18 de septiembre de 2010

Uno para todos

Sociológicamente, toda comunidad religiosa es una teocracia fascista en la que la autoridad o, en su defecto, la burocracia por delegación, deciden por los demás sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, la “acción válida” y la “acción desviada”, y fijan la frontera entre la ortodoxia y la heterodoxia.

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