29 de abril de 2010

S. o la esperanza de vida

Traducción de Ignacio Vidal-Folch

¿Cuál es el mejor sistema para pasar cuentas con el pasado, suponiendo que el pasado sea un paisaje con el que sea posible pasar cuentas? La propuesta de la lógica, y más en el caso de que este pasado tenga un inevitable carácter traumático, parece apostar por la opción más radical: enterrarlo, silenciarlo, no dejar que nos hable, con su tozuda insistencia, ni darle ninguna opción para que atraviese esa frontera invisible sin checkpoint charly ni muros de la vergüenza para salvaguardar nuestra frágil integridad de sus desordenados y poco inocentes envites; en todo caso, anularlo para no anularse, negarlo para que no se hable más de él. Sin embargo, a veces no es posible ese recurso, no figura entre el arsenal de auto-defensa con que nos dotan ese mismo pasado o la genética porque, como el corazón emparedado en el relato de Edgar Allan Poe, sigue haciéndose presente con insidiosa obstinación. En este caso, no cabe otra solución que hablar de él, exponiéndolo impúdicamente y, por tanto, exponiéndose, aunque de todo ello resulte un hecho tan insólito como el desnudarse ante desconocidos.

“¡Silencio! No me oigo pensar. Callad, muertos. Pese a todo el respeto que os debo. Ahora tengo yo la palabra.”

Alexandre Diego Gary, hijo del escritor Romain Gary y de la actriz Jean Seberg, vagabundo impenitente y barcelonés no sé si por elección, adopción o por casualidad, describe en este S. o la esperanza de vida (S. ou l’ésperance de vie, 2009), por persona interpuesta -que así se aleja más de la propia biografía, y el dolor duele menos cuando lo podemos traspasar a otro, aun cuando ese otro seamos nosotros mismos- el camino de ida a un particular infierno, con sus etapas y sus correspondientes círculos dantescos, y el improbable viaje de regreso hasta un purgatorio que, por contraste, puede parecer el más llevadero de los paraísos.

Y es que el lastre que supone para el alma ser hijo de padres ricos, guapos y famosos, y con un final tan horrible para ambos, no se puede soslayar así como así. Escribir puede ser una ¿solución?, pero tampoco es inocua:

“La literatura es la explotación del hombre por el hombre, hasta los más profundos recovecos de su alma, de sus entrañas.”

Ese escribir, esa literatura, acaba convirtiéndose en un silencioso diálogo con una corriente incontinente de palabras que salen a borbotones, sin control, inocentes, no sin culpa pero sí sin intención, que despiertan al dolor dormido nada más ser pronunciadas, pero que no pueden callarse. Y es que la presencia de los muertos forma una parte tan inextricable del superviviente que hace imposible la huida; no hay escapatoria válida cuando es uno mismo quien aloja al enemigo.

“Pero no siempre se puede faltar al deber de recordar [...] Intentas eludirlo, intentas no pensar en ello. Nuestros muertos, nuestros pobres muertos. Su recuerdo flota aquí y allá. Y nos abruman estas almas en pena.”

Evidentes ecos de Huysmans, al menos en la memoria lectora de quien escribe, para una novela (¿novela? ¿Por qué en la portada de “S. ou l’espérance de vie” no figura el conocido rótulo “Roman”, aunque sea como advertencia?) que no sucumbe a la estúpida simplificación freudiana; un relato que no puede reducirse a una sintomatología, un libro que es vida, escrito en un estilo duro, seco, frío, cortante; pero, ¿quién dijo que vivir fuera fácil?

Mención especial para la cuidada edición de Galaxia Gutemberg, para la magistral traducción y, aunque anecdótico, para la estupenda foto de la cubierta.

27 de abril de 2010

La verdadera peligrosidad

El escéptico es un ser terriblemente peligroso no porque ponga en duda la posibilidad de conocimiento, si no porque es el único que, mediante el razonamiento, es capaz de socavar el principio de autoridad. Nada pone más en cuestionamiento a la autoridad, sea esta de la naturaleza que sea, divina o humana, que el descreimiento.

25 de abril de 2010

La impotencia divina

Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens.

“Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano.”

Johann Christoph Friedrich Schiller

23 de abril de 2010

El escudo

Es imprescindible mantener la serenidad de espíritu ante las críticas, sobretodo ante aquellas que sólo ponen en evidencia las carencias de los que las emiten.

21 de abril de 2010

La chistera

Mostrarse tal y como uno es es recomendable; pero guardar para sí alguna faceta del carácter para dar a entender que nadie, ni aun aquellas personas con las que se ha alcanzado un alto grado de intimidad, puede franquear totalmente la frontera que existe entre uno mismo y el resto del mundo, es muy conveniente.

19 de abril de 2010

17 de abril de 2010

La compensación

"El solitario está rodeado por aquello que alimenta su razón, le eleva por encima de sí mismo y le da el sentimiento de la inmortalidad, mientras que el hombre de mundo sólo vive una vida efímera. El solitario halla en su retiro una compensación a todos los vanos placeres de que está privado, mientras que el hombre de mundo cree que todo se ha perdido si deja de asistir a una asamblea o no ha asistido a un espectáculo."
Zimmermann, La soledad

15 de abril de 2010

El enemigo

Ninguna situación es más castradora para el progreso del espíritu humano que la unanimidad.

13 de abril de 2010

El espejismo

Que todo el mundo está comprendido en un grano de arena es una imagen poética. Como la mayoría de imágenes poéticas, es una imagen bella. Y como todas las imágenes, poéticas o no, falsa.

11 de abril de 2010

Saldando deudas

El único interlocutor ante el que es inexcusable responder por acciones o pensamientos pasados es uno mismo.

9 de abril de 2010

La causa eficiente

La oración y, con ella, la totalidad del ritual y del ceremonial tan queridos por la religión, es como el canto del gallo al amanecer. Igual que este cree que es su canto el que hace salir el sol, también los adeptos creen hacer realidad la existencia de su ser supremo por el mero hecho de dirigirle sus rezos.

7 de abril de 2010

La autosugestión

Cuando el religioso levanta el dedo íncide de la mano derecha señalando hacia el vacío, dice que muestra a Dios. Al resto de la humanidad nos es indiferente que aquello que señala no exista o solamente lo pueda ver él.

5 de abril de 2010

La fórmula

Cuando la inteligencia procesa la realidad, se activa la razón y se llega al conocimiento. Cuando, en cambio, la inteligencia no existe, se activa la superstición, y el resultado es la negación del conocimiento, es decir, la religión, que queda definida de este modo como la incapacidad para interactuar con lo real.

3 de abril de 2010

1 de abril de 2010

Epitafio de Lucano

"Haec demum sapiet dicto, quae feriet."
"La única expresión inteligente es aquella que sorprende."