6 de junio de 2012

Sin nosotros

Considerar la belleza de los grandes espacios, los bosques, los mares o los desiertos como una recompensa que otorga la naturaleza al ser humano es otorgarle a ésta una intencionalidad que le es absolutamente ajena: la grandeza de la naturaleza reside, precisamente, en que prescinde de nosotros.
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