compra anual para bibliotecas, donde género y tirada importan más que la calidad y la relevancia de la obra". El presidente de los editores gallegos, Manuel Bragado, no se pronuncia sobre la selección, pero lamenta una reducción "muy importante". El temor, poco antes del verano, era que estas ayudas dejasen de existir.

© EDICIONES EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 337 8200

26 de agosto de 2011

Edipo en Stalingrado

Traducción de José Aníbal Campos. Epílogo y notas de Völker Schlöndorff


Juntamente con las celebradas e imprescindibles Un armiño en Chernopol (Ein Hermelin in Tschernopol, 1958), Memorias de un antisemita (Memoiren eines Antisemiten, 1979) y Flores en la nieve (Blumen in Schnee, 1989), editadas bajo el nombre de Gran Trilogía, Edipo en Stalingrado (Ödipus siegt bei Stalingrad, 1954) constituye una de las obras mayores del escritor austrohúngaro.

Un innominado narrador sarcástico, rayano en el cinismo, 
"¡Ah, los poetas! Ellos y sus arrobados circunloquios, esos cuencos de mendigo en los que pueden verterse los sentimientos de cualquiera, que luego serán bebidos por el propio bardo, ya tibios y empozados", 
alterna las formas del lenguaje oral, en ocasiones incluso retóricamente, mediante el recurso frecuente a citas, verdaderas o espúreas, de personajes de la cultura universal, dirigiéndose al lector, apelándole directamente, y compone su discurso mediante largas frases sintácticamente tan complejas como impecables, con descripciones minuciosas, detalladas y perfectas:
"Horas de silencio y quietud, entretejidas con la fantasmal urdimbre del pasado. Oscuras voces de la sangre; como en el reflujo de las mareas, cuando salen a la superficie, desde los fondos anegados, cosas desconocidas y relevantes...";
se trata de informarnos, omniscientemente -omniscencia que declara, justifica y asume explícitamente, en un ejemplo paradigmático y autoparódico del narrador que posee la totalidad y el dominio de los recursos narrativos-, de las andanzas del barón Traugott von Yassilkovski, un representante de la pequeña y advenediza nobleza rural de la Prusia oriental, un musiliano Ulrich veinticinco años después, de la magnífica Rubia de Raza, 
"La rubia diablillo con lazos de antaño había florecido y mostraba ahora el esplendor de una concubina de Ingres"
y del círculo de sus amistades y relaciones, centrando la acción en el Berlín de finales de 1938 y principios de 1939, un Berlín que puede actuar como contrapunto al de Berlin Alexanderplatz; es decir, en vísperas de la gran catástrofe que sacudiría a Europa, los personajes actúan como si la ignorancia, casual o intencionada, de la catástrofe futura les eximiera de los sucesos que estaban a punto de desencadenarse. La acción si sitúa, pues, en un marginal reino de la apariencia en el que la distinción que procura la inutilidad es la norma a seguir, en un tiempo de crisis, de cambio, en el que la burguesía es el territorio de lo que se es, mientras que la aristocracia es el de lo que se ha sido.
Las magistrales descripciones de grupos de personajes consiguen captar tanto el ambiente de la situación descrita como las características de los personajes relevantes para la acción mediante la focalización en primeros planos de los protagonistas de cada escena y aperturas casuales del plano para recoger a los personajes secundarios -como hace, por ejemplo, en la descripción de la entrada de la actriz americana y de su séquito en el bar de Charley-, todo ello medido al milímetro para que la atención del lector pueda percibir aquello que le interesa al narrador que sea percibido pero no se distraiga con lo accesorio.
Este narrador lúcido, incontinente, socarrón y provocador, alterna esas detalladas descripciones con desopilantes reflexiones, citas eruditas, llamadas de atención a su interlocutor y digresiones personales en las que nos informa de sus opiniones, de sus creencias, se justifica o se excusa, y emite su juicio sobre unos personajes a los que sólo podemos conocer a través de su interesada mirada. 
"La ironía, por sí sola, aísla al individuo del pernicioso y brumoso círculo del colectivo; y la meta suprema a la que se ha aspirado desde siempre -y a la que se aspira todavía a través del arduo ascetismo y la contemplación aislada del mundo- sólo puede alcanzarse, a fin de cuentas, por la vía de una négligence irónicamente distanciada...". 
Si es cierto que Traugott von Yassilkovski debería formar parte de la galería de la fama de los personajes de la literatura del siglo XX, junto con los protagonistas de Musil, BánffyHeimito von Doderer, por ejemplo, el innominado narrador de Edipo en Stalingrado tiene méritos suficientes para figurar en la nómina de los narradores estrafalarios que podría encabezar, quizás, Tristram Shandy.
"¿Quién, santo cielo, pretende convencernos de que en realidad no estamos ciegos, y que todo ese absurdo teatro no está teniendo lugar únicamente dentro de nosotros, como un reflejo en nosotros, muy en el fondo de nuestros ojos ciegos: ilusión, engaño y apariencia de todas las cosas, esas cosas familiares, cosas amadas, cosas odiadas, indiferentes; cosas queridamente odiadas, entrañablemente indiferentes...?"
Esa retórica paródica que se traspasa a ciertos personajes cuando cita sus palabras, el uso indiscriminado de los lugares comunes del discurso rancio y anacrónico, el refuerzo y fijación de las caricaturas de los protagonistas y, en fin, su pérfido cinismo, es precisamente lo que le hace tan entrañable:
"¿Qué es en nihilismo, por favor? Una enfermedad del siglo para caballeros. La gonorrea como vivencia interior. Y de su progenitora, la estética literaria, de esa fulana no puede curarse uno con un par de inyecciones de penicilina cristiana, estimado señor."
Edipo en Stalingrado es otra crónica de una sociedad que se enfrenta, inconscientemente, a su desaparición. "El bueno y antiguo espíritu prusiano" es reclamado y adorado con la altivez del que se cree miembro de un club exclusivo y eterno, ajeno al presente y negando por omisión un ineluctable futuro en el que no quiere creer; que, sin embargo, avanza, implacable, ignorando las ruinas de un pasado que, por no ofrecer, ni siquiera se resiste.
Un personaje, prácticamente mudo hasta las tres cuartas partes del libro, sobrevuela las explicaciones del narrador, se filtra en sus digresiones, y va tomando forma, igual que se condensa un vapor por efecto de la temperatura, hasta que su presencia, antes citada pero disuelta entre la clientela fiel del bar de Charley, se hace patente con sus autorizadas intervenciones: es "el doctor", experto en 
"la ciencia del fisgoneo del alma a través de la cerradura y la de husmear en las ropas íntimas de los demás...", 
de cuya identidad nos da la pista definitiva el título del libro, el poseedor de esa "amable sonrisa de basilisco [con la que mira] a los ojos de su víctima", que es objeto de la inspirada sorna del narrador cuando le adjudica la invención de "un producto depilador que al mismo tiempo sirve como tónico para el crecimiento del cabello", y del cual dice:
"El hombre que conoce los secretos del cuerpo se convierte en padre confesor [...]. Pero sólo el que conoce el secreto de la palabra puede transmitir la gracia de la absolución."
A lo largo de sus trescientas páginas, la narración avanza, potente, exuberante, supliendo, intencionadamente, por supuesto, la acción continua por un estilo rico, complaciente, inundante, irrefrenable, hacia un final no por complejo menos inesperado, síntesis de un modo de hacer literatura típicamente y no por ello menos ciertamente centroeuropeo.

24 de agosto de 2011

Contrapunto LVIII

Me aburren los que me compadecen; tanto, como los que me admiran. Los que me adulan, en cambio, me repugnan.